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Full text of "Hesíodo Obras Y Fragmentos"

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OBRAS Y FRAGMENTOS 


Hesiodo 


BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS 


BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 13 


HESÍODO 


OBRAS 
Y 
FRAGMENTOS 


TEOGONÍA - TRABAJOS Y DÍAS - ESCUDO - FRAGMENTOS 
CERTAMEN 


INTRODUCCIÓN, TRADUCCIÓN Y NOTAS DE 
AURELIO PÉREZ JIMÉNEZ 


Y 
ALFONSO MARTÍNEZ DÍEZ 


h 


EDITORIAL GREDOS 


Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL. 


Según las normas de la B. C. G., la traducción de esta obra 
ha sido revisada por Luis ALBERTO DE CUENCA Y PRADO. 


O EDITORIAL GREDOS, $. A. 


Sánchez Pacheco, 81, Madrid. España, 1978. 


A. Pérez Jiménez ha traducido las Obras y A. Martínez Díez los 
Fragmentos. 


Depósito Legal: M. 34285-1978. 
ISBN 84-249-3517-9. Guatlex. 


Gráficas Cóndor, S. A., Sánchez Pacheco, 81, Madrid, 1978.—4895. 


INTRODUCCIÓN GENERAL 


1. Datos biográficos 


La existencia real de Hesíodo no ha suscitado entre 
los investigadores las dudas que envuelven la figura se- 
milegendaria de Homero, si bien no faltan relatos fic- 
ticios sobre su origen, su vida y su muerte!. Es el 
producto de la mente creativa de quienes quisieron dar 
historia a los poetas cuyas obras son punto de arran- 
que para casi toda la literatura posterior. 

Lo único seguro que sabemos de Hesíodo son las no- 
ticias que él mismo, fiel a las tendencias individualiza- 
doras que apuntan ya en su época, nos ha procurado 
en sus obras. 

El padre de Hesíodo era un comerciante de la ciudad 
eolia de Cime que, arruinado, se trasladó a Ascra, en 
Beocia, donde adquirió alguna fortuna (Trabajos 631- 
640). 

La aceptación de la noticia sobre el viaje del padre 
de Hesíodo plantea ante todo un problema: ¿cómo se 
concilia el hecho de que, huyendo de Calcis por su po- 
breza, vaya a establecerse precisamente en Áscra? 


! Para una exposición pormenorizada de todas esas leyen- 
das, cf. P. Mazon, Hésiode, Théogonie, Les Travaux et les Jours, 
Le Bouclier, París, 1928, págs. IX-XIV. 


8 OBRAS Y FRAGMENTOS 


Ya en la antigiiedad debió parecerle ridículo al his- 
toriador Éforo que el arruinado navegante buscara for- 
tuna en una aldea que el propio Hesíodo describe como 
«mala en invierno, irresistible en verano y nunca bue- 
na»? y cuyos pobres recursos económicos quedan de 
manifiesto a lo largo de todo el poema. Ante tal eviden- 
cia, las elucubraciones del historiador llevaron a con- 
cluir otra razón para aquella travesía: tal vez una huida 
por asesinato. Semejante hipótesis se basaba sin duda 
en el testimonio de los poemas homéricos, donde el 
destierro es el único camino de salvación para los que 
han matado a otro dentro del marco de la tribu y la 
pena corriente fuera del seno familiar. Aunque esta 
teoría no deja de temer simpatizantes en la crítica de 
nuestro siglo, su motivación es injustificada ?. 

La posición de Ascra como centro de culto con festi- 
vales periódicos en honor de las Musas del Helicón *, 
explica mejor Jos atractivos de la aldea para el padre 
de Hesíodo. Tales fiestas debían suponer, como es na- 
tural, aglomeraciones de gentes venidas de otros luga- 
res que representaban una buena oportunidad para el 
comerciante avisado. Así el padre de Hesíodo, que había 
desempeñado en otro tiempo semejante profesión, debió 
pensar que el lugar era apropiado para reanudarla al 
tiempo que un pequeño lote de tierra, mal que bien, le 
proporcionaba suficientes medios para vivir con sus 
hijos sin necesidad de afrontar los riesgos de la nave- 
gación. Y que le fue bien es evidente a juzgar por la 
situación económica de que goza Hesíodo y por el he- 
cho de que la herencia legada por él permitiera una di- 
visión. 


2 Trabajos 640. 

3 Cf. P. WaLcot, Hesiod and the Near East, Cardiff, 1966, 
páginas 107 y ss. 

4 Véase el testimonio de PAUSANIAS, Descripción de Grecia 
IX 29. 


INTRODUCCIÓN GENERAL 9 


Hesíodo mantuvo, al menos, un pleito con su herma- 
no Perses a causa de la herencia de su padre, y él fue 
quien salió perjudicado (Trabajos 27-41). 

La cuestión relativa al pleito o pleitos entre Hesíodo 
y Perses, así como la existencia real de este último, tie- 
ne dividida a la crítica. Algunos autores niegan el ca- 
rácter verídico de ambos temas: Perses, y cuanto a él 
se refiere, no pasaría de ser un simple recurso poético 
para presentar el programa didáctico de Hesíodo ”. Sin 
embargo, no hay razón para negar la existencia de Per- 
ses si se tiene en cuenta que otras noticias biográficas 
insertas en los poemas parecen seguras. Además, la 
misma imprecisión con que Hesíodo nos habla de su 
hermano puede constituir un argumento a favor de su 
veracidad. «Si Perses únicamente existió en la imagi- 
nación de Hesíodo, ¿por qué no prefiere el poeta una 
situación mítica como base para sus consejos, al igual 
que Fénix en la /líada cuando trata de influir sobre el 
joven Aquiles, o como él mismo parece haber hecho en 
sus Máximas de Quirón?» $, 

La iniciación poética de Hesíodo tuvo lugar en las 
laderas del Helicón mientras cuidaba sus rebaños (Teo- 
gonía 22-24). Cuenta Hesíodo que, mientras apacentaba 
sus ovejas por las laderas del Helicón, se dirigieron a 
él las Musas y luego le entregaron una rama de laurel 
a modo de cetro que simboliza la misión profética que 
le habían encomendado. Hesíodo parece creer firme- 
mente que ha recibido tal iniciación de las propias Mu- 
sas y a ellas dedicará, como veremos, el trípode logrado 
en los certámenes de Calcis. Pero, ¿cómo debemos en- 
tender la realidad de esta aparición de las Musas al 


5 Esa es la postura, por ej., de H. MUNDING, Hesiods Erga in 
ihrem Verháltnis zur Ilias, Frankfurt, 1959, y de J. BLÚUscH, 
Formen und Inhalt von Hesiods individuellem Denken, Bonn, 
1970. 

$ P. WaLcor, Hesiod..., pág. 105. 


10 OBRAS Y FRAGMENTOS 


poeta? «Para la comprensión de vivencia tan extraña a 
la mentalidad moderna es preciso tener presente que 
Hesíodo compartía las creencias religiosas de los cam- 
pesinos de Beocia, los cuales, con cierta frecuencia, 
veían en los parajes agrestes a las Ninfas o quedaban 
nymphóleptoi, posesos por ellas; y conviene también no 
perder de vista que, como rapsodo, tenía la misma fe 
que Homero en las Musas. No es, por tanto, difícil ima- 
ginar que, mientras apacentaba sus ovejas en el Heli- 
cón, pasase por una experiencia análoga a la de sus 
paisanos y atribuyese el origen de la misma a las Mu- 
sas, cuya presencia numinosa creyó tan vivamente per- 
cibir, en aquellos parajes familiares, a pesar de poner 
la tradición en Pieria, al pie del Olimpo, la sede de 
éstas» ?. 

Para la aceptación real del cetro que las Musas ofre- 
cen al poeta, valga la explicación de «que Hesíodo pen- 
sara, después de la visión, que su bastón de pastor se 
había transformado en báculo de cantor» *. 

A pesar de que los poemas de Hesíodo coincidan en 
algunos tópicos con literaturas y poetas diferentes, la 
experiencia en sí es real. La existencia de paralelos an- 
teriores puede haber determinado al poeta en la mani- 
festación literaria de su vivencia, pero ello no implica 
que debamos desechar todo el relato como pura ficción 
poética. Tampoco la existencia de una disputa entre 
dos hermanos en un texto hetita impone el que negue- 
mos todo valor real al litigio entre Hesíodo y Perses 
para calificarlo de simple tópico literario. 

Hesíodo, finalmente, participó como aedo en los jue- 
gos fúnebres de Anfidamante, rey de Calcis, y allí obtu- 


7 L. GuL, Los antiguos y la «inspiración» poética, Madrid, 1967, 
página 23. 

8 Cf. W. J. VERDENIUS, «Notes on the Proem of Hesiod's 
Theogony», Mnemosyne 23 (1972), 225-260. 


INTRODUCCIÓN GENERAL 11 


vo como premio un trípode que dedicó a las Musas del 
Helicón (Trabajos 650-662). 

Esta última noticia ha encontrado escasa oposición 
entre los críticos y es uno de los principales argumen- 
tos que se esgrimen para situar cronológicamente a 
nuestro poeta. El material arqueológico demuestra la 
existencia de competiciones poéticas semejantes en jue- 
gos fúnebres de finales del siglo vIII y principios del vir 
antes de Cristo. En Atenas, por ejemplo, han aparecido 
cinco trípodes beocios, fechables entre 700-600 a. C., que 
prueban cómo estos certámenes atraían participantes de 
diversas localidades de Grecia. Es muy importante un 
fragmento aparecido en Tebas con una inscripción cuyo 
tipo de letra nos remonta a los primeros años del si- 
glo vil a. C.; por ella sabemos que fue ganado en los 
juegos fúnebres de un tal Ecropo y que lo dedicó Isódi- 
co a Apolo. Estas ilustraciones arqueológicas ratifican, 
pues, la verosimilitud del viaje de Hesíodo a Calcis?. 


2. El problema cronológico 


La datación cronológica de Hesíodo ofrece diferen- 
cias muy acusadas según las opiniones de los distintos 
autores. Es exagerada la cronología que, basándose en 
la posición de los astros, calcula su vida hacia el si- 
glo Ix a. C.; esta argumentación astronómica sólo nos 
proporciona una fecha post quem, 850 a. C., que el con- 
tenido mismo de los poemas rebaja por lo menos en un 
siglo. En el otro extremo están los autores que sitúan 
a Hesíodo más cerca de Solón que de Homero o se 
limitan a dar como fecha ante quem la época de Semó- 
nides de Amorgos, segunda mitad del siglo vII y pri- 
mera del vi a. C. Dentro de posiciones intermedias, la 


2 Véase P. WaLcor, Hesiod..., págs. 119-120. 


12 OBRAS Y FRAGMENTOS 


pugna más enconada se libra entre quienes sostienen 
que la composición de la Teogonía tuvo lugar en el 
último tercio del siglo vit y los que son partidarios, 
por el contrario, de la primera mitad del siglo vit a. C. 
Veamos algunos de los puntos sobre los que gira el de- 
bate *, 

Sabemos que en la fundación de Cumas, primera co- 
lonia griega en Italia, fechada en 750 a. C., intervinieron 
hombres de Calcis, Eretria y Cime. Apoyándose en la 
actividad colonizadora de la Cime eolia, de la que se 
dice «haber establecido las colonias más antiguas en 
tierra extranjera» como, por ejemplo, Side en Panfilia, 
es posible creer que los cimeos que colaboraron en la 
colonización de Cumas eran de esta Cime y no del 
puerto eubeo del mismo nombre!!, Partiendo de aquí, 
también es posible identificar a estos colonos cimeos 
con los emigrantes arruinados que llegaron a Grecia 
junto con el padre de Hesíodo. A diferencia de aquél, 
que bien pronto se estableció en la aldea beocia de As- 
cra, algunos debían encontrarse sin acomodo cuando se 
preparaba la expedición y se enrolaron en ella. Si así 
fuera, podríamos afirmar que el padre de Hesíodo llegó 
a Beocia pocos años antes del 750 a. C., con lo cual 
habría que fechar la acmé del poeta hacia 730 a. C. 
Sin embargo, la poca seguridad de los datos en favor 
de semejante teoría hace muy arriesgada cualquier afir- 
mación en este sentido. 

El material arqueológico, como punto de partida para 
fechar la Teogonía, presenta también muchas limita- 
ciones. Ya de por sí la propia identificación de las fi- 
guras representadas en la cerámica de principios del si- 


to Cf., además del cap. V de la obra de P. WaLcorT, Hesiod..., 
M. SCHWABL, «Hesíiodos», en Paulys Real. Enc. Suppl. 12 (1970), 
434-486. 

1! A. R. BURN, The World of Hesiod, a study of the greek 
middle ages c. 900-700 b. C., Londres, 1936, pág. 180. 


INTRODUCCIÓN GENERAL 13 


glo vir a. C. se expone a graves errores de interpreta- 
ción. La dificultad se agranda al querer ver en dichas 
figuras determinadas escenas del poema en cuestión. Y 
siempre cabe la posibilidad de que la tradición sea 
fuente independiente de inspiración para la obra litera- 
ria y para la representación artística. De todos modos, 
creemos que los restos arqueológicos pueden ser utili. 
zados como argumento secundario en favor de una fe- 
cha relativamente temprana ?. 

Otro tema que ha planteado serias vacilaciones a la 
crítica moderna es el de la relación entre Hesíodo y 
Arquíloco. La leyenda antigua hacía a éste hijo de aquél, 
transformando así en filiación real la filiación literaria 
que siempre se ha reconocido en la poesía de ambos. 
Un análisis real de la poesía por nosotros conservada 
lleva efectivamente a poder afirmar que la inspiración 
de Arquíloco apunta a los elementos más personales de 
la poesía de Hesíodo: el prólogo de la Teogonía, las 
reflexiones sobre dioses y hombres y las descripciones 
de la vida en las estaciones. Existe un conocimiento 
perfecto de Hesíodo por parte de Arquíloco, pero en 
una actitud vital radicalmente distinta a la de su ante- 
cesor: Arquíloco «conocía las ideas morales y religiosas 
de Hesíodo, pero no creía en la justicia divina» %. Tene- 
mos aquí, pues, una prueba más en contra de la crono- 
logía tardía de Hesíodo. 

Ya en la antigiiedad era objeto de discusión el tema 
de si Hesíodo era anterior a Homero, éste a aquél o 
contemporáneos. Esta última actitud debió ser la res- 
ponsable del famoso Certamen, que interpreta la vic- 
toria de Hesíodo en Calcis como superioridad de la 
poesía hesiódica sobre la de Homero. Actualmente, se- 
guimos encontrando simpatizantes para las tres postu- 


12 Cf. P. WaLcor, Hesiod..., págs. 110-114. 
1 Th. BREITENSTEIN, Hésiode et Archiloque, Odensa, 1971, pá- 
gina 59. 


14 OBRAS Y FRAGMENTOS 


ras. Quienes defienden la prioridad de Hesíodo, aducen 
como prueba de autoridad el testimonio de los autores 
clásicos que citan en este orden a los poetas más anti- 
guos: Orfeo, Museo, Hesíodo y Homero. Además, en 
Homero habría datos que la arqueología demuestra 
posteriores al 700 a. C., como la táctica hoplítica y el 
escudo de Agamenón con la Gorgona descritos en la 
Ilíada, el broche de oro de Odiseo, la súplica de Teano 
o algunas partes de la «Nekyia» **, Otros autores sitúan 
a Hesíodo en la misma época que Homero o como puen- 
te entre la Ilíada y la Odisea: «Un punto de vista plau- 
sible es el pensar que la /líada recibió aproximada, 
pero no exactamente, la forma en que ahora la tenemos 
en el siglo vrirI a. C., más probablemente en la segunda 
mitad del siglo que en la primera; que Hesíodo floreció 
una generación después, poco más o menos; y que la 
Odisea fue compuesta a su vez una o dos generaciones 
después de Hesíodo» *”. Con todo, la evidencia favorece 
la creencia más general de que Homero es anterior a 
Hesíodo, tal vez de principios del siglo vIt1 a. C., o todo 
lo más de finales de siglo. Sea como fuere, la actividad 
de ambos poetas es independiente. La poesía homérica 
se desarrolla en Jonia y la de Hesíodo en Beocia, reco- 
giendo ambas una tradición que se remonta a la koiné 


14 Cf. M. L. Wesr, Hesiod, Theogony, Oxford, 1966, pág. 46. No 
comparte tales argumentos G. P. EDWARDS, The Language of 
Hesiod in its traditional context, Oxford, 1971, pág. 205: la 
táctica hoplítica puede pertenecer al siglo vii a. C. igual que 
el escudo de la Gorgona; para el broche de Odiseo, no hay 
pruebas convincentes; la súplica de Teano no depende de la 
fuente atenense del siglo vi a. C. postulada por algunos ar- 
queólogos. 

15 M. I. FIiNLEY, The World of Odysseus = El mundo de Odi- 
seo [trad. M. Hernández Barroso], La Habana, 1970, pág. 4, 
con el cual coinciden F. SoLMSEN, Hesiod and Aeschylus, Nueva 
York, 1967 (= Ithaca, 1949), y Wade-Gery, The Poet of the Iliad, 
Cambridge, 1952. 


INTRODUCCIÓN GENERAL 15 


cultural de la última época micénica, pero que durante 
los siglos oscuros ha evolucionado de forma diferente *, 

El punto más importante, y tal vez el más discutido, 
para la fijación cronológica de Hesíodo está constituido 
por la relación del viaje del poeta a Calcis con algún 
momento de la Guerra Lelantina. Un primer problema: 
la identificación del rey Anfidamante en cuyos juegos 
fúnebres participó Hesíodo. Si efectivamente se trata 
del rey muerto en la batalla naval con los eretrios de 
que nos habla Tucídides (1173) y del rey calcidio que 
pereció en la Guerra Lelantina al decir de Plutarco 
(Moralia 153F), todo se resolvería conociendo la fecha 
concreta de esta guerra. Pero la cronología del conflic- 
to es objeto de serias discusiones y las fechas que se 
proponen oscilan entre el siglo viI1I y el vi a. C.*. Un 
dato permite identificar al Anfidamante de Hesíodo con 
el de la batalla naval aludida por Tucídides: los hijos 
de Anfidamante difícilmente habrían podido quemar en 
los juegos el cuerpo real de su padre; en efecto, entre 
la convocatoria de tales juegos y la celebración de los 
mismos debió mediar el tiempo suficiente para que He- 
síodo y otros participantes de lugares más apartados 
que Beocia pudieran llegar a Calcis. Que no se trata 
de un culto tradicional a algún antepasado es evidente 
por la forma en que Hesíodo se refiere al aconteci- 
miento, como un suceso especial y no periódico. Así, la 
dificultad que entraña el hecho de que se trate de unos 


16 Cf. J. A. NOTOPOULOS, «Homer, Hesiod and the Achaean 
heritage of oral poetry», Hesperia 29 (1960), 177-197, J. De Hoz, 
«Poesía oral independiente de Homero en Hesíodo y los him- 
nos homéricos», Emerita 32 (1964), 283-298. 

1? Es el eterno dilema de la cronología antigua, una datación 
baja, sostenida por Beloch y Meyer, entre otros, frente a otra 
más alta, propugnada por Bengston y Forrest. Cf. G. P. Ep 
WARDS, The Language..., pág. 204, y G. TEDESCHI, «La guerra le- 
lantea e la cronologia esiodea», en Studi L. A. Stella, Tries- 
te, 1995, págs. 149-168. 


16 OBRAS Y FRAGMENTOS 


juegos especiales por un rey muerto, pero sin que en 
ellos se queme un cadáver, se resuelve pensando que 
muriera en batalla naval. De todos modos, la hipótesis 
en que debe fundarse la identificación de este Anfida- 
mante y las dificultades que rodean la fijación crono- 
lógica de la batalla en que murió, impiden llegar a una 
conclusión segura. 

A la vista de los datos y teoría expuestos, lo único 
que podemos afirmar es que Hesíodo vivió en algún 
momento del siglo VIII, en su segunda mitad, o como 
máximo en el primer cuarto del siglo VII, pero no hacia 
el 650 a. C., como pretenden algunos, ni mucho menos 
en época posterior. 


3. El mundo de Hesíodo 


La gran aportación del siglo vir a. C. a la historia de 
Grecia es la consolidación de la polis. Se han buscado 
frecuentemente las causas de este fenómeno de tanta 
trascendencia para la evolución posterior del mundo 
heleno, pero la oscuridad que envuelve la época com- 
prendida entre la desaparición de las monarquías micé- 
nicas y el establecimiento de las sociedades aristocrá- 
ticas, siglos XII-IX a. C., no permiten conocer en forma 
clara y precisa sus orígenes. 

Se supone que la polis como estructura social surge 
en Jonia en algún momento del siglo v111. Hay razones 
para creer que así fue: Asia Menor aparece como meta 
de emigraciones desde finales del II milenio a. C. y 
después, siglos X-1x, de una desorganizada expansión de 
aqueos que probablemente huyeron cuando comenzaron 
a asentarse los invasores dorios (XI1-XI). «Como resul- 
tado de este hipotético nuevo movimiento, se empren- 
dió sin duda una considerable expansión de estableci- 
mientos. Los habitantes de las ciudades que databan de 


INTRODUCCIÓN GENERAL 17 


la primera oleada de migraciones —Samos, Mileto, Te- 
nos, Priene, Éfeso, Colofón, Lébedos— debieron colo- 
nizar nuevos lugares como, por ejemplo, Clazómenas; 
las áreas no jonias —Antigua Esmirna, Quíos, Focea, 
Eritrea— debieron ser ocupadas por los jonios» %, 

Es posible que las primeras fundaciones, en la última 
época micénica, mantuvieran la organización y tradicio- 
nes del lugar de origen y que fueran dirigidas por ba- 
sileis, que establecen sociedades parecidas a las micé- 
nicas, aunque en un marco más cerrado y orientado a 
la defensa del medio hostil en que se asientan. En ellas 
debió mantenerse la estructura tribal y los cultos de la 
ciudad que los envía. Ello explicaría la coincidencia en- 
tre los nombres de las tribus atenienses y los de la 
Jonia asiática, así como la celebración de algunas fies- 
tas —las Apaturias, por ejemplo— comunes a Atenas y 
otras ciudades de Asia Menor. 

Pero la llegada posterior de esa segunda oleada, que 
tiene por característica su desorganización, la actividad 
comercial de estos centros y la ocupación de ciudades 
no jonias debieron borrar los lazos de parentesco que 
unían a los miembros de la antigua sociedad. Así, al 
verse obligada la ciudad a acoger en su seno elementos 
extraños a las tribus tradicionales, el ideal de polis 
sustituye al antiguo ideal de parentesco de que hacen 
gala los héroes homéricos. 

Este fenómeno pudo ocurrir antes en la Grecia asiá- 
tica por sus especiales características. En cuanto a la 
Grecia continental, las causas que luego examinaremos 
son las que determinarán el cambio a lo largo del si- 
glo vI11 y parte del vit a. C. 

El aspecto más sintomático en este sentido será la 
reorganización de la fratría que, desaparecida o redu- 


18 C. G. THOMAS, «The Roots of Homeric Kinship», Histo- 
ria 15 (1966), 403. 


OBRAS Y FRAGMENTOS, 2 


18 OBRAS Y FRAGMENTOS 


cida a un puro nombre durante los siglos precedentes, 
tiene en el siglo vI1 un carácter artificial: debe englo- 
bar a los nobles que conservan tradición de su linaje, 
a aquellos que la han perdido en una época de grandes 
dificultades sociales y económicas y a los nuevos ricos 
que logran una elevada posición gracias al comercio o 
la industria. 

Analicemos ahora otros aspectos fundamentales para 
entender mejor el nacimiento de la polis griega y que 
contribuyen a una más clara comprensión de los poe- 
mas de Hesíodo. 

La base económica de las comunidades griegas du- 
rante los siglos oscuros era la agricultura. El comercio 
marítimo había quedado en manos de los fenicios desde 
la desaparición de la civilización micénica y los pocos 
datos que tenemos no permiten suponer una actividad 
griega de este tipo hasta finales del siglo IX O princi- 
pios del vin a. C. 

En esta época encontramos los primeros enclaves co- 
merciales griegos, eubeos concretamente, en Oriente y 
Occidente. Por Oriente encontramos cerámica de Cal- 
cis, de comienzos del siglo vit a. C., en Al-Mina y otros 
lugares de la costa siria; en Occidente, Pitecusa, una 
isla de la bahía de Nápoles, da testimonio del comercio 
griego con los etruscos en el primer cuarto del si- 
glo vin. Años más tarde, hacia 750 a. C., calcidios, 
eretrios y cimeos fundan la primera colonia griega de 
Italia, Cumas. 

Si, como parece, las causas de estos primeros encla- 
ves fueron principalmente económicas —obtención de 
metales principalmente—, la cadena de colonias funda- 
das durante todo el siglo y parte del siguiente obedece 
además a circunstancias sociales y políticas '. Hay que 


12 Cf. A. GRAHAM, «Patterns in early Greek Civilization», 
Journ. of Hell. St. (1971), 35-47. 


INTRODUCCIÓN GENERAL 19 


subrayar el hecho de que la vanguardia en la coloniza- 
ción corresponde a poblaciones con pocas tierras culti- 
vables: Calcis, Eretria, Corinto y Mégara. 

Después de Cumas, los calcidios fundaron en Italia 
las colonias de Naxos, 734 a. C., al pie del Etna; Zancle 
(730 a. C.) les da el dominio del estrecho de Sicilia 
junto con Regio, otra colonia suya fundada tal vez el 
mismo año en la península. Más tarde, los calcidios de 
Naxos se establecerán a su vez en Catana y Leontinos. 
Por el norte del Egeo se orientan hacia la península 
que de ellos recibirá el nombre de Calcídica, con más 
de treinta asentamientos. 

Las eretrios, que habían colaborado también en la 
fundación de Cumas, se establecen en Corcira, antes 
del 733 a. C., y Metona (730 a. C.) y otros lugares de la 
Calcídica. 

Los corintios, siguiendo la ruta de su aliada Calcis, 
fundan Siracusa hacia 733 a. C., y en ese mismo año 
se apoderan de la colonia eretria de Corcira. 

Los megarenses se establecen en Sicilia con Mégara 
Hiblea, 730 a. C., y desde allí se abren paso hacia Seli- 
nunte. Por el Egeo, fundan en la Propóntide Trotilón 
(728 a. C.), Ástaco (710 a. C.), Selimbria y Calcedón 
(685 a. C.) y, ya en el segundo cuarto del siglo vit, en 
667 a. C., la ciudad de Bizancio. Dominada así la en- 
trada al Ponto Euxino, emprenderán posteriormente la 
colonización del mar Negro en colaboración con los de 
Mileto. 

Esta ciudad jonia, en una primera fase, fundó las 
colonias de Sínope y Trapezunte (757 a. C.), y Cícico, 
756 a. C.; a fines de siglo hubo un movimiento de ci- 
merios hacia las costas del mar Negro que afectó a 
dichas colonias milesias. Durante la primera mitad del 
siglo v11 a. C., Mileto vuelve a reconstruir las ciudades 
de Cícico (679 a. C.) y Sínope, destruidas por los cime- 


20 OBRAS Y FRAGMENTOS 


rios. Ello explica las divergencias de la tradición en 
cuanto a la fecha fundacional de estas colonias. 

Los aqueos, partiendo de Zacinto, se establecen en 
Italia con colonias como Síbaris (720 a. C.), que hacia 
el 700 a. C. funda a su vez Posidonia, Crotona (708 a. C.) 
y Metaponto. 

Finalmente, los rodios se asientan en Sicilia, donde 
fundan Gela en 688 a. C. El borde meridional de la isla 
quedaba en manos de los fenicios. Por el norte del 
Egeo, Potidea es la colonia doria más importante a 
comienzos del siglo vir a. C. Poco después del 700, la 
isla de Paros envió una colonia a Tasos, en cuyas luchas 
con los tracios intervino Arquíloco. 

El Oráculo de Delfos, íntimamente ligado al fenóme- 
no de la colonización, cobra importancia a partir del 
siglo VII a. C. y jugará un papel destacado en la polí- 
tica interna y externa de las ciudades griegas. 

La tesis tradicional que hacía depender del templo 
délfico de Apolo el control y desarrollo de la coloniza- 
ción, no es del todo cierta: «Al comienzo es sin duda 
verdadero que más contribuyó la colonización al auge 
de Delfos que éste al de la colonización» %. Además, la 
actividad del Oráculo no va ligada a la de todas las 
metrópolis griegas. La fundación de Cumas, por ejem- 
plo, no tiene ninguna conexión con el dios y sólo más 
tarde, por recomendación de Corinto, los calcidios soli- 
citarán su aprobación para fundar Naxos y Regio. 

Delfos, en esta primera etapa de la historia griega, 
aparece como santuario común de Corinto —su promo- 
tora a comienzos del siglo vin a. C.—, Calcis, Tesalia y 
Esparta. Además de estos cuatro estados parece que 
fue consultado alguna vez por Paros, Frigia, Rodas y 
Creta. Pero no hay testimonio de que lo fuera por ciu- 


22 W. G. FORREST, «Colonization and the Rise of Delphi», His- 
toria 6 (1957), 174. 


INTRODUCCIÓN GENERAL 21 


dades tan emprendedoras como Eretria, Mégara y Mi- 
leto. En cuanto a los aqueos, es significativo que Síbaris 
——<uyo fundador procedía de Hélice, de donde Mileto 
tomó su culto a Posidón Heliconio— diera a su colonia 
el nombre de Posidonia. Para explicar esta falta de 
contactos con Delfos por parte de los eretrios, mega- 
renses y milesios, hay que echar mano de las guerras 
que, mantenidas durante el siglo vItI entre calcidios y 
eretrios, corintios y megarenses, espartanos y mese- 
nios, etc., dividen al mundo griego en dos bandos du- 
rante la Guerra Lelantina. Otros argumentos, como el 
de la lejanía de Mileto respecto de la Grecia continen- 
tal, no valen para sostener la inhibición de Eretria, 
Mégara y los aqueos que fundaron Síbaris. 

Delfos, patrocinado en su nacimiento por Corinto, 
aparece así al lado de los calcidios, tesalios, espartanos 
y corintios, y sólo más adelante, bien entrado el si- 
glo vir, comenzaría a intervenir en los asuntos de los 
demás griegos debido al prestigio alcanzado durante la 
colonización. 

La anterior enumeración de establecimientos, realiza- 
dos todos ellos en poco menos de un siglo, da ya idea 
de la efervescencia social y económica que atravesaba 
Grecia en esta época. 

Las metrópolis importaban, sobre todo, de sus colo- 
nias artículos de primera necesidad y materias primas: 
cereales, pescado, metales preciosos, marfil, ámbar, es- 
taño, cobre, madera, lana y pieles. En cambio exporta- 
ban vino, aceite y productos de artesanía: orfebrería, 
bisutería, herramientas, armas, embarcaciones, paños, 
cerámica, perfumes y ungiientos ?!, 

Esta relación sumaria de importaciones y exportacio- 
nes permite suponer que la base económica de la so- 


21 Véase P. LÉvéQque, L” Aventure grecque = La aventura grie- 
ga [trad. P. MuLer], Barcelona, 1968, pág. 119. 


22 OBRAS Y FRAGMENTOS 


ciedad homérica, la agricultura, deja de ser la única 
fuente de ingresos de las ciudades griegas. La artesanía 
y el comercio serán desde ahora otras alternativas para 
hacerse rico, aunque no logren desbancar el prestigio 
social de la agricultura, y todavía a principios del si- 
glo vI a. C. veamos a Solón establecer sus categorías de 
población de acuerdo con la riqueza agrícola. 

En la época micénica, la unidad política establecida 
consistía en una monarquía centralizada. Estas monar- 
quías, claramente conectadas con las orientales, eran 
dirigidas por un wánax, que tenía carácter semidivino y 
controlaba todo el poder religioso, militar y político. 
Del wánax dependían los jefes de las aldeas, los bastleis, 
cuya posición no está muy clara, pero que al parecer 
eran una especie de funcionarios sin ningún carácter 
sagrado. Es probable que se tratara de los antiguos 
jefes de tribu a los que el wánax, uno más de ellos en 
principio, habría impuesto su estructura burocrática. 

Cuando vuelve a cobrar fuerza la antigua sociedad 
tribal a raíz de las invasiones dorias, estos jefes locales 
se convierten en la más alta magistratura política de 
los enclaves micénicos respetados por los invasores. 
Los basileis son también los que dirigen las primeras 
migraciones hacia la otra orilla del Egeo y dan naci- 
miento a las monarquías que refleja Homero en sus 
poemas. Del análisis de estos poemas se desprende que 
«los reyes homéricos desempeñan la función de basileis, 
no de wánaktes; es decir, son caudillos de áreas geo- 
gráficas más limitadas que controlan sobre todo por su 
propio prestigio real y prerrogativas, no como monar- 
cas semidivinos que dirigen una red de funcionarios 
burócratas» 2. Lo cierto es que rondando el siglo VIII 
antes de Cristo los testimonios parecen indicar un de- 
clive de la institución monárquica. La desaparición del 


2 C. G. THoMas, «The Roots...», pág. 400. 


INTRODUCCIÓN GENERAL 23 


rey va unida a las causas que determinan el nacimiento 
de la polis. Hay que destacar, además, la debilidad del 
rey inherente a su posición heredada: los reyes en la 
tierra, al igual que Zeus en el cielo, encuentran restric- 
ciones a su poder en el peso de la tradición y las cos- 
tumbres tribales %. La voz de los nobles y la del pueblo 
cuentan ya en Homero, aunque todavía no tengan un 
papel decisivo. De otra parte, el desarrollo económico, 
las fundaciones de colonias y la serie de guerras que 
llenan la segunda mitad del siglo vitr a. C., requieren 
líderes, al tiempo que el pueblo, cuya participación en 
el ejército es cada vez más activa, va tomando concien- 
cia de su subordinación a un jefe y le exige ciertas con- 
diciones como tal. Ya no es suficiente el derecho en- 
cestral de herencia, sino que el rey debe estar revestido 
de unas cualidades personales que le hagan aceptable 
a toda la población. 

Paralelamente, aumenta el prestigio de los nobles que 
rodean al monarca y que en Homero constituyen el 
Consejo: «Los basileis mo están por encima de sus com- 
pañeros de tribu ni en intereses económicos y políticos, 
y aparentemente su plan de vida y costumbres sociales 
no difería radicalmente de los de las clases altas que 
combatían junto a ellos». Alcínoo tiene en cuenta en 
sus decisiones al Consejo y es uno más, el primero entre 
iguales. 

Así, desde principios del siglo vrIII a. C., encontramos 
los estados griegos gobernados por una de las princi- 
pales familias aristocráticas. Hesíodo dará el nombre 
de basileis, en plural, a todos los aristócratas de Tes- 
pias que detentan el poder y administran la justicia. 
En Atenas, ya desde antiguo, los Eupátridas eran los 


2 Cf. CH. G. STARR, «The Decline of the Early Greek Kings», 
Historia 10 (1961), 129-138, 
2 CH. G. STARR, «The Decline...», pág. 131. 


24 OBRAS Y FRAGMENTOS 


que gobernaban. Entre ellos se elige anualmente el ba- 
sileus y los demás arcontes desde que el legendario 
Codro dimitió pacíficamente de la corona. En Corinto, 
el clan de los Baquíadas, que descienden de los Hera- 
clidas, tiene el monopolio del poder desde mediados del 
siglo vi1I hasta el 657 a. C., en que son desbancados por 
Cípselo. Los Baquíadas eran en total unas doscientas 
familias que practicaban la endogamia, cuidándose de 
conservar la pureza de su sangre. Ellos dirigen toda la 
actividad colonizadora e industrial de Corinto en esta 
época: Arquias será el fundador de Siracusa, y Quersí- 
crates el que ocupa Corcira. La situación de Esparta, 
con sus dos reyes, es muy especial. «Que la doble mo- 
narquía de Esparta no fue probablemente una peculia- 
ridad, anterior a la invasión, de las instituciones políti- 
cas dorias, puede verse en el hecho de que la doria 
Corinto, por ejemplo, sólo conoció un rey y en que Ta- 
ras, una colonia espartana, tuvo un solo monarca de 
poder muy limitado. Más bien debió surgir en Esparta 
como resultado de exigencias particulares igual que en 
otras ciudades-estado se crearon diferentes magistrados 
para atender a otras necesidades particulares. Esta exi- 
gencia puede haber sido el sinecismo de Esparta y Ami- 
clas, que estuvo gobernada por un monarca aqueo su- 
perviviente; puede haber sido la limitación de un rey 
por otro cuando era imposible destruir la monarquía; 
puede haber sido el resultado de un movimiento repu- 
blicano de la aristocracia» %. Citemos por último la fa- 
milia de los Alévadas en Larisa, Tesalia —del rey Alevas 
el Rojo tenemos noticias en la segunda mitad del si- 
glo vi a. C.— y los Pentílidas de Mitilene derrocados 
por el tirano Melancro a finales del vii a. C. 

Estas familias aristocráticas habían logrado acabar 
con el antiguo monarca apoyándose en el pueblo, a 


2 C. G. THOMAs, «The Roots...», págs. 396-397. 


INTRODUCCIÓN GENERAL 25 


cambio de pequeñas concesiones; pero será también el 
pueblo la causa más importante de su crisis cuando, 
por abuso del poder de los aristócratas, aquél, bien di- 
rigido por un noble o no, les imponga un tirano que se 
llame Cípselo, Melancro, Periandro o Pisístrato. 

En el siglo pasado, se hacía depender la colonización 
del desarrollo económico y social, como búsqueda de 
nuevos mercados para una producción excedente; ac- 
tualmente, más que como solución, la actividad coloni- 
zadora se ve como estímulo de esa producción, y fruto 
de ella es la aparición de una clase media industrial y 
mercantil que comienza a pedir derechos a la aristocra- 
cia %, He aquí uno de los fenómenos más importantes 
de la Grecia arcaica. La exigencia de productos de ar- 
tesanía, canjeables por los cada vez más escasos de 
primera necesidad, tiene por consecuencia la prolifera- 
ción y el enriquecimiento de alfareros, carpinteros, he- 
rreros y comerciantes; todos ellos, junto con los cam- 
pesinos de una posición relativamente holgada, irán 
mermando las atribuciones de la nobleza y determina- 
rán una ruptura en la pureza de las antiguas unidades 
tribales. 

Hesíodo no representa la clase pobre, el campesino 
oprimido por los grandes terratenientes que obligará a 
Solón a tomar, un siglo más tarde, drásticas medidas 
agrarias y sociales. Lo que Hesíodo representa es esa 
clase media burguesa que echa en cara ya sus atrope- 
llos a los injustos señores 7. Que la sangre no es ya un 
obstáculo en la época de Hesíodo para alcanzar las 


2% Véase un estado de la cuestión en M. AustTIN-P. VIDAL NA: 
QUET, Economies et societés en Gréce ancienne, París, 1972, pá- 
ginas 68-69. 

72 Cf. E. WiLL, «Hésiode: crise agraire? ou recul de 1l1' aris- 
tocratie?», Rev. des Et. Gr. 78 (1965), 542-556, en oposición a 
M. DÉTIENNE, Crise agraire et attitude religieuse chez Heésiode, 
Bruselas, 1964. 


26 OBRAS Y FRAGMENTOS 


esferas elevadas de la sociedad, queda demostrado cuan- 
do el poeta nos dice (Trabajos 313) que «la areté y la 
estimación van unidas al dinero», reflejando así una 
ideología que llevará a la situación social contra la que, 
indignado, se queja Teognis casi dos siglos más tarde: 
«Buscamos, oh Cirno, carneros, asnos, caballos de bue- 
na raza, y todo el mundo quiere que se apareen con 
hembras de pura sangre; en cambio, a un hombre noble 
no le importa casarse con una villana, hija de un vi- 
llano, con tal de que lleve muchas riquezas; ni una 
mujer que se niega a ser la esposa de un hombre vil 
con tal de que sea rico, sino que prefiere el acaudalado 
al hombre de bien; el dinero ha confundido las clases. 
Por ello no te extrañes, oh Polipaides, de que decaiga 
la raza de nuestros ciudadanos: pues lo bueno se mez- 
cla con lo malo» %. 

En contra de lo que con frecuencia se piensa, Hesío- 
do acepta el status político de su época, el gobierno de 
los aristócratas, y no se irrita contra los «reyes» en 
cuanto tales, lo que haría de él un revolucionario, sino 
contra el comportamiento injusto de aquéllos. Todavía 
la tradición tiene bastante peso como para impedir 
actitudes más enérgicas y prácticas. Hesíodo, en el proe- 
mio de la Teogonía 80-96, se refiere a los basileis en 
términos que implican su reconocimiento y respeto al 
poderoso, les llama «venerables» y «descendientes de 
Zeus». Hesíodo —y por boca suya, el artesano, el alfa- 
rero, el carpintero, el herrero y el comerciante— pro- 
testa de las injusticias de los «reyes», anticipando, con 
esa visión profética que le otorgaron las Musas, algo 
que luego la historia demostraría: que Justicia procla- 
ma a voces la injusticia allí donde la hay «para que el 
pueblo castigue la loca presunción de los reyes». Así es 


2 TEOGNIS, 1 183-192. Traducción de F. R. ApraDos, Líricos 
griegos, 11, Barcelona, 1959. 


INTRODUCCIÓN GENERAL 27 


como los Baquíadas en Corinto, y otras familias en las 
diferentes poleis, debieron perder su hegemonía políti- 
ca: «El hombre humilde siguió a Cípselo probablemen- 
te por el mero hecho de que un Baquíada le había 
hecho salir de la acera, o había saltado, cuando estaba 
borracho, sobre un montón de sus preciosas vasijas, o 
le había impuesto la multa de un cordero por una falta 
que le había valido al vecino tan sólo una amonesta- 
ción. El hombre principal siguió a Cípselo probable- 
mente porque a sus secuaces se les imponía siempre la 
multa de un cordero, en tanto que los secuaces de los 
Baquíadas se libraban con una amonestación» ?. 

Ahora bien, para que el ciudadano medio reaccione 
ante la injusticia del aristócrata gobernante necesita 
liberarse del peso de la tradición y ver en el noble una 
persona igual que él, sin más atribuciones que las que 
aquél se arroga en virtud de su ascendencia aristocrá- 
tica. Tal independencia psicológica es el resultado, se- 
gún opinión generalizada, de las transformaciones expe- 
rimentadas por las tácticas bélicas. 

A principios del siglo vii a. C., Argos se enfrentó y 
venció a Esparta. Fidón, dice Aristóteles, fue el primer 
rey que superó los límites del poder monárquico y se 
constituyó en tirano de Argos. Estos dos datos abonan 
la hipótesis de que la victoria de Fidón sobre Esparta 
se debió al uso de una táctica militar nueva, la falange 
hoplítica, y que su imposición a la aristocracia estuvo 
apoyada también por los hoplitas: «Si él fue quien or- 
ganizó el nuevo ejército hoplita, la cuestión encuentra 
fácil respuesta. La adopción del nuevo sistema dismi- 
nuyó la relativa importancia de los nobles y el flamante 
líder de tal ejército pudo aumentar su fuerza dentro de 
casa y lograr éxitos fuera de ella. Así, aunque él no 


2 W. G. FoRREst, The Emergence of Greek Democraty = La 
democracia griega [trad. L. GrL], Madrid, 1966, pág. 119. 


28 OBRAS Y FRAGMENTOS 


recibiera nunca tal nombre, Fidón debió ser realmente 
el precursor de los tiranos y ejemplificar la tesis de 
que el poder de aquéllos les vino de los hoplitas» *. 

Interesa más aún el papel desempeñado por la refor- 
ma hoplítica en la aproximación de la clase burguesa, a 
la que pertenece Hesíodo, hacia la esfera aristocrática. 

Por su carácter desorganizado, las primeras represen- 
taciones de escenas bélicas en la cerámica del Dipilón 
coinciden con las descripciones homéricas. El combate 
era individual y a pie. Los héroes acudían en carros al 
campo de batalla, que eran cuidados por los aurigas 
durante el singular combate. La masa de guerreros se 
limita a animar a sus señores o a arrojar piedras. 

El armamento se ajusta al tipo de combate. El equipo 
defensivo es ligero y el ofensivo está formado por dos 
lanzas arrojadizas y una espada pequeña. Lo más inte- 
resante es el escudo. De tamaño reducido (a veces el 
guerrero empuña el escudo y una lanza con la misma 
mano), es ligeramente cóncavo y presenta dos convexi- 
dades a los lados del borde; tiene dos correas cruzadas 
en su interior para poder colgarlo y un asa en el cen- 
tro. La forma convexa de los lados permitía manejar 
los dardos con ambas manos mientras el escudo per- 
manecía colgado; gracias al asa central, el escudo podía 
girar para cubrir también la espalda del guerrero. 

El tipo de escudo descrito ya no existe a comienzos 
del siglo vII a. C. Las escenas de cerámica nos ofrecen 
a partir de este momento unos escudos más grandes, 
redondos y con dos asas, una en el centro, por donde 
el soldado metía el brazo, y otra en el extremo, a la 
que se agarraba la mano. El escudo no podrá ya mo- 
verse hacia atrás como en el estilo antiguo y la espalda 
queda al descubierto. «El escudo de doble asa fue in- 


3% A. ANDREWES, Zhe Greek Tyrants, Londres, 1971 (= 1956), 
página 42. 


INTRODUCCIÓN GENERAL 29 


ventado y, como no podía girarse para proteger la es- 
palda, estimuló el desarrollo de la organizada y disci- 
plinada falange de hoplitas» ?!. 

El orden es esencial en la falange, ya que el objetivo 
de los hoplitas consiste en romper la fila enemiga con- 
servando la propia. Podemos resumir así las caracterís- 
ticas de la nueva táctica: necesita más hombres, re- 
quiere menos habilidad individual, y el equipo, al no 
exigir del soldado la posesión de un caballo, debió de 
ser más barato. La trascendencia social de la reforma 
hoplítica es obvia. La necesidad de más hombres mo- 
tivó el que la guerra no fuera ya exclusiva de los aris- 
tócratas. El menor coste del equipo facilitó a la clase 
media la intervención en los combates. No es que se 
creara una nueva clase social a mitad de camino entre 
la aristocracia y los pobres, sino que la burguesía ca- 
rente de nobleza combatía al lado de los aristócratas. 
«Grandes y pequeños campesinos resistían juntos en las 
filas de la falange, igual que estuvieron juntos contra 
el dominio del líder personal en la esfera de la polí- 
tica» *, 

Desgraciadamente, nada en los poemas de Hesíodo 
permite ver al poeta campesino como un hoplita, ya 
que el tema de su obra no es bélico. No obstante, re- 
sulta tentadora la interpretación de dos pasajes de la 
Teogonía en este sentido. 

En el primero de ellos (431 y ss.), quiera o no el 
poeta distinguir entre «los varones que se agitan en la 
guerra destructora de hombres» como la infantería en 
general y los «hippeis» como los nobles en particular, 
dice, a propósito de todos estos combatientes, que Hé- 
cate da la victoria «a los que ama», mientras que al 


31 P. A. GREENHALGH, Early Greek Warfare, Cambridge, 1973, 
página 4. 
2 CH. G. STARR, «The Decline...», pág. 138. 


30 OBRAS Y FRAGMENTOS 


referirse a los «reyes», al «pueblo» y a los «atletas», 
particulariza: la diosa da el premio «al que quiere». Si 
el uso del plural en el caso de los combatientes no es 
una simple variatio, Hesíodo tendría plena conciencia 
del carácter comunitario de la formación hoplítica o 
de la que llevaría poco después a aquélla. 

En un segundo pasaje (Teogonía 935), se dice que 
Fobos y Deimos «ponen en confusión las compactas fa- 
langes de varones en la guerra sangrienta junto con 
Ares destructor de ciudades» *%, La alusión a la verda- 
dera formación hoplítica es evidente. 

En conclusión, «si el campesino beocio contemporá- 
neo de Hesíodo no se ha convertido todavía en hoplita, 
sin embargo está en buen camino de hacerlo y ya no 
deja a los esthloí todo el poder económico ni incluso 
tal vez el político» %, 


4. Influencias orientales en la obra de Hesíodo 


La Teogonía incluye elementos sagrados y catálogos 
cuyo paralelo con determinados textos orientales es 
sorprendente. También los Trabajos y días encierran 
mitos, pero sobre todo un material didáctico y un ca- 
lendario agrícola que se ha comparado con otros del 
Próximo Oriente. 

La aparición de unas tablillas procedentes de los 
archivos reales de Boghazkale, la antigua Hattusa de 
los hetitas, ha replanteado la cuestión sobre el origen 


3 El término «falange» es usado varias veces en la /líada, 
donde se ha pensado que obedecía a interpolaciones, cf. H. Lo- 
RIMER, «The Hoplite Phalanx with special reference to the 
poems of Archilochus and 'Tyrtaeus», en Ann. Brit. Sch. at 
Athens 42 (1947), 76-138. No hay razón para pensar que ocurra 
lo mismo con este verso de Hesíodo. 

4 E. WinL, «Hésiode...», pág. 556. 


INTRODUCCIÓN GENERAL 31 


de los materiales religiosos de la Teogonía. La escritu- 
ra cuneiforme de las tablillas descubiertas por Giiter- 
bock y Otten hace asignarle una fecha que corresponde 
al período de apogeo de la civilización micénica en 
Grecia, 1400-1200 a. C. En estas tablillas se ha podido 
reconstruir parte de dos poemas que remontan a textos 
hurritas más antiguos a juzgar por otros fragmentos 
hurritas hallados en Hattusa. He aquí la traducción del 
conocido como Mito del reino celeste: 


«Antes, en los antiguos años, fue rey en los cielos Alalu. / 
Alalu está sentado en el trono / y el poderoso Anu, el primero 
de los dioses, se hallaba ante él, / se prosternaba ante sus 
pies / e iba poniéndole en la mano las copas para beber. 

Nueve años contados fue Alalu rey en el cielo. / Pero al no- 
veno año, Anu entabló combate contra Alalu. / Derrotó a 
Alalu, éste huyó corriendo ante él / y descendió a la negra 
tierra. / Descendió él a la negra tierra, / y en el trono se sentó 
Anu. Anu está sentado en el trono / y el poderoso Kumarbi le 
daba de comer, / se posternaba ante sus pies / e iba ponién- 
dole en la mano copas para beber. 

Nueve años contados fue Anu rey en el cielo. / Al noveno 
año, Anu entabló combate contra Kumarbi; / Kumarbi, descen- 
dencia de Alalu, entabló combate contra Anu. / Ante los ojos 
de Kumarbi ya no resiste Anu, / se zafó de sus manos, voló 
Anu / y subía al cielo. 

Por detrás se le acercó Kumarbi, / cogió por los pies a Anu dé 
y tiró de él desde el cielo hacia abajo. 

Le mordió los muslos, / y su virilidad se mezcló, como el 
bronce, / con las entrañas de Kumarbi. 

Cuando Kumarbi había tragado en sus entrañas / la virilidad 
de Anu, / se regocijaba y reía. 

Anu se volvió hacia él / y comenzó a decirle a Kumarbi: 

«Te regocijaste en tus entrañas / porque tragaste mi viri- 
lidad. / ¡No te regocijes en tus entrañas! / En tus entrañas he 
puesto una carga. / En primer lugar, te he preñado con el pe- 
sado Tesub...» *, 


*% Debemos esta traducción y algunos datos más de los aquí 


32 OBRAS Y FRAGMENTOS 


El poema continúa narrándonos la reacción de Ku- 
marbi: escupe el semen y engulle una piedra de la que 
nacerá Tesub, que, ayudado por Anu, terminará destro- 
nando a Kumarbi. 

Existen importantes coincidencias entre este mito y 
las sucesiones de la Teogonía, ya que la secuencia Urano- 
Cronos-Zeus es análoga a la de Anu-Kumarbi-Tesub y 
se refuerza con las emasculaciones sufridas por Anu y 
Urano, con la piedra que tragan Kumarbi y Cronos y 
con las amenazas proferidas por Kumarbi y Urano. 

No obstante, hay que subrayar las diferentes moti- 
vaciones que en uno y otro poema presentan los hechos 
apuntados. En primer lugar, Kumarbi emascula a Anu 
para adueñarse de la virilidad de su padre, en tanto 
que Cronos, confabulado con Gea, trata de vengar con 
su acción la maldad de Urano, al que, según Hesíodo, 
sus hijos odian desde siempre. De otro lado, mientras 
Kumarbi engulle la piedra como purgante de la carga 
que Anu ha depositado en su interior, Cronos lo hace 
por el engaño de Rea, que pretende librar a Zeus de la 
voracidad del padre. Finalmente, la Teogonía no ofrece 
un paralelo del antiguo rey Alalu que abre el poema 
hurrita. 

El otro poema, la Canción de Ullikummi, el mejor 
conservado de la literatura hetita, incluye un motivo 
central comparable al episodio de Tifón en la Teogonía. 
Kumarbi, para vengarse de Tesub, engendra un hijo de 
piedra volcánica, de diorita, que crece rápidamente 
hasta que sus monstruosas proporciones ponen en pe- 
ligro la tranquilidad de los dioses. Los halagos, prime- 
ro, y los rayos de Istar, después, resultan inútiles. Los 
dioses obtienen la victoria mediante una sierra, la mis- 


manejados al excelente trabajo de A. BERNABÉ, Textos literarios 
hetitas, Madrid, 1978 (en prensa). 


INTRODUCCIÓN GENERAL 33 


ma que sirvió para separar el cielo y la tierra, con la 
cual cercenan las piernas del monstruo. 

Se ha exagerado la diferencia de naturaleza existen- 
te entre Tifón y Ullikumi, un dragón que echa fuego 
por su boca y una roca respectivamente, pero si se tiene 
en cuenta la naturaleza volcánica de esta última ambos 
monstruos pueden representar idénticos fenómenos na- 
turales. 

En un tercer poema del ciclo de Kumarbi, titulado 
Hedammu, vemos que la naturaleza de Tifón constitu- 
ye tan sólo una variante de la de Ullikumi, ya que el 
héroe, Hedammu, es un dragón precisamente. 

Otro mito oriental relacionado con la Teogonía es el 
contenido en el Enuma Elis %, Al principio, antes de 
existir la tierra y el cielo, Apsú, elemento masculino de 
las aguas, y Tiámat, elemento femenino, estaban uni- 
dos. De ambos principios surgieron posteriormente 
Lahmu y Lahámu y de éstos, Ansar, el universo celeste, 
y Kisar, el universo terrestre, que producen a su vez a 
Anu, el cielo, de quien nace Ea con sus poderes má- 
gicos y sapienciales. Apsú, molesto por el movimiento 
de los restantes dioses, decide destruirlos a pesar de la 
oposición de Tiámat. Informados del peligro, todos los 
dioses callan, excepto Ea, que adormece con filtros a 
Apsú, le corta los tendones y, tras encadenarlo, se con- 
vierte en rey del mundo. 


W Este poema babilonio, así titulado por las palabras origi- 
nales con que se inicia («Cuando en un principio»), comprende 
un millar de versos conservados en más de novecientos frag- 
mentos de diversas épocas y variada procedencia. El fragmento 
más antiguo se aproxima al año 1000 a. C., pero el poema habría 
sido compuesto en la época de la primera dinastía babilonia 
(entre 1895 y 1595 a. C.). Para más referencias, cf. P. WaALcor, 
Hesiod..., págs. 1-154, y D. THOMPSON, «The possible Hittite 
Sources for Hesiod's Theogony», Parola del Pasato 22 (1967), 
241-251. 


OBRAS Y FRAGMENTOS, 3 


34 OBRAS Y FRAGMENTOS 


De Ea nace Marduk, terror de los dioses antiguos 
que incitan a Tiámat contra los más jóvenes. Ea y Anu 
son vencidos por once monstruos nacidos de Tiámat. 
Marduk, armado con un arco, una red, el rayo y los 
cuatro vientos, acepta luchar a condición de ser reco- 
nocido como soberano de los dioses. Manduk se sirve 
de otros siete vientos más terribles, hijos suyos, para 
dar muerte a Tiámat, al que luego dividirá en dos par- 
tes, el cielo y la tierra. Ayudado por Ea, el «procreador 
del hombre», crea el primer hombre a partir de la 
sangre de Kingu, uno de los monstruos derrotados. 

El paralelo con la Teogonía surge al comparar la pa- 
reja Apsú y Tiámat con la de Urano y Gea: ambas 
parejas procrean hijos que permanecen en el interior 
de su madre; el padre los aborrece, la madre no; los 
hijos tienen miedo, salvo Ea y Cronos, que vencen a 
su padre y se hacen con el poder. En lo que sigue ya 
hay diferencias: Zeus se enfrenta a Cronos y a los Ti- 
tanes para ser rey de los dioses; Marduk, por su parte, 
lucha contra Tiámat, pero no contra su padre, Ea, que 
es aliado suyo; en la Teogonía, Gea, el paralelo de Tiá- 
mat, favorece a Zeus en la lucha contra sus propios 
hijos. En ambos mitos, el nuevo soberano instaura el 
orden en el universo. 

Gracias a Ateneo, Porfirio y Eusebio, teníamos refe- 
rencia de una obra escrita por Filón de Biblos (64- 
140 d. C.) en ocho o nueve libros que, según su autor, 
sería traducción de la Historia fenicia de un tal Sanku- 
niatón. Según ella, al comienzo, sólo existía en el mun- 
do el caos y la oscuridad, luego surgen Pothos y Mót, 
que dan principio a la creación. A los «primeros inven- 
tores» que contribuyen al desarrollo de la civilización, 
sigue una genealogía de dioses que puede ser esquema- 
tizada así: Elium (Hipsistos) —Beruht: (Urano)— Gea: 
El (Cronos), Betilos, Dagon, Atlas, Astarté, Real y Baal- 


INTRODUCCIÓN GENERAL 35 


tis (Dione); de El (Cronos) nace Mouth (Tánato), y 
de Dagon y una concubina nace Demaro (Zeus) ?. 

Urano tiene hijos con otras mujeres, lo que motiva 
el enfado y la separación de Gea, que protege a sus 
hijos mientras Urano trata de destruirlos, hasta que El- 
Cronos los vence y se hace rey. El poder de Cronos es 
titánico. Urano, mediante un engaño, logra que Cronos 
se case con sus hermanas Astarté, Rea y Dione, de las 
que tiene muchos hijos. Urano hace la guerra a Cronos, 
pero Cronos le tiende una emboscada y lo castra. En- 
tonces Astarté, Zeus-Demaro y Adodos, rey de los dio- 
ses, gobiernan la tierra aconsejados por Cronos. El- 
Cronos sacrifica su único hijo a Urano para conjurar 
una epidemia, y, al igual que sus partidarios, se hace 
la circuncisión. 

Las semejanzas de esta historia con la Teogonía hi- 
cieron pensar que se trataba de «una mezcla helenísti- 
ca de Hesíodo con fuentes cosmológicas tardías» *, 
pero el descubrimiento de un texto épico en Ras Sham- 
ra y la coincidencia con las versiones hetitas ha disipado 
cualquier duda sobre la veracidad de Filón. La seme- 
janza entre el mito hetita y la Historia fenicia hizo 
suponer una mediación fenicia entre los poemas hurri- 
tas y Hesíodo, pero algunos detalles de la Canción de 
Ullikummi han llevado a proponer que la versión hetita 
y hesiódica representan «diferentes usos de un motivo 
tomado independientemente a los fenicios» ?, 


37 Véase el cuadro genealógico de L. CeNcILLO, Mito, Semán- 
tica y Realidad, Madrid, 1970, pág. 168. 

% G. S,. KIRK-J. E. RAVEN, Zhe presocratic philosophers = Los 
filósofos presocráticos [trad. J. GARcía FERNÁNDEZ], Madrid, 1969, 
página 54, 

% D. THOMPSON, «The possible Hittite...», pág. 251. El autor 
replantea el origen de los mitos de Hesíodo: «En lugar de 
transmitir ideas hurritas-hetitas-babilonias a los griegos, los fe- 
nicios deben haber introducido sus propias ideas directamente 


36 OBRAS Y FRAGMENTOS 


Si bien no tan claramente como en la Teogonía, las 
influencias orientales existen en algunas partes de los 
Trabajos y Días: el mito de las razas, el de Pandora, 
el de Prometeo; la fábula del halcón y el ruiseñor; el 
calendario del labrador, etc. 

Esta literatura didáctica griega tiene antecedentes en 
Egipto. El ejemplo más antiguo que conocemos es la 
Instrucción de Ptah-hotep, consejos de un padre a sus 
hijos, donde se expresa la utilidad de escuchar a los 
demás, la imparcialidad, la generosidad y la falta de 
codicia, y se advierte que la justicia es lo único seguro. 
Pero las obras más semejantes a los Trabajos son la 
Instrucción de Amen-em-O pet *% y la de Onchsheshongy, 
si bien esta última es posterior a Hesíodo. 

De los documentos babilonios, son interesantes Las 
Instrucciones de Shuruppak, obra sumeria conservada 
en traducción babilonia, y Los Consejos de Sabiduría, 
que remontan a 1500-1200 a. C. Esta última obra, deri- 
vada tal vez de la anterior, se divide en ocho partes de 
las que tan sólo la sexta no coincide con la temática de 
Trabajos y Días: 1) elude las malas compañías; 2) evita 
una lengua inmoderada; 3) no busques pelea y haz las 
paces con tus enemigos; 4) ayuda al que te necesite; 


en ambos lugares, en Grecia y en los reinos hurritas-hetitas» 
(pág. 248). 

tw Véase el paralelismo innegable de algunos pasajes de esta 
Instrucción: 1) «En verdad el hombre es barro y paja, / Dios 
es quien lo modeló; / él le hunde y le levanta cada día», cf. Tra- 
bajos 5-8; 2) «Mejor es pobreza de la mano de Dios / que 
riqueza en el almacén; / mejor es pan con el corazón alegre / 
que riqueza sin honor», cf. Trabajos 4041; y 3) «Cultiva los 
campos para que puedas tener lo necesario / recibir el pan de 
tu propia era; / mejor es un celemín que te dé Dios / que 
quinientos conseguidos por la fuerza; / ni un día se conservan 
en tu almacén y granero / y dejan vacía la jarra del vino; / un 
momento es todo lo que duran en el granero; / cuando llega la 
mañana ya se han ido», cf. Trabajos 298 y ss., 320 y ss. 


INTRODUCCIÓN GENERAL 37 


5) no conviene casarse con una esclava ni tomar por 
esposa una ramera; 6) tentaciones de un visir; 7) de- 
beres de religión y beneficios de su cumplimiento; 
8) decepciones de amigos. 

Consejos de este tipo se encuentran también en Ho- 
mero. Baste recordar los de Fénix a Aquiles y los de 
Néstor a Antíloco en la Ilíada, o los de Atenea disfra- 
zada a Telémaco en la Odisea. Pero en todos ellos hay 
una diferencia notable con Hesíodo. Las advertencias 
van dirigidas de padre, o de alguien que ocupa su lu- 
gar, a hijo; en cambio, en Hesíodo aconseja un herma- 
no, no se sabe si el mayor, a otro hermano. 

En los textos hetitas hay una versión de un poema 
hurrita donde se cuenta que un hombre rico, Appu, no 
tenía hijos. Ante sus súplicas, el dios-Sol, apiadado, le 
dijo que volviera a casa y se uniera a su mujer. El dios 
intervino ante Tesub y éste concedió que la mujer que- 
dase embarazada. Al hijo así nacido le dio Appu el 
nombre de Malo; después tuvo otro hijo al que llamó 
Bueno. Los dos eran de carácter distinto y vivían inde- 
pendientemente. Muerto el padre, Malo convenció a 
Bueno para repartirse la hacienda de Appu. Malo in- 
tenta engañar a Bueno en el reparto, pero es observado 
por el dios-Sol, que, en otro fragmento, aparece presi- 
diendo un juicio. 

La similitud con el motivo de los Trabajos es innega- 
ble. «La principal diferencia entre los dos textos es que 
la historia de Appu y sus dos hijos ofrece una situación 
mítica y no el colorido realista de los Trabajos y Días, 
en cuanto que el dios-Sol se aparece a Appu y en su 
presencia tiene lugar el juicio» *!, El influjo de este 
texto oriental en Hesíodo hay que verlo en cuanto que 
ofrece una estructura distinta de la tradicional, facili- 


1 P, WaLcorT, Hesiod..., pág. 99. 


38 OBRAS Y FRAGMENTOS 


tando al poeta, como punto de partida, la inserción en 
su poema de una experiencia propia. 

Para el calendario del labrador, un almanaque sume- 
rio describe las operaciones de labranza desde el mo- 
mento de las inundaciones y es anterior a Hesíodo en 
unos doscientos años. Ambos calendarios «desarrollan 
en orden cronológico, para conocimiento del campesino, 
el ciclo de labores a lo largo de un año; y ambos pres- 
tan mayor atención a los útiles que el campesino debe 
tener para su trabajo» %. Se recomienda orar antes de 
la siembra y espantar los pájaros para que no se co- 
man las semillas; dos son los arados que debe tener 
el labrador y una pareja de bueyes para arrastrarlos. 

Puede sugerirse también el paralelo del calendario de 
Gezer, en Palestina, que divide el año agrario en ocho 
partes, frente a las nueve de Hesíodo: 


«Dos meses para la cosecha, / dos meses para la siembra, / 
dos meses para la siembra tardía, / un mes para la cosecha 
del lino, / un mes para la cosecha de la cebada, / un mes para 
la cosecha y medición del fruto, / dos meses para la pisa de 
la uva, / un mes para el descanso del verano» *. 


La existencia de tales calendarios, a pesar de las se- 
mejanzas con el de Hesíodo, no imponen necesariamen- 
te un influjo directo sobre nuestro poeta. El labrador 
beocio tenía sin duda sus propias costumbres, hereda- 
das o adquiridas por la experiencia, en el cultivo del 
campo. 

Por último, también se han rastreado huellas orienta- 
les en los Días. Un calendario egipcio divide cada día 
del año en tres partes marcadas como buenas o malas, 


2 P. WaLcor, «Hesiod and didactic literature of the Near 
East», Rev. des Et. Gr. 75 (1962), 22. 

4 Cf. W. NicoLar, Hesiods Erga, Beobachtungen zum Aufbau, 
Heidelberg, 1964, pág. 192. 


INTRODUCCIÓN GENERAL 39 


igual que ocurre en Hesíodo (Trabajos 810, 820-821). 
Algunos días podrían ser explicados también a base del 
calendario babilonio *. 

Estas influencias orientales, más probables en la 
Teogonía que en los Trabajos, plantean el problema de 
su penetración en Beocia. «O bien los fenicios han sido 
los transmisores, o bien los griegos, ya que en el ám- 
bito del Asia menor, en Mileto o Rodas, donde se en- 
contraban establecidos desde la época micénica, llega- 
ron a conocer la historia de la sucesión de los dioses 
e historias afines. Debemos precavernos frente a toda 
simplificación artificial de estos problemas, y hay que 
tomar en consideración que para Hesíodo debemos con- 
tar asimismo con una tradición antigua, que se remon- 
taba hasta la época prehelénica, y para cuya conserva- 
ción precisamente Beocia era un suelo propicio. Debe- 
mos considerar que en la Teogonía actuaba una tradi- 
ción múltiple, atestiguada de manera convincente por 
el carácter polifacético de la obra. Tampoco debemos 
olvidar que el padre de Hesíodo era natural del Asia 
Menor» $, 

El análisis de los mitos de sucesión hetitas y feni- 
cios ha ratificado la importancia de los fenicios para 
la penetración de tales mitos en la Teogonía. Con todo, 
es sugestiva y clarificadora la hipótesis de una koiné 
literaria en la época micénica *, Las emigraciones micé- 
nicas organizadas desde finales del segundo milenio y 
los contactos comerciales con pueblos de Oriente Me- 
dio habrían permitido un conocimiento por parte de 
los griegos de los mitos hurritas y fenicios subyacentes 


“ Cf. P. WaLcor, Hesiod..., págs. 92 y 101. 

5 A. LEsKY, Geschichte der Griechischen Literatur = Historia 
de la Literatura Griega [trad. J. M.* Díaz REGAÑÓN Y B. ROMERO], 
Madrid, 1968, pág. 119. 

Cf. C. MIRALLES, «De los siglos oscuros al vit», Bol. del 
Inst. Est. Hel. 3.2 (1969), 39-55, 


40 OBRAS Y FRAGMENTOS 


en los poemas hesiódicos. Así se explicarían, además, 
sin necesidad de recurrir a la dependencia literaria, las 
semejanzas y divergencias entre Homero y Hesíodo. La 
trayección cultural micénica se ve interrumpida por la 
invasiones dorias, y la falta de contacto entre Oriente 
y Occidente durante los llamados «siglos obscuros» de- 
termina una transmisión posterior independiente de 
aquel material común. De este modo, si en Homero el 
Océano es el padre de todo y su matrimonio con Tetis 
sugiere un conocimiento de la pareja babilonia Tiámat- 
Apsú, Hesíodo, representante del desarrollo occidental 
del mito, parece no conocer esta versión, tal vez porque 
a lo largo de los siglos precedentes su tradición en Beo- 
cia ha sufrido modificaciones o interferencias. Por el 
contrario, la Afrodita hija de Urano que nos ofrece 
Hesíodo responde a una divinidad de tipo oriental que 
no tiene paralelo en Homero *. 

Actualmente, se concede una mayor importancia, sin 
embargo, al papel de los fenicios en ese proceso de 
penetración oriental en Grecia. Las relaciones fenicias 
con Grecia debieron mantenerse a lo largo de los «si- 
glos obscuros», en los que los fenicios fueron los autén- 
ticos señores del comercio, y se intensifica a finales 
del siglo 1x, ya con iniciativa propia de los griegos, 
más concretamente de los eubeos. A juzgar por los ha- 
llazgos arqueológicos, sabemos que los eubeos vendían 
su cerámica en grandes cantidades a principios del si- 


11 Los reticentes a esta hipótesis pretenden que los mitos hu- 


rritas no fueron tomados por los micénicos a los hetitas, sino 
que los griegos los oyeron en la Anatolia oriental en tiempos 
de Hesíodo y Homero. Pero la tradición literaria oriental se 
había interrumpido al caer el imperio hetita en 1200 a. C. 
Además, Asia Menor nunca formó parte del imperio hetita. La 
hipótesis de una penetración más antigua de los elementos 
orientales se ve favorecida por el hecho de que los dioses que 
en Hesíodo intervienen son ya los tradicionales. Cf. M. L. Wesr, 
Theogony..., pág. 29. 


INTRODUCCIÓN GENERAL 41 


glo vii a. C. en el establecimiento de Al-Mina, que, 
casi desde su fundación a finales del siglo IX, aparece 
como un gran centro del comercio griego con Oriente. 
A través de Al-Mina se establece una ruta que va desde 
Mesopotamia al norte de Siria y desde aquí hasta Gre- 
cia, a través de Eubea. Era un buen lugar «para que 
los griegos adquirieran un conocimiento del Enuma 
Elis, o cualquier otra obra de la literatura babilonia 
compuesta en una fecha que hace imposible la trans- 
misión a través de los micénicos» %, No olvidemos que 
Beocia está separada de Eubea sólo por el estrecho del 
Euripo y que Hesíodo viajó a Calcis en algún momento 
de su vida. 

Al igual que en Al-Mina, existió una comunidad de co- 
merciantes griegos en Tell-Sukas, algo más al sur, en la 
costa fenicia. Si el «vino biblino» de que habla Hesíodo 
(Trabajos 589) significa «vino de Biblos», tendríamos 
una prueba literaria del comercio entre Grecia y el 
Próximo Oriente a lo largo del siglo vr11 a. C. 

La introducción del alfabeto fenicio en Grecia, tal 
vez a mediados de siglo, implica un estrecho contacto 
entre ambos pueblos, ya sea que los fenicios lo llevaran 
a Eubea o que los griegos lo aprendieran en Al-Mina, 
Tell Sukas u otro puerto comercial, según la opinión 
generalizada. A favor de una penetración por Eubea 
está el hecho de que la primera inscripción conocida se 
encuentra en una estatuilla beocia de bronce proceden- 
te de Tebas precisamente, fechable a fines del siglo vIH 
antes de Cristo. Si Eubea fue la avanzada de la civili- 
zación oriental en Grecia, la primera región favorecida 
sería Beocia, 


P. WaLcor, Hesiod..., pág. 121. 


42 OBRAS Y FRAGMENTOS 


5. Transmisión y difusión del texto de Hesíodo 


Aparte de la Teogonía y los Trabajos y Días, obras 
en las que nos hemos apoyado para situar a Hesíodo en 
su contexto histórico y cultural, los testimonios más 
antiguos de que disponemos dan pie para postular que 
la producción literaria del poeta abarcaba hasta otras 
catorce obras más. 

Ha sido largo y sinuoso el camino recorrido por los 
filólogos para cubrir con títulos distintos y específicos 
ese casi «fatídico» número dieciséis resultante %. Con 
todo, a la existencia real de las dos obras mencionadas 
debemos añadir la evidencia supuesta por el Escudo de 
Heracles, ya que las tres nos han llegado de modo 
fragmentario o completo a través de testimonios anti- 
guos (papiros) o medievales (códices). A esta tríada 
efectiva se opone una larga serie de fragmentos cuyo 
signo distintivo es el de haber sido transmitidos por 
citas o referencias incluidas en autores antiguos, o sólo 
fragmentariamente, por restos papiráceos. Aun cuando 
dista mucho de haber sido zanjada definitivamente la 
cuestión de si todas, o algunas de ellas, formaban parte 
de un conjunto o conjuntos más amplios, la doble ca- 
racterística aludida, referencias explícitas y restos frag- 
mentarios, garantiza el que también podamos relacio- 
nar con el nombre de Hesíodo al menos las obras si- 
guientes: el Catálogo de las mujeres o las Eeas, las 
Grandes Eeas, la Boda de Ceix, la Melampodíia, el Des- 
censo de Pirítoo, los Dáctilos ideos, los Consejos de 
Quirón, los Grandes trabajos, la Astronomía, el Egimio 
y el Horno o Los alfareros. 


e Cf. J. ScCHwARTtZ, Pseudo-Hesiodeia, Recherches sur la com- 
position, la diffusion et la disparition ancienne d' oeuvres attri- 
buées 4 Hésiode, Leiden, 1960, págs. 13-32. 


INTRODUCCIÓN GENERAL 43 


Ese diferente modo de transmisión material del texto 
condiciona y justifica el que sistemáticamente proceda- 
mos a tratar por separado la trayectoria recorrida por 
el texto de uno y otro grupo de obras. Pero la separa- 
ción no puede ser tajante, por cuanto que, dentro de 
las obras fragmentarias, el Catálogo de las mujeres 
ofrece peculiaridades temáticas, formales y de transmi- 
sión que le acercan claramente al primer grupo. Su 
fragmento inicial empieza por tener los dos primeros 
versos coincidentes con los dos últimos de la Teogonía. 
Y, en cierto modo, Catálogo de las mujeres y Escudo 
de Heracles también están relacionados: los cincuenta 
y seis primeros versos del Escudo, si no todo él, seguían 
sin solución de continuidad a siete versos pertenecien- 
tes al Catálogo (cf. fragmento 195). Además, conserva- 
mos una cantidad de fragmentos de este último muy 
superior al resto de las obras reseñadas. 

Resuelto en uno u otro sentido el problema de la 
composición de los poemas hesiódicos, como poesía 
oral pura o, lo que es más probable, como género 
indisolublemente unido a la existencia y el uso normal 
de la escritura, parece verosímil que su temprana fija- 
ción escrita debió acomodarse a las condiciones mate- 
riales propias de la época: tablillas de madera y/o pie- 
les de animales serían su primer soporte %, 

Entre 700 y 300 a. C., el texto de Hesíodo hubo de 
circular, al menos externamente y sobre todo en lo re- 
lativo a Teogonía y Catálogo, de forma muy similar a 
como lo hicieran los poemas cíclicos, esto es, constitu- 
yendo aparentemente un gran poema, fruto sin duda 
de añadidos y refundiciones abundantes. 

Al igual que ocurre con los poemas homéricos, exis- 
ten determinados indicios para pensar que en la Atenas 
de Pisístrato se desarrolló algún tipo de actividad sobre 


3 Cf. M. L. West, Theogony..., pág. 48. 


44 OBRAS Y FRAGMENTOS 


los de Hesíodo. Y si estos indicios apuntan a la supre- 
sión de versos, no parece imposible la idea de que lo 
contrario, algunas adiciones, también ocurriera, 

El hecho es que, en época alejandrina, dentro del 
gran todo constituido por el Corpus Hesiodicum, co- 
menzaron a distinguirse partes concordantes y discor- 
dantes con lo que a Hesíodo había de remontar. Sólo 
así adquieren pleno sentido las formulaciones aproba- 
torias y condenatorias sobre pasajes más o menos ex- 
tensos de Hesíodo, pasajes amplios en muchos casos y 
con una entidad temática suficiente como para justifi- 
car los títulos específicos que sólo a partir de este mo- 
mento se consolidan. 

Tras haber sido asiduamente imitado y leído en Ate- 
nas durante los siglos v y Iv a. C., el texto de Hesíodo 
es estudiado y cuidado en Alejandría *%. Tenemos noti- 
cias de una edición de la Teogonía a cargo de Zenódoto 
de Éfeso, si bien sólo sabemos que en ella proponía 
lecturas que se apartaban de la tradición —calificarla 
de crítica sería lo adecuado— y que probablemente in- 
cluía un glosario interpretativo de términos difíciles. 
Apolonio de Rodas dedicó a Hesíodo una obra de más 
de tres libros; de modo indirecto, conocemos que en 
ella se pronunciaba en favor de la autenticidad del 


3 Véase H. G. EveELYN-WHTTE, «A Peisistratean edition of the 
Hesiodic poems», Classical Quarterly 18 (1924), 142-150; T. A. 
SINCLAIR, «The Peisistratean Hesiod», Classical Quarterly 21 
(1927), 1955-198, y R. MERKELBACH, «Die pisistratische Redaction 
der homerischen Gedichte», Rhein. Mus. 95 (1952), 2347. El 
único punto de apoyo está en el fragmento 298. 

2 Cf. C. Buzro, Esiodo nel mondo greco sino alla fine dell' 
etá classica, Milán, 1938. Por lo demás, la influencia de Hesíodo 
ha sido muy acusada en todas las épocas. Como ejemplos ex- 
tremos del mismo hilo, recordemos el ya mencionado libro de 
TH. BREITENSTEIN (Hésiode et Arquiloque) y el artículo de N. E. 
OIKONOMAKIS, «Ho Palamás kai ho Hesíodos», Athena 63 (1959), 
145-194, 


INTRODUCCIÓN GENERAL 45 


Escudo y en contra de la Ornitomantea y de algún pa- 
saje de la Teogonía, pero no nos consta en qué género 
se inscribía la obra (¿edición, comentario, monogra- 
fía?). Eratóstenes, con su preocupación por los proble- 
mas cronológicos, situaba a Homero como anterior a 
Hesíodo. Aristófanes de Bizancio continuó la labor de 
Zenódoto como editor de la Teogonía y se manifestó 
contrario a Apolonio en punto al Escudo, obra que con- 
sideraba no hesiódica junto con los Consejos de Quirón. 
Ya en el siglo 11 a. C., Aristarco proseguía la tarea ini- 
ciada por sus predecesores; al tiempo que atetizaba el 
proemio de los Trabajos, por conocer copias que lo 
omitían, utilizaba a Hesíodo como piedra de toque para 
condenar determinados pasajes homéricos; es probable 
que fuese el primero en escribir un comentario seguido 
a alguna obra de Hesíodo. 

Sobre la actividad desplegada en Pérgamo durante la 
misma época, nos ilustran los rasgos recuperados acer- 
ca de Crates, que criticaba y corregía a Hesíodo en 
función de la cosmología estoica por él propugnada, 
atetizando además los proemios de la Teogonía y los 
Trabajos. 

Si tenemos en cuenta la utilización lingiística de de- 
terminadas palabras de Hesíodo por parte de Dionisio 
Tracio, hemos de ver en el autor de la Téchne, formado 
junto a Aristarco e impulsor de la filología en Roma a 
partir de 100 a. C., un introductor más de la perviven- 
cia del poeta de Ascra en Roma, que, a buen seguro, 
hubo de ser favorecida por la actividad de Dídimo en 
la segunda mitad del siglo 1 a. C. 

Según lo demuestran algunos papiros, ya en época 
romana, el texto de Hesíodo, como tantos otros, se vio 
afectado por los criterios de una selección que incluía 
la Teogonía, los Trabajos y el Escudo Y. De estas tres 


53 PMich. 6828 (siglo 1 d. C.), PVindob. 19815 (tv d. C.) y 
PAchmin 3 (1v-v d. C.). 


46 OBRAS Y FRAGMENTOS 


obras y del Catálogo ha aparecido una crecida cantidad 
de fragmentos papiráceos que permite contrastar la 
calidad del texto leído durante las seis primeras cen- 
turias de nuestra era, pudiéndonos hacer una idea de 
la amplia difusión del texto en la época imperial, que 
completa la imagen extraída a partir de las abundantes 
citas transmitidas por los escritores de este mismo pe- 
ríodo. El contraste nos arroja el saldo positivo de que 
nos encontramos ante una transmisión abierta, un mo- 
delo muy útil a la hora de tomar partido ante la fre- 
cuentísima disparidad de lecturas de los manuscritos 
medievales y renacentistas. 

Parece imposible trazar un stemma que no falsee los 
hechos con los sesenta y nueve manuscritos existentes 
de la Teogonía %, pero sí se puede establecer media 
docena de grupos válidos cuando nos enfrentamos a la 
operación de editar hoy el texto: 


1) Parisinus suppl gr. 663 (siglo xI); 2) Marcianus 1006 (si- 
glo xIv), Salmanticensis 243 (siglo xv), Laurentianus conv. suppr. 
15 (siglo xv), Panormitanus 20Qq-A-75 (siglo xv) y Parisinus suppl. 
gr. 652 (siglo xV); 3) Laurentianus Mediceus 36.16 (escrito 
en 1280), 4) Vaticanus gr. 915 (copiado en 1311), Mutinensis 
a T 9.14 (de hacia 1460-1470); 5) Laurentianus conv. suppr. 158 
(siglo xIv), Parisinus gr. 2763, Parisinus gr. 2833, Vratislavensis 
Rhedigeranus 35 y Mosquensis 469 (los cuatro del siglo xv); 
6) Ravennas 120 (siglo xIV), Matritensis 4607, Ambrosianus D 529 
y Vaticanus gr. 2185 (los tres del siglo xv). 


Para el establecimiento actual del texto de los Traba- 
jos debemos elegir entre los casi dos centenares de 
códices que contienen la obra 55, teniendo en cuenta que 


4 Para el inventario y la descripción de sus múltiples rela- 
ciones, cf. M. L. WestT, «The medieval and Reaissance manus- 
cripts of Hesiod's Theogony», Classical Quarterly 14 (1964), 165- 
189. 

55 Su descripción técnica podrá seguirse en H. ScHUuLTZ, «Die 
handschriftliche Uberlieferung der Hesiod-Scholien», en Abhand. 


INTRODUCCIÓN GENERAL 47 


los posteriores a 1340 aportan escasa utilidad, ya que 
o son copias del ejemplar bizantino de Triclino, repre- 
sentado por el Venetus Marcianus gr. 464, escrito ha- 
cia 1316-1319, o son meros apógrafos de los que cons- 
tituyen las familias principales. Parece, pues, que han 
de ser tenidos en cuenta únicamente los grupos siguien- 
tes: 1) Parisinus gr. 2771 (siglo X); 2) Laurentianus Me- 
diceus gr. 31.39 (siglo Xt); 3) Messanius F. A. 11 (si- 
glo XII), Vaticanus gr. 2383 (del año 1287) y Vaticanus 
Ottobonianus (copiado en 1363); 4) Vaticanus gr. 38 (del 
año 1322). 

En cuanto al Escudo, los códices medievales y rena- 
centistas Y representan también un modelo de tradición 
abierta, suficientemente testimoniada por estos cinco 
grupos: 


1) Parisinus suppl. gr. 663 (siglo x1); 2) Ambrosianus C 22 
(siglo XIIFXIV); 3) Parisinus gr. 2773 (siglo XIV); 4) Laurentia- 
nus 32.16 (siglo x111), Casanatensis 356 (siglo XIV), Laurentianus 
conv. suppr. 158 (siglo xIv) y Parisinus gr. 2833 (siglo xv); 
5) Mutinensis a T 9.14 (siglo xv). 


Gran parte de los manuscritos reseñados aparecen 
adornados con preciosos escolios marginales que ayu- 
dan frecuentemente a la interpretación del texto. A me- 
nudo son citados en ellos, en calidad de autoridades, 
los nombres de comentaristas y gramáticos antiguos, 
permitiendo inducir fechas sobre su redacción. Así, en 
los escolios de la Teogonía, Trifón y Habrón (siglo 1 
d. C.) son los gramáticos más tardíos entre los mencio- 
nados, de donde cabe suponer que la fijación de los 
escolios fue posterior a esas fechas. La influencia del 


Gott. Ges. XII, Gotinga, 1910, y N. A. LIvaDaRas, Historia tés 
paradóseos tol keiménou to4 Hesiódou, Atenas, 1963. 

5 Cf. A. RzacH, «Die handschriftliche Tradition der pseudo- 
hesiodischen Aspis», Hermes 33 (1898), 591-625. 


48 OBRAS Y FRAGMENTOS 


neoplatónico Proclo (siglo v d. C.) ha sido tan decisiva 
en los escolios a Trabajos y Días, que sirve para dife- 
renciar dos clases bien marcadas entre los manuscritos 
que albergan tal influencia y los que carecen de ella *. 

Tras la editio princeps de los Trabajos (Milán, 1480), 
la lectura de Hesíodo ha estado asegurada en las cen- 
turias posteriores por numerosas ediciones. Citemos 
las más importantes entre las comprensivas de la tría- 
da Teogonía-Trabajos-Escudo: Aldo (Venecia, 1495), 
Trincavellus (Venecia, 1537), Oporinus (Basilea, 1544), 
Graevius (Amsterdam, 1667), Clericus (Amsterdam, 
1701), Robinson (Leipzig, 1778), Dindorf (Leipzig, 1825), 
Góttling (Gotha, 1831), Lehrs (París, 1840), Paley (Lon- 
dres, 1861), Schómann (Berlín, 1869), Kochly-Kinkel 
(Leipzig, 1870), Flach (Berlín, 1874; Leipzig, 1878), Sittl 
(Atenas, 1889) 3. 

Sólo hacia la mitad del siglo xIx se siente la necesi- 
dad de leer algo de las obras fragmentarias de Hesíodo 
en ediciones específicas. Aparece entonces la modélica 
edición de G. Marckscheffel (Hesiodi, Eumelt, Cinaetho- 
nis, Asti et carminis Naupacti fragmenta, Leipzig, 1840) 
y la de G. Kinkel (Epicorum Graecorum fragmenta, 
Leipzig, 1877), menos valiosa para Hesíodo. 


1 Cf. los estudios, preparatorios de sus respectivas ediciones, 
de L. pr GREGORIO, «Sulla tradizione manoscritta degli scholia 
vetera alla Teogoniía di Esiodo», Aeuum 45 (1971), 1-24, 187-207, 
383408, y 46 (1972), 1-15, y de A. PERTUSI, «11 contributo degli 
scolie di Proclo al testo de Le opere e i giorni», Aeuum 26 
(1952), 197-227, y «La tradizione manoscritta degli scolii alle 
Opere e íi Giorni e le note inedite attribuite a Massimo Planu- 
de», en Atti dello VIII? Congr. intern. di St. Biz,, 1, Roma, 1953, 
páginas 176-182. 

533 Para confeccionar una lista bastante completa de las edi. 
ciones comprendidas entre la primera y última de las citadas, 
puede acudirse a J. A. FaBricius, Biblioteca Graeca, 1, Hildes- 
heim, 1966 (= Hamburgo, 1790), págs. 596610, y a W. ENGELMANN- 
E. PREUSS, Bibliotheca Scriptorum Graecorum et Latinorum, 1, 
Hildesheim, 1959 (= Leipzig, 1890), págs. 374-376. 


INTRODUCCIÓN GENERAL 49 


Después de gran cantidad de trabajos preparatorios, 
A. Rzach publica una editio maior que supera a todas 
las precedentes (Leipzig, 1902) y que, a partir de su 
tercera edición, un tanto compendiada (1913), ha sido 
la más manejada por los estudiosos del presente siglo. 
No debemos silenciar, sin embargo, la gran difusión al.- 
canzada por las ediciones bilingiies de Evelyn-White 
(Londres, 1914) y de Mazon (París, 1928). Pero el ma- 
nejo de todas ellas se verá suplantado muy pronto por 
las de Merkelbach-West (Oxford, 1967), para los frag- 
mentos, Solmsen-Merkelbach-West (Oxford, 1970), para 
la obra completa, y, sobre todo, por las monumentales 
ediciones comentadas de West *. 

Cerremos este breve apunte historiográfico con una 
referencia especial a las ediciones y traducciones espa- 
ñolas de obras de Hesíodo %, 

Es pena que la sorprendente labor realizada por Mar- 
tínez de Quesada en el siglo XVIII no tuviera más con- 
tinuadores inmediatos en nuestro país. Este sufrido y 
recién descubierto humanista, mozo de biblioteca sin 
más, escribió, entre 1740 y 1747, un extenso Enchiridion 
Mythico-Physico-Ethicum que jamás llegó a la imprenta 
y que, entre otros trabajos, comprende una Expositio- 
nem in Hesiodi Theogoniam. La Expositio o Comenta- 


39 Cf. nuestra bibliografía, 1. 

“% Existen numerosas traducciones a otras lenguas europeas. 
En francés, la que acompaña a la edición de Mazon se ha con- 
vertido en una auténtica vulgata. En inglés, además de la que 
hace frente a la edición griega de EvELYN-WHITE, merece la pena 
tener en cuenta las de A. W. Mar (Oxford, 1908), A. S. Way 
(Londres, 1934) y R. LATTIMORE (Ann Arbor, 1959), excelente ésta 
última: el traductor es tan buen poeta como filólogo. En ale- 
mán, gozan de alguna reputación las de J. H. Voss y B. K. 
HARTMANN (Tubinga, 1911), TH. voN SCHEFFER (Leipzig, 1938) y 
W. MARG (Zurich, 1970). No es posible señalar una traducción 
italiana de la obra completa de Hesíodo, pero véase nuestra 
bibliografía para las parciales. 


OBRAS Y FRAGMENTOS, 4 


50 OBRAS Y FRAGMENTOS 


rio en cuestión incluye una exacta versión interlineal 
latina como acompañamiento de cada una de las tira- 
das de versos griegos comentados. Es verdad que son 
nulas las aportaciones de crítica textual (parece haber 
seguido la edición de Heinsio, Leiden, 1613); sus ex- 
plicaciones de realia nos resultan hoy bastante infan- 
tiles €, 

El nivel escolar del texto griego de Martínez de Que- 
sada no es superado por otras dos ediciones parciales 
impresas en España *. 

En cuanto a las traducciones castellanas, hemos po- 
dido hacer acopio de las siguientes Y: 


1. Hestono, La Teogonía, versión directa y literal por Luis SE- 
GALÁ Y ESTALELLA, en Anuario de la Universidad de Barcelona 
correspondiente al curso de 1908 a 1909, 


Es la misma que acompaña al texto griego ya men- 
cionado. Efectivamente, la traducción está hecha direc- 
tamente del griego, pero lo de «literal» hay que enten- 


é Cf. L. GiL, «Un helenista desconocido: Antonio Martínez de 
Quesada (1718-1751)», Bol. Real Acad. Esp. 54 (1974), 379-440, 
donde se encontrará una detallada exposición de los datos que 
poseemos en torno a su vida y obra. Luis GIL descubrió el ma- 
nuscrito del Enchiridion en un desván de la Facultad de Dere- 
cho de la Universidad Complutense. Las ideas de L. GIL y al- 
gunas interpretaciones más particulares han sido recogidas por 
C. HERNANDO, Helenismo e Ilustración (el griego en el siglo XV11] 
español), Madrid, 1975, págs. 201-206 y 251. 

é L. SEGALÁ Y ESTALELLA, Hesíodo, La Teogonía, Barcelona, 1910 
(edición bilingite), y Hesíodo, Los trabajos y los días, Editorial 
Perficit, Salamanca, 1954. 

é3  J. ANTONIO CONDE (1765-1820) realizó, entre otras muchas 
versiones de autores griegos, la primera traducción castellana 
de Los trabajos y los días y de la Teogonía; ambas traduc- 
ciones permanecen inéditas en un tomo encuadernado de la 
Academia de la Historia (P. 9-27-6-E-153). Cf. C. HERNANDO, Hele- 
nismo..., págs. 235-242. No he podido localizar la traducción de 
la Teogonía de la Editorial Shapire (Buenos Aires, 1943). 


INTRODUCCIÓN GENERAL 51 


derlo más bien en el sentido prosaico y retórico que la 
palabra tenía en el siglo pasado: abundan las perífrasis 
para construir períodos redondos. La transcripción de 
los nombres propios es correcta y el índice de los mis- 
mos puede suplir parcialmente la total carencia de no- 
tas que observamos. 


2. El poema moral Trabajos y Días de Hesíodo, primera ver- 
sión castellana por MIGUEL JIMÉNEZ AQUINO, Madrid, 1919. 


Al filo de la obra de P. WaLtz (Hésiode et son poéme 
moral, Burdeos, 1906), el estudio preliminar de Jiménez 
Aquino traza un anodino e imaginativo panorama de la 
laboriosa vida de Hesíodo, sin que falten unas páginas, 
bastante insulsas por cierto, dedicadas a establecer re- 
laciones entre Hesíodo y otros autores (Homero, Virgi- 
lio). Las mismas características expositivas son com- 
probables en las veinte notas finales, clarísimo expo- 
nente de los escasos conocimientos lingúísticos de este 
traductor en versos hendecasílabos: los errores son 
escalofriantes. Y es que, según nos confiesa en alguna 
parte, necesitaba que alguien que supiera griego le pro- 
porcionara previamente una traducción literal. 


3. Hestopo, La Teogonía, El escudo de Heracles, Los trabajos 
y los días, traducción nueva del griego por LECONTE DB LISLE, 
versión española de GERMÁN GÓMEZ DE LA MaTa, Valencia 
[s. a. (1918?)]. 


Como el subtítulo indica, es una versión española de 
otra francesa de mediados del siglo xix (1869 en con- 
creto), y de esta última es el mérito, no del traductor 
castellano, ya que comete todo tipo de atrocidades en 
la transcripción de los nombres propios. Aunque la 
prosa resulta fluida, el regusto de Hesíodo queda muy 
distante. El poeta nos suena aquí igual que los /dilios 


52 OBRAS Y FRAGMENTOS 


de Bión y Mosco o los Himnos órficos que junto con 
él completan el volumen. 


4. La Grecia Clásica, Hesíodo: La Teogonía, Los Trabajos y 
los Días, El escudo de Herakles..., traducción, noticias pre- 
liminares y notas de Juan BAUTISTA BERGUA, Madrid, 1969. 


Henos aquí ante una alarmante muestra del bandole- 
rismo intelectual. El traductor no ha tenido el más mí- 
nimo recato a la hora de atracar el famoso banco de 
la no menos prestigiosa firma Paul Mazon (edición bi- 
lingúe ya citada), con lo que ha conseguido sin duda 
un pingúe botín económico: sus herederos han legali- 
zado incluso unas Ediciones de Clásicos Bergua. No 
sólo la traducción es un burdo calco del original fran- 
cés, sino que las introducciones («noticias» prelimina- 
res) son también el cohecho de tamaño filibusterismo. 


5. Hestopo, Los trabajos y los días, prólogo, traducción del 
griego y notas por ANTONIO GONZÁLEZ Laso, Madrid, 1973 
= 1964). 


El prólogo resulta sentimental en exceso, está lleno 
de tópicos y carece de toda documentación bibliográ- 
fica. La traducción es fiel, pero sigue servilmente las 
interpretaciones de la conocida edición Didot. La ma- 
yoría de las notas son superfluas; parece como si el 
autor estuviese obsesionado por lograr alcanzar el nú- 
mero de las trescientas. 


6. Hesítopo, Los trabajos y los días, La teogonía, El escudo de 
Heracles, versión establecida a la vista de los textos más 
autorizados, prólogo, presentación y estudio de los poemas, 
notas e índice de nombres propios por MARÍA JOSEFA LECLUY- 
SE y ENRIQUE PALAU, Barcelona, 1972 (= 1964). 


No presumen los autores de haber hecho una versión 
directa. Se trata, en efecto, de una adaptación, también 


INTRODUCCIÓN GENERAL 53 


en estricta dependencia de la traducción francesa de 
Mazon, pero con un estilo muy superior al de Bergua 
(cf. número 4). Con todo, también aquí se echa de me- 
nos una cierta falta de honradez; se nos dice, por ejem- 
plo (pág. 21), que la traducción de Leconte de Lisle 
sólo ha servido como punto de referencia, y que, en 
cambio, ha sido muy útil la traducción al castellano de 
Germán Gómez de la Mata. Una de dos, o estos tra- 
ductores no saben que es la misma (cf. número 3) o 
hay que poner en dudas sus conocimientos de francés. 


7. Epica Helena Post-Homérica, Hesfopbo, AEDAS HOMÉRICOS, 
APOLONIO DE RoDaAs, Teogonía, Trabajos y Días, Agón y frag- 
mentos; Himnos, Epigramas Homéricos y fragmentos, Los 
Argonautas, versión directa del griego por RAFAEL RAMÍREZ 
TORRES, México, 1963. 


Se jacta el traductor de esta su «primera versión 
completa en castellano», cosa que sólo aparentemente 
es verdad. Cuando acudimos a leer su versión de los 
fragmentos de Hesíodo, nos encontramos con que el 
autor ni siquiera conoce la edición de Rzach, y tam- 
poco la de Evelyn-White, por lo que, a la altura de 1963, 
se limita a traducir los fragmentos más significativos 
de Lehrs en la colección Didot (París, 1840), que sólo 
incluye los 212 conocidos en esas fechas. Así, comienza 
por verter los fragmentos del Eguimio (sic). Sus indica- 
ciones bibliográficas van con medio siglo de retraso. La 
retórica de sus excursus teóricos llega al paroxismo. 
Y los anacronismos, por tanto, son constantes: «Ma- 
zon», por ejemplo, «anuncia una próxima edición de 
todo el material épico en fragmentos» (pág. 276). Con 
todo, a pesar de la tara cultural del traductor, su ver- 
sión tiene frecuentemente precisión y exactitud. 

8. Hestopo, Teogonía, Trabajos y Días, estudio preliminar, no- 


tas, bibliografía y traducción directa a cargo de AURELIO PÉ- 
REZ JIMÉNEZ, Barcelona, 1975. 


54 OBRAS Y FRAGMENTOS 


Son muy documentados tanto el estudio preliminar 
general como las presentaciones a las dos obras. La 
traducción puede parecer tal vez excesivamente literal, 
lo que sin duda es bueno. Existe algún que otro des- 
cuido en la transcripción de los nombres propios. Las 
notas, mucho más abundantes para los Trabajos que 
para la Teogonía, justifican siempre las variantes tex- 
tuales y de interpretación verificadas por el traductor. 


Por todo lo expuesto, no creemos presunción el afir- 
mar que nuestra traducción es la única existente en 
castellano comprensiva de la totalidad de la obra co- 
nocida de Hesíodo 4. 


4 En las distintas introducciones parciales especificamos la 
edición seguida en cada caso y las lecturas en que nos sepa- 
ramos de ella. 


BIBLIOGRAFÍA 


I. Ediciones: 


A. COLONNA, Hesiodi Opera et dies, Milán, 1959. 

— Esiodo, Le opere e i giorni, Milán, 194. (Edición bilingiie 
con comentario). 

H. G. EVELYN-WHJITE, Hesiod, The Homeric Hymns and Home- 
rica, Londres, 1914. (Edición bilingie). 

P. FRIEDLÁNDER, Hesiodi Theogonia, Opera et dies, Berlín, 1921. 

F. JacoBY, Hesiodi Carmina I, Theogonia, Berlín, 1930. 

P. Mazon, Hésiode, Théogonie, Les travaux et les jours, Le Bou- 
clier, París, 1928. (Edición bilingiie con notas). 

R. MERKELBACH, Die Hesiodfragmente auf Papyrus, Leipzig, 1957. 
(Edición con comentario). 

R. MERKELBACH-M. L. West, Fragmenta Hesiodea, Oxford, 1966. 

C. F. Russo, Hesiodi Scutum, 2.* ed., Florencia, 1965. (Con am- 
plio comentario y traducción, en italiano). 

A. RzacH, Hesiodi Carmina, accedit Homeri et Hesiodi Certa- 
men, Leipzig, 1902. (2.* ed., 1908; 3.* ed., 1913). 

L. SEGALÁ Y ESTALELLA, Hesíodo, La Teogonía, Barcelona, 1910. 
(Edición bilingiie). 

T. A. SINCLAIR, Hesiod, Works and Days, Londres, 1932. (Edición 
con comentario). 

F. SOLMSEN-R. MERKELBACH-M. L. West, Hesiodi Theogonia, Ope- 
ra et Dies, Scutum, Fragmenta selecta, Oxford, 1970. 

A. TRAVERSA, Hesiodi Catalogi siue Eoearum fragmenta, Nápo- 
les, 1951. 

M. E. WestT, Hesiod, Theogony, Oxford, 1966. (Edición con co- 
mentario). 


56 OBRAS Y FRAGMENTOS 


— Hesiod, Works and Days, Oxford, 1978. (Edición con comen- 
tario). 

U. von WILAMOWITZ-MÓLLENDORFF, Hesiodi Erga, Berlín, 1928. 
(Edición con comentario en alemán). 


2. Escolios: 


H. FLach, Glossen und Scholien zur Hesiodischen Theogonie, 
Leipzig, 1876. 

L. DI GREGORIO, Scholia vetera in Hesiodi Theogoniam, Mi- 
lán, 1975, 

A. PERTUSI, Scholia vetera in Hesiodi Opera et Dies, Milán, 1955. 
(Para los escolios al Escudo hay que seguir acudiendo a la 

edición de C. F. RANKE, Hesiodi quod fertur Scutum Herculis, 

Quedlinburg-Leipzig, 1840.) 


3. Lengua y estilo: 


J. BLuscH, Formen und Inhalt von Hesiods individuellen Den- 
ken. Zur Frage der dichterischen Einheit der Werke und Tage, 
Bonn, 1970. 

G. P. EDwarDs, The language of Hesiod in its traditional con- 
text, Oxford, 1971. 

M. HOFINGER, Lexicon Hesiodeum. Index inversus, Leiden, 1973. 

— Lexicon Hesiodeum cum indice inverso, Leiden, 1975-1976. 

E. GANGUTIA ELÍCEGUI, «Sobre el vocabulario económico de Ho- 
mero y Hesíodo», Emerita 37 (1969), 63-92. 

A. GARCÍA CALVO, «Particularidades lingiúísticas recuperables a 
través del texto hesiódico», Emerita 344 (1966), 15-37. 

J. L. GARCÍA RAMÓN, «En torno a los elementos dialectales en 
Hesíodo. 1: el elemento occidental», Cuad. Fil. Clás. 11 (1976), 
523-543. 

J. be Hoz, «Poesía oral independiente de Homero en Hesíodo y 
los himnos homéricos», Emerita 32 (1964), 283-298. 

W. W. MINTON, Concordance to the Hesiodic Corpus, Leiden, 1976. 

H. MUNDING, Hesiods Erga in ihrem Verháltnis zur lIlias. Ein 
Vergleich und seine Folgerungen fiir die Entstehung der Ge- 
dichte, Frankfurt, 1959. 


BIBLIOGRAFÍA 57 


I. SELLSCHOPP, Stilistische Untersuchungen zu Hesiod, Darm- 
stadt, 1967 (= Hamburgo, 1934). 

H. TROXLER, Sprache und Wortschatz Hesiods, Zurich, 1964. 

J. VARA DONADO, «Contribución al conocimiento del Escudo de 
Heracles. Hesíodo, autor del poema», Cuad. Fil. Clás. 4 (1972), 
315-365. 

W. J. VERDENIUS, «L” association des idées comme principe de 
composition dans Homére, Hésiode, Théognis», Rev. des Et. 
Gr. 73 (1960), 345-361. 


4. Estructura de los poemas: 


L. BONA Quactia, Gli Erga di Esiodo, Turín, 1973, 

W. NICOLaAl, Hesiods Erga, Beobachtungen zum Aufbau, Heidel- 
berg, 1964. 

A. PÉREZ JIMÉNEZ, «Los Días de Hesíodo: Estructura formal y 
análisis de contenido», Emerita 45 (1977), 105-123. 

H. ScHwWABL, Hesiods Theogonte. Eine unitarische Analyse, Vie- 
na, 1966. 

F. G. SCHWARIZ, De Scuto quod fertur Hesiodi quaestiones ad 
compositionem et dicendi genus maxime pertinentes, Berlín, 
1932. (Disertación inaugural). 

F. SCHWENN, Die Theogonie des Hesiodos, Heidelberg, 1934. 
(Cf. las contribuciones de KIRK y VERDENIUS contenidas en el 
colectivo Hésiode et son influence citado en 8). 


5. Aspectos generales: 


J. ALSINA CLOTA, «Hesíodo, profeta y pensador», Convivium 2 
(1956), 117-143. 

F. García, «Hesíodo, su significación poética y pesimista», Veri- 
tas 5 (1960), 87-104. 

A. GARcÍA CALVO, «Frutos de lectura de Trabajos y Días», Eme- 
rita 23 (1955), 215-231. 

O. GIGON, «Hesíodo», en su libro Der Ursprung der Griechischen 
Philosophie = Los orígenes de la filosofía griega, de Hesiodo a 
Parménides [trad. M. CARRIÓN GÚTIEZ], Madrid, 1971. 

N. GONZÁLEZ GÓMEZ, En torno a una imagen del hombre en 
Hesíodo, Lovaina, 1975. (Tesis doctoral). 


58 OBRAS Y FRAGMENTOS 


E. HeirscH, Hesiod, Wege der Forschung 44, Darmstadt, 1966. 
(Antología de los trabajos más importantes sobre Hesfodo pu- 
blicados a lo largo del siglo XxX). 

J. ITURRALDE, «El poema de los campesinos griegos. Hesíodo y 
su obra los Trabajos y los Dias», Humanidades 3 (1951), 278- 
293. 

A. LeskY, Geschichte der griechischen Literatur = Historia de la 
Literatura griega [trad. J. M. Díaz REGAÑÓN-B. ROMERO], Ma- 
drid, 1968. 

C. MIRALLES, «Hesíodo sobre los orígenes del hombre y el sen- 
tido de Trabajos y Días», Bol. del Inst. Est. Hel. 9 (1975), 
3-36. 

G. MOROCHO GaYo, «El mito de la edad de oro en Hesfodo», 
Perficit 4 (1973), 65-100. 

J. P. VERNANT, Mythe et pensée chez les Grecs = Mito y pensa- 
miento en la Grecia antigua [trad. J. D. Lórez BonNiLLO], Bar- 
celona, 1973, págs. 21-88: «El mito hesiódico de las razas, en- 
sayo de análisis estructural». 


6. Hestodo y su época: 


A. R. BURN, The world of Hesiod. A study of the greek middle 
ages, c. 900-700 b. C., Londres, 1936. 

M. DÉTIENNE, Crise agraire et attitude religieuse chez Heésiode, 
Berchem-Bruselas, 1964. 

P. GUILLON, Etudes béotiennes. Le Bouclier d' Héraclés et 
histoire de la Gréce central dans la période de la pre- 
miére guerre sacrée, Aix-en-Provence, 1963. 

C. MIRALLES, «De los siglos oscuros al vit», Bol. del Inst. Est. 
Hel. 3.2 (1969), 39-55. 


71. Hesíodo y Oriente: 


A. BERNABÉ PAJARES, Textos literarios hetitas, Madrid, 1978. 
P. WaLcot, Hesitod and the Near East, Cardiff, 1966. 
8. Hesíodo en la posteridad: 


C. Buzio, Esiodo nel mondo greco sino alla fine dell etá 
classica, Milán, 1938. 


BIBLIOGRAFÍA 59 


Hésiode et son influence, Entretiens sur l'antiquité classique 
7, Ginebra-Vandoeuvres, 1962. [Recoge los artículos de K. von 
FRITZ, «Das Hesiodische in den Werken Hesiods» (págs. 3-60), 
G. S. KIRK, «The structure and aim of the Theogony» (61- 
107), W. J. VERDENIUS, «Aufbau und Absicht der Erga» (109- 
170), F. SOLMSEN, «Hesiodic motifs in Plato» (171-211), A. LA 
PENNA, «Esiodo nella cultura e nella poesia di Virgilio» (213- 
270), y P. GRIMAL, «Tribulle et Hésiode» (271-301)]. 

N. A. LIVADARas, Historía tés paradóseós toú keiménou toú 
Hesiódou, Atenas, 1963. 

F. SOLMSEN, Hesiod and Aeschylus, Nueva York, 1967 (= Itha- 
ca, 1949). 

J. ScHWARIZ, Pseudo-Hesiodeia. Recherches sur la composition, 
diffusion et disparition ancienne d'oeuvres attribuées á Hésio- 
de, Leiden, 1960. 

M. L. West, «Echoes and imitations of the Hesiodic poems», 
Philologus 113 (1969), 1-9. 


9. Repertorios específicos de bibliografía crítica: 


A. Rzach, en Bursian Jahresber. 100, págs. 92-170 (años 1884-1888); 
152, págs. 1-75 (1899-1908); 199, págs. 1-115 (1909-1918). 

H. SCHWABL, «Hesiodos», en Paulys Real Enc. Supplementum XII 
(1970), cols. 434486. (Enlaza con la puesta a punto para la 
misma enciclopedia realizada por A. RzAcH, tomo XV, 1912). 


OBRAS 


TEOGONÍA 


INTRODUCCIÓN 


Valor literario de la «Teogonía» 


El nombre de Teogonía con que se conoce este poema 
de Hesíodo le fue aplicado probablemente por los ale- 
jandrinos y aparece por primera vez en un fragmento 
de Crisipo!, 

Su autenticidad, si se prescinde de algunos pasajes 
problemáticos ?, es admitida hoy día por casi todos los 
comentaristas. El sello que el propio Hesíodo puso al 
comienzo del Proemio, parece elemento más que sufici- 
ciente para aceptar su genuinidad a pesar de algunos 
autores disidentes cuyos argumentos se han demostra- 
do poco sólidos 3. 

Respecto a los Trabajos y Días, hay datos en ambos 
poemas que evidencian la prioridad de la Teogonía. Los 
principales pueden resumirse así: 


'- Cf. M. L. West, Theogony..., pág. 150. 

2 Sobre todo la Descripción del Tártaro (736-819), el Episodio 
de Tifón (820-85) y el Catálogo de héroes (965-final) todos nega- 
dos por G. S. KIRK, «The structure and aim of the Theogony», 
Hésiode et son influence. Entretiens sur l'Antiquité classique 7, 
Vandoeuvres-Ginebra, 1960, págs. 63-107, y defendidos por M. L. 
WeEsT. 

3 Por ejemplo, M. P. WaLTZ citado y rebatido por P. MAzoN, 
Hésiode..., pág. 3. 


64 OBRAS 


La noticia del Proemio de la Teogonía en que 
Hesíodo nos habla de esta obra como su iniciación 
poética. 

La referencia a dos Erides en Trab. 11 en lugar 
de la única de Teog. 225, en un tono que parece 
demostrar la conciencia que tiene el poeta de esa 
rectificación. 

En Trab. 635 nos dice Hesíodo que ofreció el 
trípode ganado en Calcis a las Musas del Helicón 
«que me iniciaron en el canto» con lo que se viene 
a ratificar en la afirmación del Proemio de la Teo- 
gonía. 


Por lo que se refiere a las fuentes, ya hemos hecho 
una larga exposición de las relaciones entre los mitos 
de la Teogonía y otros de origen oriental, por lo que no 
insistiremos en este punto; de otra parte, es evidente 
la dependencia estilística respecto a Homero y la exis- 
tencia de antiguas cosmogonías griegas como la que 
nos habla del origen del mundo en la Noche, el Caos 
y el Amor, que han sido recogidas por Hesíodo y pa- 
saron directamente o a través de los círculos órficos a 
Aristófanes, Platón y Aristóteles. 

Literariamente, el poema se nos presenta muy des- 
igual, formado por una serie de catálogos y genealo- 
gías que él mismo establece en virtud de asociaciones 
lógicas o cuyos principios le vienen dados por el mito 
o el culto tradicional. 

Catálogos de nombres, genealogías, escasos mitos y 
digresiones, todo ello hace que el lector encuentre un 
tanto desilusionado la realidad que encierran las pala- 
bras de B. Snell al referirse a la Teogonía: «A la ma- 
nera del lamento de Schiller sobre los dioses perdidos 
de Grecia, podría uno imaginar que Hesíodo, al cantar 
los orígenes de los dioses, diría las alabanzas de los 
seres encantadores que pueblan la naturaleza viviente, 


TEOGONÍA 65 


las ninfas, las dríadas, los tritones... Pero en realidad, 
su Obra, al menos a primera vista, resulta una pieza 
literaria bastante sobria. Casi no nos da más que las 
genealogías de los dioses de suerte que durante largos 
trechos no es más que una sartá de nombres; tal dios 
se casó con tal diosa y tuvieron tales y tales hijos. ¿Qué 
significan para nosotros estos nombres?» *. 

Es entonces, al buscar el valor real de esos nombres, 
cuando se comprende la fuerza poética 5 de la Teogonía. 
El gran sentido de la Teogonía es su divinización del 
mundo que nos rodea, la pérsonificación de los fenó- 
menos y actividades que implican el éxito y el fracaso, 
la alegría y el dolor, en una palabra, la vida humana. 
Hesíodo se impone la tarea de convertir en entidaces 
eternas todas las circunstancias pasajeras de esa vida y 
tal proceso de personificación sólo culmina cuando el 
fenómeno o potencia en cuestión recibe un nombre que 
le individualiza. 

Pero su objetivo no es sólo exponer, como poeta- 
profeta, su interpretación de esas realidades humanas, 
sino explicar, impresionado quizás por el estricto orden 
del Universo, la clave religiosa de esa armonía. 

En este sentido, Hesíodo recurre a la solución brin- 
dada por unos mitos procedentes de civilizaciones más 
antiguas cuyas respuestas encajan' perfectamente con 
ese sentir religioso del poeta. La clave del orden cósmi- 
co radica en el triunfo total del bien sobre el mal, de 
lo justo sobre lo injusto: Urano es malvado y violento, 
por lo que encuentra su castigo a manos de Cronos. 
Éste a su vez es también cruel y tiránico y Zeus cas-' 


1% B, SNELL, Las fuentes..., pág. 69. 

5 Dice TH. PH. FELDMAN, «Personification and Structure in 
Hesiod's Theogony», Symb. Osl. 47 (1971), pág. 8: «Hesíodo 
desarrolla su Teogonía más por alusión, ambigiiedad y asociación 
que por exposición directa o por un sistema de relátos estrecha- : 
mente hilvanados». 


OBRAS Y FRAGMENTOS, 5 


66 OBRAS 


tigará su pecado. Pero Zeus es todo orden y justicia y 
en consecuencia su soberanía será eterna: 

«Reina aquél sobre el cielo y es dueño del trueno y 
del llameante rayo, desde que venció con su poder al 
padre Cronos. Perfectamente repartió por igual todas 
las cosas entre los Inmortales y fijó sus prerrogati- 
vas» É, 

La Teogonía es, pues, el poema de los dioses y en su 
evolución, Hesíodo se muestra optimista. El mito de las 
sucesiones implica un proceso progresivo desde el Caos 
hasta el orden perfecto sancionado por la justicia de 
Zeus. Nos encontramos, finalmente, ante el primer poe- 
ma griego que busca una explicación divina al orden 
del mundo y que basa esa explicación en el triunfo 
definitivo del bien sobre el mal; la misma dualidad en 
suma que nos dará la clave a un nivel humano, en los 
Trabajos, de la miseria y el caos que aqueja a los hom- 
bres en sus relaciones sociales. 


Esquema de la Teogonía 


1. Proemio: 1-115. Musas en el Helicón: Programa e iniciación 
de Hesíodo (1-35). Musas en el Olimpo: Nacimiento, llegada 
al Olimpo y nombres (36-80). Acción de las Musas sobre los 
hombres (8-103). Invocación (104-115). 

2. Cosmogonía: 116-25. 

3. Primera generación de dioses: 126-210. Hijos de Gea y Urano 
(126-53). Mito de la castración de Urano (154-82). Hijos de 
Urano (183-210). 

4. Segunda generación de dioses: 211-239. Hijos de la Noche y 
de Eris (211-32). Hijos de Gea y Ponto (233-9). 

5. Tercera generación de dioses: 240-885. Nietos del Ponto (240- 
336): Nereidas (240-64); hijos de Taumante y Electra (265-9); 
descendientes de Ceto y Forcis (270-336). Nietos de Urano 


s Teog. “11. 


TEOGONÍA 67 


(337-885): Hijos de Tetis y Océano (337-70); hijos de Tea e 
Hiperión (3714); Hijos de Crios y Euribia (375-88); hijos de 
Febe y Ceos (404-52) (incluye el himno a Hécate: 429-52); 
hijos de Cronos y Rea (453-506); hijos de Jápeto y Climene 
(507-616) (incluye el mito de Prometeo: 535-616). 

6. Luchas de Zeus por el poder: 617-885. Titanomaquia (617-728). 
Descripción del Tártaro (729-819). Nacimiento de Tifón (820- 
35). Tifonomaquia (836-68). Hijos de Tifón (869-85). 

7. Cuarta generación de dioses: 886-962. Hijos de Zeus con dio- 
sas y nacimiento de Atenea y Hefesto (886-929). Hijos de 
Poseidón-Anfítrite y Ares-Afrodita (930-7). Otros hijos de Zeus 
(938-44). Otros matrimonios divinos (945-62). 

8. Catálogo de héroes: 965-1.018. 

9. Proemio al Catálogo de heroínas: 1.019-22. 


Nuestra traducción . 


Como texto base para nuestra traducción, hemos se- 
guido la edición de F. Solmsen citada en la Bibliogra- 
fía general, si bien en algunos casos nos inclinamos 
por lecturas o puntuación de P. Mazon o M. L. West. 
Con el fin de que el especialista pueda conocer los 
puntos en que diferimos de Solmsen, presentamos a 
continuación una tabla de divergencias con indicación 
del editor cuya lectura seguimos aunque no se deba a 
su autoridad: 


Lectura 
Verso de Solmsen Lectura nuestra 
243 Mpotó Motó MAZON 
304-332 atetizados atet. sólo 3234 MAZON 
439 después de 438 después de 433 West 
497 xorramivoy xatariwv MAZON 
526-34 atetizados sin atetizar MAZON 
540 tolc 5* adr”... TO 5* at... MAZON 
578-84 atetizados sin atetizar MAZON 


602.12 atetizados sin atetizar MAZON 


68 


Verso 


710 


789 
886-991 


930-62 


OBRAS 


Lectura 
de Solmsern 


tras E¿pidoc punto 
tras Epyov coma 
tras képac coma 
atetizado hasta 
Aeótepov en 991 
atetizado 


Lectura nuestra 


tras ¿pidoc coma 
tras Epyov punto MAZON 
tras képac punto alto Mazoy 


sin atetizar MAZON 


sin atetizar MAZON 


TEOGONÍA 


Comencemos nuestro canto por 
ida las Musas Heliconíadas, que ha- 
eivel Helicon bitan la montaña grande y divina 
del Helicón. Con sus pies delica- 
dos danzan en torno a una fuen- 
te de violáceos reflejos y al altar del muy poderoso 
Cronión. Después de lavar su piel suave en las aguas 
del Permeso, en la Fuente del Caballo o en el divino 
Olmeo, forman bellos y deliciosos coros en la cumbre 
del Helicón y se cimbrean vivamente sobre sus pies. 
Partiendo de allí, envueltas en densa niebla marchan 
al abrigo de la noche, lanzando al viento su maravillo- 
sa voz, con himnos a Zeus portador de la égida, a la 
augusta Hera argiva calzada con doradas sandalias, a 
la hija de Zeus portador de la égida, Atenea de ojos 
glaucos, a Febo Apolo y a la asaeteadora Ártemis, a 
Posidón que abarca y sacude la tierra, a la venerable 
Temis, a Afrodita de ojos vivos, [a Hebe de áurea co- 
rona, a la bella Dione, a Eos, al alto Helios y a la 
brillante Selene,] a Leto, a Jápeto, a Cronos de retor- 
cida mente, a Gea, al espacioso Océano, a la negra 
Noche y a la restante estirpe sagrada de sempiternos 
Inmortales !. 


! Se ha dicho de este Catálogo que es un programa de la 
Teogonía en sucesión inversa; se ha pensado que es una breve 


10 


15 


20 


25 


70 OBRAS 


Ellas precisamente enseñaron una vez a Hesíodo un 
bello canto mientras apacentaba sus ovejas al pie del 
divino Helicón. Este mensaje a mí en primer lugar me 
dirigieron las diosas, las Musas Olímpicas, hijas de 
Zeus portador de la égida: 

«¡Pastores del campo, triste oprobio, vientres tan 
sólo! Sabemos decir muchas mentiras con apariencia 


alusión al material de que dispone el poeta para su obra y se 
han querido introducir correcciones o atetizar algunos nombres. 
Lo cierto es que Hesíodo al componer este Catálogo no ha se- 
guido las normas genealógicas que rigen los otros de la Teo- 
gonía. 

A simple vista, podría parecer que la relación y el orden de 
los dioses citados es anárquico; pero un análisis más detallado 
del contenido nos permite observar ciertas normas en la com- 
posición: 

La asociación familiar entre Zeus, Hera (su principal espo- 
sa), Atenea, Apolo y Artemis (sus hijos) y Posidón (su herma- 
no), puede explicar el orden de estos primeros dioses. Á con- 
tinuación se cita a Temis (otra esposa de Zeus) y Afrodita que 
en los Himnos Homéricos aparece asociada a Temis; Afrodita 
sugiere a Hebe (la Juventud) y a Dione (su madre en Homero), 
cuya asociación con Leto es también tradicional en los Himnos. 
Por último, estas dos diosas, ambas Titánides, sugieren a Jápe- 
to, Cronos y, retrospectivamente, a Gea, Océano, Aurora, Helios 
y Noche, divinidades elementales. Es curiosa la ausencia de 
Urano. 

Las coincidencias con Homero y los Himnos permiten suponer 
que el Catálogo no fuera elaboración de Hesíodo, sino una lista 
popular que el poeta recibe de la tradición (Cf. M. L. Wesr, 
Theogony, pág. 156) e inserta en su poema. En todo caso, como 
advierte B. SNELL (Las fuentes..., pág. 85), con él, Hesíodo quie- 
re mostrar a Zeus en su función de soberano, resaltada más 
adelante en el Mito de la Sucesión. 

Desde este punto de vista, B. SNELL busca la clave del Catá- 
logo en la dignidad y santidad de los dioses enumerados: Zeus 
aparece como portador de la égida, símbolo de su poder; Hera 
como señora, esposa de Zeus; Posidón sigue a las divinidades 
celestes como dios de un elemento más estéril, el mar; y así 
sucesivamente: el Derecho divino precede al Amor; éste a la 
Belleza representada en Hebe, etc., para terminar con personifi- 
caciones naturales como la Aurora, el Sol y la Noche. 


TEOGONÍA 71 


de verdades; y sabemos, cuando queremos, proclamar 
la verdad.» 

Así dijeron las hijas bienhabladas del poderoso Zeus. 
Y me dieron un cetro después de cortar una admirable 
rama de florido laurel. Infundiéronme voz divina para 
celebrar el futuro y el pasado y me encargaron alabar 
con himnos la estirpe de los felices Sempiternos y 
cantarles siempre a ellas mismas al principio y al final. 
Mas, ¿a qué me detengo con esto en torno a la encina 
o la roca??. 


2 Expresión proverbial de sentido dudoso. M. EL. West, en 
un exhaustivo análisis del pasaje en cuestión (Theogony..., pá- 
ginas 167-9), recoge los diferentes testimonios de la Literatura 
griega en que aparecen juntas la encina y la roca. Destacan entre 
ellos Odisea, X1X 163, que parece aludir al origen de los hom- 
bres a partir de la encina y de la roca, e Ilíada XXII 126-7, 
donde se aplica a la conversación. 

W. J. VERDENIUS (citado por WesT) había interpretado el verso 
de Hesíodo como «hablar sobre los asuntos privados de uno» 
partiendo del sentido de descendencia atribuido a dichos obje- 
tos (= «hablar sobre el origen propio»). West que se muestra 
escéptico respecto a la tesis de VERDENIUS, pasa luego a exami- 
nar las distintas posibilidades que el proverbio puede tener en 
su referencia al lenguaje: 

— ¿Para qué hacer digresiones? 

— ¿Por qué voy dando vueltas? (comienza por la necesidad de 
iniciar el canto por las Musas y ahora vuelve al mismo tema). 

— ¿Para qué presumir de mi iniciación poética? 

— ¿A qué detenerse en lo menos importante en lugar de co- 
menzar ya con lo esencial? 

— ¿Para qué contar lo que nadie va a creer? 


Pero ninguna de estas posibilidades parece convencer a Wesr, 
que insiste en el valor local de Perí con acusativo en la época 
temprana; de acuerdo con este valor, no podemos entender «en 
relación con la piedra o la encina», sino «dando vueltas alrede- 
dor de la piedra o la encina». 

H. HOFFMANN, en un artículo sobre el mismo tema («Hesiod 
Theogonie v. 35», y Gymnastum 78 (1971), 90-97), ha demostrado 
en cambio que la preposición citada puede tener ese valor no 
local que le atribuía VERDENIUS el cual ha vuelto a defender 
nuevamente su teoría más verosímil después del comentario de 


30 


35 


40 


45 


SO 


55 


72 OBRAS 


¡Ea, tú! 3, comencemos por las 

Misas Musas que a Zeus padre con him- 

en el Olimpo nos alegran su inmenso corazón 
dentro del Olimpo, narrando al 

unísono el presente, el pasado y 


el futuro. Infatigable brota de sus bocas la grata voz. 


Se torna resplandeciente la mansión del muy resonan- 
te Zeus padre al propagarse el delicado canto de las 
diosas y retumba la nevada cumbre del Olimpo y los pa- 
lacios de los Inmortales. 

Ellas, lanzando al viento su voz inmortal, alaban con 
su canto primero, desde el origen, la augusta estirpe 
de los dioses a los que engendró Gea y el vasto Urano 
y los que de aquéllos nacieron, los dioses dadores de 
bienes. Luego, a Zeus padre de dioses y hombres, [al 
comienzo y al final de su canto, celebran las diosas], 
cámo sobresale con mucho entre los dioses y es el de 
más poder. Y cuando cantan la raza de los hombres y 
los violentos Gigantes, regocijan el corazón de Zeus 
dentro del Olimpo las Musas Olímpicas, hijas de Zeus 
portador de la égida. 

Las alumbró en Pjeria, amancebada con el padre Cró- 
nida, Mnemósine, señora de las colinas de Eleuter, 
como olvido de males y remedio de preocupaciones. 
Nueve noches se unió con ella el prudente Zeus su- 


biendo a su lecho sagrado, lejos de los Inmortales. Y 
cuando ya era el momento y dieron la vuelta las esta- 
ciones, con el paso de los meses, y se cumplieron mu- 


HOFFMANN (cf. W. J. VERDENIUS, «Notes on the Proem of He- 
siod's Thepgony», Mnemosyne IV, 25 (1972), 240-1). 

Por nuestra parte creemos que el sentido del verso sigue 
siendo oscuro y hemos preferido conservar la ambigiiedad del 
texto griego traduciendo la preposición por «en torno a», que 
puede entenderse en sentido local (WEsT) o de relación (VER- 
DENIUS). 

3 El poeta se dirige a sí mismo. Hasta PÍNDARO (Pítica 1 81) 


no se encuentra otro ejemplo en la poesía griega. 


TEOGONÍA 73 


chos días, nueve jóvenes de iguales pensamientos, inte- 
resadas sólo por el canto y con un corazón exento de 
dolores en su pecho, dio a luz aquélla, cerca de la más 
alta cumbre del nevado Olimpo. 

Allí forman alegres coros y habitan suntuosos pala- 
cios. Junto a ellas viven, entre fiestas, las Gracias e 
Hímero. Y una deliciosa voz lanzando por su boca, can- 
tan y celebran las normas y sabias costumbres de to- 
dos los Inmortales, [lanzando al viento su encantadora 
voz]. 

Aquéllas iban entonces hacia el Olimpo, engalanadas 
con su bello canto, inmortal melodía. Retumbaba en 
torno la oscura tierra al son de sus cantos, y un deli- 
cioso ruido subía de debajo de sus pies al tiempo que 
marchaban al palacio de su padre. Reina aquél sobre el 
cielo y es dueño del trueno y del llameante rayo, desde 
que venció con su poder al padre Cronos. Perfecta- 
mente repartió por igual todas las cosas entre los In- 
mortales y fijó sus prerrogativas. 

Esto cantaban las Musas que habitan las mansiones 
olímpicas, las nueve hijas nacidas del poderoso Zeus: 
Clío, Euterpe, Talía, Melpómene, Terpsícore, Erato, Po- 
limnia, Urania y Calíope*, Esta es la más importante 
de todas, pues ella asiste a los venerables reyes. 


* Visto aislada y superficialmente, el Catálogo de las Musas 
inserto entre el canto de las Musas Olímpicas y la referencia a 
su acción sobre los hombres, no nos dice nada. A este respecto, 
nos parece oportuno reproducir unas palabras de P. WALcoT que 
recogemos de TH. PH. FELDMAN, «Personification and Structure 
in Hesiod's Theogony», Symb. Osl. 47 (1971), 28, nota 70: «Sólo 
cuando se ha reconocido que el propio acto de creación está 
implicado cada vez que Hesíodo interrumpe su narración para 
ofrecer una lista de nombres, puede extraerse algún sentido del 
catálogo de nombres de las Musas o de la Teogonía como un 
todo». Pero, ¿cuáles son las fases de ese acto de creación? 

Los nueve hombres que nos da Hesíodo significan respectiva- 
mente: «La que da fama, La muy encantadora, La festiva, La 


60 


65 


70 


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80 


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74 OBRAS 


Al que honran las hijas del po- 


Ys de deroso Zeus y advierten que des- 
as usas , 2 

antro: los ciende de los reyes vástagos de 
hombres Zeus, a éste le derraman sobre su 


lengua una dulce gota de miel y 
de su boca fluyen melifluas palabras. Todos fijan en 
él su mirada cuando interpreta las leyes divinas con 
rectas sentencias” y él con firmes palabras en un mo- 


que canta, La que ama el baile, La deliciosa, La de variados 
himnos, La celestial y La de bella voz. 

Pues bien, esos nombres, como se ha sugerido más de una 
vez, son anticipados a lo largo de la descripción anterior con 
palabras que de una forma u otra se relacionan con ellos. Así 
el de Clío por la frecuente repetición del verbo «celebrar» 
(kleí0) y el sustantivo «fama» (kléos) el de Euterpe por la 
forma térpousi de v. 37, Talía, Melpómene y Terpsíicore por las 
constantes referencias al canto (p. ej., mélpontai en v. 66) y la 
danza, Erato en el epíteto eratós («delicioso») y Polimnia por la 
variedad de sus himnos (cf. vv. 11 y ss.). 

En cuanto al origen del nombre Urania, B. SneLL lo ha ex- 
plicado por el adjetivo Olímpicas de v. 25, señalando que «He- 
siodo significa con ello que la Poesía, como dice Homero, llega 
hasta el cielo hacia allí propagada por las Musas por encima del 
espacio y del tiempo», pero nos parece más afortunada la expli- 
cación de FRIEDLANDER que se basa en la frase «que reina en el 
cielo» de v. 71 (para las citas cf. K. DEICHGRABER, «Die Musen, 
Nereiden und Okeaninen in Hesiods Theogonie» (Abhandlungen 
der Geistes- und Sozialwissenschaft Klasse. Akademie der 
Wissenschaften und der Literatur, Wiesbaden, 1965, págs. 182-3); 
la objeción de K. DEICHGRABER de que esa frase no tiene que 
ver de forma inmediata con las Musas, no es convincente en 
cuanto que la soberanía de Zeus en el cielo es el tema funda- 
mental de su canto en el Proemio. 

Por último, la importancia concedida a Calíope ha sido co- 
rrectamente explicada por B. SNELL (Las fuentes..., pág. 71), que 
pone su nombre en relación con el papel desempeñado por las 
Musas entre los hombres: es la que otorga una «bella voz» 
tanto en timbre como en contenido; viene a ser así la repre- 
sentante de lo que las propias Musas dicen a Hesíodo: «Y sa- 
bemos también, cuando queremos, proclamar la verdad». 

3 La díke, en su origen, es el orden normal de los aconteci- 


TEOGONÍA 75 


mento resuelve sabiamente un pleito por grande que 
sea. Pues aquí radica el que los reyes sean sabios, en 
que hacen cumplir en el ágora los actos de reparación 

a favor de la gente agraviada fácilmente, con persua- 90 
sivas y complacientes palabras. Y cuando se dirige al 
tribunal, como a un dios le propician con dulce res- 
peto y él brilla en medio del vulgo. ¡Tan sagrado es el 
don de las Musas para los hombres! 

De las Musas y del flechador Apolo descienden los os 
aedos y citaristas que hay sobre la tierra; y de Zeus, 
los reyes. ¡Dichoso aquel de quien se prendan las Mu- 
sas! Dulce le brota la voz de la boca. Pues si alguien, 
víctima de una desgracia, con el alma recién desga- 
rrada se consume afligido en su corazón, luego que un 
aedo servidor de las Musas cante las gestas de los an- 100 
tiguos y ensalce a los felices dioses que habitan el 
Olimpo, al punto se olvida aquél de sus penas y ya no 
se acuerda de ninguna desgracia. ¡Rápidamente cambian 
el ánimo los regalos de las diosas! 

¡Salud, hijas de Zeus! Otorgad- 
: me el hechizo de vuestro canto. 

Invocación : 

y programa Celebrad la estirpe sagrada de los 105 
sempiternos Inmortales, los que 
nacieron de Gea y del estrellado 

Urano, los que nacieron de la tenebrosa Noche y los 
que crió el salobre Ponto. [Decid también cómo nacie- 


mientos; referida luego al plano social, vino a significar el ve- 
redicto o sentencia que vuelve a enderezar lo torcido. Por su 
parte, thémis era el asiento que ocupaban los «reyes en la 
Asamblea para administrar justicia (cf. M. S. RUIPÉREZ, «His- 
toria de Thémis en Homero», Emerita 28 [1960], 99 ss.) y de ahí 
vino a significar el «Derecho divino» que esos reyes podían 
interpretar gracias a las atribuciones conferidas por Zeus me- 
diante el báculo símbolo de su potestad. Ellos conocen así esas 
thémistes y en el juicio tienen que restablecer su alteración 
mediante las díkat o «veredictos», que, como se ve mejor en 
Trabajos (p. ej., v. 36 y 221), pueden ser «rectas» o «torcidas» 
según se ajusten o no a las thémistes. 


110 


115 


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76 OBRAS 


ron al comienzo los dioses, la tierra, los ríos, el ¡limi- 
tado ponto de agitadas olas y, allí arriba, los relucien- 
tes astros y el anchuroso cielo.] Y los descendientes 
de aquéllos, los dioses dadores de bienes, cómo se re- 
partieron la riqueza, cómo se dividieron los honores y 
cómo además, por primera vez, habitaron el muy abrup- 
to Olimpo. Inspiradme esto, Musas que desde un prin- 
cipio habitáis las mansiones olímpicas, y decidme lo 
que hubo antes de aquéllos. 
En primer lugar existió el Caos. 
Después Gea la de amplio pecho, 
Cosmogonía sede siempre segura de todos los 
Inmortales que habitan la nevada 
cumbre del Olimpo. [En el fondo 
de la tierra de anchos caminos existió el tenebroso 
Tártaro.] Por último, Eros, el más hermoso entre los 
dioses inmortales, que afloja los miembros y cautiva de 
todos los dioses y todos los hombres el corazón y la 
sensata voluntad en sus pechos. 

Del Caos surgieron Érebo y la negra Noche. De la 
Noche a su vez nacieron el Éter y el Día, a los que 
alumbró preñada en contacto amoroso con Érebo. 

Gea alumbró primero al estrellado Urano con sus 
mismas proporciones, para que la contuviera por todas 
partes y poder ser así sede siempre segura para los 
felices dioses. También dio a luz a las grandes Mon- 
tañas, deliciosa morada de diosas, las Ninfas que habi- 
tan en los boscosos montes. Ella igualmente parió al 
estéril piélago de agitadas olas, el Ponto, sin mediar el 
grato comercio. 


TEOGONÍA 17 


Luego, acostada con Urano, 
Hijos de Gea alumbró a Océano de profundas 
y Urano corrientes, a Ceo, a Crío, a Hipe- 
rión, a Jápeto, a Tea, a Rea, a 
Temis, a Mnemósine, a Febe de 
áurea corona y.a la amable Tetis. Después de ellos 
nació el más joven, Cronos, de mente retorcida, el más 
terrible de los hijos y se llenó de un intenso odio 
hacia su padre. 
Dio a luz además a los Cíclopes de soberbio espíritu, 
a Brontes, a Estéropes y al violento Arges, que rega- 
laron a Zéus el trueno y le fabricaron el rayo. Éstos 
en lo demás eran semejantes a los dioses, [pero en 
medio de su frente había un solo ojo]. Cíclopes era su 
nombre por eponimia f, ya que, efectivamente, un solo 
ojo completamente redondo se hallaba en su frente. El 
vigor, la fuerza y los recursos presidían sus actos. 
También de Gea y Urano nacieron otros tres hijos 
enormes y violentos cuyo nombre no debe pronunciar- 
se”: Coto, Briareo y Giges, monstruosos engendros. Cien 
brazos informes salían agitadamente de sus hombros y 
a cada uno le nacían cincuenta cabezas de los hombros, 
sobre robustos miembros. Una fuerza terriblemente po- 
derosa:se albergaba en su enorme cuerpo. 


$ En griego kyklos significa «redondo» y Úrs avista». 

?” La expresión responde al temor de nombrar a los dioses 
infernales por su nombre. La misma actitud apotropaica se ob- 
serva en Teogonía v. 310 (cf. n. 41 y 60 a Trabajos). Sin embargo, 
como señala M. L. West (Theogony, n. a 148), si bien esta creen- 
cia es el punto de partida para tales expresiones, Hesíodo no 
parece tenerla en cuenta aquí, ya que inmediatamente da sus 
nombres.. 


135 


149 


145 


150 


78 OBRAS 


Pues bien, cuantos nacieron de 


155 Midscdda Gea y Urano, los hijos más te- 
la castración rribles, estaban irritados con su 
de Urano padre desde siempre. Y cada vez 


que alguno de ellos estaba a pun- 
to de nacer, Urano los retenía a todos ocultos en el 
seno de Gea sin dejarles salir a la luz y se gozaba cí- 
nicamente con su malvada acción. 

160 La monstruosa Gea, a punto de reventar, se quejaba 
en su interior y urdió una cruel artimaña. Producien- 
do al punto un tipo de brillante acero, forjó una enor- 
me hoz y luego explicó el plan a sus hijos. Armada de 
valor dijo afligida en su corazón: 

«¡Hijos míos y de soberbio padre! Si queréis seguir 

165 mis instrucciones, podremos vengar el cruel ultraje de 
vuestro padre; pues él fue el primero en maquinar 
odiosas acciones.» 

Así habló y lógicamente un temor los dominó a to- 
dos y ninguno de ellos se atrevió a hablar. Mas el po- 
deroso Cronos, de mente retorcida, armado de valor, al 
punto respondió con estas palabras a su prudente 
madre: 

170 «Madre, yo podría, lo prometo, realizar dicha empre- 
sa, ya que no siento piedad por nuestro abominable 
padre; pues él fue el primero en maquinar odiosas ac- 
ciones.» 

Así habló. La monstruosa Gea se alegró mucho en su 
corazón y le apostó secretamente en emboscada. Puso 

175 en sus manos una hoz de agudos dientes y disimuló 
perfectamente la trampa. 

Vino el poderoso Urano conduciendo la noche, se 
echó sobre la tierra ansioso de amor y se extendió por 
todas partes. El hijo, saliendo de su escondite, logró 
alcanzarle con la mano izquierda, empuñó con la dere- 

180 Cha la prodigiosa hoz, enorme y de afilados dientes, y 


TEOGONÍA 19 


apresuradamente segó los genitales de su padre y luego 
los arrojó a la ventura por detrás. 

No en vano escaparon aquéllos de su mano. Pues 
cuantas gotas de sangre salpicaron, todas las recogió 
Gea. Y al completarse un año, dio a luz a las poderosas 
Erinias, a los altos Gigantes de resplandecientes armas, 
que sostienen en su mano largas lanzas, y a las Ninfas 
que llaman Melias sobre la tierra ilimitada. En cuanto 
a los genitales, desde el preciso instante en que los 
cercenó con el acero y los arrojó lejos del continente 
en el tempestuoso ponto, fueron luego llevados por el 
piélago durante mucho tiempo. A su alrededor surgía 
del miembro inmortal una blanca espuma y en medio 
de ella nació una doncella. 

Primero navegó hacia la divina Citera y desde allí se 
dirigió después a Chipre rodeada de corrientes. Salió 
del mar la augusta y bella diosa, y bajo sus delicados 
pies crecía la hierba en torno. Afrodita [...]* la llaman 
los dioses y hombres, porque nació en medio de la es- 
puma?, y también Citerea, porque se dirigió a Citera. 
Ciprogénea, porque nació en Chipre de muchas olas, [y 
Filomédea, porque surgió de los genitales] 1, 

La acompañó Eros y la siguió el bello Hímero al prin- 
cipio cuando nació, y luego en su marcha hacia la tribu 
de los dioses. Y estas atribuciones posee desde el co- 
mienzo y ha recibido como lote entre los hombres y 
dioses inmortales: las intimidades con doncellas, las 
sonrisas, los engaños, el dulce placer, el amor y la 
dulzura. 

A estos dioses su padre, el poderoso Urano, les dio el 
nombre de Titanes aplicando tal insulto a los hijos que 
él mismo engendró. Decía que en su intento, con teme- 


' Verso 196: [diosa nacida de la espuma, y Citerea de bella 
corona]. 

> En griego áphros significa «espuma». 

19 De philos («hijo») y médea («genitales»). 


185 


190 


195 


200 


205 


210 


215 


220 


225 


230 


80 OBRAS 


raria insensatez habían cometido un acto terrible por el 
que luego tendrían justo castigo. 
Parió la Noche al maldito Mo- 


Hijos de ros, a la negra Ker y a Tánato; 
la Noche parió también a Hipnos y engen- 
y de Eris dró la tribu de los Sueños. Luego 


además la diosa, la oscura Noche, 
dio a luz sin acostarse con nadie a la Burla, al dolo- 
roso Lamento y a las Hespérides que, al otro lado del 
ilustre Océano, cuidan las bellas manzanas de oro y 
los árboles que producen el fruto. 

Parió igualmente a las Moiras y las Keres, vengadoras 
implacables: a Cloto, a Láquesis y a Átropo que con- 
ceden a los mortales, cuando nacen, la posesión del bien 
y del mal y persiguen los delitos de hombres y dioses. 
Nunca cejan las diosas en su terrible cólera antes de 
aplicar un amargo castigo a quien comete delitos. 

También alumbró a Némesis, azote para los hombres 
mortales, la funesta Noche. Después de ella tuvo al 
Engaño, la Ternura y la funesta Vejez, y engendró a la 
astuta Eris. 

Por su parte la maldita Eris parió a la dolorosa Fa- 
tiga, al Olvido, al Hambre y los Dolores que causan 
llanto, a los Combates, Guerras, Matanzas, Masacres, 
Odios, Mentiras, Discursos, Ambigiiedades, al Desorden 
y la Destrucción, compañeros inseparables, y al Jura- 
mento, el que más dolores proporciona a los hombres 
de la tierra siempre que alguno perjura voluntaria- 
mente. 


11! Destacamos intento y tendrían para subrayar de alguna for- 
ma en la traducción el juego de palabras Titenas... titaínontás 
(«en su intento»)... tísin («castigo») con que Hesíodo justifica 
el nombre de los Uránidas. 


TEOGONÍA 81 


El Ponto engendró al sincero y 
veraz Nereo, el mayor de sus hi- 


Hijos 
del jos. Además le llaman Viejo, por- 
QUO que, infalible y benévolo, no se le 


ocultan las leyes divinas, sino que 

conoce justos y sabios designios. Luego engendró, aman- 

cebado con Gea, al enorme Taumante, al arrogante For- 

cis, y a Ceto de hermosas mejillas y Euribia que al- 
berga en su pecho corazón de acero. 

Adorables y divinas hijas nacie- 

ron en el ponto estéril de Nereo 


Catálogo 
de las y Doris de hermosos cabellos hija 
Nereidas del Océano río perfecto: Ploto, 


Eucranta, Sao, Anfítrite, Eudora, 
Tetis, Galena, Glauca, Cimótoa, Espeo, Toa, la amable 
Halía, Pasíitea, Erato, Eunica de rosados brazos, la gra- 
ciosa Melita, Eulímena, Agave, Doto, Proto, Ferusa, 
Dinámena, Nesea, Actea, Protomedea, Doris, Pánope, la 
hermosa Galatea, la encantadora Hipótoa, Hipónoa de 
rosados brazos, Cimódoca que calma sin esfuerzo el 
oleaje en el sombrío ponto y las ráfagas de los vientos 
huracanados junto con Cimatolega y Anfítrite de bellos 
tobillos, Cimo, Égone, Halimeda de bella corona, la ri- 
sueña Glaucónoma, Pontoporea, Leágora, Evágora, Lao- 
medea, Polínoa, Autónoa, Lisiánasa, Evarna de encan- 
tadora figura y belleza sin tacha, Psámata de gracioso 
porte, la divina Menipa, Neso, Eupompa, Temisto, Pró- 
noa y Nemertes que tiene la inteligencia de su inmortal 
padre 2, 


12 Algunos de estos nombres aparecen también en Homero: 
Tetis, Glauca, Nesea, Espeo, Actea, Cimótoa, Cimódoca y Ágave. 
«Estos nombres —dice B. SNELL— nos dan una imagen viva e 
impresionante del mar Egeo: brillante, incesantemente movido, 
sembrado de islas, rodeado de grutas y acantilados. Pero en ello 
sólo se acepta lo visible, lo exterior» (B. SneELL, Las Fuentes..., 
página 72). Hay una sensible diferencia con las Nereidas de He- 


OBRAS Y FRAGMENTOS, 6 


235 


240 


245 


250 


255 


260 


265 


82 OBRAS 


Estas cincuenta hijas nacieron del intachable Nereo, 
expertas en obras intachables. 


Taumante se llevó a Electra, 

Hijos hija del Océano de profundas co- 

de Taumante rrientes. Ésta parió a la veloz Iris 
y Electra 


y a las Harpías de hermosos ca- 
bellos, Aelo y Ocípeta, que con 
sus rápidas alas compiten con las ráfagas de los vien- 
tos y con las aves; pues ya se lanzaban por los aires. 


síodo que reflejan más precisamente el tráfico mercantil que 
cruza el Egeo en los siglos vin-v11 a. C. A los nombres des- 
criptivos de Homero se suman otros referentes al tráfico mari- 
no. Para guía del lector recogemos el sentido de estos nombres: 

Ploto (La naviera), Eucranta (La que concede coronar el fin), 
Sao (Salvadora),  Eudora (La que da prosperidad), Galena (La 
calma), Glauca (Azulada), Cimótoa (De rápidas olas), Espeo (La 
de las grutas), Toa (La rápida), Halía (Salada), Pasítea (La muy 
divina), Erato (Deliciosa), Eunica (De fácil victoria), Melita (La 
dulce), Eulímena (La de buen puerto), Ágave (La resplandecien- 
te), Doto (Dadivosa), Proto (La primera), Ferusa (La que lle- 
va), Dinámena (La potente), Nesea (Isleña) Actea (La de los 
acantilados), Protomedea (Primera en pensamientos), Doris (La 
que regala), Pánope (La que todo lo ve), Hipótoa (Veloz como 
un caballo), Hipónoa (Inteligente como el caballo), Cimódoca 
(La que recibe las olas), Cimatolega (Que calma el oleaje), Cimo 
(La de las olas), Éyone (La del fondeadero), Halimeda (Que 
cuida del mar), Glaucónoma (La de azulado prado), Pontoporea 
(Que permite atravesar el ponto), Leágora (La de suave palabra), 
Evágora (Elocuente), Laomedea (Que cuida del pueblo), Polínoa 
(La que mucho entiende) Autónoa (La que se entiende a sí 
misma), Lisiánasa (Señora de la libertad), Evarna (Rica en ga- 
nado), Psámata (La arenosa), Menipa (La del vigor de caballo), 
Neso (Isla), Eupompa (De feliz viaje), Temisto (Observadora de 
las leyes divinas), Prónoa (Previsora), Nemertes (La sin tacha). 
No tienen etimología clara Anfítrite, Tetis y Galatea. 

Para una clasificación de estos nombres, remitimos a nuestra 
traducción de Hesíodo (Barcelona, 1975), págs. 79-81. 


TEOGONÍA 83 


A su vez Ceto tuvo con Forcis !? 


Descendientes a las Grayas de bellas mejillas, 
de Ceto canosas desde su nacimiento; las 
y Forcis 


llaman Viejas los dioses inmorta- 
les y los hombres que pululan 
por la tierra. También a Penfredo de bello peplo, a 
Enío de peplo azafranado y a las Gorgonas que viven 
al otro lado del ilustre Océano, en el confín del mundo 
hacia la noche, donde las Hespérides de aguda voz: Es- 
teno, Euríala y la Medusa desventurada; ésta era mortal 
y las otras inmortales y exentas de vejez las dos. 

Con ella sola se acostó el de Azulada Cabellera '* en 
un suave prado, entre primaverales flores. Y cuando 
Perseo le cercenó la cabeza, de dentro brotó el enorme 
Crisaor y el caballo Pégaso. A éste le venía el nombre 
de que nació junto a los manantiales 1 del Océano, y a 
aquél porque tenía en sus manos una espada de oro ''. 


13 Para facilitar la comprensión de este pasaje recogemos el 
siguiente cuadro genealógico de M. L. West (Theogony): 


Ceto-Forcis 


Grayas Gorgounas Equidna-Tifón Monstruo 


Medusa-Posidón 


Orto Cerbero. Hidra-? 
| 


Pégaso Crisaor-Calírroe Quimera-Orto 


| 
Gerión | ] 


Esfinge León Nemeo 


l£ Epíteto de Posidón. 
5 En griego pégé significa «manantial». 
16 De chrysós («oro») y áor («espada»). 


270 


275 


280 


285 


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300 


305 


310 


84 OBRAS 


Pégaso, levantando el vuelo y abandonando la tierra 
madre de rebaños, marchó a la mansión de los Inmor- 
tales y allí habita, en los palacios de Zeus, llevando el 
trueno y el rayo al prudente Zeus. Crisaor engendró al 
tricéfalo Gerión unido con Calírroe hija del ilustre 
Océano; a éste lo mató el fornido Heracles por sus 
bueyes de marcha basculante en Eritea rodeada de co- 
rrientes. Fue aquel día en que arrastró los bueyes de 
ancha frente hasta la sagrada Tirinto, atravesando la 
corriente del Océano [después de matar a Orto y al bo- 
yero Euritión en su sombrío establo, al otro lado del 
ilustre Océano]. 

Otro monstruo extraordinario, en nada parecido a los 
hombres mortales ni a los inmortales dioses, tuvo Me- 
dusa en una cóncava gruta: la divina y astuta Equid- 
na, mitad ninfa de ojos vivos y hermosas mejillas, mitad 
en cambio monstruosa y terrible serpiente, enorme, 
jaspeada y sanguinaria, bajo las entrañas de la venera- 
ble tierra. Allí habita una caverna en las profundidades, 
bajo una oronda roca, lejos de los inmortales dioses y 
de los humanos mortales; allí entonces le dieron como 
parte los dioses habitar ilustres mansiones. [Y fue re- 
tenida en el país de los Arimos ”, bajo la tierra, la fu- 
nesta Equidna ninfa inmortal y exenta de vejez, por 
todos los siglos]. 

Con ella cuentan que el terrible, violento y malvado 
Tifón tuvo contacto amoroso, con la joven de vivos 
ojos. Y preñada, dio a luz feroces hijos: primero parió 
al perro Orto para Gerión. En segundo lugar tuvo un 


17 Hay dudas sobre la localización de este pueblo. Algunos lo 
sitúan en la región montañosa existente entre Lidia, Misia y 
Frigia; otros lo identifican con los habitantes etruscos de Pi- 
tecusa, conciliando así la versión hesiódica con el pasaje homé- 
rico de Tifón que le sitúa en Occidente. Según Calístenes, los 
árimos vivían en Cilicia. (Para detalles y citas, cf. M. L. Wesr, 
Theogony, págs. 250-1). 


TEOGONÍA 85 


prodigioso hijo, indecible, el sanguinario Cerbero, pe- 
rro de broncíneo ladrido de Hades, de cincuenta cabe- 
zas, despiadado y feroz. En tercer lugar engendró a la 
perversa Hidra de Lerna, a la que alimentó Hera, diosa 
de blancos brazos, irritada terriblemente con el fornido 
Heracles. La aniquiló el hijo de Zeus con su implacable 
bronce, el Anfitriónida Heracles, con ayuda del belico- 
so Yolao, según los planes de Atenea amiga de botín. 

La Hidra parió a la terrible, enorme, ágil y violenta 
Quimera, que exhala indómito fuego. Tres eran sus ca- 
bezas: una de león de encendidos ojos, otra de cabra y 
la tercera de serpiente, de violento dragón. [León por 
delante, dragón por detrás y cabra en medio, resoplaba 
una terrible y ardiente llama de fuego]. Pégaso la mató 
y el valiente Belerofonte. 

Ésta, amancebada con Orto, parió a la funesta Esfin- 
ge, ruina para los cadmeos, y al león de Nemea, al que 
Hera, célebre esposa de Zeus, crió y puso en los montes 
de Nemea, calamidad para los hombres. Allí devastaba 
las tribus de hombres que habitaban el lugar y era 
dueño de Treto, Nemea y Apesante. Pero lo mató el 
vigor del fornido Heracles. 

Ceto, en contacto amoroso con Forcis, alumbró por 
último un terrible reptil que en sombrías grutas de la 
tierra, allá en los extremos confines, guarda manzanas 
completamente de oro. 

Ésta es la estirpe de Ceto y Forcis. 


Tetis con el Océano parió a los 


Hijos voraginosos Ríos: el Nilo, el Al- 
de Tetis feo, el Erídano de profundos re- 
y Océano 


molinos, el Estrimón, el Meandro, 
el Istro de bellas corrientes, el 
Fasis, el Reso, el Aqueloo de plateados remolinos, el 
Neso, el Rodio, el Haliacmón, el Heptáporo, el Gránico, 
el Esepo y el divino Simunte, el Péneo, el Hermo, el 
Ceco de bella corriente, el largo Sangario, el Ladón, el 


315 


320 


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86 OBRAS 


Partenio, el Eveno, el Ardesco y el divino Escamandro '. 

Tuvo también una sagrada estirpe de hijas que por 
la tierra se encargan de la crianza de los hombres, en 
compañía del soberano Apolo y de los Ríos y han reci- 
bido de Zeus este destino: Peito, Admeta, Yanta, Elec- 
tra, Doris, Primno, la divinal Urania, Hipo, Clímena, 
Rodea, Calírroe, Zeuxo, Clitia, Idía, Pisítoa, Plexaura, la 
encantadora Galaxaura, Dione, Melóbosis, Toa, la bella 
Polidora, Cerceis de graciosa figura, Pluto ojos de buey, 
Perseis, Yanira, Acasta, Janta, la deliciosa Petrea, Me- 
nesto, Europa, Metis, Eurínome, Telesto de azafranado 
peplo, Criseida, Asia, la deseable Calipso, Eudora, Ty- 
che, Ánfiro, Ocírroe y Estigia, la que es más importante 
de todas ?. 


18 Este catálogo es muy interesante por descubrirnos los cono- 
cimientos geográficos de Hesíodo. 

Tres de estos ríos representan los límites del mundo cono- 
cido: Nilo, Fasis (orilla oriental del mar Negro) y Erídano 
(Po). De los restantes, abundan más los de Grecia y la Tróade: 
— Grecia: Aqueloo, Alfeo, Peneo, Ladón, Haliacmón y Eveno. 
— Asia Menor: Meandro, Hermo y Ceco. 

— Tróade: Escamandro, Simunte, Esepo, Reso, Heptáporo, Ro- 
dio, Gránico. Todos se encuentran en la lista de ocho ríos 
que aparece en la Ilíada X1I 20-2. Se ha sospechado que 
Hesíodo pudiera haberlos recibido de Homero, pero algunas 
determinaciones y el orden diferente de Hesíodo parecen re- 
batir esa hipótesis. 

— Tracia: Estrimón y Neso. 

— Mar Negro: Istro, Aldesco, Sangario y Partenio. 

1% Los nombres de las Oceánides corresponden a las mismas 
ideas que los de las Nereidas con las que en algunos casos coin- 
ciden: Peito (La persuasiva), Admeta (La indomable o La virgen), 
Yanta (Violácea), Electra (La de ámbar), Doris (La que regala), 
Primno (La que nace al pie de las montañas), Urania (Celestial), 
Hipo (La del caballo), Clímena (La celebrada), Rodea (La ro- 
sada), Calírroe (La de bellas corrientes), Zeuxo (La que une), 
Clitia (La ilustre), Idía (La experta), Pisíttoa (Rápida en persua- 
dir), Plexaura (Que golpea el agua), Galaxaura (La del agua como 
leche), Toa (La rápida), Melóbosis (Que apacienta el ganado), 
Polidora (De muchos regalos), Pluto (Riqueza), Janta (La rubia), 


TEOGONÍA 87 


Estas son las hijas más antiguas que nacieron del 
Océano y Tetis. Y aún hay otras muchas; pues son tres 
mil las Oceánides de finos tobillos que, muy repartidas, 
por igual guardan por todas partes la tierra y las pro- 
fundidades de las lagunas, resplandecientes hijas de 
diosas. Y otros tantos los ríos que corren estrepitosa- 
mente, hijos del Océano, a los que alumbró la augusta 
Tetis. ¡Arduo intento decir un mortal el nombre de to- 
dos ellos! Mas conocen cada uno en particular a aque- 
llos que habitan sus riberas. 

Tea dio a luz al alto Helios, la 
Hijos de Tea brillante Selene, y Eos que alum- 
EBeRon bra a todos los seres de la tierra 
y los inmortales dioses que habi- 
tan el vasto cielo, entregada al amor de Hiperión. 
Euribia, divina entre diosas, pa- 
Hijos de Crío rió en contacto amoroso con Crío, 
y Euribia al poderoso Ástreo, a Palante y a 
Perses que se distinguió entre 
todos por su sabiduría. 

Con Astreo, Eos parió a los impetuosos vientos, el 
despejador Céfiro, el Bóreas de rápida marcha y el 
Noto, acostada amorosamente la diosa con el dios. Des- 
pués de ellos, la Hija de la Mañana dio a luz al lucero 


Petrea (La rocosa), Metis (Inteligencia), Eurínome (La de vasto 
prado), Telesto (Perfecta), Criseida (De oro), Calipso (La ocul- 
ta), Eudora (La que da prosperidad), Tyche (Suerte), Anfiro 
(Que envuelve en corrientes), Ocírroe (De rápida corriente). 

De las restantes, no se conoce la etimología de Dione (esposa 
de Zeus), de Cerceis ni de Acasta; Menesto puede referirse a la 
raíz de «espíritu» O «vigor» y Estigia se coloca en último lugar 
por ser la más importante en cuanto juramento de los dioses. 
Perseis se relaciona con Oriente igual que Doris, según TH. PH. 
FELDMAN («Personification...», 12), con los Dorios y Yaneira con 
los Jonios, siendo todos ellos nombres geográficos a los que hay 
que unir el de Europa. 


365 


370 


375 


380 


385 


390 


395 


400 


405 


88 OBRAS 


Eósforo, las brillantes estrellas y todo cuanto corona el 
cielo. 

Estigia, hija del Océano, parió en su palacio unida 
con Palante, a Celo y Nike de bellos tobillos, y dio vida 
también a Cratos y Bía, hijos muy señalados. No está 
su morada lejos de Zeus ni existe lugar alguno ni cami- 
no donde no gobierne el dios mediante aquéllos, sino 
que siempre se sientan al lado de Zeus gravisonante. 

Así lo planeó Estigia, inmortal Oceánide, aquel día, 
cuando el fulminador Olímpico convocó a todos los in- 
mortales dioses en el elevado Olimpo y dijo que a nin- 
guno de los dioses que lucharan a su lado contra los 
Titanes le mermaría honores, sino que cada cual con- 
servaría al menos el rango de antes entre los dioses 
inmortales. Y aseguró que si alguien había sido des- 
honrado y privado de dignidad por Cronos, accedería 
al rango y dignidades que es legítimo. 

Marchó entonces la primera la inmortal Estigia al 
Olimpo en compañía de sus hijos, por solicitud hacia 
su padre. Y Zeus la honró y le otorgó excelentes pre- 
mios; pues determinó que ella fuera juramento solem- 
ne de los dioses y que sus hijos convivieran con él por 
todos los siglos. Así como lo prometió ante todos, así lo 
cumplió siempre. Y él goza de gran poder y soberanía. 

A su vez Febe visitó el lecho 

Hijos de Febe muy deseable de Ceos. Y preñada 

y Ceos luego la diosa en el abrazo con el 

dios, parió a Leto de azulado pe- 

plo, siempre dulce, benévola con 

hombres y dioses inmortales, dulce desde su origen, y la 

más amable dentro del Olimpo. También dio a luz a la 

renombrada Asteria que un día se llevó Perses a su es- 
pléndido palacio para llamarse esposa suya. 


TEOGONÍA 89 


Embarazada ésta, parió a Hé- 
cate, a la que Zeus Crónida honró 
á sobre todos y le procuró espléndi- 

Hécate dos regalos, la suerte de partici- 

par en la tierra y el mar estéril. 

Ella también obtuvo en lote la dignidad que confiere 

el estrellado cielo y es especialmente respetada por los 
dioses inmortales. 

Todavía ahora, cuando alguno de los hombres de la 
tierra propicia, celebra magníficos sacrificios según 
costumbre, invoca repetidamente a Hécate. 

Muy fácilmente obtiene gran honor aquel cuyas sú- 
plicas acepta complaciente la diosa, y le concede pros- 
peridad puesto que está en su mano. Pues cuantos na- 
cieron de Gea y Urano y obtuvieron honras, ella posee 
el lote de todos ellos. 

En nada la maltrató el Crónida ni tampoco le quitó 
nada de lo que recibió en suerte entre los primeros 
dioses, los Titanes; sino que sus atribuciones son las 
mismas que tuvo desde el principio. Y no por unigénita 
la diosa obtuvo en lote menos dignidad [...]”?, sino to- 
davía mucho más aún, puesto que Zeus la respeta. 

Al que ella quiere, grandemente le asiste y ayuda; en 
el juicio se sienta junto a los venerables reyes, y en el 
ágora hace destacar entre la gente al que ella quiere. 
O cuando armados de coraza marchan los varones hacia 
la guerra destructora de hombres, allí la diosa asiste a 
los que quiere concederles la victoria y encumbrarles 
de gloria. 

Es capaz de asistir a los nobles que quiere y con igual 
capacidad, cuando los jóvenes compiten en juegos, allí 
los asiste y ayuda la diosa; y el vencedor en fuerza y ca- 


Himno 


2 Verso 427: [y privilegios en la tierra, en el cielo y en el 
mar]. 


410 


415 


420 


425 


429 
434 
430 


433 


439 
435 


440 


445 


450 


90 OBRAS 


pacidad, fácilmente y contento se lleva un magnífico 
premio y proporciona gloria a sus padres. 

A los que trabajan en el mar intransitable y elevan 
sus súplicas a Hécate y al resonante Ennosigeo?!, fácil. 
mente la ilustre diosa les concede abundante pesca y 
fácilmente 2 se la quita cuando parece segura si así lo 
desea en su corazón. 

Es capaz de aumentar el ganado en los establos jun- 
to con Hermes, y en cuanto a las manadas de bueyes, 
los extensos rebaños de cabras y las majadas de lanudas 
ovejas, si así lo desea en su corazón, multiplica los pe- 
queños y disminuye los numerosos. 

Así, aunque es unigénita, de madre, goza de gran res- 
peto entre todos los Inmortales por sus prerrogativas. 
[El Crónida la hizo criadora de los jóvenes que des- 
pués de ella vieron la luz de la Aurora que a muchos 
alumbra. Y así, desde siempre, es criadora de la juven- 
tud y estas son sus atribuciones] 3. 


2 Epíteto de Posidón que significa «El que conmueve la 
tierra». 

2 La repetición de esta palabra, referida a los dioses, es sig- 
nificativa. Si excluimos la cualidad divina de la Inmortalidad, 
la oposición entre hombres y dioses —antropomórficos— es 
sólo una cuestión de grado: Su conducta es la misma y las si- 
tuaciones en que intervienen son semejantes; pero los dioses 
tienen más fuerza, más sabiduría y más poder; en una palabra, 
lo hacen todo más fácilmente que los hombres (Cf. M. P. 
NiLssoN, A History of Greek Religion = Historía de la Religión 
Griega [trad. A. GAMERRO]J, Buenos Aires, 1968 ?, pág. 200). Tam- 
bién encontramos aplicado este adverbio a las acciones de Zeus 
al comienzo de los Trabajos. 

2 Los versos 410-452 están dedicados a una diosa, Hécate, cuyo 
nombre sólo aparece otra vez en Hesíodo, en las Grandes Eeas. 

La independencia estructural del himno en relación con el 
resto de la Teogonía, algunas particularidades lingiíísticas y la 
personalidad de la diosa, han hecho dudar a ciertos críticos (Bi- 
bliografía en M. L. West, Theogony, págs. 2716-80) de la autenti- 
cidad del pasaje; sin embargo, otros autores, entre ellos P. Ma- 
ZON (Hésiode..., págs. 21-3), y M. L. WesrT (1. c.) han defendido 


TEOGONÍA 91 


Rea, entregada a Cronos, tuvo 
famosos hijos: Histia, Hera de 


Hijos y ñ 
de Rea áureas sandalias, el poderoso Ha- 
y Cronos des que reside bajo la tierra con 


implacable corazón, el resonante 
Ennosigeo y el prudente Zeus, padre de dioses y hom- 
bres, por cuyo trueno tiembla la anchurosa tierra. 


la atribución de estos versos a Hesíodo. Los argumentos lin- 
giiísticos recogidos por G. S. KIRK («The structure and aim of 
the Theogony», Hésiode et son influence, Entretiens... 7, Géno- 
va, 1960) en contra de la autenticidad, han sido rebatidos pos- 
teriormente por WesT que atribuye las diferencias con el resto 
del poema al tono hímnico de estos versos. 

En cuanto al tratamiento de la diosa, sus rasgos quedan muy 
lejos de los que tendrá la Hécate posterior ligada a los círculos 
órficos y al mundo de la magia. La diosa de Hesíodo se parece 
más a la Gran Madre minoica o a la Reina de las bestias que 
vemos en Ilíada XXI 470 (cf. P. Mazon, Hésiode..., pág. 22). 

No cabe duda que el himno se debe a un sacerdote o un 
devoto del culto a Hécate; pero, ¿no pudo ser el propio Hesíodo 
ese devoto? Según reza un escolio citado por Mazon, «Hesíodo 
alaba a Hécate como beocio porque Hécate es venerada en 
Beocia» y la verdad es que si bien la autoridad de un escolio 
no es definitiva, existen otros indicios que hacen verosímil la 
existencia de un culto en Beocia antes del 700 a. C. a una diosa 
con los rasgos de la Hécate hesiódica. 

Efectivamente, en un ánfora beocia del vrir a. C. encontramos 
dibujada una diosa que extiende sus brazos sobre unos pájaros, 
unos animales y un gran pez, simbolizando su poder sobre el 
cielo, el mar y la tierra. 

Asia Menor conoce desde antiguo su culto y en Samos se 
adoraba a una Hécate nutridora de la juventud (P. MAZON, pá- 
gina 23) como la de Hesíodo. Siendo así, el poeta pudo conocer 
el culto de la diosa a través de su padre que como comerciante 
pudo tener noticias de ella, según West (pág. 278) en Mileto, 
donde se encuentran los vestigios arqueológicos más antiguos 
de su religión. 

Sobre la conexión que hace WesT entre este himno y la es- 
tancia de Hesíodo en Calcis, así como nuestra crítica a sus ar- 
gumentos, remitimos a nuestra ya citada traducción de Hesíodo 
(págs. 86-7). 


455 


460 


465 


470 


475 


480 


485 


92 OBRAS 


A los primeros se los tragó el poderoso Cronos según 
iban viniendo a sus rodillas desde el sagrado vientre de 
su madre, conduciéndose así para que ningún otro de 
los ilustres descendientes de Urano tuviera dignidad 
real entre los Inmortales. Pues sabía por Gea y el es- 
trellado Urano que era su destino sucumbir a manos 
de su propio hijo, por poderoso que fuera, víctima de 
los planes del gran Zeus. Por ello no tenía descuidada 
la vigilancia, sino que, siempre al acecho, se iba tragan- 
do a sus hijos; y Rea sufría terriblemente. 

Pero cuando ya estaba a punto de dar a luz a Zeus, 
padre de dioses y hombres, entonces suplicó en seguida 
a sus padres, [los de ella, Gea y el estrellado Urano], 
que le ayudaran a urdir un plan para tener oculta- 
mente el parto de su hijo y vengar las Erinias de su 
padre [y de los hijos que se tragó el poderoso Cronos 
de mente retorcida]. 

Aquéllos escucharon atentamente a su hija y la obe- 
decieron; la pusieron ambos al corriente de cuanto es- 
taba decretado que ocurriera respecto al rey Cronos y 
a su intrépido hijo, y la enviaron a Licto, a un rico 
pueblo de Creta, [cuando ya estaba a punto de parir al 
más joven de sus hijos, el poderoso Zeus. A éste le re- 
cogió la monstruosa Gea para criarlo y cuidarlo en la 
espaciosa Creta]. 

Allí se dirigió, llevándole, al amparo de la rápida * 
negra noche, en primer lugar, a Licto. Le cogió en sus 
brazos y le ocultó en una profunda gruta, bajo las en- 
trañas de la divina tierra, en el monte Egeo de densa 
arboleda. Y envolviendo en pañales una enorme piedra, 
la puso en manos del gran soberano Uránida, rey de los 
primeros dioses. Aquél la agarró entonces con sus ma- 
nos y la introdujo en su estómago, ¡desgraciado! No 


4 Se la llama rápida porque cae muy pronto, particularmente 
en los países meridionales. 


TEOGONÍA 93 


advirtió en su corazón que, a cambio de la piedra, se 
le quedaba para el futuro su invencible e imperturba- 
ble hijo, que pronto, venciéndole con su fuerza y sus 
propias manos, iba a privarle de su dignidad y a reinar 
entre los Inmortales. 

Rápidamente crecieron luego el vigor y los hermosos 
miembros del soberano. Y al cabo de un año echó fuera 
de nuevo su prole el poderoso Cronos de mente retor- 
cida, engañado por las hábiles indicaciones de Gea, 
[vencido por la habilidad y fuerza de su hijo]. Primero 
vomitó la piedra, última cosa que se tragó; y Zeus la 
clavó sobre la anchurosa tierra, en la sacratísima Pitia, 
en los valles del pie del Parnaso, monumento para la 
posteridad, maravilla para los hombres mortales. 

Libró a sus tíos paternos de sus dolorosas cadenas, 
<a los Uránidas Brontes, Estéropes y el vigoroso 
Arges >, a los que insensatamente encadenó su padre; 
aquéllos le guardaron gratitud por sus beneficios y le 


regalaron el trueno, el llameante rayo y el relámpago; 

antes los tenía ocultos la enorme Gea, y con ellos se- 
guro gobierna a mortales e inmortales. 

Jápeto se llevó a la joven Clí- 

Hijos mene, Oceánide de bellos tobillos 

de Jápeto y subió a su mismo lecho. Ésta 

y Clímene le dio un hijo, el intrépido Atlas, 

y parió al muy ilustre Menetio, 


al mañoso y astuto Prometeo y al torpe Epimeteo, que 
fue desde un principio siempre ruina para los hombres 
que se alimentan de pan. Pues él por primera vez acep- 
tó una joven mujer modelada por Zeus. 

Al violento Menetio, Zeus de amplia mirada le hundió 
en el Érebo, alcanzándole con el ardiente rayo, por su 
insolencia y desmedida audacia. 

Atlas sostiene el vasto cielo a causa de una imperiosa 
fatalidad allá en los confines de la tierra, a la entrada 
del país de las Hespérides de fina voz, [apoyándolo en 


490 


495 


500 


505 


s10 


515 


520 


525 


530 


535 


540 


545 


94 OBRAS 


su cabeza e infatigables brazos]; pues esta suerte le 
asignó como lote el prudente Zeus. 

A Prometeo abundante en recursos le ató con irrom- 
pibles ligaduras, dolorosas cadenas, que metió a través 
de una columna y lanzó sobre él su águila de amplias 
alas. Ésta le comía el hígado inmortal y aquél durante 
la noche crecía por todas partes en la misma propor- 
ción que durante el día devoraba el ave de amplias 
alas. [La mató Heracles, ilustre hijo de Alcmena de 
bellos tobillos y libró de su horrible tormento al Jape- 
tónida, dando fin a sus inquietudes no sin el consenti- 
miento de Zeus Olímpico que reina en las alturas, sino 
para que la fama de Heracles, nacido en Tebas, fuera 
mayor todavía que antes sobre la tierra fecunda. 

Por estos anhelos favorecía a su muy ilustre hijo y, 
aunque irritado, calmó la cólera que antes tenía desde 
que Prometeo combatió la voluntad del muy poderoso 
Cronión.] 

Ocurrió que cuando dioses y 

Mito hombres mortales se separaron 

de Prometeo en Mecona, Prometeo presentó un 

enorme buey que había dividido 

con ánimo resuelto, pensando en- 

gañar la inteligencia de Zeus. Puso, de un lado, en la 

piel, la carne y ricas vísceras con la grasa, ocultándolas 

en el vientre del buey. De otro, recogiendo los blancos 

huesos del buey con falaz astucia, los disimuló cubrién- 
dolos de brillante grasa. 

Entonces se dirigió a él el padre de hombres y dioses: 

«¡Japetónida, el más ilustre de todos los dioses, ami- 
go mío, cuán parcialmente hiciste el reparto de lotes!» 

Así habló en tono de burla Zeus, conocedor de inmor- 
tales designios. Le respondió el astuto Prometeo con 
una leve sonrisa y no ocultó su falaz astucia: 


TEOGONÍA 95 


«¡Zeus, el más ilustre y poderoso de los dioses sempi- 
ternos! Escoge de ellos el que en tu pecho te dicte el 
corazón.» 

Habló ciertamente con falsos pensamientos. Y Zeus, 
sabedor de inmortales designios, conoció y no ignoró el 
engaño; pero estaba proyectando en su corazón desgra- 
cias para los hombres mortales e iba a darles cumpli- 
miento. 

Cogió con ambas manos la blanca grasa. Se irritó en 
sus entrañas y la cólera le alcanzó el corazón cuando 
vio los blancos huesos del buey a causa de la falaz as- 
tucia. Desde entonces sobre la tierra las tribus de hom- 
bres queman para los Inmortales los blancos huesos 
cuando se hacen sacrificios en los altares. Y a aquél dí- 
jole Zeus amontonador de nubes, terriblemente indig- 
nado: 

«¡Hijo de Jápeto, conocedor de los designios sobre 
todas las cosas, amigo mío, ciertamente no estabas olvi- 
dándote ya de tu falaz astucia!» 

Así dijo lleno de cólera Zeus, conocedor de inmorta- 
les designios. Y desde entonces siempre tuvo luego pre- 
sente este engaño y no dio la infatigable llama del fuego 
a los fresnos %, [los hombres mortales que habitan so- 
bre la tierra]. Pero le burló el sagaz hijo de Jápeto es- 
condiendo el brillo que se ve de lejos del infatigable 
fuego en una hueca cañaheja. 

Entonces hirió de nuevo el alma de Zeus altitonante 
y le irritó su corazón cuando vio entre los hombres el 
brillo que se ve de lejos del fuego. Y al punto, a cambio 
del fuego, preparó un mal para los hombres: 


5 Seguimos la interpretación de los escoliastas y ponemos en 
relación este nombre con el origen de la Tercera Edad en 
Trab, 145. M. L. West cree que la palabra se refiere a los mitos 
según los cuales el fuego se encuentra dentro de los árboles, 
ya que surge por fricción entre dos maderos. 


550 


555 


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375 


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395 


96 OBRAS 


Modeló de tierra el ilustre Patizambo una imagen con 
apariencia de casta doncella, por voluntad del Crónida. 
La diosa Atenea de ojos glaucos le dio ceñidor y la 
adornó con vestido de resplandeciente blancura; la cu- 
brió desde la cabeza con un velo, maravilla verlo, bor- 
dado con sus propias manos; y con deliciosas coronas 
de fresca hierba trenzada con flores, rodeó sus sienes 
Palas Atenea. En su cabeza colocó una diadema de oro 
que él mismo cinceló con sus manos, el ilustre Pati- 
zambo, por agradar a su padre Zeus. En ella había 
artísticamente labrados, maravilla verlos, numerosos 
monstruos, cuantos terribles cría el continente y el mar; 
de ellos grabó muchos aquél, y en todos se respiraba su 
arte, cual seres vivos dotados de voz. 

Luego que preparó el bello mal, a cambio de un bien, 
la llevó donde estaban los demás dioses y los hombres, 
engalanada con los adornos de la diosa de ojos glaucos, 
hija de poderoso padre; y un estupor se apoderó de los 
inmortales dioses y hombres mortales cuando vieron el 
espinoso engaño, irresistible para los hombres. Pues de 
ella desciende la estirpe de femeninas mujeres [...] *. 
Gran calamidad para los mortales, con los varones con- 
viven sin conformarse con la funesta penuria, sino con 
la saciedad. 

Como cuando en las abovedadas colmenas las abejas 
alimentan a los zánganos, siempre ocupados en misera- 
bles tareas —aquéllas durante todo el día hasta la pues- 
ta del sol diariamente se afanan y hacen blancos pana- 
les de miel, mientras ellos aguardando dentro, en los 
recubiertos panales, recogen en su vientre el esfuerzo 
ajeno—, así también desgracia para los hombres morta- 
les hizo Zeus altitonante a las mujeres, siempre ocupa- 
das en perniciosas tareas. 


Verso 591: [pues de ella desciende la funesta estirpe y las 
tribus de mujeres]. 


TEOGONÍA 97 


Otro mal les procuró a cambio de aquel bien: El que 
huyendo del matrimonio y las terribles acciones de las 
mujeres no quiere casarse y alcanza la funesta vejez 
sin nadie que le cuide, éste no vive falto de alimento; 
pero al morir, los parientes se reparten su hacienda. Y 
a quien, en cambio, le alcanza el destino del matrimonio 
y consigue tener una mujer sensata y adornada de re- 
cato, éste, durante toda la vida, el mal equipara cons- 
tantemente al bien. Y quien encuentra una mujer des- 
vergonzada, vive sin cesar con la angustia en su pecho, 
en su alma y en su corazón; y su mal es incurable. 

De esta manera no es posible engañar ni transgredir 
la voluntad de Zeus; pues ni siquiera el Japetónida, el 
remediador Prometeo, logró librarse de su terrible có- 
lera, sino que por la fuerza, aunque era muy astuto, le 
aprisionó una enorme cadena ”. 


" La historia de Prometeo en la Teogonía está formada por 
tres mitos etiológicos estrechamente ligados por la figura del 
Titán: 


1) Por qué en los sacrificios los hombres se reservan la carne 
de las víctimas y dan a los dioses los huesos y grasa. 

2) Cómo encontraron los hombres el fuego. 

3) El origen de la mujer como ruina para los hombres. 


El objetivo inicial de la historia es explicar el destino de Pro- 
meteo que como sus hermanos sufre un castigo que Zeus le 
impone por sus pecados. Pero a este objetivo se añade otro: 
explicar el origen del mal entre los hombres. 

Pues bien, en nuestra opinión —ya expuesta anteriormente 
(Hesíodo..., págs. 87-96)— tanto Prometeo como Epimeteo repre- 
sentan a la Humanidad en sus aspectos respectivamente de in- 
sensata sabiduría e insensata torpeza. En la Teogonía Hesíodo 
trata esos dos aspectos como figuras divinas, hijos de Jápeto 
que reciben un castigo por sus pecados. 

En el caso de Epimeteo ese castigo se dirige contra su tor- 
peza y por tanto la actitud del Cronida cuya justicia se trata 
de salvar, no requiere comentario; ahora bien, en el caso de 
Prometeo se castiga la sabiduría y esto sí requiere explicación. 
En consecuencia, Hesíodo destaca la figura importantísima de 


OBRAS Y FRAGMENTOS, 7 


605 


610 


615 


98 OBRAS 


A Briareo, a Coto y a Giges, 

cuando en un principio su padre 

Titanomaquia se irritó con ellos en su corazón, 

les ató con fuerte cadena receloso 

de su formidable vigor, así como 

620 de su belleza y estatura, y les hizo habitar bajo la es- 
paciosa tierra. Allí aquéllos, entre tormentos, viviendo 


Prometeo que queda fuera de la estructura anillada de los Japé.- 
tidas: 


Atlas (509) 
Meneceo (510) 
Prometeo (510) 
——-—Epimeteo (511-14) 
Meneceo (514-16) 
Atlas (517-20) 
Prometeo (521-616) 


(Esquema de W. NicoLar, Hesiods Erga..., pág. 207) 


Y le dedica una larga historia que aprovecha tres mitos etioló- 
gicos para explicar la justicia de Zeus en este castigo. Como 
figura divina, Prometeo es encadenado a una roca y un águila le 
devora diariamente las vísceras. Como representante de la Huma- 
nidad, ésta también recibe un castigo de Zeus. El profesor Ruiz 
DE ELVIRA en un artículo titulado «Prometeo, Pandora y los orí- 
genes del hombre» (Cuadernos de Filología Clásica 3 (1971), 79- 
108) se pregunta «por qué se hace responsable a los hombres» 
(pág. 98); pues bien, la respuesta nos la da el propio Hesíodo en 
Trab. 240 cuando dice: «Muchas veces hasta toda una ciudad 
carga con la culpa de un malvado cada vez que comete delitos 
o proyecta barbaridades». 

Los pecados de Prometeo son dos y dos son igualmente los 
castigos que reciben los hombres: 

— Primer pecado: Prometeo presume de su sabiduría al creer 
que engaña a Zeus. 

— Primer castigo: Zeus no da el fuego. 

— Segundo pecado: Prometeo roba el fuego a Zeus. La sabidu- 
ría humana se las ingenia para sustituir el fuego natural ne- 
gado por Zeus, por un fuego técnico; pero este robo represen- 
ta también una insensatez al transgredir la voluntad divina. 


TEOGONÍA 99 


bajo la tierra, permanecieron en lugar remoto, en los 
confines de la ancha tierra, por largo tiempo, muy an- 
gustiados y con su corazón lleno de terrible dolor. Mas 
el Crónida y los demás dioses inmortales que concibió 
Rea de hermosos cabellos en abrazo con Cronos, de 
nuevo los condujeron a la luz según las indicaciones 
de Gea. Pues ésta les explicó con todo detalle que con 
su ayuda conseguirían la victoria y brillante fama. 

Ya hacía tiempo que luchaban soportando dolorosas 
fatigas enfrentados unos contra otros a través de vio- 
lentos combates, los dioses Titanes y los que nacieron 
de Cronos; aquéllos desde la cima del Otris, los ilustres 
Titanes, y éstos desde el Olimpo, los dioses dadores de 
bienes a los que parió Rea de hermosos cabellos acos- 
tada con Cronos. 

Por entonces, enfrascados unos con otros en fatigosa 
lucha, llevaban ya combatiendo en conjunto más de 
diez años. Y no se veía solución de la dura contienda 
ni final a favor de unos o de otros, sino que el resultado 
de la guerra permanecía indeciso. Pero cuando Zeus 
ofreció a aquéllos todos los alimentos, [néctar y ambro- 
sía, que los propios dioses comen], creció en el pecho 
de todos ardorosa pasión, [cuando probaron el néctar 
y la deliciosa ambrosía]. 


Como dice P. VERNANT (Mito..., pág. 244): «Es una astucia 
que coge a Zeus desprevenido». 

— Segundo castigo: Creación de Pandora. De nuevo se castiga 
la insensata sabiduría de Prometeo, aunque ahora se hace a 
través de Epimeteo (la torpeza humana), con lo que el mal 
será irremediable. Es significativo que en Teogonía Hesíodo 
no insiste en el camino de este castigo, si bien alude a él 
en v. 513. Ello se debe a que el objetivo en este poema es 
explicar el destino de Prometeo como divinidad enfrentada a 
la sabiduría de Zeus, no del hombre como tal. Así la histo- 
ria de Pandora aquí sólo interesa como castigo por el pecado 
del Titán, mientras que en Trabajos, como veremos, el obje- 
tivo es explicar el origen del mal radicando en la torpeza 
humana, y la historia pasa allí a un primer plano. 


625 


629 
631 
630 
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635 


640 


650 


100 OBRAS 


Entonces ya les habló el padre de hombres y dioses: 

«¡Escuchadme, ilustres hijos de Gea y Urano, para 
que os diga lo que me dicta el corazón en mi pecho! 
Por largo tiempo ya enfrentados unos con otros, lucha- 
mos todos los días por la victoria y el poder los dioses 
Titanes y los que nacimos de Cronos. Pero mostrad vos- 
otros vuestra terrible fuerza e invencibles brazos contra 
los Titanes en funesta lucha, recordando nuestra dulce 
amistad y cómo después de tantos tormentos % bajo do- 


22 P. Mazon, a juicio de WesT correctamente, entiende el par- 
ticipio pathóntes en buen sentido y lo refiere al regreso de los 
Uránidas a la luz: «Pensad en demostrad vuestra leal amistad, 
vosotros que debéis sólo a nuestra voluntad la felicidad de 
volver a ver la luz, libres de una cruel prisión en el fondo de 
la tenebrosa tiniebla». 

En cambio, a favor de la traducción adoptada por nosotros 
(también EVELYN-WHITE), encontramos un argumento de índole 
estilística. Gracias al juego de pausas y cesuras, vemos que los 
versos 651-3 y 658-660 se pueden dividir en dos partes de las que 
la primera insiste en la actuación de Zeus y la segunda en el 
sufrimiento de los Hecantóquiros. Puesto que el participio en 
cuestión pertenece a la segunda parte, debemos referirlo al mun- 
do de las tinieblas y no a la acción de Zeus. Veamos la es- 
tructura: 


651 Recordando // nuestra dulce amistad / / 
y cómo después de tantos tormentos 
652 de nuevo vinisteis a la luz / / 


bajo dolorosa cadena 


653 E decisión nuestra // 


saliendo de la oscura tiniebla 
Por tu sabiduría // | 
saliendo de aquella oscura tiniebla 


659 de nuevo // 
entre inexorables cadenas 


658 


660 regresamos // ¡soberano hijo de Cronos! // 
después de sufrir desesperantes tormentos 


TEOGONÍA 101 


lorosa cadena, de nuevo vinisteis a la luz saliendo de la 
oscura tiniebla por decisión nuestra.» 

Así dijo y al punto a su vez le respondió el intachable 
Coto: 

«¡Divino! No nos descubres cosas ignoradas, sino que 
también nosotros sabemos cuán excelentes son tus pen- 
samientos y tu inteligencia. Paladín fuiste para los In- 
mortales de una cruel contienda y por tu sabiduría re- 
gresamos de nuevo saliendo de aquella oscura tiniebla, 
¡soberano hijo de Cronos!, después de sufrir desespe- 
rantes tormentos entre inexorables cadenas. Por ello 


Las divisiones corresponden a las siguientes cesuras: 

651: Triemímera y diéresis bucólica. La trocaica separa las 
palabras amistad dulce contribuyendo a resaltar su valor 
significativo. 

652: Trocaica. También hay triemímera que destaca la idea de 
luz y regreso. La estructura sería: «hacia la luz de nue- 
vo // vinisteis / /. 

653: Trocaica. La triemímera separa el adjetivo nuestra y el 
sustantivo decisión. 

658: Trocaica. 

659: Trocaica. Hay triemímera que separa las palabras otra 
vez (traducida por nosotros en regresamos) y de nuevo. 

660: Triemímera y heptemímera. Existe también trocaica en 
esta posición «de Cronos hijo // soberano» que sólo sir- 
ve para dar mayor fuerza al vocativo. 

Así, pues, reuniendo las partes primera y segunda respectiva- 

mente de los 6 versos, obtendremos 2 unidades de perfecto 
sentido que recogen las ideas centrales del pasaje: 


1) Idea de regreso a la luz: 
Zeus: «Recordando nuestra dulce amistad: De nuevo vol- 
visteis a la luz, por decisión nuestra». 
Coro: «Por tu sabiduría de nuevo regresamos, ¡soberano 
hijo de Cronos!». 


2) Idea del sufrimiento: 
ZEUS: «(Recordando) cómo después de tantos tormentos bajo 
dolorosa cadena (salisteis) de la oscura tiniebla». 
Coro: «(Salimos) de la oscura tiniebla, entre inexorables 
cadenas después de sufrir desesperantes tormentos». Todo 
ello amalgamado en una perfecta estructura de anillo. 


655 


660 


665 


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680 


685 


690 


102 OBRAS 


también ahora, con corazón firme y resuelta decisión, 
defenderemos vuestro poder en terrible batalla luchan- 
do con los Titanes a través de violentos combates.» 

Así habló. Aplaudieron los dioses dadores de bienes 
al escuchar sus palabras, y su espíritu anhelaba la gue- 
rra con más ansia todavía que antes. Provocaron aquel 
día una lucha terrible todos, hembras y varones, [los 
dioses Titanes y los que nacieron de Cronos] y aque- 
llos a los que Zeus, sumergidos en el Érebo bajo la 
tierra, trajo a la luz, terribles, violentos y dotados de 
formidable vigor. Cien brazos salían agitadamente de 
sus hombros, para todos igual, y a cada uno cincuenta 
cabezas le nacían de los hombros, sobre robustos 
miembros. 

Aquéllos entonces se enfrentaron a los Titanes en fu- 
nesta lucha, con enormes rocas en sus robustas manos. 
Los Titanes, de otra parte, afirmaron sus filas resuelta- 
mente. Unos y otros exhibían el poder de sus brazos y 
de su fuerza. Terriblemente resonó el inmenso ponto y 
la tierra retumbó con gran estruendo; el vasto cielo 
gimió estremecido y desde su raíz vibró el elevado 
Olimpo por el ímpetu de los Inmortales. La violenta sa- 
cudida de las pisadas llegó hasta el tenebroso Tártaro, 
así como el sordo ruido de la indescriptible refriega y 
de los violentos golpes. ¡De tal forma se lanzaban re- 
cíiprocamente funestos dardos! La voz de unos y otros 
llamándose llegó hasta el estrellado cielo y aquéllos cho- 
caron con enorme alalá ?. 

Ya no contenía Zeus su furia, sino que ahora se inun- 
daron al punto de cólera sus entrañas y exhibió toda 
su fuerza. Al mismo tiempo, desde el cielo y desde el 
Olimpo, lanzando sin cesar relámpagos, avanzaba sin 
detenerse; los rayos, junto con el trueno y el relámpago, 


2 Grito de guerra. 


TEOGONÍA 103 


volaban desde su poderosa mano, girando sin parar su 
sagrada llama. 

Por todos lados resonaba la tierra portadora de vida 
envuelta en llamas y crujió con gran estruendo, envuel- 
to en fuego, el inmenso bosque. Hervía la tierra toda y 
las corrientes del Océano y el estéril ponto. Una ar- 
diente humareda envolvió a los Titanes nacidos del sue- 
lo y una inmensa llamarada alcanzó la atmósfera divina. 
Y cegó sus dos ojos, aunque eran muy fuertes, el cente- 
Jleante brillo del rayo y del relámpago. 

Un impresionante bochorno se apoderó del abismo y 
pareció verse ante los ojos y oírse con los oídos algo 
igual que cuando se acercaron Gea y el vasto Urano 
desde arriba. Pues tan gran estruendo se levantó cuan- 
do, tumbada ella, aquél se precipitó desde las alturas. 


700 


[ ¡Tanto estruendo se produjo al chocar los dioses en 705 


combate! ] 

Al mismo tiempo, los vientos expandían con estrépito 
la conmoción, el polvo, el trueno, el relámpago y el lla- 
meante rayo, armas del poderoso Zeus, y llevaban el 
griterío y el clamor en medio de ambos. Un estrépito 
impresionante se levantó y saltaba a la vista la violen- 
cia de las acciones. Declinó la batalla; pero antes, ata- 
cándose mutuamente, luchaban sin cesar a través de 
violentos combates. 

Entonces aquéllos, Coto, Briareo y Giges insaciable 
de lucha, en la vanguardia provocaron un violento com- 
bate. Trescientas rocas lanzaban sin respiro con sus po- 
derosas manos y cubrieron por completo con estos pro- 
yectiles a los Titanes. Los enviaron bajo la anchurosa 
tierra y los ataron entre inexorables cadenas después de 
vencerlos con sus brazos, aunque eran audaces, tan hon- 
dos bajo la tierra como lejos está el cielo de la tierra; 
[esa distancia hay desde la tierra hasta el tenebroso Tár- 
taro]. Pues un yunque de bronce que bajara desde el 
cielo durante nueve noches con sus días, al décimo lle- 


710 


715 


720 


725 


730 


735 


740 


745 


750 


104 OBRAS 


garía a la tierra [...]%, e igualmente un yunque de 
bronce que bajara desde la tierra durante nueve noches 
con sus días, al décimo llegaría al Tártaro. 

En torno a él se extiende un muro de bronce y una 
oscuridad de tres capas envuelve su entrada; encima 
además nacen las raíces de la tierra y del mar estéril. 

Allí los dioses Titanes bajo una oscura tiniebla están 
ocultos por voluntad de Zeus amontonador de nubes 
en una húmeda región al extremo de la monstruosa tie- 
rra; no tienen salida posible: Posidón les puso encima 
broncíneas puertas y una muralla les rodea de ambos 
lados. Allí habitan también Giges, Coto y el valiente 
Briareo, fieles guardianes de Zeus portador de la égida. 

Allí de la tierra sombría, del tenebroso Tártaro, del 
ponto estéril y del cielo estrellado están alineados los 
manantiales y términos hórridos y pútridos de todos, y 
hasta los dioses los maldicen. Enorme abismo: no se 
alcanzaría su fondo ni en todo un año completo, si an- 
tes fuera posible franquear sus puertas; sino que por 
aquí y por allá te arrastraría huracán ante huracán te- 
rrible. Horrendo, incluso para los dioses inmortales, este 
prodigio. 

También se encuentran allí las terribles mansiones de 
la oscura Noche cubiertas por negruzcos nubarrones. 
Delante de ellas, el hijo de Jápeto sostiene el ancho 
cielo, apoyándolo en su cabeza e infatigables brazos, só- 
lidamente, allí donde la Noche y la Luz del día se acer- 
can más y se saludan entre ellas pasando alternativa- 
mente el gran vestíbulo de bronce. Cuando una va a 
entrar, ya la otra está yendo hacia la puerta, y nunca 
el palacio acoge entre sus muros a ambas, sino que 
siempre una de ellas fuera del palacio da vueltas por 
la tierra y la otra espera en la morada hasta que llegue 


3% Verso 723a: [y a su vez igual desde la tierra al tenebroso 
Tártaro). 


TEOGONÍA 105 


el momento de su viaje. Una ofrece a los seres de la 
tierra su luz penetrante; la otra les lleva en sus brazos 
el Sueño hermano de la Muerte, la funesta Noche, en- 
vuelta en densa niebla. 

Allí tienen su casa los hijos de la oscura Noche, Hip- 
nos y Tánato, terribles dioses; nunca el radiante He- 
lios les alumbra con sus rayos al subir al cielo ni al 
bajar del cielo. Uno de ellos recorre tranquilamente la 
tierra y los anchos lomos del mar y es dulce para los 
hombres; el otro, en cambio, tiene de hierro el corazón 
y un alma implacable de bronce alberga en su pecho. 
Retiene al hombre que coge antes, y es odioso incluso 
para los inmortales dioses. 

Allí delante se encuentran las resonantes mansiones 
del dios subterráneo [del poderoso Hades y la temible 
Perséfone]; guarda su entrada un terrible perro, despia- 
dado y que se vale de tretas malvadas: a los que entran 
les saluda alegremente con el rabo y ambas orejas al 
mismo tiempo, pero ya no les deja salir de nuevo, sino 
que, al acecho, se come al que coge a punto de fran- 
quear las puertas. 

Allí reside una diosa maldita para los Inmortales, la 
terrible Estigia, hija mayor del Océano que refluye en 
sí mismo. Lejos de los dioses habita un espléndido pala- 
cio con techo de enormes rocas; por todas partes se 
encuentra apoyado sobre plateadas columnas que llegan 
hasta el cielo. 

Raramente, la hija de Taumante, Iris rápida de pies, 
frecuenta este lugar volando por los anchos lomos del 
mar. Cuando una disputa o querella se suscita entre 
los Inmortales, por si alguno de los que habitan las 
mansiones olímpicas falta a la verdad, Zeus encarga a 
Iris que traiga de lejos el gran juramento de los dioses 
en un recipiente de oro, el agua helada de mucho re- 
nombre que fluye de un alto y escarpado peñasco. 


755 


760 


765 


770 


773 


775 


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795 


800 


8053 


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815 


106 OBRAS 


En abundancia bajo la anchurosa tierra mana del río 
sagrado?! a través de la noche, brazo de Océano. Una 
décima parte al punto queda apartada; nueve, hacién- 
dolas girar en plateados remolinos por la tierra y los 
anchos lomos del mar, las precipita en la salada super- 
ficie. Y ésta solamente brota de aquel peñasco, azote 
terrible para los dioses. 

El que de los Inmortales que habitan las nevadas 
cumbres del Olimpo jura en vano vertiéndola, queda 
tendido sin respiración hasta que se cumple un año; y 
no puede acercarse a la ambrosía, el néctar ni alimento 
alguno, sino que yace, sin aliento y sin voz, en revesti- 
dos lechos y le cubre un horrible sopor. Luego, cuando 
termine esta terrible enfermedad al cabo de un año, 
otra prueba aún más dura sucede a aquélla: por nueve 
años está apartado de los dioses sempiternos y nunca 
puede asistir al Consejo ni a los banquetes durante 
esos nueve años; al décimo, otra vez participa en las 
asambleas de los Inmortales que habitan las mansiones 
olímpicas. 

¡Fal juramento hicieron los dioses al agua imperece- 
dera y antiquísima de la Estigia que atraviesa una re- 
gión muy áspera! 

[AIMlí de la tierra sombría, del tenebroso Tártaro, del 
ponto estéril y del cielo estrellado están alineados los 
manantiales y términos hórridos y pútridos de todos, 
y hasta los dioses los maldicen.] 

[Allí hay relucientes puertas y un sólido broncíneo 
vestíbulo natural, asegurado con profundos cimientos. 
Delante, apartados de todos los dioses, viven los Titanes 
al otro lado del tenebroso abismo. Después, los ilustres 
servidores del muy resonante Zeus habitan palacios 
sobre las raíces del Océano, Coto y Giges; a Briareo, 


r El Océano. 


TEOGONÍA 107 


por su nobleza, le hizo su yerno el gravisonante Enno- 
sigeo; le permitió desposar a su hija Cimopolea. 

Luego que Zeus expulsó del cie- 

a lo a los Titanes, la monstruosa 
Nacimiento ES 2s : 

de Tifón Gea concibió su hijo más joven, 

Tifón, en abrazo amoroso con 

Tártaro preparado por la dorada 

Afrodita. Sus brazos se ocupaban en obras de fuerza e 

incansables eran los pies del violento dios. De sus hom- 

bros salían cien cabezas de serpiente, de terrible dra- 

gón, adardeando con sus negras lenguas. De los ojos 

existentes en las prodigiosas cabezas, bajo las cejas, 

el fuego lanzaba destellos y de todas sus cabezas bro- 

taba ardiente fuego cuando miraba. 

Tonos de voz había en aquellas terribles cabezas que 
dejaban salir un lenguaje variado y fantástico. Unas ve- 
ces emitían articulaciones como para entenderse con 
dioses, otras un sonido con la fuerza de un toro de po- 
tente mugido, bravo e indómito, otras de un león de sal- 
vaje furia, otras igual que los cachorros, maravilla oírlo, 
y otras silbaba y le hacían eco las altas montañas. 


Y tal vez hubiera realizado una 

hazaña casi imposible aquel día 

Tifonomaquia y hubiera reinado entre mortales 

e inmortales, de no haber sido 

tan penetrante la inteligencia del 

padre de hombres y dioses. Tronó reciamente y con 

fuerza y por todas partes resonó la tierra, el ancho 

cielo arriba, el ponto, las corrientes del Océano y los 

abismos de la tierra. Se tambaleaba el alto Olimpo bajo 

sus inmortales pies cuando se levantó el soberano y 
gemía lastimosamente la tierra. 

Un ardiente bochorno se apoderó del ponto de azu- 
lados reflejos, producido por ambos y por el trueno, el 
relámpago, el fuego vomitado por el monstruo, los hura- 
canados vientos y el fulminante rayo. Hervía la tierra 


821) 


825 


830 


835 


840 


845 


850 


855 


860 


865 


870 


875 


108 OBRAS 


entera, el cielo y el mar. Enormes olas se precipitaban 
sobre las costas por todo alrededor bajo el ímpetu de 
los Inmortales y se originó una conmoción infinita. Tem- 
blaba Hades, señor de los muertos que habitan bajo la 
tierra, y los Titanes que, sumergidos en el Tártaro, ro- 
dean a Cronos, a causa del incesante estruendo y la ho- 
rrible batalla. 

Zeus, después de concentrar toda su fuerza y coger 
sus armas, el trueno, el relámpago y el flameante rayo, 
le golpeó saltando desde el Olimpo y envolvió en llamas 
todas las prodigiosas cabezas del terrible monstruo. 
Luego que le venció fustigándole con sus golpes, cayó 
aquél de rodillas y gimió la monstruosa tierra. Fulmi- 
nado el dios, una violenta llamarada surgió de él cuan- 
do cayó entre los oscuros e inaccesibles barrancos de la 
montaña. 

Gran parte de la monstruosa tierra ardía con terrible 
humareda y se fundía igual que el estaño cuando por 
arte de los hombres se calienta en el bien horadado 
crisol o el hierro que es mucho más resistente, cuando 
se le somete al calor del fuego en los barrancos de las 
montañas, se funde en el suelo divino por obra de He- 
festo; así entonces se fundía la tierra con la llama del 
ardiente fuego. Y le hundió, irritado de corazón, en el 
ancho Tártaro. 


Son hijos de Tifón los recios 
E vientos de húmedo soplo, menos 

Hijos ¿q 
de Titón Noto, Bóreas, Argesteo y Céfiro. 
Éstos descienden de los dioses y 
son de gran utilidad para los 
mortales. Las demás brisas soplan caprichosamente so- 
bre el mar: unas dejándose caer en el ponto sombrío, 
azote terrible para los mortales, se precipitan en fu- 
nesto vendaval y, unas veces en un lugar, otras en otro, 
con sus ráfagas destruyen las naves y hacen perecer a 
los navegantes. No hay escape del mal para los hom- 


TEOGONÍA 109 


bres que se topan con ellas en el ponto. [Otras en 
cambio, a lo largo de la tierra sin límites cubierta de 
flores arrasan los deliciosos campos de los hombres na- 
cidos en el suelo, llenándolos de polvo y de atroz con- 
fusión.] 

Luego que los dioses bienaventurados terminaron sus 
fatigas y por la fuerza decidieron con los Titanes sus 
privilegios, ya entonces por indicación de Gea animaron 
a Zeus Olímpico de amplia mirada para que reinara y 
fuera soberano de los Inmortales. Y él les distribuyó 
bien las dignidades. 

Zeus rey de dioses tomó como 
> primera esposa a Metis, la más 
Hijos ; : 

de Zeus sabia de los dioses y hombres 
con diosas mortales. Mas cuando ya faltaba 
poco para que naciera la diosa 
Atenea de ojos glaucos, engañando astutamente su espí- 
ritu con ladinas palabras, Zeus se la tragó por indica- 
ción de Gea y del estrellado Urano. Así se lo aconseja- 
ron ambos para que ningún otro de los dioses sempl- 

ternos tuviera la dignidad real en lugar de Zeus. 

Pues estaba decretado que nacieran de ella hijos muy 
prudentes: primero, la doncella de ojos glaucos Trito- 
genia que iguala a su padre en coraje y sabia decisión; 
y luego, era de esperar que naciera un hijo rey de dio- 
ses y hombres con arrogante corazón. Pero Zeus se la 
tragó antes para que la diosa le avisara siempre de lo 
bueno y lo malo. 

En segundo lugar, se llevó a la brillante Temis que 
parió a las Horas, Eunomía, Dike y la floreciente Eire- 
ne, las cuales protegen las cosechas de los hombres 
mortales, y a las Moiras, a quienes Zeus otorgó la ma- 
yor distinción, a Cloto, Láquesis y AÁtropo, que conce- 
den a los hombres mortales el ser felices y desgra- 
ciados. 


880 


885 


890 


895 


900 


905 


910 


915 


920 


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930 


935 


110 OBRAS 


Eurínome, hija del Océano, de encantadora belleza, 
le dio las tres Gracias de hermosas mejillas, Aglaya, 
Eufrósine y la deliciosa Talía. [De sus párpados brota 
el amor que afloja los miembros cuando miran y bellas 
son las miradas que lanzan bajo sus cejas.] 

Luego subió al lecho de Deméter nutricia de muchos. 
Ésta parió a Perséfone de blancos brazos, a la que 
Edoneo arrebató del lado de su madre; el prudente 
Zeus se la concedió. 

También hizo el amor a Mnemósine de hermosos ca- 
bellos y de ella nacieron las nueve Musas de dorada 
frente a las que encantan las fiestas y el placer del 
canto. 

Leto parió a Apolo y a la flechadora Artemis, prole 
más deseable que todos los descendientes de Urano, en 
contacto amoroso con Zeus portador de la égida. 

En último lugar tomó por esposa a la floreciente 
Hera; ésta parió a Hebe, Ares e Ilitía en contacto amo- 
roso con el rey de dioses y hombres. 

Y él, de su cabeza, dio a luz a Atenea de ojos glau- 
cos, terrible, belicosa, conductora de ejércitos, inven- 
cible y augusta, a la que encantan los tumultos, gue- 
rras y batallas. 

Hera dio a luz, sin trato amoroso —estaba furiosa y 
enfada con su esposo—, a Hefesto, que destaca entre 
todos los descendientes de Urano por la destreza de 
sus manos. 


De Anfítrite y del resonante Ennosi- 
e geo nació el fornido y enorme Tritón 

Hijos de ; ; 
Anfítrite-Posidón qUe, en las profundidades del mar, jun- 
y Afrodita-Ares to a su madre y soberano padre, habi- 
ta palacios de oro, terrible dios. A su 
vez, con Ares, perforador de escudos, Citerea concibió a 
los temibles Miedo y Terror, que ponen en confusión 
las compactas falanges de varones en la guerra san- 
grienta junto con Ares destructor de ciudades; y tam- 


TEOGONÍA 111 


bién a Harmonía, a quien el muy esforzado Cadmo hizo 
su esposa. 

También con Zeus, la Atlántide Ma- 

” ya parió al ilustre Hermes, heraldo de 
Otros hijos A 
de los Inmortales, subiendo al sagrado 
Zeus lecho. 

Y la cadmea Sémele, igualmente en 
trato amoroso con él, dio a luz un ilustre hijo, el muy 
risueño Dioniso, un inmortal siendo ella mortal. Ahora 
ambos son dioses. 

Alcmena parió al fornido Heracles en contacto amo- 
roso con Zeus amontonador de nubes. 

A Aglaya, Hefesto, el muy ilustre pa- 

a tizambo, siendo la más joven de las 

Matrimonios ; , A 

entre Gracias, la hizo su floreciente esposa. 
dioses Dioniso, el de dorados cabellos, a la 
rubia Ariadna hija de Minos la hizo su 
floreciente esposa; y la convirtió en inmortal y exenta 
de vejez el Cronión. 

A Hebe, hija del poderoso Zeus y de Hera de dora- 
das sandalias, el bravo hijo de Alcmena de bellos to- 
billos, el fornido Heracles, al término de sus penosos 
trabajos, la hizo su venerable esposa en el nevado 
Olimpo. ¡Dichoso él, que, después de realizar una gran 
hazaña, entre los Inmortales vive sin dolor y exento de 
vejez por todos los siglos! 

Con el incansable Helios, la ilustre Oceánide Perseis 
tuvo a Circe y al rey Eetes. Eetes, hijo de Helios que 
ilumina a los mortales, se casó con una hija del Océano, 
río perfecto, por decisión de los dioses, con Idía de 
hermosas mejillas. Ésta parió a Medea de bellos tobi- 
llos sometida a su abrazo por mediación de la dorada 
Afrodita. 


940 


945 


950 


955 


960 


965 


970 


975 


980 


985 


990 


995 


112 OBRAS 


[Y ahora, ¡salud vosotros que habi- 
táis las mansiones olímpicas y también 


Catálogo : 
de los vosotros, islas, continentes y salobre 
héroes ponto encajado entre ellos! ¡Celebrad, 


Musas Olímpicas de dulces palabras, 
hijas de Zeus portador de la égida, la tribu de diosas 
que, acostadas con varones mortales, siendo inmortales 
dieron a luz hijos semejantes a dioses! 

Deméter, divina entre diosas, parió al generoso Pluto 
en placentero abrazo con el héroe Yasio en un fértil 
campo en el rico país de Creta. Éste recorre toda la 
tierra y los anchos lomos del mar y a quien le encuen- 
tra, si se echa en sus brazos, le vuelve rico y le colma 
de prosperidad. 

Con Cadmo, Harmonía, hija de la dorada Afrodita, 
tuvo a Ino, Sémele, Ágave de hermosas mejillas, Autó- 
noa, a la que desposó Aristeo de tupida cabellera, y a 
Polidoro en la bien coronada Tebas. 

Calírroe, hija del Océano, unida con el valeroso Cri- 
saor en el amor de la muy dorada Afrodita, parió un 
hijo, el más violento de todos los mortales: Gerión, al 
que mató el fornido Heracles por sus bueyes de mar- 
cha basculante en Eritea rodeada de corrientes. 

Con Titono, Eos dio a luz a Memnón de broncínea co- 
raza, rey de los etíopes y al héroe Ematión. Además, 
con Céfalo, concibió un hijo ilustre, el ilustre Faetón, 
varón semejante a los dioses. A él, joven, en la tierna 
flor de una noble juventud, niño de ingenuos pensa- 
mientos, la risueña Afrodita le levantó llevándoselo por 
los aires y le colocó en sus sagrados templos, servidor 
secreto de su santuario, genio divino. 

A la hija de Eetes rey vástago de Zeus, el Esónida, 
por decisión de los dioses sempiternos, se la llevó del 
palacio de Eetes al término de las amargas pruebas que 
en gran número le impuso un rey poderoso y soberbio, 
el violento, insensato v osado Pelias. Cuando las llevó 


TEOGONÍA 113 


a cabo, volvió a Yolcos el Esónida, tras muchos sufri- 
mientos, conduciendo en su rápida nave a la joven de 
ojos vivos y la hizo su floreciente esposa. 

Entonces ésta, poseída por Jasón, pastor de pueblos, 
dio a luz un hijo: Medeo, al que educó en las monta- 
ñas Quirón, hijo de Fílira. Y se cumplió por completo 
la voluntad de Zeus. 

En cuanto a las hijas de Nereo, viejo del mar, Psá- 
mata, divina entre diosas, parió a Foco en abrazo con 
Éaco por mediación de la dorada Afrodita. Y la diosa 
Tetis de plateados pies, sometida a Peleo, dio a luz a 
Aquiles, destructor de hombres, furioso como un león. 

A Eneas le parió Citerea de bella corona, en placen- 
tero contacto con el héroe Anquises en las cumbres 
azotadas por el viento del escabroso Ida. 

Circe, hija del Hiperiónida Helios, en abrazo con el 
intrépido Odiseo, concibió a Agrio y al intachable y po- 
deroso Latino; también parió a Telégono por mediación 
de la dorada Afrodita. Éstos, muy lejos, al fondo de las 
islas sagradas, reinaban sobre los célebres Tirrenos. 

Calipso, divina entre diosas, unida en placentero abra- 
zo con Odiseo, dio a luz a Nausítoo y Nausínoo. 

Estas inmortales, acostadas con va- 
: rones mortales, dieron a luz hijos se- 
Proemio ? : 
al catálogo  Mejantes a dioses. Y ahora, ¡celebrad 
de heroinas la tribu de mujeres, Musas Olímpicas 
de dulces palabras, hijas de Zeus por- 
tador de la égida!] 


OBRAS Y FRAGMENTOS, 8 


1000 


1005 


1010 


1015 


1020 


TRABAJOS Y DÍAS 


INTRODUCCIÓN 


Valor literario de los «Trabajos y Días» 


Los Trabajos y Días se han considerado siempre el 
poema más indiscutiblemente hesiódico, si bien algunos 
críticos niegan la autenticidad de determinados pasajes 
y en particular de los Días y la parte de contenido má- 
gico que los precede !. 

Aparentemente el poema presenta una gran heteroge- 
neidad, lo que hizo a los críticos del XIx ver en él una 
fusión caótica de elementos variados sin ilación entre 
sus partes. No obstante, los diversos trabajos ? que en 
nuestro siglo contemplan la estructura del poema han 


1 En la Antigiedad Aristarco atetizaba el Proemio (1-10) y 
Plutarco sospechaba de 654-662. En la actualidad plantean dudas 
los versos 50463 y sobre todo 724-59 y 765-final (Los Días) que 
WILAMOWITZ excluye de su edición. 

2 B. A. VAN GRONINGEN, La composition littéraire archaique 
Grecque, 2. ed. Amsterdam, 1960. W. J. VERDENIUS, «Aufbau und 
Absicht des Erga», Hésiode et son influence. (Entretiens sur 
l'Antiquité Classique 7). Ginebra, 1960, págs. 111-70. P. WaLcor, 
«The composition of the Works and Days», Revue des Etudes 
Grecques 64 (1961), 1-19. K. KUMANIECKI, «The Structure of He- 
siod's Works and Days», Bulletin of the Institute of Classical 
Studies 10 (1963), 79-96. H. ScHwaABL, Hesiods Theogonie. Eine 
unitarische Analyse, Viena, 1966, y «Hesiodos», Real Encicl. Su- 
plemento XII (1970), 434-86. 


116 OBRAS 


venido a demostrar su perfecta unidad temática basa- 
da fundamentalmente en dos importantes ideas: Traba- 
jo y justicia. 

La Teogonía hemos visto cómo era el poema desti- 
nado a celebrar la justicia divina de Zeus, causa del 
orden universal; nos mostraba aquel poema la historia 
de los dioses en un proceso progresivo que llevaba del 
caos a la ordenación del mundo. Pues bien, en los Tra- 
bajos también vemos a Zeus como garante de la justi- 
cia; pero al contemplar la realidad humana, esa con- 
cepción de Zeus plantea ineludiblemente al poeta la 
responsabilidad del mal en el mundo. Para explicar este 
problema Hesíodo recurre a tres mitos (el de Prome- 
teo, el de Pandora y el de las Edades) que le llevan a 
la conclusión de que el origen del mal radica en la pro- 
pia naturaleza humana, en su orgullosa sabiduría y en 
su torpe necedad e injusticia. Así, a diferencia del 
mundo divino, el de los hombres sigue un proceso de 
degradación que sólo se resolverá cuando Zeus resuelva 
poner justicia definitivamente entre los hombres3, Él 
no es la causa, sino el que impone ese castigo que me- 
recen los injustos o el premio que corresponde a los 
justos. 

Ahora bien, Hesíodo llega a este planteamiento a par- 
tir de una situación real: Perses, su hermano, pretende 
entablar un juicio para quitar a Hesíodo su herencia y 
éste decide disuadirle advirtiéndole la necesidad de tra- 
bajar como único medio legítimo para eludir la pobreza 
y el hambre. Éste es el gran tema de los Trabajos. Jus- 
tificada por la existencia del mal la necesidad del tra- 
bajo, Hesíodo ofrece a Perses, con gran sentido realista 
y un perfecto conocimiento del mundo campesino, una 
serie de consejos de conducta social y un calendario de 
trabajos para obtener el máximo rendimiento a la tie- 


3 Verso 273. 


TRABAJOS Y DÍAS 117 


rra. No olvida tampoco el poeta, aunque muestra poco 
interés por ello, el comercio naval como complemento 
a] cultivo de la tierra. 

Esta síntesis perfecta de mitos, experiencias persona- 
les, tradiciones agrícolas y sabiduría popular, todo ello 
ligado con los procedimientos más arcaicos de la com- 
posición literaria (asociación de ideas y estructura de 
anillo) * hacen de los Trabajos un poema de alto valor 
literario y primordial en muchos aspectos”. 


Problemática de los «Días» 


Los versos 765-828, tradicionalmente conocidos como 
los Días por su contenido y estructura, han sido objeto 
de críticas que tratan de negar su autenticidad y uni- 
dad *. No obstante, ya en la Antigiedad Heráclito ? alude 
a ellos como de Hesíodo, y los argumentos formales 
más importantes en que se basan sus detractores (varie- 
dad de sistemas en el cómputo de los días y alteración 


4 Cf. W. J. VERDENIUS, «L'Association des idées comme prin- 
cipe de composition dans Homére, Hésiode, Théognis», Revue 
des Etudes Grecques 63 (1960), 345-61, y B. A. VAN GRONINGEN, 
La composition... 

5 La influencia, por ejemplo, de Hesíodo en la filosofía de 
los presocráticos es el tema de un artículo de H. DILLER, «He- 
siod und die Anfángen der griechischen Philosophie», Antike und 
Abendland 1 (1946), 140-51. Otros datos de esa importancia pue- 
den verse en el libro conjunto Hésiode et son influence, ya 
citado. 

é£ F. SOLMSEN, «The Days of the Works and Days», Trans. and 
Proc. of Amer. Phil. Assoc. 94 (1963), 293-320 (repr. en Kleine 
Schriften 1, Hildesheim, 1968, págs. 2249). U. V. WILAMOWITZ- 
MOELLENDORF, Hesiodos Erga, 2.* ed. Berlín, 1962. M. P. NILSSON, 
«Die álteste griechische Zeitrechnung. Apollo und der Orient», 
Archiv fúr Religionswissenshaft 14 (1911), 423 ss. (repr. en Opus: 
cula selecta, 1, Lund, 1951, págs. 36 ss.). 

7 PLUTARCO, Camilo X1X. 


118 OBRAS 


del orden inicial en que se citan éstos) son revertibles 
igualmente en favor de la unidad de dichos versos $. 

En cuanto al carácter mágico-supersticioso normal- 
mente atribuido a los Días en oposición al valor racio- 
nal y lógico de los Trabajos, sin olvidar que sería ex- 
cesivo negar cualquier creencia de este tipo a un cam- 
pesino del siglo vItr-vII a. C. por muy racionalista que 
fuera, en gran parte es explicable en otro sentido: Como 
fruto de la lógica campesina y popular que ve en las 
fases lunares la clave para el comportamiento de per- 
sonas, animales y plantas y, por consiguiente, para el 
éxito de ciertas labores agrícolas o su fracaso. 

De todos modos, argumentos de otra índole, nos incli- 
nan a atetizar como interpolación los versos 810-21. 


Estructura de «Trabajos y Días» 


pue 
. 


Proemio: 1-10. 

2. Introducción al tema: 1141. División de las Érides (11-26). 
Advertencias a Perses (27-41). 

3. Justicia: Mitos y fábula: 42-285. Mito de Prometeo y Pan- 
dora (42-105). Mito de las Edades (106-201): Edad de oro (109- 
26), Edad de Plata (127-42); Edad de Bronce (143-55); Edad 
de los Héroes (156-73); Edad de Hierro (174-201). Fábula del 
halcón y el ruiseñor (202-85): Fábula (2037-12); invitación a la 
justicia (21366); confianza del poeta en Zeus (267-73); con- 
clusión (274-85). 

4. Introducción al tema del trabajo: 286-316. 

5. Consejos: 317-80. De conducta social (317-67). De conducta 

familiar (368-80). 


* En este sentido la comunicación de A. PÉREZ JIMÉNEZ al 
V Congreso Nacional de Estudios Clásicos, «Unidad formal y 
sentido de los Días de Hesíodo», ampliada en un artículo («Los 
Días de Hesíodo: Estructura formal y análisis de contenido»), 
publicado en Emerita 45 (1977), 105-123. 


TRABAJOS Y DÍAS 119 


Calendario del labrador: 383-617. Introducción (383-404); 
Preparativos iniciales (405-13). Trabajos de Otoño (414-92). 
Trabajos de Invierno (493-563). Trabajos de Primavera (564- 
81). Trabajos de Verano (582-617). 

Calendario de la navegación: 618-944. Otoño (618-29). Navega- 
ción de verano (630-77). Navegación de primavera (667-94). 
Consejos: 695-705. De administración familiar (695-705). De 
conducta social y religiosa (706-59). 

Conclusión: 7604. 

Los Dias: 765-828. 


Nuestra traducción 


Igual que en la Teogonía seguimos como texto base la 


edición de F. Solmsen, aunque en algunos puntos pro- 
blemáticos nos inclinamos por lecturas de otros edito- 
res, principalmente Mazon. Para cuestiones de interpre- 
tación nos han sido muy útiles en algunos casos las 
ediciones de T. A. Sinclair y A. Colonna. 


Verso Lectura de Solmsen Lectura nuestra 
107 éxmiotapévoc' émotápevos G. CALVO. 
108 atetizado sin atetizar 
120 falta en el texto incluido en texto SINCLAIR 

(incluido en aparato 

crítico) 
122 S5aluovec «yvol émt-  Salgovéc elos Atóc 

x0ÓvioL teAéBo0vo0L  peydádov 5id« BouAdc MAZON 
173a-e en aparato crítico en texto MAzoN (169a-e) 
293 52 aut rávta 58 aúvtócs távia MAZON 
294 atetizado sin atetizar MAZON 
296 avr voén arrtóc vogy MAZON 
375 PLA TOOL ¿$nAñtpoiv MAzoN 
437 atetizado desde túv sin atetizar MAZON 

ydp 
438 atet. hasta Exovte sin atetizar MAZON 
437 punto tras diaradó- sin atetizar MAZON 


vóv 


120 OBRAS 


Verso Lectura de Solmsen Lectura nuestra 
601.9 sin alteración de or- coma tras 4Aaradvóv MAZON 
den. 601, 606 a 608, 602 a 605, 609 
WILAMOWITZ 
725-59 atetizados sin atetizar MAZON 
765-final  atetizados sin atetizar MAZON 
768 entre 769 y 770 sin alteración MAZON 


19 GAyea: BuuofBopelv Ayza BupofBopeiv: MAZON 


TRABAJOS Y DIAS 


Musas de la Pieria!* que con vuestros 

cantos prodigáis la gloria, venid aquí, 

Proemio invocad a Zeus y celebrad con himnos 

a vuestro padre. A él se debe que los 

mortales sean oscuros y célebres; y por 

voluntad del poderoso Zeus son famosos y desconoci- 
dos. Pues Zeus altitonante que habita encumbradas 


1 El hecho de que Hesfodo dirija aquí su invocación a las 
Musas de la Pieria (región tracia donde se encuentra el Olim- 
po) y no a las del Helicón (monte de Beocia), que le iniciaron 
en la poesía (Teog. 22-34 y Trab. 662), ha servido de argumento 
a ciertos comentaristas de la Antigiiedad para rechazar la auten- 
ticidad de este Proemio. 

Fue Praxífanes, peripatético discípulo de Teofrasto, quien a 
comienzos del siglo 111 a. C. visitó el Helicón y conoció un 
texto sobre plomo que los sacerdotes de las Musas mostraban 
al visitante como original de Hesíodo y en el cual faltaba el 
Proemio. Esta noticia fue transmitida luego por el alejandrino 
Aristarco para demostrar el carácter espurio de dichos versos y 
hay opiniones sobre que la experiencia similar que nos cuenta 
PAUSANIAS (1X 31) no es sino una apropiación de la vivida por 
Praxífanes que le habría llegado a través de Plutarco (Cf. P. 
MazonN, Hésiode..., pág. 81). 

La crítica moderna, rechazando el texto de los sacerdotes gra- 
bado en plomo (material muy apropiado para falsificaciones), 
acepta sin discusión la autenticidad del Proemio. P. MAZON 
(pág. 37) explica la falsificación de los sacerdotes como una re- 


10 


15 


122 OBRAS 


mansiones fácilmente confiere el poder, fácilmente hun- 
de al poderoso, fácilmente rebaja al ilustre y engran- 
dece al ignorado y fácilmente endereza al torcido y hu- 
milla al orgulloso. 

Préstame oídos tú que todo lo ves y escuchas; resta- 
blece las leyes divinas mediante tu justicia, que yo tra- 
taré de poner a Perses en aviso de la verdad. 

No era en realidad una sola la espe- 
cie de las Érides ?, sino que existen dos 


División , 
de las sobre la tierra. A una, todo aquel que 
Erides logre comprenderla la bendecirá; la 


otra, en cambio, sólo merece repro- 
ches. Son de índole distinta; pues ésta favorece la gue- 
rra funesta y las pendencias, la muy cruel. Ningún 


clamación para las Musas de su culto del poema que Hesíodo 
había dedicado a las del Olimpo. 

En cuanto a la falta de conexión temática entre estos versos 
y el resto del poema, argumentada por Crates en la Antigiiedad 
y en nuestra época por U. v. WILAMOWITZ, hay que atribuirla 
al carácter autónomo y formalizado de los proemios y exordios 
(cf. B. A. VAN GRONINGEN, La Composition..., pág. 68, y H. DILLER, 
«Die dichterische...», págs. 48-9). 

El Proemio que comentamos encaja perfectamente en los es- 
quemas más antiguos de la lengua culta. W. NicoLar lo describe 
como «contaminación de Homero y otros proemios antiguos de 
los Himnos homéricos». (Hesiods Erga..., pág. 14). En efecto, la 
invocación a las Musas y el canto de gloria en honor de Zeus, 
también se encuentran en la llíada, la Odisea y los Himnos a 
Hermes y a Afrodita. La presentación del programa tal como 
se hace en el v. 10 es similar a la de Himno homérico X1I 17-9, 
e incluso la oposición de personas tú/yo de vv. 9-10 se utiliza 
igualmente en H. Apolo 545 y H. Afrodita 292. 

2 Rectificación a Teog. 225, donde no se habla nada más que 
de la Eris mala. T. A. SINCLAIR niega que exista tal rectificación 
y explica el imperfecto é¿n como «fue y es todavía» basándose 
para ello en textos de la época clásica (Hesiod..., nota al verso). 
Sin embargo, en Homero el giro de que forma parte dicho im- 
perfecto tiene generalmente valor rectificativo por lo que hay 
que pensar en una alusión real a la Teogonta. Así lo aceptan casi 


TRABAJOS Y DÍAS 123 


mortal la quiere, sino que a la fuerza, por voluntad de 
los inmortales, veneran a la Eris amarga. 

A la otra la parió primera la Noche tenebrosa y la 
puso el Crónida de alto trono que habita en el éter, 
dentro de las raíces de la tierra? y es mucho más útil 
para los hombres: ella estimula al trabajo incluso al 
holgazán; pues todo el que ve rico a otro que se des- 
vive en arar o plantar y procurarse una buena casa, 
está ansioso por el trabajo. El vecino envidia al vecino 
que se apresura a la riqueza —buena es esta Eris para 
los mortales—, el alfarero tiene inquina del alfarero y 
el artesano del artesano, el pobre está celoso del pobre 
y el aedo del aedo. 

¡Oh Perses!, grábate tú esto en el corazón y que la 
Eris gustosa del mal no aparte tu voluntad del trabajo, 
preocupado por acechar los pleitos del ágora; pues 
poco le dura el interés por los litigios y las reuniones 
públicas a aquel en cuya casa se encuentra en abundan- 
cia el sazonado sustento, el grano de Deméter, que la 
tierra produce. Cuando te hayas provisto bien de él, en- 
tonces sí que puedes suscitar querellas y pleitos sobre 
haciendas ajenas. 

Pero ya no te será posible obrar así por segunda vez; 
al contrario, resolvamos nuestra querella de acuerdo 
con sentencias justas, que por venir de Zeus son las 
mejores. Pues ya repartimos nuestra herencia y tú te 
llevaste robado * mucho más de la cuenta, lisonjeando 


todos los críticos, como WILAMOWITZ, P. MaAzoN, F. SOLMSEN, 
W. J. VERDENIUS, M. L. WestT, H. DILLER y A. COLONNA. 

3 P. MAZON da un valor temporal a esta metáfora: «junto con 
la creación del mundo». El sentido ético, como base del progreso 
humano, es recogido por A. COLONNA. 

4 B. A. VAN GRONINGEN, apoyándose en este imperfecto al que 
da un valor de conato («intentabas llevarte»), piensa que el jui- 
cio entre Hesíodo y Perses no favoreció a éste: «Una formula- 
ción hipotáctica habría marcado la oposición y la corresponden- 
cia cronológica entre los dos: «Ya repartimos el patrimonio; no 


20 


25 


30 


35 


40 


124 OBRAS 


descaradamente a los reyes devoradores de regalos que 
se las componen a su gusto para administrar este tipo 
de justicia *. ¡Necios, no saben cuánto más valiosa es 
la mitad que el todo ni qué gran riqueza se esconde en 
la malva y el asfódelo! *. 


obstante, tú te esforzaste después, aunque en vano, por robarme 
lo que me correspondió» («Hésiode et Perses», pág. 156). 

Sin duda esta interpretación es sintácticamente indiscutible; 
pero el tono con que se refiere Hesíodo a los reyes y su justicia 
más bien inclina a pensar lo contrario. Si Perses continúa en su 
actitud de congraciarse a los reyes asistiendo a los pleitos del 
ágora para aplaudir sus decisiones es con la idea de un segundo 
pleito y no para conseguir lo que antes no consiguió. Por tanto, 
nos parece más adecuado ver en el imperfecto en cuestión un 
valor descriptivo cuyo objetivo esencial frente al aoristo es sub- 
rayar la idea que más afecta a Hesíodo y que echa en cara a 
su hermano: «Te llevaste más de la cuenta»; en cambio el ao- 
risto («ya repartimos») expresa el hecho de la división de la 
herencia sin ninguna connotación. 

3 Sobre el sentido del término díké en este pasaje, editores 
y comentaristas de los Trabajos no se ponen de acuerdo. 

De una parte, U. v. WILAMOWITZ, VAN GRONINGEN («Hésiod...», 
página 159) y W. NicoLarl (Hesiods Erga..., pág. 23) interpretan 
esta palabra como «proceso» para defender, salvo VAN GRo- 
NINGEN, la inminencia de un segundo litigio entre ambos her- 
manos. 

A esta tesis se opone la traducción de P. MaAzoN («justicia») 
que, según él, tiene un sentido irónico en este contexto. En la 
misma dirección apuntan los argumentos de W. J. VERDENIUS 
en «Aufbau...»: falta en Homero del valor concreto de «proceso» 
para esta palabra. En cuanto a Hesíodo, la ausencia de ese 
sentido ha sido demostrada con amplio comentario por H. 
MUNDING, Hesiods Erga..., págs. 12-38. Se añade además el poco 
interés de Hesíodo en otro proceso y la falta de medios con 
que cuenta Perses para atraerse la voluntad de los reyes (cf. T. 
A. SINCLAIR, Hesiod..., nota). 

$ La malva y el asfódelo eran conocidos en la Antigiiedad por 
su poder nutritivo (ARISTÓFANES, Pluto 544, PLinI0, 22,67). Así, 
los escoliastas refieren que Epiménides pasaba el día entero 
sin comer ni beber, sólo con un poco de malva y asfódelo. 
Amplia documentación puede verse en los artículos de STEIER 
(Real Encicl., XIV, 1930) y WaAGLER (Real Encicl., 11, 1896). 


TRABAJOS Y DÍAS 125 


Y es que oculto tienen los dioses el 

dico sustento a los hombres; pues de otro 

de Prometeo Modo fácilmente trabajarías un solo 

y Pandora día y tendrías para un año sin ocuparte 

en nada. Al punto podrías colocar el ti- 

món sobre el humo del hogar y cesarían las faenas de 
los bueyes y de los sufridos mulos. 

Pero Zeus lo escondió irritado en su corazón por las 
burlas de que le hizo objeto el astuto Prometeo; por ello 
entonces urdió lamentables inquietudes para los hom- 
bres y ocultó el fuego. Mas he aquí que el buen hijo 
de Jápeto lo robó al providente Zeus para bien de los 
hombres en el hueco de una cañaheja? a escondidas de 
Zeus que se goza con el rayo. Y lleno de cólera díjole 
Zeus amontonador de nubes: 

«¡Japetónida conocedor de los designios sobre todas 
las cosas! Te alegras de que me has robado el fuego y 
has conseguido engañar mi inteligencia, enorme desgra- 
cia para ti en particular y para los hombres futuros. 
Yo a cambio del fuego les daré un mal con el que todos 
se alegren de corazón acariciando con cariño su propia 
desgracia.» 

Así dijo y rompió en carcajadas el padre de hombres 
y dioses; ordenó al muy ilustre Hefesto mezclar cuan- 
to antes tierra con agua, infundirle voz y vida humana 
y hacer una linda y encantadora figura de doncella se- 
mejante en rostro a las diosas inmortales. Luego en- 
cargó a Atenea que le enseñara sus labores, a tejer la 
tela de finos encajes. A la dorada Afrodita le mandó ro- 
dear su cabeza de gracia, irresistible sensualidad y hala- 


? La cañaheja o ferula communis es una planta umbelífera 
cuyo tallo tiene una médula blanca y seca en la que el fuego 
arde lentamente sin apagarse. Es hueca en este sentido (cf. PLiI- 
NIO, Nf. Hist. 13, 136) y, según Hesiquio, se utilizaba para tras- 
ladar fuego de un lugar a otro (cf. M. L. Wesr, Theogony, 
nota a v. 567). 


SO 


35 


60 


65 


70 


73 


80 


85 


126 OBRAS 


gos cautivadores; y a Hermes, el mensajero Argifonte, 
le encargó dotarle de una mente cínica y un carácter 
voluble. 

Dio estas órdenes y aquéllos obedecieron al soberano 
Zeus Cronida. [Inmediatamente modeló de tierra el ilus- 
tre Patizambo una imagen con apariencia de casta don- 
cella por voluntad del Crónida. La diosa Atenea de ojos 
glaucos le dio ceñidor y la engalanó. Las divinas Gracias 
y la augusta Persuasión colocaron en su cuello dorados 
collares y las Horas de hermosos cabellos la coronaron 
con flores de primavera. Palas Atenea ajustó a su cuer- 
po todo tipo de aderezos]; y el mensajero Argifonte 
configuró en su pecho mentiras, palabras seductoras y 
un carácter voluble por voluntad de Zeus gravisonante. 
Le infundió habla el heraldo de los dioses y puso a esta 
mujer el nombre de Pandora? porque todos los que 
poseen las mansiones olímpicas le concedieron un re- 
galo, perdición para los hombres que se alimentan de 
pan. 

Luego que remató su espinoso e irresistible engaño, 
el Padre despachó hacia Epimeteo al ilustre Argifonte 
con el regalo de los dioses, rápido mensajero. Y no se 
cuidó Epimeteo de que le había advertido Prometeo no 
aceptar jamás un regalo de manos de Zeus Olímpico, 
sino devolverlo acto seguido para que nunca sobrevinie- 


$ P. MAzoN, seguido por W. J. VERDENIUS («Aufbau...», pá- 
gina 124), interpreta el nombre de Pandora como «el presente 
de todos». Sin embargo, Hesíodo no nos da a entender esto, 
sino que la explicación del mito nos presenta a Zeus como único 
responsable del regalo (v. 58). 

A. COLONNA identifica los regalos de los dioses con los males 
encerrados en la jarra de que la mujer es portadora (v. 94), 
pero más bien creemos que esos regalos a que se refiere el 
nombre son los diversos dones que le concedieron los dioses en 
su nacimiento y que, por el atractivo que dan a la mujer, se 
convierten en motivo de perdición para los hombres. En este 
sentido lo entiende P. WaLcor. 


TRABAJOS Y DÍAS 127 


ra una desgracia a los mortales. Luego cayó en la cuenta 
el que lo aceptó, cuando ya era desgraciado. 

En efecto, antes vivían sobre la tierra las tribus de 
hombres libres de males y exentas de la dura fatiga y 
las enfermedades que acarrean la muerte a los hom- 
bres [...]?. Pero aquella mujer, al quitar con sus ma- 
nos la enorme tapa de una jarra los dejó diseminarse y 
procuró a los hombres lamentables inquietudes *, 

Sólo permaneció allí dentro la Espera *!, aprisionada 
entre infrangibles muros bajo los bordes de la jarra, 


9 Verso 93: [pues al punto en la miseria los hombres empie- 
zan a envejecer]. 

1% El mito de Pandora tiene precedentes orientales. Su mode- 
lación de barro recuerda la creación del hombre (aunque no 
de la mujer) en el Génesis y en una versión del Poema de Gil- 
gamés. También Eva, como Pandora, es el origen de los males 
humanos. Pero la historia que más elementos comunes presenta 
con la de Hesíodo es el mito de Anubis y Bata conocido a través 
de un texto egipcio de hacia 1225 a. C. (P. WaLcor, Hesiod and 
the..., págs. 78-9). En esta historia tenemos igualmente dos her- 
manos, Anubis y Bata, de los que el primero está casado. Su 
esposa acusa a Bata de intentar seducirla y Bata debe huir al 
Valle de Cedar donde vive solo. El dios Ra se compadece por 
su inocencia y decide crearle una compañera. Da órdenes a 
Khnum (¿el Hefesto de Hesíodo?) «y Khnum le hizo una com- 
pañera cuyos miembros eran más hermosos que los de todas 
las mujeres de la tierra y que contenía con ella todos los bie- 
nes». Igual que en Hesíodo nos encontramos con dos hermanos, 
intervención divina y una mujer muy hermosa. La continuación 
de la historia nos muestra cómo esta mujer acarrearía el mal a 
Bata aunque al final triunfa éste. 

11 El sentido de la Esperanza aprisionada en la jarra ha sido 
objeto de diversas interpretaciones que resumió W. J. VERDENIUS 
en un artículo reciente: «A hopeless line in Hesiod: Works and 
Days 9%», Mnemosyne IV 25 (1972), págs. 225-31. Siguiendo el 
orden de VERDENIUS, podemos establecer cuatro grandes grupos 
de teorías: 

La esperanza es un bien que se conserva para el hombre. 
Tesis mantenida fundamentalmente por PALEY, WILAMOWITZ y 
MAzoN (para citas remitimos al artículo de VERDENIUS). El argu- 
mento principal en contra es que si se trata de un bien no 


95 


128 OBRAS 


y no pudo volar hacia la puerta; pues antes cayó la tapa 
de la jarra [por voluntad de Zeus portador de la égida 
y amontonador de nubes]. 


tiene razón de ser su presencia en la jarra donde sólo hay 
males. Se ha dicho que va con los males porque es compañera 
de la miseria, pero en contra de esto, dice Verdenius, la espe- 
ranza es compañera no sólo de la miseria, sino también de la 
felicidad; en una palabra, del hombre en general. Se ha suge- 
rido también que en la jarra había bienes y males, pero el texto 
no permite tal suposición. Algunos autores intentan ver en este 
episodio un entrecruce de dos historias diferentes. Así LkEskyY 
se expresa en estos términos: «Naturalmente, la esperanza es 
un bien para los seres humanos sufrientes y pertenece a un 
relato en el que, a la manera del de Aquiles en la Ilíada 
(v. 24,527), se nos habla de dos toneladas que se encuentran en 
la casa de Zeus y que contienen separadamente lo bueno y lo 
malo. Las dos representaciones (el mantener encerrados los bie- 
nes significa su conservación; el abrir el tonel que contiene los 
males, en cambio, significa su dispersión) se han entrecruzado 
en la historia de Pandora relatada por Hesíodo y de este modo 
han dado origen a confusiones» (A. LeskY, Geschichte der Grie- 
chischen Literatur = Historia de la Literatura griega [trad. J. M.* 
Díaz REGAÑÓN y BEATRIZ ROMERO], Madrid, 1968, pág. 125). El 
problema es que la entrega por parte de los dioses de una jarra 
con bienes a los hombres no nos es conocida hasta después de 
Hesíodo. 

La esperanza es un mal que se conserva para el hombre. 
Esta hipótesis, de S. M. Abams, R. B. ONIANS y O. LENDLE, es 
absurda: Si cerrar la jarra supone conservar los males, no se 
entiende cómo, según Hesíodo, los males se extienden entre los 
hombres precisamente al abrirla. 

La esperanza es un bien negado al hombre (T. A. SINCLAIR). 
El problema es parecido al del primer grupo. ¿Cómo pone Zeus 
un bien junto a los males? 

La esperanza es un mal negado al hombre (GOETTLING y Burt- 
CHER). Si así fuese, la historia que precisamente pretende expli- 
car el origen de los muchos males de la tierra, no de los bienes, 
resultaría ridícula. 

Particularmente, nos parece muy ingeniosa y sugestiva la nue- 
va explicación de W. J. VERDENIUS, quien parte de que no sig- 
nifica «esperanza» en sentido moral, sino «espera». De esta forma 
la historia resulta totalmente lógica: Al decir Hesíodo que la 


TRABAJOS Y DÍAS 129 


Mil diversas amarguras deambulan entre los hom- 
bres: repleta de males está la tierra y repleto el mar. 
Las enfermedades ya de día ya de noche van y vienen a 
su capricho entre los hombres acarreando penas a los 
mortales en silencio, puesto que el providente Zeus les 
negó el habla. Y así no es posible en ninguna parte es- 
capar a la voluntad de Zeus "”. 


A 


«espera» queda dentro de la jarra quiere decir que los hombres 
recibirían los males sin advertirlo, «sin esperárselos», lo que es 
precisamente una de las cualidades de las desgracias a que se 
refiere Hesíodo. 

12 La versión del Mito de Prometeo en Trabajos y Días tiene 
por objetivo explicar por qué tenemos que trabajar a pesar de 
regir el Universo un dios justo y benévolo como Zeus, y sirve 
de introducción a otra historia, el mito de las Edades, que ilus- 
tra el tema de la injusticia y sus consecuencias en la evolución 
de la Humanidad. Estos dos temas, trabajo y maldad radicados 
en la naturaleza misma del hombre, son los que nos explican 
las variantes respecto a la Teogonía: 

En Teog. Hesíodo dice que Zeus «no dio el fuego» (561-4) 
porque, al ser su objetivo central la figura de Prometeo, debía 
tratar el mito de la separación entre hombres y dioses en que 
aquél comete su primer pecado. Según este mito, los hombres 
adquieren su nueva naturaleza precisamente con el sacrificio de 
Mecona y por tanto no tenían aún el fuego, ya que no lo nece- 
sitaban. En Trab. en cambio se dice que lo «ocultó» (47) por- 
que el poeta tiene en su pensamiento otro mito diferente sobre 
la Humanidad, el que desarrolla más adelante. Para explicar la 
evolución del hombre desde una raza completamente feliz (sin 
trabajo ni males) tiene que sugerir la existencia al principio del 
fuego (= «alimento») entre los hombres y su desaparición pos- 
terior. 

La insistencia en el papel de Epimeteo (84-9) frente a la Teo- 
gonía se justifica también por la temática de esta obra. De una 
parte, Hesíodo quiere subrayar que el mal de los hombres radica 
en su insensatez (la torpeza humana representada por Epime- 
teo), no en la injusticia divina. De otra parte, resalta la nece- 
sidad de que Perses escuche sus consejos para que no le ocurra 
lo que a Epimeteo (el hermano necio) por desoír los de Prome- 
teo (el prudente). 


OBRAS Y FRAGMENTOS, 9 


100 


105 


130 OBRAS 


Ahora si quieres te contaré breve- 
Mito mente otro relato, aunque sabiendo 
de las edades bien —y tú grábatelo en el corazón— 
cómo los dioses y los hombres morta- 

les tuvieron un mismo origen *. 
Al principio los Inmortales que habitan mansiones 
olímpicas crearon una dorada estirpe de hombres mor- 
110 tales. Existieron aquellos en tiempos de Cronos, cuando 
reinaba en el cielo; vivían como dioses, con el corazón 
libre de preocupaciones, sin fatiga ni miseria; y no se 
cernía sobre ellos la vejez despreciable, sino que, siem- 
115 pre con igual vitalidad en piernas y brazos, se recrea- 
ban con fiestas ajenos a todo tipo de males. Morían 
como sumidos en un sueño; poseían toda clase de ale- 
grías, y el campo fértil producía espontáneamente 
abundantes y excelentes frutos. Ellos contentos y tran- 
120 quilos alternaban sus faenas con numerosos deleites. 


IS” Aceptamos la corrección de A. G. CaALvo («Frutos de la 
lectura de Trabajos y Días», Emerita 23 (1955), pág. 219). La ver- 
sión tradicional, «Ahora si quieres te contaré brevemente otro 
relato con arte y con gracia; y tú grábate en tu corazón cómo 
los dioses y hombres mortales tuvieron un mismo origen» ha 
suscitado dudas sobre la autenticidad del último verso. En efec- 
to, el relato siguiente (109-201) no menciona para nada el origen 
y separación de dioses y hombres, sino que describe las razas 
humanas creadas por Zeus. 

P. MAZON y SOLMSEN, siguiendo a LEHRS, consideran el v. 108 
una interpolación y resuelven así el problema. WILAMOWITZ en 
cambio lo conserva y señala que la intención del poeta es man- 
tener el orden tradicional de la historia, por lo que menciona al 
comienzo el origen común de hombres y dioses. Esta hipótesis 
cuenta entre sus seguidores a SINCLAIR, COLONNA, VERDENIUS, 
DILER y NICOLAI que cita como explicación las palabras de T. G. 
ROSENMEYER: «Un escritor moderno habría dicho: Partiendo de 
que los dioses y mortales tienen un mismo origen, el génos de 
oro fue el primero» (W. NicoLar, Hesiods Erga..., pág. 36). La 
pequeña corrección de A. G. CaLvo tiene la virtud de ratificar 
en el texto esa teoría. 


TRABAJOS Y DÍAS 131 


Eran ricos en rebaños y entrañables a los dioses bien- 
aventurados. 

Y ya luego, desde que la tierra sepultó esta raza, 
aquéllos son por voluntad de Zeus démones '* benignos, 
terrenales, protectores de los mortales [que vigilan las 
sentencias y malas acciones yendo y viniendo envueltos 
en niebla, por todos los rincones de la tierra] y dispen- 
sadores de riqueza; pues también obtuvieron esta pre- 
rrogativa real. 

En su lugar una segunda estirpe mucho peor, de pla- 
ta, crearon después los que habitan las mansiones olím- 
picas, no comparable a la de oro ni en aspecto ni en 
inteligencia. Durante cien años el niño se criaba junto a 
su solícita madre pasando la flor de la vida, muy infan- 
til, en su casa; y cuando ya se hacía hombre y alcan- 
zaba la edad de la juventud, vivían poco tiempo llenos 
de sufrimientos a causa de su ignorancia; pues no po- 
dían apartar de entre ellos una violencia desorbitada ni 
querían dar culto a los Inmortales ni hacer sacrificios 
en los sagrados altares de los Bienaventurados, como es 
norma para los hombres por tradición. A éstos más 
tarde los hundió Zeus Crónida irritado porque no da- 
ban las honras debidas a los dioses bienaventurados 
que habitan el Olimpo. 

Y ya luego, desde que la tierra sepultó también a 
esta estirpe, estos genios subterráneos se llaman mor- 
tales bienaventurados, de rango inferior, pero que no 
obstante también gozan de cierta consideración. 

Otra tercera estirpe de hombres de voz articulada 
creó Zeus padre, de bronce, en nada semejante a la de 
plata, nacida de los fresnos, terrible y vigorosa. Sólo 
les interesaban las luctuosas obras de Ares y los actos 


“ En Homero la palabra daímón se aplica a los dioses en 
cuanto poder indefinido. Hesíodo es el primero en referirla a 
divinidades menores. 


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1734 
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132 OBRAS 


de soberbia; no comían pan y en cambio tenían un ague- 
rrido corazón de metal. [Eran terribles; una gran fuer- 
za y unas manos invencibles nacían de sus hombros 
sobre robustos miembros.] De bronce eran sus armas, 
de bronce sus casas y con bronce trabajaban; no existía 
el negro hierro. También éstos, víctimas de sus propias 
manos, marcharon a la vasta mansión del cruento Ha- 
des, en el anonimato. Se apoderó de ellos la negra 
muerte aunque eran tremendos, y dejaron la brillante 
luz del sol. 

Y ya luego, desde que la tierra sepultó también esta 
estirpe, en su lugar todavía creó Zeus Crónida sobre 
el suelo fecundo otra cuarta más justa y virtuosa, la 
estirpe divina de los héroes que se llaman semidioses, 
raza que nos precedió sobre la tierra sin límites. 

A unos la guerra funesta y el temible combate los ani- 
quiló bien al pie de Tebas la de siete puertas, en el 
país cadmeo, peleando por los rebaños de Edipo, o bien 
después de conducirles a Troya en sus naves, sobre el 
inmenso abismo del mar, a causa de Helena de hermo- 
sos cabellos. [Allí, por tanto, la muerte se apoderó de 
unos.] 

A los otros el padre Zeus Crónida determinó conce- 

derles vida y residencia lejos de los hombres, hacia los 
confines de la tierra. Éstos viven con un corazón exento 
de dolores en las Islas de los Afortunados, junto al 
Océano de profundas corrientes, héroes felices a los que 
el campo fértil les produce frutos que germinan tres 
veces al año, dulces como la miel, [lejos de los Inmorta- 
les; entre ellos reina Cronos. 
Pues el propio > padre de < hombres > y < dioses 
le libró, y ahora siempre > entre ellos goza de res- 
peto como < benigno. Zeus a su vez > otra estirpe 
creó < de hombres de voz articulada, los que ahora > 
existen sobre < la tierra fecunda.] 


TRABAJOS Y DÍAS 133 


Y luego, ya no hubiera querido estar yo entre Jos 
hombres de la quinta generación sino haber muerto 
antes O haber nacido después; pues ahora existe una 
estirpe de hierro. Nunca durante el día se verán libres 
de fatigas y miserias ni dejarán de consumirse durante 
la noche, y los dioses les procurarán ásperas inquietu- 
des; pero no obstante, también se mezclarán alegrías 
con sus males. 

Zeus destruirá igualmente esta estirpe de hombres 
de voz articulada, cuando al nacer sean de blancas 
sienes 5. El padre no se parecerá a los hijos ni los hijos 
al padre; el anfitrión no apreciará a su huésped ni el 
amigo a su amigo y no se querrá al hermano como an- 
tes. Despreciarán a sus padres apenas se hagan viejos 
y les insultarán con duras palabras, cruelmente, sin 
advertir la vigilancia de los dioses —no podrían dar el 
sustento debido a sus padres ancianos aquellos [cuya 
justicia es la violencia—, y unos saquearán las ciudades 
de los otros]. Ningún reconocimiento habrá para el que 
cumpla su palabra ni para el justo ni el honrado, sino 
que tendrán en más consideración al malhechor y al 
hombre violento. La justicia estará en la fuerza de las 
manos y no existirá pudor; el malvado tratará de perju- 
dicar al varón más virtuoso con retorcidos discursos y 
además se valdrá del juramento. La envidia murmura- 
dora, gustosa del mal y repugnante, acompañará a todos 
los hombres miserables. 


1i5 Es ridículo poner este pasaje, como hacen algunos autores, 
en relación con DiobDoORO SícuLo, 5.32, que recoge una noticia 
sobre el color claro del cabello en los niños celtas, y decir que 
Hesíodo tendría vagas noticias sobre estos bárbaros. El poeta 
lo único que pretende es subrayar el futuro sombrío de esta 
segunda parte de la Edad de Hierro: cuando la vejez se apo- 
derará del hombre en el momento mismo de nacer. Muy opor- 
tuna es la observación de WILAMOWITZ sobre el contraste con 
la Edad de Bronce en que los hombres eran niños durante toda 
la vida. 


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134 OBRAS 


Es entonces cuando Aidos y Némesis, cubierto su 
cuerpo con blancos mantos, irán desde la tierra de an- 
chos caminos hasta el Olimpo para vivir entre la tribu 
de los Inmortales, abandonando a los hombres; a los 
hombres mortales sólo les quedarán amargos sufrimien- 
tos y ya no existirá remedio para el mal *, 


16 Paralelos a este mito encontramos en la cultura india y 
persa (cf. T. A. SINCLAIR, Hesiod..., nota), pero en ellas sólo se 
citan tres o cuatro edades que, de otra parte, se suceden en un 
proceso de degradación continua. En cambio en Hesíodo la in- 
clusión de la Edad de los héroes entre la de Bronce y la de 
Hierro implica una alteración de ese proceso. De aquí los in- 
tentos por buscar la originalidad de Hesíodo en el tratamiento 
de este mito. 

Para WILAMOWITZ y REITZENSTEIN, Hesíodo lo que hace es adap- 
tar uno de esos cuentos orientales mientras que la innovación 
de la cuarta edad sería un intento por encuadrar dentro de esa 
sucesión el prestigioso mundo de los héroes homéricos. Otros 
autores como FRIEDLÁNDER, NILSSON y MAZON, se apoyan en 
cambio en esa edad heroica para negar la existencia de una 
versión prehesiódica, mientras que E. MEYER sólo admite como 
anterior la Edad de Oro considerando el resto invención del 
poeta. (Para citas y la crítica de esta última teoría, cf. F. SoLM- 
SEN, Hesiod and Aeschylus, Ithaca, 1949, pág. 83, n. 28). 

La explicación más interesante que se ha dado al respecto es 
la de P. VERNANT, desarrollada en varios artículos y recogida 
últimamente en su libro Mito... Busca VERNANT la originalidad 
de Hesíodo en la disposición simétrica de las edades y en la 
enseñanza que se desprende de semejante disposición. Para él, 
la Edad de Oro forma par con la de plata, a la que se opone 
por una mayor «díké» frente a cierto grado de «hybris» (am- 
bas en un plano jurídico-teológico). A su vez, la Edad de Bronce 
se caracteriza por su mayor «hybris» frente a la mayor «díké» 
de la de los héroes, pero aquí el tipo de «hybris» y de «díké» 
es diferente al de las edades anteriores (son entendidas en un 
plano guerrero). Por último, la Edad de Hierro sería la culmi- 
nación y fin de ese ciclo y se divide en dos etapas: 

1) La época de Hesíodo: los males se mezclan con los bienes 
y todavía es posible remediar el mal, la injusticia. 

2) Etapa futura y sombría en la que triunfará la «hybris», 
la vejez y las calamidades. 


TRABAJOS Y DÍAS 135 


Ahora contaré una fábula a los re- 
yes, aunque sean sabios. 
Fábula ; E 
del halcón Así habló un halcón a un ruiseñor de 
y el ruiseñor variopinto cuello mientras le llevaba 
muy alto, entre las nubes, atrapado 
con sus garras. Éste gemía lastimosamente, ensartado 
entre las corvas uñas y aquél en tono de superioridad 
le dirigió estas palabras. 

«¡Infeliz! ¿Por qué chillas? Ahora te tiene en su poder 
uno mucho más poderoso. Irás a donde yo te lleve por 
muy cantor que seas y me servirás de comida si quiero 
o te dejaré libre. ¡Loco es el que quiere ponerse a la 
altura de los más fuertes! Se ve privado de la victoria 
y además de sufrir vejaciones, es maltratado.» 

Así dijo el halcón de rápido vuelo, ave de amplias 
alas. 

¡Oh Perses! Atiende tú a la justicia y no alimentes 
soberbia; pues mala es la soberbia para un hombre de 
baja condición y ni siquiera puede el noble sobrellevar- 
la con facilidad cuando cae en la ruina, sino que se ve 
abrumado por ella. Preferible el camino que, en otra 
dirección, conduce hacia el recto proceder; la justicia 
termina prevaleciendo sobre la violencia, y el necio 
aprende con el sufrimiento. Pues al instante corre el Ju- 
ramento tras de los veredictos torcidos; cuando la Dike 
es violada, se oye un murmullo allí donde la distribuyen 
los hombres devoradores de regalos e interpretan las 
normas con veredictos torcidos. Aquélla va detrás que- 
jándose de la ciudad y de las costumbres de sus gentes, 


Pero es más, al tratar de explicarse las palabras de Hesíodo, 
«y luego, ya no hubiera querido estar yo entre los hombres de 
la quinta generación, sino haber muerto antes o haber nacido 
después» (v. 175), VERNANT ve abierta la posibilidad de que He- 
síodo crea en la sucesión de un segundo ciclo, al terminar el 
primero en que él vive, fundando su hipótesis en la visión cí- 
clica del hombre arcaico. 


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136 OBRAS 


envuelta en niebla, y causando mal a los hombres que 
la rechazan y no la distribuyen con equidad. 

Para aquellos que dan veredictos justos a forasteros 
y ciudadanos y no quebrantan en absoluto la justicia, 
su Ciudad se hace floreciente y la gente prospera dentro 
de ella; la paz nutridora de la juventud reside en su 
país y nunca decreta contra ellos la guerra espantosa 
Zeus de amplia mirada. Jamás el hambre ni la ruina 
acompañan a los hombres de recto proceder, sino que 
alternan con fiestas el cuidado del campo. La tierra les 
produce abundante sustento y, en las montañas, la enci- 
na está cargada de bellotas en sus ramas altas y de abe- 
jas en las de enmedio ". Las ovejas de tupido vellón se 
doblan bajo el peso de la lana. Las mujeres dan a luz 
niños semejantes a sus padres y disfrutan sin cesar de 
bienes. No tienen que viajar en naves y el fértil campo 
les produce frutos. 

A quienes en cambio sólo les preocupa la violencia 
nefasta y las malas acciones, contra ellos el Crónida 
Zeus de amplia mirada decreta su justicia. Muchas ve- 
ces hasta toda una ciudad carga con la culpa de un 
malvado *% cada vez que comete delitos o proyecta bar- 


17 Antes de sembrar los campos, los hombres vivían de la 
caza y los frutos silvestres. ViIRGILIO (Geórg. 1 7 y 147-9) canta 
cómo Ceres enseñó la agricultura a los hombres cuando ya las 
bellotas de los bosques eran insuficientes para alimentarlos. En 
época clásica todavía vivían así los arcadios según se deduce 
de un oráculo pítico (HERÓDOTO, 1 66) (cf. T. A. SINCLAIR, nota). 

1£ Los escoliastas citan como ejemplos de castigos que afec- 
tan a la comunidad por culpa de uno solo, la peste de Tebas 
por los delitos involuntarios de Edipo y la epidemia de Apolo 
sobre los aqueos por culpa de Agamenón. En esta misma creen- 
cia tienen su origen ciertos ritos de la Grecia antigua por los 
que una ciudad busca su purificación arrojando todas las faltas 
de la comunidad sobre determinados individuos, los fármacos, 
a los que en ocasiones se da muerte. llustran esta costumbre 
en Jonia los fragmentos 6 y ss. de HIPONACTE (DIEHL) y la do- 


TRABAJOS Y DÍAS 137 


baridades. Sobre ellos desde el cielo hace caer el Cro- 
nión una terrible calamidad, el hambre y la peste jun- 
tas, y sus gentes se van consumiendo. [Las mujeres no 
dan a luz y las familias menguan por determinación 
de Zeus Olímpico; o bien otras veces] el Crónida les 
aniquila un vasto ejército, destruye sus murallas o en 
medio del ponto hace caer el castigo sobre sus naves. 

¡Oh reyes! Tened en cuenta también vosotros esta 
justicia; pues de cerca metidos entre los hombres, los 
Inmortales vigilan a cuantos con torcidos dictámenes 
se devoran entre sí, sin cuidarse de la venganza divina. 

Treinta mil son los Inmortales puestos por Zeus 
sobre la tierra fecunda como guardianes de los hombres 
mortales; éstos vigilan las sentencias y las malas accio- 
nes, yendo y viniendo, envueltos en niebla, por todos 
los rincones de la tierra. 

Y he aquí que existe una virgen, Dike *”, hija de Zeus, 
digna y respetable para los dioses que habitan el Olim- 
po; y siempre que alguien la ultraja injuriándola arbi- 
trariamente, sentándose al punto junto a su padre Zeus 
Cronión, proclama a voces el propósito de los hombres 
injustos para que el pueblo castigue la loca presunción 
de los reyes que, tramando mezquindades, desvían en 
mal sentido sus veredictos con retorcidos parlamentos. 
Teniendo presente esto, ¡reyes!, enderezad vuestros dis- 
cursos, ¡devoradores de regalos!, y olvidaros de una vez 
por todas de torcidos dictámenes. El hombre que trama 


cumentación recogida en el libro de V. GEBHARD, Die Pharma- 
koi in Tonien, Munich, 1926. 

12 En Teog. 902, Dike ya es considerada como diosa (hija de 
Zeus y Temis). Ahora con el reconocimiento y respeto de los 
dioses hacia ella, así entronizada en el Olimpo junto a su padre, 
Hesíodo inicia, como señala F. SoLMSEN (Hesiod and Aeschy- 
lus, n. 61 y 64), una reforma de la moralidad divina cuyas 
etapas estarán marcadas por Esquilo, Eurípides, Platón y los 
Estoicos. 


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138 OBRAS 


males para otro, trama su propio mal; y un plan mal. 
vado perjudica más al que lo proyectó. 

El ojo de Zeus que todo lo ve y todo lo entiende, 
puede también, si quiere, fijarse ahora en esto, sin que 
se le oculte qué tipo de justicia es la que la ciudad en- 
cierra entre sus muros. Pero ahora ni yo mismo deseo 
ser justo entre los hombres ni tampoco que lo sea mi 
hijo; pues cosa mala ser un hombre justo, si mayor 
justicia va a obtener uno más injusto. Mas espero que 
nunca el providente Zeus deje como definitiva esta si- 
tuación. 

¡Oh Perses! Grábate tú esto en el corazón; escucha 
ahora la voz de la justicia y olvídate por completo de 
violencia. Pues esta ley impuso a los hombres el Cro- 
nión: a los peces, fieras y aves voladoras, comerse los 
unos a los otros, ya que no existe justicia entre ellos; 
a los hombres, en cambio, les dio la justicia que es mu- 
cho mejor. Y así, si alguien quiere proclamar lo justo 
a conciencia, a él le concede prosperidad Zeus de am- 
plia mirada; mas el que con sus testimonios perjura 
voluntariamente y con ultraje de la justicia causa al- 
gún daño irreparable, de éste queda luego una estirpe 
cada vez más oscura, en tanto que se hace mejor la 
descendencia del varón de recto juramento ?, 


2 El mito de las Edades ha llevado a Hesiodo a una conside- 
ración pesimista del futuro inmediato de su época que tiende 
peligrosamente a convertirse en el reino de la «hybris». Con 
la fábula del halcón y el ruiseñor, el poeta ofrece una serie de 
recomendaciones que tratan de evitar ese oscuro porvenir. Todo 
el contenido de los versos 213-85 debe entenderse a nuestro juicio 
como una explicación de los versos 202-11 que de otro modo no 
tendrían sentido. No estamos de acuerdo con VAN GRONINGEN 
cuando dice: «Les cuenta una fábula sin añadir el menor co- 
mentario. Los reyes serán bastante perspicaces (phronéousi kai 
autois) para entender el sentido» («Hésiode et Persés», pág. 160). 
Las palabras de Hesíodo referidas a los reyes deben traducirse 
por concesivas («aunque sean sabios») y con ello el poeta quie- 


TRABAJOS Y DÍAS 139 


Yo qué sé lo que te conviene, gran 
' necio Perses, te lo diré: de la maldad 

Proemio ; Ñ 
sobre puedes coger fácilmente cuanto quie- 
el trabajo ras; llano es su camino y vive muy 
cerca. De la virtud, en cambio, el sudor 
pusieron delante los dioses inmortales; largo y empina- 
do es el sendero hacia ella y áspero al comienzo; pero 


IRE 
re decir que, a pesar de su sabiduría como tales reyes, su ac- 
tuación le obliga a hacerles las recomendaciones que derivan 
de la fábula. 

Que de otro modo la fábula no tendría sentido es evidente. 
Esta lo que enseña, vista aisladamente, es que el poderoso (el 
halcón) puede comerse tranquilamente al débil (el ruiseñor). En 
la fábula babilonia sobre la serpiente y el águila (analizada por 
R. J. WILLIAMS, «The Literary History of a Mesopotamian Fa- 
ble», Phoenix 10 (1956), 70-72), ésta, que se come a los hijos de 
aquélla transgrediendo el juramento de amistad hecho ante el 
dios Shamash, recibe un castigo. También es castigada por Zeus 
el águila en ArquíLoco (Epodo 1) por haber traicionado la amis- 
tad de la zorra. En cambio en Hesíodo no hay castigo alguno 
para el halcón y la enseñanza a deducir por los reyes sería que 
mientras sean poderosos pueden hacer lo que quieran, lo cual 
contradice evidentemente el pensamiento de Hesíodo. Hemos de 
pensar, por tanto, que los versos siguientes son una explicación 
de la fábula. Pero esta explicación tiene dos destinatarios aun- 
que en principio la fábula se dirija sólo a los reyes: Perses y 
aquéllos. Y que se dirija a Perses no es extraño en cuanto que 
las palabras finales de la fábula son una descripción de la si- 
tuación real de su hermano. 

Pues bien, el consejo que se da a Perses es que deponga su 
actitud insolente, puesto que es débil y «ni siquiera puede el 
noble, cuando cae en la ruina, sobrellevarla con facilidad, sino 
que se ve abrumado por ella» (v. 215-17). 

A los reyes en cambio les advierte que tengan en cuenta la 
justicia, pero una justicia que no es la agonal (la del halcón: 
el fuerte puede hacer lo que quiera con el débil), sino una nueva 
justicia ratificada por Zeus que hace prosperar a quienes la aca- 
tan y destruye a los injustos (21947). Es precisamente esa jus- 
ticia la que Hesíodo pide para su ciudad y que opone el mundo 
de los animales (la fábula) al de los hombres: «Pues esta ley 
impuso a los hombres el Cronión: A los peces, fieras y aves 


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cuando se llega a la cima, entonces resulta fácil por 
duro que sea ?!, 

Es el mejor hombre en todos los sentidos el que por 
sí mismo se da cuenta, [tras meditar, de lo que luego 
y al final será mejor para él]. A su vez es bueno tam- 
bién aquel que hace caso a quien bien le aconseja; 
pero el que ni por sí mismo se da cuenta ni oyendo a 
otro lo graba en su corazón, éste en cambio es un hom- 
bre inútil. 

Ahora bien, tú recuerda siempre nuestro encargo y 
trabaja, Perses, estirpe de dioses, para que te aborrez- 
ca el Hambre y te quiera la venerable Deméter de her- 
mosa corona y llene de alimento tu cabaña; pues el ham- 
bre siempre acompaña al holgazán. Los dioses y los 
hombres se indignan contra el que vive sin hacer nada, 
semejante en carácter a los zánganos sin aguijón, que 
consumen el esfuerzo de las abejas comiendo sin tra- 
bajar. Pero tú preocúpate por disponer las faenas a su 


voladoras, comerse los unos a los otros, ya que no existe jus- 
ticia entre ellos; a los hombres, en cambio, les dio la justicia 
que es mucho mejor». 

Y justamente aquí encontramos la clave de por qué Hesíodo 
no acaba su fábula como la de Arquíloco o las orientales. El 
halcón y el ruiseñor son animales —no hombres— y difícilmente 
podría haber hecho esta afirmación final si el halcón de la fá- 
bula hubiera sufrido el castigo que le habría caído de represen- 
tar completamente a los reyes sin consideración de su natura- 
leza animal. 

21 Este pensamiento es una de las grandes aportaciones de 
Hesíodo a la poesía filosófica de Parménides y Empédocles y 
a la prosa de Heráclito (cf. H. DILLER, «Hesiod und die An- 
fángen der griechischen Philosophie», Antike und Abendland 1 
(1946), 140-51) y sin duda lo tiene en cuenta Simónides cuando 
dice: «Hay un cuento: que la Virtud habita un peñasco escar- 
pado donde un coro de ninfas ágiles la sirve. En cuanto a los 
mortales, no pueden todos verla y sólo el que de dentro echa 
un sudor que le devora el alma y llega de su coraje hasta la 
cumbre» (fr. 74 PAGE, trad. J. FERRATÉ). 


TRABAJOS Y DÍAS 141 


tiempo para que se te llenen los graneros con el sazo- 
nado sustento. 

Por los trabajos se hacen los hombres ricos en ga- 
nado y opulentos; y si trabajas te apreciarán mucho 
más los Inmortales [y los mortales; pues aborrecen en 
gran manera a los holgazanes]. 

El trabajo no es ninguna deshonra; la inactividad es 
una deshonra. Si trabajas pronto te tendrá envidia el 
indolente al hacerte rico. La valía y la estimación van 
unidas al dinero ?. 

Para tu suerte, según te fue, es mejor trabajar, si ol- 
vidado de haciendas ajenas vuelves al trabajo tu volu- 
ble espíritu y te preocupas del sustento según mis re- 
comendaciones. 

Una vergiienza denigrante embarga al necesitado, una 
vergienza que hunde completamente a los hombres o 
les sirve de gran provecho, una vergiienza que va ligada 
a la miseria igual que la arrogancia al bienestar. 

Las riquezas no deben robarse; las que dan los dio- 
ses son mucho mejores; pues si alguien con sus propias 
manos quita a la fuerza una gran fortuna o la roba con 
su lengua como a menudo sucede —cuando el deseo de 
lucro hace perder la cabeza a los hombres y la falta de 
escrúpulos oprime a la honradez—, rápidamente le de- 
bilitan los dioses y arruinan la casa de un hombre se- 
mejante, de modo que por poco tiempo le dura la 
dicha. 


2 La posibilidad de alcanzar la areté («valía») y la estima- 
ción derivada de aquélla mediante el trabajo, nos acerca más a 
los líricos que a Homero. Para la sociedad aristocrática de Ho- 
mero la areté es una cualidad especial de los mobles que les 
distingue desde su nacimiento de las clases inferiores. Con el 
enriquecimiento de esas clases y la posible ruina de los nobles 
con la transformación económica del siglo vir a. C., la areté 
pierde su antiguo sentido y las barreras sociales tienden a ha- 
cerse flexibles. 


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Igualmente, el que maltrata a un suplicante o a su 
huésped, o sube al lecho de su hermano [para unirse 
ocultamente a su esposa incurriendo en falta], o insen. 
satamente causa daño a los hijos huérfanos de aquél, y 
el que insulta a su padre anciano, ya en el funesto um. 
bral de la vejez, dirigiéndose a él con duras palabras, 
sobre éste ciertamente descarga el mismo Zeus su ira 
y al final en pago por sus injustas acciones le impone 
un duro castigo. Pero tú aparta por completo tu volu- 
ble espíritu de estos delitos. 

Con pureza y santidad, en la medida de tus posibili. 
dades, haz sacrificios a los dioses inmortales y quema 
en su honor espléndidos muslos; otras veces concíliate- 
los con libaciones y ofrendas, cuando te vayas a la 
cama y cuando salga la sagrada luz del día, para que 
te conserven propicio su corazón y su espíritu y puedas 
comprar la hacienda de otros, no otro la tuya. 

Al que te brinde su amistad invítale a comer, y al ene- 
migo, recházalo. Sobre todo invita al que vive cerca de 
ti; pues si tienen alguna dificultad en la aldea, los ve- 
cinos acuden sin ceñir mientras que los parientes tienen 
que ceñirse ?. 

Una plaga es un mal vecino, tanto como uno bueno es 
una gran bendición. Cuenta con un tesoro quien cuenta 
con buen vecino. No se te morirá la vaca si no tienes 
mal vecino. Mide bien al recibir del vecino y devuélvele 
bien con la misma medida y mejor si puedes, para que 
si le necesitas, también luego le encuentres seguro. 

No te hagas rico por malos medios; las malas ganan- 
cias son como calamidades. 

Aprecia al amigo y acude a quien acuda a ti; da al que 
te dé y no des al que no te dé. A quien da cualquiera 
da, y a quien no da nadie da. 


2 Significa que el vecino, por vivir cerca, acude al momento 
como se encuentre, mientras que los parientes, si viven lejos, 
tienen que prepararse para ponerse en camino. 


TRABAJOS Y DÍAS 143 


El regalo es bueno, pero la rapiña es mala y dispen- 
sadora de muerte; pues el hombre que de buen grado, 
aunque sea mucho, da, disfruta con su regalo y se ale- 
gra en su corazón; pero el que roba a su antojo obede- 
ciendo a su falta de escrúpulos, lo robado, aunque sea 
poco, le amarga el corazón; pues si añades poco sobre 
poco y haces esto con frecuencia, lo poco al punto se 
convertirá en mucho. 

El que añade a lo que tiene evitará la quemazón del 
hambre; lo que hay dentro de casa no inquieta al hom- 
bre; es mejor tener dentro de casa; pues lo de fuera es 
dañino. Bueno es coger de lo que se tiene y un tormen- 
to para el alma necesitar de lo que no se tiene. Te re- 
comiendo que medites estas advertencias. 

Al empezar la jarra y al terminarla, 

sáciate; a mitad, haz economías; pero 

Consejos de ] 

administración BCS mezquino el ahorro al llegar al 

familiar fondo. 

[El salario convenido con un hombre 
amigo, sea suficiente; y con un hermano, pon delante 
entre bromas un testigo. Sabido es que la confianza y la 
desconfianza pierden a los hombres.] 

Que no te haga perder la cabeza una mujer de trase- 
ro emperifollado que susurre requiebros mientras bus- 
ca tu granero. Quien se fía de una mujer, se fía de la- 
drones. 

Procura tener un solo hijo, para conservar intacto tu 
patrimonio; pues así la riqueza crecerá dentro de tu 
casa. Y ¡ojalá que te mueras viejo si dejas otro hijo! 
Para muchos hijos Zeus podría conceder fácilmente una 


360 


365 


370 


375 


envidiable fortuna; a más hijos mayor cuidado y tam- 380 


bién mayor rendimiento. 


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400 


405 


144 OBRAS 


Si en tu corazón el deseo te hace as. 
Hai pirar a la riqueza, actúa así y obra 
al calendario trabajo tras trabajo. 

del labrador Al surgir las Pléyades descendientes 

de Atlas, empieza la siega; y la labran.- 
za, cuando se oculten *, Desde ese momento están es. 
condidas durante cuarenta noches y cuarenta días y de 
nuevo al completarse el año empiezan a aparecer cuan- 
do se afila la hoz. 

Esta es la ley de los campos para quienes viven cer- 
ca del mar y para quienes, en frondosos valles, lejos 
del ondulado ponto, habitan ricos lugares. Siembra des- 
nudo, ara desnudo y siega desnudo * si quieres atender 
a su tiempo todas las labores de Deméter, para que 
cada fruto crezca en su época y nunca luego necesitado 
mendigues en casas ajenas sin recibir nada. 

Así también ahora a mí viniste; y por supuesto, yo 
no te daré ni te prestaré más. Trabaja, ¡necio Perses!, 
en las faenas que para los hombres determinaron los 
dioses, a fin de que nunca en compañía de tus hijos y 
tu mujer con el corazón angustiado busques sustento 
entre los vecinos y éstos no te hagan caso; pues de mo- 
mento recibirás dos y hasta tres veces; pero si todavía 
les sigues molestando, no lograrás nada, sino que habla- 
rás mucho en vano e inútil será un campo de palabras. 
Por el contrario, te recomiendo que pienses en pagar 
tus deudas y defenderte del hambre. 

En primer lugar procúrate casa, mujer y buey de 
labor [—la mujer comprada, no desposada, para que 
también vaya detrás de los bueyes—-]. Fabrícate en casa 


24 El orto helíaco (primera aparición en el horizonte E. antes 
de la salida del sol) de las Pléyades tiene lugar entre el 5-10 de 
mayo y su ocaso cósmico (primera desaparición antes de salir 
el sol) entre el 5-11 de noviembre (D. R. Dicks, Early Greek 
Astronomy to Aristotle, Nueva York, 1970). 

25 Por consiguiente, fuera del invierno. 


TRABAJOS Y DÍAS 145 


todos los utensilios necesarios, no sea que los pidas a 
otro, aquél te los niegue, y tú te encuentres sin medios 
en tanto que se pasa la estación y se pierde la labor. 
No lo dejes para mañana ni para pasado mañana; pues 
el negligente no llena su granero ni tampoco el moroso. 
El cuidado favorece la labor; y el holgazán siempre está 
luchando con la ruina. 

Cuando ya la fuerza del sol picante 


rrabaios extinga su sudorosa quemazón, al tiem- 

r 

de po que el prepotente Zeus hace caer 
otoño las últimas lluvias de otoño y el cuer- 


po humano se vuelve mucho más ágil 
—€n ese momento el lucero Sirio %* remonta un poco 
de día sobre las cabezas de los hombres criados para 
la muerte, y se toma la mayor parte de la noche—, en- 
tonces el bosque al ser talado con el hacha tiene menos 
carcoma y esparce las hojas por el suelo y deja de 
echar brotes. 

Justamente entonces, corta madera recordando las 
faenas correspondientes a la estación. Corta un mor- 
tero de tres pies, una maja de tres codos * y un eje de 
siete pies; pues con esas medidas se ajustará muy bien; 
y si es de ocho pies, puedes cortar de él también un 
mazo. Corta una pina de tres palmos para un carro 
de diez manos %, y muchos maderos curvos. 


% El Perro de Homero. Hesíodo es el primero en dar el nom- 
bre de Sirio a este astro. Su orto helíaco, según los cálculos 
de Dicks (Early..., pág. 37), ocurre entre el 20-7 de julio y su 
ocaso cósmico entre el 22 de noviembre y el 6 de diciembre. 
Después de su orto cada vez va apareciendo antes y en octubre 
incluso cuando aún es de noche. A este momento se refiere He- 
siodo. 

2 Con el mortero y la maja se molía antiguamente el grano. 
Aquél solía ser de madera o de piedra. En cuanto a las me- 
didas, tres pies debe referirse a la altura del mortero (cf. T. A. 
SINCLAIR, Hesiod..., nota). 

2 Según aclaración de Proclo, aceptada por WILAMOWITZ, por 
«Carro» debe entenderse el diámetro de la rueda que era el mó- 


OBRAS Y FRAGMENTOS, 10 


410 


415 


420 


425 


146 OBRAS 


Llévate a casa un dental, cuando lo encuentres bus- 
cándolo en la montaña o en el campo, de carrasca; es 
430 el más resistente para arar con bueyes una vez que 
algún servidor de Atenea ” lo acople al timón fijándolo 
con clavos a la reja. 

Construye trabajando en casa dos arados distintos, 
uno de una sola pieza y otro articulado Y; pues así será 
mucho mejor, y si tú llevas uno, puedes enganchar el 

435 otro a los bueyes. Los timones de laurel o de olmo son 
más seguros; la reja de encina y el dental de carrasca, 

Compra dos bueyes machos de nueve años; su brío no 
es pequeño por estar en la plenitud de su juventud y 
son los mejores para el trabajo: no tirarán por alto el 

440 arado peleándose en medio del surco ni dejarán allí, 
sin terminar, la faena. Que los siga un hombre fuerte 
de unos cuarenta años después de desayunar un pan 


dulo para clasificar los carros. Partiendo de aquí, lo que mide 
tres palmos es cada una de las cuatro pinas que forman la cir- 
cunferencia total de la rueda. En efecto, el tipo de rueda des- 
crito por Hesíodo no sería la más antigua (de una pieza), sino 
la radiada cuya antigiiedad también está documentada arqueo- 
lógicamente e incluso por una cita del Rig-Veda (cf. T. A. SiN- 
CLAIR, Hesiod..., nota). 


2 El carpintero. 
30 


MANCERA 


REJA 


Fic. 1 Fic. 2 FiG. 3 


Arado simple Arado compuesto Arado compuesto 
(A. G. Drachmann, 
«Pflug», Real enc., 1938, 
col. 1461) 


TRABAJOS Y DÍAS 147 


cuarteado de ocho trozos *!, para que atento al trabajo 
abra recto el surco sin distraerse con los de su misma 
edad, sino con el alma puesta en el trabajo. Otro no 
más joven que éste es el mejor para volear las semillas 

evitar su acumulación, pues un hombre más joven se 
queda embobado tras los de su misma edad. 

Estate al tanto cuando oigas la voz de la grulla * que 
desde lo alto de las nubes lanza cada año su llamada; 
ella trae la señal de la labranza y marca la estación del 
invierno lluvioso. Su chillido muerde el corazón del 
hombre que no tiene bueyes. 

A la sazón, ceba ya los bueyes de retorcidos cuernos 
que tienes en casa; pues es fácil decir: «Dame dos bue- 
yes y un Carro», pero es más fácil responder: «Hay fae- 
na para mis bueyes». El hombre rico en imaginación 
habla de construirse un carro. ¡Necio!, no sabe que cien 
son las piezas de un carro que hay que preocuparse 
antes de hacer en casa. 

Cuando ya se muestren a los mortales los primeros 
días de la labranza, poned entonces manos a la obra, 
juntos los criados y tú, arando la tierra seca y húmeda 
en la época de la labranza y ganando tiempo muy de 
mañana, para que se llenen de frutos tus campos. 

En primavera remueve la tierra; y si en verano le 
das una segunda reja, no te defraudará. Siembra el bar- 
becho cuando la tierra esté aún ligera 3; el barbecho ale- 
ja los males de los niños y calma sus llantos. 


3" Con el detallado análisis de las partes del pan, Hesíodo 
intenta decir que debe darse al jornalero abundante comida para 
soportar la dureza del trabajo. La hogaza descrita por Hesíodo 
es el quadratus de los romanos (Ateneo 3.114c) con cada cuadro 
dividido en dos. 

"* La grulla en su marcha a Africa desde los países septen- 
trionales para invernar, pasa por Grecia hacia el mes de oc- 
tubre. 

33 El barbecho consiste en dejar descansar la tierra uno o dos 
años. El sistema a que se refiere Hesíodo aquí es el medio 


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148 OBRAS 


Suplica a Zeus Ctonio* y a la santa Deméter que, al 
madurar, hinchen el sagrado grano de Deméter, cuando 
inicies las primeras tareas de la labranza y con el puño 
de la mancera en la mano piques con el aguijón el lomo 
de los bueyes, que arrastran la clavija * del yugo; detrás 
el pequeño esclavo dará trabajo a los pájaros enterran- 
do las semillas con la azada. Pues una buena organiza- 
ción es lo mejor para los hombres mortales y una mala 
organización lo peor. 

Así las espigas se inclinarán con fuerza hacia el suelo 
si luego el mismo Olímpico concede una buena madura- 
ción. Entonces podrás quitar las arañas de las jarras 
y espero que te alegrarás al coger el trigo que hay den- 
tro. Si tienes en abundancia llegarás a la blanca prima- 
vera Y sin necesidad de mirar a otros; sino que otro 
hombre tendrá necesidad de ti. 

Si aras la tierra con el solsticio *, recogerás agachado 
tan poca cosecha que la abarcarás con la mano atando 
los haces cubierto de polvo sin ninguna alegría; te los 
llevarás en una cesta y pocos serán los que te admiren. 

Distinta es en cada ocasión la voluntad de Zeus por- 
tador de la égida, y difícil para los hombres mortales 


barbecho. Las operaciones que se siguen en este caso son las 
siguientes: hacia abril o mayo se ara la tierra; en verano se le 
da una segunda reja para airearla, y se siembra en noviembre. 

4 Zeus Ctonio no es como entiende LinpeELL-Scotr (A Greek- 
English Lexicon, 7.2 reimpr., 9.* ed., Oxford, 1968) el dios de los 
muertos (Hades) en este pasaje, sino Zeus como dispensador de 
la fertilidad, «el poder que habita en la tierra y hace aflorar 
los frutos del campo (M. P. NILSSON, Historia..., pág. 155). 

35 Pequeña pieza de madera que fija el timón al yugo y re- 
cibe toda la fuerza al tirar los bueyes del arado. 

4 El epíteto blanco se refiere al cielo nublado a comienzos 
de la Primavera (WILAMOWITZ), no al color de las espigas (es- 
coliastas) que adquieren este tono ya cerca del verano. Aquí 
quiere indicarse el comienzo de la estación (SINCLAIR). 

377 El mismo solsticio de 564-7 que Dicks sitúa entre el 26 de 
diciembre y el 3 de enero. 


TRABAJOS Y DÍAS 149 


conocerla. Si te retrasas en arar, este puede ser tu re- 
medio: cuando el cuclillo cante por primera vez entre 
las hojas de la encina y alegre a los hombres sobre la 
tierra sin límites %, entonces ruega a Zeus que haga 
llover al tercer día y no pare hasta que el agua ni sobre- 
pase la pezuña del buey ni quede por debajo. De este 
modo el que ara tarde puede obtener iguales resulta- 
dos que el que ara pronto ?. 

Guarda bien todos mis consejos en tu corazón y que 
no te pase inadvertida la llegada de la blanca prima- 
vera ni la estación de las lluvias. 

No vayas a la fragua ni a la cálida 

bajó tertulia junto al hogar del herrero du- 

de rante el invierno, cuando el frío aparta 

invierno al hombre de las faenas —entonces el 

hombre diligente puede dar mucha 

prosperidad a su casa—, no sea que te cojan en la in- 

digencia las dificultades de un riguroso invierno y ten- 

gas que frotarte el pie hinchado con tu mano enfla- 
quecida. 

El holgazán, aferrado a una vana esperanza y falto 
de sustento, se lanza continuos reproches en su cora- 
zón. No es buena la esperanza que acompaña al pobre 
que sentado en la tertulia no tiene bastante alimento. 

Advierte así a los esclavos cuando ya el verano esté a 
mitad: «No siempre será verano; procuraos cabañas». 


3% Alegra a los hombres porque significa el comienzo de la 
Primavera. El macho empieza a cantar en esta estación y deja 
de hacerlo a finales de julio. 

39 Los escoliastas ilustran este verso con algunos datos de su 
experiencia. Se dice, por ejemplo, que Sicilia obtiene abundan- 
tes frutos de estas lluvias. Según ellos, el agua cálida de la 
época es muy buena para la tierra y proporciona excelentes 
cosechas a los que siembran en el equinocio de Primavera. El 
grano así obtenido es el «trigo de marzo» o «de tres meses». 


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s15 


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150 OBRAS 


El mes de Leneo *%, malos días, todos fatales para los 
bueyes; defiéndete de él y de las heladas que aparecen 
terribles al soplar el Bóreas sobre la tierra, cuando en 
su marcha a través de Tracia criadora de caballos. se 
insufla en el vasto ponto encrespándolo. Muge a su paso 
la tierra y el bosque. En los valles de las montañas de- 
rriba muchas encinas de elevada copa y gruesos pinos y 
los hace caer a la tierra fecunda. Entonces por todas 
partes resuena el bosque inmenso; las fieras tiemblan 
y meten su rabo bajo los genitales, incluso las que tie- 
nen la piel cubierta de lana; pero ahora el viento he- 
lado penetra también en ellas aunque sean de velludo 
pecho. También atraviesa la piel del buey, que no lo 
puede resistir, y corre igualmente a través de la cabra 
de largo pelo. Pero por los rebaños de ovejas ya no, 
gracias a sus espesas lanas, no logra meterse el soplo 
del viento Bóreas. 

Hace encorvarse al viejo y no traspasa los poros de 
la doncella de piel suave que dentro de casa se queda 
junto a su madre, aún inexperta en los negocios de la 
muy dorada Afrodita; lava bien su delicada piel, la unge 
con brillante aceite y va a recogerse al rincón más es- 
condido de su casa en los días de invierno, cuando el sin 
huesos * roncha su pie en su guarida sin fuego y en su 


*w% Este nombre no se cuenta entre los meses del calendario 
beocio. Un escolio de Plutarco lo identificaba con el Bucatión 
(nuestro mes de enero) porque en él morían los bueyes o con 
el Hermaion (febrero). Son meses que coinciden en parte con 
el Gamelión ateniense en que se celebraban las Leneas; pero 
el nombre ha debido llegarle a Hesíodo de los jonios. 

+ El uso de nombres descriptivos en Hesíodo para animales 
o cosas responde al carácter popular de su lenguaje. A. B. 
CooK (citado por SINCLAIR) considera este uso reminiscencia de 
antiguas prácticas todavía existentes en pueblos primitivos, por 
las que se teme nombrar a algunos animales por su propio 
nombre a fin de no ser oídos por aquéllos. Vemos otros ejem- 
plos en v. 532 («el de tres pies» = el viejo), 571 («el que lleva 
la casa encima» = el caracol), v. 742 («las cinco ramas = los de- 


TRABAJOS Y DÍAS 151 


triste morada; pues el sol no le muestra pasto a donde 
dirigirse, sino que gira sobre los pueblos y ciudades de 
los negros y ya más tarde alumbra a los griegos. 

Es entonces cuando los habitantes del bosque con 
cuernos y sin cuernos escapan rechinando sus dientes 
por los frondosos bosques y sólo les inquieta esto en su 
corazón: dónde encontrarán, buscando abrigo, profun- 
das grutas y cuevas pétreas. Entonces también los mor- 
tales, semejantes al de tres pies * cuya espalda va en- 
corvada y la cabeza mirando al suelo, semejantes a éste 
van de un lado para otro tratando de esquivar la blan- 
ca nieve. 

En ese momento vístete para protección de tu cuer- 
po, según mis consejos, con un mullido manto y una 
cálida túnica; teje abundante lana en poca trama. En- 
vuélvete en ella para que no te tiemble el vello ni se 
te erice poniéndose de punta sobre el cuerpo. Cálzate 
los pies con sandalias hechas de buey muerto violenta- 
mente *, bien tupidas de pelos por dentro. 

Al llegar la estación de los fríos, cose con tripa de 
buey pieles de cabritos primogénitos para ponértelas en 
la espalda como protección de la lluvia. Encima de la 
cabeza ten un gorro de fieltro para que no se te mojen 
las orejas; pues gélida es la mañana cuando baja el Bó- 
reas, y al amanecer, sobre la tierra, desde el cielo estre- 
llado, una bruma cargada de semillas desciende hasta 


525 


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545 


los campos de los bienaventurados Y. Ésta, saliendo de 550 


dos) y 778 («la prudente» = la hormiga). La creencia de que el 
pulpo se comía en invierno sus tentáculos es recogida por Aris- 
tóteles (Historia de los Animales 8.2). 

2 El viejo. Este término recuerda el célebre enigma de la 
Esfinge de Tebas resuelto por Edipo. 

% Pues así el pelo será más fuerte que si la piel fuera de 
un buey muerto por viejo o por enfermedad. 

M4 Los editores suelen dar al término griego mákares en este 
verso el sentido de «ricos» que aparece en Homero para el 
singular (MAZON, WILAMOWITZ, SINCLAIR). No obstante, C. HEER 


555 


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152 OBRAS 


los ríos de continua corriente, se remonta a lo alto 
sobre la tierra en un remolino de aire, y unas veces 
produce lluvias al atardecer y otras se agita tempestuo- 
samente mientras el tracio Bóreas reúne densas nubes, 

Anticípate a él y regresa a casa cuando termines el 
trabajo, no sea que algún día te cubra desde el cielo 
una nube sombría y deje húmedo tu cuerpo y empapa- 
dos tus vestidos. 

Sí, guárdate de este mes; pues es el más crudo e 
invernal: crudo para las bestias y crudo para los hom- 
bres. Reciban los bueyes entonces la mitad y añádase 
algo más a los hombres de comida; en compensación 
las noches son largas. 

[Teniendo presentes estos consejos, distribuye en pro- 
porción los días y las noches hasta que se complete el 
año, hasta que otra vez la tierra madre de todo produz- 
ca sus variados frutos.] 

Cuando después del solsticio Zeus 
cumpla los sesenta días de invierno, en- 


Trabajos 
de tonces la estrella Arturo abandona la 
primavera sagrada corriente del Océano y por 


primera vez se eleva brillante al 
anochecer %; detrás de ella, la Pandiónida golondrina de 


(Mákar - eudaimon - dlbios - eutykhes, Amsterdam, 1969) ha adver- 
tido la posibilidad de que Hesiodo se refiera a las divinidades 
menores «dispensadoras de riqueza» de vv. 121 ss. apoyando 
esta idea en el hecho de que el sentido de «rico» para el plural 
no se encuentra hasta Píndaro. 

4 El solsticio de invierno fijado por W. KUBITSCHECK el 28 de 
diciembre para la latitud 38% N. en 800 a. C. (cf. D. R. Dicks, 
Early..., n. 31). El orto acrónico (aparición de un astro a la 
puesta del sol) de Arturo tiene lugar entre el 24 de febrero y 
el 4 de marzo (Dicks, Early..., pág. 37). Este detalle astronómi- 
co sirvió a T. W. ALLEN para fijar la vida de Hesiodo en el si- 
glo 1x a. C. Hoy la estrella Arturo se ve antes de la puesta del 
sol cincuenta y siete días después del solsticio, lo que, en rela- 
ción con los datos del poema, da una fecha posterior a 850 a. C. 


TRABAJOS Y DÍAS 153 


agudo llanto * salta a la vista de los hombres en el 
momento en que comienza de nuevo la primavera. An- 
ticípate a ella y poda las viñas; pues así es mejor. 

Pero en cuanto el que lleva su casa encima * remonte 
las plantas desde el suelo huyendo de las Pléyades, en- 
tonces ya no es tiempo de podar las viñas, sino que aho- 
ra afila las hoces y despierta a los esclavos. 

No te sientes a la sombra y deja la cama temprano en 
la época de la siega, cuando el sol reseca la piel. Justa- 
mente entonces, levantándote de madrugada, trae a casa 
el fruto para que tengas bastante sustento; pues el alba 
hace la tercera parte del trabajo, el alba aligera la mar- 
cha y aligera la faena, el alba, que, al despuntar, pone 
en camino a muchos hombres y coloca el yugo a mu- 
chos bueyes. 

Cuando el cardo florece y la cantora 
cigarra, posada en el árbol, derrama 


Trabajos E ó 
de sin cesar por debajo de las alas su 
verano agudo canto, en la estación del agota- 


dor verano, entonces son más ricas 
las cabras y mejor el vino, más sensuales las mujeres 
y los hombres más débiles, porque Sirio les abrasa la 


según cálculos científicos (A. R. BURN, The World of Hesiod, 
Londres, 1936, pág. 31, n. 2). 

4 Alusión al mito de Procne y Filomela. Ambas eran hijas de 
Pandión, rey de Atenas que agradecido al rey tracio Tereo por 
su ayuda contra Tebas le concedió la mano de Procne. De este 
matrimonio nació Itis. Tereo, enamorado de Filomela, la violó 
y le cortó la lengua; pero ésta bordó lo ocurrido en una tela 
y la envió a Procne que, indignada, mató a Itis y se lo dio a 
comer cocido a Tereo. Cuando éste supo lo que había hecho, 
persiguió a las dos hermanas que, cuando iban a ser alcanza- 
das, se convirtieron por decisión de los dioses en golondrina 
(Filomela) y ruiseñor (Procne); Tereo en abubilla. En época 
alejandrina y romana, Filomela es considerada como el ruiseñor 
y Procne como la golondrina. 

11 El caracol. En Grecia sube a las plantas para protegerse 
del calor, en mayo antes del orto helíaco de las Pléyades. 


570 


375 


580 


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590 


595 


604 a 


154 OBRAS 


cabeza y las rodillas, y su piel está reseca por la calina, 

Entonces sí que debes procurarte la sombra de una 
roca, vino biblino *%, un buen * pan, leche de las cabras 
que ya empiezan a estar secas, y carne de una becerra 
apacentada en el bosque todavía no parida y de cabri- 
tos primogénitos. Bebe luego el rojizo vino, sentado a 
la sombra, con el corazón harto de comida y la cara 
vuelta de frente al brioso Céfiro; de una fuente inago- 
table y destilada que sea limpia, vierte tres partes de 
agua y echa la cuarta de vino. 

Manda a tus criados aventar el sagrado grano de 
Deméter cuando por primera vez aparezca el forzudo 
Orión *, en una era redonda y un lugar aireado. Con la 
medida distribúyelo bien en jarras; y a continuación, 
una vez que coloques ordenadamente todo el alimento 
dentro de casa, procúrate forraje y estiércol para que 
tengan en abundancia los bueyes y los mulos. Luego, 
por fin, deja que los esclavos relajen sus piernas y 
suelta los bueyes. 

Te aconsejo que contrates un bracero sin casa y bus- 
ques una sirvienta sin hijos; una sirvienta que es madre 
resulta molesta. Cría un perro de afilados dientes y no 


* El adjetivo parece indicar un tipo especial de vino (TEócRI- 
TO, XIV 15), pero su origen plantea muchas dudas. SiTTL (citado 
por SINCLAIR) recoge numerosos lugares con nombre parecido; 
ATENEO lo explica porque, según él, procedía de Biblia en Tra- 
cia (31la) o de los montes biblinos de aquella región a cuyos 
viñedos se refiere AQuIiLES Tacio (2,2) También es posible la 
referencia a la ciudad fenicia de Biblos; durante el siglo vII1I 
antes de Cristo los griegos mantuvieron intenso comercio con 
los fenicios. 

4% Según la interpretación de Ateneo, adoptada por MAZON y 
SINCLAIR, el adjetivo amolgaítd (= «de leche») se usa con valor 
metafórico («de primera condición»). WILAMOWITZ habla de «pan 
amasado con leche y no con agua» e igual A. COLONNA. 

$ El orto helíaco de este astro tiene lugar entre las dos úl- 
timas semanas de junio y la primera de julio (Dicks, Early..., 
página 36). 


TRABAJOS Y DÍAS 155 


le raciones la comida, no sea que alguna vez robe tu 
hacienda un hombre de los que duermen de día. 

Cuando Orión y Sirio lleguen a la mitad del cielo y 
la Aurora de rosados dedos pueda ver a Arturo*!, ¡oh 
Perses!, entonces corta y lleva a casa todos los raci- 
mos; déjalos al sol diez días y diez noches y cinco a 
la sombra; al sexto, vierte en jarras los dones del muy 
risueño Dioniso. 

Luego que se oculten las Pléyades, las Híades y el for- 
zudo Orión *, acuérdate de que empieza la época de la 
labranza. Y ¡ojalá que el año sea propicio dentro de la 
tierra! 

Si se te despierta el deseo de la 

eiculadio arriesgada navegación, te advierto que 

de ta cuando las Pléyades huyendo del for- 

navegación zudo Orión caigan al sombrío ponto *, 

entonces soplan ráfagas de toda clase 

de vientos y entonces, acuérdate, ya no debes tener las 

naves en el vinoso ponto, sino trabajar el campo re- 
cordando mis consejos. 

Arrastra la nave a tierra y cálzala con piedras por 
todas partes para que resista el embate de los vientos 
que soplan húmedos; y protégela de las tormentas para 


51 Arturo tiene su orto helíaco a mediados de septiembre, 
más exactamente, entre el 5 y el 15, cuando Sirio y Orión se 
ven por la noche en mitad del cielo. 

32 Se refiere al ocaso cósmico de las tres estrellas. Las Híades 
(hermanas mitológicas de las Pléyades) se sitúan 10” al SE. de 
aquéllas y se ocultan unos días después. El ocaso de Orión 
sucede en la última parte de noviembre, el día 20 según Ginzel 
(cf. Dicks, pág. 36). 

53 Cuenta una leyenda que Orión (forzudo gigante hijo de 
Atlas) se enamoró de Pléyone y sus hijas a las que sorprendió 
en Beocia. Éstas huyeron durante cinco años hasta que Zeus 
tuvo piedad de ellas y las transformó en estrellas. Otra versión 
explica por qué una de las Pléyades es casi imperceptible: Orión 
perseguía a una sola por lo que las otras le dieron muerte y 
de aquí que brille menos. 


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156 OBRAS 


que no la pudra la lluvia de Zeus. Guarda con orden 
en tu casa todos los aparejos en buenas condiciones y 
remienda las velas de la nave surcadora del ponto; 
cuelga el bien trabajado timón sobre el humo del hogar 
y espera tú mismo hasta que llegue la época de la na- 
vegación. Entonces saca al mar la rápida nave y dentro 
pon la carga bien dispuesta, para que de regreso a casa 
obtengas ganancias. 

Así mi padre y también tuyo, gran necio Perses, solía 
embarcarse en naves necesitado del preciado sustento. 
Y un día llegó aquí tras un largo viaje por el ponto 
abandonando la eolia Cime en una negra nave. No huía 
del bienestar ni de la riqueza o la dicha, sino de la 
funesta pobreza que Zeus da a los hombres. Se estable- 
ció cerca del Helicón en una mísera aldea, Ascra, mala 
en invierno, irresistible en verano y nunca buena. 

Pero tú, ¡oh Perses!, recuerda todas las faenas de 
cada estación y en especial las concernientes a la nave- 
gación. 

Reconoce el valor de una nave pequeña, pero coloca 
tus fardos en una grande. A mayor carga, mayor ganan- 
cia se añadirá a tu ganancia, si los vientos mantienen 
apartadas sus funestas ráfagas. 

Cuando volviendo tu voluble espíritu hacia el comer- 
cio, quieras librarte de las deudas y de la ingrata ham- 
bre, te indicaré las medidas del resonante mar aunque 
nada entendido soy en navegación y en naves. Pues 
nunca jamás recorrí en una nave el vasto ponto, a no 
ser para ir a Eubea desde Áulide donde una vez los 
Aqueos, esperando que se calmara la tormenta, con- 
gregaron un gran ejército para dirigirse desde Grecia 
a Troya la de bellas mujeres. Entonces hice yo la tra- 
vesía hacia Calcis para asistir a los juegos del belicoso 
Anfidamante; sus magnánimos hijos establecieron los 
numerosos premios anunciados. Y entonces te aseguro 
que obtuve la victoria con un himno y me llevé un trí- 


TRABAJOS Y DÍAS 157 


pode de asas; lo dediqué a las Musas del Helicón, donde 
me iniciaron en el melodioso canto %, 

Esa es ciertamente mi única experiencia en naves de 
muchos clavos; pero aun así, te diré la voluntad de 
Zeus portador de la égida, pues las Musas me enseña- 
ron a cantar un himno extraordinario. 

Cincuenta días después del solsticio 3, cuando toca a 
su fin el verano, fatigosa estación, se ofrece a los mor- 
tales una buena época para navegar; y no harás pedazos 
tu nave ni el mar acabará con tus hombres si benévo- 
lo Posidón que sacude la tierra o Zeus rey de los In- 
mortales, no quieren destruirlos; pues en ellos se en- 
cuentra el término juntamente de bienes y males. En- 
tonces son favorables las brisas y el ponto, seguro. 

A la sazón, sin miedo y confiado en los vientos, arras- 
tra tu nave al ponto y pon en ella toda la carga. Apre- 
súrate lo más posible a regresar a la patria y no esperes 
el vino nuevo ni las lluvias de otoño, ni a que se te 
eche encima el mal tiempo y las temibles ráfagas del 
Noto que encrespa el mar acompañando las abundan- 
tes lluvias otoñales de Zeus, y deja imposible el ponto. 

Por primavera otra época para navegar se ofrece a 
los hombres. Cuando por primera vez, como la huella 
que deja la corneja al posarse, así vea el hombre las 


54 Plutarco considera espurios los versos 65462 sin aportar 
argumentos sólidos. Según Mazon, el error de Plutarco está mo- 
tivado por suponer una alusión a la leyenda del encuentro en 
Calcis entre Homero y Hesíodo, lo que le habría llevado a 
rechazar los versos por considerar ridícula la historia. Sin em- 
bargo, añade Mazon, la falta del nombre de Homero en este 
pasaje hace difícil pensar que el hipotético interpolador conocie- 
ra la historia y, por consiguiente, es más acertado pensar que 
estos versos son el punto de arranque para el Certamen y no a 
la inversa. 

35 El solsticio de verano se fija hacia el 1 ó 2 de julio. Así, 
la fecha para el comienzo de la navegación favorable se situaría 
a mediados de agosto (Dicks, Early..., pág. 37). 


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hojas en la punta de las ramas, en ese momento es 
transitable el ponto y ésta es la navegación de prima. 
vera. Yo no la apruebo, pues no es grata a mi corazón; 
hay que cogerla en su momento y difícilmente se puede 
esquivar la desgracia. Pero ahora también los hombres 
la practican por su falta de sentido común; pues el 
dinero es la vida para los desgraciados mortales. Y es 
terrible morir en medio del oleaje. 

Te recomiendo que reflexiones todo esto en tu cora- 
zón, según mis instrucciones. No pongas dentro de las 
cóncavas naves toda la cosecha, sino deja la mayor par- 
te y carga la menor; pues es terrible toparse con la 
ruina entre el oleaje del ponto; y es terrible que por 
echar en el carro un fardo desmedido, rompas el eje y 
se pierda la carga. Guarda las proporciones; la medida 
en todo es lo mejor. 

A madura edad llévate una mujer a 
E tu casa, cuando ni te falte demasiado 
Consejos de : E ' 
administración Para los treinta años ni los sobrepases 
familiar en exceso; ese es el matrimonio que te 
conviene. La mujer debe pasar cuatro 
años de juventud y al quinto casarse. Cásate con una 
doncella, para que le enseñes buenos hábitos. [Sobre 
todo, cásate con la que vive cerca de ti], fijándote muy 
bien en todo por ambos lados, no sea que te cases con 
el hazmerreír de los vecinos; pues nada mejor le depara 
la suerte al hombre que la buena esposa y, por el con- 
trario, nada más terrible que la mala, siempre pegada 
a la mesa y que, por muy fuerte que sea su marido, le 
va requemando sin antorcha y le entrega a una vejez 
prematura. 

[Ten bien en cuenta la vigilancia de los bienaventu: 

rados mortales] *. 


5 Llamada de atención a Perses para que observe la justici¿ 
de cuya custodia se encargan las divinidades de v. 187 y 251 
MAzZON traduce: «Observa bien el respeto debido a los bien: 


TRABAJOS Y DÍAS 159 


No consideres al amigo igual que tu hermano, y si lo 
haces, no seas el primero en causarle mal ni en enga- 
ñarle por el gusto de hablar. Si te empieza él con al- 
guna palabra ofensiva o de obra, recuerda que debes 
tolerarle otras dos veces; y si vuelve a la amistad y 
quiere presentarte excusas, acéptalas. El hombre ruin 
se busca un amigo diferente en cada ocasión. Nunca 
tu pensamiento desmienta tu cara. 

Que no te llamen ni muy amigo de huéspedes ni nada 
amigo de huéspedes; tampoco amigo de los pobres ni 
buscapleitos de los ricos. 

Nunca te atrevas a echar en cara la funesta pobreza 
que roe el corazón de los hombres, regalo de los eter- 
nos Bienaventurados ”. 

El mejor tesoro en los hombres, una lengua parca; 
el mayor encanto, una comedida. Si hablas mal, pronto 
oirás tú peor”, 

No seas reacio al banquete de mu- 
chos invitados; en grupo, mayor reco- 

Prohibiciones nocimiento y gasto menor. 

Nunca al amanecer libes rojizo vino 

a Zeus con las manos sin lavar”, ni a 

los demás Inmortales; pues no te escucharán y vol- 
viendo la cara escupirán sobre tus oraciones. 


aventurados mortales» y con ello da al término opis (= «vigi- 
lancia») un valor que no adquiere hasta el s. v a. C. (cf. VER- 
DENIUS, «Aufbau...», pág. 152). 

5 TEOGNIS recoge de Hesíodo este pensamiento en I 1556: 
«Jamás en tu ira me eches en cara a nadie la pobreza que roe 
el corazón o la funesta indigencia» (trad. ADRADOS). 

38 Cf. Hlíada XX 250: «según la palabra que digas, tal oirás», 
y ALCEO frag. 47: «Si dices lo que quieres, oirás lo que no 
quieres» (citados por SINCLAIR). 

33 El ritual de lavarse las manos antes de hacer una ofrenda 
a los dioses está bien documentado en Homero (cf. L. GIL, «La 
piedad y sus manifestaciones», en Introducción a Homero, Ma- 
drid, 1963, págs. 477 ss.) y no es símbolo de purificación moral. 


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No orines de pie vuelto hacia el sol, sino cuando se 
ponga, recuérdalo, y hacia oriente sin desnudarte; pues 
las noches son de los Bienaventurados %; tampoco en el 
camino ni fuera del camino te orines sobre la marcha; 
muy sensato es el hombre piadoso que lo hace agachado 
O el que se arrima al muro de un corral bien cercado 4, 

No te dejes ver con los genitales manchados de se. 
men dentro de tu casa junto al hogar *%, sino evítalo, 
No engendres tus hijos a la vuelta de un funeral de 
mal agúero, sino al volver de un banquete de los In- 


mortales. 
No te orines en las fuentes; guárdate bien de ello. 
Nunca pases a pie el agua de bella corriente de los 
ríos de flujo continuo antes de orar mirando a las be- 
llas ondas, con tus manos purificadas en la deliciosa 


% No son los dioses olímpicos (jamás asociados a la noche), 
sino espíritus cuyo influjo maligno trata de evitar el poeta apli- 
cándoles este nombre de intención claramente apotropaica 
(cf. C. HEER, Mákar..., pág. 23). Esta función del nombre Bien- 
aventurados se ve mejor en estas advertencias cargadas de 
sentido mágico y supersticioso que en otros pasajes del poema. 

é Excelente por su documentación es la nota de Sinclair a 
todo el pasaje. Sobre este punto se recuerda la costumbre, ex- 
plicada por PLUTARCO (Moralía 274 A-E), de que entre los roma- 
nos estaba prohibido desnudarse en lugares sagrados o abiertos, 
por respeto al cielo lleno de dioses y espíritus. En cuanto a 
hacerlo de «pie», Sinclair le atribuye también cierto valor dentro 
de la prohibición: lo relaciona con la costumbre egipcia de 
«que las mujeres orinan de pie y los hombres agachados» (HeE- 
RÓDOTO, II 35), con lo que se subraya el contraste con el «hom- 
bre prudente» que hace estas necesidades agachado. 

é La explicación dada por los escoliastas es que el acto con- 
yugal mancha de impureza al hombre y, por tanto, no debe 
acercarse al hogar que «es también altar de los dioses y Jugar 
de diarios sacrificios y libaciones». Por la misma razón reco- 
gieron los cristianos la prohibición a través de Roma: «El hom- 
bre que se acuesta con su esposa, no debe entrar en la iglesia 
a no ser que se haya lavado con agua; pero ni aun lavado 
debe entrar» (S. GREGORIO MAGNO, Ep. X. Citado por SINCLAIR). 


TRABAJOS Y DÍAS 161 


transparente agua. El que pasa un río sin purificar 
sus faltas ni lavar sus manos, a éste le aborrecen los 
dioses y luego le envían sufrimientos. 

No cortes en el banquete festivo de los dioses lo seco 
de lo verde de tus cinco ramas $, con el brillante hierro. 

Nunca pongas la jarra del vino encima de la crátera 
mientras se bebe; pues trae mala suerte 4, 

No dejes con salientes la casa al construirla, no sea 
que allí posada grazne la chillona corneja *. 


6 Las «cinco ramas» son los dedos y lo «seco» las uñas. 
Cortarse las uñas en los banquetes de los dioses —dicen los 
escoliastas— es una falta de respeto hacia ellos, ya que pone- 
mos en su presencia las partes muertas (por consiguiente im- 
puras) de nuestro cuerpo. NiLssoN (Historia..., pág. 233) señala 
igual prohibición en domingo para la época de publicación de 
su libro (1925). En Irlanda esto se refiere al sábado (para no 
violar el «Sabbath» según SINCLAIR) y en la Antigiiedad la prohi- 
bición se encuentra en los pitagóricos (YÁMBLICO, Protr. 364K, 
y Ovioio, Fasti VI 299-30). 

é Según el escolio de Plutarco porque lo particular no debe 
estar por encima de lo general. También se explica la supers- 
tición por la creencia de que cruzando dos objetos se impide 
el libre curso de las cosas (Burn, The World..., pág. 48). Así 
PLinIO0 (Nat. Hist. 28,59) cuenta que los romanos no podían 
cruzar las piernas en asambleas públicas y fiestas (entre los 
atenienses era falta de educación) y en Ovipio (Metamorf. 1X 
285) la diosa del parto retrasa el nacimiento de Hércules cru- 
zando sus piernas y brazos. Semejante idea se tiene entre el 
vulgo de nuestros pueblos: que cruzando los dedos se dificultan 
las necesidades fisiológicas de los perros. 

é5 Los escoliastas proponen dos explicaciones: Que el poeta 
aconseja terminar la casa antes del invierno (cuyo comienzo 
está representado por la corneja) o que cuando se haga una casa 
hay que terminarla por completo para evitar que nuestra negli- 
gencia sea objeto de las críticas de nuestros vecinos. Según 
otra lectura del adjetivo anepíxeston (= «con salientes») pro- 
puesta por Proclo (anepírrekion = «sin sacrificios»), la interpre- 
tación del texto sería la siguiente: al hacer una casa no deben 
omitirse los sacrificios por su fundación; pues así se evitará la 
mala suerte que representa la corneja (SINCLAIR). 


OBRAS Y FRAGMENTOS, 11 


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162 OBRAS 


No comas ni te laves sacando de las tinajas cuyas 


primicias no se hayan ofrecido; pues también sobre 
esto hay un castigo. 


No sientes en lugares sagrados, pues no hacerlo es 
mejor, al niño de doce días —esto vuelve afeminado 
al varón— ni al de doce meses; también se obtiene 
igual resultado %, 


Que no lave su cuerpo en el baño de las mujeres el 


varón %; pues a su tiempo también sobre esto hay un 
lamentable castigo. 


No te burles de los misterios cuando asistas a 


humeantes sacrificios; sin duda también un dios se 
venga de esto. 


Nunca te orines en la desembocadura de los ríos que 
afluyen al mar ni en las fuentes; guárdate bien de ello, 


Y no te ensucies %; pues no hacerlo es ciertamente 
mejor. 


é El doce es número de gran importancia entre los griegos: 
En la llíada son doce los días que discuten los dioses sobre el 
cuerpo de Héctor (XIV 31) y de doce días es la tregua con- 
certada por Aquiles y Príamo. Doce son también los trabajos de 
Hércules y en TeócriTO, 11 4, Simeta se dispone a utilizar sus 
encantamientos al duodécimo día de la falta de su amante. 
Respecto a la identificación de esos «lugares sagrados», la ma- 
yoría de los críticos se inclina por «lápidas de las tumbas», 
interpretación que se apoya en Proclo. Pero, de acuerdo con 
A. COLONNA (Esiodo..., nota), es difícil imaginar que los padres 
dejaran por descuido sus niños pequeños encima de las tum- 
bas; más lógica es su identificación con el altar doméstico. 

é La prohibición parte de la creencia en que el hombre se 
vuelve afeminado por contacto con ciertas emanaciones que sa- 
len del cuerpo de la mujer (SINCLAIR cita como ejemplos Odi- 
sea X 301 y 336, donde Ulises teme que Circe debilite su viri- 
lidad). 

é Así es glosado el verbo enapopsykhein por Hesiquio. La 
traducción de MAZON, «bañarse», nos parece incorrecta (cf. Wi- 
LAMOWITZ, Hesiodos..., y VERDENIUS, «Aufbau...», pág. 153, nota 2). 


TRABAJOS Y DÍAS 163 


Obra de este modo y evita la terrible 
reputación de los mortales; pues la 
Conclusión mala reputación es ligera y muy fácil 
de levantar, pero dura de soportar, y 
es casi imposible quitársela de encima. 
Ninguna reputación desaparece totalmente si mucha 
gente la corre de boca en boca. Sin duda que también 
ella es un dios. 

Ten buena cuenta como es debido de 
los días procedentes de Zeus y advierte 
Los días a los criados que el treinta % del mes 
es el mejor para supervisar los traba- 
jos y repartir las raciones cuando las 

gentes alcanzan a distinguir su realidad. 
Estos son los días que vienen del providente Zeus: 
En primer lugar, el uno, el cuatro y el séptimo, día 


A la situación del treinta al principio de la enumeración 
se han dado estas explicaciones: 

Su objetivo es fijar un punto de partida antes de iniciar la 
enumeración; es uno de los métodos normales de composición 
en Hesíodo (P. MAzonN, Hésiode..., pág. 75). 

El nombre popular de este día era el de eng kai néa; al apli- 
car ese nombre (en la expresión abreviada éné) al día primero, 
Hesíodo se ve obligado a poner junto a él el nombre oficial 
(triekás) para el 30, a fin de evitar confusiones (SINCLAIR, 
Hesiod..., nota a 768). 

Hay que añadir además el carácter especial de este día que 
sólo se encuentra en los meses «llenos». Efectivamente, el mes 
lunar comienza con el primer creciente y termina con la luna 
nueva completando un ciclo de veintinueve o treinta días (me- 
ses «vacios» y «llenos» respectivamente); de aquí la importan- 
cia del 30 que existe sólo excepcionalmente. Los escoliastas po- 
nen en relación su carácter sagrado con la conjunción entre el 
sol y la luna. 

'*: El nombre éne ha sido explicado con gran detalle por T. A. 
SINCLAIR como expresión abreviada para el éné kai néa, que 
a partir del vii a. C. designaría en el calendario popular al 
día 30 de los meses «llenos». SOLMSEN («The Days of the Works 
and Days», Transactions and Proceedings of the American Phi- 


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164 OBRAS 


sagrado; pues en él parió Leto a Apolo de espada de 
oro ?!, 

El octavo y el noveno del comienzo del mes” son 
dos días excelentes para dedicarse a las ocupaciones 
humanas. 

El undécimo y el duodécimo son ambos buenos para 
esquilar las ovejas o segar el reconfortante fruto. El 
duodécimo es mucho mejor que el undécimo, pues en 
él hila su tela la araña suspendida en el aire, después 
de mediodía, y es cuando la prudente ” recoge sus gra- 


lological Association (1963), nota 26) se inclina por la teoría 
que asocia este nombre al numeral «uno». El cuatro según los 
escolios recibe su carácter sagrado del nacimiento en él de 
Hermes (Himno Hermes 19) y de Heracles (PLATÓN EL COMEP- 
DIÓGRAFO, 1 628 Kock, cuyo texto reproduce SINCLAIR, n. a 770). 
Proclo sitúa en este día también el nacimiento de Afrodita. 

11 De aquí que las fiestas de Apolo en Atenas, Delfos y Ci- 
rene se celebren el día siete. 

7 Los esquemas que se aplican en los Dias para el cómputo 
del mes son fundamentalmente tres: 

Sucesión de números ordinales que iría del uno al tretnta. 

División del mes en dos mitades. 

División en tres décadas de Jas que tenemos ejemplos para 
la primera (próte) y segunda (mésse). 

Además hay que añadir los nombres éné y triseinás para el 
uno y veintinueve, respectivamente, y el de (tetrás) met' eikáda 
para el veinticuatro, que no se ajustan a ninguno de estos sis- 
temas. 

Esta variedad ha sido uno de los argumentos en que más se 
han apoyado los partidarios de la tesis que ve en los Días la 
mano de diferentes poetas. Por nuestra parte, como expusimos 
brevemente en una comunicación al V Congreso Nacional de 
Estudios Clásicos («Unidad formal y sentido de los Días de He- 
síodo») creemos que se trata de un procedimiento estilístico 
cuyo objetivo es lograr la conexión entre días diferentes al ser- 
vicio de la asociación de ideas entre ellos (esta tesis es des- 
arrollada con más detalle en un artículo entregado para su pu- 
blicación en Emerita: «Los Días de Hesíodo: Estructura formal 
y análisis de contenido»). 

1 La hormiga. 


TRABAJOS Y DÍAS 165 


nos. En él, que la mujer prepare el huso y comience 
su tarea. 

En el trece del comienzo de mes guárdate de iniciar 
la siembra; en cambio es el mejor para plantar”. 

El sexto de enmedio ”* es muy nefasto para las plan- 
tas y bueno para el nacimiento de un varón; no es 
propicio para la joven ni para nacer en primer lugar, 
ni tampoco para casarse. 

Tampoco el primer sexto es favorable para el naci- 
miento de una joven, pero para castrar los cabrones y 
los rebaños de carneros y cercar un establo para el 
ganado es día propicio; también es bueno para el naci- 
miento de un varón: a éste le gustará decir bromas, 
embustes, frases lisonjeras y furtivos requiebros. 

En el octavo”? del mes castra el cerdo y el buey de 
potente mugido, y en el duodécimo los asnos sufridos 
para el trabajo. 

En el gran veinte, día lleno de sentido, que nazca el 
juez; pues resultará de mente muy equilibrada. 


1 La explicación de los escoliastas hace referencia a la hume- 
dad cálida de la luna que es favorable para las plantas, pero 
no para las semillas que requieren humedad y frío. El 13 es 
día de máximo plenilunio. 

15 El dieciséis. Es curiosa la explicación del escolio: «Es ad- 
verso a los matrimonios por estar la luna completamente se- 
parada del sol. Por ello también los atenienses escogían para 
casarse los días próximos a la conjunción y celebraban las 
Teogamías entonces, ya que al principio se creía que la conjun- 
ción de la luna con el sol era un matrimonio» (Escol. “1824, 
PERTUSI, págs. 2434). 

76 Atendiendo a las propiedades del ocho dice PLUTARCO 
(Teseo XXXVI) que este día se dedicaba a Posidón por tener 
como cualidades la permanencia e inmovilidad de aquel dios 
llamado «El Asegurador» y «El que domina la tierra». Partiendo 
de aquí, dice su escolio, se considera bueno este día para castrar 
esos animales porque en él su furia semejante al terremoto se 
calmará al sufrir el corte. 


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Bueno para el nacimiento de un varón es el décimo... 
y para una niña el cuarto de enmedio”; en él calma 
las ovejas, los bueyes de marcha basculante y cuernos 
retorcidos, el perro de afilados dientes y los asnos su: 
fridos para el trabajo, pasándoles la mano por encima, 
Evita en tu corazón [...]% que los sufrimientos te co- 
rroan el alma; es un día especialmente sagrado. 

En el cuarto del mes, llévate a casa una esposa des. 
pués de consultar las aves que sean más propicias para 
este asunto. 

Guárdate de los cincos, pues son duros y terribles, 
En un quinto dicen que las Erinias atendieron al Jura- 
mento en su nacimiento, al que parió Eris como azote 
para los perjuros ”. 

En el séptimo de enmedio echa el sagrado grano de 
Deméter en la era redonda con el ojo muy bien abierto 
y que un leñador te corte troncos para el tálamo y 
abundantes maderos de barcos, que sean apropiados 
para las naves*, En el cuarto empieza a construir las 
naves ligeras. 


7 El catorce. Está comprobada la influencia que la luna llena 
(el catorce es el día junto con el trece de máximo plenilunio) 
ejerce en el estado psíquico de personas y animales. 

1 Evitar el cuatro del final y del comienzo. 

? En VirGiLIO (Geórgicas 1 277) también se asocia este día 
al «Juramento» y entre los pitagóricos era símbolo de la Justi- 
cia (en tal sentido cf. PLUTARCO, Moralia 429D-430 y 388-392). 

e El diecisiete (luna menguante). Es bueno para sacar el trigo 
porque según los escoliastas en esa fase se producen corrientes 
de aire que limpian el grano de impurezas; en cuanto a la ope- 
ración de cortar madera, todavía existe entre los campesinos de 
nuestros pueblos la idea de que la luna llena por su humedad 
mayor pudre la madera que se tala en esos días y se aconseja 
hacerlo al entrar el menguante. También PLuTaRco habla de que 
Jos carpinteros tiran la madera cortada en plenilunio por la 
misma razón (Moralia 658E). 


TRABAJOS Y DÍAS 167 


[El nueve de enmedio *! es un día mejor por la tarde 
y el primer nueve completamente inocuo para los mor- 
tales; pues es bueno para plantar y para que nazca un 
varón o una mujer, y nunca es un día totalmente malo. 

Pocos saben en cambio que el tercer nueve ? del mes 
es el mejor para [empezar una jarra, poner el yugo en 
el pescuezo a los bueyes, mulos y caballos de rauda 
pezuña] y sacar al vinoso ponto la rápida nave de mu- 
chas filas de remos; pocos le dan su nombre correcto. 

En el cuatro abre una jarra; el de enmedio es día 
sagrado por encima de todos; en cambio pocos saben 
que el de después del veinte* es el mejor del mes al 
despuntar el alba; pero por la tarde es peor.] 

Estos días son de gran utilidad para los que habitan 
sobre la tierra; los demás quedan en medio, indiferen- 
tes, sin aportar nada. Cada uno aconseja uno diferente 
y pocos conocen su verdadero sentido. Unas veces un 
día se comporta como madrastra y otras como madre. 

Feliz y dichoso el que conociendo todas estas propie- 
dades de los días trabaja sin ofender a los Inmortales, 
consultando las aves y evitando transgresiones. 


t: El diecinueve. 

2 Proclo apunta dos posibles traducciones para el término 
triseinás, «veintisiete» y «veintinueve» (= tres veces nueve oO 
tercer nueve). Es curiosa la explicación que da el escolio de 
Plutarco a favor del veintinueve: «pues dice que cuando la luna 
empieza a dejar de estar oculta los animales más furiosos cal- 
man su fogosidad y no se oponen del mismo modo a sus amos 
por estar más débiles. Y en cuanto a abrir la jarra, da una 
explicación física; pues dice que en los plenilunios se altera 
más la calidad del vino debido a la humedad caliente de la 
luna». (Escol. 814a, PERTUSI, pág. 254). 

3 El veinticuatro. 


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ESCUDO 


INTRODUCCIÓN 


Valor literario del «Escudo» 


El primer gran problema que nos plantea el Escudo 
es su autenticidad. En el Argumento se indica que ya 
en la Antigiiedad había cierta polémica al respecto, pues 
que Aristófanes de Bizancio, frente a Estesícoro, Mega- 
clides y Apolonio sospechaba que no era de Hesíodo. 
Hoy una corriente muy importante de la crítica ha ra- 
dicalizado las sospechas de Aristófanes y niega rotunda- 
mente la autenticidad ! Se basan estos autores en ar- 
gumentos de índole literaria, lingiiística y artística fun- 
damentalmente; en este último aspecto, se recurre a 
las consideraciones arqueológicas de Cook según el cual 
las figuras representadas en el Escudo corresponden al 
arte figurativo del siglo vi a. C. No obstante, otra co- 
rriente de la investigación, representada sobre todo por 
Van der Valk y Van Groningen, salen al paso de los 
argumentos literarios de sus detractores en favor de 
una atribución hesiódica. En cuanto a los aspectos ar- 


! Principalmente P. MazoN, C. F. Russo y A. LeskyY. (Para 
citas y más detalles en general sobre todo el problema, remiti- 
mos a J. VARA DONADO, «Contribución al conocimiento del Es- 
cudo de Heracles: Hesíodo autor del poema», Cuadernos de 
Filología Clásica 4 (1972), 315-20). 


170 OBRAS 


tísticos, tampoco hay unanimidad, puesto que Myreg;” 
remonta la antigitedad de los hallazgos y se alude tam.' 
bién a la presencia de esos motivos en escudos creten. 

ses de los siglos IX-VII a. C. 

Esta breve exposición del problema nos evidencia las 
dificultades a la hora de decidirnos en uno u otro sen. 
tido. En favor de la autenticidad, tenemos que recordar 
también un reciente y muy acertado artículo de Vara- 
Donado ? que subraya a través de un detallado análisis 
lingúístico y literario del poema, sus conexiones con 
Teogonía y Trabajos. Creemos que quien desee argu- 
mentar razones de estilo y lengua en contra del Escudo, 
deberá rebatir en primer lugar los datos aquí recogi- 
dos. Sin duda que se podría acudir al resbaladizo te- 
rreno de las interpolaciones, pero curiosamente Ma- 
zon, uno de los detractores del Escudo, no atetiza pa- 
sajes de la Teogonía tan claves para la conexión entre 
ambos poemas como el de la liberación de Prometeo 
(Teog. 525 ss.). 

El tema fundamental de los otros dos poemas de 
Hesíodo era, según vimos, el de la justicia de Zeus, 
considerada en el mundo divino (Teog.) o contemplada 
en contraste con el mundo humano y como posible re- 
medio de sus males (Trab.). Pues bien, el tema del Es- 
cudo es también la justicia de Zeus que se vale de 
Heracles como instrumento para limpiar el mundo de 
violencia e injusticias. 

Heracles aparece así, a diferencia del homérico, como 
héroe justo, prudente y con plena conciencia de su mi- 
sión trascendental ?. La atribución de la razón inmedia- 
ta de sus penalidades a un pecado de Anfitrión (Esc. 80) 
elimina toda mancha en la conducta divina de Zeus y 
en la suya propia, en contraste con Ificles su hermano. 


2 Citado en la nota anterior. 
3 Más datos sobre la caracterización de Heracles en J. VARa, 


«Contribución...», 33843. 


ESCUDO 171 


Los demás personajes del poema refrendan con su acti- 
tud esta misión del héroe al presentarse como justos 
sus partidarios (Yolao, Apolo, Atenea) y como mons- 
truos imbuidos de orgullo y necedad sus contrincantes 
(Cicno, Ares). 

En cuanto a la larga descripción del escudo de He- 
racles (que ha dado nombre al poema), ha sido el ca- 
ballo de batalla de los partidarios y detractores de la 
autenticidad. Unos buscan su originalidad frente al de 
Aquiles en Homero ?*, otros su dependencia de aquél y 
de la plástica de la época. Lo cierto es que el poeta 
no ha querido describir aquí un escudo real, sino que 
de algún modo debemos ver en sus figuras un simbolis- 
mo de la realidad circundante del héroe*?, El autor 
muestra un gran interés por conectar el mundo del es- 
cudo con la misión pacificadora de Heracles. Son pe- 
queños detalles como verso 150 (los mortales que se 
oponen al hijo de Zeus), 162 (las serpientes asustan a 
los hombres sobre la tierra), 164-5 (sus dientes rechinan 
al combatir el Anfitrioníada), 232-3 (al correr las Gor- 
gonas resonaba el escudo) y las constantes referencias 
al parecido de los grabados con la realidad viva, lo que 
nos evidencia un claro interés por evitar que el mundo 
del escudo aparezca como un mundo hermético, sin li- 
gazón con la actividad de Heracles. Monstruos, escenas 
de lucha, intervenciones de Ares y Atenea, misiones pa- 
ralelas a la de Heracles como la muerte de Medusa por 
Perseo (su bisabuelo), horrores de la ciudad en guerra y 
felicidad de la que vive en paz (recuérdese también la 
ciudad justa e injusta de Trab. 225-47), nos muestran 
la actividad del héroe, así como lo que trata de evitar 
y conseguir para los hombres. 


* Ilíada XVIII. 
5 C. F. Russo analiza con gran detalle este simbolismo del 
escudo (Hestodi..., págs. 7-14). 


172 OBRAS 


Es, pues, el Escudo un poema donde «Heracles se 
muestra integramente identificado con el de Hesíodo 
como benefactor de la humanidad, defensor de la jus- 
ticia y colaborador del orden de Zeus (...). En el Es. 
cudo Heracles ataca a un ser impropio y provocador, 
lleno de hybris, hostil a los piadosos peregrinos que 
acuden a Delfos y contrario a la justicia de los dioses, 
como era Cicno» $, 


Estructura del «Escudo» 


1. Eea de Alcmena: 1-56: Alcmena y Electrión (1-27). Concep- 
ción de Heracles a Ificles (27-56). 

2. Encuentro de Heracles y Cicno: 56-120. Presentación de Cicno 
y Ares (56-76). Diálogo Heracles-Yolao (77-121). 

3. Armas de Heracles: 122-324. Heracles coge sus armas (122- 
40). Descripción del escudo (141-317): Aspecto material (141-3); 
monstruos (14467); combate de jabalíes y leones (168-77); 
combate de lapitas y centauros (178-90); Ares y Atenea (191- 
200); Olimpo (201-6); puerto (207-15); Perseo y las Gorgonas 
(216-37); ciudad en guerra (237-70); ciudad en paz (270-313); 
Océano (314-17). Heracles sube al carro (318-24). 

4, Combate de Heracles y Cicno: 325423. Palabras de Atenea a 
Heracles y Yolao (325-37). Encuentro (338-49). Palabras de 
Heracles a Cicno (350-367). Combate y muerte de Cicno (368- 
423). 

5. Combate de Heracles y Ares: 424.66. Ataque de Ares (424-42). 
Palabras de Atenea a Ares (443-49). Combate (450-66). 

6. Fin del poema: 467-80. Heracles y Yolao a Traquis (467-70). 
Atenea en el Olimpo (470-1). Funerales y tumba de Cicno 
(472-80). 


é J. VARA, «Contribución...», 338-9, 


ESCUDO 173 


Nuestra traducción 


Seguimos el texto de Solmsen, confrontado con las 
ediciones de Mazon y Russo. Las lecturas en que nos 
apartamos de Solmsen son las siguientes: 


Verso Lectura de Solmsen 

84 GÁpparta 

144 ¿y uétoop 5” dsd- 
uavtos Env Oófos 

373 nóo” eúpela 


398-401 atetizado desde xéy- 
xpota: (398) hasta 
Spnv (401). 


Lectura nuestra 


GÁppreva Russo 

¿v ptoop SE 5páxovtac ¿nv 
$óPBos RUSSO 

130” eópela b 

sin atetizar MAZON 


ARGUMENTO 


El comienzo del Escudo hasta el verso 56 se encuen- 
tra en el libro IV del Catálogo. Por ello también sos- 
pechaba Aristófanes' que no era de Hesíodo, sino de 
algún otro que trataba de imitar el escudo homérico. 

Megaclides de Atenas? sabe que el poema es auténti- 
co, pero por otra parte critica a Hesiodo, pues consi- 
dera ridículo que Hefesto fabrique armas para los ene- 
migos de su madre. Apolonio de Rodas3, en el libro III, 
asegura que es de él tanto por su carácter como porque 
en el Catálogo vuelve a encontrar a Yolao como auri- 
ga de Heracles. También Estesícoro * afirma que el poe- 
ma es de Hesíodo. 

Los tafios en una expedición por las vacas de Elec- 
trión mataron a los hermanos de Alcmena cuando in- 
tentaban defender a los animales y, como Anfitrión de- 
seaba unirse con ella, ésta no se lo concedió antes de 
exigirle venganza de los asesinos de sus hermanos. Aquél 
organizó una expedición y los mató. En la misma no- 
che se unieron con ella Zeus y Anfitrión, éste ya de 
regreso de la guerra y aquél porque quería engendrar 


Aristófanes de Bizancio (aprox. 257-180 a. C.). 
Peripatético de la segunda mitad del s. IV a. C. 
Siglo 11 a. C. 

El poeta lírico de la primera mitad del s. vi a. C. 


bh us Ny ' .-. 


ESCUDO 175 


un defensor para la Humanidad. Alcmena concibió de 
Anfitrión a Ificles y de Zeus a Heracles. 

Éste, con Yolao como auriga, marcha también contra 
Cicno el hijo de Ares, que despojaba a quienes llevaban 
ofrendas a Pitia. Así, pues, armado con un escudo fa- 
bricado por Hefesto, se dirige hacia Traquis a casa de 
Ceix y en combate con Cicno, le mata y a Ares, que pro- 
tegía a su hijo, le hiere en un muslo. De esta forma 
llega a casa de Ceix. Era Cicno yerno de Ceix por su 
hija Temistónoa. 


ESCUDO 


O como la que abandonando su casa 
y la tierra patria, llegó a Tebas con 

Eea de . ise Es 
Alcmena el belicoso Anfitrión, Alcmena, hija de 
Electrión, incitador de ejércitos. Ella 
sin duda superaba a toda la especie 
de femeninas mujeres en aspecto y estatura; y, aún 
más, en espíritu ninguna era su rival de cuantas pa- 
rieron mortales acostadas con mortales. De su cabeza 
y negras pestañas se exhalaba tal fragancia cual de la 
muy dorada Afrodita; además, tan de corazón honraba 
a su marido como nunca jamás lo honró ninguna de 

las femeninas mujeres. 

Y aquél había matado a su noble padre, abatiéndole 
con violencia, irritado por causa de unas vacas !. Aban- 
donando su tierra patria en dirección a Tebas, acudió 
como suplicante a los Cadmeos, portadores de grandes 
escudos. Allí residía con su recatada esposa, sin gozar 
del amor placentero; y no le era posible subir antes al 
lecho de la Electriona de bellos tobillos, antes de ven- 


1 La leyenda que nos cuenta Apolodoro difiere de la versión 
que tenemos aquí. Según aquélla Anfitrión mató involuntaria- 
mente a Electrión cuando perseguía una vaca que se había 
separado del rebaño. La voluntariedad del asesinato en el Es- 
cudo hay que ponerla sin duda en relación con el pecado a 
que se refiere Heracles en v. 80 (cf. C. F. Russo, Hestodi..., 
n. a 11). 


a] 


15 


ESCUDO 177 


gar la muerte de los magnánimos hermanos ? de su es- 
posa e incendiar con fuego devastador las aldeas de los 
héroes tafios y teléboas 3, Pues así se lo había determi- 
nado y los dioses eran testigos. Él temía la cólera de 
aquéllos; pero ansiaba cumplir cuanto antes la gran em- 
presa que para él era decreto emanado de Zeus. 

Le seguían a una, ávidos de guerra y de lucha, los 
beocios domadores de caballos, respirando por encima 
de sus escudos, los locrios luchadores de cerca, y los 
magnánimos foceos. Era jefe de aquéllos el noble hijo 
de Alceo, jactancioso de sus tropas. 

Por su parte, el padre de hombres y dioses urdía 
otro plan en su corazón, con la idea de engendrar un 
defensor del mal para dioses y hombres *. Se lanzó des- 
de el Olimpo mientras en secreto meditaba un engaño 
en su corazón, ansioso por el amor de una mujer de 
bella cintura, en la noche. Llegó al punto al Tifaonio; 
desde aquél, alcanzó luego la cima del Ficio el prudente 


2 Murieron éstos en una incursión de los hijos de Pterelao 
(nieto de Méstor, hermano de Electrión) para reclamar el trono 
de Micenas que ocupaba Electrión. Según una tradición, Alcme- 
na puso como condición para el matrimonio la venganza de sus 
hermanos. En esta versión, en cambio, Anfitrión y Alcmena ya 
están casados; con ello se concilia, según Russo, el deseo de 
venganza de Alcmena con la lealtad al asesino de su padre. 

3 La isla de Tafos se encuentra frente a la costa de Acarnania 
y sus habitantes eran por tradición piratas. Sobre ellos reinaba 
Pterelao fundador de la ciudad. Los teléboas probablemente 
eran los primeros habitantes de Acarnania (cf. Russo, nota a 19). 

4 El lector encontrará una acertada caracterización del Hera- 
cles de Hesíodo frente al de Homero en J. VARA DONADO, «Con- 
tribución...», 338-43. Este verso resume toda la filosofía de He- 
síodo respecto a la figura de Heracles como paladín de la jus- 
ticia y colaborador de Zeus en su tarea ordenadora del mundo. 
Defensor de hombres es cuando, aquí, mata a Cicno que ase- 
sina a los peregrinos de Delfos, o cuando en la Teogonía ani- 
quila monstruos como la Quimera o el León de Nemea; y es de- 
fensor de dioses al liberar a Prometeo y matar el águila en 
Teog. 526 ss. 


OBRAS Y FRAGMENTOS, 12 


20 


25 


30 


35 


40 


45 


50 


595 


60 


178 OBRAS 


Zeus; y allí sentado meditaba en su corazón obras extra- 
ordinarias. 

Esa misma noche compartió el lecho y el amor de la 
Electriona de finos tobillos y cumplió así su deseo; y 
en esa misma, Anfitrión incitador de ejércitos, brillante 
héroe, cumplida su gran empresa, volvió a su casa. Y no 
antes corrió a visitar a los criados y rústicos pastores, 
antes de subir al lecho de su esposa: ¡tal deseo domi.- 
naba el corazón del pastor de pueblos! 

[Como cuando un hombre felizmente escapa del do- 
lor ocasionado por una terrible enfermedad o una po- 
derosa cadena, así entonces Anfitrión, cumplido su duro 
trabajo, con gozo y contento entró de regreso en su 
casa.) 

Toda la noche estuvo acostado con su recatada espo- 
sa, disfrutando los dones de la muy dorada Afrodita. 
Y ella, entregada a un dios y a un varón con mucho 
el mejor, dio a luz, en Tebas la de siete puertas, dos 
niños gemelos —aunque no de igual carácter, herma- 
nos sí que eran—: uno de peor condición; el otro en 
cambio, mortal mucho mejor, hábil y poderoso, el for- 
nido Heracles. Uno entregada al Cronión amontonador 
de nubes; Ificles, por el contrario, a Anfitrión incita- 
dor de ejércitos. Descendencia distinta: uno mezclada 
con hombre mortal; el otro, con Zeus Cronión, guía de 
todos los dioses. 


Éste también mató a Cicno, orgullo- 
so Aretíada. Le encontró en el recinto 

Encuentro j 
de Heracles Sagrado del flechador Apolo —a él y a 
y Cicno su padre Ares, insaciable de guerra, 
destellando ambos con sus armas un 
brillo como de chispeante fuego— de pie en su carro. 
Los raudos corceles hacían resonar el suelo, golpean- 
do con sus cascos; y una humareda de polvo les envol- 
vía, adhiriéndose bajo el trenzado carro y las pezuñas 
de los caballos. El bien construido carro y las baran- 


ESCUDO 179 


dillas rechinaban al empuje de los caballos. Estaba 
contento el intachable Cicno, esperando matar con su 
bronce al belicoso hijo de Zeus y a su auriga, y despo- 
jarle de las egregias armas. Pero no escuchó sus deseos 
Febo Apolo, quien precisamente lanzó contra él al for- 
nido Heracles. 

El bosque entero y el altar de Apolo Pagaseo resplan- 
decía a causa del terrible dios, de él y de sus armas; 
como fuego lanzaba destellos por sus ojos. ¿Quién sien- 
do mortal se hubiera atrevido a precipitarse contra 
aquél, sino Heracles y el glorioso Yolao?; [pues de 
aquéllos, gran fuerza e invencibles manos de sus hom- 
bros nacían sobre robustos miembros. ] 

Y aquél entonces se dirigió a su au- 
riga, el poderoso Yolao: 


Diálogo , , : 
de erario «¡Héroe Yolao, el más querido con 
y Yolao mucho de todos los mortales! Sin duda 


que algún gran pecado contra los In- 
mortales bienaventurados que habitan el Olimpo come- 
tió Anfitrión cuando llegó a la bien coronada Tebas 
abandonando Tirinto, ciudad bien construida, tras ma- 
tar a Electrión por unas vacas de ancha frente. 

Acudió a Creonte y a Heníoca la de largo peplo, que 
le recibieron y le procuraron todo tipo de comodidades, 
cual es norma para con los suplicantes; y le honraron 
entonces mucho, de corazón. Vivía ufano con la Elec- 
triona de bellos tobillos, su esposa; y en seguida, al 
cabo de los años, nacimos nosotros, ni en físico pare- 
cidos ni en espíritu, tu padre y yo. 

A aquél, Zeus le hizo perder la razón; pues, abando- 
nando su casa y sus padres, se marchó para honrar al 
impío Euristeo, ¡desventurado! Muchas veces debió la- 
mentarse luego, al soportar su ruina; mas ésta es irre- 
vocable. A mí, por el contrario, un dios me impuso 
terribles trabajos”. 


3 Homero culpa de los trabajos de Heracles a Hera por celos 


65 


70 


75 


80 


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95 


100 


180 OBRAS 


¡Amigo mío! Ahora tú, rápido, toma las purpúreas 
riendas de los corceles de rauda pezuña y haciendo 
crecer un gran valor en tu pecho, dirige recto el rápido 
carro y el brío de los corceles de rauda pezuña, sin 
miedo alguno al estrépito de Ares matador de hombres; 
el cual ahora, con sus gritos, hace retumbar el sagrado 
bosque de Febo Apolo, soberano de certero dardo; pero 
a buen seguro que por muy violento que sea, va a sa- 
ciarse de guerra.» 

Respondióle a su vez el intachable Yolao: 

«¡Venerable amigo! Sin duda que el padre de hombres 
y dioses honra tu persona; y el dios de cabeza de toro 6, 


de Zeus y una tradición más reciente los atribuye a la muerte 
involuntaria por parte de Heracles de sus propios hijos. He- 
síodo, al no aludir a ninguna de estas versiones, salva así la 
justicia de Zeus, que en Homero aparece como causa indirecta, 
y la de Heracles. El pecado de Anfitrión motiva el castigo de 
Ificles y de Heracles; pero mientras aquél comete a su vez nue- 
vos pecados por su insensatez, Heracles hace gala de sabiduría 
y justicia al afrontar sus trabajos como una decidida purifica- 
ción del mal. 

¿ Posidón está ligado tanto al toro como al caballo. En Éfeso, 
según ATENEO, X 425b, se llamaban Tadroi los sacerdotes de las 
Taúreia, fiestas dedicadas al dios; el toro es además su víctima 
preferida, la que se le sacrifica en la Ilíada. La alusión a Posi- 
dón en este pasaje está motivada evidentemente por el origen 
tebano de Heracles; no creemos que tenga un sentido especial 
su asociación a Zeus como piensa J. VARA («Contribución», 347), 
que cita además Trab. 667-9 y Teog. 41; en estos dos pasajes 
la mención del dios es puramente tópica, pues siendo dios del 
mar es lógico que el poeta haga depender la obtención de una 
buena pesca o la navegación si nproblemas de su disposición 
favorable. En cuanto a Trab. 667-9, el autor no busca allí una 
intencionada colaboración entre los dos dioses, sino que a Zeus 
le cita como el dios del que en definitiva depende todo éxito 
por su poder supremo (igual que en Trab. 465 se recomiendan 
plegarias a Zeus y Deméter para lograr buenas cosechas) y a 
Posidón por la causa indicada. Además, en el pasaje citado de 
Trabajos la referencia a los dos dioses es disyuntiva, no copu- 
lativa. El caso del Escudo es parecido: se alude a Zeus por ser 


ESCUDO 181 


Ennosigeo, que habita las almenas de Tebas y protege 
la ciudad; por cuanto ahora traen a tus manos este 
mortal, principal y poderoso, para que logres noble 
fama”. Pero ¡ea! viste tus belicosas armas, a fin de que 
muy pronto, acercando los carros, el de Ares y el nues- 
tro, luchemos; pues no tendrá asustados al intrépido 
hijo de Zeus ni al Ificleida; sino más bien pienso que 
él huirá de los dos hijos $ del intachable Alcida, los cua- 
les ya están cerca de él, ansiosos de trabar combate 
de guerra, cosa para ellos mucho más dulce que un 
banquete.» 

Así habló. Sonrió el fornido Heracles, lleno de gozo 
en su corazón; pues acababa de decir palabras muy 
gratas para él. Y en respuesta, dirigióle aladas pa- 
labras: 

«¡Héroe Yolao, vástago de Zeus! No está ya lejos el 
violento combate; y tú, tan diestro como fuiste en ante- 
riores Ocasiones, así también ahora haz girar por todas 
partes a Arión, gran caballo de negras crines, y ayú- 
dame como puedas.» 

Dicho esto, protegió sus piernas con 
grebas de brillante metal, espléndido 


Heracles 
viste regalo de Hefesto. En segundo lugar, 
sus armas revistió su pecho con la bella coraza 


de oro, artísticamente labrada, que le 
regaló Palas Atenea, hija de Zeus, cuando iba a em- 
prender los dolorosos trabajos. Se colgó de los hom- 
bros el hierro defensor de ruina, varón terrible. En 


el responsable principal de la actuación benéfica de Heracles y 
a Posidón por su patronazgo sobre la ciudad de Tebas. Más 
bien habría que ver esta alusión al dios de Tebas como un ar- 
gumento a favor de la beoticidad del Escudo negada por Russo 
(Hesiodi..., págs. 29-35). 

? Es la misma razón que se da en Teog. 530. 

£ En el sentido amplio de «descendientes», pues Yolao es 
nieto de Anfitrión. 


105 


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182 OBRAS 


torno al pecho dejó caer, por detrás, el cóncavo car- 
caj; en su interior, muchos dardos escalofriantes, dis. 
pensadores silenciosos de muerte: delante, tenían muer- 
te y sumergían en llanto; en el centro, eran pulidos, 
muy largos; y por detrás, estaban cubiertos con alas 
de rojizo buitre. Escogió una sólida lanza con punta 
de brillante bronce; y sobre el duro cráneo se colocó 
un excelente casco, artísticamente labrado, de acero 
y ajustado a sus sienes, que protegía la cabeza del 
divino Heracles. 
Tomó con sus manos el resplande- 
ed ciente escudo. Nadie lo consiguió ras- 
Descripción ' E p 
del escudo gar, haciendo blanco en él, ni lo abolló, 
maravilla verlo. Todo él, en círculo, 
por el yeso, el blanco marfil y el ám- 
bar, era reluciente, y por el brillante oro, [resplande- 
ciente; láminas de azul lo cruzaban de parte a parte.] 
En el centro había una terrible ser- 
piente, indecible, mirando hacia atrás 
Monstruos con ojos que echaban destellos de fue- 
go; su boca estaba repleta de blancos 
dientes, terribles y enormes; sobre su 
horrenda frente, la horrible Eris revoloteaba incitando 
al tumulto de guerreros. ¡Cruel ella que arrebata la 
razón y voluntad a los hombres que se enfrentan en 
guerra al hijo de Zeus! [Sus almas se hunden en la 
tierra hacia la mansión de Hades; y sus huesos, al des- 
componerse la piel que los recubre, bajo el resecante 
Sirio se pudren en la negra tierra.] 

Allí estaban labradas la Persecución y el Contra- 
ataque. Allí también ardían el Tumulto, la Matanza y la 
Masacre. [Allí se arrojaban Eris y el Desorden; y allí 
la funesta Ker, con un guerrero vivo, recién herido, y 
otro ileso, a otro le arrastraba a duras penas de am- 
bos pies; un manto tenía en los hombros, enrojecido 


ESCUDO 183 


con sangre humana; miraba de modo horrible y rugía 
con grandes alaridos.] 

AMí había doce cabezas de terribles serpientes, in- 
decibles, que infundían terror a las tribus de hombres 
que habitan sobre la tierra [...]?; sus dientes rechina- 
ban cuando combatía el Anfitrioníada; estas admira- 
bles obras lanzaban fuego y una especie de manchas 
aparecían visiblemente sobre las terribles serpientes. 
Eran azuladas por el dorso y de negros mentones. 

Allí había manadas de jabalíes y de 
debaltes leones que se miraban fijamente, fu 
y riosos y dispuestos al ataque. Sus fi- 
leones las estaban apiñadas y en absoluto 
temblaban ni unos ni otros, si bien 
ambos tenían erizados sus cuellos. Ya para aquéllos 
yacía muerto un enorme león; y a su lado, dos jaba- 
líes privados de vida; bajo él, negra sangre goteaba al 
suelo; y éstos, con el cuello desplomado, yacían muer- 
tos por los terribles leones. Aquéllos todavía más se 
erguían furiosos para luchar, unos y otros: los jabalíes 

y los leones de encendida mirada. 
Allí estaba el combate de los lance- 
: ros Lapitas en torno a su rey Ceneo, 

Lapitas , E 
y a Driante, a Pirítoo, a Hopleo, a Exa- 
centauros dio, Falero y Próloco, al Ampícida 
Mopso, titaresio vástago de Ares, y al 
Egeida Teseo, semejante a los Inmortales. Eran de 
plata, con armas de oro cubriendo sus cuerpos. Al otro 
lado, frente a ellos, se agrupaban los Centauros en tor- 
no al enorme Petreo y al adivino Asbolo, a Arcto, a 
Ureo, a Mimante de negra cabellera, y a los dos Peu- 
cidas, Perimedes y Dríalo. Eran de plata, con mazas de 
oro en sus manos. A un mismo impulso, como si estu- 


9 Verso 164 [que se enfrentan en guerra al hijo de Zeus]. 


160 


165 


170 


175 


180 


185 


190 


195 


200 


205 


210 


215 


184 OBRAS 


vieran vivos, con sus lanzas y mazos se inclinaban hacia 
delante, cuerpo a cuerpo. 

Allí estaban los dorados caballos de 

je rauda pezuña del terrible Ares; allí 

y Atenea también el propio Ares portador de 

despojos, funesto —con una lanza en 

sus manos, incitando a los infantes y 

rojo de sangre como si matara hombres vivos— de pie 

en su carro. A su lado estaban el Terror y el Miedo 
ansiosos de sumergirse en la guerra de hombres. 

Allí la hija de Zeus amiga de botín, Tritogenia, en 
actitud como si deseara incitar al combate —con lanza 
en su mano, yelmo de oro y égida sobre los hombros— 
marchaba hacia la terrible contienda. 

Allí estaba el sagrado coro de In. 

mortales. En medio, plañía la cítara 

Olimpo deliciosamente el hijo de Zeus y Leto 

con forminge de oro. [Era el Olimpo, 

sede sagrada de los dioses. Allí había 

una plaza e inmensa dicha presidía el juicio de los 

Inmortales.] Unas diosas entonaban un canto, las Mu- 

sas de la Pieria, como si realmente cantaran a viva voz. 

Allí un puerto, buen refugio contra 

el embravecido mar, estaba labrado en 

Puerto círculo, de estaño fundido, igual que 

si lo bañaran las olas. [Muchos delfi- 

nes en medio de él saltaban aquí y 

allá pescando, igual que si nadaran.] Dos resoplantes 

delfines de plata asustaban a numerosos peces; por de- 

bajo huían peces de bronce; además, en la orilla, había 

un hombre con las trazas de un pescador; tenía en sus 

manos una red con peces, como si de verdad fuera a 
tirarlos. 


ESCUDO 185 


Allí estaba el hijo de Dánae de her- 


Perseo mosos cabellos, el jinete Perseo, sin 
y las tocar el escudo con los pies ni fuera 
Gorgonas 


de él, gran maravilla entenderlo; pues 
no estaba apoyado en ningún sitio. Así 
le labró con sus manos el ilustre Patizambo, de oro. 
En sus pies tenía aladas sandalias y de sus hombros 
pendía una espada guarnecida en negro, de un tahalí 
de bronce. Aquél volaba igual que el pensamiento; y 
por toda la espalda tenía la cabeza de un terrible mons- 
truo, la Gorgona. A sus costados corrían alforjas, ma- 
ravilla verlas, de plata; brillantes flecos flotaban, de 
oro. Cubría las sienes del héroe el terrible casco de 
Hades con la tenebrosa oscuridad de la noche. 

Aquél, el Danaida Perseo, estaba en tensión como 
quien corre y es presa del miedo. Detrás de él, las Gor- 
gonas horrendas e indecibles se precipitaban ansiosas 
de cogerle. A su marcha sobre el pálido acero, resonaba 
el escudo con gran estruendo, aguda y sonoramente. En 
su cintura, dos serpientes flotaban incurvando sus ca- 
bezas hacia delante; como dardos lanzaban su lengua 
las dos y daban furiosas dentelladas con los dientes, 
mirando de forma salvaje. Sobre las horribles cabezas 
de las Gorgonas se agitaba un terrible pánico ?', 

Encima de ellas combatían varones 

con armas de guerra: unos por su ciu- 
Ciudad ; 

en guerra dad y sus padres, tratando de alejar 

la ruina; otros ávidos de destrucción. 

Muchos yacían muertos y más aún lu- 

chaban con porfía. Las mujeres, sobre sólidas murallas 

de bronce, gritaban a viva voz y se arañaban las meji- 

llas igual que si estuvieran vivas, Obra del ilustre He- 

festo. Unos varones, los que eran ancianos y habían 


'o Se refiere a las serpientes que tenían las Gorgonas en lugar 
de cabellos. 


220 


225 


230 


235 


240 


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250 


255 


260 


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270 


186 OBRAS 


alcanzado la vejez, estaban en grupo fuera de las puer- 
tas con las manos levantadas hacia los bienaventurados 
dioses, llenos de miedo por sus hijos; éstos entretanto 
hacían la guerra. 

Detrás de ellos, rechinando sus blancos dientes, las 
sombrías Keres de terrible mirada, tremendas, sangui.- 
narias y espantosas, reían por los que iban cayendo. 
Todas a una se lanzaban a beber la negra sangre; tan 
pronto como cogían a uno ya muerto o que caía recién 
herido, echaban sobre él < al mismo tiempo > sus lar- 
gas uñas; y su alma bajaba [...]*! hacia el tenebroso 
Tártaro. Luego aquéllas, cuando saciaban su corazón de 
sangre humana, lo tiraban hacia atrás; y regresando, 
otra vez se precipitaban en el tumulto y fragor del 
combate. 

[Cloto y Láquesis estaban al frente; la más peque- 
ña, Átropo, no era en modo alguno una diosa grande, 
si bien era más importante que las otras y más vieja. 
Todas sostenían violenta lucha en torno a un solo hom- 
bre y se miraban entre sí de forma horrible, con ojos 
de furia; y en él empleaban por igual sus uñas y sus 
desaforadas manos.] 

Estaba a su lado la Tiniebla '* lamentable y terrible, 
pálida, negra y exhausta por el hambre, de hinchadas 
rodillas; grandes uñas había al extremo de sus manos. 
De las narices le caían mocos y la sangre resbalaba 
desde sus mejillas al suelo. Estaba en pie con terrible 
mueca, y en sus hombros se había acumulado gran can- 
tidad de polvo, mojado por el llanto. 


il [al Hades]. 

12 La Muerte. Representa, según Russo (págs. 13-13), la pri- 
mera figura alegórica de la literatura griega; en ella se sinte- 
tizan todos los males de la guerra. 


ESCUDO 187 


Cerca había una ciudad de hombres 
ida bien amurallada; la cerraban siete do- 
en paz radas puertas ' provistas de dinteles. 

Sus varones disfrutaban entre fiestas 

y danzas: éstos, sobre un carro de 
buenas llantas, conducían la esposa a su marido y un 
largo himneo se elevaba al cielo; a lo lejos, la llama de 
las brillantes antorchas giraba en las manos de los 
criados. Las mujeres avanzaban colmadas de júbilo 
por la fiesta y las seguían divertidos coros: ellos, al 
son de los agudos caramillos, dejaban salir la voz de 
sus dulces bocas y a su entorno se quebraba el eco; 
ellas, al son de las liras, formaban un delicioso coro. 
[Allí, en otro lugar, unos jóvenes iban bailando y can- 
tando en grupos al son de la flauta.] 

Aquéllos por su parte avanzaban divirtiéndose al rit- 
mo del baile y del canto [...]!*; las fiestas, los coros y 
el regocijo envolvían toda la ciudad. Otros, en cambio, 
delante de la ciudad, montados al lomo de sus caballos, 
celebraban carreras. 

Los labradores araban la divina tierra con sus man- 
tos arremangados; era abundante la mies. Unos segaban 
con sus cortantes armas los tallos que se doblaban al 
peso de las espigas, como si realmente se tratara del 
fruto de Deméter; otros los ataban con vencejos y los 
iban echando en la era. Otros vendimiaban las cepas, 
con hoces en sus manos [...]*; y otros transportaban 


i3' El poeta se refiere a Tebas. De acuerdo con Russo en que 
la motivación puede haber sido que Tebas es patria de Hera- 
cles; pero, a nuestro juicio, esa tendenciosa identificación de 
Tebas con la ciudad feliz hay que considerarla un dato más a 
favor de la beoticidad del autor. 

14 Verso 283 [y a su vez unos riendo, cada grupo al son de su 
flautista). 

Ss Versos 293-5 [otros llevaban en cestos blancos y negros 
racimos cortados por los vendimiadores de las largas hileras de 
cepas cargadas de hojas y sarmientos de plata]. 


275 


280 


285 


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320 


188 OBRAS 


la uva en cestos. A su lado había una parra de oro, Obra 
espléndida del muy sabio Hefesto [...]', [agitándose 
con sus hojas y plateadas cañas], cargada de racimos; 
éstos eran negros. Unos pisaban la uva y otros extraían 
el mosto. 

Otros practicaban el pugilato y la lucha de arrastre; 
otros cazaban liebres de rápido pie, hombres cazadores, 
con dos perros de agudos colmillos delante ávidos de 
cogerlas y aquéllas ávidas de escapar. A su lado unos 
jinetes se esforzaban y por un premio competían afa- 
nosamente. Los aurigas, en pie sobre bien trenzados 
carros, incitaban a los rápidos caballos; los bien ajus- 
tados carros volaban con gran estrépito y los cubos de 
las ruedas chirriaban con fuerza. Aquéllos, pues, se es- 
forzaban sin cesar, y nunca se les cumplía la victoria, 
sino que mantenían un indeciso combate. Tenían fijado 
como premio en esta competición un gran trípode de 
oro, obra espléndida del muy sabio Hefesto. 

Por la orla se extendía el Océano 

como si lo desbordara; limitaba por 

Océano completo el muy artístico escudo. En 

él, cisnes de alto vuelo daban fuertes 

graznidos y en grandes bandadas na- 

daban sobre la superficie del agua; cerca, los peces se 

arremolinaban. ¡Maravilla verlo también para Zeus 

gravisonante, por cuya voluntad Hefesto hizo el enorme 
y sólido escudo, labrándolo con sus manos! 

El glorioso hijo de Zeus lo blandía con fuerza; saltó 
sobre el carro de caballos, semejante al rayo de su pa- 
dre, Zeus portador de la égida, con rápido paso; su 
auriga, el poderoso Yolao, en pie sobre el asiento, con- 
ducía recto el curvo carro. 


16 Verso 298 [y a su vez unos divirtiéndose cada grupo al son 
de su flautista]. 


ESCUDO 189 


Cerca de ellos vino la diosa de ojos 
glaucos, Atenea, y dándoles ánimo diri- 
Palabras e 
de Atenea gióles aladas palabras: 
«¡Salud, descendencia del célebre 
Linceo! ¡Ojalá que Zeus, soberano de 
los Bienaventurados, os dé fuerzas para matar a Cicno 
y despojarle de sus egregias armas! Y en particular a 
ti una advertencia te haré, ¡el más excelente de los 
guerreros! Tan pronto como prives a Cicno de su dulce 
vida, déjale luego allí con sus armas y tú, vigilando el 
ataque de Ares funesto para los mortales, cuando le 
veas con tus ojos desguarnecido por el artístico escudo, 
entonces hiérele con tu agudo bronce; pero retírate de 
nuevo, ya que no es tu destino quitarle los caballos ni 
las egregias armas.» 
Tras decir esto, subió al carro la divina entre diosas 
portando la victoria y la fama en sus inmortales manos. 


Entonces ya el divino Yolao incitó 
con voz terrible a los caballos; aqué- 
Combate ' ad 

HeraclesCicno los, bajo la orden, arrastraban rápida- 

mente el veloz carro envolviendo en 

polvo la llanura; pues les infundió brío 

Atenea de ojos glaucos, señora de la égida. Y en torno 
retumbó la tierra. 

Aquéllos avanzaron a la vez, semejantes al fuego o a 
un huracán, Cicno domador de caballos y Ares insa- 
ciable de lucha. Y sus caballos, luego, enfrentados unos 
a otros, relincharon fuertemente y a su alrededor se 
quebraba el eco. 

A él se dirigió primero el fornido Heracles: 

«¡Amigo Cicno! ¿Por qué ahora ambos lanzamos los 
rápidos caballos contra nosotros, varones que somos 
expertos en fatigas y miserias? Antes bien, aparta a un 
lado tu bien pulido carro y deja camino para pasar a 
un lado. Pues me dirijo a Traquis, a casa del soberano 
Ceix. Y éste sobresale de Traquis en poder y dignidad; 


325 


330 


335 


340 


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190 OBRAS 


precisamente tú lo sabes muy bien; pues eres esposo 
de su hija Temistónoa de negros ojos. 

¡Amigo mío! No por cierto te librará Ares de la muer- 
te si es que mos ponemos de acuerdo en luchar. Te 
aseguro que ya en otra ocasión probó aquél nuestra 
lanza, cuando en defensa de la arenosa Pilos se en- 
frentó a mí con ansia incontenible de lucha ". Tres 
veces golpeado por mi lanza cayó a tierra con el escudo 
destrozado; a la cuarta, le alcancé un muslo lanzándola 
con toda mi fuerza, y abrí una enorme raja en su 
carne; al empuje de mi lanza cayó a tierra, boca abajo, 
en medio del polvo y allí se habría visto humillado 
entre los Inmortales, dejando en nuestras manos san- 
grientos despojos...». 

Así dijo. Mas el buen lancero Cicno no pensaba obe- 
decerle y retener los caballos tiradores de carros. En- 
tonces, rápidamente saltaron de sus bien trenzados ca- 
rros a tierra el hijo del poderoso Zeus y el del sobe- 
rano Enialio. Los aurigas, a continuación, incitaron los 
caballos de bellas crines. Y a su arranque retumbaba 
toda la ancha tierra !. 

Como cuando desde la alta cima de una gran montaña 
saltan las rocas y van cayendo unas sobre otras —mu- 
chas encinas de elevadas copas y muchos pinos y ála- 
mos de extensas raíces son arrancados por ellas que 


17 Ocurrió esto durante la expedición de Heracles contra Ne- 
leo rey de Pilos motivada según la leyenda por la ayuda que 
éste prestó a los minias de Orcómeno en guerra con Heracles o 
porque intentó robar al héroe parte de los rebaños de Gerión. 

18 Verso 373. Tanto SOLMSEN como MAZON y Russo prefieren 
la lectura pós' eureia khthón. Aparte de que la elisión de post 
no está atestiguada en Hesíodo (aunque haya algún ejemplo en 
Homero), el juego de cesuras que liga el término en cuestión 
a eureia khthón, nos inclinan en favor de la lectura de b. La 
estructura es como sigue: 


«y a su arranque / / retumbaba toda la ancha tierra» 
(los dos miembros separados por la pentemímera) 


ESCUDO 191 


ruedan rápidas hasta alcanzar la llanura—, así aqué- 
llos cayeron uno sobre otro con grandes gritos. 

Toda la ciudad de los Mirmidones, la ínclita Yolcos, 
Arne, Hélice y la herbosa Antea, resonaron con fuerza 
al grito de ambos. Aquéllos chocaron con terribie alalá 
y tronó fuertemente el prudente Zeus [...]'* haciendo 
así una contraseña de guerra para su animoso hijo. 

Tal como en los valles de la montaña un jabalí de 
salientes colmillos, difícil de descubrir, se dispone a 
luchar contra hombres cazadores furiosamente, y afila 
sus blancos colmillos al través —la espuma fluye en 
torno a su boca mientras le crujen los dientes; sus ojos 
se asemejan al brillante fuego y se le erizan los pelos 
en el dorso y alrededor del cuello—, igual que él, saltó 
de su carro de caballos el hijo de Zeus. 

Cuando la cantora cigarra de negras alas, posada en 
la verde rama, comienza a entonar el verano para los 
hombres —su bebida y alimento es el fresco rocío y du- 
rante todo el día y al amanecer derrama su canto en el 
terrible estío, cuando Sirio abrasa el cuerpo—, enton- 
ces ya aparecen las raspas en torno a los mijos que se 
siembran en verano, cuando se colorean las uvas, dones 
que hace Dioniso a los hombres para su alegría y do- 
lor %; en esa época combatían y se levantaba un gran 
estrépito. 


1 Verso 384 [entonces hizo bajar desde el cielo gotas de 
sangre]. 

22 La atetización de este pasaje (que nos haría traducir «en- 
tonces [...J combatían...») se basa fundamentalmente en la con- 
sideración de que témos (= «entonces») concreta la acción lo- 
calizada temporalmente con témos (= «cuando»...); pero, como 
bien apunta J. Vara («Contribución...», 356-7), hay ejemplos en 
Hesíodo que demuestran cómo en este tipo de comparaciones, a 
diferencia de Homero, nuestro poeta «responde con el témos 
todavía a algo que propiamente pertenece aún a la comparación 
y sólo después, pero fuera del alcance del témos, viene la deter- 
minación concreta del tiempo» (para ejemplos cf. J. VaARa, 357). 


380 


385 


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395 


400 


405 


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415 


420 


425 


430 


192 OBRAS 


Como dos leones furiosos entre sí por una cierva 
muerta se atacan —su rugido es terrible y a la vez les 
rechinan los dientes—... [aquéllos, como buitres de 
curvas garras y corvos picos luchan sobre una escar- 
pada roca con fuertes graznidos por una cabra mon- 
tesa o una hermosa cierva salvaje a la que abatió un 
esforzado varón hiriéndola con una flecha lanzada por 
su arco —él no sabiendo el lugar se marchará por otro 
lado, en tanto que aquéllos la descubren en seguida y 
precipitadamente se enfrascan en terrible combate por 
ella—, así aquéllos gritando se lanzaron uno contra 
otro.] 

Entonces por cierto, Cicno, ansioso de matar al hijo 
del muy poderoso Zeus, arrojó sobre su escudo la bron- 
cínea lanza; pero no lo rasgó el bronce, sino que la re- 
chazó el regalo del dios. 

El Anfitrioníada, el fornido Heracles, entre la coraza 
y el escudo presto alcanzó con su larga lanza el des- 
nudo cuello, violentamente, por debajo del mentón; y 
el fresno matador de hombres cortó ambos tendones; 
pues vino a dar allí la enorme fuerza del héroe. Se 
desplomó como cuando se desploma una encina o un 
enorme pino asestado por el humeante rayo de Zeus. 
Así se desplomó y en torno a él resonaron las armas 
labradas en bronce. 

Le dejó luego el intrépido hijo de 
Zeus y se puso a vigilar el ataque de 
Ares, funesto para los mortales, miran- 
do con temibles ojos. Como un león 
que se ha encontrado con un animal y 
con gran avidez haciendo trizas su piel rápidamente le 
arrebata la dulce vida con sus poderosas garras —su 
negro corazón se inunda de furia y lanzando terribles 
destellos por los ojos mientras fustiga sus costados y 
dorso con el rabo, escarba el suelo con las patas y 
nadie se atreve a ir contra él mirándole de frente, ni a 


Combate 
Heracles-Áres 


ESCUDO 193 


combatirle— así el Anfitrioníada, insaciable de lucha, se 
colocó frente a Ares haciendo crecer el valor en su pe- 
cho, con ansia. Aquél se acercó a él con el corazón 
irritado [y ambos gritando se lanzaron uno contra 
otro]. 

Como cuando desde un alto risco se precipita una 
roca —con grandes saltos va girando y ruidosamente 
se mueve incontrolable— y le sale al encuentro una 
enorme colina, choca contra ella y allí la retiene, así 
<entonces> el funesto Ares doblador de carros, con 
estrépito se lanzó gritando y aquél le recibió firme- 
mente. 

Luego Atenea, hija de Zeus portador de la égida, vino 
al encuentro de Ares con la sombría égida y mirándole 
de forma terrible, torvamente, le dirigió aladas pa- 
labras: 

«¡Ares! Retén tu violenta furia y tus indomables ma- 
nos; pues no es tu destino despojar de sus egregias 
armas, matándole, a Heracles, el arrojado hijo de 
Zeus. Pero ¡ea! cesa en tu lucha y no te pongas con- 
tra mi.» 


Así dijo. Mas no persuadió al orgulloso espíritu de 
Ares, sino que, con un terrible grito, blandiendo sus 
armas semejantes a la llama, se lanzó rápidamente con- 
tra el fornido Heracles, ansioso de matarle. Arrojó la 
broncínea lanza, furiosamente irritado por la muerte 
de su hijo, sobre el enorme escudo. Pero Atenea de 
ojos glaucos, extendiendo la mano desde su carro, des- 
vió el golpe de la lanza. Un agrio dolor se apoderó de 
Ares y desenvainando la aguda espada, se lanzó sobre 
el intrépido Heracles. Cuando le atacaba, el Anfitrio- 
níada, insaciable de terrible lucha, le hirió violenta- 
mente en un muslo desguarnecido por el artístico escu- 
do. Abrió una enorme raja en su carne con la lanza, 
manejándola hábilmente, y le abatió en medio del 
suelo. 


OBRAS Y FRAGMENTOS, 13 


435 


440 


445 


450 


455 


460 


465 


470 


475 


480 


194 OBRAS 


Al punto el Miedo y el Terror condujeron cerca de 
él el carro de buenas ruedas y los caballos; y levantán- 
dole de la tierra de anchos caminos, le colocaron en el 
bien labrado carro. Y al punto luego fustigaban los dos 
los caballos y se dirigieron al elevado Olimpo. 

El hijo de Alcmena y el glorioso Yolao, tras despojar 
a Cicno de las bellas armas de sus hombros, se mar- 
charon. Y al punto luego llegaron a la ciudad de Traquis 
con sus corceles de rauda pezuña. 

Por su parte Atenea de ojos glaucos se dirigió al ele- 
vado Olimpo y a la mansión de su padre. 

A Cicno le enterró Ceix y una inmensa multitud —los 
que habitaban cerca de la ciudad del ínclito rey, [Ante, 
la ciudad de los Mirmidones, la ínclita Yolcos, Arne y 
Hélice—; una gran multitud se congregó] por respeto 
a Ceix, amado para los bienaventurados dioses. 

Su tumba y su túmulo lo quitó de la vista el Anau- 
ro, crecido con lluvia de tormenta; pues así se lo or- 
denó el Letoida Apolo, porque en otro tiempo a todos 
los que llevaban espléndidas hecatombes a Pitia, los 
despojaba por la fuerza, acechándoles ?!. 


21 Esta es la explicación de lo dicho en vv. 68-9. 


FRAGMENTOS 


INTRODUCCIÓN 


Según vimos en la introducción general, bajo el nom- 
bre genérico de fragmentos se encubren los restos de 
un crecido número de obras hesiódicas que es conve- 
niente individualizar de la forma más precisa posible !. 
Y no es la menor razón que nos asiste en esta particu- 
larización el hecho de que tres cuartas partes de los 
fragmentos aquí recogidos —el total ronda los cuatro- 
cientos— puedan ser atribuidas a obras cuyo contenido 
no debe permanecer en el vacío. Con tal proceder in- 
tentamos restar fuerza a la idea tan difundida de que 
hablar de fragmentos es cuasi sinónimo de referirse a 
algo desdeñable. No, estos restos, en lugar de desprecio, 
merecen una solicitud muy esmerada. La actitud de 
nuestro acercamiento a ellos debe ser idéntica a la que 
adoptamos cuando en la actualidad recorremos los re- 
cintos arqueológicos del mundo clásico: nos gusta co- 
locar cada pieza dispersa (basamentos, columnas, etc.) 
en su lugar exacto, recomponiendo mentalmente la fi- 
gura de un todo subyugante?. 


!- Cf. introducción general, pág. 29. 

? No perdamos de vista que la totalidad de versos conserva- 
dos en estos fragmentos se acerca al de las tres obras preser- 
vadas por los manuscritos medievales. Si consideramos el Es- 
cudo como lo que es, el fragmento más largo, lo fragmentario 
supera con creces a lo no fragmentario. 


198 FRAGMENTOS 


Bien es verdad que no todos los materiales reunidos 
llevan la marca inconfundible, el cuño imborrable de 
Hesíodo. Y no la llevan, porque esa marca perfecta, 
invariable e inconfundible, no existe tampoco en los 
poemas hesiódicos de atribución segura. Corremos, 
pues, el riesgo de equivocarnos en nuestras atribucio- 
nes, en la configuración cabal de estos edificios poéti- 
cos tan arruinados. Y es que, en esta nuestra explora- 
ción filológico-arqueológica, nos acompaña indefectible- 
mente no sólo la garantía de quienes, a lo largo de los 
siglos, leyeron a Hesíodo, copiaron su obra o lo citaron 
de manera explícita y escrupulosa, sino también la som- 
bra de quienes consideraron excelsa su poesía y, por 
tanto, digna de aplicada y fructífera imitación. 


Con todo, hemos de procurar que la presentación de 
estas reliquias, al tiempo que sugerente, se haga acree- 
dora tan sólo de las inevitables reservas a que algunos 
de los textos acotados nos inducen. Ahí radica precisa- 
mente la necesidad de aplicar un método válido que 
nos lleve a distinguir lo hesiódeo (frs. 1-342) de lo que 
lo es sólo a medias (fragmentos dudosos 343-363) y de 
lo que no lo es en absoluto (fragmentos espúreos 364- 
413). 

Dentro de lo hesiódeo, se impone también una dis- 
tinción entre los restos ubicables y los de localización 
incierta (frs. 303-342), criterio este que puede aplicarse 
de igual modo a los fragmentos pertenecientes a una 
misma obra (frs. 205-245). 

Apoyados en estas premisas metodológicas y vivencia- 
les vamos a insistir, pues, en el valor de todos estos 
poemas fragmentariamente conservados, procurando, 
siempre que ello sea posible, adelantar los rasgos per- 
ceptibles de su estructura. 


INTRODUCCIÓN 199 


1.—El Catálogo de las mujeres, también conocido con 
el nombre de Eeas?, es, entre las obras fragmentarias, 
la que mayor difusión tuvo en la antigiedad y la me- 
jor representada en nuestros fragmentos (frs. 1-245). 

Dividido en cinco libros por los filólogos alejandri- 
nos, este poema fue considerado desde época muy tem- 
prana, probablemente desde antes de finales del siglo vI 
antes de Cristo, como una continuación natural de la 
Teogonía. 

Al igual que los poemas homéricos, determinadas par- 
tes del mismo eran conocidas con un título propio?. 
Y las deducciones sobre su extensión global llevan a 
suponer una cifra próxima a los 6.000 ó 7.000 versos. 

Sólo recientemente se está en vías de adoptar una 
postura próxima a la de Aristófanes de Bizancio en 
cuanto a su autenticidad. La edición hesiódica del fi- 
lólogo alejandrino que manejara su discípulo Aristarco 
incluía esta obra, sin duda porque la consideraba ge- 
nuina *. 

Algunos estudiosos alemanes del siglo xIx hicieron 
de las Eeas el centro de su investigación. Concebían la 
obra como una sucesión inconexa de pasajes cerrados, 
logrando algún éxito en la reconstrucción de las eeas de 
Coronis y Cirene?, pero, por encima de la reconstruc- 
ción de tal o cual leyenda, está la problemática formal 
de la obra en que esas leyendas se encontraban. Esa 
forma no parece difícil de adivinar, el Catálogo perte- 
nece al mismo género narrativo que la Teogonía y 


3 El nombre equivale a una transcripción de las dos palabras 
griegas con que se inician muchos pasajes: € hoíé (plural € 
hoíai) «o como la(s) que»..., cf. frs. 23,3, 26.5, 43.2, etc. 

4 Cf. fr. 151, donde se nos habla de gés períodos, «vuelta a 
la tierra». 

5 Cf. ScCHWARTZ, Pseudo-H estodeta..., págs. 618-625. 

6 Véase R. MERKELBACH, «Das Prooemium des hesiodischen 
Katalogs», Zeitschr, f. Papyr. und Epitgr. 3 (1968), 126-133. 

7 Cf. los frs. 59-60 y 215-216. 


200 FRAGMENTOS 


cuenta con elocuentes paralelos homéricos ?. Mayor di. 
ficultad entraña en cambio el descubrimiento del hilo 
temático que conducía la trama precisa de la obra. La 
Biblioteca de Apolodoro y, en menor grado, las Fábulas 
de Higino han constituido el principal caballo de ba. 
talla; las alternativas en favor y en contra de estos dos 
modelos han revestido una increíble virulencia, y ello 
sin contar con el escepticismo a ultranza adoptado por 
determinados autores. Pese a todo, hay que afirmar que 
el Catálogo no es identificable con la Biblioteca, pero 
que ésta constituye un auxiliar valiosísimo a la hora de 
integrar e interpretar los datos de los fragmentos efec- 
tivos. 


Esquema del catálogo: 


1. Proemio (fr. 1). 

2. Estirpes de Deucalión (frs. 2-9): Helen (2-6), Huya (7 y 8), 
hijos de Helen (9). 

3. Los Eólidas (frs. 10-121): Hijos de Éolo (10). Perimedes, los 
hijos de Partaón (11). Peribea (12 y 13). Tideo (14). Salmo- 
neo (15). Alcione y Pisídice (16). Ctéato y Éurito (17 y 18). 
Los Alóyadas (19). Oto y Efialtes (20-21) Demódice (22). 
Hijas de Testio: estirpe de Leda (23 y 24). Altea e Hiper- 
mestra (25 y 26.14). Hijas de Partaón (26.5-37). Las Sirenas 
(27-29). Salmoneo (30). Tiro y Posidón (31): Neleo (33-34), 
Néstor y sus hijos (35-36), Pero (37.1-9), Pelias (37.16-23). 
Creteo y Tiro (3842). Eea de Mestra (43-48). Halirrocio (49). 
Arsínoe y Asclepio (50-51). Los Cíclopes (52-58.1-6). Foco y 
Asterodia (58.7-25). Eea de Coronis (5962). Ificlo (62-63). Fi- 
lonis (64). Támiris (65). Autólico (66-67). Atamante, sus es- 
posas e hijos (68-71). Atalanta y sus pretendientes (72-77). 
Élara y Titio (78). Ifínoe (86). Ceneo (87). Ino (91). Mes- 
tra (97). 


' Como el Catálogo de las naves en la Ilíada (canto 11) y las 
enumeraciones incluidas en el canto XI de la Odisea. 


INTRODUCCIÓN 201 


4. Linaje de Ínaco (frs. 122-159): Inaco (122). Foroneo y sus 
hijas (123). lo (124-128). Abante: Preto y Acrisio (129). Hijas 
de Preto (130-134). Perseo (135). Melampo (136). Fénix (137): 
Fineo (138), Adonis (139), Europa (140-143). Minos y el Mino- 
tauro (144-146). Ariadna (147). Orión (148-149). Fineo y las Har- 
pías (150-159). 

s. Linaje de Pelasgo (frs. 160-168): Pelasgo (160). Licaón (161- 
162): Calisto (163), Arcade y sus hijos (164-166). Melibea (167). 
Evandro (168). 

6. Las hijas de Atlante (frs. 169-204): Siete hijas (169). Maya 
(170). Amiclas y Jacinto (171-174). Tindáreo y Leda, sus hijas 
(175-176). Electra: Dárdano y Etión (177-180). Eea de Antíopa 
(181). Ceto y Anfión (182). Níobe (183). Macareo (184). Amo- 
res de Apolo (185-189) Hipodamía y Pélope (190-191). Argea 
(192). Las hijas de Pélope (193). Plístenes y sus hijos (194- 
195.1-7). Eea de Alcmena (195 = Esc. 1-56): Nacimiento de 
Heracles. Pretendientes de Helena (196-204). 


1I.—Grandes Eeas. Varias circunstancias inducen a 
la perplejidad de no saber a ciencia cierta si este título 
responde a una obra diferente del Catálogo o a una de- 
terminada parte del mismo. Quienes piensan lo segun- 
do se aferran a la vaguedad de un testimonio de Pau- 
sanias (IX 31,5) y a la similitud temática existente entre 
los fragmentos amparados por esta rúbrica (frs. 246-262) 
y los pertenecientes al Catálogo. Se trataría en ese caso 
de una parte o un conjunto de partes de esta obra dig- 
nificadas por la talla heroica de las mujeres en ellas ce- 
lebradas: Micene, Alcmena, etc. Sin embargo, existen 
motivos más serios para pensar que se trataba de un 
poema independiente, sin necesidad de acudir a meros 
criterios de autoridad científica ?. 


9 Cf., por ejemplo, la contraposición de títulos en el fr. 254, 
La máxima autoridad en este punto, avalada por Wilamowitz, 
Bethe, Rzach, Franz y West, entre otros, sigue siendo F. Lro, 
Hesiodea, Gotinga, 1894. Véase cómo los datos estadísticos de J. 
ScHWARIZ (Pseudo-Hesiodeia..., pág. 21) favorecen la distinción 
de obras que el propio autor rechaza. 


202 FRAGMENTOS 


En cuanto al contenido, la mayoría de los fragmentos 
conservados se refieren a temas recurrentes en el Ca. 
tálogo: el ciclo de Heracles es sin duda predominante 
junto con el de los Argonautas. Las tres docenas de 
versos que podemos leer de modo directo impiden esta. 
blecer un contraste preciso con el tratamiento formal 
verificable en las Eeas. 


111.—Una situación algo diferente encontramos en la 
Boda de Ceix (frs. 263-268). Aun cuando existen dudas 
sobre la paternidad hesiódica de la obra, los mismos 
autores que las han expresado reconocen una gran anti- 
guedad al poema *, y nos consta que era bien conocido 
en Atenas durante la segunda mitad del siglo v a. C. 

Se celebraba en él la asistencia de Heracles a los es- 
ponsales del rey Ceix en Traquis, ciudad de Tesalia. El 
inicio del poema debía hacer alusión al momento en 
que Heracles abandona la expedición de los Argonautas 
(fr. 263). La caracterización de Heracles era susceptible 
de inspirar a los poetas de la comedia antigua: el hijo 
de Alcmena aparece compitiendo en un increíble certa- 
men de voracidad frente a Lepreo (fr. 265). Otro ali- 
ciente para la inspiración cómica está constituido por 
las adivinanzas propuestas por el propio Heracles (frs. 
266 c y 267). El papel de Ceix en el poema sigue siendo 
una incógnita dificil de despejar, por más que también 
es un personaje de importante referencia al final del 
Escudo. 

Todos estos exiguos rasgos temáticos han sustentado 
la indemostrable hipótesis de una génesis del poema 
similar a la comprobada segregación del Escudo a par- 
tir del Catálogo *. 


10 Así, el testimonio de ATENEO, Deipnosofistas 11 49b (= fr. 
266b). 

11 Véase el dato de Plutarco en el fr. 267 y la postura realista 
de R. MERKELBACH-M. L. WesT, «The Wedding of Ceyx», Rhei- 
nisches Museum 108 (1963), 300-317. 


INTRODUCCIÓN 203 


IV.—La Melampodia era un poema de adivinos 
(£rs. 270-279). El título, que no los fragmentos, hace su- 
poner un papel preeminente para Melampo, con cuyas 
proezas curatorias ya nos hemos encontrado en el Ca- 
tálogo de las mujeres (trs. 37 y 136). Los fragmentos, 
sin embargo, mencionan otros cuatro adivinos famo- 
sos: Tiresias, Calcante, Mopso y Anfíloco. 

Ninguna de las sutiles combinaciones realizadas hasta 
el momento han logrado un esquema de aceptación ge- 
neral para esta obra. Sin descartar la posibilidad de 
un tratamiento genealógico, y evitando el prurito de en- 
samblar lo inensamblable *?, parece que los motivos pu- 
ramente hesiódeos no son muy abundantes y difíciles 
de deslindar. Así, en cuanto a Tiresias, lo hesiódeo se 
reduce a su presentación recibiendo de Zeus el don de 
la adivinación y la longevidad como gratitud por la so- 
lución a una querella surgida entre el padre de los 
dioses y Hera (frs. 275 y 276). De la competición entre 
Mopso y Calcante (fr. 278), sólo la adivinanza de la hi- 
guera es hesiódica. La figura de Anfíloco, ligada fre- 
cuentemente a la de Calcante, ofrece perfiles muy va- 
riables en los mitógrafos griegos. Aquí, en la Melam- 
podia, era aniquilado por Apolo en venganza por la 
muerte de Mopso, hijo del dios (fr. 279). En fin, tam- 
poco los banquetes aludidos (frs. 271, 272 y 274) consti- 
tuían un núcleo fundamental de este poema que, divi- 
dido en tres o más libros, no igualó ni de lejos la fama 
alcanzada en Atenas por el de la Boda de Ceix. La men- 
ción de Museo (fr. 273) nos proporciona un dato deci- 


2 En ambos puntos comete verdaderos excesos G. L. Hux- 
LEY, Greek Epic Poetry from Eumelos to Panyassis, Londres, 
1969, págs. 54-59. Para la reconstrucción, parte Huxley del árbol 
genealógico deductible de la Odisea XV 223-255 y, desenten- 
diéndose de si es hesiódico o no, perfila un esquema de la 
Melampodia en íntima conexión con otro poema mántico, la 
Alcmeónida. 


204 FRAGMENTOS 


sivo para poder opinar que también aquí nos encontra- 
mos con una obra no posterior al siglo vi a. C. 


V.—El Descenso de Pirítoo (frs. 280-281) es sólo un 
título entre otros dos posibles: Descenso de Teseo al 
Hades y Descenso de Teseo. La triple posibilidad de 
titulación viene a confirmar que es segura la participa- 
ción de los dos héroes en este episodio mítico. 

Teseo es un personaje presente en otros lugares de 
los poemas hesiódicos (cf. frs. 147 y 298), lo que no 
impide su presentación en uno más. Pero el episodio 
descrito en nuestro fragmento 280 no tiene por qué 
engarzarse en un contexto idéntico a los mencionados 
ni tampoco en el que adivinamos dentro de otro poema 
épico perdido en que figuraba, la Miníada Y. La Miníada 
celebraba la victoria de Heracles sobre los minios y la 
toma de Orcómeno; bien puede pensarse, entonces, que 
en este poema el descenso de Pirítoo y Teseo constituía 
una especie de prólogo a la presentación del que Hera- 
cles realizara al Hades. Un motivo paralelo encontra- 
mos en la Odisea (canto XI) con la visita del protago- 
nista al mundo subterráneo. 

Estos diferentes tratamientos, unidos al estilo directo 
que presenta el diálogo entre Meleagro y Teseo, incitan 
a postular una entidad independiente para el poema 
hesiódico: Teseo aparece como el héroe altruista que 
trata de obtener la mano de Perséfone para su compa- 
ñero Pirítoo. 


VI.—Dáctilos ideos (fr. 282). Resulta penoso tener 
que confesar las dudas que alberga la admisión de este 
título hesiódico y del único fragmento por él cobijado. 
El contenido nos remite a una enumeración de prime- 
ros inventores muy cara a la escuela peripatética. 


13 La prueba de ello está en PAUSANTAS, X 31.3. 


INTRODUCCIÓN 205 


Con todo, si Prometeo es ya en Hesíodo un benefactor 
material de la humanidad, no hay que negar la posible 
presencia en otros pasajes hesiódicos de nuevos bene- 
factores. Es una temática cultivada por otros poemas 
épicos: piénsese en la Foroneida del ciclo argivo Y. Así 
enmarcado el fr. 282, tiene escaso sentido el plantearse 
seriamente si el descubrimiento fue del hierro o del 
bronce, si ello ocurrió en Creta o en Chipre, o si, final- 
mente, estos misteriosos Dáctilos del Ida han de ser 
identificados con los frigios. 


VIlI.—Los Consejos de Quirón (frs. 283-285), el cen- 
tauro forjador de héroes en la mitología griega, era el 
título de una obra muy conocida en la Atenas del si- 
glo v a. C. Enaltecido sobremanera por la poesía de 
Píndaro y Baquílides, adaptado a las exigencias épicas 
de los Cantos chipriotas y de la Titanomaquia, el cen- 
tauro Quirón pasó a ser en los cómicos atenienses 
(Cratino, Aristófanes, Platón) un prototipo de maestro 
tradicional apto para ser enfrentado a las ideas «disol- 
ventes» de la nueva educación propugnada por la so- 
fística. 

Entre tantos héroes integrantes de las listas de alum- 
nos de Quirón, la obra hesiódea se hacía eco del pupilo 
más aventajado y próximo a la historia, Aquiles. El en- 
torno ambiental (una cueva o un palacio, Cariclo y Fi- 
lira, mujer y madre de Quirón respectivamente) era algo 
tan fundamental como el contenido de las enseñanzas 
impartidas por el centauro: preceptos sobre el respeto 
debido a los dioses (sacrificios incluidos) y a los pa- 
dres, enseñanzas cinegéticas (entiéndase bélicas). En 
suma, todo un poema parenético en la línea de Teognis 


1“ Foroneo figura en el fr. 123 del Catálogo, en un contexto 
diferente del perfilado por G. L. HuxLEY (Greek Epic..., pági- 
nas 31-38) para la Foroneitda. 


206 FRAGMENTOS 


y de Focílides, según hace saber Isócrates, que permitía 
teorizar sobre la conveniencia de adecuar edad y cono- 
cimientos (fr. 285). 

La vigencia de esta obra fue efímera. Aristófanes de 
Bizancio, y con él Aristarco, la consideró apócrifa. Su 
suerte, pues, estaba echada. 


VIII.—En los Grandes Trabajos (frs. 286-287), nos en- 
contramos con poco más que un puro título. El tenor 
de los dos miserables fragmentos conservados nos lleva 
a pensar en los Trabajos y Días. ¿Se trataba de una edi- 
ción ampliada de este poema? ¿Era una parte especial 
de ese poema ampliado? ¿Era, en fin un poema inde- 
pendiente? Tres cuestiones, y ninguna respuesta con 
fundamento. 


1IX.—El escoramiento de la Astronomía (frs. 288-293) 
hacia determinados pasajes de Trabajos y Días es tam- 
bién evidente. Ya no lo es tanto el tratamiento que en 
la Astronomía recibían los nombres de las constelacio- 
nes mencionadas: Pléyades, Híades, la Osa. El punto de 
vista genealógico parece excluido, de ahí que algunos 
fragmentos hesiódeos que lo recogen hayan sido rele- 
gados al Catálogo (cf., por ejemplo, el fr. 169). Pero no 
se solucionan todos los problemas con aceptar un en- 
foque puramente astronómico, carente de todo catas- 
terismo. El fracaso de los filólogos alemanes del si- 
glo xix en lo relativo a la reconstrucción de esta pieza 
ha impuesto un escepticismo casi general en la actuali- 
dad !'. La fluctuación existe también en cuanto a las 


I5” Resulta difícil compartir el optimismo de H. J. KRaus- 
H. ScHMIDT-W. KRANZ («Ein neues Hesiodfragment», Rheinisch. 
Museum 95 (1952), 217-228), que, apoyándose en el fr. 340 (espú- 
reo), pretendían perfilar un esquema válido sobre las Pléyades 
en este poema. A una explicitación enumerativa de sus nom- 
bres seguiría la admisión de dos estaciones (invierno y verano) 


INTRODUCCIÓN 207 


alternativas propuestas para la fecha de composición 
del poema, que para unos se remonta a los siglos VI 
o VII, anterior a Tales de Mileto, y para otros no puede 
rebasar los límites del siglo Iv a. C.*, 

Los filólogos de Pérgamo, como lo demuestra Ascle- 
píades de Mirlea (siglo 1 a. C.), consideraban apócrifo 
el poema (cf. fr. 288). 


X.—Con Egimio (frs. 294-301) tenemos ya el tercero 
de los poemas épicos del ciclo de Heracles contenidos 
en el Corpus Hesiodicum. El relato de Apolodoro (Bi- 
blioteca 11 7,7) resulta tentador para establecer la se- 
cuencia mítica de los hechos. Llegó Heracles a Traquis 
y fue hospedado por Ceix. «Partió de allí y peleó al lado 
de Egimio, rey de los dorios. Los lapitas, dirigidos por 
Corono, por cuestión de fronteras, hacían la guerra con- 
tra Egimio, que, sitiado, llamó en su ayuda a Heracles 
bajo la promesa de una parte del reino. Heracles le 
prestó ayuda, dio muerte a Corono y a otros lapitas, y 
devolvió a Egimio toda la tierra liberada. También dio 
muerte Heracles a Laógoras, rey de los dríopes, y a sus 
hijos mientras celebraban un banquete en el recinto de 
Apolo: Laógoras era impío y aliado de los lapitas. Al 
pasar por Itono, Cicno, hijo de Ares y de Pelopia, de- 
safió en combate a Heracles. Heracles combatió con él 
y le dio muerte.» 

Aunque el resumen de Apolodoro nos subyugue, pa- 
rece insuperable el escollo de una reconstrucción cabal. 


en consonancia con una perfecta sucesión cíclica de ortos y 
ocasos. Este esquema, con las pertinentes variaciones, podría 
ser aplicado también al tratamiento de Arturo. 

té Se toman como bases para una y otra datación, respectiva- 
mente, los testimonios de PLUTARCO (Moralia 402 e, donde son 
mencionados autores que precedieron a Hiparco con obras as- 
tronómicas en verso: Eudoxo, Hesíodo y Tales) y de PLATÓN 
(Epinomis 9%a, primer testimonio sobre la actividad astronómi- 
ca de Hesiodo). 


208 FRAGMENTOS 


Existe una interferencia de leyendas (Heracles, lo) que 
hace suponer una ausencia de carácter monotemático 
en este poema, que, nos consta (frs. 296 y 300), estaba 
dividido en al menos dos libros. 

Se disputan la paternidad de la obra dos nombres: 
Hesíodo y Cércope, un poeta pitagórico de difícil data- 
ción. Si, llevados de la ingenuidad, admitiéramos la 
existencia de dos Egimios, uno para cada nombre, nos 
veríamos complicados en la respectiva adscripción de 
los fragmentos. Sería tanto como introducir más som- 
bras donde lo que predominantemente leemos es el nom- 
bre de Hesíodo. 


XI.—La atribución a Hesíodo de El Horno o Los alfa- 
reros (fr. 302) es la más débil de cuantas hemos exami- 
nado hasta el momento. El único testimonio base es el 
del lexicógrafo Pólux, y se enfrenta con dos adscrip- 
ciones más a Homero. El Horno es una vieja canción 
del Ática que únicamente puede evocar a Hesíodo por 
celebrar a hombres que trabajan o por aquello de que 
«el alfarero del alfarero recela...» (Trabajos 25). 

Conservamos aún más sombras de poemas hesiódeos. 
La Ornitomantea, «los relatos mánticos y de prodigios», 
«el canto fúnebre a Brátaco», se anegan en el naufragio 
de menciones excesivamente superficiales por parte de 
los autores antiguos. Los fragmentos de lugar incierto, 
los dudosos y los espúreos tienen el acicate de incitar- 
nos a recomponer aún más este deteriorado edificio del 
Corpus. 

Para nuestra versión, hemos tomado como base la 
magnífica edición de R. MERKELBAC H-M. L. West, Frag- 
menta Hesiodea, Oxford, 1967. Han sido tenidas en 
cuenta también las propuestas de suplementos a los 
fragmentos selectos publicados por estos mismos auto- 
res (F. SOLMSEN-R. MERKELBACH-M. L. West, Hesiodi 
Theogonia, Opera et Dies, Fragmenta selecta, Oxford, 


INTRODUCCIÓN 209 


1970), sin olvidarnos de traducir el fragmento 145A, que 
no estaba en la edición de 1967. En aras de una mayor 
comodidad en las citas y consultas, ha sido respetada 
la numeración de los fragmentos de la edición básica; 
las oportunas notas a pie de página darán razón de las 
pequeñas lagunas o saltos que se observan. Por lo de- 
más, en los fragmentos papiráceos, se ha procurado 
introducir algunos suplementos de los que figuran en el 
aparato crítico de las mencionadas ediciones a fin de 
hacer inteligibles algunos de los textos excesivamente 
mutilados. Las divergencias de lectura más salientes 
respecto de la edición base son las siguientes: 


Frs. Merkelbach-West Lectura nuestra 
1.12 nt[eleo: A(u)lBEoL 
50 TOO Tlepiñpouc, TOS Tepiimpooc' 
xal +"Apolvónc Sin cruz 
114 tTyéveto fiv el tic 
148 b tinlatone inlatum 
204, 97-98 tueiExt... TtUPppáEact Sin cruces 
122 «1. .tovt' ¿énelyovr” (amétrico). 
239, 1 Gx 8Boc. Gx0oc- 
240, 7-8 Cos) Sin laguna 
3443, 16 Otutct 9eGi K (sin cruces). 


OBRAS Y FRAGMENTOS, 14 


“CATÁLOGO DE LAS MUJERES” O “EEAS” 


1 


Y ahora, Musas del Olimpo de dul- 

ces palabras, hijas de Zeus que empu- 

Proemio ña la égida, cantad la raza de las mu- 

jeres que otrora excelentes fueron..., 

que sus fajas desataron..., mezcladas 

con dioses: otrora comunes los festines eran, y comu- 

nes las asambleas para inmortales dioses y para mor- 

tales hombres. Tampoco de aquélla (en la tierra), hom- 

bres y mujeres tenían una esperanza de vida (igual a 

la de los venturosos dioses): (sin) sentir en sus entra- 

ñas (la funesta) vejez, los héroes poseían (flores de en- 

cantadora mocedad), a otros, al punto..., los inmor- 
tales... 

Anunciad (Musas, las ínclitas razas de todas estas mu- 
jeres) a cuyo lecho se unió (Zeus olímpico de ancha 
mirada) sembrando sus (más grandes semillas, a un 
toro semejante); y a las que Posidón, y a las que (Apo- 
lo y) Ares... (Hefesto)... Hermes... la fuerza de He- 
racles !. 

Papiro de Oxirrinco 2354 


1! Ha sido observado repetidamente el carácter programático 
de este proemio: M. TREU, «Das Proómium der hesiodischen 
Frauen-Kataloge», Rheinisches Museum 100 (1957), 169-186; R. 
MERKELBACH, «Das Proómium des hesiodischen  Katalogs», 


20 


212 FRAGMENTOS 


2 


«Aquí Prometeo, hijo de Jápeto, engendró 

Estirpes de al valiente Deucalión». Hesíodo, en el libro 
Deucalión: primero de los Catálogos, dice que Deucalión 
Helen era hijo de Prometeo y de Pandora (?), y 

que de Prometeo (?) —o de Deucalión— y de 

Pirra lo fue Helen, de quien derivan «helenos» y «Hélade»?, 


Escolio a Apolonto de Rodas, 11 1086 


3 


Fueron llamados «paganos» bien a partir de pago (esto es, 
lugar o provincia única) bien por los ídolos o bien, como dice 
el poeta griego Hesíodo, a partir del rey Pagano, cosa que se ha 
visto que es verdad. Así, pues, si a partir de pago, se trata de 


Zeitschr. f. Papyr. und Epigr. 3 (1968), 126-133; A. ScHMIrr, 
«Zum Prooimion des hesiodischen Frauenkatalogs», Wiirzb. 
Jahrb. f. die Altertumsw. 1 (1975), 19-31. MERKELBACH propone 
una fecha de composición anterior a la de los Trabajos, en 
caso de que haya aquí (vv. 8-13) una evocación sobre la vida 
de los primeros hombres. En consonancia con ello, en el v. 12, 
nos ha parecido más aceptable la lectura de K. STIEWE, «Ein 
Nachtrag zum Hesiodpapyrus A Merkelbach», Philologus 108 
(1964), 291-292. 

2 Esa referencia a los primeros hombres inserta en los ver- 
sos programáticos del proemio justifica sobradamente la coloca- 
ción sucesiva de los fragmentos sobre Deucalión y Helen (frs. 
2-9). No deben inducir a error, pues, las interferencias que el 
mito de Prometeo y Pandora produce en el presente fragmento. 
En la celebración de la estirpe de Deucalión por parte de He- 
síodo, parece fundamental la justificación de los nombres con- 
cretos recibidos por las diversas etnias griegas (dorios, eolios, 
jonios) y del genérico con que son designadas todas ellas (he- 
lenos). Aunque con un objetivo bien distinto, obsérvese el apro- 
vechamiento del mismo criterio por FILASTRIO (fr. 3), que quie- 
re llevar al latín de las creencias cristianas las consecuencias 
del paralelismo existente en griego: Héllen es a Héllénes lo que 
Graecus a Graect. 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 213 


una indicación de lugar, lo mismo que también ahora se dice 
«de aquel pago»; si por los ídolos, es porque quienes daban 
culto a estas estatuillas eran llamados así, paganos, esto es gen- 
tiles...; pero una prueba segura y mayor es lo que los propios 
paganos refieren en sus historias, que fueron llamados paganos 
a partir del rey Pagano. Éstos, posteriormente, desde el rey 
Pagano, hijo de Deucalión y de Pirra, teniendo el nombre de 
éste por cosa plausible y digna de amor, honrando cada vez más 
su memoria hasta el día de hoy, conservan y utilizan hasta el 
presente esta falacia de nombre. Y así, heleno, esto es griego, 
se dice a partir de la lengua y de un rey que fue hijo de Deu- 
calión y que así se llamaba, del mismo modo que los ítalos re- 
cibieron su nombre de Ítalo, los romanos de Rómulo y los 
latinos de Latino... En cuanto a la lengua, la declaró griega el 
carácter de una sola provincia y el rey Pagano la confirmó con 
su nombre, del mismo modo que Rómulo dio nombre a los ro- 
manos y que, como dice Hesíodo, los griegos fueron así lla- 
mados a partir de un rey griego que, con el nombre de Griego, 
fue hijo de Deucalión. 


FILASTRIO, Diversarum haereseon liber 111 


4 


Deucalión, en cuya época se produjo el diluvio, era hijo de 
Prometeo y de Clímene, según dicen muchísimos, de Prinea (?) 
según Hesíodo, o de Hesfone, la hija de Océano, según Acusilao. 
Tomó por mujeres a Pirra, la hija de Epimeteo, y a Pandora, 
la cual había sido dada por mujer a Epimeteo a cambio del 
fuego. Deucalión tuvo dos hijas, Protogenea y Melantea, y dos 
hijos, Anfictión y Helen. Otros dicen que Helen era hijo de Zeus 
por nacimiento, de palabra lo era de Deucalión. 


Escolio a Homero, Odisea X 2 


5 


Pues bien, tras haberse asentado todos en Italia según fue 
mostrado, llamaban latinos a los que adoptaban las costumbres 


214 FRAGMENTOS 


del lugar, y griegos a los que tenían las de los helenos, tomando 
los nombres de los hermanos Latino, el recientemente mencio- 
nado por nosotros, y Griego, según dice Hesíodo en los Catá. 
logos: 


«Agrio y Latino», y de nuevo: «Y en los palacios del 
ilustre Deucalión, una muchacha, Pandora, en amor uni.- 
da a Zeus padre, de todos los dioses señor, alumbró a 


Griego, firme combatiente» 3, 
Lio, De mensibus 1 13 


6 


«Ni la tierra pelasga reinó entonces sobre los gloriosos deu- 
calidas». Los que tenían su origen en Deucalión, reinaban en 
Tesalia según dicen Hecateo y Hesíodo. 


Escolio a Apolonio de Rodas, 1V 265 


7 


La región fue llamada Macedonia a partir 
Tuya de Macedón, hijo de Zeus y de Tuya, la hija 

de Deucalión, según dice el poeta Hesíodo: 
«Ésta, preñada por Zeus que goza con el rayo, alum- 
bró dos hijos, Magnete y Macedón que en carro com- 
bate, que en los alrededores de Pieria y el Olimpo unos 


palacios habitaban.» 
CONSTANTINO PORFIROGÉNETA, De Thematibus 2 


3 No convencen las razones de A. CASANOVA [«Una aporia in 
Giovanni Lido, De mens. 1, 13», Maia 27 (1975), 125-131] al postu- 
lar que el fragmento concluía con «según dice Hesíodo en los 
catálogos». Lido pretende demostrar que Griego (esto es, Gral- 
kós, Graecus) y Latino eran hermanos, o lo que es lo mismo, 
que griegos y latinos tenían un origen común en Zeus y Pan- 
dora; ello no se opone a que los dos nombres propios figurasen 
en el Catálogo, cf. M. DURANTE, «Agrion ede Latinon», Parola 
del Passato 6 (1951), 216-217. Un problema similar plantean los 
frs. 7 y 8, con la diferencia de que en éstos nos encontramos 
con epónimos de diversos pueblos griegos. 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 215 


Y (cometen un barbarismo) en cuanto a diéresis, como cuan- 
do Hesíodo dice: 


«Y Magnete a su vez a Dictis y Polidectes compara- 
ble a un dios», 


pues no se separan las vocales de las palabras cuyo acusativo 


termina en ?. 
Gramático anónimo, ed. Nauck, p. 310 


9 
Hijos «De Helen, rey amante de la gue- 
de Helen rra, nacieron Doro, Juto y Éolo que en 


carro combate» ?. 
PLUTARCO, Moralia 747 E 


Hubo dos Éolos, éste era hijo de Hípoto..., el otro de Helen 
que lo era de Zeus, del cual también hace mención Hesíodo. 


Escolio a Homero, Odisea X 2 


10 


«Una sola vaca fue madre de Creteo y del 
audaz Salmoneo», en lugar de un único li- 
naje tenemos. También Hesfodo: 

«Eólidas fueron Creteo y Atamante, reyes adminis- 
tradores de justicia, y Sísifo, fértil en recursos, y Sal- 
moneo, injusto, y el magnánimo Perieres» 5. 

Escolio a Píndaro, Píticas 1V 253 


Los Eólidas: 
hijos de Eolo 


+ Este esquema genealógico coincide con el que podemos leer 
en APOLODORO (Biblioteca 1 7, 2-3), que es también un buen 
guía para la trama siguiente, la de los eólidas. 

5 No termina aquí la nómina de los hijos de Éolo. APOLODO- 
RO (Biblioteca 1 7, 3) menciona otros dos (Deyón y Magnete), 


216 FRAGMENTOS 


11 


. Y a (Éurita) de rutilantes párpa- 
ia dos... Partaón... engendró a Alcátoo... 
os hijos , E Dd ' 
de Partaón Hipodamante... y el (jovencísimo) Pi. 


lo... de Eneo. 
Papiro de Oxirrinco 2075 


12 


Tras la muerte de Altea, Eneo se casó con 

Peribea, la hija de Hipónoo. El que escribió 

Peribea la Tebaida dice que Eneo la recibió como 

recompensa por el ataque a Óleno, en cam- 

bio Hesíodo dice que, seducida por Hipós- 

trato, hijo de Amarinceo, su padre Hipónoo la envió a Eneo, 

que estaba muy lejos de la Hélade, con orden de matarla*!..., 
pero de ella le nació a Eneo Tideo. 

APOLODORO, Biblioteca 1 8, 4 


«Su ciudad». Dicen que la ciudad se llamaba Fícteo a partir 
de un tal Ficteo del que hace mención Hesíodo así: 


«Y a ésta, el amarincida Hipóstrato, retoño de Ares, 
de Ficteo espléndido hijo, caudillo de los hombres 
epeos.» 

Escolio a Pindaro, Olímpicas X 46 


además de cinco hijas: Cánace, Alcíone, Pisídice, Cálice y Pe- 
rimede. El fragmento siguiente preserva restos sobre la descen- 
dencia de Perimede, de la que, unida a Aqueloo, nació Hipoda- 
mante, padre de Éurita; ésta, unida a Partaón, alumbró a Al. 
cátoo y a Eneo, padre de Tideo. 

é Sófocles dedicó al tema una tragedia titulada Hipónoo, de 
la que conservamos cinco brevísimos fragmentos, cf. A. C. 
PEARSON, The Fragments of Sophocles, 1, Cambridge, 1917, pá- 
ginas 216-218. 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EBAS» 217 


13 


El Téuteas desemboca en el Aqueloo, el que discurre por 
Dima, homónimo del de Acarnania, llamado también Peiro. Aun 
cuando Hesíodo dice: 

«Y habitaba? en la roca olenia junto a las riberas 
del ancho río Peiro», 


algunos, cambiando las letras, escriben Piero, incorrectamente. 
EsTRABÓN, VIII 3, 11 


Óleno, ciudad de Etolia..., el adjetivo femenino es olenia. 
Hesíodo: 


«Y habitaba en la roca olenia del río...» 
ESTÉFANO DE BIZANCIO, 707-708 


14 


Tideo, el muy ilustre conductor de 

carros (a sus hermanos paternos dio 

Tideo muerte) con el afilado bronce (por- 

que el honor de rey trataban de arre- 

batar), al divino Eneo. (Y llegó a los 

confines de la violenta) fuerza de (Adrasto) compara- 

ble a un dios... hizo (fecunda) esposa... a los bienaven- 

turados dioses... dones dio... y de la vejez era... hijo 
fue... engendró un hijo?. 

Papiro de Oxirrinco 2483 


7 Hipónoo, el padre de Peribea. La expresión «roca olenia» 
aparece en la Ilíada (11 617) referida a una ciudad habitada 
por los epeos. En Hesíodo, Óleno es una ciudad de Acaya y no 
su homónima de Etolia, cf. HERróDOTO, 1 145, y PAUSANIAS, VII 
18, 1. 

£ APOLODORO (Biblioteca 1 8, 5) recoge varias versiones reduc- 
tibles a ésta, pero diferentes. Tideo se refugia en casa de Adras- 
to, en Argos, donde Deípile, hija de Adrasto, le da un hijo, 
Diomedes. Este final es idéntico en todas las versiones mencio- 
nadas. 


10 


218 FRAGMENTOS 


15 


¿No sabes que también Salmoneo pagó por 

esto su pena a los dioses, porque, hombre 

Salmoneo como era, intentaba ser Zeus? Y lo dicho 

por los poemas de Hesíodo sobre los que se 

nombraron a sí mismos con los nombres de 

los dioses Hera y Zeus, si nunca hasta ahora lo has oído, pue- 
do disculpártelo?. 

JULIANO, Contra Heraclio cínico VII 234 D 


16 


De hombres... habita y entonces jun- 
Alcí to al mar... Ceix no... cesa de agitar- 
cione Ñ . 

y Pisídice se; y terriblemente, sin cesar, en su 
corazón desea a Alcíone..., pero oculto 
es el pensamiento de Zeus y ninguno 

de los hombres puede comprender... Y a ésta, a Pisí- 
dice, la violenta fuerza de Mirmidón, comparable a un 
dios, hizo su esposa; alumbró ella a Antifo y Actor, y 
ella, de Posidón en los brazos mezclada !... 


Papiro de Oxirrinco 2483 


2 «Lo dicho por los poemas de Hesíodo» coincide con la his- 
toria recuperada a través de APOLODORO (Biblioteca 1 7, 4): 
«Ceix, hijo de Eósforo, se casó con Alcíone. Éstos, por su 
arrogancia, perecieron. Él llamaba Hera a su mujer; ella, Zeus 
a su marido, y Zeus los convirtió en pájaros: a ella en alción, 
a él en gaviota». Tenemos algunos restos del relato en los ocho 
primeros versos del fragmento siguiente, si bien el sufrimiento 
de Ceix se explica mejor con el texto del escolio A a Ilíada 
IX 562: «Zeus, indignado, los transformó en aves, viviendo se- 
parados el uno del otro». 

1% Cabe la posibilidad de que este último verso inicie la 
unión con Posidón de otra hija de Éolo, Cánace, que alumbró 
a Hopleo, Nireo, Epopeo, Aloeo y Tríope, cf. APOLODORO, Biblio- 
teca 1 7, 4. 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 219 


7 a 


De hermosas mejillas... (que le alum- 

Es bró un hijo, Molo), sagrado, con el que 

y Éurito en otro tiempo una graciosa ninfa se 
mezcló en amor y lecho... Con el pa- 

sar de los años (a Móline), que figura 

encantadora tenía... la crió su padre bebiendo blanca 
leche de ovejas y de cabras y comiendo carne... (Ja- 
más) pudo verla (alguno) de los mortales hombres... 
La llamaban... Áctor la hizo esposa fecunda... (por de- 
signio del poderoso) Ennosigeo que la tierra abraza. Y 
entonces, fecundada por Áctor y por el estruendoso 
señor que conmueve la tierra, dos hijos gemelos alum- 
bró en el palacio, Ctéato y Éurito, terribles: sus pies 
eran cuatro, dos sus cabezas y sus manos... de los hom- 


bros... los dioses !!... 
Papiro de Michigan, 6234 


17 b 


«Los dos Actoriones Moliones». (El signo >), porque, a partir 
de este pasaje, Hesíodo los hizo descender formalmente de Ác- 
tor y de Molíone, pero, por nacimiento, de Posidón. Homero 
jamás da la descendencia por parte de madre. 


Escolio A a Homero, Ilíada X1 750 


't! Ctéato y Éurito, aludidos en los enigmáticos duales homé- 
ricos motivadores del escolio que sigue, han merecido tan abun- 
dantes comentarios en razón de su portentosa constitución fí- 
sica. Hasta la aparición de este papiro se consideraba errónea 
la filiación con Móline o Molíone, que sería un nombre propio 
inventado por los comentaristas antiguos. La acumulación de 
los dos duales en el texto homérico intenta reflejar sin duda 
esa extraordinaria constitución, ya que cada uno de estos dos 
«Actoriónidas Moliónidas» tenía «dos cabezas, cuatro manos, 
los mismos pies y un solo cuerpo», cf. Escolio A a Ilíada X1 709, 
y APOLODORO, Biblioteca 11 7, 2. 


220 FRAGMENTOS 


Los dos Moliones: guerreros..., pues Homero a nadie carac- 
teriza por parte de madre. Hesíodo, en cambio, los transmite 
como hijos nacidos de Móline. 


Apolonio Sofista, Ss. yv. 


18 


«Los dos Actoriones..., éstos como es sabido eran gemelos». 
Aristarco interpreta «gemelos» no tal como nosotros pensamos 
habitualmente, los que son como eran también los Dioscuros, 
sino como los que tienen un cuerpo con facciones dobles, to- 
mando por testigo a Hesíodo. 


Escolio A a Homero, llíada XXI1III 638-641 


Que algunos, según Hesíodo, eran monstruosos al ser dos en 
un solo cuerpo. 


Escolio T a Homero, Ilíada X1 710 


Los Actoriones, Ctéato y Éurito, varoniles y conductores de 
carros, llamados también Moliones en algún pasaje de Homero 
y Moliónidas en los autores posteriores, eran hijos de Actor. 


Eustacio, A Homero 1321, 20 


19 


«Alóyadas». Hesíodo dijo que, de nombre, 
Los Alóyadas eran hijos de Aloeo y de Ifimedea, pero que, 
en verdad, lo eran de Posidón y de Ifimedea, 

y que Alo, ciudad de Etolia, fue fundada por su padre”. 


Escolio a Apolonio de Rodas, 1 482 


2 Los Alóyadas, Oto y Efialtes, a quienes se refieren éste y 
los dos frs. siguientes, tuvieron unas condiciones físicas no 
menos portentosas que las de los dos Actoriones: «Crecían un 
codo de ancho y una braza de alto cada año; a los nueve años, 
con nueve codos de anchos y nueve brazas de altos, se dispu- 
sieron a luchar contra los dioses; colocaron el monte Osa sobre 
el Olimpo, y sobre el Osa el Pelión, y amenazaban con llegar 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 221 


20 


Epialtes: Homero y Hesíodo; también los 

Oto y Efialtes atenienses llaman así al héroe, pero al horn- 
bre, Efialtes, con f. 

Suda 1I 348, 20 


21 


(Para que el cielo fuera) accesible... (el vinoso 


ponto). Papiro de Oxirrinco 2075 


22 


... (A las diosas olímpicas) semejan- 

te... (hija) de Agenor igual a un dios, 

Demódice Demódice, a la que la mayoría de los 
hombres de la tierra pretendían, a la 

que también muchos regalos famosos 

prometieron generosos reyes en pos de su inconmen- 
surable belleza. Pero jamás al corazón en sus pechos 
lograron convencer... para ser llamada compañera de 


ho ?. 
les Papiro de la Sociedad Italiana 1384 


hasta el cielo con estos montes. Tras rellenar el mar con estas 
montañas, decían que convertirían el mar en tierra firme, y la 
tierra en mar. Efialtes pretendió a Hera y Oto a Ártemis. 
También encadenaron a Ares, pero Hermes lo rescató. Artemis 
mató a los alóyadas en Naxo, mediante una trampa: se trans- 
formó en cierva y saltó en medio de ellos; éstos, queriendo fle- 
char al animal, se alcanzaron mutuamente con las flechas». Así 
hace el relato APOLODORO (Biblioteca, 1 7, 4, cf. Odisea X1 305- 
321), que también nos cuenta cómo Ifimedea «solía ir a las 
orillas del mar, cogía las olas con sus manos y las derramaba 
en su regazo». 

13 Sin embargo, «tuvo de Ares a Eveno, Molo, Pilo y Testio» 
(APOLODORO, Biblioteca 1 7, 7). Testio se unió a Euritemiste, 
que le alumbró a Altea, Leda e Hipermestra, las tres heroínas 
celebradas en los frs. sucesivos (23-25). 


222 FRAGMENTOS 


23a 


... O como aquellas muchachas..., 

Hijas de Testio: tres, y cual diosas, conocedoras de ac. 
estirpe de Leda ciones hermosísimas, Leda, Altea e 

Hipermestra de ojos de vaca... 

Una, Leda de bucles hermosos seme- 

jante a los resplandores de la luna, al fecundo lecho 
10 de Tindáreo subió y alumbró a Timandra, a Clitemestra 
de ojos de vaca y a Filónoe, que en figura competía 
con las inmortales. A ésta... la que con los dardos 
goza hizo inmortal y libre de vejez por todos sus días. 
Por su belleza el rey de hombres Agamenón desposó a 
la hija de Tindáreo, a Clitemestra de sombría mirada. 
Clitemestra dio a luz en palacio a Ifímede de hermosos 
tobillos y a Electra, que en figura competía con las in- 
mortales. Los aqueos de hermosas grebas, el día en que 
con sus naves se hacían a la mar rumbo a llión para 
20 tomar venganza de la argiva de hermosos tobillos, de- 
gollaron a Ifímede, a su imagen: la heridora de ciervos 
que con los dardos goza, con gran facilidad, la puso a 
salvo y ambrosía encantadora destiló desde su cabeza 
para que su cuerpo permaneciese incólume; inmortal 
y libre de vejez la hizo por todos sus días. Ártemis del 
camino, servidora de la ilustre flechadora la llaman 
ahora en la tierra las estirpes de los hombres. Por fin, 
Clitemestra de sombría mirada, domeñada por Agame- 
nón, dio a luz en palacio al divino Orestes, que, como 
30 es fama, ya mozo, se vengó del asesino de su padre y 
mató a su altiva madre con el bronce cruel. Équemo, 
que amado por los bienaventurados dioses era opulento 
rey de toda Tegea y de Arcadia de muchas ovejas, hizo 
a Timandra su esposa fecunda. Timandra, doblegada 
por la acción de la áurea Afrodita, le alumbró a Laó- 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 223 


doco, magnánimo pastor de pueblos..., reinaba..., a 
Polideuces, portador de los premios del combate... 


Papiros de Oxirrinco 2075, 2481, 2482 
y Papiro de Michigan 6234 


23 b 


Sé que Hesíodo, en el Catálogo de las mujeres, imaginó que 
Ifigenia no murió, sino que, por decisión de Artemis, es Hécate. 


PAUSANIAS, 1 43, 1 


24 


Hesíodo da la genealogía de que uno y otro son hijos de 
Zeus, pero Píndaro, siguiendo a otros historiadores, dice que 
Polideuces es de Zeus y Cástor de Tindáreo... Se dice esto por- 
que Polideuces y Helena son de Zeus, pero Cástor de Tindáreo. 
Con todo, Hesíodo no da a Helena por hija de Leda ni por 
hija de Némesis, sino de una hija de Océano y de Zeus. 


Escolio a Piíndaro, Nemeas X 150a 


25 


El que a él... con la lanza pelear..., 
excepto Heracles... (semejante al pro- 
Altea 6 . 

e Hipermestra Pio) Ares... de rubia cabellera... y de 
suaves ojos... ninguno de los héroes en 
la lacrimosa guerra matadora de hom- 

bres se atrevió a mirar de frente y atacar al violento 
Meleagro cuando se aprestaba a luchar cara a cara. 
Pero a manos de Apolo... luchando contra los curetes 
junto a la elevada Pleurón. Altea de sombría mirada 
engendró para Eneo los restantes hijos, a Feres doma- 
dor de caballos y Agelao de buena lanza de fresno, a 
Toxeo y Clímeno, rey semejante a Ares, a Gorgue de 
hermosa cabellera y a la sensata Deyanira, que dome- 


10 


20 


30 


224 FRAGMENTOS 


ñada por la fuerza de Heracles dio a luz a Hilo, Gleno, 
Ctesipo y Onites. A éstos dio a luz y realizó acciones 
terribles, porque una gran ceguera tuvo en su espíritu 
cuando frotó con veneno la túnica y se la dio al heraldo 
Liques para que la llevara. El heraldo al rey hijo de An. 
fitrión la entregó, a Heracles, destructor de ciudades, 
La recibió y al punto el umbral de la muerte se le pre- 
sentó. Murió y, como es fama, al quejumbroso palacio 
de Hades llegó. Pero ahora ya es dios y de todos sus 
males salió. Vive donde precisamente viven los otros 
que poseen olímpicas mansiones, inmortal y libre de 
vejez, poseyendo a Hebe de hermosos tobillos, una hija 
del gran Zeus y de Hera de áurea sandalia. En un prin- 
cipio, la diosa Hera de blancos brazos le odió, como 
cosa aparte de los dioses bienaventurados y de los mor- 
tales hombres, pero ahora ya le tiene amistad y le honra 
más que a los demás inmortales, sólo por detrás del 
propio Cronión de gran poder. 

La divina Hipermestra subió al fecundo lecho de Oi.- 
cleo y alumbró a un conductor de pueblos, Anfiarao, 
caudillo de muchos pueblos, en Argos, pastizal de ca- 
ballos. Anfiarao era valiente en la asamblea, valiente 
en la pelea, y noble en pensamientos, y querido era a 
los inmortales. Hipermestra alumbró también a Ifiani- 
ra, que tenía una figura encantadora, y a Endeo, rey 
de hombres, apuesto, grande. 

Papiro de Berlín 9777 y Papiros de 
Oxirrinco 2075, 2481 y 2483 


26 


Antes de la boda fue domeñada... Anfímaco violento 
se la llevó a Esparta de hermosas mujeres. Ella le 
alumbró un hijo *. 


1* Termina aquí el relato sobre Hipermestra. No es posible 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 225 


O como las hijas de Partaón que fue- 
is ron tres y cual diosas, conocedoras de 
de Partaón  Hhermosísimas acciones, a las que en 
otro tiempo alumbró Laótoe, irrepro- 
chable reina hiperea, tras haber subido 
al lecho fecundo de Partaón: Euritemiste, Estratonice 
y Estérope. Éstas, compañeras de las ninfas de hermo- 
sos bucles... y de las musas a través de los montes de 
muchos valles, las acciones de Afrodita de áurea coro- 
na... (a las praderas) llegaron... habitando las grandes 
montañas, abandonando los palacios de su padre y a la 
primorosa madre. Ellas entonces, ufanas de su belleza 
e ignorancia, a un lado y otro, alrededor... de remoli- 
nos de plata, por los aires pisaban... el rocío, buscando 
fragantes flores para adorno de sus cabezas. De ellas... 
Febo Apolo, y marchó llevando sin dote a Estratonice 
de bella cintura. Y se la entregó a su hijo querido para 
que fuese llamada esposa fecunda, a Melaneo semejan- 
te a un dios, al que en las montañas una venerable 
ninfa del Eta, Prónoe... 

Por él preñada, Estratonice de bella cintura le alum- 
bró en palacio a Éurito, un hijo queridísimo. E hijos 
suyos fueron Deyón, Clitio, Toxeo semejante a un dios 
e Ifito, retoño de Ares. Después de éstos, dio a luz a 
la más joven, a la rubia Yolea '*?*; por causa de ésta 
(arrasó) Ecalia (de bellas murallas) el hijo de Anfi- 
trión... Pidiéndosela a su padre, Testio domador de ca- 
ballos se la llevó por esposa en sus caballos y bien 
ajustados carros, tras otorgar una dote infinita. 

Papiro de Oxirrinco 2481 y Papiro de 
Berlin 9TT1 verso 


identificar mitológicamente a Anfímaco, ya sea un nieto de Ác- 
tor, ya lo sea de Anfiarao. 

14b El] Escoliasta a SóFOCLES, Traquinias 272, añade aquí un 
verso que no es hesiódico. 


OBRAS Y FRAGMENTOS, 15 


10 


20 


30 


226 FRAGMENTOS 


27 


«La bella Antemusa». Siguió a Hesíodo, que 


da este nombre a la isla de las sirenas: 
Las Sirenas 


«Hacia la isla Antemusa, donde les 
concedió el Cronión...» 
Sus nombres son Telxíope —o Telsínoe—, Molpe y Aglao- 
fono *. 


Escolio a Apolonio de Rodas, 1V 892 


28 


«Al punto después cesó el viento y hubo calma chicha». A 
partir de este pasaje Hesíodo dice que ellas incluso amansan 
los vientos. 

Escolio QV a Homero, Odisea X1l 168 


29 


De éstos... las mujeres... escogieron... decir... pues 
terriblemente... 
Papiro de Oxirrinco 2484 


30 


... Desde el cielo estrellado... engan- 

chó sus solípedos caballos... y calderas 

Salmoneo de bronce... rápido carro y caballos... 

y calderas de bronce?!... El padre de 

hombres y de dioses... Manteniendo el 

10 carro bajo el yugo... el resplandor del fuego ardien- 
te... En la tierra las estirpes de los hombres... Tuvo 


15 Las sirenas descienden de Estérope, hija de Partaón, y de 
Aqueloo. Sus nombres y su número varían según los mitógrafos. 
16 Resulta imprescindible comparar esta narración con la que 
APOLODORO (Biblioteca 1 9, 7) dedica a Salmoneo: «Era inso- 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 221 


envidia el padre de hombres y de dioses, y lanzó un 
trueno seco desde el cielo estrellado... Sacudió la tierra 
entera. Y, lleno de cólera, empezó a descender del Olim- 
po, y al punto llegó a las gentes del orgulloso Salmo- 
neo que pronto iban a entregarse a oscuras acciones 
por instigación del insolente rey. Les disparó con el 
trueno y con el fulgurante rayo. De esta suerte vengó 
en las gentes la insolencia de su rey. (Mató igualmen- 
te) a sus hijos, mujer y esclavos..., la ciudad y los pa- 
lacios anegados puso en ruinas. A él, lo cogió y lo arro- 
jó al Tártaro tenebroso para que ningún otro mortal 
osara competir con Zeus rey. Pero, como es fama, que- 
dó a salvo una hija suya amada por los bienaventura- 
dos dioses, Tiro de hermosos bucles semejante a la do- 
rada Afrodita, porque continua riña y disputa tuvo con 
Salmoneo y no admitía que con los dioses un mortal se 
comparase. Por eso la salvó el padre de dioses y de 
hombres... Á casa del irreprochable Creteo la condu- 
jo”... (el cual) con gran afecto la recibió y también la 
crió. Mas una vez que llegó al umbral de la anhelada 
doncellez, de ella andaba enamorada Posidón que la 
tierra conmueve. Y en amor (se mezcló) el dios con la 
mortal porque, la verdad, superaba en belleza a todas 
las femeninas mujeres. Frecuentaba Tiro las hermosas 
corrientes del Enipeo... la muchacha... 


Papiros de Oxirrinco 2481, 2484 y 2485 


lente y quería igualarse a Zeus, siendo castigado por su impie- 
dad. Decía que él era Zeus y, privando de sacrificios a éste, 
los hizo ofrendar en su propio honor. Arrastrando con su carro 
unos odres secos y unas calderas de bronce, decía que tronaba; 
arrojando al cielo centelleantes antorchas, decía que relampa- 
gueaba». 

1? Creteo era hermano de Salmoneo. Además de tener hijos 
engendrados por Posidón disfrazado de río (Neleo y Pelias), 
Tiro estuvo casada con Creteo (cf. fr. 38). 


20 


30 


228 FRAGMENTOS 


31 


«(Gózate, mujer, en el amor, que soy) 
Ti Posidón, y darás a luz espléndidos hi- 
tro . ñ 

y Posidón jos pues no son estériles los lechos de 

los inmortales. Tú, cuídalos y críalos. 

(Pero mantén en silencio mis pala- 

bras), para que (te alegres) de haber dado a luz hijos 

espléndidos (para que después) no te sean envidiados 
por los dioses.» 

Así dijo y de nuevo (se sumergió) en el ponto de fuer- 
tes gemidos. (Entonces la hija de Salmoneo) emprendió 
el regreso a casa. 

Papiro de Tebtunis 271 


32 


«Pero la curvada ola, como una montaña, le anegó». Este 
verso lo tomó del Catálogo de las Mujeres de Hesíodo '. 


Escolio a Virgilio, Geórgicas IV 361 


33 a 


A Neleo y a Pelias, reyes de muchos 

pueblos. A éstos dio reinos separados 

Neleo el padre de dioses y de hombres, y 
lejos el uno del otro habitaban ciuda- 

des... Así, el uno, Neleo, tenía Pilos y 

fundó un país encantador. Y entonces hizo esposa fe- 
cunda a una hija de Anfión Yásida, a Cloris de bella cin- 
tura. Ella le alumbró en palacio hijos ilustres, Evágo- 


i8' Coincide, sin embargo, con lo dicho en la Odisea (XI 243) 
a propósito del mismo tema: los amores de Tiro y Posidón. 
Es posible que Sófocles, en la tragedia titulada Tiro, incluyera 
alguna referencia más al tema. 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 229 


ras, Antímenes y Alástor divino, Tauro, Asterio y Pi- 
laón magnánimo, Deímaco, Euribio y el ínclito Epilao, 
Néstor, Cromio y Periclímeno, noble, dichoso, al que 
dones de toda suerte otorgó Posidón que conmueve la 
tierra: unas veces parecíase a un águila entre las aves, 
otras veces, maravilla el verlo, de nuevo se convertía en 
hormiga, y Otras más, en espléndido enjambre de abe- 
jas, a veces, en terrible y amarga serpiente. Tenía dones 
de todas las clases, indecibles, que también después le 
engañaron por voluntad de Atenea. A muchos otros hizo 
sucumbir peleando en torno a la muralla del famosísi- 
mo Neleo, su padre, y a muchos acercó a la negra parca 
matándolos. Pero cuando ya contra él se irritó Palas 
Atenea, dejó de hacer proezas. Un dolor insoportable 
invadió el corazón a la fuerza de Heracles y perecían 
las gentes. Entonces aquél, frente a la fuerza de He- 
racles, en el ombligo del yugo sentado, perseguía gran- 
des acciones y cómo detener la fuerza de Heracles do- 
mador de caballos. ¡Insensato!, ni siquiera temió al va- 
leroso hijo de Zeus, a él y al arco que le había otorgado 
Febo Apolo, (sino que) entonces vino a enfrentarse a la 
fuerza de Heracles... A éste, al hijo de Anfitrión, Ate- 
nea de ojos de lechuza le puso bien sujeto en las ma- 
nos un arco y le indicó que al deiforme Periclímeno... 
La violenta fuerza... Estiró con sus manos el arco, y la 
rápida flecha sobre el retorcido nervio ?”... 


Papiros de Oxirrinco 2481, 2485 y 2486 


19 Este fragmento y su contexto, la Eea de Tiro, constituyen 
uno de los mejores lugares de todo el Catálogo para estudiar 
la técnica narrativa de las genealogías. A la enumeración de la 
descendencia completa de un determinado personaje (aquí Ne- 
leo), suele seguir un excursus más amplio sobre los miembros 
de la estirpe cuya biografía esté marcada por hechos porten- 
tosos o insólitos (como la de Periclímeno), cf. A. CASANOVA, 
«Sulla tecnica narrativa in alcuni passi delle Eee», Riv. di Fil 
e di Ist. Class. 95 (1967), 31-38. 


10 


20 


30 


230 FRAGMENTOS 


33 b 


Pero Hesíodo dice que (Periclímeno), queriendo entrar en com- 
bate con el héroe, transformóse en una de sus formas acostum- 
bradas y se sentó en el ombligo del yugo de los caballos de 
Heracles, y que, por indicación de Atenea, Heracles le disparó 


certeramente con el arco. 
Escolio a Apolonio de Rodas, 1 156-160a 


También se convirtió en abeja y se posó sobre el carro de 
Heracles, y Atenea, que había tomado la figura (?) de Heracles, 
hizo que fuese matado... Lo cuenta Hesíodo en los Catálogos. 


Escolio AD a Homero, Ilíada 11 333-335 


34 


Gerenia, ciudad de Mesenia, en la que dicen que fue criado 
Néstor de Pilos o que fue conducido como desterrado. Hesíodo 
en el libro primero de los Catálogos: 

«Y mató (Heracles) a los nobles hijos del valeroso 
Neleo, a once: el duodécimo, Néstor, caballero gerenio, 
estaba entonces de huésped entre los gerenios, domado- 
res de caballos. » 

Hay que partir de un nominativo Gérenos. Y de nuevo: 


«Y sólo Néstor escapó, en la florida Gereno.» 
ESTÉFANO DE BIZANCIO, 205, 5-10 


35 


... La fuerza de Heracles. Así, mien- 
tras vivió Periclímeno deiforme no pu- 
dieron destruir Pilos aun cuando muy 
deseosos estaban. Pero cuando ya la 
parca de la muerte tomó a Periclíme- 
no, asoló la ciudad de Pilos el fornido hijo de Zeus y 
mató a los nobles hijos del valeroso Neleo, a once; el 


Néstor 
y sus hijos 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 231 


duodécimo, Néstor, caballero gerenio, estaba entonces 
de huésped entre los gerenios, domadores de caballos. 
Así se libró de la muerte y de la negra parca. Hijos 
suyos eran Antíloco y Trasimedes, hábil lancero, Per- 
seo, Estratio, Areto, Equefrón y Pisídice, que en figura 
competía con las inmortales. Después de éstos, Anaxi- 
bia de brazos de rosa engendró en el amor de Néstor a 
la más joven, a la rubia Policasta ”. 

Papiro de Oxirrinco 2481 


37 


...Su fama... difíciles. Y él sólo, 

adivino irreprochable, resistió. Y esta 

Pero tarea realizó, (con fuerza tiró durante 

un año) sosteniendo la indigna atadu- 

ra (por causa de la hija de Neleo), 

pues era pretendida por su propio hermano, el héroe 

Biante. Llevó a término una boda envidiable. (Azuzó 

sin cejar) a las vacas de sinuoso andar y recibió como 

premio a la irreprochable muchacha. Y Pero de hermo- 

sa cabellera, de Biante (en los brazos domeñada), alum- 

bró un hijo, a Tálao (fornido). También llegaron ellos a 

Argos, al palacio del divino Preto, donde el ilustre 

Preto les confió un lote de tierra (grande, excepcio- 

nal, y les dio sus hijas, a los dos), a Biante domador 

de caballos y a Melampo (que) con artes de adivina- 

ción las había curado cuando (la venerable Hera), 
llena de cólera, les infundió locura... 


2 El fragmento 36 está formado por restos de cinco versos 
coincidentes con los últimos del presente. Obsérvese también 
la coincidencia de los vv. 68 de este fragmento con los citados 
en el anterior. 


10 


10 


232 FRAGMENTOS 


Esta descendencia de Neleo ”!.... Mas 

el otro allí (permaneció, en la espa- 

Pelias ciosa Yolcos) empuñando el cetro 

(de Pelias)... a las que dio a luz (Ana- 

xibia, hija del violento Biante), Alces- 

tis... (Medusa) de hermosa cabellera... Pasídice... dio 
a luz. 


Papiro de la Sociedad Italiana 1301 


38 
Tiro, hija de Salmoneo, que tenía dos hijos 
Creteo de Posidón, Neleo y Pelias, se casó con Cre- 
y Tiro teo. Y tuvo del mismo tres hijos, Esón, Fe- 


res y Amitaón. De Esón y de Polimela, según 
Hesíodo, nació Jasón, pero, según Ferécides, de Alcímeda ?. 


Escolio a Homero, Odisea XII 69 


2 Termina aquí la exposición sobre los descendientes de Ne- 
leo, entre los que destaca Pero, la hija pretendida por Melam- 
po. Sobre la tarea de un año realizada por Biante, nos ilustran 
dos pasajes de la Odisea (XI 287 y ss., XV 226 ss.): Todos los 
pretendientes de Pero habían de arrear los aviesos bueyes de 
Ificlo. El abolengo del pretendiente Melampo condiciona la 
obligada alusión a uno de sus mayores servicios: la curación 
de las hijas de Preto, cf. F. Vian, «Melampus et les Proitides», 
Rev. des Et. Anc. 67 (1965), 25-30, lo que no impide el que Preto 
y sus hijas sean los personajes centrales del fr. 129, cf. A. HeEnN- 
RICHS, «Die Proitiden im hesiodischen Katalog», Zeitschr. f. 
Papyr. und Epigr. 15 (1974), 297-301. El final del fragmento inicia 
la narración sobre el segundo hijo de Tiro y Posidón, sobre 
Pelias. 

2 Esta nueva rama de la descendencia de Tiro enlazará, por 
contraste, con la primera en la saga de los Argonautas, cuyo 
más destacado protagonista, Jasón, obra a impulsos del mandato 
de su tío Pelias, hermano materno de Esón; cf. APOLONIO DE 
Ropas, El viaje de los Argonautas. 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 233 


39 


Esón, ciudad de Tesalia, viene de Esón, el padre de Jasón, 
cuyo nombre se declina con omega, según Hesíodo. Pero lo de 
«esónida» viene de «Esón y Feres»... 

ESTÉFANO DE BIZANCIO, 54, 16 


40 


Hesíodo dice que Jasón se crió junto a Quirón: 


«Esón, que engendró a su hijo Jasón, pastor de pue- 
blos, al que crió Quirón en el Pelión de mucho bosque.» 


Escolio a Pindaro, Nemeas 111 92 


41 


Los adverbios de lugar tienen el mismo valor que la preposi- 
ción ex con genitivo, como Thebethen por ek Thebón, 
«Atheneéethen vengo» en lugar de ex Athenón. Por ello cometen 
un error los que dicen ex oíkothen paragínomai, pues utilizan 
dos veces la preposición ex. Por tanto, hay que tomar nota 
del ex ouranóthen homérico y de la expresión egó d' ex agróthen 
hekoó en Hesíodo. 


PSEUDO - HERODIANO, Filetero, 242 


42 


«Pues regreso de una cueva, de la compañía de Cariclo y 
Filira, donde las sagradas hijas de un Centauro me criaron»: 
Cariclo, mujer de Quirón pero, Hesíodo dice que Quirón tenía 
por esposa a Nais ”. 


Escolio a Piíndaro, Piticas 1V 182 


2 El centauro Quirón ocupaba el centro de otra obra hesió- 
dica, los Consejos de Quirón; cf. introducción a los fragmen- 
tos (VII). Estos cuatro últimos fragmentos, sin embargo, giran 
en torno a Esón y a su descendencia, como lo demuestra prin- 


10 


20 


30 


234 FRAGMENTOS 


43 a 


... Polimela de hermosa corona. (O 
como la hija de Erisictón) semejante 

Eea de Mestra a un dios... del hijo de Tríope, (Mes- 

tra de hermosos bucles, que de las 

Gracias) destellos tenía. (A éste, Etón 
le llamaron de sobrenombre las estirpes de mortales 
hombres por causa de su hambre, «ardiente», violen- 
ta... al ardiente hambre todos... para mortales hom- 
bres... (apretadas) preocupaciones en su mente... de 
mujeres... (un arte doloso) perseguía... la muchacha... 
le engañó aun siendo muy sensato... a la muchacha de 
rutilante mirada, de hermosas mejillas... como esposa 
encantadora llevársela... (en palacio recibió) infinita 
dote... cien... regalos... rebaños de mugidores bue- 
yes... de ovejas..., de cabras... (recibió)... en su 
ánimo ?*. 

Pero, tras haberse desatado, (en busca del palacio de 
su padre querido se fue) como una flecha, y rápida- 
mente (se convirtió de nuevo) en mujer en el hogar de 
su padre. Vino en su búsqueda... junto a su madre... 


cipalmente el fr. 40. La última expresión griega del fr. 41 («yo 
del campo vengo») estaría en la base de la expresión pindárica 
con que se inicia este fr. 42: no hay más que ver la similitud 
entre agróthen («del campo») y antróthen («de una cueva). El 
nombre Nais asignado por el escoliasta pindárico a la esposa 
del centauro parece una mala interpretación del verso épico 
transmitido por el papiro de Oxirrinco 2509,3, donde se nos 
dice que Quirón tenía por encantadora esposa a una «ingenua 
(neída) ninfa». 

4 Los frs. 43 b y 43 c, en prosa, pueden servir para com- 
prender el sentido de estos versos tan lacunosos con que se 
inicia la Eea de Mestra. Es importante subrayar una vez más 
la tendencia hesiódica a relatar lo portentoso, aunque resulte 
anecdótico, antes de reemprender el hilo fundamental de todo 
el poema, la unión de un dios (aquí Posidón) con una mortal 


(Mestra): vv. 55-69. 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 235 


y, cosa tras cosa, quería llevar a la muchacha... Mas al 
punto entonces discordia y querella entre uno y otro se 
produjo, entre Sísifo y Etón, por causa de la mucha- 
cha de finos tobillos, y, como es lógico, ningún mortal 
pudo hacer de juez. Sino que... se confiaron y dieron 
asentimiento. Ésta, en consecuencia, sin engaño les im- 
partió justicia 3: «Cuando alguien, a cambio de pago, 
desea hacerse dueño de una cosa, debería antes que 
nada sobre la mercancía... el precio..., porque real- 
mente (no) es objeto de cambio una vez que (se en- 
tregue)»... con ésta... de mulas... tras mulas... de los 
bienaventurados... y a los hombres aventajaba en pen- 
samientos y en sentimientos, pero no conocía en absolu- 
to la mente de Zeus que empuña la égida, que los hijos 
de Urano a Glauco no le darían descendencia de Mes- 
tra y que su simiente no quedaría entre los hombres. 
También a Mestra domeñó Posidón, el que conmueve 
la tierra, y eso que era prudente, llevándola lejos de 
sus padres sobre el vinoso ponto, en Cos, bañada por 
las olas. Allí dio a luz a Eurípilo, conductor de muchos 
pueblos... alumbró a un hijo que tenía una fuerza su- 
perior a las armas. Hijos de éste fueron Calcón y An- 
tágores. Á poco de sus comienzos, el violento hijo de 
Zeus le destruyó su encantadora ciudad y devastó sus 
aldeas a poco de haber regresado de Troya con las rá- 
pidas naves..., por causa de los caballos de Laomedonte. 
Y en Flegra dio muerte a unos gigantes soberbios. 
(Mestra) había abandonado Cos en dirección hacia la 
tierra patria y había hecho la travesía con la rápida 
nave hacia la colina de la sagrada Atenas... cuando dio 


25 La querella entre Sísifo y Erisictón o Etón ha sido bien 
reconstruida por R. MERKELBACH, «Hesiod. fr. 43(a), 41ff. M. W.», 
Zeitschr. f. Papyr. und Epigr. 3 (1968), 134-135. La mejor pro- 
puesta de reconstrucción de toda esta Eea de Mestra es la de 
J. Th. KakriIDIS, «Méstra. Zu Hesiods frg. 43 a M. W.», Zeitschr. 
f. Papyr. und Epigr. 18 (1975), 17-25. 


40 


SO 


60 


70 


80 


90 


236 FRAGMENTOS 


a luz al hijo del señor Posidón... Prodigaba cuidados a 
su padre de terrible destino. 

... Hija del Pandiónida %... a la que acciones enseñó 
Palas Atenea..., pues tenía pensamientos iguales a las 
diosas... y de su piel y vestido argentino... y respiraba 
una graciosa belleza. Sísifo, hijo de Éolo, tentó sus 
deseos conduciendo unos bueyes. (Pero en absoluto) 
comprendió la mente de Zeus, que empuña la égida. 
Glauco vino buscando mujer (con regalos) por voluntad 
de (Atena), pero Zeus que amontona las nubes (no 
asintió) con su inmortal cabeza, para que jamás... hu- 
biera... de un hijo de Sísifo. Ella, mezclada en los 
brazos de Posidón (le dio a luz) a Glauco al irreprocha- 
ble Belerofonte, que, en la tierra sin confines, era su- 
perior en valor a los hombres. El padre... regaló a 
Belerofonte el caballo Pégaso, el más veloz... por todas 
partes... con él (despedazó a la Quimera que por su 
boca echaba) fuego. Hizo su esposa a la hija (querida) 
del magnánimo Yóbates, venerable rey... caudillo... que 
dio a luz... 

Papiro del Instituto Francés de Arqueología 
Oriental 322, de Oxirrinco 2495, de Berlín 
7497 y de Oxirrinco 421. 


22 Las vacilaciones introducidas por J. ScHwARtz, Pseudo- 
Hesiodeta..., págs. 265-281, ya que según Hicino (Fábula 157), 
Belerofonte es hijo de Eurínome, hija de Niso, parecen desvane- 
cerse ante el testimonio del escolio T a la Ilíada (VI 191): 
Belerofonte «era hijo de Posidón y de Mestra, hija de Erisic- 
tón», cf. K. STIEWE, «Zum Hesiodpapyrus B Merkelbach», Her- 
mes 88 (1960), 253-256. En consecuencia, hemos de ver también 
en los versos siguientes la continuación de la historia de Mes- 
tra. En cambio, según ScHwARIz (pág. 273), tendríamos aquí el 
comienzo de la Eea de Eurínome, con el siguiente esquema: 
1) presentación de Eurínome, 2) su matrimonio con Glauco, 
3) nacimiento, 4) hazañas, 5) matrimonio e 6) hijos de Belero- 
fonte. 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 237 


43 b 


Cierto Erisictón, hijo de Tríope, arrasó el bosque sagrado de 
Deméter. Ésta, irritada, hizo que se le produjera un gran ham- 
bre, de modo que jamás cesase su necesidad de comer. Tenía 
éste una hija experta en fármacos, que se transformaba en todo 
tipo de animal y su padre la tenía como remedio de su hambre, 
pues la ponía en venta todos los días y se alimentaba de lo 
que sacaba. La hija, cambiando de forma y huyendo, regresaba 
a casa de su padre. Erisictón era llamado Etón, según dice He- 
síodo, por el hambre. 

Escolio a Licofrón, 1393 


4 c 


Se dice que Posidón atribuyó este rotundo variar de forma 
a alguno de los hombres y que se lo concedió a Periclímeno y 
a Mestra. De éstos, cuenta Hesíodo que la una fue vendida para 
alimentar a Etón. 

FILODEMO, De pietate 49 


44 


... Ovejas de tupida lana”. 
Papiro de Oxirrinco 2495 


45 


... Y a ésta (al punto el glorioso) héroe... (tras ha- 
berla atado con sólida atadura), tenerla vigilada (así se 
lo ordenaba el hijo de Éolo. Mas no); tenía (en) su 
mente (el modo) de convertirse en (otra distinta) y 


21 Estos restos, al igual que los de los frs. siguientes, hasta 
el 48, formaban parte del relato contenido en el fr. 43 a. La 
traducción del fr. 45 sigue la reconstrucción propuesta por 
West y habría de ser intercalado tras el verso 27 del menciona- 
do fr. 43 a. 


238 FRAGMENTOS 


(despojarse) de su propia (figura). Pero, tras haberse 
desatado, (en busca del palacio de su padre querido se 
fue) como una flecha, y rápidamente (se convirtió de 
nuevo) en mujer en el hogar de su padre. 


46 


... Cabellera... (semejante) a las diosas... 


Papiro del Instituto Francés de 
Arqueología Oriental 322 


49 


«Tumba de Halirrocio» o «Semo, hijo de 
Halirrocio Halirrocio». Halirrocio de Mantinea... algu- 
nos escriben «Semo, hijo de Halirrocio», del 

cual hace mención Hesíodo: 


«En verdad éste a Semo y Alácigo, hijos nobles.» 


Semo era hijo de Halirrocio el de Perieres y Alcíone ?. 


Escolio a Pindaro, Olímpicas X 83 


50 


El tercer relato —a mi entender— en 

Aida modo alguno es verídico cuando imagina que 

y Asclepio Asclepio es hijo de Arsínoe, la hija de Leu- 
cipo. Pues a Apolófanes de Arcadia, que fue 

a Delfos y preguntó al dios si Asclepio había 

nacido de Arsínoe y era ciudadano de Mesenia, le dijo la Pitia 
por voz del oráculo: «Oh Asclepio, gran motivo de alegría para 


2 No existe documentación alguna para apoyar esta ascen- 


dencia y descendencia de Halirrocio. En todo caso, Perieres, 
hijo de Éolo (cf. fr. 10, 3), es el punto de partida para las des- 
cendencias aludidas en todos estos fragmentos hasta el 58 (ver- 
so 6). De Leucipo, hijo de Perieres, nace Arsínoe que, unida a 
Apolo, alumbra a Asclepio. 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 239 


todos los mortales por tu nacimiento, al que una hija de Fle- 
gias, la encantadora Coronis, dio a luz tras haberse mezclado 
en amor conmigo en la escabrosa Epidauro». Este oráculo mues- 
tra antes que nada que Asclepio no es hijo de Arsínoe y que 
Hesíodo —o alguno de los que han introducido sus poemas en 
los de Hesíodo— compuso los versos para complacer a los me- 


JOS. 
senio PAUSANIAS, II 26, 7 


Unos dicen que Asclepio es hijo de Arsínoe, otros que de Co- 
ronis; (Asclepiades dice que Arsínoe era hija de Leucipo el de 
Perieres). De ella y de Apolo nacieron Asclepio y una hija, 
Eriopis: «y ella por Febo domeñada, dio a luz en palacio a As- 
clepio, caudillo de hombres, y a Eriopis de hermosos bucles». 
E igualmente de Arsínoe: «Arsínoe, tras mezclarse con el hijo 
de Zeus y de Leto, dio a luz a Asclepio, hijo irreprochable y 


vigoroso» ”. , e 
Escolio a Piíndaro, Píticas 111 14 


51 


Y sobre Asclepio, dice Hesiodo: 


«El padre de hombres y de dioses se irritó, disparó 
desde el Olimpo con el humeante rayo y mató al des- 


cendiente de Leto, excitando a un tiempo el ánimo a 


Febo» *, Dd id 
ATENÁGORAS, Supplicatio pro Christianis 29 


22 Resulta sencillo hacer el balance de los dos testimonios 
recogidos en este fragmento. Existían dos versiones sobre la 
filiación materna de Asclepio: Arsínoe o Coronis. En el poema 
hesiódeo se admitía la primera, que, lógicamente, nos lleva a 
atribuirle también el segundo par de los versos incluidos en el 
escolio a Píndaro. La versión del Asclepio hijo de Coronis ha 
de ser posterior y está acuñada sobre los amores de Coronis 
con Apolo, que también figuraban en el Catálogo (cf. frs. 59-62). 
Por todo ello, una vez más, aparece como deleznable la imagi- 
nativa reconstrucción de la Eea de Coronis urdida por WILA- 
MOWITZ, Isyllos von Epidauros, Berlín, 1886. 

w% Esta fulminación de Asclepio por Zeus motiva la vengan- 
za de Apolo que, indignado, «mató a los cíclopes, artífices del 


240 FRAGMENTOS 


Que Asclepio fue matado por Zeus, lo han dejado escrito He- 
síodo, Pisandro, Ferécides de Atenas, Paniasis, Andrón y Acu- 
silao. 

FILODEMO, De pietate 17 


52 


«Éstos en verdad semejantes a los dioses 

eran». Crates, en lugar de éste, ofrece otro 

Los Cíclopes verso: «Éstos, nacidos de inmortales, crecie- 

ron como mortales de humana voz». ¿Pues 

cómo dice que son «semejantes a los dio- 

ses» y, en el catálogo de las hijas de Leucipo, hace que apa- 
rezcan matados por Apolo? 

Escolio a Hesíodo, Teogonía 142 


53 


Este Macaón era hijo de Asclepio y (de Arsínoe o Coronis) de 
Epíone, la hija de Mérope, según algunos, de Jante según He- 
síodo. 

Escolio AD a Homero, Ilíada 1V 195 


54 a 


De su (padre)... a Brontes... Zeus... entonces, encole- 
rizado, a éste... iba a arrojar... al Tártaro... y lanzó un 
trueno seco (y terrible, la tierra en derredor se mo- 

10 vió... todos (empezaron a tener miedo)... los inmorta- 
les... Allí (hubiera matado a Apolo el prudente Zeus) 
si entonces no... 

Papiro de Oxirrinco 2495 


rayo de Zeus. Zeus estuvo a punto de arrojarlo al Tártaro, pero, 
ante las súplicas de Leto, le ordenó servir a un mortal durante 
un año» (APOLODORO, Biblioteca 1II 10, 3). En este contexto, 
encajan los fragmentos sucesivos hasta el 58, 6. El fr. 53 sugie- 
re que en el relato hesiódico sobre Asclepio no faltaba alguna 
alusión a su descendencia, y concretamente a su hijo Macaón. 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 241 


544 b 


Andrón, en las Genealogías, dice que Apolo sirvió a Admeto 
por orden de Zeus; Hesíodo y Acusilao, que iba a ser arrojado 
por Zeus al Tártaro y que, tras haber suplicado (Leto), sirvió 
a un hombre. 

FILODEMO, De pietate 34 


54 e 


«Oh mansiones de Admeto, en las que yo, aunque soy dios, 
sufrí la resignación de poner la mesa. Zeus es culpable por ha- 
ber matado a mi hijo Asclepio hendiéndole la llama en el pecho. 
Irritado por ello, doy muerte a los artífices del fuego de Zeus. 
Y como castigo por esta acción, me obligó el padre a servir en 
casa de un hombre mortal. Llegado a esta tierra, los bueyes de 
un extranjero apacenté y en esta casa vivi hasta este día de 
ahora.» 

La historia divulgada y que corría de boca en boca sobre la 
servidumbre de Apolo en el palacio de Admeto, es ésta que ahora 
utiliza Eurípides. Así dicen también Hesíodo y Asclepiades en 
sus libros sobre la tragedia. Ferécides en cambio... 


Escolio a Eurípides, Alcestis 1 


55 
... los cíclopes... 
Papiro de Oxirrinco 2495 
56 
Leto... Zeus... 
Papiro de Oxirrinco 2495 
51 


Irritado, estaba a punto de arrojarle... desde el Olim- 
po al Tártaro (debajo de la tierra y del infecundo) 
mar... 

Y lanzó un trueno seco (y terrible, la tierra en de- 
rredor) se movió. 


OBRAS Y FRAGMENTOS, 16 


242 FRAGMENTOS 


Allí a (Apolo hubiera matado el prudente) Zeus. 
Papiro de Oxirrinco 2495 


58 


... legó (a la ciudad de Admeto)... a aquél efectiva- 
mente (sirvió hasta cumplido un año)... de corazón 
(amando)... de Asclepio... en los hogares... 

O como aquella a la que, con los ca- 
ballos (y ajustados carros)... Foco de 

Foco Ñ es 
y Asterodia buena lanza... Asterodia (hija del mag- 
10 nánimo Deyoneo), desde Fílace. Ésta 
dio a luz a Criso (y al magnánimo Pa- 
nopeo) en una sola noche... Estos dos, incluso antes de 
ver la brillante (luz del sol), luchaban entre sí cuando 
se hallaban en el cóncavo vientre de su madre. Para 
sus descendientes... preocupaciones y funestas dispu- 
tas... mas una vez que se hicieron... A Criso... otorga- 
20 ron los inmortales... la casa... alumbró (en el hogar)?!... 


Papiro de Oxirrinco 2495 


59 


... O como aquella que, habitando en 
Eca Colinas Gemelas, en la llanura de Do- 
de Coronis tio, frente al Ámiro de muchas uvas, 
indómita doncella, lavó su pie en el lago 
Bebe... labrantío... bosque sagrado... 
hermosos palacios... Hermes... esposa... teniendo ??... 


Papiro de Oxirrinco 2490 


31 Foco es mencionado como hijo de Éaco en Teogonía 1004, 


La lucha de estos dos hijos de Foco en el vientre de la madre 
fue resumido por TZETZES en el Comentario a Licofrón (vv. 930 
y 939). 

3 Los versos completos del fragmento ya nos eran conocidos 
por ESTRABÓN (IX 5, 22 y XIV 1, 40), que sitúa esta llanura de 
Dotio en Tesalia. Nada impone el que, en la versión hesiódica, 
Coronis sea la madre de Asclepio, cf. nota 29. 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 243 


60 


En efecto, se cuenta que el cuervo hizo conocer al mismo (a 
Apolo) la unión amorosa de Isquis, por lo que, disgustado por 
la noticia, lo hizo negro en lugar de blanco... y afirma (Arte- 
món) que Hesíodo, haciendo también mención de la historia re- 
lativa al cuervo, dice así: 


«Entre tanto como mensajero un cuervo vino del sa- 
grado banquete a la muy divina Pito y comunicó ac- 
ciones oscuras a Febo de intonsa cabellera, que Isquis, 
hijo de Élato, se había casado con Coronis, la hija de 
Flegias de origen divino.» 

Escolio a Pindaro, Píticas 11 52 


En los poemas atribuidos a Hesíodo, se cuenta lo siguiente 
sobre Coronis: «vino aquí un cuervo y comunicó acciones oscu- 
ras a Febo de intonsa cabellera, que Isquis, hijo de Élato, se 
había casado con Coronis, la hija de Flegias de origen divino». 


Escolio a Pindaro, Píticas III 14 


61 


«El que despreciando lo de su país ande buscando las cosas 
lejanas». «Lo del país» quiere decir ahora «las cosas presentes». 
Es lo mismo que lo de 


«insensato el que, tras dejar lo que tiene a mano, per- 
sigue lo que no tiene a mano» 3, 


Escolio a Píndaro, Píticas 111 38 


33 TIgmoramos el contexto exacto en que se inscribía este frag- 
mento atribuido a la Eeas por A. BLUMENTHAL [«Hesiod fr. 219», 
Hermes 49 (1914), 319.320] en razón del contenido pindárico sobre 
Coronis a que sirve de comentario. El carácter paremíaco del 
fragmento hace recordar, por ejemplo, el fr. 6 de BAQUÍLIDES: 
«Cuando la osa está presente, no busques sus huellas». 


244 FRAGMENTOS 


Hesíodo: «insensato el que, tras dejar lo que tiene a mano, 
persigue lo que no tiene a mano». 
Escolio a Teócrito, XI 75 


62 


Uno de los hijos de Éolo, Fílaco, fundó 

una ciudad y la puso por nombre Fílace; 

Ificlo hijo de éste fue Ificlo, del que lo fue Fílaco, 

del que lo fueron Peante e Ificlo; hijos de 

éstos fueron, de Peante y Metone por un 

lado, Filoctetes, y de Ificlo y Astíoque por otro, Protesilao y 

Podarce. Por ello hay que preguntarse cuál fue el Ificlo de agi- 

lísimos pies, sobre el cual Hesíodo, manifestando que se distin- 

guía por su rapidez, no vaciló en decir sobre el mismo esta hi- 
pérbole: 


«Corría por la cresta del fruto de los asfódelos y no 
los quebraba, sino que sobre las espigas de trigo solía 
correr con sus pies y no dañaba el fruto.» 

Eustacio, A Homero, 323, 42 


«Corrían por la cresta del fruto de los asfódelos y no los que- 
braban». Dijo antheriíkon hiperbólicamente; anthérikos es, según 
unos, la caña del asfódelo, otros dicen que las espigas del trigo, 
como Hesíodo, que, tras hacer una interpretación correcta, dice 
sobre Ificlo: 


«Éste por encima de las espigas del trigo iba y venía 
con sus pies.» 
Escolio BT a Homero, Ilíada XX 227 


Hesíodo dice que Ificlo corría por encima de las espigas del 
trigo. 
Escolio a Apolonio de Rodas, 1 45 


Clímene, hija de Minio, hijo de Posidón, y de Eurianasa, hija 
de Hiperfanto, se casó con Fílaco, hijo de Deyón, y dio a luz 
un hijo de rápidos pies, Ificlo. Se cuenta que éste, por la exce- 
lencia de sus pies, competía con los vientos y que pasaba sobre 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 245 


las espigas y que, por la rapidez, su poco peso no quebraba las 
cañas. Algunos dicen que la misma con anterioridad se casó con 
Helios; de ésta nació un hijo, Faetonte. La historia está en He- 
síodo ?. 

Escolio a Homero, Odisea X1 326 


63 


Ni Homero ni Hesiodo ni Ferécides dicen que Ificlo haya sido 
compañero de viaje de los Argonautas. 


Escolio a Apolonio de Rodas, 1 45 


64 
... de hermosas mujeres... sobre- 
nombre... del rey... alumbró... rápido. 
Filonis El cual... de brazos de rosa... divina 


Filonis, que dio a luz a Autólico y a Fi- 

lamón, famoso por su voz, a éste, do- 
meñada por Apolo que hiere de lejos, a aquél, a Autó- 
lico, tras mezclarse en amorosa amistad con Hermaón, 
le dio a luz para el cilenio matador de Argos 3... 


Papiro de Oxirrinco 2500 


3 Fílaco es la clave para el engarce mítico de este fragmento 
con los eólidas, pero no podemos saber si el leit-motiv del re- 
lato era la doble descendencia de Clímene (Ificlo y Faetonte), 
o sólo la extraordinaria y celebérrima agilidad del primero de 
ellos. La limitación añadida por el fr. siguiente no ayuda a 
despejar la incógnita de los varios Ificlos a que alude Eustacio. 

35 De esta doble descendencia divina de Filonis, hija de Deyón 
al igual que Fílaco (fr. 62), destacan Támiris, hijo de Filamón 
(fr. 65), y Autólico (frs. 66-67). Pero no sabemos qué instantá- 
neas de la vida de Támiris, homónimo de una tragedia de Só- 
focles, eran colocadas por Hesiodo en la llanura de Dotio. La 
filiación materna de Támiris ofrece dudas (la ninfa Argíope o 
la musa Melpómene), pero no ocurre lo mismo con su amor 
por Jacinto y la competición musical con las musas tras la 
desdichada muerte del amado causada por el disco de Apolo. 


246 FRAGMENTOS 


65 


Dotio, ciudad de Tesalia... fue llamada Do- 

tio a partir de Doto, el hijo de Pelasgo, según 

Támiris Herodiano en el libro VIII: «Doto, el hijo 

de Pelasgo, a partir del cual la llanura de 

Dotio. Y abundando, Oro, en sus EÉfnica, 

escribe lo siguiente: «Y al contar de pasada el poeta lo que 

ocurrió a Támiris en Dorio, de nuevo dice Hesíodo que aquél 

quedó ciego 

«en la llanura de Dotio». 

En efecto, esto cuadra con los primitivos nombres étnicos 


escritos de dos maneras. 
ESTÉFANO DE BIZANCIO, 256 


66 
... gratos establos... Autólico... y... 
muchas veces... para Hermes... cilenio 
Autólico matador de Argos... con el que las no- 
ches... sin luna, haciendo llover... y los 
poco tupidos mantos... y las túnicas... 

boyeros salvajes... 

Papiro de Oxirrinco 2494 


67 a 


... (lo que con sus manos) cogía (todo invisible lo 
hacía)... 
Papiro de Oxirrinco 2494 


Vencido por las musas, Támiris quedó ciego y sin saber tocar 
la cítara, cf. APOLODORO, Biblioteca 1 3, 3. Autólico, por su par- 
te, heredó de su padre Hermes el don de saber robar sin ser 
sorprendido y de hacer irrecognoscible lo robado; cf. HIGINO, 
Fabulae 201. El robo de Autólico verificado por Sísifo probable- 
mente no estaba en Hesíodo. 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 247 


67 b 


«Invisible»... pero Hesíodo utilizó la palabra sobre lo que no 
se puede ver a propósito de Autólico. En efecto, dice: 


«lo que con sus manos cogía todo invisible lo hacía». 


Y es que el mismo, que era un ladrón, robaba los caballos y 
los volvía de distinto aspecto; cambiaba los colores de sus 


pieles. 
Etymologicum Magnum s. v. aeídelon, 21, 19 


Este Autólico superó a todos en el arte de robar. En efecto, 
robando caballos, bueyes y rebaños de todo el mundo, cambiaba 
sus marcas y pasaba desapercibido a los dueños de los mismos, 
según dice también Hesíodo: 


«Pues todo cuanto cogía todo invisible lo hacía.» 
TZETZES, Licofrón, 344 


68 


Carnero. Éste fue el que transportó a Frixo 

Atamante, y a Hele; como era inmortal, les fue en- 

sus esposas tregado por su madre Néfele; tenía piel de 

e hijos oro, según dejaron dicho Hesíodo y úFeré- 
cides *. 

PsEuDO-ERATÓSTENES, Catasterismos 19 


69 


Todos los pasajes como estos de los poemas épicos tenían 
que haber sido omitidos por él (por Crisipo), en cambio debería 


36 Atamante, hijo de Éolo, tuvo al menos tres esposas: Né- 
fele, Ino y Temisto. El conflicto entre las dos primeras, tras la 
huida de Frixo y Hele, desemboca en la locura de Atamante, 
que mató a Learco, haciendo que Ino y su otro hijo, Melicertes, 
se arrojasen al mar. Por tanto, los nietos mencionados en el 
fr. 70 (vv. 80-43) se remontan a los hijos de la tercera esposa, 
Temisto: Leucón, Eritrión, Esceneo y Ptoo, cf. APOLODORO, Bi- 
blioteca 1 9, 1-2. 


10 


20 


30 


248 FRAGMENTOS 


reunir aquellos en los que cierto poeta dijo que mente, senti. 
mientos, inteligencia y capacidad discursiva se albergan en el 
corazón, como son los del estilo de éste: 

«Y entonces ya del pecho a Atamante los sentimien- 
tos arrebató Zeus.» 


GALENO, De placitis Hippocratis et Platonis 
I 266, 7 


70 


... 2 Atamante (en) el palacio dejó y (en el ponto ha- 
bita; y mucho) agradó a los inmortales, pues honor le 
había dado el padre de hombres (y de dioses; a Leu- 
cótea había llamado) para (tener) gloria inmortal. 

... abundante en viñas, que gran solaz produce... La 
fama de éste jamás perecerá... al lado estaban hon- 
rándole las hijas de (Leucón), rey hijo de Atamante, 
(Pisídice), Evipe y la divina... de Atenea portadora del 
botín... con sandalias caminando... vestidas, (en la es- 
tación) de la primavera... al hijo querido... al rey... de 
remolinos de plata y que desde Lilea proyecta su agua 
de hermosa corriente ?... en torno a la roca... aunque 
audaz. Y que al pasar por Panopeo a través de tierna 
menta... y atraviesa Orcómeno enrollándose como una 
serpiente... a las puertas (de los inmortales) dioses cas- 
tigo y de mortales hombres... de Leucón... atravesa- 
ron... Copreo... hijo querido... nieto del magnánimo 
Orcómeno... con caballos y carros. Ella, en su palacio, 
le alumbró hijos semejantes a dioses, al héroe (Argi- 
no) y a Hipoclo magnánimo... Eteoclo, hijo de Andreo, 


7 El río Cefiso, que según ESTRABÓN (1X 3, 16) fluye por la 
Fócide, se unió a Evipe y engendró a Etéoclo (cf. fr. 71 b), lo 
que no está en contradicción con PAUSANIAS (IX 34, 9), ya que 
Andreo, hijo de Orcómeno, era el padre humano del mismo 
Etéoclo, cf. A. CASANOVA, «Le nipoti di Atamante nel Catalogo 
esiodeo», Stud. It. d. Fil. Class. 60 (1968), 196-197, 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 249 


hizo su esposa... hijo de Orcómeno, hijo de Minias. De 
ésta... nació vigoroso y grande... fue rey de una tierra 
encantadora... que tenía los destellos de las Gracias... 
de Cometes, al que sobre todos... los mortales hom- 
bres... un hijo dio a luz... 

Papiro de la Sociedad Italiana 1383 


1la 


Cefiso, río de Orcómeno, donde también son honradas las 
Gracias. 


71 b 


Eteoclo, el hijo del río Cefiso, fue el primero que hizo un sa- 
crificio en honor de éstas. El Cefiso fluye a través de Orcómeno. 


Escolios a Pindaro, Olímpicas XIV título 


Andreo tomó de Atamante por esposa a Evipe, hija de Leu- 
cón, y tuvo un hijo, Etéocles; pero es hijo del río Cefiso según 
la tradición de los ciudadanos, de modo que incluso algunos 
poetas, en sus poemas, llaman a Etéocles Cefisíada. 


PAUSANIAS, 1IX 34, 9 


712 
Hesíodo y algunos otros dijeron que Ata- 
Atalanta lanta no era hija de Yaso, sino de Esceneo 
y sus (Eurípides que de Ménalo), y que el que se 
pretendientes casó con ella no fue Melanión, sino Hipó- 
menes *. 


APOLODORO, Biblioteca 111 9,2 


% La paternidad de Atalanta anunciada en este fragmento es 
confirmada por los propios versos de los frs. 73 y 75; exacta- 
mente lo mismo ocurre con la identidad del pretendiente ven- 
cedor (Hipómenes), anunciada en el fr. 74 y confirmada en el 75. 


40 


250 FRAGMENTOS 


De éstos y de la suerte que no les correspondía quedó pren- 
dado todo el linaje de vírgenes y de Zeus si es que Atalanta es 
la hija de Esceneo, como se dice que imaginó Hesíodo por pa- 
ronimia, o una esclava de Ártemis. 

FILODEMO, De pietate 60 


13 


(O como aquella hija del) famosísimo rey (Esceneo, 
la divina Atalanta de ágiles pies que se asemejaba a 
las diosas), que tenía destellos de las Gracias... que se 
negaba a tener relaciones con la raza (de los hombres 
esperando esquivar) la unión (con los hombres) indus- 
triosos... por la muchacha de finos tobillos... 


Papiro de Londres 486 y de Oxirrinco 2488 


74 


En un principio los antiguos tenían por costumbre llevar ta- 
parrabos en las partes pudendas y competir con ellos. Pero en 
la decimocuarta olimpíada (724/1), mientras competía el lace- 
demonio Orsipo, se le desató el taparrabos y fue causante de 
su derrota. Desde entonces se impuso la costumbre de correr 
desnudos. 

Escolio AD a Homero, Ilíada XXVI 683 


En la decimocuarta olimpiada, en el arcontado de Hipómenes 
en Atenas, aconteció que uno de los que corrían con taparrabos 
el estadio en los juegos olímpicos, Orsipo, entorpecido por el 
taparrabos, cayó al suelo y murió. Por ello, los oráculos pres- 
cribieron que compitiesen desnudos... Por tanto, Hesíodo es 
posterior, ya que introduce desnudo a Hipómenes cuando lucha 
con Atalanta. 

Escolio T a Homero, Ilíada XXIII 683 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 251 


715 


,, allí... la muchacha de finos tobillos se lanzó... 
numerosa multitud (de pretendientes) la rodeaba. El 
estupor se apoderó de todos los que miraban (cuando) 
el soplo del Céfiro (removió) en torno a los delicados 
pechos el manto (de la muchacha que se lanzaba)... nu- 
meroso ejército se reunió... Esceneo, a voz en grito 
dijo: («Escuchadme todos, jóvenes y viejos, (para que 
os diga lo que el ánimo) en el pecho (me) ordena. (Este 
hombre pretende) a mi hija de rutilante mirada. (Yo le 
pondré una prueba; ésta por él) sea convenida (como 
yo diga; y Zeus) de testigo nos sirva... Pero si éste 
(vence y le conceden) alzarse con la gloria (Zeus y los 
demás inmortales que las olímpicas) mansiones poseen, 
(llevará después a mi hija) a su tierra patria. (Sin ha- 
ber dado bueyes ni) fuerza de caballos de rápidas patas 
ni (espléndidos) tesoros (sacados de su palacio). Y en 
verdad que en mi ánimo (yo gozaría de haberle visto 
concluir) el doloroso combate. (Pero si no le concede) 
el padre de hombres y de dioses ...» 


Papiro de la Sociedad Italiana 130 


16 


... y con la diestra... y, embistiendo, contra ella (se 
lanzó). Ésta (se dio cuenta) tras ceder un poco, pues no 
era igual el combate (para ambos). Ella, la divina Ata- 
lanta de ágiles pies, corría por rechazar los dones (de 
la áurea Afrodita), para aquél en cambio (la carrera) 
era por su vida, (o ser cogido) o huir. Así, aunque con 
dolosos (sentimientos, le dijo: «Oh hija de Esceneo 


10 


20 


(que tienes un corazón amargo), acepta estos espléndi- 10 


dos dones (de la áurea diosa Afrodita)... tiró al suelo... 
Entonces él (rápidamente) con sus pies... (huía), pero 


20 


252 FRAGMENTOS 


ella, al punto, como una Harpía con pies que subían 
hasta el cielo, le alcanzó. Él con su mano la segunda 
arrojó (al suelo)... Y ya tenía dos manzanas la divina 
Atalanta de ágiles pies. La meta estaba cerca. Hipóme- 
nes la tercera arrojó (al suelo). Y con ella escapó de la 
muerte y de la (negra parca). Puesto en pie, suspiró y... 

Papiro de la Sociedad Italiana 130 


17 


Aspledón, ciudad de Fócide..., pero fueron hijos de Orcómeno 


«Aspledón, Clímeno y Anfídoco, semejante a un 


dios» ?, 
ESTÉFANO DE BIZANCIO, 135 


78 


Elara y AÁlera. Una prueba de que el pri- 
Elara mer nombre es auténtico está en que el pa- 
y Titio tronímico se dice en Hesíodo con la adición 
de una ií. En efecto, llama Eilárida a Titio. 
En consecuencia, Álera surgió por trasposi- 
ción de letras. Así dice Herodiano. 


ETYMOLOGICUM MAGNUM, 60, 37 


80 
Cencrea *, 


39 Las relaciones conyugales existentes entre las nietas de 
Atamante y los hijos de Orcómeno (cf. frs. 70, 30 y 35) justifican 
la colocación de estos dos nuevos fragmentos sobre la descen- 
dencia del héroe epónimo de la ciudad beocia de Orcómeno: 
tres hijos y, al menos, una hija, Élara, que, en ayuntamiento 
con Zeus, alumbró a Titio, «de enormes proporciones», que qui- 
so sobrepasarse con Leto en Delfos. Los hijos de Leto le tras- 
pasaron con sus flechas y tuvo por castigo el que, aun después 
de muerto, los buitres siguiesen devorándole el corazón en el 
Hades, cf. APOLODORO, Biblioteca 1 4, 1. 

*“% Ha resultado inútil, por el momento, el intento de re- 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 253 


81 


(a la fuerza de Heracles)... cólera. 
(se lanzaban con ímpetu los dos)... 


82 


(Tenían el sobrenombre de hijos de Áctor.) 


83 


... €jecutar otras acciones (?)... (honrado) por los 
hombres... hijo... recibió (?) (y pronunció un discur- 
so)... con lanzas... tierra... 


84 


(Ella) entonces (dio a luz un niño (?). 


85 


... hizo su esposa... de hermosas mejillas... del rey... 
de los hombres... blandían (?)... tiernas... 
Papiro de Oxirrinco 2481, 7-12 


86 


Ifínoe(,)... por ella competían... allí 
Ifíinoe había habido mucha desgracia... (e irre- 
mediables acciones hubiesen ocurrido), 
y en verdad... 
Papiro de Oxirrinco 2485 


construir todos estos minúsculos fragmentos papiráceos. Pero el 
orden en que son presentados no es caprichoso. El papiro de 
Oxirrinco 2481 (frs. 79-85) nos proporcionó ya otra media docena 
de sabrosos pasajes (cf. fr. 23 a y ss.), y puede contribuir en 
su día a completar algunos más; otro tanto puede afirmarse 
del papiro de Oxirrinco 2485 (fr. 86, cf. frs. 30 y 33 a). 


254 FRAGMENTOS 


87 


Hesíodo, Dicearco, Clearco, Calímaco y al. 

gunos otros cuentan lo siguiente sobre Tire- 

Ceneo sias... Los mismos autores cuentan que, en 

el país de los lapitas, el rey Élato tuvo una 

hija llamada Cénide. Posidón se mezcló con 

ella y prometió hacerla lo que ella quisiera. Ella pidió que la 

convirtiese en hombre y la hiciese invulnerable. Conforme a la 

petición, Posidón la hizo hombre y cambió su nombre por el 
de Ceneo*. 

FLEGÓN, Mirabilia 74 


. Centauros... con golpes... encerrados... 


89 


... de la tierra patria (?)... hijos. 


90 


.. entonces todos... la negra tierra... 


1 Esta metamorfosis de Ceneo fue celebérrima en la anti- 
gúuedad (cf. la veintena de testimonios recogidos por J. ScHwARTZ, 
Pseudo-Hesiodeia..., pág. 476, nota 4). La leyenda de Ceneo con- 
tiene, además del cambio de sexo y la invulnerabilidad otor- 
gados por Posidón, el episodio de la lanza clavada en el suelo 
para que los lapitas la adorasen y la desaparición del héroe en 
la lucha contra los centauros. La mención de estos últimos en 
el fr. 88 ha condicionado la colocación a renglón seguido de los 
demás restos del papiro de Oxirrinco 2495 (frs. 89-115). No es 
imposible, sin embargo, que algunos de ellos (compárese el fr. 91 
con el fr. 16) formasen parte de otros contextos. 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 255 


91 
(desde) la tierra... hacia el (purpú- 
Ino reo) mar... a ésta ahora (llaman)... 
(hombres)... 
92 
padre (?) 
94 
... Ífito... 
95 
... de Éolo... 
96 


... (en belleza) superaba (a las estirpes de mujeres)... 
hijos nobles... 


97 


Mestra ... belleza (?)... a ésta... dones... 
cuando nació (?) 


101 


... en el palacio (?)... entonces (ella dio a luz). 


105 


... y a ésta... (condujo) a (su gran mansión para que 
fuese llamada su esposa querida), (la cual dio a luz)... 


256 FRAGMENTOS 


112 


... las manos echaban... 


113 


(a las inmortales) en figura (y belleza semejante)... 
Papiro de Oxirrinco 2495 


116 


(a un hijo que ni de los inmortales ni de los hom- 
bres) se cuidaba... (no agradó) el lecho... derramando 
lágrimas *... 


117 


... a las inmortales... del semejante a un dios... mu- 
chacha... (Ifimedea) 


119 


(de hermosas mejillas) 
Papiro de Oxirrinco 2075 


120 


... Justicia (de reyes divinos) 
Papiro de la Sociedad Italiana 1384 


2 Con media docena de restos procedentes de este papiro de 
Oxirrinco 2075 se pudo recomponer una importante porción de 
fragmentos del Catálogo (cf. los frs. 11, 21, 23 a y 25), y algo 
similar ocurrió con el papiro de la Sociedad Italiana 1384 
(cf. fr. 22). Son razones más que suficientes para no des- 
entendernos ahora de las escasas palabras inconexas de estos 
cinco fragmentos (116-120) procedentes de dichos papiros. 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 251 


121 


Los nombres femeninos de un único género terminados en 
-ané que tienen más de dos sílabas no llevan acento agudo... 
añadí «de más de dos sílabas» por el phang utilizado por He- 
síodo en el segundo libro: 

«los que antes en el interior la antorcha guardaban» $, 

HERODIANO, 1I 924, 20 


122 


Linaje Otros pensaron que Eneo fue el padre de 
de fnaco Ínaco, por lo que fue llamado Enida en un 
discurso sagrado, con estas palabras: 
«Ínaco Enida, agua queridísima para el Crónida» *. 
NATALIS COMES, Mitología VIII 23 


4% Describa o no el fragmento unos esponsales, resulta inte- 
resante la atribución de HERODIANO al libro segundo (del Ca- 
tálogo), que, al nivel de nuestros conocimientos actuales, aquí 
concluye. 

*W A la progenie de Ínaco está dedicado todo el libro segun- 
do de la Biblioteca de Apolodoro y los siete primeros capítulos 
del tercero. Sin embargo, el Ínaco hesiódico no es exactamente 
el hijo de Océano y Tetis de que nos habla Apolodoro, sino un 
río, hijo de Eneo, que nace junto a la ciudad epónima de este 
último (cf. PAUSANIAS, II 25, 2-3). Con todo, la temática genealó- 
gica de Apolodoro puede servir para enhebrar el hilo de toda 
esta parte del Catálogo. De Ínaco y Melia nacen Teledice, Fo- 
roneo y Egialeo; de Foroneo (fr. 123), Apis y Níobe; de Níobe y 
Zeus, Argos; de Argos y Evadne, Écbaso, Piras, Epidauro y 
Críaso; de Écbaso, a través de Agenor, Argos «el que todo lo 
ve» (eso quiere decir Panopte) También nos proporciona Apo- 
lodoro todas las variantes sobre la filiación paterna de lo, así 
como la narración básica de su historia (frs. 124-126). De lo y 
Zeus nace Épafo, cuya descendencia se perpetúa, a través de 
Libia y Belo, en las numerosas proles de Egipto y Dánao 
(frs. 127 y 128). De la supervivencia de una Danaide (Hiper- 
mestra) y de un hijo de Egipto (Linceo) tras la aciaga noche 
de bodas de cincuenta primas y cincuenta primos, acabará por 


OBRAS Y FRAGMENTOS, 17 


258 FRAGMENTOS 


123 


Pues Hesíodo dice que de Hecateo y de la 
Foroneo hija de Foroneo nacieron cincuenta hijas, 


y sus hijas dle las que 
«las ninfas, diosas de las montañas, 
nacieron y la raza de los sátiros, in- 
útiles, incapaces de trabajar, y los Curetes, dioses ju- 
guetones, danzarines». 
ESTRABÓN, X 3 


124 


Proverbio: juramento de amor no tiene 
lo castigo, en los que por amor juran muchas 
veces y cometen perjurio. También hace 

mención de él Hesíodo cuando dice: 


«Y por ello hizo libre de castigo para los hombres el 
juramento sobre las escondidas acciones de Cipris.» 
Escolio a Platón, Banquete 183 b 


Juramento de amor: proverbio... Hesíodo fue el primero que 
dio forma a los hechos relativos a Zeus e lo. 
HesiQuio A 8771 


Hesíodo y Acusilao dicen que lo era hija de Pirén. Zeus la 
sedujo cuando era sacerdotisa de Hera. Descubierto por Hera, 
él, enamorado de la muchacha, la convirtió en una vaca blanca 
y juró no unirse con ella. Por lo cual dice Hesíodo que los ju- 
ramentos que nacen por amor no atraen la cólera de los dioses. 
Hera, tras pedir la vaca a Zeus, puso por guarda de la misma 


nacer Abante, sucesor de Dánao en Argos y padre de Preto y 
Acrisio (fr. 129). La fama mítica de Preto se debe principal- 
mente a la locura de sus hijas, curadas por el adivino Melampo 
(frs. 130-134). También Acrisio sería famoso por su hija Dánae 
que, unida a Zeus, fue madre de Perseo (fr. 135), ínclito antece- 
sor de Heracles (cf. fr. 195). 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «ERAS» 259 


a Argos, el que todo lo ve, el cual dice Ferécides que es hijo 
de Arestor, en tanto que Asclepíades dice que de fnaco, y Cer- 
cope que de Argos y de Ismene, la hija de Asopo. Acusilao dice 
que el mismo es un terrígena. 

APOLODORO, Biblioteca 11 1, 3 


Pirén, padre de lo, según Hesíodo. 
HERODIANO, II 923, 7 


125 


La primera sacerdotisa de Atena se llamaba Caliciesa. 
Hesiquio, I 1185 


126 


Pues, por Zeus, sin haber conocido los relatos hesiódicos, 
llama matador de Argos al dios porque mató al boyero de lo. 


HERÁCLITO, Alegorías 72, 10 


127 


Prevalece la extendida opinión de que Egipto no llegó a Ar- 
gos según dicen otros y Hecateo, que escribe así: «Egipto no 
fue personalmente a Argos, sino sus hijos, que, según Hesíodo 
escribió en sus poemas, fueron cincuenta, pero que, según digo 
yo, no fueron ni veinte». 

Escolio a Eurípides, Orestes 872 


128 


Así, pues, convienen en que la región es rica en agua, mien- 
tras que la ciudad está situada en un lugar sin agua, pero tiene 
abundancia de pozos, que relacionan con las Danaides en la 
idea de que los descubrieron aquéllas. De este hecho depende 
también este verso: 


«De una Argos que sin agua estaba hicieron las Da- 


naides una Argos abundante en agua.» 
ESTRABÓN, VIII 6, 8 


10 


20 


260 FRAGMENTOS 


Se ha hablado sobre las fuentes fabulosas por cuanto que 
son invenciones de poetas. También una invención es lo de «De 
una Argos que sin agua estaba...». 

ESTRABÓN, VITI 6, 7 


Muy sedienta llama a Argos... o también a partir de las Da. 
naides que vinieron de Egipto y enseñaron a perforar pozos, 
según Hesíodo: 

«A Argos, que sin agua estaba, Dánao la hizo rica en 


agua.» 
Eustacio, A Homero, 461, 2 


Sedienta Argos: Hesíodo dice la sin agua; Aristarco, la muy 
añorada. 


HESIQUIO, s. v. dipsion 


129 


.. dio... vengó un gran ultraje... des- 

o Dreta pués dio a luz al irreprochable Aban- 

y Acrisio te... en las mansiones de elevado te- 
cho... (la cual en belleza) con las olím- 

picas competía... padre de hombres y 

de dioses... y subir a un lecho igual. (Ésta dio a luz a 
Preto) y al rey Acrisio, y el padre de hombres y de 
dioses (les dio reinos diferentes. Acrisio) en la bien 
construida Argos reinó... agudo (?)... a Eurídice, hija 
de Lacedemón... de hermosas mejillas, bien adaptada 
a sus sentimientos. (Ésta dio a luz) en palacio a Dánae 
de hermosos tobillos, (la que dio a luz a Perseo), vio- 
lento consejero del miedo. (Preto, por su parte), en la 
bien construida ciudad de Tirinto (habitó y con una 
hija) del magnánimo (Afidante) arcásida (se casó), con 
Estenebea de hermosos bucles... Estenebea de ojos de 
vaca... tras subir a un lecho igual (la hija) del magná- 
nimo (Afidante) arcásida... que sabía primorosas ac- 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 261 


ciones... (a Leucipe), Ifínoe e Ifianasa... palacios del 


padre. 
Papiro de Oxirrinco 2487 


130 


Sobre Hélade, helenos y panhelenos hay 
Has versiones contrapuestas... y Apolodoro dice 
de Preto que sólo los de Tesalia eran llamados hele- 
nos: «los mirmidones eran llamados también 
helenos»; que, con todo, Hesíodo y Arquíloco 
ya sabían que todos eran llamados helenos y panhelenos; He- 
síodo, cuando dice sobre las hijas de Preto que panhelenos las 

pretendían... 
ESTRABÓN, VIII 6, 6 

131 


Acrisio tuvo a Dánae de Eurídice la hija de Lacedemón,;, 
Preto, de Estenebea, tuvo a Lisipe, Ifínoe e Ifianasa. Éstas en- 
loquecieron cuando llegaron a una edad madura, porque según 
dice Hesíodo no dieron acogida a los misterios de Dioniso; 
según dice Acusilao, porgue deshonraron la estatua de Hera. 


APOLODORO, Biblioteca 11 2,2 


«Las Prétidas suplicaron». Las hijas de Preto, rey de los ar- 
givos. Hesíodo enseña que nacieron de Preto y Estenebea, hija 
de Anfidamante. Éstas, por haber despreciado una estatua de 
Juno, atacadas por la locura de creerse que se habían conver- 
tido en vacas, abandonaron su patria, Argos, siendo curadas 
posteriormente por Melampo, el hijo de Amitaón, de modo que... 


PRoBO, Virgilio, Eglogas VI 48 


132 


Lascivia: lujuria, pasión por las mujeres. La voz es hesiódica, 
pues dice sobre las hijas de Preto: 
«Por abominable lascivia perdió la tierna flor de su 
belleza». 
Suda VII 3394 


262 FRAGMENTOS 


La voz es hesiódica, pues fue Hesíodo el primero que la utilizó 
sobre las hijas de Preto. 


Escolio A a Homero, Ilíada XXIV 25-39 


133 


... la tierra sin límites, y es que en sus cabezas de- 
rramó una terrible sarna: la lepra invadió todo su cuer- 
po y los cabellos se desprendían de sus cabezas, pela- 
das quedaron sus hermosas cabezas. 


Papiro de Oxirrinco 2488 A 


135 


... Abante. Éste engendró un hijo, 

Acrisio. ...a Perseo, al que el mar en 

Perseo un cofre... hizo aparecer para Zeus... 

a Perseo querido... (De éste y) de An- 

drómeda Cefeida nacieron (Alceo) Es- 

10 ténelo y la fuerza (de Electrión)... junto a los bueyes... 
a los Teléboas... Anfitrión. 

Papiro del Cairo 45624 


136 


... gran fuerza (?)... que tenía una 

belleza encantadora... y Cérano, hijos 

Melampo nobles... y Antífates... Manto... a Pró- 

noe dio a luz (?)... Teoclímeno... Po- 

líido irreprochable... a la falda de 

llión de muchos vientos... para Agamenón y Mene- 
10 lao... (por causa de la argiva) de hermosos tobillos... 
Periclímeno... que de las preocupaciones (era conoce- 
dor)... a Agamenón y Menelao... a un tiempo siguió... 

a la muchacha... a Oicleo magnánimo... para Posidón 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 263 


rey... conductor de muchos (pueblos)... querido para 


los bienaventurados dioses $, 
Papiro de Oxirrinco 2501 


137 


Hesíodo, en el Catálogo, dice: 


«Y a la hija de Árabo, al que engen- 
draron el inocuo Hermaón y Tronia, 
hija del rey Belo» *, 


Fénix 


ESTRABÓN, 1 2, 34 


5 Las hijas de Preto, Lisipe e Ifianasa (fr. 131), se unieron 
respectivamente con Biante y Melampo, prodigioso adivino, y 
fue la complicada descendencia de este último la que mayores 
resonancias literarias tuvo. Ninguno de los cuatro esquemas 
conservados (Odisea XV 242-256, FERÉCIDES, 3 F 115, PAUSANIAS, I 
43, 5, VI 17, 6, y DioDoRo SícuLo, IV 68, 5) se ajusta a la genea- 
logía vislumbrada en este fragmento, si bien es verdad que prác- 
ticamente ninguno de los nombres propios nos queda aislado de 
referencias. 

w La estirpe de Belo no se agotaba en la celebridad alcan- 
zada por Dánao y Egipto o Preto y Acrisio, sino que, a partir 
de su hija Tronia y del dios Hermes, se extendió a través de 
Árabo y su hija Casiepea, desposada con Fénix, hasta Fineo 
(fr. 138). Adonis (fr. 139) y Europa (fr. 140) fueron también 
hijos tenidos por Fénix con otras mujeres (Adonis nació de Al- 
fesibea). Con todo, la divina estirpe de Europa sería digna de 
una celebración más pormenorizada (frs. 141-149). El fr. 141, 
cuyos versos 3 y 4 son ilustrados por el fr. 142, narra en di- 
recto la historia resumida por el fr. 140: rapto de Europa por 
Zeus (vv. 1-2), regalo de un brazalete de oro (vv. 3-7), nacimien- 
to de Minos, Radamantis y Sarpedón (vv. 8-15). En forma quiás- 
tica, se desarrollaba el relato sobre el primero y el último de 
estos hijos de Europa: Sarpedón muere en Troya (vv. 16-32); 
Minos dará lugar a las apasionantes narraciones sobre el origen 
del Minotauro, hijo de Pasifae enviado por Posidón desde el 
mar (fr. 145), sobre las relaciones entre Creta y Atenas (An- 
drogeo, Ariadna, Teseo, frs. 146 y 147), así como sobre el sublime 
destino de Orión, hijo de Euríale, hija de Minos (frs. 148-149). 


264 FRAGMENTOS 


138 


«Tenía el Agenórida Fineo». Pues es hijo de 

Agenor según Helánico; según Hesíodo, de 

Fineo Fénix, el hijo de Agenor, y de Casiepea; y 

de igual modo se expresan Asclepíades, Antí. 

maco y Ferécides. De Casiepea, la hija de 

Árabo, le nacieron a Fénix: Cílice, Fineo, Doriclo y, nominal. 
mente, Atimno; pero Atimno es hijo de Zeus. 


Escolio a Apolonio de Rodas, 11 178 


139 


Adonis, golpeado por la cólera de Artemis, 
Adonis fue muerto por un jabalí en la caza cuando 
todavía era un niño. Hesíodo dice que él 

era hijo de Fénix y de Alfesibea. 


PRoBO, Virgilio, Eglogas X 18 


Adonis, según dice Hesíodo, era hijo de Fénix, el hijo de Age- 
nor, y de Alfesibea. 
PRoBO, Virgilio, Eglogas X 18 


Y después, que Afrodita se enamoraba descaradamente de 
hombres, como cuentan de Adonis Antímaco, Paniasis, Hesíodo 
y muchos otros. 

FILODEMO, De pietate 12 


140 


Zeus vio que Europa, la hija de Fénix, 

recogía flores en un prado acompañada de 

Europa ninfas y se enamoró, bajó del Olimpo, se 
transformó en toro y, a modo de aliento, 

echó de su boca una flor de azafrán. De este 

modo engañó a Europa y la subió por los aires, la transportó 
hasta Creta y se unió a ella. Luego, en esas condiciones, la hizo 
habitar con Asterión, el rey de los cretenses. Y como había que- 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 265 


dado encinta, aquélla dio a luz tres hijos, Minos, Sarpedón y 
Radamantis. La historia se encuentra en Hesíodo y en Baquí- 


lides. 
Escolios AB a Homero, Ilíada XII 292 


Según Helánico, Hesíodo dice que él (Sarpedón) era hijo de 
Europa. 
Escolio a Eurípides, Reso 29 


141 


... Y entonces cruzó el agua salobre... domeñada por 
los ardides de Zeus. (Con ella se mezcló en amor) el 
padre y como regalo le dio (un collar de oro que) 
Hefesto, ilustre artesano... con sus sabias artes... lle- 
vándoselo al padre. Éste aceptó el regalo... a la hija 
del admirable Fénix. ...iba para Europa de finos tobi- 
llos... el padre de hombres y de dioses... de la doncella 
de hermosa cabellera. (Ésta entonces dio a luz hijos) 
para el superpotente Cronión... conductores de muchos 
hombres, al rey Minos, al justo Radamantis y al divino 
Sarpedón, irreprochable y violento... repartió el pruden- 
te Zeus... (en Licia) anchurosa con fuerza reinaba... 
ciudades bien habitadas... gran honor le siguió... al 
magnánimo pastor de pueblos... de hombres civiliza- 
dos... amó el prudente Zeus... y escogió un numeroso 
ejército... aliados de los troyanos... conocedor de la 
guerra... siniestras señales haciendo aparecer... Zeus, 
que inmortales cuidados conoce... para cubrir ellas... 
era un prodigio de Zeus... de Héctor matador de hom- 
bres... y pesares causó. ...a los Argivos... 


Papiro de Oxirrinco 2348 


142 


Adornos: ... también Hesíodo llama adorno al collar. 
Suda 1 18 


10 


20 


30 


266 FRAGMENTOS 


144 


También Hesíodo ha mencionado cosas 

Miños 5 el hermanas de éstas respecto a Minos. Pues 
Minotauro tras haber recordado su nombre dice: 

«El cual fue el más rey de los reyes 

mortales y de muchísimos hombres ve- 

cinos fue señor empuñando el cetro de Zeus, con el 


que también de muchos era rey». 
PLATÓN, Minos 320 d 


Ni Hesíodo le favoreció llamándole el más rey. 
PLUTARCO, Teseo 16,3 


145 


Y envió entonces al Ida, las ninfas..., tras recibirlo, 


10 para Zeus padre... y enviaron hacia... a Andrógeo... 


para Minos, del muy batido por las olas (?)... todos, 
cuando... y entonces, tras verla en sus ojos, de ésta 
se enamoró. Ella, preñada por Minos, le dio a luz un 
(violento hijo), maravilla el verlo, pues (su cuerpo) de- 
jaba caer facciones iguales a (un hombre) hasta los 
pies mientras que por encima (le había nacido) una ca- 


beza (de toro)... 
Papiro de Tebtunis 69 


146 


Competición en honor de Eurigies. Meleságoras dice que An- 
drógeo, el hijo de Minos, era llamado Eurigies*, y que en su 


4 Se trata probablemente del mismo personaje recordado por 
Herodiano al hablar de los nombres griegos terminados en 
-yos: «Eurigio». Hesíodo, en el libro tercero: «Y a Eurigio rey» 
(fr. 145 A M.-W. 1970). 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 267 


honor se celebra en Atenas, en el Cerámico, la competición 
junto a su tumba. También Hesíodo: 


«Eurigies, cuando todavía era un muchacho, de la 


sagrada Atenas...» 
HesiquiIo E 4499 


147 


Así, Istro, en el decimocuarto de sus libros 

sobre el Ática, al hacer un recuento de las 

Ariadna que fueron mujeres de Teseo, dice que unas 

lo fueron por amor, otras por rapto y otras 

por esponsales legítimos; por rapto, Helena, 

Ariadna, Hipólita y las hijas de Cerción y de Sinis, y desposó 

legítimamente a Melibea, la madre de Ayax. Hesíodo dice que 

también a Hipa y a Egla, por lo que incluso, según afirma 
Cercope, violó los juramentos hechos a Ariadna. 


ATENEO, XIII 557 a 


148 a 


Orión. Hesíodo dice que éste era hijo de 

Euríale, la hija de Minos, y de Posidón y 

Orión que le fue concedido un don especial, de 
modo que caminaba sobre las olas como so- 

bre la tierra; que el mismo fue a Quíos y, 

embriagado, violó a Mérope, la hija de Enopión; que Enopión, 
tras enterarse y llevar muy a mal el ultraje, le dejó ciego y le 
expulsó del país; que llegó a Lemnos como mendigo y se en- 
contró con Hefesto, el cual se compadeció de él y le entregó 
su propio esclavo, Cedalión, para que le sirviera de guía. Orión 
le tomó sobre sus hombros y le llevaba como indicador de los 
caminos. Llegó hasta el oriente y, tras encontrarse con He- 
lios, parece que quedó curado y que curado volvió contra Eno- 
pión para imponerle una venganza. Pero Enopión había sido es- 
condido bajo tierra por los ciudadanos. Desesperanzado de la 
búsqueda de aquél, Orión partió hacia Creta y pasaba el tiempo 
dedicado a la caza, haciendo monterías a las que asistían Arte- 
mis y Leto, y parece que amenazó con matar a todo animal de 


268 FRAGMENTOS 


los nacidos sobre la tierra. Tierra se encoraginó con él y lanzó 
a la superficie un escorpión de gran tamaño, que le golpeó 
con el aguijón y le hizo morir. Después, por su valor, Zeus, a 
petición de Ártemis y de Leto, Je colocó en las estrellas y, de 
jgual modo, también al escorpión para que hubiese un recuerdo 
también de su acción. 


ERATÓSTENES, Catasterismos 32 


148 b 


Aristómaco dice que un tal Hirieo, en Tebas, pidió con pro- 
mesas tener un hijo. Júpiter, Mercurio y Neptuno bajaron a 
hospedarse en su casa y le ordenaron que echase la puerta para 
que naciese el hijo. Una vez arrancada la piel de un buey de 
Hirieo, los dioses orinaron en ella y, por orden de Mercurio, 
(la) tierra quedó cubierta; de alli habría nacido el susodicho 
hijo, al que llamaron Orión. (Fue colocado) entre las estrellas. 
Un origen semejante refiere Hesíodo. 


Escolio a Germánico, Aratea 93,13 


149 


Dicen algunos que habiéndose producido grandes terremotos 
se partió en dos el cuello de la tierra firme y que se formó 
el estrecho separando el mar la tierra firme de la isla. En 
cambio el poeta Hesíodo afirma lo contrario, que, tras abrirse 
el mar, Orión amontonó el promontorio situado frente al (cabo) 
Peloro y fundó el recinto sagrado de Posidón, que es honrado 
singularmente por los del lugar; que, tras realizar estos hechos, 
se trasladó a Eubea y se estableció en ella; y que, contado 
entre los astros del cielo por su fama, alcanzó memoria de 
inmortal. 

DioDpoRo SícuLo, IV 85 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 269 


150 


... 2 los dominios de... y de... de los 
: catudeos y de los pigmeos... de los 

Fineo ; : a , a 
y las Harpías mélanos sin límite... Tierra dio a luz 
un monstruo (?)... y de Zeus, señor de 
todos los presagios... para que cedien- 
do a los dioses... Su mente está por encima de su len- 
gua, a etíopes, libios, y escitas que sus yeguas ordeñan. 
Escites fue hijo del superfuerte Cronión... Los mélanos 
y los magnánimos etíopes, los catudeos y los débiles pig- 
meos... son de la estirpe del señor de golpes retumban- 
tes. En torno a (todos éstos), rodeándolos, corrían en 
tromba... pueblos... de los hiperbóreos de buenos ca- 
ballos... a muy numerosos alimentando la de muchos 
alimentos... (a lo largo de) las escarpadas riberas del 
Erídano de profunda corriente... de ámbar. La escar- 
pada (montaña de Atlante) y el escabroso Etna, ... Or- 
tigia y la estirpe de Lestrigón, (que) fue hijo de Posidón 
de gran poder. Dos veces (la) rodearon y por un lado 
y por los dos dieron la vuelta (deseosos) ellos de apre- 
sarlas y aquéllas de huir y esquivarlos. Se lanzaron 
hacia el pueblo de los altivos cefalenos que la venera- 
ble ninfa Calipso (dio a luz) para Hermaón (y hacia la 
tierra de Niso), rey hijo de Areto... y oyeron (la aguda 
voz de las Sirenas), pero incluso entonces a éstas... 
con sus pies que subían hasta el cielo... y a través del 


éter estéril $... 
Papiro de Oxirrinco 1358 


Como ya demostrara hace bastantes años F. GISINGER [«Zur 
Geographie bei Hesiod», Rheinisches Museum 78 (1929), 315-328], 
el fragmento trata de la persecución de las Harpías por los 
hijos de Bóreas (Cetes y Calais) para vengar los ultrajes ocasio- 
nados a Fineo, que había sido consultado por Frixo sobre el 
camino más aconsejable para los Argonautas. La gran cantidad 
de referencias geográficas que observamos justifica sobrada- 


10 


20 


30 


270 FRAGMENTOS 


151 


Y Hesíodo, en la llamada Vuelta a la tierra, dice que Fineo 
fue conducido por las Harpías 


«a la tierra de los glactófagos, que carros tienen por 


casa». 
ÉFORO (ESTRABÓN, VIT 3, 9) 


152 


«Grifos». Hesíodo fue el primero que contó cosas extrañas de 
los grifos. 
Escolio a Esquilo, Prometeo 804 


153 


Nadie puede acusar de ignorancia a Hesíodo cuando habla 
de semiperros, macrocéfalos y pigmeos. 
ESTRABÓN, 1 2, 35 


mente el crecido número de testimonios antiguos alusivos a 
esta temática principal tratada en el libro tercero del Catalogo. 
El aprovechamiento erróneo de algunos datos mal transmitidos 
por la tradición indirecta ha podido ser corregido gracias a 
este papiro de Oxirrinco; así, en el v. 15, la lectura de Estrabón 
(VIT 3, 7: Lígys en lugar de Líbys) hizo pensar a Schulten que 
el texto era una buena fuente para apoyar una peculiar disper- 
sión geográfica de los ligures, cf. J. DÉ Hoz, «Notas sobre las 
fuentes para la Historia Antigua de Hispania», Habis 2 (1971), 
137-141. En contrapartida, alguno de los suplementos al papiro 
ha sido objeto de otras alternativas verosímiles: es el caso 
del v. 25, donde alguien ha preferido leer «montaña flegrea» 
(Phlegraión t' óros), en lugar de «montaña de Atlante», con una 
plausible referencia al Vesubio, cf. R. MERKELBACH, «Hesiod fr. 
150.25 M. W.», Zeitschr. f. Papyr. und Epigr. 2 (1968), 6. La 
variedad de lugares citados condicionó sin duda el nombre es- 
pecífico con que era conocido este pasaje del libro tercero del 
Catálogo: «Vuelta a la tierra» (cf. fr. 151), que había de incluir 
la más amplia alusión hesiódica a la saga de los Argonautas, 
aunque sólo fuera a propósito de Fineo, hijo de Fénix (cf. 
fr. 138). 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 271 


Y es que los que todavía son posteriores a aquél (a Home- 
ro) cuentan muchas maravillas; Hesíodo, hablando de semipe- 
rros, megalocéfalos y pigmeos. 

ESTRABÓN, VI 3, 6 


Macrocéfalos: ...hay un pueblo así llamado, del cual hace 
también mención Hesíodo en el tercer Catálogo de mujeres. 


HARPOCRATIÓN, 197, 10 


Semiperros: pueblo no lejos de los masagetas e hiperbóreos. 
Simias, en Apolo: «Y conocí una raza muy fuerte de hombres 
semiperros, a los que por encima de sus hombros flexibles les 
crecía una cabeza de perro, desnuda, con unas quijadas fortísi- 
mas. El sonido de su voz es como un ladrido de perros, y en 
modo alguno desconocen éstos la lustrosa voz de los demás hom- 
bres». También Hesíodo. 

ESTÉFANO DE BIZANCIO, 302, 3 


155 


Perseguidas las Harpías, una, a través del Peloponeso, cayó 
en el río Tigres, que ahora, a partir de ella, se llama Harpis; 
a ésta llaman unos Nicótoe y otros Aelópode. La otra, llamada 
Ocípete y, según algunos, Ocítoe —Hesíiodo le dice Ocípode—, 
huyendo a través de la Propóntide llegó hasta las islas Equína- 
das, que ahora, a partir de ella, son llamadas Estrófadas. 


APOLODORO, Biblioteca 1 9, 21 


156 


«Por esto llaman los hombres con un nombre distinto a las 
islas Estrófadas, a las que antes llamaban Plotas.» 

a) Dice que son llamadas Estrófadas porque a los hijos de 
Bóreas hicieron retroceder de allí volviéndose hacia atrás, tras 
tomarlo de Antímaco. 

Otros dicen que ellas son llamadas Estrófadas por cuanto que, 
volviéndose, suplicaron a Zeus capturar a las Harpías allí. Se- 
gún Hesíodo y Antímaco no fueron matadas. 


272 FRAGMENTOS 


b) Las islas Plotas, cambiando el nombre, fueron llamadas 
Estrófadas. 

También hace mención de ellas Antímaco, en la Ltde. 

Dice también Hesíodo que los que rodeaban a Cetes, volvién- 
dose, suplicaron a Zeus: 


«allí éstos suplicaron al Eneyo que reina en las al- 
turas». 


Enos es un monte de Cefalenia donde hay un templo de Zeus 
Enesio... 

Pues bien; Apolonio dice que fue Iris quien hizo volverse a 
los que rodeaban a Cetes, pero Hesíodo dice que Hermes. Las 
islas Plotas están situadas en el mar de Sicilia. 


Escolios a Apolonio de Rodas, 11 296-7 


157 


Ferécides, en el libro sexto, dice que Fineo condujo hasta el 
Bósforo a todos los tracios de Asia (son éstos los bitinios y los 
paflagones). Hesíodo, en las Grandes Eeas, dice que Fineo se 
quedó ciego porque indicó el camino a Frixo, y en el tercer Catd- 
logo que porque prefirió la larga vida a la vista. Dicen que 
fueron hijos del mismo Mariandino y Tino y cuentan que de 
Tino tomó nombre Tineida y de Mariandino Mariandinia. 


Escolio a Apolonio de Rodas, 11 178 


De Fineo nacieron dos hijos, Bitino y Mariandino, de los 
cuales tomaron nombre los pueblos. Que el mismo se quedó 
ciego porque, ante la propuesta de los dioses de si quería tener 
el arte adivinatorio y quedarse ciego o ser de corta vida y estar 
sano sin facultades adivinatorias, él prefirió la facultad de adi- 
vinar. Por esta causa Apolo se indignó y le dejó ciego. 


Etymologicum genuinum s. v. opidsesthai 


158 


Noúthos es una palabra con sentido propio, ruido en el suelo. 
Hesíodo, en el tercer Catálogo: 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «BEAS» 273 


«y de debajo de los pies un ruido, un sonido seco se 


alzaba». 
HERODIANO, 11 947, 26 


159 


La forma sphin únicamente es enclítica. Por tanto, al estar 
colocada al principio de verso, fue acentuada correctamente por 
Hesíodo en el tercer Catálogo, 


«pero para ellos mismos gran motivo de aflicción». 
APOLONIO DíscoLO, De pronominibus 98, 7 


160 


Hesíodo dice que Pelasgo era autóctono *. 


Linaje APOLODORO, Biblioteca 11 1, 1 
de Pelasgo 

Pero volvamos ahora de nuevo a Pelasgo, 
del que Acusilao dice que era hijo de Zeus y 


de Níobe... mientras Hesíodo que era autóctono. 
APOLODORO, Biblioteca 111 8, 1 


%* También para el linaje de Pelasgo es un buen guía APOLO- 
DORO (Biblioteca 111 8 y 9): «Pelasgo tuvo de Melibea, hija de 
Océano, o de la ninfa Cilene según otros, un hijo, Licaón, que 
fue rey de los arcadios y tuvo cincuenta hijos de muchas mu- 
jeres». En la nómina de estos cincuenta hijos, figura Palante 
(fr. 162). También tuvo Licaón una hija, llamada Calisto (fr. 163), 
que, unida a Zeus, parió a Árcade, cf. W. SALE, «The story of 
Callisto in Hesiod», Rheinisches Museum 105 (1962), 122-141. La 
«transgresión» de los hijos de Licaón (fr. 164) nos es resumida 
por APOLODORO: «Superaban en orgullo e impiedad a todos los 
hombres. Zeus quiso probar su impiedad y se presentó simu- 
lando ser un trabajador. Le concedieron hospitalidad y, tras 
haber degollado un hijo de los indígenas y mezclar sus entra- 
ñas con las de los sacrificios, se las ofrendaron. Zeus..., indig- 
nado..., fulminó a Licaón y a sus hijos». La descendencia de 
Árcade, de sus hijos Afidante y Élato, es el tema de los frs. 165 
y 166. En el primero de ellos se canta a Auge, nieta de Afidante 


OBRAS Y FRAGMENTOS, 18 


274 FRAGMENTOS 


Pelasgos. De Pelasgo, hijo de la tierra, que se dice nació en 
Arcadia según cuenta Hesíodo. 
SERVIO, Virgilio, Eneida 11 84 


161 


Pero para Éforo, Hesíodo comenzó lo de 
que este pueblo procede de Arcadia, pues 
Licaón dice: 
«hijos nacieron de Licaón compara- 
ble a un dios, al que en otro tiempo 
engendró Pelasgo». 
ÉFORO (ESTRABÓN, V 2, 4) 


162 


Palantio. Ciudad de Arcadia. De Palante, uno de los hijos de 
Licaón según Hesíodo. 
ESTÉFANO DE BIZANCIO, 497, 8 


163 


Osa mayor. Hesíodo dice que ésta, hija de 

Licaón, vivía en Arcadia y que eligió dedi- 

Calisto carse a la vida de la caza en las montañas 

en compañía de Ártemis. Seducida por Zeus 

permaneció desapercibida a la diosa, pero 

fue descubierta después, cuando ya estaba para dar a luz, al ser 
vista por la diosa mientras se bañaba. Indignada por ello la 
diosa Ja convirtió en animal salvaje y así, convertida en osa, 


y madre de Télefo, tras ser seducida por Heracles, cf. APOLO- 
DORO, Biblioteca 111 9, 1. Por PAUSANIAS (VIII 4, 3) sabemos 
que Épito (fr. 166) fue hijo de Élato. Ofrece dudas si la Melibea 
del fr. 167 es mujer de Pelasgo (cf. fr. 160) o de Licaón. En fin, 
estuviera o no el nombre de Evandro en el Catálogo, el fr. 168 
ha de ser situado en la constelación de la prolífica herencia 
arcadia de Licaón. 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 275 


dio a luz al llamado Árcade. Mientras estaba en la montaña 
fue cazada por unos cabreros y entregada, junto con el osezno, 
a Licaón. Después de algún tiempo decidió adentrarse en el 
santuario de Zeus tras haber ignorado la ley. Perseguida por su 
propio hijo y por los árcades, cuando iba a ser ejecutada si- 
guiendo la mencionada ley, Zeus la arrebató a causa del paren- 
tesco y la colocó entre las estrellas; a causa del incidente que 
le había ocurrido, la denominó Osa. 

ERATÓSTENES, Catasterismos 1 


Sobre Booto, el también llamado Guardián de la Osa. Sobre 
éste se dice que es Arcade el nacido de Calisto y de Zeus. Vivió 
en los alrededores de Liceo. Tras haber seducido Zeus a Calisto, 
Licaón, fingiendo no haberse dado cuenta, invitó a Zeus a comer 
y le sirvió el hijo hecho trozos. Por ello volcó Zeus la mesa 
(por lo que la ciudad se llama Trapezunte) y fulminó con un 
rayo la casa abominando de Licaón por su crueldad. Convirtió 
a Licaón en fiera salvaje y le hizo lobo. A Árcade, tras volverle 
a modelar, le hizo bien proporcionado. Y se crió junto a un 
cabrero. Siendo ya un muchacho bajó hasta Liceo y, sin saberlo, 
se casó (?) con su madre. Los que habitaban el lugar iban a 
ofrecerles en sacrificio a ambos conforme a la ley. Pero Zeus, 
por el parentesco, los raptó y les hizo subir a las estrellas. 


ERATÓSTENES, Fragmentos Vaticanos, p. 2 


Eumelo y algunos otros dicen que Licaón tuvo una hija, Ca- 
listo. Hesíodo dice que ella es una de las Ninfas, Asio que es 
hija de Nicteo y Ferécides que de Ceteo. 


APOLODORO, Biblioteca VI 8, 2 


164 


Según refiere el autor de las Costumbres 

Ajéade de los pueblos, un tal Nicamor dice que ella 

y sus hijos se llama Parbasia a consecuencia de la trans- 
gresión de Licaón contra Zeus, y, por cambio 

de la b, Parrasia. Los comentaristas de Lico- 

frón explican la «transgresión», por decirlo con palabra de He- 


síodo, de Licaón contra Zeus. 
EustTacio, A Homero, 302, 19 


10 


20 


276 FRAGMENTOS 


165 


«... Y mucho deleitó a los inmortales...». Dijo. Éste se 
echó a temblar y sudaba tras oír el discurso de los in- 
mortales que entonces, frente a frente, a la luz se le 
aparecieron. Aceptó a la muchacha y bien la cuidó y crió 
en el palacio, y la honraba igual que a sus hijas. Ésta 
dio a luz a Télefo arcásida, rey de los misios, tras mez- 
clarse en amor con la fuerza de Heracles cuando iba 
tras los caballos del ilustre Laomedonte que, excelentes, 
habían crecido en la tierra de Asia... a la raza de los 
magnánimos Dardánidas... y los expulsó de toda aquella 
tierra. (En tanto que Télefo) hizo volver de los aqueos 
de túnicas de bronce... sobre negras naves... acercó a 
la tierra nutricia de hombres... y violencia y matanza 
de hombres... detrás... y llegaron... famoso... por su 
gloria (2)... 

Papiro de Oxirrinco 1359 


166 
Epitio. Del hijo de Épito, «a lo largo de la tumba epitia». Es 
éste uno de los héroes de Arcadia, sobre el cual dice Hesíodo: 
«Épito, a su vez, engendró a Tlesenor y a Pirítoo.» 
APOLONIO SoFIsTa, 13, 12 


167 


Felo, nombre propio. Hesíodo: 
Melibea «A Felo de buena lanza engendró la 
ilustre Melibea.» 
HERODIANO, II 918, 7 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 277 


168 


«Unido a los Atridas gemelos». Se investiga 

ciertamente por qué estaría relacionado 

Evandro Evandro con la estirpe de los Atridas. Y aun- 

que Hesíodo no diga de qué modo esté rela- 

cionado Evandro, sin embargo ciertos autores 

dicen que Leda e Hipermestra fueron las hijas de Testio y que 

las hijas de Leda y Tindáreo fueron Clitemestra, Helena y Ti- 

mandra a la cual llevó por esposa Équemo de Arcadia de quien 

es hijo Evandro. Sabido es que Clitemestra y Helena estuvieron 
unidas a Agamenón y Menelao. 

SERVIO, Virgilio, Eneida VIII 130 


169 


«De las montaraces Pelíades». Se investiga 

Las hijas por qué motivo llamó montaraces a las Plé- 

de Atlante * yades. Y algunos afirmaron que porque eran 
ninfas. Sus estrellas son éstas: 


«Téugete amable y Electra de ojos oscuros, Alcíone, 
Astérope y la divina Celeno, Maya y Mérope, a las que 
engendró el ilustre Atlante.» 

Escolio a Pindaro, Nemeas 11 17 


% Ésta parece ser la última singladura genealógica del Ca- 
tálogo, con una trayectoria similar a la brindada una vez más 
por APOLODORO (Biblioteca 111 10). Sabemos por este autor que 
los nombres de las Pléyades (fr. 169) tienen tras de sí todo un 
trasfondo de uniones con los dioses. En efecto, si descontamos 
por el momento a Astérope y Mérope, casadas respectivamente 
con Enómao y Sísifo, otras dos, Celeno y Alcíone, tuvieron re- 
laciones carnales con Posidón, mientras que las tres restantes 
(Maya, Téugete y Electra) fueron amadas por Zeus. Y son estas 
tres amadas de Zeus las que merecieron una atención narrativa 
especial. De Maya, nació el dios Hermes (fr. 170). De Téugete, a 
través de Lacedemón y de Amiclas, descendían Jacinto (fr. 171) 
y Cinortas; Cimortas, hermano de Jacinto e hijo de Amiclas y 
de Diomede, engendró a Perieres y éste a Ébalo; de Ébalo y 
de la náyade Batia nació Tindáreo, padre de Timandra, Clite- 


278 FRAGMENTOS 


170 


Simónides dio el nombre de montaraz a 
Maya una sola de las Pléyades, a Maya, diciendo: 
«De la montaraz Maya de rutilantes párpa- 

dos». Con razón, pues ésta 


«en las montañas de Cilene al heraldo de los dioses 


dio a luz, a Hermes». 
TZETZES, Licofrón, 219 


mestra y Helena (frs. 175 y 176). La tercera Atlántida amada 
por Zeus, Electra, alumbró a Eetión y Dárdano, cuyas desigua- 
les historias narra el fr. 177. La descendencia de Dárdano 
(hijos: Erictonio e llo; Teucro y Troos fueron sus benignos 
huéspedes) y su relación epónima con los nombres de Troya y 
de los habitantes de la región, constituyen la vértebra de 
los frs. 179 y 180. A las Atlántidas amadas por Zeus, siguen en 
el poema las de Posidón, Celeno y Alcíone; es la línea genea- 
lógica de Alcione la que mayores atenciones merece (frs. 181. 
188), ya que en ella se inscribe la Eea de Antíopa, que com- 
prendería los siguientes pasos: 1) antecedentes de Antíopa (Al- 
cione, unida a Posidón, alumbra un hijo y una hija, Hyrieo y 
Etusa; de Hyrieo nacen Nicteo y Crinaco, y de Nicteo Antío- 
pa, cf. fr. 181); 2) de Antíopa y Zeus nacieron Ceto y Anfión, que 
prolongan sus respectivas descendencias a través de Teba y de 
Níobe, madre de diez hijos y diez hijas (fr. 182). Entre los cabos 
sueltos de la descendencia de Alcíone, los fragmentos insisten en 
la presentación de Macareo, hijo de Crínaco (fr. 184), y en los 
amores con Apolo sostenidos por la hija de la propia Alcíone, 
Etusa, que dio a luz a Eleútero (fr. 185, cf. APOLODORO, Biblio- 
teca III 10, 1). En fin, tras las amadas de los dioses, sigue la 
gesta genealógica de otra Atlántida desposada con un mortal, la 
de Astérope, cuyo escenario se sitúa en el Peloponeso (fr. 189). 
De Astérope y Enómao nace Hipodamía, que, casada con Pélope, 
es madre de numerosos hijos y de tres hijas de fecunda prole 
(£rs. 190-193); entre los hijos de Pélope destaca Atreo, padre de 
Plístenes y abuelo de Agamenón y Menelao (frs. 194 y 195, 1-7). 
Entre las hijas de Pélope, Lisídice, desposada con Electrión, 
tuvo el retoño más florido, Alcmena, la madre de Heracles 
(fr. 195 = Escudo 1-56). Tenemos, pues, en este largo periplo to- 
dos los ingredientes genealógicos necesarios para comprender el 
desenlace del atractivo relato sobre los pretendientes de Helena, 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 279 


171 


... Amiclas... hija de Lapites... de la 
tierra... que tenía una hermosura (reci- 
bida de los dioses)... Diomede de her- 
mosos bucles. (Ella dio a luz a Jacin- 
to), irreprochable y violento... al que 
en otro tiempo el propio (Febo de intonsa cabellera 
mató sin querer) con un disco (cruel). 


Amiclas 
y Jacinto 


172 


,. regalo inmortal... (por causa de la áurea) Afro- 
dita... 


173 
... Megó. 

Papiro de Oxirrinco 1359, 5-7 

175 
«¿Acaso aquél no tenía hijos dobles?». Al. 
Tindáreo gunos abordan al poeta a partir de los poe- 
y Leda, mas de Homero, si bien aquél afirma que 
sus hijas Menelao tuvo una sola hija, Hermíone, mien- 


tras que éste dice que tuvo dos hijos de la 
misma madre. Con todo, Hesíodo concuerda con él: 


«Ésta dio a luz a Hermíone para Menelao, famoso 
por la lanza, y finalmente dio a luz a Nicóstrato, retoño 


de Ares.» 
Escolio a Sófocles, Electra 539 


último eslabón del Catálogo (frs. 196-204): Helena, vástago de 
Atlántidas (Téugete, Leda) unidas en amor con Zeus, terminará 
desposándose con Menelao, fruto no lejano de los amores de 
otra Atlántida, Astérope, con el mortal Enómao. 


280 FRAGMENTOS 


176 

«Engendró Tindáreo una estirpe de hijas marcadas para la 
censura y de mala fama a través de la Hélade.» 

Estesícoro dice que Tindáreo al hacer sacrificio a los dioses 
se olvidó de Afrodita y que, irritada por ello la diosa, hizo a 
sus hijas bígamas, trígamas y abandonadoras de maridos. La 
cita es así: «porque Tindáreo cuando antaño hacía sacrificio a 
los dioses sólo se olvidó de Cipris de dulces dones, aquélla, co- 
lérica, bígamas, trígamas y abandonamaridos las hizo». 

También Hesíodo: 

«Afrodita de amable sonrisa, tras verlas, se puso ce- 
losa con ellas y las zambulló en una fama mala. Luego 
Timandra, tras abandonar antes a Équemo, se marchó 
y llegó hasta Fileo, querido para los bienaventurados 
dioses. Y así Clitemestra, tras abandonar a Agamenón 
divino, se acostó junto a Egisto y eligió un marido peor. 
Y así Helena deshonró el lecho del rubio Menelao.» 

Escolio a Eurípides, Orestes 249 


177 
Electra... (domeñada por el Cro- 
Electra nión de negras nubes), alumbró a Dár- 
Dárdano dano... y a Eetión..., que antaño (llegó) 


yacón al lecho de Deméter muy nutricia. Y 


a éste, a Eetión (rey, le mató el padre 
de hombres y de dioses tras herirle con el brillante 
rayo) porque con Deméter se había mezclado en amor 
y lecho. Mas Dárdano..., de él Erictonio... e llo... 


Papiro de Oxirrinco 1359 


179 


«Sea de ello testigo». La forma «testigo» está declinada igual 
que el genitivo del prototipo, como la forma Troídsenos, de 
donde sale Troidstnoio... la forma Troos en Hesíodo: 


«y de Teucro, Troos». 
Escolio a Homero, llíada VII, 76 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 281 


180 


.. como si realmente su hijo... asiento de Asia pro- 
ductora de trigo... que rebaños apacientan a lo largo 
del (voraginoso) Hermo... condujo Dárdano, noble hijo 
(de Electra)... de Bróteas de mente terrible... de her- 
mosos bucles (?)... preciado (oro) y rubias (cabezas) de 
caballos... rebaños de bueyes y (hatos de ovejas)... por- 
que entonces en belleza superaba (a las estirpes de mu- 
jeres. Ésta) tras subir al mismo lecho (le alumbró) 
hijos... a Pandión en las mansiones de elevado techo y 
(una muchacha) venerable, de rutilante mirada, de her- 
mosas mejillas..., que en belleza competía con las in- 
mortales. (A ésta, con caballos y con bien ajustados) 
carros... uno de buena lanza fecunda (esposa hizo)... 


Papiro de Oxirrinco 2503 


181 
«Y los que Hiria». Algunos no aceptaron 
Eea el nexo te (y), sino que realmente aceptaron 
de Antíopa Tyria, la ciudad, pero no correctamente, 


pues, a partir de Hyrieo, Hyria también debe 
tener el sonido de la y griega. Lo atestigua 

también Hesíodo al decir: 
«O como la muchacha a la que crió la beocia Hyria.» 
Escolio A a Homero, Ilíada 11 496 


Hyria. ... también Hesíodo: Hyria de Beocia criadora de mu- 


chachas. 
ESTÉFANO DE BIZANCIO, S. v. 


182 
Ceto Sobre Ceto y Anfión cuenta Hesíodo, entre 
y Anfión otros, que, a golpe de cítara, construyeron 


la muralla de Tebas*:. 
PALÉFATO, 41 


31 La misma historia es recordada por HOMERO (Odisea XI 
260-265) cuando trata de Antíopa y de sus amores con Zeus. 


10 


282 FRAGMENTOS 


183 


Ceto casó con Teba, de la que deriva la 

ciudad de Tebas, y Anfión con Níobe, la hija 

Níobe de Tántalo, la cual alumbró siete hijos... y 

otras tantas hijas... Hesíodo dice que fueron 

diez hijos y diez hijas, Herodoro que dos va- 

rones y tres hembras y Homero que seis hijos y seis hijas. 


APOLODORO, Biblioteca III S, 6 


Los antiguos parecen no estar acordes entre sí sobre el nú- 
mero de los hijos de Níobe. Homero habla de seis varones y 
otras tantas hijas, Laso habla de dos veces siete, Hesíodo de 
nueve y diez, aunque, a decir verdad, los versos no son de He- 
síodo, sino que, como otros muchos, le son falsamente atribui- 
dos. Alcmán dice diez, Mimnermo veinte y Píndaro otros tantos. 


ELIANO, Varia Historia X1lI 36 


184 


Tras llegar a la misma (a Lesbos) y ob- 
servar la belleza del país, Macareo se esta- 
Macareo bleció en ella. Según dice Hesíodo y algunos 
otros poetas, era Macareo hijo de Crínaco, 
hijo de Zeus, y estaba viviendo en Óleno de 
la que entonces se llamaba Yade y ahora Acaya. 


DioDoRo SícuLo, V 81 


Algunos dicen que él (Macareo) era hijo de Crínaco, hijo de 
Hirieo, hijo de Posidón, y de Alcíone. 


Escolio Y a Homero, Ilíada XXIV 544 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 283 


185 


... doblegó Febo Apolo... a la falda 
del Parneto (?)... sobre mortales hom- 
Amores 

de Apolo bres. ... Hades y Persefonea... pues le 
ciñeron de gracia... De éste nació un 
hijo, Yasión... querido para los dioses 
inmortales... De la astreida de hermosa cabellera... el 
del arco de plata, Apolo... desde el retumbante Olim- 
po... del Piresio... fluye agua de hermosa corriente... 
con irreprochables compañeras... los mismos dioses se 
enamoraban... del guerrero de casco tremolante... las 
mansiones retumbantes... de la muy dorada Afrodita... 
dio a luz en palacio... destellos de las gracias tenien- 

do... semejante a las diosas... rey... 


Papiros de Oxirrinco 2496 y 2497 y Papiro 
Vogliano 1 


189 


«De Argos alimentadora de caballos». Hacen notar algunos 
que el poeta no conoce todo el Peloponeso, Hesíodo sí. 


Escolio A a Homero, Ilíada 1X 246 


190 


... provocaron sangre en su estirpe. 

, Después de éstos la divina entre las 
Hipodamía ; ; o OS 

y Pélope mujeres dio a luz a las hijas, Lisídice, 

Nicipe y Astidamea, mujeres a las que 

los hijos de Perseo dieron la dote. 

(Alceo), señor comparable (a los dioses), hizo esposa 

(fecunda a Astidamea)... (A Nicipe desposó la fuerza) 


10 


20 


284 FRAGMENTOS 


10 del rey Esténelo... la fuerza de Heracles... ordenó traba- 
jos... (y con carros) bien ajustados ”... 


Papiro de Oxirrinco 2502 


191 


«Esposa de Esténelo». Dídimo cita a Ferécides que dice que 
ella es Antibia, la hija de Pélope, pero Hesíodo hace saber que 
es Nicipe, la hija de Pélope, y... que Antibia, la hija de Anfi- 
damante. 


Unos dicen que Antibia, la hija de Pélope, otros que Antibia, 
la hija de Anfidamante, pero Hesíodo dice que Nicipe, la hija 
de Pélope. 


Escolios a Homero, Ilíada XIX 116 


192 


«El cual en otro tiempo a Tebas fue cuando 
cayó Edipo». (El signo >), porque dice que 
Argea murió en Tebas siendo rey, no como los au- 
tores más recientes. También Hesíodo dice 
que cuando el mismo murió en Tebas, Ar- 
gea, la hija de Adrasto, vino con otros al duelo de Edipo. 


Escolio YT a Homero, XXIIl 679 


2 Para la comprensión y reconstrucción del fragmento en el 
v. 6 y ss. ha servido APOLODORO (Biblioteca 11 4, 5). De Alceo y 
Astidamea nació Anfitrión, de Esténelo y Nicipe Euristeo, al 
que sirvió Heracles; Astimedusa, hija de Esténelo, se casó con 
Edipo, cuyo hijo Polinices tomó por esposa a Argea, madre de 
Tersandro, el inductor de Alcmeón para que tomase parte en 
la expedición de los Epigonos contra Tebas (fr. 192). 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 285 


193 


... 2 Alcmaón, pastor de pueblos... 
sn las hijas de Cadmo de rezogantes ve- 
Las hijas ; : 

de Pélope los... se quedó atónita tras ver frente a 
frente el cuerpo... de Edipo, causa de 
muchas desgracias... de riquezas... hé- 
roes dánaos, sirvientes de Ares... para Polinices... los 
oráculos procedentes de Zeus... desde el Alfeo de pro- 
fundos remolinos (Electrión), con sus caballos y carros 
bien encolados (condujo a Lisídice, hija) hermosísima 
de Pélope (que), tras subir al mismo lecho (le alumbró 
hijos), al héroe Gorgófono, al lancero... a Nomio, Cele- 
neo (y Anfímaco, a Demarco), Euribio y al ilustre (Epi- 
lao). Los tafios, famosos por sus naves, desde las islas 
Equinas (surcaron) con sus naves las anchas espaldas 
del mar y les despojaron (en lucha por unos bueyes de 
corvas) patas. (Y entonces), para alegría de los padres, 
sola (Alcmena) quedó (la hija de Lisídice) y del (ilus- 

tre) Electrión... para Cronión de negras nubes... 
Papiro de la Sociedad Italiana 131 


194 


«Atrida». Agamenón, según Homero, es hijo 

Plistenes de Atreo, el hijo de Pélope, y de Aérope por 

y sus hijos parte de madre, pero, según Hesíodo, es 
hijo de Plíistenes. 

Escolios a Homero, Ilíada 1 7 


Agamenón al igual que Menelao, según Hestodo y Esquilo, 
son considerados hijos de Plístenes, hijo de Átreo, pero según 
el poeta y según todos son sencillamente hijos del propio Atreo... 
Pero, según Hesíodo y Esquilo y algunos otros, Plístenes es hijo 
de Atreo y de Aérope, y Agamenón, Menelao y Anaxibia son 
hijos de Plístenes y de Cleola, la hija de Diante. Mas como Plís- 


10 


20 


286 FRAGMENTOS 


tenes murió joven, al haber sido criados por su abuelo Atreo, 
muchos les consideraron atridas. 
TZETZES, Homero, Ilíada, 68, 19 


195 

... € ingenua de hermosa cabellera... 
Eea de Alcmena: 4 Eeropea de hermosos tobillos... al 
Nacimiento palacio para que fuese llamada esposa 
de Heracles Querida. (Ésta dio a luz)... a Menelao, 
caro a Ares, y al divino Agamenón que 
7 de la espaciosa Argos... para su padre, rey y caudillo 

era %, 

O como la que tras abandonar su casa y patria que- 
rida llegó a Tebas en pos del belicoso Anfitrión, Alc- 
mena, hija de Electrión, el impulsor del pueblo. Supe- 
raba ella a la raza de las femeninas mujeres en belleza 
y en talla; es más, su inteligencia no la emulaba nin- 
guna de las que las mortales dieron a luz tras acostarse 
con mortales. De su cabeza y de sus azulados párpados 
salía un soplo tal cual el de la muy dorada Afrodita. 

10 Honraba ella a su esposo en su ánimo tanto como ja- 
más ninguna de las femeninas mujeres honró. Y eso 
que él a su noble padre había matado, tras domeñarlo 
por la fuerza, irritado por unos bueyes. Abandonó su 
tierra patria y a Tebas llegó como suplicante, a los cad- 
meos portadores de escudo. Allí habitaba él un palacio 
en compañía de su esposa venerable, lejos, muy lejos 
del deseable amor, que no le estaba permitido subir al 
lecho de la Electriona de hermosos tobillos hasta no 


$3 El papiro de Oxirrinco 2494 A contiene, además de estos 
siete versos, restos de los dieciocho siguientes, coincidentes ple- 
namente con los que abren el Escudo, lo que viene a demostrar 
la veracidad de la noticia con que se abre el argumento de ese 
poema (véase la traducción). Nos encontramos, pues, inmersos 
en el libro cuarto del Catálogo. 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 287 


haber vengado la muerte de los magnánimos herma- 
nos de su esposa y hasta no haber arrasado con fuego 
las aldeas de unos hombres, de unos héroes, de los ta- 
fios y teléboas. Así se le había dispuesto y testigos fue- 
ron los dioses. Respetaba él su cólera y se afanaba por 
realizar con toda rapidez una gran acción, lo que para 
él era una ley procedente de Zeus. Con él avanzaban, 
deseosos de guerra y de combate, los beocios domado- 
res de caballos, echando aliento por encima de sus 
escudos, los locrios que combaten desde cerca y los 
magnánimos focenses. Les conducía el noble hijo de 
Alceo, glorioso entre los pueblos. Pero el padre de dio- 
ses y de hombres otro proyecto tejía en sus entrañas, 
de modo que entonces engendró para dioses y hombres 
civilizados a uno que les defendiera contra la destruc- 
ción. Maquinando un ardid en sus entrañas, deseando 
el amor de una mujer de hermosa cintura, se lanzó des- 
de el Olimpo en la oscuridad de la noche. Rápidamente 
llegó al Tifaonio, desde donde, a su vez, avanzó el pru- 
dente Zeus hacia la cima más elevada del Ficio. Allí 
sentado proyectaba en sus entrañas maravillosas ac- 
ciones. Pues esa misma noche se mezcló en el lecho y 
amor de la Electriona de finos tobillos y cumplió así 
su deseo; y esa misma noche, Anfitrión, impulsor del 
pueblo, espléndido héroe tras haber realizado la gran 
acción, llegó a su casa y no se levantó para ver a sus 
esclavos y pastores agrestes hasta no haber subido al 
lecho de su esposa, tal era el deseo que embargaba el 
corazón al pastor de pueblos. Como cuando un hombre 
con alegría escapa a una desgracia motivada por una 
enfermedad penosa oO, incluso, por una violenta pri- 
sión, así entonces Anfitrión, tras haber cumplido un 
duro trabajo, con alegría y amor llegó a su casa, y, 
como es lógico, toda la noche estuvo en el lecho con su 
venerable esposa gozando los dones de la muy dorada 
Afrodita. Alcmena, domeñada por un dios y por un 


20 


30 


40 


SO 


288 FRAGMENTOS 


hombre muy excelente, alumbró en Tebas la de siete 
puertas dos niños gemelos, pero que no tenían iguales 
sentimientos, y eso que eran hermanos, uno peor y otro 
a su vez mucho mejor, hombre terrible y violento, la 
fuerza de Heracles; a éste, tras ser domeñada por el 
Cronión de negras nubes; a Ificles, en cambio, tras serlo 
por Anfitrión impulsor de la lanza. Una prole bien 
distinta: el uno, mezclada con un hombre mortal; el 
otro, con Zeus Cronión, guía de todos los dioses. 
Papiros de Oxirrinco 2355 y 2491 A y 
Escudo 1-56 


196 


... Conductor de hombres armados 
con lanza... el más ilustre de todos 
Pretendientes á 

de Helena los hombres. ...y con la afilada lan- 

za... a la rica ciudad por causa de una 

muchacha... (que) tenía la belleza de la 

dorada Afrodita... que tenía destellos de las Gracias... 
del rey Tindáreo... en palacio... de ojos azules %.., 


4 Esta sección de las Eeas está constituida por un catálogo 
de pretendientes de Helena difícil de reconstruir globalmente 
aunque se parta de términos de comparación tan sugestivos 
como el canto II de la Ilíada («Catálogo de las naves») o la nó- 
mina de pretendientes (una treintena de nombres) confeccio- 
nada por APOLODORO (Biblioteca 111 10, 8). El catálogo de las 
naves de la Ilíada ha llevado a ver en el de los pretendientes 
una disposición geográfica condicionante del orden en que eran 
introducidos sus nombres, pero faltan en el catálogo homérico, 
por ejemplo, los hijos de Anfiarao que aparecen en nuestro 
fr. 197. Un simple cotejo de los nombres que aparecen en los 
versos hesiódicos con la mencionada nómina de Apolodoro nos 
lleva a constatar también que, por ejemplo, no figuran en ella 
Toante (fr. 198) y Podarces (fr. 19). Si bien no es posible 
confirmar la unidad material de los papiros berlineses (el 
9739 = frs. 196-200 es del siglo 11 d. C. y el 10560 = fr. 204 perte- 
nece al siglo 111), no se descarta la hipótesis de que, en un de- 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 289 


197 


Y tantas mujeres conocedoras de irreprochables ac- 
ciones, portando todas vasos de oro en sus manos. Y 
en verdad que Cástor y el violento Polideuces le hu- 
biesen hecho cuñado a la fuerza, pero Agamenón, que 
era su cuñado, da pretendió para su hermano Me- 
nelao *. 

Y los dos hijos de Anfiarao, rey hijo de Oicleo, la pre- 
tendieron desde la muy cercana Argos, pero también a 
éstos persiguió de los dioses... y la venganza de los 
hombres... 


198 


Pero no hubo acción de engaño en los Tindáridas %, 


terminado momento, esta parte del Catálogo haya circulado de 
una forma independiente y con un título propio: entre los ver- 
sos 93 y 94 del fr. 204 aparece el signo numérico B, que se puede 
interpretar ya como numeración absoluta dentro del papiro en 
cuestión, ya como número correspondiente a un libro (que sería 
el quinto) del Catálogo. 

Lo conservado del catálogo de los pretendientes se abre ya 
con la especificación de uno de ellos, que tal vez sea el locrio 
Áyax (fr. 196, 1-3, cf. HoMERoO, Ilíada 11 530), y con la alusión 
a la ascendencia de Helena, si es que hemos de sostener la 
reconstrucción que West hizo de los versos 6-8 del mismo fr. 196: 
«(A ésta), que tenía los destellos de las Gracias (la parió Leda; 
y ella, muchacha), de ojos azules (fue criada ininterrumpida- 
mente en el) palacio (fecundo de Leda y) del rey Tindáreo». 

55 Según algunas versiones mitográficas, Helena y los Dios- 
curos, Cástor y Polideuces, eran hermanos, nacidos de un huevo 
divino, fruto de los amores de Zeus con Leda (o con Néme- 
sis), cf. A. SEVERYNS, Le cycle épique dans l' école d'Aristarque, 
Lieja-París, 1928, pág. 170; de ahí su prurito de buscar a toda 
costa un esposo para la hermana, cf. también su presencia en 
los dos fragmentos siguientes. 

56 Se refiere una vez más a Cástor y Polideuces, hijos oficia- 
les de Tindáreo (en realidad lo eran de Zeus). 


OBRAS Y FRAGMENTOS, 19 


10 


290 FRAGMENTOS 


Desde Ítaca la pretendía la sagrada fuerza del Odiseo, 
hijo de Laertes, conocedor de ardides muy sonoros. 
Jamás envió regalos por la muchacha de finos tobillos, 
pues sabía en su ánimo que vencería el rubio Menelao, 
pues en riquezas era el más poderoso de los aqueos; 
sin embargo, mandaba a Lacedemonia continuos men- 
sajes para Cástor domador de caballos y para Polideu- 
ces, portador de los premios del combate ”. 

De los etolios, la pretendía Toante, hijo del divino 
aretíada Andremón. Y daba una dote inmensa, muchí. 
simas ovejas plateadas y torvos bueyes de patas curva- 
das, pues quería... 


199 


... (continuos mensajes a Lacedemonia mandaba) para 
Cástor domador de caballos y para Polideuces porta- 
dor de los premios del combate, deseando ser esposo 
de Helena de hermosa cabellera, sin haber visto en ab- 
soluto su belleza sino por oír el relato de otros %, 

Desde Fílace la pretendían dos varones sobremanera 
excelentes, Podarces, hijo del filácida Ificlo, y el noble 
hijo de Áctor, el altivo Protesilao. Los dos mandaron 
mensajes a Lacedemonia, al palacio de Tindáreo, pru- 
dente hijo de Ébalo, y abundante dote daban, pues 
grande era la fama de la mujer... 


” Este signo de astucia de Odiseo, que estaba seguro de la 
decisión final y por ello no enviaba regalos, está presente en 
la versión de APoLoDORO (Biblioteca TY 10, 9): Odiseo pretendía 
obtener ayuda de Tindáreo para casarse con Penélope. 

$ No conocemos el nombre de este pretendiente que obraba 
sólo de oídas, un proceder que ya hacía gracia a Luciano, De 
saltatione 24. 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 291 


200 


... Y mucho quería... ser esposo de la argiva Helena 
(de hermosa cabellera). 

Desde Atenas la pretendía el hijo (de Peteo, Menes- 
teo), y abundante dote daba, pues poseía (muchísimos) 
tesoros, oro, calderas (y trípodes), bellos objetos que 
en su interior guardaba el palacio del (rey Peteo). Con 
éstos le impulsaba su ánimo a dotarla (como esposa) 
dando más que nadie, pues esperaba que ninguno (de 
todos) los héroes fuera superior en riquezas y regalos. 

... Al palacio, el violento... por causa de (Helena de 
hermosa cabellera)... 

Papiro de Berlín 9739 1-V 


202 


«Licomedes». Licomedes es un cretense según dice Hesíodo al 
enumerar los pretendientes de Helena ”. 


Escolio a Homero, Ilíada XIX 240 


203 


Porque la antigua estirpe de los Amitaónidas parecía primar 
entre los helenos por su sabiduría, como también dice Hesíodo 
en estos versos: 


«Pues fuerza dio el Olímpico a los Eácidas e inteli- 
gencia a los Amitaónidas, y riqueza concedió a los Atri- 
das» %, 

NICOLAO DAMASCENO, ] 339, 16 


35 Wesr toma este fragmento como base para suplementar el 
verso 65 del fr. 204: «Y después (la pretendió, también desde 
Creta) el rubio Licomedes». 

“ Como quiera que los hijos de Amitaón fueron Biante y 
Melampo, SirTtTL decidió atribuir este fragmento a la Melampo- 
dia, si bien la Suda (1 116, 24 Adler) recoge los versos en razón 
de la «fuerza» (alké) y no de la «inteligencia» (nods). 


10 


45 


50 


60 


80 


292 FRAGMENTOS 


204 


... pretendía. De los pretendientes el que más dones 
daba después del rubio Menelao. Mucho quería en su 
ánimo ser esposo de la argiva Helena de hermosa ca- 
bellera. 

Desde Salamina la pretendía Áyax, irreprochable gue- 
rrero. Y daba como es lógico una dote apropiada, obras 
maravillosas. Pues, tras reunirlos como botín —sobre- 
salía por su larga lanza—, afirmaba que entregaría los 
bueyes de corvas patas y las pingiúes ovejas de los hijos 
de los aqueos que poseían Trecén y la costera Epidau- 
ro, la isla de Egina y Maseta, Mégara umbrosa y la 
elevada Corinto, Hermíone y Ásine, ciudades asentadas 
a la orilla del mar. 

Mas desde Fubea la pretendía Elefenor Calcodon- 
tíada, caudillo de hombres, capitán de los magnánimos 
abantes. Abundantes dones daba. Mucho quería en su 
ánimo ser esposo de la argiva Helena de hermosos ca- 
bellos. 

Desde Creta la pretendía la gran fuerza de Idomeneo, 
hijo de Deucalión, de la estirpe del insigne Minos. A 
ningún otro pretendiente (envió) como mediador, sino 
que él mismo, con su negra nave de muchas filas de 
remos, vino sobre el mar Ogilio a través del sombrío 
oleaje al palacio del prudente Tindáreo, para ver con 
sus ojos a la argiva Helena y no oír sólo de otros (un 
relato que) ya a toda la divina tierra llegaba... de 
Zeus f!... en la profunda (?)... por causa de la mucha- 
cha... Y a todos los pretendientes exigía juramentos 
firmes, ordenó que jurasen y... prometiesen con una li- 
bación que ya ningún otro, sin contar con él, realizaría 
otras acciones en torno a la boda de la muchacha de 
blancos brazos. Si alguno de los hombres la raptaba 


él Cf. lo dicho sobre Licomedes en la nota 59 (cf. 202). 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 293 


personalmente por la fuerza y dejaba a un lado el te- 
mor y el respeto, ordenó que todos juntos le persi- 
guieran hasta hacerle pagar la pena. Ellos, esperando 
todos realizar la boda, obedecieron sin chistar %, Pero 
entonces (a todos) venció el atrida Menelao, caro a 
Ares, porque fue el que más dio. Quirón, en el nemo- 
roso Pelión, cuidaba del Pelida rápido de pies, sobre- 
saliente de los hombres, que todavía era un niño. Pues 
no le hubiera vencido Menelao caro a Ares ni ningún 
otro de los hombres terrenos como pretendiente de 
Helena, si el rápido Aquiles la hubiese encontrado 
siendo virgen cuando regresó a casa desde el Pelión $, 
Pero, como es lógico, Menelao caro a Ares la tuvo an- 
tes %, Helena, sin esperarla, dio a luz en palacio a Her- 
míone de hermosos tobillos. 

Todos los dioses tenían dispuestos sus ánimos en 
sentidos opuestos a consecuencia de una contienda, 
pues precisamente entonces Zeus que en lo alto truena 
meditaba acciones maravillosas, causar confusión en la 
tierra sin límites tras desordenada ruptura $, y ya se 
afanaba por hacer desaparecer la abundante estirpe de 
los hombres civilizados; el pretexto era que perecieran 
las vidas de los semidioses %... con los mortales a los 


é2 El juramento conjunto de los pretendientes es recordado 
repetidas veces en la posteridad, cf. EuríPIDeS (Ifigenia en Au- 
lide 57-71), IsóCRATES (Helena 40-41) y APoLoDoRO (Biblioteca 111 
10, 9), que presenta a Odiseo como instigador de este recurso 
juramental utilizado por Tindáreo. 

6 La noticia de esta graciosa y sutil cronología sobre Aquiles 
y los pretendientes nos era conocida ya a través de PAUSANIAS 
(111 24, 10). 

e Cf, la nota 54 para la interpretación del signo B que aparece 
en el margen del papiro detrás de este verso. 

é5  Eliminamos las cruces de este pasaje con sólo interpretar 
meixai en sentido absoluto («causar confusión»). 

é Es imposible no pensar en un ritornello al proemio del 
poema (fr. 1) a la hora de captar el sentido general de los versos 
siguientes: Zeus parece como hastiado de la inextricable mezco- 


90 


100 


110 


120 


130 


294 FRAGMENTOS 


hijos de los dioses... con sus ojos viendo, pero que los 
bienaventurados... como antes tuviesen medios de vida 
y costumbres separadas de los hombres... de los inmor- 
tales y de los mortales hombres... dolor tras dolor... 
Zeus... cercenó... en el pecho... y ninguno de los hom- 
bres... (y en naves) negras embarcase... y en fuerza ser 
superior... de los mortales hombres... (cuantas cosas) 
son y todas las que van a ser... medita y celebra... de 
Zeus que amontona nubes... a idear iba, (ni) de los 
dioses bienaventurados ni de los mortales hombres... 
el bronce iba a arrojar a Hades muchas cabezas de 
héroes caídos en la refriega. Pero jamás comprendió el 
impulso de la mente del padre —mas en evitar la Parca 
a sus hijos se afanan los hombres—, y se gozaba en el 
impulso de los planes de su muy poderoso padre que 
grandes cuidados tenía para con los hombres. 

De los espesos árboles se derramaban inclinándose 
hacia el suelo muchas hojas hermosas, fluía el fruto a 
la tierra al soplar con violencia el Bóreas por voluntad 
de Zeus, (se arriscaba) el mar, temblaba todo por su 
causa, se consumía la fuerza de los mortales, mengua- 
ba el fruto en la estación primaveral cuando la sin 
pelos * da a luz en las montañas, en un rincón de la 
tierra, tres hijos al tercer año. En primavera, por las 
montañas y a través de tupidos encinares y del bosque, 
avanza esquivando y aborreciendo la senda de los hom- 
bres, los valles y laderas... Y cuando el invierno se 
echa encima... yace cubriéndose con muchas... terrible 
serpiente, por el dorso ensangrentada..., pero a ella, 
arrogante y (salvaje)... los dardos de Zeus la domeñan... 


lanza de los dioses con los hombres y quiere poner algún reme- 
dio (la guerra de Troya tal vez) que regenere a una humanidad 
tan bastarda. Con un tanto de imaginación también puede uno 
espigar paralelos en el mito de las edades de los Trabajos y 
Días (vv. 106-201). 

6 Es una manera eufemística de referirse a la víbora. 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 295 


Sólo su alma queda... ella, a ambos lados de la ruinosa 
(guarida)... pequeña... bajo la tierra... avanza destrui- 
da... yace... las Horas... y deleite a los hombres... de 
nuevo... de la tierra... desde donde... hacia la luz... 
piensa... avanza... benéficos... tierra... destino... cu- 
rar... y los que... de enfermedades... a éstos... avan- 


za... estirpe... 
Papiro de Berlín 10560 


CATALOGO 


(FRAGMENTOS DE LUGAR INCIERTO) * 


205 


Sobre los mirmidones dice así Hesíodo: 


«Esta, tras quedar encinta, dio a luz 

Eea de Egina: 
los Eácidas A Éaco que goza con los caballos *... 
Mas una vez que llegó a la medida de 
la muy deseada mocedad, se afligía de 
estar solo. Pero el padre de hombres y de dioses a 
cuantas hormigas había dentro de la encantadora isla, 


e El estilo, el contenido, las referencias explícitas, según los 
casos, aseguran la pertenencia de los frs. 205-245 al Catálogo. 
La concatenación temática es evidente en algunos grupos: así, 
los frs. 205-214 conforman la Eea de Egina y en los frs. 215-217 
tenemos restos de la Eea de Cirene. Determinados grupos, en 
cambio, están formados a base de reunir los fragmentos relativos 
a héroes de un mismo lugar (Beocia: frs. 218 y 219; Atenas: 
frs. 223 y 224; Eleusis: frs. 227 y 228, etc.) o dentro de un pano- 
rama tan amplio, como en el caso de Heracles, que los restos 
son gotas de agua recuperadas de un mar inmenso (frs. 229-232). 
En fin, el resto de los fragmentos no agrupados se refiere a 
datos hesiódicos imposibles de encajar en ninguno de los con- 
textos literarios acotables hasta el momento. 

é La ordenación coherente de estos fragmentos de la Eea de 
Egina ha podido ser efectuada gracias al apoyo prestado por 
APOLODORO (Biblioteca 111 12, 6-13, 8). En efecto, Egina, nacida 
del río Asopo, tras unirse a Zeus, alumbró a Éaco en la isla de 


140 


150 
160 


10 


298 FRAGMENTOS 


pado Pelión al punto fuese doblegado por los montara- 


ces centauros.» 
Escolio a Pindaro, Nemeas IV 95 


210 


El que compuso los Cantos chipriotas dice que (Tetis), por 
agradar a Hera, rehuyó la unión marital con el mismo y que 
Zeus, encolerizado, juró que ella cohabitaría con un mortal. 
También en Hesíodo se encuentra más o menos la misma ver- 
sión ”. 

FILODEMO, De pietate VIIT 105 


211 


... Desde la espaciosa Yolcos, a Ptía, madre de ove- 
jas, llegó llevando (muchas) riquezas el Eácida (Peleo), 
caro a los dioses inmortales. A todas (las gentes) se 
les llenó de envidia el ánimo cuando vieron (cómo) 
había arrasado la bien construida ciudad ”* y cómo ha- 
bía concluido (la deseable) boda, y estas palabras dije- 
ron todos: «¡Oh Eácida tres y cuatro veces venturoso, 
Peleo dichoso!... un gran regalo el olímpico Zeus de 
ancha mirada... los bienaventurados dioses realizaron. 
Oh tú, que en estos palacios a un sagrado lecho subien- 
do... el padre Cronión hizo... y sobre todos los otros 
hombres civilizados... que el fruto (de la tierra) comen. 

Papiro de Estrasburgo 55 


7 Es una de las muchas variantes recopiladas por APOLODORO 
(Biblioteca Y1II 13, 5). La boda de Tetis y Peleo tuvo lugar en 
el monte Pelión. Los dioses hicieron a Peleo valiosos regalos y 
celebraron los esponsales con banquetes y cantos. Tras esta 
boda, Peleo y Tetis se dirigieron a Ptía (cf. fr. 211). 

MW Se refiere a Yolcos, cf. fr. 212 b. 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 299 


212 a 


Pero ha de saberse que la historiografía antigua transmite 
también a Patroclo como pariente de Aquiles al decir que He- 
síodo afirma que Menecio, el padre de Patroclo, era hermano 
de Peleo, de modo que en ese caso los dos eran primos herma- 
nos entre sí”, 

Eustacio, A Homero, 112, 4 y ss. 


212 b 


... €l imperioso destino... en su sufrido ánimo... con 
afilado bronce... con manos pesadas... en las puertas 
Esceas... y, para los hombres venideros, informarse... 
Yolcos bien construida arrasó... llegó a Ptía, madre de 


ovejas... en la espaciosa Yolcos... 
Papiro de Oxirrinco 2511 


213 


«La hija de Peleo, la hermosa Polidora». Pero Zenódoto habla 
de Cleodora aun cuando Hesíodo y los demás la llaman Poli- 
dora ”, 

Escolio a Homero, Ilíada XVI 175 


214 


Aquiles mientras durante la guerra de Troya devastaba las 
ciudades vecinas de la de llión, llegó a la que antiguamente se 


75 El escoliasta de PÍNDARO, Olímpicas 1X 104-107, buen cono- 
cedor de las genealogías hesiódeas, tiene a Menecio por un hijo 
de Egina y Actor: Patroclo sería, por tanto, primo de Peleo y 
no de Aquiles. Esta precisión cuadra mejor con la sucesión te- 
mática que leemos en el fragmento papiráceo 212 b, donde los 
seis primeros versos celebrarían a Patroclo y los restantes a 
Peleo. 

16 ¿Será la hija de Peleo y Antígona de que nos habla APo- 
LODORO (Biblioteca II 13, 1)? 


300 FRAGMENTOS 


llamaba Monenia y que ahora se llama Pédaso y quería apode- 
rarse también de ella lo mismo que de las demás, Y cuando él ya 
había renunciado a mantener el asedio hasta el fin a causa de 
la fortificación del lugar y se disponía a retroceder, dicen que 
una muchacha que estaba en el interior de las murallas se ena- 
moró de Aquiles y que cogiendo una manzana escribió en ella 
y la arrojó a las inmediaciones de los aqueos. Lo escrito en la 
manzana era: «No tengas prisa, Aquiles, hasta que hayas to- 
mado Monenia; que agua no hay en ella, pasarán una sed atroz». 
Aquiles esperó y así tomó la ciudad por la escasez de agua. 
La historia está en Demetrio y en Hesíodo. 


Escolio a Homero, Illiada V1 35 


215 


«A ésta en otro tiempo raptó el melenudo 
hijo de Leto desde los rumorosos valles del 
Eea de Cirene  Pelión». Hace pasar su discurso en dirección 
a la heroína de quien tomó el nombre la 
ciudad de Cirene. Píndaro tomó la historia 
de una Eea de Hesíodo cuyo comienzo es: 


«O como la que, en Ptía, con una hermosura recibi- 
da de las Gracias, al lado del agua del Peneo vivía, la 
hermosa Cirene» ”. 

Escolio a Pindaro, Píticas 1X 6 


216 


«Cultivador de los bosques, para el que tres veces cien niíveos 
toros trasquilan los pingúes tallos de Ceos.» 


7 Han sido vanos todos los esfuerzos por reconstruir la Eea 
que aquí comienza (cf. un resumen crítico de la cuestión en 
J. SCcHwWARIZ, Pseudo-Hesiodeia..., págs. 455-458). A modo de 
orientación temática, conviene leer, sin embargo, las historias 
de Cirene y de su hijo Aristeo en ÁPOLONIO DE Ropas (El viaje 
de los Argonautas 500-507) y en DioDoRo SfcuLo (IV 81-82). 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 301 


Invoca a Aristeo, esto es, al hijo de Apolo y de Cirene, al que 
Hesíodo llama Apolo de los pastores. 


SERVIO, Virgilio, Geórgicas 1 14 


217 


... A Aristeo de profundos cabellos... con Hermes, 
hijo de Maya, guardián, y de pastores... hermosos pala- 
cios... honrándole ya muerto... ilustre, la Argiva... en- 
tregaron a ella sola... espléndida obra. 

Papiro de Oxirrinco 2489 


218 


«Al hijo del rey Areítoo, a Menestio que vivía en Arne». Pues 
Areítoo, el padre de Menestio, era un beocio que vivía en Arne. 
Ésta es una ciudad de Beocia según dice también Hesíodo. 


Escolio a Homero, Ilíada Vil 9 


219 


Onquesto: recinto sagrado. Homero: «y Onquesto sagrada, es- 
pléndido recinto de Posidón». Erigido por el beocio Onquesto, 
según dice Hesíodo, está situado en el país de los Haliartios. 


ESTÉFANO DE BIZANCIO, 483, 3 


220 


Ega. Hay también una llanura de Egas lindante con Cirra 
según Hesíodo. Se dice que desde las proximidades de Egas se 
arrastra un río, desde la montaña que rodea al Pitio. De él 
deriva también la llanura de Egas ”. 


ESTÉFANO DE BIZANCIO, s. v. Aigd 


71 Se ha supuesto un cambio de tema a partir de aquí, pero 
resulta imposible identificar a «la Argiva» mencionada dos ver- 
sos más abajo. 

71  Fstá situada en las proximidades de Delfos. 


302 FRAGMENTOS 


221 


«Pues a nuestro linaje hizo dos hijos úni- 
cos el Cronión, de esta forma: Arcisio en- 
Telémaco gendró un hijo único, Laertes; a su vez, hijo 
único engendró a Odiseo su padre; Odiseo, 
por su parte, como único a mí me dejó en el 
palacio tras haberme engendrado.» 

Ha de saberse que hacen descender de Zeus y de Eurjodia a 
Arcisio, de éste y de Calcomedusa a Laertes, de éste y de Anti- 
clea a Odiseo, de éste y de Penélope a Telémaco, y de éste y 
de Policasta la hija de Néstor, según Hesíodo, a Perséptolis: 


« Y tras haberse mezclado con Telémaco por causa 
de la áurea Afrodita, a Perséptolis entonces dio a luz 
Policasta de hermosa cintura, la hija más joven de 
Néstor, hijo de Neleo» *Y. 

Eustacio, A Homero, 1796, 38 


222 


«Arete es su nombre y procede de los mismos padres que en- 
gendraron también al rey Alciínoo». Hesíodo tomó a Arete por 
hermana de Alcínoo?*!. 


Escolio a Homero, Odisea VII 54 


223 
Héroes Butes, dicen, era hijo de Posidón, según 
de Atenas Hesíodo en el Catálogo. 


EusTAci0, A Homero, 13, 44 


* El fragmento ha de ser enmarcado dentro de la genealogía 
de Telémaco, no en la de Policasta. 

$ Al igual que lo hiciera más tarde HIPONACTE en los pasajes 
sobre Búpalo (frs. 14 y 135 Adrados). 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 303 


224 
Hesíodo imaginó que Sición era hijo de Erecteo. 


PAUSANIAS, II 6, 5 


225 


Mélite... es un pueblo de la Cecrópida. Filócoro en el libro ter- 
cero dice que el pueblo ha recibido su nombre a partir de 
Mélite, hija de Mírmex según Hesíodo, pero, según Museo, hija 
de Dío, hijo de Apolo. 

HARPOCRATIÓN, 202, 7 


226 


De donde deriva también «serpiente cicri- 
da». Dice Hesíodo que, tras ser criada por 
Cicreo, fue expulsada por Euríloco porque 
causaba daños a la isla, y que Deméter la 
acogió en Eleusis y se convirtió en guardiana de la diosa ”. 


Salamina 


ESTRABÓN, IX 1, 9 


227 


Las palabras perispómenas si se pronun- 
Eleusis cian con sílabas de más, se pronuncian me- 
diante la 0. Demofoónte... Calicoónte... Hipo- 

toónte: 


«Eumolpo, Dólico y el magnánimo Hipotoonte.» 


HERODIANO, IT 915, 22 


2 Varía algo la versión que da APOLODORO cuando nos habla 
de Telamón como sucesor de Cicreo en la isla de Salamina 
(cf. Biblioteca 111 12, 7). 


10 


304 FRAGMENTOS 


228 


Por tanto, el caballero no es un desterrado, sino una persona 
dada a los caballos. Y Hesíodo así lo ha entendido: 

«Y tras verlo Cérice, conductor de carros de ca- 
ballos», 
en lugar de «dado a los caballos» *”. 


Escolio a Homero, Ilíada X1V 119 


229 


... lisa... fecunda... aquél no asin- 

tió... y le dio muerte (?)... el Olimpo 

Heracles en demasía nevado... (habita, libre de 
sufrimientos y sin cuidados los días, 

libre de la muerte) y sin vejez, siendo 

dueño de... (Hebe, hija del gran Zeus), y de Hera (de 
sandalias de oro. A éste antes había odiado) la diosa 
de blancos brazos (Hera, entre los dioses venturosos) y 
entre (los mortales hombres, más ahora ya le tiene 
afecto) y le honra (por delante de los demás inmorta- 
les, sólo por detrás) del propio (Cronión) de gran po- 
der*... otorgó su querida... el Olimpo en demasía ne- 
vado... en figura y en belleza... para Heracles destruc- 
tor de ciudades... de remolinos de plata... fluye hacia 


el (mar divino)... 
Papiro de Oxirrinco 2493 


83 Los Cérices y los Eumólpidas, administradores de los mis- 
terios eleusinos en la época clásica, se hacían remontar a estos 
dos héroes mencionados por Hesíodo, cf. A. MARTÍNEZ DfEz, 
«Reconstrucción del Erecteo de Eurípides», Emerita 43 (1975), 
226-230. 

“ Cf. Teogonía 950-955. 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «BEAS» 305 


230 


Apolonio de Rodas en el libro tercero dice que es del mismo, 
tanto por el estilo como porque de nuevo descubre en el Catd- 
logo que Yolao le lleva las riendas a Heracles *. 


APOLONIO DE RODAS, Argumento del Escudo 


231 


«Implorando ellos». Pidiendo, pues implorar es pedir y su- 
plicar. También Hesíodo: 
«Implorando descendencia del glorioso Cleodeo» %, 
Escolio a Apolonio de Rodas, 1 824 


232 


«De Astidamea». Homero la llama Astíoque, no Astidamea... 
Hesíodo también la llama Astidamea, y Ferécides Astigenea. Era 
hija de Filante... pero Píndaro dice que ella era hija de Amin- 
tor, Hesíodo y Simónides que de Órmeno”. 

Escolio a Pindaro, Olímpicas VII 42 


233 


Los de las tres tribus: ... Hesíodo (dice) que porque ellos se 
establecieron en tres grupos: 

«y todos son llamados los de las tres tribus porque en 
tres partes dividieron la tierra, lejos de su patria». 


Pues (dice) que tres pueblos helénicos se asentaron en Creta, 
los pelasgos, los aqueos y los dorios. Hay que rechazar, pues, 


“5 En alguno de los famosos trabajos, sin duda, 

t6 Ta descendencia de Heracles culminada en el retorno de 
los Heraclidas llega hasta Aristómaco, por las vías intermedias 
de Hilo y Cleodeo, cf. HeróDoTO, VITI 131. 

" El hijo de Astidamea y Heracles es Tlepólemo, jefe de la 
colonia doria que se estableció en Rodas (cf. el fr. siguiente). 


OBRAS Y FRAGMENTOS, 20 


306 FRAGMENTOS 


a los que dicen que hace alusión a que el poderío de los He. 
raclidas estaba dividido en tres grupos, pues estos aconteci. 
mientos son más antiguos. 

Etymologicum Genuinum, s. v. trikháikes 


234 


Y sobre todo uno puede confiar en Hesío- 
do cuando así habla sobre los mismos lé. 
Los léleges leges: 


«Pues en verdad Locro fue conductor 

de los pueblos léleges que en otro tiem- 

po Zeus Crónida, conocedor de recursos inmortales, 

otorgó a Deucalión en forma de pueblos-piedras re- 
cogidos de la tierra.» 

En efecto, me parece que, etimológicamente, «haber sido re- 
unidos desde antiguo» hace alusión a que también son mixtos y 
que por ello ha desaparecido la raza *. 

ESTRABÓN, VII 7, 2 


235 


De Seleuco. Ileo. El padre de Ayax. Se da 
su etimología, según dice Hesíodo, tal como: 


Ileo «lIleo, al que amó el rey Apolo hijo 
de Zeus. Y le prometió tener este nom- 
bre porque, tras encontrar una ninfa, 

complaciente se mezcló con ella en amorosa amis- 
tad el día en que la muralla de la bien construida ciu- 
dad elevaron Posidón y Apolo» ?, 


6 La observación de ESTRABÓN explicita la etimología griega 
inserta en el fragmento hesiódico: «Léleges» tiene la misma raíz 
que légó («recoger»). 

*% La etimología observada por Seleuco no aparece en la tra- 
ducción, pero sí en el texto original, ya que el calificativo «com- 
placiente» aplicado a la ninfa amada por Apolo se dice en griego 
híleos. (No debe olvidarse, por otro lado, que Troya, cuyas mu- 
rallas construyen los dioses, recibe también el nombre de llión). 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 307 


Estos versos son citados en el libro IV de Simónides. 


Etymologicum Magnum, s. v. Ileús 


Si realmente hicieron el recorrido Homero y Hesíodo, me 
parece que fácilmente pudieron contar el relato sobre la muralla 
de Troya trastocándolo en el sentido de que en consecuencia 
Posidón y Apolo en común realizaron con maestría y llevaron 
a perfección la obra para la ciudad, el uno proporcionando la 
roca de lo profundo del mar y haciéndola además capaz de ser 
transportada, el otro, como es natural en un fundador, querien- 
do adornar a su propia ciudad con tamaña ampliación. 


ARÍSTIDES, XXVII 18 


236 


Es preciso observar aún algunas palabras 
que en los poetas tienen todas las formas 
del modelo y que fueron declinadas con iso- 
silabia, tal nominativo Bías, genitivo Bía; 
n. Dryas, g. Drya; n. Thoas, g. Thoa, como en Hesíodo: 


Toante 


«éste dio a luz un hijo, Toante» ”; 
n. Ayas, g. Aya, como en Alceo: «al excelente Ayante». 
QUEROBOSCO, Teodosio 1 123, 22 


237 


«Cicno, femenino por su piel». Habla de 

Cicno Cicno, hijo de Posidón y de Ceice (?), el que 

di troyano fue aniquilado por Aquiles. Pues según dice 
Helánico era blanco de piel desde su naci- 

miento. Por ello también le llamó femenino 

Teócrito, por la piel. Hesíodo, en cambio, dice que el mismo 
tenía blanca la cabeza; por ello también obtuvo esta denomi- 


nación. Escolio a Teócrito, XVI 49 


% Los frs. 175 y 198, 9 nos acentúan las dudas sobre este 
Toante, ya que se refieren a dos personajes diferentes. 


308 FRAGMENTOS 


238 


«Marón, hijo de Evantes, sacerdote de Apolo». Algunos sub- 
rayan estas palabras por el hecho de que Homero no transmita 
a Dioniso como inventor del vino y de que Marón no sea 
sacerdote de Dioniso, sino de Apolo... El blanco apunta a He. 
síodo que dice que Marón es hijo de Evantes, hijo de Enopión, 
hijo de Posidón. 

Escolio a Homero, Odisea IX 198 


A Marón, del que también parece derivar el nombre de la 
ciudad tracia de Maronea, incluso con un templo le honraron 
los habitantes del lugar. Dicen que Hesíodo describe al padre 
de éste, a Evantes, como un hijo de Enopión. 


Eustacio, A Homero, 1623, 4 


239 


Por ello también Hesíodo, en las Eeas, dijo: 


«Cuales son los dones que Dioniso dio a los hombres 
para alegrías y pesares. Al que hasta saciarse bebe, el 
vino le resulta insolente, ata con invisibles cadenas sus 
pies y sus manos, su lengua y su mente, amor le decla- 
ra el dulce sueño» ?!, 

ATENEO, X 428 c 


240 


«De los Selos». Algunos, en tono de apro- 
bación, escriben Helos, sin ese, y consideran 


Dodona que Helopia es Dodona. En efecto, así deno- 
mina Hesíodo al país cuando así dice en 
las Eeas: 


«Existe una región de Helopia, rica en campos de 
trigo y de bellas praderas, rica en ovejas y en bueyes 
de corvas patas. Habitan en ella hombres ricos en cor- 


2 El primer verso es idéntico al 400 del Escudo. 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 309 


deros, ricos en bueyes, muchos, infinitos, razas de mor- 
tales hombres. Allí, en sus confines, ha sido fundada 
una ciudad, Dodona. Zeus la amó y quiso que su orácu- 
lo fuese honrado por los hombres y estuviese situa- 
do” en el tronco de una encina. De él sacan los mor- 
tales todos sus oráculos, todo el que allí llega y pre- 
gunta al dios inmortal y el que, portando dones, llega 
con buenos augurios.» 

Escolio a Sófocles, Traquinias 1167 


Como la escritura es equívoca no permite asegurar si hay que 
decir Helos, como Píndaro, o Selos, como suponen que se en- 
cuentra en Homero. Filócoro dice que, como sucede con Eubea, 
el lugar que rodea a Dodona se llamaba Helopia, pues que tam- 
bién Hesíodo dice así: «Existe una región de Helopia, rica en 
campos de trigo y de bellas praderas... Allí, en sus confines, 
ha sido fundada una ciudad, Dodona». 

Creen —afirma Apolodoro— que se llama así por los pantanos 
que rodean al santuario. 

ESTRABÓN, VII 7, 10 


241 


Herodoro, en los Argonautas, dice que re- 

Sobre gresaron por el mismo mar que fueron hacia 

los Argonautas úÚolcos. Hecateo de Mileto, que desde el Fasis 
hicieron la travesía hacia el océano y desde 

allí hacia el Nilo, desde el cual hicieron la 

travesía hacia nuestro mar. Pero Artemidoro de Éfeso dice que 
esto es mentira, pues que se precipita desde las montañas. 


2 Sin necesidad de admitir ninguna laguna en el texto, inter- 
pretamos nailon como participio de presente con valor adjetival 
coordinado con tímion («honrado»). Por tanto, no nos hacemos 
eco de las «palomas» que algún autor, al amparo de PAUSANIAS 
(IX 12, 10), pretende introducir en función de sujeto de la forma 
verbal naion entendida como imperfecto de indicativo, cf. W. 
POETSCHER, «Zeus Naios und Dione in Dodona», Mnemosyne 19 
(1966), 113-147. La encina era el árbol sagrado de este oráculo; 
cf. A. MARTÍNEZ Díez, Eurípides, Erecteo, Granada, 1976, pág. 163. 


310 FRAGMENTOS 


Timageto, en el libro 1 Sobre los puertos, y Apolonio siguen a 
Artemidoro. Hesíodo, Píndaro en las Píticas y Antímaco en la 
Lide dicen que llegaron a Libia a través del Océano y que, tras 
poner en movimiento la nave Argo, llegaron a nuestro mar. 


Escolio a Apolonio de Rodas, IV 259 


Nadie cuenta que los argonautas hayan entrado en nuestro mar 
navegando a través del Istro, excepto Timageto, al cual siguió 
Apolonio. Escimno dice que ellos han navegado a través del 
Tanais hasta el gran mar y que desde allí han llegado a nuestro 
mar. También aventura que, tras llegar entonces a tierra firme, 
los argonautas transportaron sobre vigas la nave Argos hasta 
que llegaron al mar. 

Hesíodo dice que ellos salieron navegando a través del Fasis. 

Hecateo... y Artemidoro, refutándole, cuenta que el Fasis no 
desemboca en el mar ?, 

Escolio a Apolonio de Rodas, IV 282 


242 
«Permitirá a las esclavas reunirse», en lugar de «ordene»... 
también Hesíodo: 


«Y entonces a las muchachas permitió.» 
Comentarista a Antímaco fr. 180 


243 


... de padres ancianos... desposó... (que) en el pala- 
cio (le alumbró hijos) semejantes a los dioses. 


Papiro de Oxirrinco 2505 


% El contenido del fragmento es relacionable con el del 
fr. 253. 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» 311 


244 


... y de la tierra patria... divino... el que conmueve 
la tierra... recompensa... del rey... a la ninfa... de bri- 


llante diadema... 
Papiro de Milán 39 


245 


La forma «in» es análoga a «tin», con supresión de la f. He- 
siodo: 


«Y para sí mismo de la muerte despensero.» 
APoLONIO DíscoLo, 1 82, 21 


En el libro XXII contra Aristófanes es posible encontrar «in». 
Y Hesíodo, en el V*: «para sí mismo de la muerte...». 


Comentarista a Antímaco 79-81 


Hesíodo dice que Endimión era hijo de Aetlio, hijo de Zeus 
y de Cálice, y que había recibido de Zeus el don de ser despen- 
sero de su propia muerte cuando quisiera morir *. 


Escolio a Apolonio de Rodas, 1V 58 


4 Es la primera alusión explícita al libro quinto del Catálo- 
go, cf. notas 54 y 64. 

% Lo único que nos aclara el escolio es la potestad de Endi- 
mión para administrar el momento de su propia muerte, puesto 
que, desde el punto de vista genealógico, nos llevaría a la difi- 
cultad de tener que optar entre su filiación paterna (Aetlio era 
hijo de Protogenea, hija de Deucalión) y su filiación materna 
(Cálice es una de las hijas de Éolo), cf. APOLODORO, Bibliote- 
ca 17, 5. 


GRANDES EEAS * 


246 


Homero en la Odisea hizo mención de Mi- 
cene como mujer”... El poema épico que 
los helenos llaman Grandes Eeas dice que 
ésta era hija de Ínaco y mujer de Arestor. 


Micene 


PAUSANIAS, II 16, 4 


247 


Según el poema épico las Grandes Eeas, Epidauro tuvo por 
padre a Argo, el hijo de Zeus. 
PAUSANIAS, II 26, 2 


* Los principales problemas estructurales y de reconstrucción 
de estos poemas «menores» del Corpus Hesiodicum han sido 
abordados sistemáticamente en la introducción a los fragmen- 
tos, por lo que las notas sucesivas irán destinadas a la aclara- 
ción de puntos más concretos. 

7 Cf. HOMERO, Odisea 11 120, aclarado por un escoliasta en 
el sentido de que Micene fue una hija de Ínaco y de la Oceá- 
nida Mella y mujer de Arestor, padre de Argos; cf. A. SEVERYNS, 
Le cycle..., págs. 395-396. 


GRANDES EEAS 313 


248 


Y de que el término «ponerós» (malo) es 
usado en lugar de laborioso y desgraciado, 
Alcmena dicen, es suficiente apoyo Hesíodo en las 
Grandes Eeas cuando imagina que Alcmena 
dice a Heracles: 
«Hijo, gran verdad es que tu padre Zeus te hizo un 
hijo muy laborioso y excelente.» 


249 


Y de nuevo: 
«Las Parcas te (hicieron) muy laborioso y excelente.» 


Comentarista anónimo a Aristóteles, 
Etica a Nicómaco 111 7 


250 
«Telamón ordenó a Heracles que tras po- 
Telamón nerse de pie en la piel del león...». 
y Áyax Esto es de forma peculiar. Pues no ordenó 


Telamón a Heracles subir a la piel y hacer 

la súplica, sino que el mismo Heracles lo 

hizo por propia iniciativa. La historia ha sido tomada de las 

Grandes Eeas, pues en ellas se encuentra Heracles recibiendo 

hospitalidad de Telamón y subiéndose a la piel y haciendo así 

la súplica, también el águila enviada por Zeus, de la cual tomó 
el nombre Áyax?*. 

Escolio a Píndaro, fstmicas VI 53 


* Cf. nota 69, donde se apunta al encuadramiento de Tela- 
món dentro del esquema de los Eácidas en la Eea de Egina. 


314 FRAGMENTOS 


251 a 


Ésta” dio a luz a Aristecme (y a 

Hijas de Hilo Evecme de brazos de rosa), a las que, 

e hijos a su vez, los hijos de Butes... (condu- 

de Heracles ¡eron) al palacio de Ceix (rey amante 
de la guerra). En verdad Policoonte se 

llevó con sus caballos (y bien ajustados carros a Aris- 
tecme de amplios peplos), que en palacio le (alumbró 
hijos semejantes a los dioses), a Deímaco y Estéfano... 
A la otra, a Evecme, que en belleza (aventajaba a la 
raza de las mujeres), Policreonte (hizo su fecunda es- 


10 posa). Á otra entonces Queresilao..., hijo de Yaso, con 


sus caballos (y bien ajustados carros). 


Papiro de Oxirrinco 2498 


251 b 


Quise averiguar con toda diligencia los hijos que Policaón 
tuvo de Mesene y leí las llamadas Feas y los Cantos de Nau- 
pacto además de todas las genealogías que hicieron Cinetón y 
Asio. Nada por cierto había sido compuesto por ellos con rela- 
ción a estos extremos, sin embargo sé que las Grandes Eeas 
dicen que Policaón, hijo de Butes, cohabitó con Evecme, hija 
de Heracles; pero han omitido lo relativo al esposo de Mesene 
y lo relativo a la propia Mesene. 

PAUSANIAS, IV 2, 1 


”» Se trata tal vez de Yola, hija de EÉurito, rey de Ecalia, 
cf. APOLODORO, Biblioteca 11 6, 1 y 7, 7, ampliado por A. Co- 
LONNA, «De Hesiodi fragmento 251 a M. W.», Prometheus 1 
(1975), 88. 


GRANDES EEAS 315 


252 


El nombre que actualmente tienen los ha- 
Apoló bitantes de Queronea dicen que deriva de 
y Tero Querón, que era hijo de Apolo y cuya madre 
fue Tero, la hija de Filante. Lo atestigua 
también el que compuso el poema épico las 
Grandes Eeas: 


«Filante hizo su esposa a la hija del ínclito Yolao, a 
Lipéfile, que en belleza con las olímpicas competía. Un 
hijo le dio a luz en el palacio, a Hípotes (?) y a la bella 
Tero, semejante a los destellos de la luna. Tero cayó en 
los brazos de Apolo y alumbró a la violenta fuerza de 


Querón domador de caballos.» 
PAUSANIAS, IX 40, 56 


253 


Se investiga por qué causa recibió Eufemo 
la gleba; unos dicen que porque era timo- 
Mecionice nel..., otros que por el parentesco, pues 
ambos eran hijos de Posidón, el que la dio 
y el que la tomó. Asclepiades aduce los ver- 
sos de las Grandes Eeas: 


«O como la prudente Mecionice que en Hiria dio a 
luz a Eufemo tras mezclarse con el que la tierra abraza 
y conmueve en el amor de la muy dorada Afrodita» 1%, 


Escolio a Pindaro, Píticas 1V 36 


10% Es el comienzo de la Eea de Mecionice, objeto de múlti- 
ples investigaciones (Studniczka, Malten, Wilamowitz, Chamoux, 
J. Schwarz, cf. MERKELBACH-WEsST, ad locum) que no logran poner 
en claro la ubicación precisa de la misma. Sobre Eufemo y el 
don recibido de Posidón, cf. APOLONIO DE Ropas, El viaje de 
los Argonautas 1 179-184. 


316 FRAGMENTOS 


Se investiga por qué la recibió Eufemo siendo que había mu- 
chos. Y unos dicen que por la proximidad, pues era timonel... 
otros que por el parentesco... Asclepiades dice que Periclímeno, 
Ergino y Anceo también (eran hijos de Posidón). ¿Por qué, pues, 
ninguno de éstos fue el receptor? 

El mismo autor, por ejemplo, dice que Eufemo tenía como 
don recibido de Posidón el de pasar, sin sufrir daño, a través 
del mar como por la tierra. 

Escolio a Pindaro, Piticas 1V 61 


Eufemo, que casó con Laónome, hija de Alcmena, es hijo de 
Posidón y de Mecionice, la hija de Eurotas. 


Escolio a Píndaro, Píticas 1V 15 


Fufemo tuvo por mujer a Laónome, hermana de Heracles, 
hija de Anfitrión y de Alcmena. 


Escolio a Píndaro, Píticas 1V 79 


254 


Hesíodo, en las Grandes HEeas, dice que 

Frixo Fineo se quedó ciego porque había mostrado 
el camino a Frixo, y, en el tercer Catálogo, 

que porque prefirió la larga vida a la vista ?”. 


Escolio a Apolonio de Rodas, 11 178 


255 


«Argo». Es éste uno de los hijos de Frixo. Heródoto dice que 
nacieron éstos de Calciope, la hija de Eetes; Acusilao y Hesíodo 
en las Grandes Eeas dicen que de Yofosa, la hija de Eetes; este 
último dice también que ellos fueron cuatro, Argo, Frontis, 
Melas y Citisoro; Epiménides añade un quinto hijo, Presbón. 


Escolio a Apolonio de Rodas, 11 1122 


101 Cf. frs. 150-157 y 251. 


GRANDES EEAS 317 


256 


«Bato». Según dice Pánfilo en el libro I, lo cuenta Nicandro 
en el libro primero de las Transformaciones, Hesíodo en las 
Grandes Eeas, Didimarco en el libro 111 de las Metamorfosis, 
Antígono en los Cambios y Apolonio de Rodas en los epigramas. 


Escolio a Antonino Liberal, 23 


De Argo, el hijo de Frixo, y de Perimele, la hija de Admeto, 
nació Magnete. Éste se estableció en las proximidades de Tesalia 
y a partir de él los hombres llamaron Magnesia a esta tierra. 
Tuvo un hijo que fue célebre por su belleza, Himeneo. Como 
el amor por el muchacho se apoderó de Apolo nada más verlo 
y no abandonaba las mansiones de Magnete, Hermes conspiró 
contra el rebaño de las vacas de Apolo. Pacían éstas donde es- 
taban precisamente las vacas de Admeto. Y, en primer lugar, 
infundió en las perras que las guardaban pereza y esquinacia: 
las perras se olvidaron de las vacas y perdieron su voz. Des- 
pués se llevó doce terneros y cien vacas sin uncir y el toro que 
montaba las vacas. Ató del rabo de cada una de ellas una rama 
para que borrase las huellas de las vacas, y arreándolas las 
condujo a través de los Pelasgos y a través de Acaya de Ptióti- 
de, a través de la Lócride, de Beocia y de Megárida, y desde 
aquí, a través de Corinto y 'Larisa, hacia el Peloponeso, hasta 
Tegea. Y desde aquí avanzó a lo largo del monte Licio y a lo 
largo de Menalio y de las llamadas atalayas de Bato. Vivía este 
Bato en lo alto de un peñasco. Y cuando oyó la voz de las ter- 
neras que pasaban al lado, avanzó un poco desde su casa, se 
dio cuenta de que Hermes llevaba furtivamente las vacas y pidió 
una recompensa para no dar noticia a nadie sobre ellas. Her- 
mes prometió dársela con esa condición y Bato juró no decir 
nada a nadie sobre las vacas. Y Hermes, una vez que las ocultó 
en el promontorio, tras haberlas conducido a lo largo del Co- 
rifasio, al interior de la cueva, frente por frente de Italia y de 
Sicilia, de nuevo llegó hasta Bato, cambiándose de aspecto y 
queriendo comprobar si Bato quería continuar con él en sus 
juramentos. Dándole como recompensa un manto, le preguntó si 
había visto unas vacas que furtivamente habían sido conducidas 


318 FRAGMENTOS 


por su lado. Bato tomó la capa y dio noticia sobre las vacas, 
Hermes, indignado porque Bato era doble en sus palabras, le 
golpeó con el cayado y le convirtió en roca. Y ni los rigores del 
frío ni los del calor le abandonan. Incluso hoy en día los cami- 
nantes llaman al lugar «atalayas de Bato» ?!”, 


ANTONINO LIBERAL, 23 


251 


Al palacio del rey Orcómeno llegó desde 

Argos Hieto desterrado por la muerte de 

Hieto Moluro, el hijo de Arisbante, al que había 

matado tras sorprenderlo con su esposa legí- 

tima. Orcómeno le segregó de su territorio 

todo el que hay ahora alrededor de la aldea de Hieto y el que 

limita con ella. De Hieto hizo mención también el que compuso 
el poema épico que los griegos llaman Grandes Eeas: 


«Hieto a Moluro, hijo querido de Arisbante, mató en 
el palacio por causa del lecho de su esposa, el hogar 
abandonó, huyó de Argos, alimentador de caballos, y 
llegó al minio Orcómeno. Y este héroe le recibió y le 
otorgó una parte de sus riquezas, como es justo» 1%, 

PAUSANIAS, IX 36, 6-7 


258 


A los puertos corintios les dieron sus nom- 
bres Lequete y Cencrias, que se dice que son 
hijos de Posidón y de Pirene, la hija de 
Aqueloo. Pero en las Grandes Eeas se ha ima- 
ginado que Pirene es hija de Ebalo. 


Pirene 


PAUSANIAS, 1I 2, 3 


1% Imposible descifrar los rasgos hesiódeos de este singular 
relato. Véase cómo lo cuenta Ovipbi0, Metamorfosis 11 680-707. 

13 La estilística de los versos es típicamente hesiódica, pero, 
lamentablemente, Pausanias es fuente única y no hay posibilidad 
de establecer contrastes. 


GRANDES EEAS 319 


259 a 


Según el poema épico las Grandes Eeas, 

O rendientés murieron a manos de Enomao, Alcátoo el 
de Hipodamía '" hijo de Portaón, que fue el segundo, después 
de Mármax; y después de Alcátoo, Euríalo, 

Eurímaco y Crótalo. No me fue posible ave- 

riguar sus padres y sus patrias. Del que murió después de és- 
tos, de Acrias, se puede conjeturar que era Lacedemonio y fun- 
dador de Acrias. Después de Acrias, dicen que Enomao dio 
muerte a Cápeto, Licurgo, Lasio, Calcodonte y Tricolono... Y 
después de Tricolono, el destino sorprendió en la carrera a 
Aristómaco y Priante, y también a Pelagonte, Eolio y Cronio. 


PAUSANIAS, VI 21, 19 


«Tras hacer perecer a trece hombres». Los muertos son éstos: 
Mermes, Hipótoo, Pélope de Opunte, Acarnas, Eurímaco, Euríco- 
lo, Antomedonte, Lario, Calconte, Tricorono, Alcátoo, hijo de 
Portaón, Aristómaco, Crótalo. En favor de este número de los 
pretendientes que perecieron dan testimonio tanto Hesíodo como 
Epiménides. 

Escolio a Pindaro, Olímpicas 1 127 


259 b 


De Portaón... Alcátoo... Mármax. 
Papiro de Oxirrinco 2499 


260 


Hesíodo dice que Endimión, hijo de Aetlio, 

hijo de Zeus, y de Cálice, había recibido de 

Endimión Zeus el don de ser administrador de su pro- 

pia muerte cuando quisiere morir... Pero en 

las Grandes Eeas se dice que Endimión fue 

llevado por Zeus al cielo, que enamorado de Hera fue engañado 


1% Sobre Pélope e Hipodamía, cf. frs. 190-191 del Catálogo. 


320 FRAGMENTOS 


con la imagen de una nube, y que, arrojado del cielo a causa 
de su amor, fue a parar a las profundidades del Hades '”, 


Escolio a Apolonio de Rodas, 1V 58 


261 


«Pero, hija de Neleo, por la que pesada desgracia padeció en 
los establos de Ificlo el eólida Melampo.» 

En las Grandes Eeas se dice que Melampo, que era muy que- 
rido para Apolo, se ausentó del país y se alojó en casa de 
Polifonte. Habiendo sido sacrificado un buey por Polifonte, una 
serpiente subió reptando al sacrificio y dio muerte a los sir- 
vientes del rey. El rey, indignado, cogió y enterró a Melampo. 
Sus retoños, criados por él, le lamían los oídos y le inspiraron 
el arte adivinatoria. Por ello precisamente, sorprendido cuando 
robaba las vacas de Ificlo, fue atado y, cuando estaba a punto 
de caer la casa en que estaba Ificlo, avisó a una sirvienta an- 
ciana y, en pago de ello, fue soltado por Ificlo. 

Que robando Melampo las vacas de Ificlo y siendo sorprendido 
por él, cuando el techo de la casa estaba a punto de caer, ha- 
biéndose dado cuenta por efecto del arte adivinatoria, retenido 
en prisión, se lo dijo a una sirvienta de Ificlo. Tras enterarse 
por ella Ificlo de la ruina, se alejó del peligro y respetando a 
Melampo lo liberó entregándole también las vacas que había 


venido a robar '”. Escolios a Apolonio de Rodas, 1 118-21 


262 


«De Escila... a la que dio a luz para Forco Hécate que en la 
noche se agita, y a la que llaman Cratais.» 
En las Grandes Eeas, Escila es hija de Forbante y de Heé- 


cate *”. Escolio a Apolonio de Rodas, 1V 828 


105 Sobre el mismo tema, cf. lo dicho a propósito del fr. 245 
en la nota 95. 

19% Aunque en diferentes contextos, el motivo de las serpientes 
va unido a la causa de Melampo (cf. la Melampodia y AÁPOLO- 
DORO, Biblioteca 1 9, 11-12) y lo mismo ocurre con la previsión 
de la ruina del palacio. 

17 En consonancia con el pasaje de Apolonio, hay que situar 
el fragmento en el retorno de los Argonautas. 


BODA DE CEIX 


263 


Apolonio dice que Heracles fue abandonado 

en los alrededores de Cío tras haber des- 

Heracles embarcado para buscar a Hilas... Hesíodo, en 

la Boda de Ceix, dice que tras haber des- 

embarcado para buscar agua, Heracles fue 

abandonado en Magnesia en las llamadas AÁfetas a causa de la 

partida del mismo '*. Antímaco en la Lide dice que Heracles fue 

obligado por los héroes a desembarcar porque la nave Argo 

estaba sobrecargada. Siguieron a este autor Posidipo, el autor 
de epigramas, y Ferécides. 

Escolio a Apolonio de Rodas, 1 1289 


264 


«Sin ser invitados acuden los nobles a los banquetes 
de los nobles.» 
Hesíodo utilizó el refrán así, porque Heracles acudió a la 
casa de Ceix de Traquis y así dijo '”. 
ZENOBIO, II 19 


108 Nótese un juego etimológico entre áfesis («acción de partir 
o de ser despedido») y «AÁfetas», 

0% El refrán tuvo amplia repercusión en la posteridad, cf. Ba- 
QUÍLIDES, fr. 4,23, CRATINO, fr. 169, ÉuPoLIs, fr. 289, y PLATÓN, Ban- 
quete 174 b, además de lo dicho en la introducción a los frag- 
mentos. 


OBRAS Y FRAGMENTOS, 21 


10 


322 FRAGMENTOS 


265 


Es fama que Hércules se dirigió a Trifilia, región de los 
eleos, y mantuvo una disputa sobre comida con Lepreo, hijo de 
Pergeo, según dice Hesíodo en las Bodas de Ceix; y habiendo 
matado cada uno de ellos un buey para el banquete, se encontró 
que Lepreo no fue en absoluto más lento o más inhábil en co- 
merlo. Pero como después del banquete se hubiese llegado a la 
lucha a causa de la indignación producida por el valor emu- 
lado, Lepreo cayó a manos de la fuerza de Heracles. 


NATALIS COMES, Mitología VII 1 


266 a 


... preparando... pues no sin... y 

asientos de tres patas... tenían desti- 

Adivinanzas nos... mas cuando de sí echaron el de- 

seo del igual banquete... la madre de 

la madre... para los hijos condujeron, 

seca y abrasada, para ser matada por sus propios 
hijos... nieve y lluvia. 

Papiro de Oxirrinco 2495 


266 b 


Que Hesíodo en las Bodas de Ceix —pues aun cuando los 
hijos de los gramáticos destierren este poema épico de la obra 
del poeta, sin embargo a mí me parece que es antiguo— llama 
trípodes a las mesas. 


ATENEO, II 49b 


Había primeras, segundas y terceras mesas. Y trípodes sobre 
los que reposaban; el nombre está en Hesíodo y en los Telmé- 
seos de Aristófanes. 


PóLux, VI 83 


BODA DE CEIX 323 


266 ec 


Enigma es una expresión que intenta mantener oculto un pen- 
samiento y hacerlo incomprensible: «y jamás coloques la jarra 
por encima de la crátera...». 


«Mas una vez que de sí echaron el deseo del igual 
banquete... la madre de la madre... para los hijos con- 
dujeron, Seca y abrasada, para ser matada por sus 
propios hijos.» 

Aquí llama «madre de la madre» a la bellota, pues de ella 
nacen las encinas y de las encinas, según el mito, dicen que han 
nacido los hombres. «Seca y abrasada», porque parece que pri- 
mero se secan y que después se abrasan. «Por sus propios 
hijos» se refiere a los extranjeros. «Ser matada», por cuanto que 
parece haber sido cortada del bosque. 

TRIFÓN, De tropis 23 


267 


Del mismo modo, pues, que el fuego devora la madera de la 
que surgió, que es su padre y su madre según ha dicho el que 
añadió la Boda de Ceix a los versos de Hesíodo, así Anaximan- 
dro, tras mostrar que el pez es padre y madre común de los 
hombres, lo hizo desaconsejable para la alimentación. 


PLUTARCO, Moralia 7130 e 


268 


«De ello sea testigo.» 

La forma «mártyros» está declinada con un significante simi- 
lar al genitivo del modelo, como Troídsenos, de donde Troidsé- 
noio..., apátoros, de donde, en la Boda de Ceix, se ha dicho 
apátorot (huérfanos) "”. 

Escolio a Homero, Ilíada Vil 76 


119 Merkelbach-West ven aquí una adivinanza sobre los prime- 
ros hombres, que, al decir de JuvenaL (VI 13), nullos habuere 
parentes. 


MELAMPODIA 


270 


«Con cruel humo de oscura pez y de cedro» !!, 


Este verso es de Hesíodo; se toma como dáctilo o como yám- 
bico según se quiere a causa de las sílabas comunes. 


Escolio a Hefestión, 109, 4 


271 


Hesfodo, en el libro II de la Melampodia, dice skypphon **” 
con p: 


«Y Mares, rápido mensajero, a él llegó a través de 
la casa; traía llena una jarra de plata, y al rey la en- 
tregó.» 


111 Referido tal vez al procedimiento con que los esclavos de 
Ificlo consiguieron reducir a las amenazadoras serpientes, cf. 
fr. 261. 

12 «Jarra». La cita del libro II (cf. el fr. 277 para el 11) 
tiene mayor importancia que la simple nota fonética. 


MELAMPODIA 325 


272 


Y de nuevo: 


po Ea «y entonces el adivino una correa de 

a Ificto buey cogió con sus manos; 1Ificlo por la 

espalda le pasaba la mano; detrás de 

éste, empuñando la jarra con una 

mano y levantando el cetro con la otra, avanzó Fílaco 
y dijo entre los sirvientes». 

ATENEO, X 498 a-b 


273 


Y Hesíodo, tomándolo textualmente del poeta Museo ''*, dice 
sobre Melampo: 

«Pero dulce es también el conocer un claro indicio de 
todas las cosas malas y buenas que los inmortales dis- 
tribuyeron a los mortales.» 

CLEMENTE DE ALEJANDRÍA, Stromateis VI 2, 26 


274 


Dulce es 


«en el banquete y en el floreciente festín deleitarse 
con discursos una vez que de comida se hayan har- 
tado», 


dice Hesíodo en la Melampodia. 
ATENEO, II 40 f 


113 Habría vivido a fines del siglo vi a. C. No obstante, puesto 
que Clemente de Alejandría cita indirectamente, el dato sobre 
Museo puede constituir un término ante quem para la compo- 
sición de la Melampodia, cf. J. SCHWARTZ, Pseudo-Hesiodeia..., 
página 227. Es peligroso hacer mayores precisiones, un riesgo 
que no parece contar para 1. LóFFLER, Die Melampodie, Meisen- 
heim, 1963. 


326 FRAGMENTOS 


275 


Entre los tebanos hubo un adivino, Tiresias, 
o alidad sobre cuya ceguera y arte adivinatoria se 
de Tiresias cuentan historias diferentes... Hesíodo dice 
que Tiresias vio en los alrededores de Cirene 
unas serpientes que hacían el amor y que 
por haberlas herido se convirtió de hombre en mujer, pero ob- 
servó de nuevo a las mismas serpientes haciendo el amor y se 
convirtió en hombre. Por ello precisamente Hera y Zeus, que 
estaban en disputa sobre si ocurría que las mujeres sentían 
más placer que los hombres en los encuentros amorosos, le 
preguntaron. Tiresias dijo que si en los encuentros amorosos 
había diecinueve partes, los hombres sentían placer nueve de 
ellas y las mujeres diez. A consecuencia de ello Hera le dejó 
ciego y Zeus le dio el arte adivinatoria. Lo dicho por Tiresias a 
Zeus y Hera, fue: 


«Una sola parte de diez partes goza el hombre; las 
diez satisface la mujer deleitando su mente.» 
Tiresias fue también de larga vida. 
APOLODORO, Biblioteca 1 6, 7 


Dicen que vio dos serpientes que se hacían el amor en el 
Citerón y mató a la hembra y que por ello quedó transformado 
en mujer; volvió a matar al macho y recuperó su propia natu- 
raleza. Zeus y Hera le eligieron juez sobre quién siente más 
placer en el encuentro amoroso, si el macho o la hembra. Aquél 
dijo: «Una sola parte de diez partes goza el hombre; las diez 
satisface la mujer deleitando su mente». Por ello precisamente, 
Hera, indignada, le dejó ciego y Zeus le dio el don del arte 
adivinatoria. 

Escolio a Homero, Odisea X 494 


«Que conoce los encuentros amorosos de hombres y mu- 
jeres.» 

Se dice que Zeus tuvo una disputa con Hera y sostenía que 
las mujeres sentían más placer que los hombres en los frecuen- 
tes encuentros amorosos. Se sirvieron de Tiresias como juez por 


MELAMPODIA 327 


las dos formas del mismo; Tiresias dijo que si eran diez los 
momentos de placer, los hombres tenían uno mientras las mu- 
jeres tenían los nueve restantes. Hera, indignada, le dejó ciego, 
Zeus, en cambio, le dio la gracia del arte adivinatoria y de una 
vida muy larga. 

Según el poeta de la Melampodia, «Nueve partes, y la décima 
parte la goza el hombre; las diez satisface la mujer deleitando su 


mente». 
Escolio a Licofrón, 683 


Hesíodo, Dicearco, Calímaco y algunos otros cuentan sobre 
Tiresias lo siguiente. Tiresias, el hijo de Everes, vio en Arca- 
dia, en la montaña de Cilene, dos serpientes que hacían el amor, 
hirió de muerte a una de ellas y al instante cambió de constitu- 
ción, pues de hombre se convirtió en mujer y se mezcló en el 
amor con un hombre. Apolo le dijo por voz del oráculo que si 
observando hacer el amor a unas serpientes hería de igual modo 
a una de ellas, sería cual era. Montando guardia Tiresias hizo 
lo prescrito por el dios y de esa forma recobró su antigua na- 
turaleza. Zeus tuvo una disputa con Hera y sostenía que en los 
encuentros amorosos las mujeres aventajaban a los hombres en 
el goce del placer; Hera sostenía lo contrario, por lo que de- 
cidieron los dioses mandar a buscar a Tiresias y preguntarle, 
ya que tenía experiencia de ambos tipos de placer. Éste, al ser 
preguntado, manifestó que, si las partes eran diez, el hombre 
gozaba una y la mujer las otras nueve. Hera, indignada, le per- 
foró los ojos y le dejó ciego; en tanto que Zeus le dio el don 
del arte adivinatoria y el de vivir durante siete generaciones. 


FLEGÓN, Mirabilia 1V 7374 


276 


«Adivino de cadáveres, viejo decrépito». 
«Viejo decrépito», el que tiene una edad muy 
avanzada... Ahora habla de Tiresias, ya que 
dicen que él vivió siete generaciones (otros 
dicen que nueve, pues vivía en tiempo de 
Cadmo y bastante después de Etéocles y Polinices) según afirma 


Plegaria 
de Tiresias 


328 FRAGMENTOS 


también el poeta de la Melampodia, pues introduce en ella a 
Tiresias diciendo: 

«Zeus padre, ojalá, ojalá me hubieras dado un tiem- 
po de vida más corto y ver en mis entrañas preocupa- 
ciones iguales a las de los hombres mortales. Pero aho- 
ra ni un poco me honraste tú que me hiciste tener un 
largo tiempo de vida y vivir durante siete generaciones 
de hombres mortales.» 

TZETZES, Licofrón, 682 


217 


Hesíodo, en el libro 111 de la Melampodia, llamó a Calcis de 
Eubea «la de las bellas mujeres». 
ATENEO, XIII 609 e 


278 


Se dice que el adivino Calcante, durante 

Cuco el regreso de Troya, llegó a pie aquí (a Co- 

y Mopso lofón), acompañado de Anfíloco el hijo de 

Anfiarao, y que encontrándose en las proxi- 

midades de la ciudad de Claro con un adi- 

vino superior a él, con Mopso el hijo de Manto, hija de Tire- 

sias, murió de dolor —Hesíodo, al menos, así dispone el relato 

en algún lugar—. Calcante, en efecto, propuso a Mopso algo 
como esto: 


«Un motivo de admiración me invade el ánimo, la can- 
tidad de higos que esta higuera tiene aunque es pe- 
queña. ¿Puedes decir el número?» 

Mopso contestó: 


«Diez mil son en número, y su medida una fanega, 
pero sobra uno solo que no podrías colocar en ella. Así 
dijo y verdadero les pareció el número de la medida. Y 
entonces ya a Calcante cubrió el sueño de la muerte.» 


Ferécides dice que Calcante le puso el problema de cuántos 
cerditos tenía una cerda que estaba preñada y que Mopso dijo 


MELAMPODIA 329 


que «diez, de los cuales uno es hembra». Y como Mopso acer- 
tó, Calcante murió de dolor. Otros dicen que Calcante puso el 
problema de la cerda y Mopso el de la higuera, que éste acertó 
y aquél no, y Calcante murió de dolor y conforme a un oráculo. 


ESTRABÓN, XIV 1, 27 


279 


Cerca está también Malo..., una fundación 
Mopso de Anfíloco y de Mopso, el hijo de Apolo y 
y Anfíloco de Manto, sobre los cuales se cuentan mu- 
chos mitos. Incluso nosotros hicimos men- 
ción de ellos en los relatos sobre Calcante y 
la disputa que sostuvieron Calcante y Mopso sobre el arte adi- 
vinatorio. ... Y no sólo han contado el mito de la disputa 
sobre el arte de la adivinación, sino también el de la disputa 
por el poder. En efecto, dicen que Mopso y Anfíloco, a su re- 
greso de Troya, fundaron Malo; que, después, Anfíloco partió 
hacia Argos y que, descontento con los de allí, regresó de nuevo 
aquí, a Malo; que excluido de la participación en el poder, se 
lanzó a un combate singular contra Mopso; que, tras caer am- 
bos, fueron enterrados sin que el uno estuviese a la vista del 
otro... Sobre esta costa está situada la llanura de Aleyo... He- 
síodo dice que Anfíloco fue matado por Apolo en Solo **, otros 
que en los alrededores de la llanura de Aleyo, otros que en 
Siria cuando se alejaba de Aleyo a causa de la disputa. 


ESTRABÓN, XIV 5, 16-17 


14 De aquí deducen Merkelbach-West que la Melampodia 
quizá presentaba a Mopso, hijo de Apolo, y a Anfíloco como 
enemigos. 


10 


20 


DESCENSO DE PIRÍTOO 


280 


... hacerme perecer!'5 con su violen- 
cia y con su larga lanza, (pero la Parca 

Teseo conversa yn : 

con Meleagro Tunesta) y (el hijo) de Leto (me) hi- 

cieron perecer. (Ea,) cuéntame (ya es- 

tas cosas) sin interrupciones. ... Ba- 
jaste a la mansión de Hades... junto siguió un leal com- 
pañero... por qué necesidad... el primero anunció su 
discurso... hacia el pastor de pueblos... una diosa, la 
terrible Erinia. 

«Meleagro, alumno de Zeus, hijo del prudente Eneo, 
(en verdad yo estas cosas te) contaré con toda preci- 
sión... a la admirable Persefonea... a Zeus que goza con 
el rayo, para que con las leyes de los inmortales die- 
sen dote a la esposa... dicen que aquéllos pretenden a 
sus hermanas y se casan sin (sus padres)... de entre 
los inmortales se levanta para tomar como esposa a su 
propia hermana, nacida del mismo padre. Pues (afirma) 
haber nacido él mismo del gran Zeus, muy cerca de 
Perséfone, hija de Deméter de hermosa cabellera. (Él 
mismo) afirma ser hermano y nacido del mismo pa- 


113 Sobreentiéndase en lo anterior algo como «ninguno de los 
hombres pudo». Está hablando Meleagro, cf. BaqQuíLiDeES, V 93 
y siguientes. 


DESCENSO DE PIRÍTOO 331 


dre... y que Hades es su querido tío paterno. (Por esto) 
dijo que descendía a las oscuras tinieblas.» 

(Así dijo). El hijo de Eneo se llenó de horror tras 
oír el discurso, y respondiendo le dijo con melifluas 
palabras: «(Teseo), consejero de los atenienses que 
visten corazas... ¿la prudente Hipodamía '' era espo- 


sa... del magnánimo Pirítoo?». 
Papiro Ibscher *" 


1lé (O Deidamia, cf. PLUTARCO, Teseo 30, 3. 

17 Las letras iniciales que se leen en la segunda columna de 
este papiro (sólo podemos dar sentido a la primera, excepto en 
sus cinco versos finales) llevan a suponer que el diálogo se pro- 
longaba en al menos otros veintidós versos. 


DÁCTILOS IDEOS 


282 


Aristóteles cree que el escita Lido enseñó a fraguar 
y templar el bronce, Teofrasto que el frigio Delas; 
unos creen que enseñaron la fabricación del bronce los 
cálibes, otros que los Cíclopes; Hesíodo dice que ense- 
ñaron a trabajar el hierro en Creta los que son llama- 
dos Dáctilos del Ida. 

PLin10, Historia Natural VII 197 


Por su parte, Celmis y Damnameneo, los primeros de 
los Dáctilos del Ida, descubrieron el hierro en Chipre; 
Delas, otro ideo, escita según Hesíodo, descubrió la mez- 
cla del bronce. 

CLEMENTE DE ALEJANDRÍA, Stromateis 1 16, 75 


CONSEJOS DE QUIRÓN 


283 


Atribuyen a Hesíodo los Consejos de Quirón, cuyo comien- 
ZO €s: 


«Ahora medita bien en tu mente prudente estos con- 
sejos míos, uno a uno. En primer lugar, cada vez que 
a casa llegues, ofrece hermosos sacrificios a los dioses 


sempiternos.» 
Escolio a Pindaro, Piticas VI 22 


284 


Los antiguos dicen «que arregla» (akestés) no «que repara» 
(épetes). «Reparar» se encuentra una sola vez en Aristófanes, 
en los Convidados, cuando parodia los Consejos de Hesíodo: 
«y reparar la criba». Pero tú di «arreglar» el manto. 


FRÍNICO ATICISTA, 73 


285 


Algunos consideraron que no habían de ser ilustrados en las 
letras los que fuesen menores de siete años, ya que sería aque- 
lla la edad que por primera vez podría comprender las discipli- 


334 FRAGMENTOS 


nas y soportar el esfuerzo '*. Que Hesíodo era de esta opinión 
lo cuentan muchísimos escritores que vivieron antes que el gra- 
mático Aristófanes, pues fue éste el primero que dijo que no 
era de este poeta el libro Consejos, en el cual se encuentra es- 
crito esto. 

QUINTILIANO, Institución Oratoria 1 1, 14 


118 Cf, PÍNDARO, Nemeas III 43 y ss. (sobre la educación de 
Aquiles por Quirón), Ovibi0, Ars amatoria 1 11-16, y JuveNaL, VIT 
210-212. 


GRANDES TRABAJOS 


286 


...La justicia de Radamantis: «Si puede sufrir lo que hace, 
justicia verdadera habrá». 


También ahora lo explicó claramente aduciendo el dicho de 
Radamantis. Sin embargo, el verso está en Hesíodo, en los 
Grandes Trabajos, y está así: 


«Si uno siembra males, recogerá malas ganancias: si 
puede sufrir lo que hace, justicia verdadera habrá.» 


Comentarista anónimo a Aristóteles, 
Etica a Nicómaco V 8 


287 


«Raza... de plata.» 


Algunos relacionan la plata con la tierra diciendo que en los 
Grandes Trabajos hace descender la plata de la Tierra. 


Escolio a Hesíodo, Trabajos 128 


ASTRONOMÍA 


288 
El que compuso la Astronomía atribuida a 
Las Pléyades  Hestodo, siempre las llama Peléyades: 


«Las que los mortales llaman Pelé- 
yades». 


289 
Y de nuevo: 
«Se ponen las borrascosas Peléyades.» 


290 


Y de nuevo: 
«Mientras permanecen ocultas las Peléyades.» 


ATENEO, XI 491 c-d 


Hesíodo —pues con el nombre de este poeta también existe 
una Astrología— cuenta que el ocaso matutino de las Pléyades se 
produce cuando termina el equinoccio de otof-o. 


PLinI0, Historia Natural XVII 213 


ASTRONOMÍA 337 


291 


El sobrenombre, porque criaron a Dioniso. 
Las Híades  BPDioniso Hías... Fueron llamadas así por la 
causa que antes dijimos. En efecto, Hesío- 

do dice sobre ellas: 


«Ninfas semejantes a las Gracias, Fésile y Coronis 
y Cleea de hermosa corona, Feo encantadora y Eudora 
de ancho peplo, a las que Híades llaman en la tierra 


las estirpes de los hombres.» 
Escolio a Arato, 172 


«De las Pléyades hijas de Atlas». Algunos otros dicen que 
Atlas tuvo doce hijas y un hijo, Hiante, al que mató una ser- 
piente en Libia mientras cazaba. Cinco murieron cuando plañían 
por este hermano, y Zeus las convirtió en estrellas, las llama- 
das Híades. Este poeta de Ascra, Hesíodo, en su libro sobre 
las estrellas, enseña sus nombres diciendo: «Ninfas... de los 
hombres». 

TzZETZES, Hesíodo, Trabajos 384 


292 a 


Yendo por delante en el otoño. Por delante, en común sobre 
la salida y la puesta. Pues el Bucle *"”, dice, sale antes del equi- 
noccio de otoño y se pone después del equinoccio de prima- 
vera. 


292 b 


Yendo por delante... hacia el Océano. Porque sale al amanecer 
en el equinoccio de otoño y se pone al amanecer en el solsticio 
de verano; oblicuo, según Hesíodo, cuando sale y en línea recta 


cuando se pone. 
Escolios a Calímaco, Aetia fr. 110, 67 


19 El Bucle de Berenice es una constelación. El escolio si- 
guiente se refiere al Boyero. 


OBRAS Y FRAGMENTOS, 22 


338 FRAGMENTOS 


293 


«Máximo aquí con sinuoso nexo se desliza el Dragón, alrede- 
dor y a través de las dos Osas, a manera de un río». Hesíodo: 


«semejante a un río que fluye» ?”, 


SERVIO, Virgilio, Geórgicas 1 244.5 


1 Este verso de Hesíodo llegó hasta Virgilio a través de 
ARaATO (Phaenomena 45 y ss.). Tienen contenido astronómico y 
por tanto son susceptibles de un acercamiento a la Astronomía 
los frs. 148, 149, 163, 169, 170 y 394. 


EGIMIO 
(DE HESIODO O DE CÉRCOPE) 


294 
«El rey Hipomedonte avanzaba empuñando 
lo y su como emblema en el centro del escudo a Pa- 
guardián noptes que miraba con sus tatuados ojos». 


El que compuso el Egimio dice: 


«Y le puso por guardián a Argo, violento y grande, 
que miraba por aquí y por allá con cuatro ojos; la 
diosa le había infundido fuerza incansable, el sueño no 
caía en sus párpados y mantenía sin cesar una guardia 
continua.» 

Escolio a Eurípides, Fenicias 1116 


Hera, tras pedir la vaca a Zeus, puso por guardia de la mis- 
ma a Argo, el que todo lo ve, el cual dice Ferécides que es hijo 
de Arestor, en tanto que Asclepíades dice que de Ínaco, y Cér- 
cope que de Argos y de Ismene, la hija de Asopo. Acusilao dice 
que el mismo es un terrígena. 

APOLODORO, Biblioteca TI 1, 3 


295 


Esquilo, en las Hijas de Forco, y el que compuso el Egimio 
dicen que todas tenían un solo ojo y un solo diente. Así, pues, 


340 FRAGMENTOS 


de las nacidas de Forco, Medusa dio a luz a..., que empuñaba 
en sus manos una daga de oro. Éste a Geríones "”... 


FILODEMO, De pietate 5 y 14 


296 


Abántida: Eubea, según Hesíodo en el libro 11 del Egimio 
sobre lo: 


«En una isla divina, en Abántida, a la que antes los 
dioses sempiternos llamaban Abántida, pero Zeus le 
puso un nombre derivado del buey, Eubea» *?, 

ESTÉFANO DE BIZANCIO, 3, 1 


297 


Amímone engendró de Posidón a Nauplio... 
a Aaupmo se casó, según dicen los trágicos, con 
de lo Clímene, hija de Catreo, pero según el que 
escribió los Nostot, con Filira, y, según Cér- 
cope, con Hesíione y engendró a Palamedes, 

Éace y Nausimedonte. 
APOLODORO, Biblioteca 1 1, 5 


298 


Muchas historias... aún se cuentan también sobre Ariadna... 
En efecto, unos dicen que se ahorcó tras ser abandonada por 
Teseo, otros que, llevada por unos marinos a Naxos, vivió con 
Onaro, el sacerdote de Dioniso, y que fue abandonada porque 
Teseo se anomoró de otra: 


«Pues le consumía amor terrible por Egle, la hija de 
Panopeo.» 


11 Según que relacionemos el fr. con EsquiLo (Prometeo 71% 
y ss.) o con APOLODORO (Biblioteca 11 4, 2) tendremos respectiva- 
mente los mitos de lo o de Perseo. 

12 Cf, ESTRABÓN, X 1, 3. 


EGIMIO 341 


Hereas de Mégara dice que Pisístrato eliminó de la obra 
de Hesíodo este verso para congraciarse con los atenienses. 


PLUTARCO, Teseo 20 


Y que él se casó legalmente con Melibea, la madre de 
Áyax. Hesíodo dice que también con Hipe y con Egle, por 
causa de la cual, según dice Cércope, violó los juramentos he- 
chos a Ariadna. 


ATENEO, XIII 557 a 


299 


«Pues ni siquiera habría recibido en su pa- 
EAS lacio como huésped al Eólida Frixo, que muy 
y Cetes vivamente lo deseaba, si el propio Zeus no le 
hubiese mandado desde el cielo como men- 
sajero a Hermes para que le aceptase como 
pariente.» 

Dice que Hermes fue enviado por Zeus como mensajero con 
orden de que recibiera a Frixo para que se casase con la hija de 
Fetes. El que compuso el Egimio dice que Frixo fue acogido 
espontáneamente a causa de la piel; dice que purificó la piel 
después del sacrificio y así, con el vellocino, se dirigió hacia 
las mansiones de Eetes. 

Escolio a Apolonio de Rodas, 111 587 


300 


El que compuso el Egimio dice en el libro 11 que Tetis arrojó 
a una caldera de agua a los hijos habidos de Peleo porque 
quería saber si eran mortales —otros dicen que al fuego (como 
afirma Apolonio)—, y que, como perecieron muchos, Peleo se 
indignó e impidió que Aquiles fuese arrojado a la caldera. 


Escolio a Apolonio de Rodas, 1V 816 


342 FRAGMENTOS 


301 


Nicandro de Tiatira dice que también son llamados «refrige- 
rios» los lugares de bosque y umbría dedicados a los dioses en 
los que es posible refrescarse... Y el que compuso el Egimio, 
sea Hesíodo sea Cércope de Mileto: 


«donde en otro tiempo, caudillo de pueblos, estará 
mi refrigerio» 12, 
ATENEO, XI 503 c 


2 Palabras atribuidas a Heracles. 


“EL HORNO” O “LOS ALFAREROS” 


302 


El día siguiente, unos alfareros que ponían fuego a un horno 
de objetos de frágil cerámica vieron que Homero se alejaba y, 
sabedores de que era un poeta, le llamaron y le invitaron a que 
les entonase una canción, diciendo que le darían los objetos de 
cerámica y alguna otra cosa que tuviesen. Homero les cantó 
estos hexámetros, que tienen por título El Horno. 

«Alfareros, si vais a darme este salario por mi canto, 
ea, ven aquí, Atenea, y mantén tu mano sobre el horno, 
que los vasos y todos los cuencos tomen bien el color 
negro, que queden bien cocidos y obtengan el precio 
merecido cuando muchos sean vendidos en la plaza y 
muchos en las calles, que muchas ganancias produz- 
can y que tanto yo como ellos podamos verlas. 

Pero si, vueltos a la desvergiienza, ofrecéis falsas pro- 
mesas, invocaré después también a los destructores 
de hornos, a Rompedor, al mismo tiempo que a Cruji- 
dor, Ahumador y Estrellador, y a Domador de lo crudo, 
que muchos males proporciona a este arte. Trata de 
convencer a la que también prende fuego a las casas y 
que con ella el horno entero se derrumbe entre grandes 
gemidos de alfareros. Como rumia la mandíbula de un 
caballo, que rumie el horno toda la cerámica que hay 
dentro de él, haciéndola trocitos. 


10 


344 FRAGMENTOS 


También tú, hija de Helio, Circe de muchos fárma- 
cos, arroja aquí venenos salvajes y malogra sus cuerpos 
y sus Obras. 

Y que también conduzca hasta aquí Quirón muchos 
centauros, los que escaparon a las manos de Heracles 
y los que perecieron. Que malévolos golpes den a estos 
objetos, que se caiga el horno y que los propios alfare- 
ros, entre lamentos, comprendan sus innobles acciones. 
Y yo gozaré viendo su malhadado arte. Y el que se 
agache para verlo, que por todo su rostro arda en lla- 
mas, para que todos aprendan a obrar con sensatez.» 

PseuDO-HERÓDOTO, Vita Homeri 32 


Además de los vasos hay que enumerar... los cuencos y los 
platos. De los platos habló Aristófanes en Las naves de carga, y 
de los cuencos el que compuso Los alfareros, que algunos atri- 
buyen a Hesíodo. Al menos, dice «que los vasos y todos los 
cuencos tomen bien el color negro». 

PóLUx, X 85 


OTROS POEMAS 


(TESTIMONIOS) 


1. Algunos autores añaden a los Trabajos la Ornitomantea 
(Adivinación por las aves), unos hexámetros que Apolonio de Ro- 
das rechaza. 

Escolio a Hesíodo, Trabajos 828 


Y todos los versos añadidos a los Trabajos y los días. 


PAUSANIAS, IX 31, 5 


2.3. También hay versos sobre arte adivinatoria... e interpreta- 
ciones de oráculos unidas a hechos prodigiosos. 


PAUSANIAS, 1IX 31, 5 
4. Un canto fúnebre dedicado a un tal Bátraco que estaba ena- 


morado de él. 
Suda 11 583 


La llamada «vuelta a la tierra» *, 
ÉFORO (ESTRABÓN, VII 3, 9) 


Epitalamio a Peleo y Tetis'”. 


TZEIZES, Licofrón, prólogo 


1 Cf. fr. 150. 
"2 CF. Tp. 211. 


FRAGMENTOS DE LUGAR INCIERTO 


303 


Pero, a juzgar por lo que escribe, también Hesíodo va de 
acuerdo con lo anteriormente dicho: 


«Ni un solo adivino hay entre los hombres terrenos 
que pueda conocer la mente de Zeus que empuña la 
égida.» 

CLEMENTE DE ALEJANDRÍA, Stromateis V 14, 129 


304 


Hesíodo cree también que la muerte sobreviene a las divinida- 
des en determinados períodos de tiempo, pues en el retrato de 
Nais, haciendo también alusión al tiempo de vida, dice: 

«Nueve generaciones de hombres en flor vive una 
corneja graznadora; un ciervo, la vida de cuatro corne- 
jas; a tres ciervos hace viejos el cuervo; mientras que 
el fénix a nueve cuervos. A diez fénix hacemos viejos 
nosotras, las ninfas de hermosos bucles, hijas de Zeus 
que empuña la égida.» 

Los que no comprenden bien la generación reducen este 
tiempo a una cantidad muy elevada. Se trata, en efecto, de un 
año. De modo que el total de la vida de las divinidades resulta 
ser de nueve mil setecientos veinte años, menos de lo que juzga 
la mayoría de los matemáticos... y mientras todavía estaba él 


FRAGMENTOS DE LUGAR INCIERTO 347 


hablando, Demetrio tomó la palabra y dijo: «¿Cómo dices... 
que el año ha sido llamado generación de un hombre? Pues ni 
aunque «esté en flor» ni aunque «sea anciano», según leen al- 
gunos, es esa la duración de una vida humana, sino que los que 
leen «de hombres en flor» hacen de la generación treinta años, 
mientras que los que por su parte escriben «de hombres ancia- 
nos», y no «de hombres en flor», atribuyen ciento ocho años a 
la generación... y el discurso entero parece haber sido inter- 
pretado veladamente por Hesíodo de acuerdo con la confla- 


gración universal». 
PLUTARCO, Moralia 415 


Tres veces dos y diez veces nueve sobrepasa a los años que 
llena la vida entera de los hombres que envejecen. Nueve veces 
supera a éstos en vida la gárrula corneja, y cuatro veces supe- 
ra los tiempos de la corneja el ciervo. Al veloz ciervo tres veces 
supera el cuervo y a éste multiplica nueve veces el fénix, ave 
que revive. Á ésta, con una existencia continua, diez veces atrás 
la dejamos nosotros, las Ninfas Hamadríades, cuya vida es lar- 
guísima. Ésta, a modo de límite, contiene los vigorosos hados 
de los seres vivientes. Lo demás lo conoce el dios árbitro de la 
edad secreta: los tiempos que hará rodar Estilbón, los siglos 
que (?) Fenón (Saturno); los rodeos que tenga Pyrois (Marte), 
los que Júpiter con su fuego benigno; con qué nuevo rumbo se 
afana la pura Venus; y los trabajos que aguarden a Febo, cuan- 
tos a Titán, hasta que, consumido el año que se dice magno, de 
nuevo vuelvan las errantes estrellas a su antigua órbita, cua- 
les habían permanecido dispuestas desde el origen del mundo. 


AusoNIo, Eglogas V 


Traducido de Hesíodo: «Nueve generaciones supera viviendo 
la ronca corneja, pero el rápido ciervo supera cuatro vidas de 
corneja. El apolíneo cuervo capaz es de vivir por tres ciervos, 
pero sólo el fénix vive finalmente por tres veces tres cuervos. 
Y dos veces el número de cinco fémix recorremos nosotras, las 
montaraces ninfas, húmeda prole del gran Júpiter». 


Epigramas Bobienses 62 


348 FRAGMENTOS 


305 


«A Lino». También Hesíodo: 


«Y Urania entonces dio a luz a Lino, hijo muy amado, 
al que en verdad todos los aedos y citaristas mortales 
que existen celebran con trenos en los banquetes y 
coros; y a Lino invocan al comenzar y al terminar» !%, 

Escolio a Homero, Ilíada XVII 570 


306 


Pues Hesíodo, tras llamar al citarista Lino 
«instruido en todo tipo de sabiduría», 


incluso no vacila en llamar sabio a un marino y escribe: «y 
nada sabio en el arte de navegar». 


CLEMENTE DE ALEJANDRÍA, Stromateis 1 4, 25 


307 


Peeón es diferente de Apolo según atestigua también Hesíodo: 
«Si Febo Apolo no le hubiese salvado de la muerte, 
o el propio Peeón, que contra todo conoce remedios.» 
Escolio a Homero, Odisea IV 231 


308 


Y de este modo también Hesíodo habla veladamente de Dios: 
«Pues él es rey y caudillo de todas las cosas y ningún 

otro de los inmortales compite con él en poder.» 
CLEMENTE DE ALEJANDRÍA, Protréptico 7, 713, 3 


1 Para la relación etimológica entre el héroe mítico y la 
cancioncilla homónima, cf. R. HAEUSSLER, «linos ante Linon?», 
Rheinisches Museum 117 (1974), 1-14. 


FRAGMENTOS DE LUGAR INCIERTO 349 


309 


También Homero: «Sino que muy cercano está a la roca de 
Escila». El indefinido de este verbo es en dórico «plésthai», que 
está formado como hairésthat. Hesíodo: 


«Que los dones de los venturosos dioses se acerquen 
a la tierra.» 
Anecdota Oxoniensia 1 148, 23 


310 
Y Hesíodo: 


«De las Musas, que hacen a un hombre muy avisado, 
divino, de voz armoniosa.» 


En efecto, llama dotado en palabras al «muy avisado», terrl- 
ble al «de voz armoniosa» y «divino» al experimentado, amante 
de la sabiduría y conocedor de la verdad. 


CLEMENTE DE ALEJANDRÍA, Stromatets 1 6, 36 


311 


Faetonte, hijo del Sol y de Clímene, habiendo subido a escon- 
didas al carro de su padre y habiéndose elevado muy alto desde 
ia tierra, a causa del miedo, cayó desde lo alto al río Erídano. 
Tras haberle golpeado Júpiter con el rayo, comenzaron a arder 
todas las cosas. Júpiter, para dar muerte a toda la raza de los 
mortales con una causa, fingió que tal rayo quería exterminarle; 
esparció por todas partes torrentes y toda la raza de los mor- 
tales pereció excepto Pirra y Deucalión. Pero las hermanas de 
Faetonte fueron transformadas en álamos porque habían unci- 
do los caballos contra la voluntad de su padre. 


HicGINO0, Fábulas 152 


Las lágrimas de éstas, según hace saber Hesíodo, fueron soli- 
dificadas en forma de ámbar; sin embargo, reciben el nombre 


350 FRAGMENTOS 


de Helíades. Son ellas Mérope, Helia, Egle, Lampetia, Febe, As- 
teria, Dioxipe. 
Hicin0, Fábulas 154 


Las hermanas de Faetonte, Petusa, Lampetia y Febe, mien- 
tras lloraban por la caída de su hermano, por misericordia de 
los dioses fueron convertidas en álamos. Sus lágrimas, según 
hacen saber Hesíodo y Eurípides, fueron convertidas en ámbar 
y se dice que fluían. 

LAcTANCcio, Narrationes 2.3 


312 


Dice Hesíodo que el ruiseñor es la única de las aves que se 
despreocupa del sueño y que siempre está despierta; que la 
golondrina no está despierta por completo, pero que también ella 
ha perdido la mitad del sueño. Y lógicamente, pagan este cas- 
tigo a causa de la desgraciada experiencia que se atrevieron a 
emprender en Tracia, la de aquel famoso banquete cruel. 


ELIANO, Varia Historia XII 20 


313 


Antes del tiempo, la hora anterior al momento oportuno... y 
Hesíodo dice que murió un 


«joven mucho antes del tiempo», 


esto es, prematuramente. 
PSEUDO-AMONIO, s. v. Orthros 


314 


«Como cuando un fuego destructor cae en un tupido monte». 

(El signo >) afecta a «tupido», porque tiene muchas acep- 
ciones, pues unos lo interpretan como «el que tiene muchos 
juncos», otros como «el de mucha madera», pero es mejor «aquel 
del que nadie ha cogido madera», como Hesíodo: 


FRAGMENTOS DE LUGAR INCIERTO 351 


«Pues lejos, en un bosque tupido, se pudría el made- 
ramen de las naves.» 
Escolio a Homero, Ilíada X1 155 


315 


«Delicado»... se dice también de lo tierno. Hesíodo: 
«En verdad ya no caminan con delicados pies.» 
Lo deseable ya al gusto ya a la vista. 


Etymologicum Genuinum, s. v. larón 


Hesíodo dice: «con delicados pies», que son agradables a la 
vista. 


Escolio a Apolonio de Rodas, 1 456 


316 


«Las asaron con habilidad y las sacaron todas.» 
Hacen notar algunos que Hesíodo escribió: 
«las asaron primero y con habilidad las sacaron». 
Pero nadie saca carnes con habilidad, sino que más bien las asa. 
Escolio a Homero, Ilíada XXIV 624 


317 


De los versos de Hesíodo marcados con el parágrafo por Cri- 
sipo, que son muchísimos, me bastará con hacer mención de 
dos o tres, a guisa de ejemplos: 


«Pues el ánimo de éste crecía dentro de sus pechos 
queridos.» 


318 
Y: 


«teniendo ella en sus pechos una cólera tal, dolorosa». 
GALENO, De placitis Hippocratis et Platonis 1 265, 7 


352 FRAGMENTOS 


319 


Se dice que los pelasgos son los más antiguos entre los que 
dominaron la Hélade. El poeta dice así: «Zeus, rey, de Dodo- 
na, de los pelasgos», y Hesíodo: 

«A Dodona y a su encina, asiento de los pelas- 


gos, fue.» 
ESTRABÓN, VII 7, 10 


320 


Cosa diferente son «plémné» y «pléme», pues la primera sig- 
nifica la calabaza de la rueda mientras que a«apléme» significa 
la crecida del río. Por ello precisamente hay que leer en He- 
síodo así: 

« Y él en las olas crecidas del río llovido del cielo», 
y no «en plémnéisi»”, como hacen algunos. Y si no tomásemos 
desde fuera la preposición «con», habría que leer «con las olas 


crecidas». 
Escolio a Apolonio de Rodas, 1 757 


321 


De los jóvenes, las acciones. También Hiperides dice en el 
Contra Autocles que esto es de Hesíodo. Se trata de un refrán 
del que también Aristófanes escribió que es así: 

«De los jóvenes, las acciones; de maduros, los conse- 


jos; las súplicas, de los viejos.» 
HARPOCRATIÓN, 133, 18 


322 


Y que, por tanto, Hesíodo, alabando tal vez la costumbre de 
los sacrificios antiguos, dijo: 
«Como la ciudad haga el sacrificio y mejor sea la 


bre. 
antigua costumbre.» PORFIRIO, De abstinentia 11 18 


FRAGMENTOS DE LUGAR INCIERTO 353 


323 


«Delicados». El adjetivo delicado se aplica a los animales do- 

mésticos y a las plantas cultivadas... Y Hesíodo: 
«y es preciso que tú seas delicado para con tu padre». 
Escolio a Nicandro, Theriaca 452 


324 


Con todo puedo aconsejarte a ti y a los legisladores algo que, 
dicho por mí, dice Hesíodo, puede parecer que es fácil, 


«pero que es difícil de comprender». 
PLATÓN, Cartas XI 


325 


«Llenar de olor a grasa las calles» quiere decir en Hesíodo 


sacrificar a los dioses. 
Focio, Biblioteca 535 b 38 


326 


Una hija única es «deseada», según Hesíodo. 
PóLUx, III 19 


327 


¿Quiénes fueron los primeros que utilizaron estas observacio- 
nes al componer sus poemas? Se dice que la primera que así 
habló a causa de su locura fue Femónoe, profetisa de Apolo, 
de la cual hace mención Hesíodo. 

Aunax, Excerpta, 11I 332 


328 


«Que han huido». Por lo que Hesíodo llamó al león «el que 


no huye». 
Por lo que los jonios llamaban al león «el que no huye». 


Escolios a Homero, Ilíada XXI 528 


OBRAS Y FRAGMENTOS, 23 


354 FRAGMENTOS 


329 


De las ciudades incluidas por Homero en el Catálogo de las 
naves, dicen que Mese no se explica de ninguna manera... Pero 
algunos entienden Mesene, con apócope... Utilizan ejemplos del 
poeta (kri, dó y máps) y de Hesíodo, porque dice brí en lugar de 
brithy y briarón. 

ESTRABÓN, VIII 5, 3 


330 


Y muchísimos otros se ocuparon de la exégesis homérica del 
mismo modo que lo hizo Posidonio de Apolonia, que censuraba 
a Hesíodo porque había corrompido algunas palabras de Ho- 
mero al decir lleo por Eleo, «hédymos» por «nédymos» (dulce) 
y algunas otras cosas por el estilo. 

TZETZES, Homero, Ilíada 4, 9 


331 
Se encuentra también empleado en Hesíodo solamente, inclu- 
so en genitivo del plural: hdton en lugar de hótinón. 
Escolio a Filóstrato, Heroicus 464 


332 


Y Hesíodo dice «Procris» conforme a krísis, prókrisis, pró- 
krisin y, con síncopa, Prókrin. 
Anecdota Oxoniensia 1 46,32 


333 


Sobre las plantas y árboles frutales dirás que se agostan, 
se apagan, pierden las flores, dejan caer las hojas, se desnu- 
dan, se pelan. Y 

«un mes tirador de hojas» 


es, según Hesíodo, el que estos fenómenos causa. 
PóLUxX, 1 231 


FRAGMENTOS DE LUGAR INCIERTO 355 


334 


«Meonios». (El signo >), porque Homero no sabe que son 
llamados lidios, sino meonios. Apunta a la época de Hesíodo. 


Escolio a Homero, llíada X 431 


335 


Los habitantes de Eubea aplican adjetivos masculinos a los 
sustantivos femeninos, como, en Homero, «célebre Hipodamia», 
«Caliente humareda», «del canoso mar» y, en Hesíodo, 


«de una ciudad que fenece». 
Códice Matritense 7211,154 


336 


«Viento impetuoso», el que sopla violentamente... del mismo 
modo que de «volar» se forma «volador» (Como en Hesíodo, 


«el cual continuamente de no convertirse en volador»), 


así también de áo (soplar) se forma aén (que sopla), y con la 
partícula dsa, dsaén (impetuoso). La forma entera es dsaéna, 
como peténa, si no ha sufrido elisión. Orus. 


Etymologicum Genuinum s. v. dsén ánemon 


337 
«Estas muelen sobre la muela el dorado fruto». Otros dicen 
que torcían la lana, pues también Hesíodo dice 
«muelen sobre una muela el dorado fruto», 


sobre la rueca que da vueltas a modo de muela; llama «dorado» 
al fruto de las ovejas, esto es, al vellón. «Muelen» significa hilan. 


Escolio a Homero, Odisea VII 104 


356 FRAGMENTOS 


338 
Zenón se oponía al que dijo: 


«ni sentencia impartas hasta que de las dos partes el 


discurso hayas oído». 
PLuTARco, Moralia 1034 e 


Sin duda un sabio fue el que dijo: «hasta que de los dos el 
discurso no hayas oído, no puedes dar sentencia». 


ARISTÓFANES, Avispas 725 


Mas yo, aunque observo, sobre todo para contigo, a quien ja- 
más vi que haya hecho nada temerariamente, la famosa senten- 
cia pseudohesiódea (pues así se considera) del «ni sentencia im- 
partas»..., sin embargo me dejaba conmover por la queja de 
aquél. 

CICERÓN, A Ático VII 18, 4 


339 


«Akalós» (apacible). El adverbio ¿£réma (tranquilamente) signi- 
fica «Suavemente» (éka). De éste sale por derivación «ékalos»... 
y, por contracción, «akalós», el que está tranquilo... Pues bien, 
de «apacible» sale «apaciblemente» como «liso», «lisamente», 
como en Hesíodo 


«fluyendo apaciblemente», 


en lugar de tranquilamente. Y por consiguiente de «apacible- 
mente» sale «de apacible corriente». 


Etymologicum Magnum, s. v. akalós, 44, 29 


Akalareítes (de apacible corriente)... de éka (suavemente) sale 
8kalos, el que está tranquilo..., de ékalos, akalós... de akalós, 
pues, sale akalá, como homalós, homalá, como en Hesíodo: 
«fluyendo apaciblemente», en lugar de tranquilamente. De «apa- 
ciblemente» sale «de apacible corriente»... así Querobosco para 
el nominativo. 

Etymologicum Simeonis, s. v. akalareítes, 4, 29 


FRAGMENTOS DE LUGAR INCIERTO 357 


Partenio. Río que fluye en medio de la ciudad de Amastriana. 
Fue llamado así... por la virginal tranquilidad de su corriente: 


«Así, fluyendo apaciblemente, como camina una deli- 
cada doncella.» 
ESTÉFANO DE BIZANCIO, 503, 21 


340 


Pero este dios fue dado a conocer por los autores más re- 
cientes, pues ni siquiera Hesíodo conoce un Príapo. 


ESTRABÓN, XIII 1, 12 


341 


«Lámpara». Pero se refiere propiamente a la antorcha. Pues el 
poeta no representa a los héroes utilizando la que entre nos- 
otros es llamada lámpara ni Hesíodo hace mención de ella. 


Escolio a Homero, Odisea XIX Y 


342 


Es claro que el nombre del rey (tyrannos) es más bien reciente, 
pues ni Homero ni Hesíodo ni ningún otro de los antiguos uti- 
liza tyrannos en sus poemas. 


Argumento Il a Sófocles, Edipo Rey 


FRAGMENTOS DUDOSOS 


343 


Dicen unos autores así, sencillamente, que ella (Atenea) nació 
de la cabeza de Zeus, sin añadir en su narración el cómo o el 
porqué. Pero Hesíodo habla más extensamente en las teogo- 
nías (?). Unos versos describen en la Teogonía su nacimiento: 
Zeus se unió en primer lugar a Metis y en segundo lugar a 
Temis; otros versos describen en otros pasajes, de otra manera, 
que, habiéndose producido una disputa entre Zeus y Hera, 
Hera alumbró por sí misma a Hefesto mientras que Zeus alum- 
bró a Atena de Metis tras haberla engullido... 

Se dice así en la Teogonía... Luego, prosiguiendo dice así... 

En efecto, es bien claro que había puesto a Metis dentro, 
en su mismo pecho, y por ello dice que Zeus la alumbró por la 
cabeza. En los versos que siguen a éstos, habiendo descrito 
muchas más, se dicen cosas como éstas: 


«A causa de esta disputa, la diosa dio a luz, sin que 
interviniera Zeus que empuña la égida, un hijo ilustre, 
el hábil Hefesto, que superaba en destrezas a todos los 
hijos de Urano. Por su parte, Zeus, sin que le viera 
Hera de hermosas mejillas, se acostó junto a una hija 
de Océano y de Tetis de hermosa cabellera, tras enga- 
ñar a Metis a pesar de ser muy sabia. La cogió el dios 
con sus manos y la colocó en el interior de su estóma- 
go, temeroso de que le fuera a dar a luz otro hijo más 
fuerte que el rayo. Por eso el Crónida de elevado trono, 

10 que habita en el éter, la engulló de un trago. Metis al 


FRAGMENTOS DUDOSOS 359 


punto parió a Palas Atenea, y el padre de hombres y 
de dioses la dio a luz por su cabeza, junto a las riberas 
del río Tritón. Metis, por su parte, la madre de Atenea, 
la constructora de la justicia, la que más cosas sabe 
entre los dioses y hombres mortales, estaba oculta en 
las entrañas de Zeus. Allí yacía la diosa junto a otra 
diosa que en destrezas supera a todos los inmortales 
que los olímpicos palacios poseen, tras haber fabricado 
en el interior el pavoroso escudo de Atenea. Con ayuda 
de Metis engendró Zeus a Atenea que empuñaba armas 


de guerra.» 
GALENO, De placitis Hippocratis et 


Platonis 111 8 


344 


Así habló un hombre de Beocia, Hesíodo pastor de las dulces 
Musas: 
«A quien los inmortales honren, que la fama de los 


mortales también le siga.» 
BAQUÍLIDES, V 1914 


345 
Hablan de Orión Hesíodo y el que escribió la Minfada. 


FILODEMO, De pietate 7 


... A Acteón y... según”... 
FILODEMO, De pietate 60 


:2? Pocas luces nos abre A. CASANOVA, «Il mito di Atteone nel 
Catalogo esiodeo», Riv. di Fil. e Instr. Class. 97 (1969), 3146. 


360 FRAGMENTOS 


347 


También Hesíodo, que más que nadie pensaba que el cultivo 
de los campos había de ser enseñado como un modo de vivir, 
dijo que el plantador de olivos jamás había sacado fruto alguno 
de ellos. Así de retrasada estaba entonces la agricultura. 


PLini0, Historia Natural XXI 6 


348 


De entre las hierbas más famosas, Hesíodo dijo que el asfó- 
delo, como lo que algunos habían llamado «heroion», también 
nacía en los bosques... Algunos estimaron que Hesíodo llamaba 
álimon al asfódelo, cosa que considero falsa y como quiera que 
álimon (arbolito) tiene su propio nombre, el error de los autores 
es de no pequeña importancia. 


PLINIO, Historia Natural XXIlI 67 y 73 


349 


Y como realmente dicen que el tripolio, según Hesíodo y Mu- 
seo, es útil para todo asunto de gravedad, por ello también lo 
entierran durante la noche tras haber construido una tienda. 


TEOFRASTO, Historia de las plantas 1X 19, 2 


Museo y Hesíodo mandan que las personas ávidas de digni- 
dades y de gloria unjan todo su cuerpo con polio; que el polio 
sea tocado, que sea cuidado, que el polio sea mantenido contra 
los venenos, que sea extendido por debajo contra las serpien- 
tes, que sea quemado, transportado, que, tierno o duro, sea co- 
cido con vino y que sea aplicado. 


PLINIO, Historia Natural XX1 145 


Es muy agradable colocarla (la saliunca) entre las ropas de 
vestir, lo mismo que entre los griegos el polio, hierba famosa 
por las alabanzas de Museo y de Hesíodo que la proclamaban 


FRAGMENTOS DUDOSOS 361 


como útil para todas las cosas, sobre todo para la fama y las 
dignidades, además de maravillosa si es que, como cuentan, sus 
hojas se ven blancas al amanecer, purpúreas al mediodía y azu- 
ladas al ponerse el sol. 

PLINIO, Historia Natural XXI 44 


Hemos dicho cuánto admiraron el polio Museo y Hesíodo. 
Orfeo y Hesíodo aconsejaron las fumigaciones. 


PLINIO, Historia Natural XXV 12 


350 


«La que los pastores llaman con el nombre de hippomanés.» 
Sabe que se lee en Hesíodo que existe cierta hierba llamada 
«hippomanés», esto es híppou manía (locura de caballo), pues 
si la comen Jos caballos son sacudidos por un golpe de furia. 


SERVIO, Virgilio, Geórgicas 11I 280 


351 


El Sol escogió a Leucótoe, nacida de Eurínome y Órcamo, 
señor de Aquemenia, estirpe de Belo, prefiriéndola a Clímene, 
a Rodo, la madre de Circe, y a Clitia, por cuyas bellezas antes 
había tenido solícito el ánimo. Y deseando, como en las ya 
mencionadas, aplacar su deseo, se convirtió en la figura de 
Eurínome, madre de la muchacha, y deshonró a la doncella cau- 
tivada por el engaño. Clitia, de la que todavía no se había 
saciado el Sol, encendida por el adulterio de éste, lo hizo saber 
al padre de la muchacha. El padre la había enterrado, pero el 
adúltero, mostrando misericordia por el acto cometido, sacada 
la tierra en que había sido enterrada, se enorgulleció de atar 
en lugar de aquélla una vara teñida que fuese muy grata a los 
dioses y a los hombres y que se llama incienso. Esto lo hace 
saber Hestodo. 

LACTANCIO, Narrationes 1V 5 


362 FRAGMENTOS 


352 


Pan, divirtiéndose frecuentemente con la flauta en el Tmolo, 
monte de Lidia, arrastrado por la gloria de las agrestes ninfas, 
retó a Apolo a una competición. Así, pues, siendo juez Tmolo, a 
quien pertenecía el monte, como la victoria hubiese sido adjudi- 
cada a Apolo, causó desagrado al ya mencionado rey Midas 
que estaba sentado junto al sol. Por este motivo, por esta 
misma estupidez que también anteriormente había cometido por 
voluntad del padre Líbero, el dios Apolo, airado, convierte sus 
orejas en orejas de asno, de modo que jamás hubiese quienes 
emitiesen juicio sobre este asunto. Sin embargo, se dice que 
este Midas era hijo de la Gran Madre, pues así concuerda Ovi- 
dio con Hesíodo. 

LactrANcIio, Narrationes XI 4 


353 


Memnón, hijo de Titono y de Aurora, mientras llevaba auxi- 
lio a Príamo, es matado por Aquiles. Así, pues, la madre, en 
pago del asiduo oficio de traer la luz del día, con súplicas con- 
sigue de Júpiter que, una vez reducida a cenizas su pira por 
el fuego del sol, sus hermanas sean convertidas en aves con el 
nombre de Memnónidas. Éstas, cuando en recuerdo de la guerra 
acuden cada año al sepulcro, luchando entre sí aplacan a los 
manes de éste con su propia sangre, y su propia madre, en las 
horas matinales, convierte las lágrimas en rocío por añoranza 
de su hijo Memnón. Sin embargo, según quiere Hesíodo, un tío 
paterno suyo erigió este monumento en Frigia. 


LACTANCIO, Narrationes X1II 3 


354 


Excitada por la seducción de Calisto, Juno la convirtió en 
osa. Ésta es colocada por Júpiter entre las estrellas en compa- 
ñía de Arcas, el hijo que había dado a luz. Es llamada Hélice 


FRAGMENTOS DUDOSOS 363 


por los griegos, Septentrión por los nuestros y, según hace ver 
el poeta Hesíodo, a causa de la ira de Juno, Tetis y Océano no 
la mojan como a las demás estrellas. 

LACTANCIO, Narrationes 11 56 


335 


Es maravilla de dónde, pero en otro tiempo los alados tuvieron 
este honor: o el fundador de la estancia suprema así se lo dio 
cuando cubría el caos fundido en las nuevas semillas; o bien 
porque fueron transformadas y, separados sus cuerpos de nues- 
tro origen, entraron en el mundo de los que saben, o bien que 
un cielo más puro y una lejana y rara prohibición de permane- 
cer en tierra enseñan cosas verdaderas. 

Esracio, Tebaida 482 y ss. 


Ha de dar el motivo de que haya sido concedido a las aves 
el predecir hechos futuros. Lo que Virgilio explica como si fue- 
se un filósofo epicúreo, éste lo explica como si fuese un plató- 
nico. La primera opinión procede de Hesíodo: que predicen 
hechos futuros porque el supremo fundador del mundo, al con- 
figurar el caos a modo de semillas, les concedió este poder. 


Escolio a Estacio, Tebaida, 482 


356 


Hesíodo, Hecateo, Helánico, Acusilao, además de EÉforo y Ni- 
colao, cuentan que los antiguos vivieron mil años. 


JoseEFO, Antigiiedades judías 1 108 


357 


Filócoro dice que los rapsodos se llaman así porque compo- 
nen y cosen el canto. Lo demuestra Hesítodo cuando dice: 

«Entonces, por vez primera, Homero y yo, aedos, en 
Delos celebramos a Febo Apolo de la espada de oro, al 


que Leto diera a luz.» 
Escolio a Píndaro, Nemeas 11 1 


364 FRAGMENTOS 


358 


Sobre Helena, Hesíodo fue el primero que introdujo el fan. 
tasma. 
Paráfrasis a Licofrón, 822 


359 


El trigo importado para mí de Egipto lo di a la ciudad, exi- 
giendo no por diez medidas, sino por quince, tanto dinero como 
antes por diez. Y si eran ésas las medidas que por el dinero 
teníamos en verano, ¿qué cabría esperar en la estación en que 
dice el poeta Beocio que se hace difícil el hambre (...)? ¿Acaso 
no cinco apenas y con dificultad, y más con un invierno tan 
imponente como el que se presentó? 

JULIANO, Misopogon 369 b 


360 


Hesíodo dice que estas Hespérides, Egle, Eritea y Hesperetusa, 
hijas de la Noche, tenían manzanas de oro al otro lado del 
Océano. 

SERVIO, Virgilio, Eneida 1V 484 


Las Hespérides son unas ninfas de los pastores así llamadas, 
que guardan las llamadas manzanas de oro. «Eritea y Hespere- 
tusa de ojos de vaca», como dice Apolonio de Rodas. 


Escolio a Clemente de Alejandría, Protréptico 
302, Y 


361 


Ni ha de ser cantado por ellos que 


«ablandan a los dioses las ofrendas, seducen las ofren- 


das a los venerables reyes». 
PLATÓN, República 111 39 e 


FRAGMENTOS DUDOSOS 365 


«Ofrendas... reyes». Creen unos que el verso es de Hesíodo, 
pero también ha sido utilizado en el libro tercero de la Repú- 
blica de Platón. 

Suda 1 135, 12 


362 


En todo caso, Hesíodo dice así sobre el día séptimo: «En 
primer lugar, el uno, el cuatro y el séptimo son días sagrados», 
y de nuevo: 

«Y otra vez, el día séptimo, la fúlgida luz del sol.» 


CLEMENTE DE ALEJANDRÍA, Stromateis V 
14, 107, 2 


363 


Febo... pero phoibon era antiguamente lo puro, como también 
Heliodoro: 
«Vertiendo agua pura, a manera de un brazo de mar, 


en las corrientes del Océano.» 
APOLONIO SorFIsTA, 164, 14 


363 a 


Según cuenta el que compuso las Grandes Eeas, antaño Per- 
seo entregó a la misma (a Atenea) la cabeza de la Gorgona. 


FILODEMO, De pietate VIII 107 


FRAGMENTOS ESPUÚREOS 


364 


Y las aves de uñas encorvadas, como se ha dicho anterior- 
mente, por decirlo de una vez, no beben en absoluto. Pero He- 
síodo lo desconoce, pues, en la descripción relativa al asedio 
de Nínive, ha representado bebiendo al águila que presidía la 
adivinación. 

ARISTÓTELES, Historia de los animales 
601: 31 


365 


Pues hay algunos —sobre todo los contemporáneos de Hesío- 
do y, después, también los primeros investigadores de la natu- 
raleza— que dicen que ninguna cosa carece de nacimiento, sino 
que todas nacen y que, ya nacidas, unas cosas permanecen 
incorruptibles mientras que otras se corrompen. 


ARISTÓTELES, Del cielo 298% 25-29 


366 


Y que con seguridad fue el primero (Pitágoras) que llamó 
cosmos al cielo y redonda a la tierra, pero según Teofrasto 
fue Parménides y según Zenón, Hesíodo. 


DIÓGENES LaAErcIO, VIM 48 


FRAGMENTOS ESPÚREOS 367 


367 


Mas en verdad a las dañinas tarántulas, y con ellas a los fu- 
nestos reptiles, a las víboras y a las infinitas plagas de la 
tierra, las dicen nacidas de sangre de Titanes, si es que Hesíodo 
de Ascra dijo la verdad en las riberas del recóndito Melisente, 
junto a las aguas del Permeso. 

NICANDRO, Theriaca 8 y ss. 


Ha de saberse que Nicandro no dice la verdad aquí, pues en 
ningún pasaje dijo (Hesíodo) esto en las obras conservadas... 
En Hesíodo no es posible encontrar, al menos sobre el naci- 
miento de los animales que pican, que proceden de la sangre 
de Titanes. En cambio, Acusilao afirma que todos los animales 
que pican nacieron de la sangre de Tifón. 


Escolio a Nicandro, Theriaca 11 


368 


Y la anteriormente llamada Artemita, una de las islas Equí- 
nodas, se ha convertido en tierra firme. Dicen que también otras 
islitas en torno al Aqueloo han sufrido el mismo accidente a 
consecuencia del rellenamiento del mar por parte del río. Están 
unidas también las restantes, según dice Hesíodo. 


ESTRABÓN, 1 3, 18 


369 


Es más, también dio a conocer el cultivo del campo y sus 
leyes, la milicia de la tierra, por qué Baco amaba las monta- 
ñas, por qué la fecunda Ceres los campos, por qué Palas las 
unas y los otros; y por qué las frutas errantes tenían arbustos 
adúlteros; y los dioses de los bosques, los númenes sagrados, 
las ninfas. 

MANILIO0, IT 19 y ss. 


10 


368 FRAGMENTOS 


370 


Y es que la caña de asfódelo asada es comestible y la semilla 
tostada, pero sobre todo la raíz machacada con higos, y tiene 
muchísimas ventajas según Hesíodo. 


TEOFRASTO, Historia de las plantas VII 13,3 


El asfódelo se come una vez tostados la semilla y el bulbo; 
pero tostado éste a la brasa, tras añadir después sal y aceite 
además de ser machacado con higos, se come con especial placer, 
según opina Hesfodo. 

PLinI0, Historia Natural XX1 108 


371 


Hesíodo aconseja tomar bebidas puras durante veinte días 
antes de la salida del Can y durante otros tamtos después. 


PLINI0, Historia Natural XXITI 43 


372 


Eutidemo de Atenas, amigos, en el Sobre salazones, afirma que 
Hesíodo ha compuesto los siguientes hexámetros acerca de to- 
dos los pescados sometidos a salazón: 

«En el principio era el esturión, con su boca de doble 
filo (?), al que «mandíbula» llamaron los harapientos 
pescadores que con el Bósforo lleno de pescado salado 
se solazan y que, tras cortar las colas, fabrican paste- 
les cuadrados. Sí, lo aseguro, no carece de fama entre 
los mortales la familia del oxirrinco, que, cortado o tro- 
ceado, los alejandrinos mimaron. Madre es Bizancio de 
atunes en sazón y de caballas y de escombros y del bien 
cebado pez espada (?). También la pequeña ciudad de 
Pario fue ilustre nodriza de bonitos. Y transportándolas 
a través de las olas del mar Jónico, desde Gadira o 
desde la noble Tarento, un hombre del Abruzo o de 


FRAGMENTOS ESPÚREOS 369 


Campania traerá cuñas de tonina que, en orzas apila- 
das, alternativamente acompañan los inicios del ban- 
quete.» 

Estos hexámetros me parecen ser más de un cocinero que 
del muy inspirado Hesíodo. Pues, ¿de dónde puede conocer 
Pario o Bizancio, Tarento, los Abruzos y Campania, si es ante- 
rior a ellas en muchos años? Así, pues, me parece que los 


versos son del propio Eutidemo. 
ATENEO, III 116 a-d 


373 


Hay que pensar que se oye a Hesíodo decir lo que sigue..., 
pues 
«el plan malvado —dice— perjudica muchísimo al que 
lo planeó», 


y 
«el que para otro males fabrica, un mal para su híga- 


do fabrica». 
PLUTARCO, Moralia 553 f 


Si alguien trama intrigas contra el vecino, que mire a Tisbe 
y a la espada de Tíamis hundida en sus intestinos y a Cíbele 
mezclando el veneno contra sí misma y a la cumplida profecía 
de Hesíodo: 


«el que un mal para otro fabrica, un mal para su hí- 


gado fabrica». 
FiLipo FiLósorO, Comentario a Cariclea 385 


374 


Pero la Virtud, según Hesíodo, habita muy lejos y la senda 
hacia ella es larga, empinada y abrupta... Ahora comenzamos 
ya, oh Licino. Pero ese mismo Hesíodo decía que el comienzo 
era mitad del todo, de modo que si decimos que tú ya estás a 
mitad de subida no podemos equivocarnos. 


Luciano, Hermótimo 2-3 


OBRAS Y FRAGMENTOS, 24 


370 FRAGMENTOS 


375 


Junto al tejado de este pórtico hay unas estatuas de tierra 
cocida, Teseo arrojando al mar a Escirón y Luz llevándose a Cé.- 
falo. Dicen que éste era muy hermoso y que fue raptado por 
Luz, que estaba enamorada de él; que tuvo un hijo, Faetonte, 
al que después raptó Afrodita e hizo guardián de su templo. 
Esto, entre otros, lo ha contado Hesíodo, en los poemas dedica- 
dos a las mujeres. 


PAUSANIAS, 1 3, 1 


316 


Sin embargo, después de tantos sacrificios y de tantas malas 
acciones, los atenienses establecen como dioses a Céleo y Me- 
tanira, los lacedemonios a Menelao..., los samios a Lisandro; 
Alcmán y Hesíodo a Medea (o a Níobe los cilicios). 


ATENÁGORAS, Supplicatio pro Christianis 14 


377 


Y Hesíodo llorando el nacimiento de los hombres se alegra 
de su muerte. 


JERÓNIMO, Epístolas 60 


378 


En segundo lugar, comenzaremos por el imposible, mostran- 
do que, como dice el tratadista, el asunto resulta ser imposible 
o por no haber llegado a producirse en absoluto o porque los 
acontecimientos narrados no ocurren en idéntico período de 
tiempo como es el caso de los que dicen que Heracles mató 
a Busiris, pues, según Hesíodo, Busiris es once generaciones más 
antiguo que Heracles. 


TEÓN, Progymnasmata 6 


FRAGMENTOS ESPÚREOS 371 


379 


Salve, anciano de Ascra, al que a las Musas agradó llamar 
pastor no ya de corderos, sino de hombres. 

Salve, Helicón, que un hombre tal alimentaste; salve, sutiles 
discursos de las musitantes bocas de Hesíodo. 


ProcLo, Prolegómenos a Hesíodo, Trabajos p. 4, 7 


380 


Circumcirca. Y se utiliza esta palabra cuando queremos decir 

«de uno y otro lado», «alrededor», como Hesíodo: 
«De uno y otro lado, alrededor de la violácea fuente.» 
PRISCIANO, 14, 34 


381 


Manchado se dice «pritos» en lengua panfilia, como, por ejem- 
plo, escribe Hesíodo en un poema bucólico cuando dice: 
«Manchado con las sanguinolentas gotas de rocío de 


las uvas bien pisadas.» 
FULGENCIO, 3, 1 


382 


Habiendo nacido de la tierra todos los seres y resultando 
ser ella madre de las más diversas cosas, Prometeo, el hijo de 
Jápeto, como el propio Hesíodo manifiesta, formó la raza hu- 
mana de tierra a la que Minerva infundió vida. 


LAcTANCcIO, Narrationes 1 1 


383 


«Lúgubre»: difícil de soportar, no húmedo, como Hesíodo. 
Pues, ¿qué significa en «y estaremos lúgubres»? 


Escolio a Homero, Ilíada XXI 281 


372 FRAGMENTOS 


384 


El poeta dice también que era mejor que su padre, cosa rara 
según Hesíodo, que dice: 


«Y pocos son superiores a su padre.» 
EusTacio, A Homero, 124, 37 


Y no es novedad que un hijo de un padre noble viole aquí 
las leyes de hospitalidad, pues pocos hijos se parecen a sus 
padres, la mayoría son peores —dice Hesíodo. 


EustTaci0, A Homero, 447, 26 


385 


Sacrifican ovejas a las fuentes porque son las que dan origen 
al río entero y además son honorables por su lenguaje sobe- 
rano según lo da a entender Hesíodo. 


EustTacio, A Homero, 1293, 25 


386 


Transgredir, y su derivado transgresión, de la que también hay 
un ejemplo en Hesíodo: 


«Y dolorosas trasgresiones.» 
Eustacio, A Homero, 1318, 7 


387 


Clímene, hija de Ifis o de Minias, bajo los impulsos de Fílaco, 
hijo de Deyoneo, da a luz un hijo de rápidos pies, Ificlo. Dicen 
que éste, por la excelencia de sus pies, competía con los vien- 
tos, corría sobre la cresta de los asfódelos y mo los quebraba. 
Pero Hesíodo dice que con anterioridad se mezcló con Helio y 
dio a luz a Faetonte. 

EusTacio, A Homero, 1688, 65 


FRAGMENTOS ESPÚREOS 373 


388 


«Y al terrigeno habitante de las grutas de Cilicia», porque ha- 
bitó en Cilicia, pero sufrió el castigo en Sicilia. Hesíodo: 


«Al que en otro tiempo alimentó la muy nombrada 
gruta de Cilicia.» 
Escolio a Esquilo, Prometeo 367 


389 


«Mirame, que soy rey de la tierra de pecho profundo y un 
Acmónida que en todas partes tiene asiento.» 

Hesíodo llama Acmónida a Urano. Gea dio a luz a Acmón y 
de Acmón nació Urano. 


Escolio a Simias, Alas 1 (= Antología Palatina XV 24) 


390 


«En el carro de su padre... llevó a Circe al interior de la 
tierra en que se pone el sol.» 

a) Apolonio sigue a los que suponen que la desviación de 
Odiseo fue a través del mar Tirreno. El principal de estos au- 
tores es Hesíodo cuando dice que Circe habita en el menciona- 
do mar. 

b) Circe vivió en las proximidades de Italia, por lo que el 
monte Circeo, que de ella deriva su nombre, es abundante en 
fármacos. Apolonio, siguiendo a Hesíodo, dice que Circe llegó, 
en el carro de Helios, a la isla situada frente a Tirrenia. 


Escolio a Apolonio de Rodas, 111 309-13 


391 


«Y llegaron a la llanura sagrada en que Ladón continuaba 
derramando manzanas de oro al atardecer.» 

Pisandro sostiene que la serpiente había nacido de la tierra. 
Hesíodo, en cambio, dice que de Tifón. 


Escolio a Apolonio de Rodas, IV 1396 


374 FRAGMENTOS 


392 


Y el todo se revuelve en derredor de sí mismo todos los 
días, a todas horas, conforme a lo que también dice el de Ascra: 


«Esférico, circular, que goza con su estabilidad ro- 
tatoria.» 
Comentario a Arato, 97, 25 


393 


Hesíodo: 
«Y se solazaba con su pequeña copa.» 
Escolio a Teócrito, 1 27 


394 123 


Y muchas cosas dijo sobre esta cuestión el sabio 'Ns'ros. 
Cuando surge la constelación de las Kori (Pléyades), comienzan 
los hombres la mies. Cuando se pone, comienzan a arar y a la- 
brar la tierra. Dijo además que la constelación de las nori (Plé- 
yades) está oculta cuarenta días y cuarenta noches. Luego, apa- 
rece de noche... por lo que no se ve durante bastante tiempo 
ni es apreciada durante muchas noches después de estas cua- 
renta, según dijo el sabio y docto 'Ns'rós. Dijo también que no 
hay ninguna estrella de esta índole excepto una, la que se llama 
somr '! pdkd (Arturo)... Pero todos los hombres famosos poste- 
riores a Hipócrates están de acuerdo en que la primavera es el 
equinoccio que sigue al invierno, que el orto de la constelación 
Kimah (las Pléyades) es el comienzo del verano, que el orto del 
Can es el comienzo del otoño. 'Si'osds, que estaba versado en 
otras materias, dijo también esto, que el orto de la constelación 


1% Un detenido estudio de este fragmento lo proporciona 
G. TORRESIN, «Die astronomische Digression des Kommentars 
Galens zu Peri aérón hydátón tópón und ein angebliches Frag- 
ment der “hesiodischen' Astronomie», Classica et Mediaevalia 24 
(1963), 58-78. 


FRAGMENTOS ESPÚREOS 375 


Kimah es el comienzo del verano, que su ocaso es el comienzo 
del invierno. Y también el poeta Homero dijo que esta es- 
trella que se llama Can (se trata en realidad de Sirio) surge 
con orto resplandeciente por la estación de los frutos. 
GALENO, Hipócrates, Sobre los aires 
VI 202 


395 


«Tú, Perseeo, en asamblea aparte, reúne a los justos del Eliseo 
y que el sombrío Arcade los conduzca con su potente vara.» 

Ruega a Mercurio y a Líbero que convoquen a las almas de 
los justos. Existe una explicación de por qué dice «Perseeo». 
En efecto, algunos pretenden que Mercurio no es hijo de Jú- 
piter, sino de Proserpina, opinión en la que también se mueve 
Hesíodo en los libros que escribió sobre el origen de los dioses. 


Algunos escriben «Perseida». 
Escolio a Estacio, Tebaida IV 481 


396 


Argeíé: Peloponesia. Pero Hesfodo, «blanca». 
HESIQUIO, S. ?. 


397 


Amphoudis: alrededor del suelo. Hesíodo, arrojando con las 


dos manos al suelo. 
HESIQUIO, Ss. Y. 


398 


Lakídes (desgarrones): del desgarrón de su manto, por crujir 
(lakein) y sonar suavemente al ser desgarrado. Así Aristónico en 
las Notas sobre Hesíodo. 

ORIÓN, 96, 27 


376 FRAGMENTOS 


399 


Komid? (retirada): la acción de ponerse a salvo. Heródoto. 
Dícese también la acción de llegar, el retorno. Polibio: «se abs- 
tuvo de la retirada hacia adelante y del ataque global». 


Suda 111 150, 6 


400 


Brotós (mortal), según Evémero de Mesenia, es un derivado 
de Broto, un autóctono; según Hesíodo, de Broto, el hijo de 
Éter y de Hémera. 

Etymologicum Magnum, s. v., 215, 37 


401 


El hogar (hestía) significa también la casa: «y hogar del 
irreprochable Odiseo». Y anéstios es «el que no tiene casa» 
(ánoikos) en Hesíodo y la diosa de forma corpórea es Hestia: 

«Hestia, Deméter y Hera de sandalias de oro.» 

PSEUDO AMONIO, 113, 28 


Los jonios y los dorios dicen histió (dar hospitalidad) y histía 
(hogar), con ¿. Ambas formas se encuentran en el poeta: «y 
hogar (histíe) de Odiseo» y, con e, en anéstios, el que no tiene 
casa; y en Hesíodo se encuentra «el que no tiene casa» (ánoi- 
kos) y la diosa de forma corpórea: 

«Histia, Deméter y Hera de sandalias de oro.» 


Etymologicum Magnum, s. v. hestía, 382, 42 


402 


Látax: De acuerdo con el la intensivo y stádsó (gotear), stáx 
(gota), también látax es la gota grande. Hesíodo. 


Etymologicum Magnum, s. v., 557, 55 


FRAGMENTOS ESPÚREOS 377 


403 


Muchas formas carecen de preposiciones como «utrémo se» 
(te temo) en lugar de dia sé (por tu culpa). Hesíodo: 


«amargos dolores teniendo», 
«ékhousai» en lugar de «epékhousai» (albergando). 
Etymologicum Magnum, s. v. tó, 7113, 22 


404 


Febo Apolo... o, como matronímico, nacido de Febe, según 
Hesíodo. 
Etymologicum Magnum, s. v. Phoibos, 796, 57 


405 


Otros dicen que Isis, que había venido desde Egipto y llo- 
raba a Osiris, depositó allí la diadema de su cabeza, una dia- 
dema hecha de fibras de papiro, de papiro que crece en el 
Nilo. Hesíodo en el Escudo, por ejemplo: 


«La costera Biblos y la florida Sidón.» 
Etymologicum Genuinum s. v. Byblos 


406 


Hesíodo: 
«viento que hace rodar las llamas». 
Etymologicum Genuinum, s. v. eilyphádso 


407 


Hárkys (red). 
...y es tupida. Sale de heírgo (impido) con cambio del dip- 
tongo en 4. 
Etymologicum Gudianum, s. v. 


SOBRE EL ORIGEN DE HOMERO 
Y HESÍODO Y EL CERTAMEN 
DE ÉSTOS 


INTRODUCCIÓN 


Importancia, fuentes y autor del «Certamen» 


El Certamen de Homero y Hesíodo nos ha llegado 
en un manuscrito anónimo de Florencia. La noticia que 
en él se da sobre la consulta de Adriano a la Pitia hace 
suponer que la redacción actual corresponde a la mi- 
tad del siglo 11 d. C. Sin embargo, lo más probable es 
que se trate de una composición del siglo v-Iv a. C. a 
la que se han ido añadiendo interpolaciones hasta el 
siglo 11 d. C. 

En efecto, un papiro del siglo 111 a. C.! nos muestra 
unas líneas del Certamen y el papiro Michigan 2754? 
coincide con el final del tratado aunque supone una 
transición a otra sección. De otra parte, Teognis y Aris- 
tófanes * reproducen versos que encontramos en el Cer- 
tamen y Tucídides conoce los detalles que se nos dan 
sobre la muerte de Hesíodo: «Demóstenes hizo noche 
con su ejército en el templo de Zeus Nemeo, en el que 
se cuenta que murió a manos de los naturales del país 


1 Papiro Flinders Petrie XXV, Dublín, 1891. 

2 Encontrado en las excavaciones de Karanis, data del s. 11- 
111 d. C. En él encontramos la anotación De Alcidamante sobre 
Homero. 

3 TeEocnis, 1 425, 427 = Cerf. 78-9, y ARISTÓFANES, Paz 1282-3 = 
Cert. 107-8. 


384 SOBRE EL ORIGEN DE HOMERO Y HESÍODO 


el poeta Hesíodo, al que le había anunciado el oráculo 
que correría esta suerte en Nemea»*. También Herá.- 
clito 3 se refiere a la muerte de Homero como una his- 
toria conocida. 

Esto evidencia un gran interés por detalles de la vida 
de ambos poetas a lo largo del siglo v a. C. y probable- 
mente también durante el vi. En el caso de Homero 
este interés venía favorecido sin duda por la existencia 
de un círculo de rapsodos, los Homéridas, que inven- 
taban y extendían noticias sobre el poeta. En el caso 
de Hesíodo ya él mismo nos ofrece datos autobiográ- 
ficos como la procedencia de su padre, su residencia 
en Ascra y la participación en los funerales de Anfida- 
mante con la consiguiente victoria. 

Precisamente este dato es el que motivó el nacimiento 
del Certamen aunque Plutarco pensara erróneamente 
lo contrario t: que la victoria ficticia de Hesíodo sobre 
Homero había determinado la inclusión de estos versos 
en los Trabajos. Pues bien, la simple lectura del Cer- 
tamen demuestra que si su autor concede la victoria a 
Hesíodo es porque depende de la noticia incluida por 
aquél en los Trabajos, ya que el tono general de la obra 
es abiertamente favorable a Homero y no a Hesíodo que 
se presenta siempre contrariado por el acierto de sus 
respuestas. 

¿Quién fue entonces este autor? Hoy día, sobre todo 
después de la aparición del papiro Michigan 2754, la 
investigación se inclina a confirmar la hipótesis de 
Nietzsche que atribuía la redacción primitiva a Alcida- 
mante”. Alcidamante, citado en la versión actual y a 


4 Tuctoines, 111 96 (trad. Adrados). 

5 Fr. 56 DIELS-KRANZ. 

6 Cf. F. H. SANDBACH, Plutarchus Moralia, 7, Leipzig, 1967, 
fr. 84. 

7 Cf. A. MOMIGLIANO, The Development of Greek Biography, 
Cambridge, 1971, págs. 26-7 (con bibliografía). 


INTRODUCCIÓN 385 


quien Estobeo atribuye los versos 78-9, fue un retórico 
y sofista de comienzos del Iv a. C., discípulo de Gor- 
gias y autor de una obra titulada Museo, donde trataba 
sobre los asesinos de Hesíodo. La aparición del papiro 
citado favorece la tesis de que el Certamen estuviera 
incluido en esta obra. 

En todo caso, Alcidamante lo que hace es recoger una 
tradición que circulaba por Grecia durante el siglo v 
antes de Cristo y que nos ofrece los primeros balbu- 
ceos de literatura biográfica: interés por la genealogía, 
recursos retóricos, oráculos, epigramas y citas poéti- 
cas, forman el conjunto que se hace eco de la dualidad 
entre poesía guerrera y heroica y poesía popular y cam- 
pesina —símbolo de la paz— con triunfo de esta úl- 
tima. ¿Está aquí lo original de Alcidamante? Se dice 
que hay que referir esta solución a «los sentimientos 
humanitarios de Alcidamante que simpatizaba con los 
mesenios frente a los espartanos y defendía que no hay 
distinción natural entre hombres libres y esclavos» É, 
Pero lo que sí parece originalidad del sofista son las 
anfibologías de Hesíodo hábilmente contestadas por 
Homero. En efecto, sabemos que uno de los rasgos por 
los que Alcidamante se caracterizaba es su énfasis en 
la improvisación frente al mayor interés por la habili- 
dad dialéctica y cuidado del lenguaje de Isócrates?. 


Esquema del «Certamen» 


1. Orígenes de Homero y Hesíodo: 1-53: Origen de Hesíodo 
(1-6). Patria de Homero (7-17). Padres de Homero (18-27). 


* Idem, pág. 27. 

9 Cf. A. LeskY, Geschichte der Griechischen Literatur = His- 
toria de la Literatura Griega [trad. J. M.* Díaz REGAÑÓN, BEATRIZ 
ROMERO], Madrid, 1968, pág. 116. 


OBRAS Y FRAGMENTOS, 25 


386 SOBRE EL ORIGEN DE HOMERO Y HESÍODO 


Nombre de Homero (27-32). Oráculo de la Pitia a Adriano 
(32.43). Relación de Homero y Hesíodo y genealogía (44-53). 
Certamen de Calcis: 54-214: Encuentro en AÁulide y oráculo 
de la Pitia a Homero (54-62). Convocatoria del certamen (63- 
72). Preguntas de Hesíodo (72-94). Aporía (94-101). Anfibo- 
logías (102-37). Otras preguntas (138-75). Recitaciones finales 
(176-204). Victoria de Hesiodo (205-14). 

Muerte de Hestiodo: 215-54: Oráculo sobre su muerte (215-23). 
Muerte (224-32). Aparición del cadáver (2326). Suerte de sus 
asesinos (237-47). Traslado a Orcómeno y epigrama (247-53). 
Actividad poética de Homero: 254-321: Obras poéticas (254- 
76). Viajes (276-321). 

. Muerte de Homero: 321-38: Cumplimiento del oráculo (321-32). 


Muerte (332.5). Epigrama (336-8). 


Nuestra traducción 


Seguimos básicamente la edición de T. W. Allen, Ho- 
meri Opera V, Oxford 1912 (8.2 reed. correg. 1969) con 
alguna variante de A. Westermann, Biographi Graeci 
Mtinores, Amsterdam 1964 (= 1845), y H. G. Evelyn- 
White, Hesiod. The Homeric Hyms and Homerica 12.. 
repr. 1974 (= 1914). 


Línea 


112 
115 


116 


19 


251 
326 


Lectura de Allen 


lotoiv Av 

punto alto tras yn- 
mp 

cópa tó y” ¿omel- 


pavTto 
coma tras qalvovtal 


yñi Mivvac 
árn” ”Apxadlnc 


Lectura nuestra 


iodc odAwv EVELYN-WHITE 
sin pausa tras untíip: WESTER- 
MANN 
oGua tóte onelpavrte Wes- 
TERMANN 
sin coma SOLMSEN 
(Trab. 387) 
yh Mivuáóv WESTERMANN 
Gypne GAlnc EVvELYN-WHITE 


CERTAMEN 


De Homero y Hesíodo, los poetas 

Patria más divinos, todos los hombres se pre- 

de Homero cian en decir que eran conciudadanos 

y Hestodo suyos. Ahora bien, Hesíodo al darnos 

el nombre de su patria eliminó toda 

polémica diciendo que su padre «se estableció cerca 

del Helicón en una mísera aldea, Ascra, mala en in- 
vierno, irresistible en verano y nunca buena»!. 

De Homero en cambio, casi todas las ciudades y sus 
colonias aseguran que ha nacido entre ellos. 

Primero los de Esmirna? afirman que era hijo de 
Meles, el río de su tierra, y de la ninfa Creteida?, y que 
al principio se llamaba Melesígenes, pero luego, al que- 
darse ciego, recibió el nombre de Homero, debido a la 
denominación corriente entre ellos para esta clase de 
personas. Por su parte los de Quíos* aportan pruebas 
en el sentido de que era conciudadano suyo y que so- 
breviven entre ellos algunos de su familia llamados 


' Trab. 63940. 

2 Ciudad de la costa lidia de Asia Menor a orillas del río 
Meles. 

3 Según una versión era hija de Apeles, un habitante de Cime 
y se casó con Femio de Esmirna. Un día que lavaba la ropa 
junto al río Meles, nació Homero, de donde el nombre Melesí- 
genes = «nacido en el Meles». 

* Una de las islas mayores de Jonia. 


10 


15 


388 SOBRE EL ORIGEN DE HOMERO Y HESÍODO 


Homéridas *. También los de Colofón muestran un sitio 
donde, según ellos, aquél, siendo maestro de gramá- 
tica, se inició en la poesía y compuso en primer lugar 
el Margites. 

Sobre sus padres hay igualmente 


Pedi gran desacuerdo entre todos. Pues 


20 de Homero  MHelánico y Cleantes* citan a Meón, 


25 


30 


35 


Eugeón a Meles, Calicles a Dmaságo- 

ras, Demócrito de Trecén al comercian- 

te Daemón, unos cuantos a Tamiras, los egipcios al 

escriba sagrado Mnémaco y hay quienes a Telémaco el 

de Odiseo. En cuanto a su madre, unos a Metis, otros 

a Creteida, otros a Temista, otros a Hirneto, unos cuan- 

tos a una itacense vendida por fenicios, otros a Calíope 

la Musa y algunos a Policasta la de Néstor. 

Se llamaba Meles, pero según sostie- 

N nen algunos Melesígenes y según otros 
ombre ' sos 

de Homero  Altes. Algunos afirman que recibió el 

nombre de Homero porque su padre 

fue entregado como rehén” por los chi- 

priotas a los persas y otros debido a la pérdida de la 
vista; pues entre los eolios así se llaman los ciegos. 

Vamos a exponer ahora lo que he- 

Consulta mos oído sobre la respuesta de la Pi- 

de Adriano tia al muy divino emperador Adriano $ 

sobre Homero  ¿n relación con Homero. Al pregun- 

tarle el soberano de dónde procedía 

Homero y de quién era hijo, respondió en hexámetros 


de esta forma: 


5 Sociedad de rapsodas que hacían remontar su linaje a Ho- 
mero y estaban especializados en cantar sus poemas y detalles 
de su vida. Tenemos noticias de ellos en Píndaro, Platón e 
Isócrates. 

* Helánico de Lesbos, historiador de hacia el 400 a. C., y 
Cleantes de Assos, estoico del Iv-111 a. C. 

7 Hómeéros. 

* Adriano estuvo en Grecia el año 125 d. C., tras un viaje 


CERTAMEN 389 


«Me preguntas por la ascendencia y la tierra patria 
de una inmortal sirena?. Por su residencia es itacen- 
se, Telémaco es su padre y la Nestórea Epicasta su 
madre, la que le alumbró con mucho el varón más sa- 
bio de los mortales.» Palabras a las que debemos dar 
el mayor crédito tanto por el que preguntó como por 
la que respondió, especialmente si tenemos en cuenta 
que el poeta ha presentado con mucha grandeza a su 
abuelo '* en sus poemas. 

Unos cuantos aseguran que fue ma- 

Genealogía yor que Hesíodo y algunos que más 

de Hesíodo ¡joven y pariente suyo. Establecen la 

y Homero Siguiente genealogía: de Apolo y Toosa 

la de Poseidón dicen que nació Lino, 

de Lino Piero, de Piero y la ninfa Metona Eagro, de 
Eagro y Calíope Orfeo, de Orfeo Ortes, de él Harmó- 
nides, de él Filoterpes, de él Eufemo, de él Epífrades, 
de él Melanopo, de éste Dío y Apeles, de Dío'! y Pi- 
quimeda, la hija de Apolo, Hesíodo y Perses, de Perses 
Meón y de la hija de Meón y el río Meles Homero 2. 


por Asia Menor, y en el 120 cuando dedicó el Olimpeion de 
Atenas. 

2% Las Sirenas prometían amplios conocimientos a quienes las 
seguían y su melodioso canto atraía irremediablemente a los 
navegantes que lo escuchaban. De aquí que se llame sirena a 
Homero. 

12 Odiseo, de acuerdo con el oráculo. 

11 El origen de este nombre parece ser una errónea inter- 
pretación por parte de los biógrafos del adjetivo dion aplicado 
a Perses en Trab. 289: Pérse, dion génos. 

2 Todos los nombres que aquí se dan, o casi todos, están 
ligados a la poesía y la música. Entre ellos se cuentan legen- 
darios poetas, como Lino y Orfeo, que con su lira encantaba 
las fieras y plantas. Piero se considera en alguna leyenda como 
padre de las Musas (Piérides) y Eagro es el esposo de una de 
ellas. Filoterpes significa «amigo de la alegría», Eufemo «de 
bella voz» y Epífrades «cuidadoso» O «atento». 


40 


45 


JO 


55 


60 


65 


70 


75 


390 SOBRE EL ORIGEN DE HOMERO Y HESÍODO 


Algunos cuentan que eran de la mis- 


Encuentro ma edad de tal forma que coincidieron 
en Aulide compitiendo en Áulide de Beocia; pues 
y oráculo A 

a Homero Homero, después de componer el Mar- 


gites, andaba ciudad por ciudad como 
rapsodo y habiendo llegado a Delfos consultó sobre 
su patria cuál era y la pitia le dijo: 

«Es la isla los '* patria de tu madre, la que te reci- 
birá al morir; pero ten cuidado con el enigma de los 
jovencitos.» 

Al oírlo él trató de evitar el regreso a los y vivía 
en aquella región **. 

Por la misma época Ganíctor celebró 
el funeral de su padre el rey Anfida- 
Certamen E 
de Calcis mante de Eubea y convocó a los jue- 
gos a todos los varones que sobresalían 
tanto en fuerza y rapidez como en sa- 
biduría, recompensando con importantes premios. Así, 
pues, éstos, que se habían encontrado casualmente el 
uno con el otro según dicen, fueron a Calcis. Como 
jueces del certamen se sentaron algunos principales de 
Calcis y entre ellos Panedes, que era hermano del 
muerto. 
Y aunque ambos poetas compitie- 
ron admirablemente, dicen que venció 
Preguntas , ; 
de Hestodo MHÁHesíodo de esta forma: se adelantó 
hacia el centro e iba haciendo a Home- 
ro una pregunta tras otra y Homero 
le respondía. Dijo, pues, Hesíodo: 

«Hijo de Meles, Homero inspirado por los dioses, 
ea, dime ante todo: ¿qué es lo mejor para los mor- 
tales?» 

Homero: 


13 Isla de las Cícladas entre Naxos y Tera. 
14 En Grecia Central. 


CERTAMEN 391 


«Primero no nacer es lo mejor para los que habitan 
sobre la tierra; pero si no obstante se nació, traspasar 
cuanto antes las puertas de Hades.» 

Hesíodo de nuevo: 

«Bien, dime igualmente esto, Homero semejante a los 
dioses: ¿Qué es a tu juicio lo más hermoso que hay 
en el corazón de los mortales?» 

Aquél: 

«Siempre que la alegría reine por todo el pueblo y 
los comensales escuchen en palacio al aedo sentados en 
orden y a su lado rebosen las mesas de pan y carnes 
y el escanciador sacando el vino de la crátera lo lleve 
y vierta en las copas. Esto me parece lo más hermoso 
que hay en su corazón.» 

Dichas estas palabras, con tanto entusiasmo cuentan 
que fueron admirados los versos por los griegos que se 
les llamó de oro y aún hoy en las fiestas públicas antes 
del banquete y de las libaciones todo el mundo los so- 
licita. 

Hesíodo, disgustado por el buen día 
de Homero, se lanzó al planteamiento 
Aporía de aporías y dijo estos versos: 
«Ea Musa, sobre lo presente, lo fu- 
turo y lo pasado, nada de ello cantes; 
sino recuérdame un canto diferente.» 

Entonces Homero, con intención de resolver en se- 
guida la aporía, dijo: 

«Nunca en torno a la tumba de Zeus los corceles de 
resonante casco harán chocar sus carros compitiendo 
por la victoria» 5, 


15 Ya que Zeus es inmortal este canto no entra ni en lo pre- 
sente, ni en lo pasado, ni en lo futuro. 


80 


85 


90 


95 


100 


105 


110 


115 


120 


392 SOBRE EL ORIGEN DE HOMERO Y HESÍODO 


Y como también respondió con des- 
treza en este terreno, se lanzó Hesíodo 

Anfibologías a las frases ambiguas y, diciendo va- 

rios versos, pedía a Homero que res- 

pondiera convenientemente a cada uno. 
Así, pues, el primero es de Hesíodo y el siguiente de 
Homero, aunque a veces Hesíodo hace la pregunta con 
dos versos ?!*: 

«Luego se tomaron de comida carne de buey y los 
cuellos de los caballos... empapados de sudor dejaron 
libres una vez que se cansaron de lucha.» 

«Los frigios, los mejores de todos los hombres en 
naves... para tomar cena de piratas en la costa.» 

«Heracles soltó de sus hombros el curvo arco... con 
las manos habiendo arrojado sus flechas sobre las 
tribus de vigorosos gigantes.» 

«Este varón es hijo de varón noble y cobarde... ma- 
dre, pues la guerra es penosa para todas las mujeres.» 

«Y no por cierto se unió tu padre y tu venerable ma- 
dre... tu cuerpo engendrando entonces los dos por me- 
diación de la dorada Afrodita.» 

«Luego que fue poseída en matrimonio la asaeteadora 
Ártemis ”... mató a Calisto '* con su arco de plata.» 

«Así aquéllos comieron durante todo el día sin nada... 
traído de casa, sino que les surtió el soberano de hom- 
bres Agamenón.» 


l6 En la traducción de estos versos procuramos mantener 
rigurosamente la literalidad siempre que así lo exija la ambi- 
giiedad de su contenido. Si en algún caso Hesíodo pregunta con 
varios versos traducimos éstos seguidos sin separación de líneas. 

17 Artemis es la diosa virgen por excelencia; de aquí la ambi- 
giedad. 

18 Ninfa del cortejo de Ártemis; seducida por Zeus, le dio 
muerte la diosa por haber perdido su virginidad. 


CERTAMEN 393 


«Celebrado el banquete, en la encendida ceniza re- 
unieron los blancos huesos de Zeus, muerto?”... su 
magnánimo hijo, el divinal Sarpedón» ?, 

«Pero nosotros por la llanura del Simunte así asen- 
tados, andemos desde las naves el camino teniendo ?! 
en nuestros hombros... cortantes espadas y venablos 
de largo cubo.» 

«Ya entonces los más bravos jóvenes con sus ma- 
nos, del mar... alegres y con entusiasmo, sacaron la 
nave que navega rápida.» 

«A Cólquide”Y llegaron luego, y al rey Eetes 3... 
rehuían puesto que le sabían inhospitalario e impío.» 

«Luego que libaron y bebieron el oleaje del mar... se 
disponían a cruzar sobre sus naves de buenos bancos.» 

«El Atrida deseaba profundamente para todos ellos 
que perecieran... 

Jamás en el ponto, y tomando la palabra dijo: 

Comed, extranjeros, y bebed. ¡Ojalá que ninguno de 
vosotros regrese a casa, a su tierra patria... con daño, 
sino que libres de daño regreséis a casa!» 

Y como a todo respondió con destre- 

Da za Homero, otra vez dijo Hesíodo: 
preguntas «Contéstame ahora con exactitud 
sólo a esta pregunta: ¿Cuántos aqueos 

fueron a Troya con los Atridas?» 

Aquél, por medio de un problema de cálculo, res- 
pondió así: 


19 Zeus es inmortal; así se entiende la ambigiiedad. 

2 Héroe de la Ilíada, jefe del contingente licio que ayudaba 
a los troyanos. Le mató Patroclo y pasaba por hijo de Zeus y 
Laodamia. 

21 La ambigiiedad consiste en presentar «camino» como com- 
plemento directo de «teniendo». 

2 La región costera más oriental del Mar Negro, patria de 
Eetes a donde tuvo que ir Jasón en busca del vellocino de oro. 

23 Hijo del Sol, dotado de poderes mágicos. Era padre de 
Medea y tenía fama de misántropo. 


125 


130 


135 


140 


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150 


155 


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165 


170 


394 SOBRE EL ORIGEN DE HOMERO Y HESÍODO 


«Cincuenta eran los hogares de fuego y en cada uno 
había cincuenta asadores, correspondiéndoles cincuenta 
piezas de carne; y tres veces trescientos aqueos corres- 
pondían a una pieza de carne.» 

Se obtiene así una cifra increíble. Pues siendo cin- 
cuenta los hogares, los asadores resultan dos mil qui- 
nientos, ciento veinticinco mil piezas de carne... 

Y como en todas las preguntas salía con éxito Home- 
ro, entonces Hesíodo, lleno de rabia, empezó otra vez: 

«Hijo de Meles, Homero, si es que te honran las Mu- 
sas como se rumorea, hijas del poderoso Zeus celestial, 
dime, amoldándote al metro, lo que para los mortales 
es al mismo tiempo mejor y peor; pues deseo saberlo.» 

Aquél dijo: 

«Hesíodo, hijo de Dío, con mucho gusto por mi parte 
me pides que diga esto; en consecuencia, de buena 
gana voy a responderte: el mejor de los bienes consis- 
tirá en tenerse a sí mismo como medida y también el 
peor de todos los males. Y cualquier otra cosa que sea 
grata a tu corazón pregúntamela.» 

«¿Cómo se pueden gobernar mejor las ciudades y en 
qué costumbres?» 

«Si no se desea obtener ganancias por malos medios, 
se honra a los buenos y la justicia se cierne sobre los 
injustos.» 

«Para pedir a los dioses, ¿qué es lo mejor de todo?» 

«Ser benevolente consigo mismo < siempre > en 
todo momento.» 

«¿Puedes decirme en dos palabras cuál es el mejor 
don natural?» 

«En mi opinión almas nobles en el cuerpo de los 
hombres.» 

«¿La justicia y el valor para qué sirven?» 

«Para asistirnos en nuestros afanes.» 

«¿Cuál es el fin natural de la sabiduría humana?» 


CERTAMEN 395 


«Conocer bien las circunstancias y amoldarse a la si- 
tuación.» 

«¿En qué situación es seguro confiar en los hom- 
bres?» 

«Cuando un mismo peligro amenaza nuestros nego- 
ciOS.» 

«¿En qué consiste la felicidad humana?» 

«En afligirse lo menos posible con la muerte y ale- 
grarse muchísimo.» 

Terminadas también estas palabras, 
todos los griegos pedían que se conce- 

Recitaciones diera la corona a Homero, pero el rey 

Panedes les mandó que cada uno re- 
citara el mejor de sus poemas. Así, 
pues, dijo primero Hesíodo: 

«Al surgir las Pléyades descendientes de Atlas, em- 
pieza la siega; y la labranza cuando se oculten. Desde 
ese momento están escondidas durante cuarenta no- 
ches y cuarenta días y de nuevo al completarse el año 
empiezan a aparecer cuando se afila la hoz. 

Esta es la ley de los campos para quienes viven cer- 
ca del mar y para quienes en frondosos valles, lejos 
del ondulado ponto habitan ricos lugares. Siembra des- 
nudo, ara desnudo y siega desnudo cuando a cada cosa 
le llegue su momento» ?, 

Después de él Homero: 

«Entonces se colocaron en torno a los dos Ayantes 
poderosas falanges a las que ni siquiera Ares hubiera 
despreciado, de haber tomado parte, ni tampoco Ate- 
nea incitadora de ejércitos. En efecto, los tenidos por 
mejores aguardaban a los troyanos y al divino Héctor 
apretando lanza con lanza y escudo con sólido escudo. 
El escudo se oponía al escudo, el casco al casco y al 
hombre el hombre; tocaban los cascos de crines de ca- 


2 Trab. 383-92. 


175 


180 


185 


190 


195 


200 


205 


210 


215 


220 


396 SOBRE EL ORIGEN DE HOMERO Y HESÍODO 


ballo con los brillantes crestones al inclinar sus ca- 

bezas. ¡Tan apiñados cargaron unos contra otros! 3, 
El funesto combate se erizó de largas lanzas que te- 
nían para traspasar el cuerpo. Cegaba sus ojos el bron- 
cíneo resplandor de los relucientes yelmos, de las re- 
cién pulidas corazas y de los brillantes escudos al aco- 
meterse. ¡Sería de arrostrado corazón quien entonces 
se alegrase viendo el combate y no se acongojara!» *. 
Admiraron también entonces a Ho- 


Victoria mero los griegos y aplaudiían pensando 
de que los versos habían sobrepasado lo 
Hestodo 


exigido y pedían que se le otorgara la 
victoria. Pero el rey dio la corona a 
Hesíodo alegando que era justo que venciera el que 
invitaba a la agricultura y la paz, no el que describía 
combates y matanzas. Así cuentan que obtuvo la victo- 
ria Hesíodo y habiendo ganado un trípode de bronce lo 
dedicó a las Musas con esta inscripción: 

«Lo dedicó Hesíodo a las Musas del Helicón después 
de vencer con un himno en Calcis al divino Homero.» 
Terminado el certamen, Hesíodo hizo 


Oráculo la travesía hacia Delfos para consul- 
q tar el oráculo y ofrecer al dios las 
Hesíodo 


primicias de su victoria. Al entrar en 
el templo cuentan que la profetisa, 
transportada en éxtasis, dijo: 

«Feliz este varón que sirve a mi morada, Hesíodo 
honrado por las Musas inmortales. Su gloria se pro- 
pagará ciertamente por donde se extiende la aurora. 
Pero guárdate del bello recinto de Zeus Nemeo. En él 
te está decretado el cumplimiento de tu muerte.» 


5 Ilíada X111 126-33. 
1 Ilíada XIII 339-44. 


CERTAMEN 397 


Oído el oráculo, Hesíodo se mante- 
Mist nía lejos del Peloponeso creyendo que 
de Hestodo el dios se refería a la Nemea de allí. 
Y habiendo llegado a Énoe de Lócri- 
de” se alojó en casa de Anfífanes y 
Ganíctor, los hijos de Feges, por no haber entendido 
el oráculo, ya que todo este lugar se llamaba recinto 
de Zeus Nemeo. Como quiera que su estancia entre los 
eneos se prolongó, los jóvenes, sospechando que He- 
síodo seducía a su hermana, le mataron y luego le ti- 

raron al mar que separa Eubea de Lócride. 
Al tercer día, el cadáver fue trans- 
portado a tierra por unos delfines % 

Suerte de ] 

sus asesinos Mientras se celebraba entre aquéllos 
una fiesta local en honor de Ariadna. 
Todos corrieron a la playa y al reco- 
nocer el cuerpo lo enterraron con gran duelo y bus- 
caron a los asesinos. Éstos, temiendo la cólera de sus 
conciudadanos, echaron al mar una barca de pesca y 
pusieron rumbo a Creta; pero a mitad de la travesía 
Zeus los fulminó con su rayo hundiéndoles en el ponto 
según afirma Alcidamante en el Museo. Eratóstenes en 
cambio dice en”... que habiéndolo matado Clímeno y 
Antifo los de Ganíctor por la razón ya mencionada, fue- 
ron sacrificados a los dioses de la hospitalidad por in- 
dicación del adivino Euricles; y en cuanto a la joven, 
la hermana de los antedichos, que después de su des- 
honra se ahorcó, pero que fue seducida por un compa- 


7 Región al Norte de Beocia, frente a la costa de Eubea. 

2 Es tradicional en el pensamiento griego la filantropía de 
estos animales. Están consagrados a Apolo (tal vez tenga rela- 
ción con ellos el nombre de Delfos) y en más de una ocasión 
intervienen en favor de los poetas (p. ej., de Arión de Metimna 
se cuenta que fue salvado por un delfín). 

22 Texto corrupto. Posiblemente se refiera a una obra de Era- 
tóstenes sobre Hesíodo: Anterinis o Hesíodo. 


225 


230 


235 


240 


245 


250 


255 


260 


265 


270 


398 SOBRE EL ORIGEN DE HOMERO Y HESÍODO 


ñero de viaje de Hesíodo llamado Demodes el cual tam- 
bién afirma que murió a manos de aquéllos. 

Luego los orcómenos %, obedeciendo 

Tumba un oráculo, le cambiaron de lugar y le 

y epigrama enterraron entre ellos grabando este 

de Hesíodo epierama sobre su tumba: 

«Ascra fue su opulenta patria, pero 
después de muerto, la tierra de los Minias *!, domado- 
res de caballos, guarda los huesos de Hesíodo a quien 
cabe entre los humanos la mayor gloria cuando los 
hombres son puestos a prueba en el potro de la sabi- 
duría.» 

Hasta aquí lo relativo a Hesíodo. 

ia Homero, después de su fracaso, iba 
de Homero Por todas partes recitando sus poemas. 
Primero la Tebaida, de siete mil ver- 

sos, cuyo principio es: 

«Canta, diosa, la muy árida Argos de donde fueron 
reyes»; luego los Epígonos, de siete mil versos, cuyo 
principio es: «A su vez comencemos ahora por los más 
jóvenes varones, Musas»; pues, según algunos, también 
éstos son de Homero. Y habiendo tenido noticia de 
sus poemas, los hijos del rey Midas 3, Janto y Gorgo, 
le invitaron a hacer un epigrama para la tumba de su 
padre, encima de la cual había una joven de bronce 
llorando la muerte de Midas. Compuso lo siguiente: 

«Doncella de bronce soy y sentada estoy sobre el tú- 
mulo de Midas. Mientras fluye el agua, florecen los 
largos árboles, se hinchan los ríos, el mar baña sus 
costas y brilla el sol al salir y la reluciente luna, yo aquí 
permanezco sobre la muy llorada tumba de éste indi- 


% Orcómeno es una ciudad de Beocia fundada por el rey 
Minia. 

31 Reciben el nombre de su fundador. 

32 Legendario rey de Frigia que había obtenido de los dioses 
la facultad de convertir en oro cuanto tocaba. 


CERTAMEN 399 


cando a los caminantes que aquí está enterrado 
Midas.» 

Recibió de ellos una vasija de plata y la ofreció en 
Delfos a Apolo, con esta inscripción: 

«Soberano Febo, yo, Homero, te di este hermoso pre- 
sente por tu sabiduría; y tú concédeme siempre 
gloria.» 

Después de esto compuso la Odisea, de cuarenta y 
dos mil versos; ya había compuesto la Ilíada, de cua- 
renta y cinco mil quinientos versos. 

De allí se presentó en Atenas y cuen- 
Viajes tan que se hospedó en casa de Medón 
de Homero el rey de los atenienses. Y en el Conse- 
jo —hacía frío y estaba encendido el 
fuego— se dice que improvisó estos versos: 

«Del varón, coronas, los hijos y las murallas; de la 
ciudad, los caballos; de la llanura adorno, y las naves 
del mar, y el pueblo sentado en el ágora, puede verse. 
Y he aquí la más venerable morada mientras arde el 
fuego en un día invernal cuando hace nevar Cronión.» 

Desde allí se presentó en Corinto y recitaba sus poe- 
mas como rapsodo. Y después de recibir grandes ho- 
nores, se presentó en Argos y recitó estos versos: 

«A los habitantes de Argos, de la amurallada Tirinto, 
de Hermíone y de Ásine, situadas en un profundo gol- 
fo, de Trecén, de Éona y de Epidauro rica en viñas, 
de la isla Egina y de Mases, jóvenes aqueos, los condu- 
cía el Tidida Diomedes de resonante grito, vigoroso 
como su padre el Enida, y Esténelo, amado hijo del 
ilustre Capaneo. Les acompañaba en tercer lugar Eurí- 
pilo, divinal varón hijo de Mecisteo, soberano Taleonida. 
De todos era jefe Diomedes de resonante grito. Y les 
seguían ochenta naves”; dentro se alineaban varones 


* Ilíada 11 559-68. 


275 


280 


285 


290 


295 


300 


305 


310 


315 


320 


400 SOBRE EL ORIGEN DE HOMERO Y HESÍODO 


expertos en la guerra, argivos de coraza de lino, aguijo- 
nes del combate» ”. 

Los jefes de los argivos, en gran manera complaci- 
dos de que su estirpe fuera elogiada por el poeta más 
famoso, le premiaron con costosos presentes; además, 
le erigieron una estatua de bronce y decretaron que se 
celebrara un sacrificio en honor de Homero cada día, 
cada mes y cada año y se enviara otro sacrificio a Quíos 
cada cinco años. En su estatua grabaron lo siguiente: 

«Este es el divino Homero que ponderó a la orgullo- 
sa Grecia con su bienhablada sabiduría y en especial a 
los argivos que arrasaron a Troya, la de murallas cons- 
truidas por dioses %, como venganza por Helena de her- 
mosos cabellos. En agradecimiento, el pueblo de una 
gran ciudad le erigió aquí y le venera con honores de 
Inmortales.» 

Después de pasar algún tiempo en la ciudad, se em- 
barcó hacia Delos para asistir a las solemnes fiestas %, 
Y puesto en pie sobre el altar de cuerno recitó un him- 
no a Apolo, cuyo comienzo dice: 

«Recordaré y no debo olvidar al flechador Apolo.» 

Terminado el himno, los jonios le hicieron ciudada- 
no común Y y los delios escribieron sus versos en el 
registro y los depositaron en el templo de Artemis. 


4 Omitidos por Homero; se atribuyen a Hesíodo. 

35 Posidón y Apolo. Ambos dioses fueron condenados a servir 
al rey troyano Laomedonte por tratar de encadenar a Zeus. 
Laomedonte les mandó construir las murallas de Troya. 

36 En griego paneégyrin. Se trata de congregaciones de dife- 
rentes ciudades en torno a un templo o santuario para cele- 
brar una fiesta solemne que incluía recitales, juegos, sacrificios 
y otros espectáculos. 

7 Es decir, ciudadano de todas las ciudades jonias. 


CERTAMEN 401 


Cuando acabó la fiesta, el poeta se 
embarcó hacia los, a casa de Creófi- 
Muerte A a ; no 
de Homero  1lo0*%, y allí vivía siendo ya viejo. Es- 
taba sentado a la orilla del mar cuan- 
do unos jóvenes venían de pescar y, 
según cuentan, él les preguntó: 

«Cazadores de pesca marina, ¿traemos algo?» 

Y al responder aquéllos: 

«Cuanto cogimos lo dejamos y cuanto no cogimos 
lo llevamos encima», no entendiendo la respuesta les 
preguntaba a qué se referían. Aquéllos le dijeron que 
en la pesca nada habían logrado, pero que se habían 
despiojado, y los piojos que cogieron los dejaron y los 
que no cogieron los traían en sus mantos. Recordan- 
do entonces el oráculo (que el fin de su vida se acer- 
caba), hizo el epigrama de su propia tumba. Y cuando 
regresaba de allí, como estaba oscuro, resbaló y cayó 
sobre el costado y al tercer día, según cuentan, murió. 
Fue enterrado en los y éste es el epigrama: 

«Aquí cubre la tierra al hombre consagrado, ponde- 
rador de héroes, al divino Homero.» 


* Poeta amigo de Homero. 


OBRAS Y FRAGMENTOS, 26 


325 


330 


335 


ÍNDICE DE 


A 


ABANTE, rey de Argos: hijo de 
Linceo e Hipermestra y pa- 
dre de Preto y Acrisio, Fr. 
129, 3; 135, 2. 

ABANTES, pueblo de Eubea, Fr. 
204, 53; 244, 7. 

ABÁNTIDA, mombre antiguo de 
Eubea, Fr. 296, 1 y 2. 

ACASTA, hija de Océano y de 
Tetis, Teog. 356. 

ACAsTO, hijo de Pelias y rey 
de Yolcos, Fr. 208. 

ACMÓN, hijo de Gea y padre 
de Urano, Fr. 389. 


ACRISIO, hijo de Abante y rey 
de Argos, Fr. 129, 8 y 10; 135 
2. 

ACTEA, hija de Nereo, Teog. 
249. 


ACTEÓN, hijo de Aristeo, Fr. 346. 


ACTOR, hijo de Mirmidón y de 
Pisídice, Fr. 16, 11; 17 a 12 
y 25; 17 b. 


ACTÓRIDA, hijo de Áctor, Fr. 
199, 6. 


NOMBRES 


ADMETE, hija de Océano, Teog. 
349. 

ADMETO, padre de Perimele, Fr. 
54 b y c; 58, 2; 256. 

ADONIS, hijo de Fénix y de Al- 
fesibea, Fr. 139. 

ADRASTO, rey de Argos y padre 
de Argea, Fr. 192. 

AELO, una de las Harpías, Teog. 
267. 

AÉROPE, véase EEROPEA. 

AETLIO, hijo de Zeus y de Cá- 
lice; padre de Endimión, Fr. 
245. 

ÁFETAS, puerto de Tesalia, Fr. 
263. 


AFIDANTE, rey de Arcadia y pa- 
dre de Estenebea, Fr. 129, 22; 
131. 


AFRODITA, Teog. 16, 195, 822, 
962, 980, 989, 1005, 1014; Trab. 
65, 521; Esc. 8, 47; Fr. 23 a 
35; 26, 13; 30, 25; 76, 6 y 10; 
172, 4; 176, 1; 185, 17; 196, 5; 
221, 3; 253, 3. 

AGAMENÓN, hijo de Plístenes y 
nieto de Atreo, Fr. 23 a 13 y 


404 


28; 136, 9 y 13; 176, 5; 194; 
195, 6; 197, 4. 

ÁGAVE, hija de Nereo, Tedg. 
247. 

AGAVE, hija de Cadmo y madre 
de Penteo, Teog. 976. 

AGENOR, padre de Fénix, Fr. 
138; 139, 

AGENOR, padre de Demódice, 
Fr. 22, 4, 


AGENOR, no 
244, 6. 

AGLAYA, una de las Gracias, es- 
posa de Hefesto, Teog. 909 y 
945. 

AGLAYA, madre de Preto y de 
Acrisio, Fr. 129. 

AcRIO0, hijo de Odiseo y de 
Circe, Teog. 1013; Fr. 5. 


AHUMADOR, dios enemigo de 
los alfareros, Fr. 302, 9. 

AIDONEO, otro nombre de Ha- 
des, Teog. 913. 

AlDoS, divinidad compañera de 
Némesis, Trab. 200. 

ALÁCIGO, hijo de Halirrocio y 
hermano de Semo, Fr. 49. 

ALASTOR, hijo de Neleo y her- 
mano de Néstor, Fr. 33 a 9. 

ALcÁTOO, hijo de Partaón y de 
Éurita, Fr. 11, 4; 259 b 4. 


ALCEO, hijo de Perseo y de An- 
drómeda; padre de Anfitrión, 
Esc. 26, Fr. 135, 7; 190, 7. 

ALcestIs, hija de Pelias, Fr. 37, 
20. 

ALcIDa, hijo de Alceo, Esc. 112. 

ALCÍNOO, hermano de Arete, 
Fr. 222, 


identificado, Fr. 


OBRAS Y FRAGMENTOS 


ALCÍONE, hija de Éolo y espo- 
sa de Ceix, Fr. 16, 6. 


ALCÍONE, hijo de Atlante, Fr. 
169, 2. 

ALCMAÓN, héroe tebano, Fr. 
193, 1. 


ALCMENA, hija de Electrión y 
madre de Heracles, Teog. 526, 
943, 950; Esc. 3, 467; Fr. 193, 
19; 248; 249; 253, 

ALo, ciudad de Etolia, Fr. 19. 

ALFEO, río del Peloponeso, hijo 
de Océano, Teog. 338; PFr. 
193, 9, 

ALFESIBEA, esposa de Fénix y 
madre de Adonis, Fr. 139. 
ALOEO, esposo de Ifimedea y 
fundador de Alo, Fr. 19. 


ALTEA, hija de Testio y herma- 
na de Leda e Hipermestra; 
casada con Eneo alumbró, 
entre otros hijos, a Meleagro, 
Agelao y Deyanira, Fr. 23 a 
5: 25, 14. 

AMARINCIDA, hijo de Amarinceo, 
Fr, 12, 1. 

AMBIGUEDADES, hijas de Eris, 
Teog. 229. 

ÁMICLAS, padre de Jacinto y de 
Cinortas, Fr. 171, 1. 

ÁMIRO, río de Tesalia, Fr. 59, 3. 

AMITAÓNIDAS, hijos de Amitaón, 
Fr. 203, 2. 

AMPÍCIDA, patronímico de Mop- 
so, Esc. 181. 

ANAXIBIA, esposa de Néstor, Fr. 
35, 14. 

ANAXIBIA, esposa de Pelias, Fr. 
37, 19. 


ÍNDICE DE NOMBRES 


ANAXIBIA, hermana de Agame- 
nón y de Menelao, Fr. 194, 
ANAURO, río de Tesalia, Esc. 

477. 


ANDREIDA, patronímico de Eteo- 
clo, Fr. 70, YM, 

ANDREMÓN, padre de Toante y 
descendiente de Ares, Pr. 
198, 9. 


ANDRÓGEO, hijo de Minos, Fr. 
145, 9; 146. 

ANDRÓMEDA, hija de Cefeo es- 
posa de Perseo y madre de 
Electrión, Fr. 135, 6. 

ANFIARAO, hijo de Oicleo y de 
Hipermestra, Fr. 25, 4; 197, 
6. 


ANFIDAMANTE, rey de Calcis en 
Eubea, Trab. 654; Cert. 63. 
ANFIDAMANTE, padre de Estene- 
bea, Fr. 131. 

ANFIDAMANTE, padre de Antibia, 
Fr. 191. 

ANFÍDOCO, hijo de Orcómeno, 
Fr. TI. 

ANFÍLOCO, fundador de la ciu- 
dad de Malo, Fr. 279, 


ANFÍMACO, hijo de Electrión y 
hermano de Alcmena, Pr. 
193, 14. 


ANFÍMACO, tal vez hijo de Ctéa- 
to, Fr. 26, 2. 


ANFIÓN, hijo de Yaso y padre 
de Cloris, Fr. 33 a 6. 

ANFIÓN, esposo de Níobe y her- 
mano de Ceto, Fr. 182; 183. 

ÁNFIRO, hija de Océano y de 
Tetis, Teog. 360. 


405 


ANFITRIÓN, esposo de Alcmena 
y padre de Ificles, Esc. 2, 
37, 44, 54, 80; Fr. 135, 11. 

ANFITRIONÍADA, patronímico de 
Heracles, Teog. 317; Esc. 165, 
416, 433, 459; Fr. 25, 23; 26, 
33: 33 a 32. 

ANFÍTRITE, Nereida que se unió 
a Posidón, Teog. 243, 254, 
930. 

ANQUISES, padre de 
Teog. 1009, 


ANTÁGORES, hijo de Eurípilo, Fr. 
43 a 60. 

ANTE O ANTEA, ciudad de Tesa- 
lia, Esc. 381, 474. 

ANTEMUSA, isla de las Sirenas, 
Fr, 27. 

ANTÍFATES, hijo de Melampo, Fr. 
136, 4. 

ÁNTIFO, hijo de Mirmidón y 
hermano de Áctor, Fr. 16, 11. 


ANTÍLOCO, hijo de Néstor, Fr. 
35, 10. 

ANTÍMENES, hijo de Neleo y her- 
mano de Néstor, Fr. 33 a 9. 

AnTÍOPA, hija de Nicteo nacida 
en Hyria, Fr. 181. 

APESANTE, monte de 
Teog. 331. 

APoLO, Teog. 14, 9, 347, 918; 
Trab. 771; Esc. 58, 68, 70, 100, 
478: Fr. 21, 12; 26, 22; 23 a 
29; 50; 52; 4 a 11; 544 b; 54 c; 
64, 17; 185, 1 y 9; 216; 235, 
1 y 5; 252, 5; 256; 261; 279; 
307, 1; 352; 357, 3, 

AQUELOO, río de Etolia, Teog. 
340. 


Eneas, 


Argos, 


406 


AQUEOS, Trab. 651; Fr. 23 a 17; 
165, 14; 198, 6; 204, 47, 

AQUILES, hijo de Tetis y de 
Peleo, Teog. 1007; Fr. 204, 92; 
214; 300. 


ÁRABO, hijo de Hermaón y de 
Tronia, Fr. 137, 1. 

ÁRCADE, hijo de Zeus y de Ca- 
listo, Fr. 163; 354, 

ARCADIA, Fr. 23 a 32; 160; 162; 
163. 


ARCÁSIDA, hijo o descendiente 
de Arcade, Fr. 129, 17 y 22; 
165, 8 y 21. 

ARCTO, centauro, Esc. 186. 

ARDESCO, río de Tracia hijo de 
Océano, Teog. 345. 


ARES, Teog. 922, 933, 936; Trab. 
145; Esc. 59, 98, 109, 181, 191, 
192, 333, 346, 357, 425, 434, 441, 
444, 446, 450, 457; Fr. 1, 18; 12, 
1; 25, 4 y 16; 26, 30; 175, 2; 
193, 6. 

ARESTOR, esposo de Micene, Fr. 
246. 

ARETE, hermana de Alcínoo, Fr. 
222. 


ARETÍADA, hijo o descendiente 
de Ares, Esc. 57; Fr. 198, 10. 

ARETÍADA, descendiente de Are- 
to, Fr. 150, 32. 


ARETO, hijo de Néstor, Fr. 35, 
11; 36, 2. 

ARETO, antepasado de Niso, Pr. 
150, 32. 

ARGEA, hija de Adrasto, Fr. 192. 


ARGEs, Cíclope hijo de Gea, 
Teog. 140. 


OBRAS Y FRAGMENTOS 


ARGESTEO, epíteto del Céfiro, 
Teog. 379, 870. 

ARGIFONTE, epíteto de Hermes, 
matador de Argo, Trab. 68, 
71, 84; Fr. 64, 18; 66, 4. 

ARGINO, hijo de Pisídice y her- 
mano de Hipoclo, Fr. 70, 33, 

ARGIVA, epíteto de Hera, Teog. 
12; epíteto de Helena, Fr. 
200, 2; 204, 43, 55, 62; otro 
nombre de Helena, Fr. 23 a 
20; 136, 10; 217, 6. 

ArcIvos, Fr. 141, 31; 165, 21. 

ARGO, guardián de lo, Fr. 126; 
294, 1. 

ARGO, hijo de Frixo, Fr. 255; 
256. 

ARGO, hijo de Zeus y padre de 
Epidauro, Fr. 247. 

ArGo, la nave de los Argonau- 
tas, Fr. 63; 241, 263. 


ARGOS, ciudad del Peloponeso, 
Fr. 25, 36; 37, 10; 127; 128; 
129, 10; 195, 6; 197, 7; 257, 3. 

ARIADNA, hija de Minos esposa 
de Dioniso y amante de Te- 
seo, Teog. 947; Fr. 298. 

ÁRIMOS, habitantes entre los 
que vivió Equidna, Teog. 304. 

ARIÓóN, caballo de Yolao, Esc. 
120, 

ARISBANTE, padre de 
Fr. 257, 1. 


ARISTECME, hija de Hilo y her- 
mana de Evecme, Fr. 251 a 


Moluro, 


1 y 4. 

ARISTEO, hijo de Apolo y de 
Cirene, Teog. 971; Fr. 216; 
2111 


ÍNDICE DE NOMBRES 


ARNE, ciudad de Tesalia, Esc. 
381, 475. 

ARNE, ciudad de Beocia, Fr. 
218. 

ARSÍNOE, hija de Leucipo y ma- 
dre de Asclepio, Fr. 50. 

ÁRTEMIS, hija de Leto y her- 
mana de Apolo, Teog. 14, 
918; Fr. 23 a 18 y 26; 23 b; 
148 a; 163. 

ARTURO, estrella de la conste- 
lación del Boyero, Trab. 356, 
610. 


ÁSBOLO, Centauro, Esc. 185. 

ASCLEPIO, hijo de Arsínoe y pa- 
dre de Macaón, Fr. 50; 53; 
58, 5. 

ASCRA, aldea de Beocia, Trab. 
640. 

AsIa, hija de Océano y de Te- 
tis, Teog. 359. 

Asia, el continente, Fr. 165, 11; 
180, 3. 


ÁSINE, puerto de Argos, Pr. 
204, 49. 

ASPLEDÓN, hijo de Orcómeno, 
Fr. TI. 

ASTERIA, hija de Febe y her- 
mana de Leto, fue madre de 
Hécate, Teog, 409. 

ASTERIO, hijo de Neleo, Fr. 33 
a 10. 


ASTERIÓN, esposo de Europa y 
rey de Creta, Fr. 140. 

ASTERODIA, hija de Deyoneo ma- 
dre de Criso y de Panopeo, 
Fr. 58, 8. 

ASTÉROPE, hija de Atlante, Fr. 
169, 2. 


407 


ASTIDAMEA, hija de Órmeno, Fr. 
232. 

ASTIDAMEA, hija de Pélope y 
madre de Anfitrión, Fr. 190, 
4 y 6. 

ASTREIDA, heroína epónima de 


Asterio, ciudad de Tesalia, 
Fr. 185, 8. 
ASTREO, hijo de Crío y de 


Euribia, Teog. 376, 381. 

ATALANTA, hija de Esceneo y es- 
posa de Hipómenes, Fr. 72; 
73, 2; 74; 76, 5 y 20. 

ATAMANTE, hijo de Éolo y pa- 
dre de Frixo y de Hele, Fr. 
10, 2; 69. 

ATAMANTÍADA, patronímico de 
Leucón, hijo de Atamante, 
Fr. 70, 9. 


ATENA, ATENEA, diosa hija de 
Zeus, Teog. 13, 318, 573, 577, 
888, 824; Trab. 63, 72, 76, 325, 
430; Esc. 126, 325, 343, 443, 
455, 470; Fr. 33 a 19, 22 y 31; 
43 a 71 y 78; 70, 11; 302, 2; 
343, 10 y 14. 

ATENAS, capital del Ática, Fr. 
43 a 67; 200, 3. 

ATENIENSE, de Atenas, Fr. 146; 
280, 26. 

ATLANTE, ATLAS, hijo de Jápeto 
y de Clímene, padre de las 
Pléyades, Teog. 509, 517; Fr. 
150, 25; 169, 3, 

ATLÁNTIDE, patronímico de Ma- 
ya, hija de Atlante, Teog. 
938; Trab. 383. 

ATREO, padre de Plístenes, Pr. 
194; 195, 1. 


408 


ATRIDA, descendiente de Atreo: 
Agamenón y Menelao, Fr. 
203, 2; 204, 86. 

ÁTROPO, una de las Moiras, 
Teog. 218, 905; Esc. 259. 

ÁULIDE, puerto de Beocia, Trab. 
651. 

AutTóLICO, hijo de Hermes y de 
Filonis, Fr. 64, 18; 66, 2; 67 b. 

AUTÓNOA, hija de Nereo y de 
Doris, Teog. 258. 

AUTÓNOA, hija de Cadmo y de 
Harmonía casada con Aris 
teo, Teog. 9T!. 

ÁYAX, hijo de Telamón y rey 
de Salamina, Fr. 204, 44; 250. 


BEBE, lago de Tesalia, Fr. 59, 4. 

BELEROFONTE, hijo de Posidón 
y de Eurínome, Teog. 325; Fr. 
43 a 82. 

BeELo, hijo de Posidón y pa- 
dre de Tronia, Fr. 137, 2. 
BEocio, de beocia, Esc. 24; Fr. 

181; 219. 

Ba, hija de Palante y de Es- 
tigia, Teog. 385. 

BIANTE, hijo de Amitaón; her- 
mano de Melampo y padre 
de Tálao, Fr. 37, 9 y 13. 

BÓREAS, viento del norte, hijo 
de Eos, Teog. 379, 870; Trab. 
506, 518, 547, 553; Fr. 204, 126. 

BRIAREO, Centímano hijo de 
Urano y de Gea, Teog. 149, 
617, 714, 734, 817. 


OBRAS Y FRAGMENTOS 


BRONTES, Cíclope, hijo de Gea, 
Teog. 140; Fr. 4 a 2. 

BRÓTEAS, hijo de Tántalo, Fr. 
180, 6. 

BROoTO, hijo de Éter y de Hé.- 
mera, Fr. 400. 

BURLA, personificada, hija de 
Noche, Teog. 214. 

BusIRis, rey de Egipto muerto 
por Heracles, Fr. 378. 

BureEs, hijo de Posidón, Fr. 223; 
251 a 2. 


C 


CADMEA, epíteto de Sémele y del 
país de Tebas, Teog. 940; 
Trab. 162; Fr. 193, 2. 

CADMEOS, habitantes de Tebas, 
Esc. 13. 

CADMO, fundador de Tebas, es- 
poso de Harmonía y padre 
de Ino, Sémele, Agave, Autó- 
noa y Polidoro, Teog. 937, 
975. 

CALCANTE, adivino, hijo de Tes- 
tor, Fr. 278, 6. 

CALCIS, ciudad de Eubea, Trab. 
655; Fr. 277. 

CALCODONTÍADA, patronímico de 
Elefenor, hijo de Calcodonte, 
Fr. 204, 53. 

CaALcóN, hijo de Eurípilo y her- 
mano de Antágores, Fr. 43 a 
60. 

CÁLICE, esposa de Aetlio y ma- 
dre de Endimión, Fr. 245; 
260. 


ÍNDICE DE NOMBRES 


CALICIESA, primera sacerdotisa 
de Atenea, Fr. 125. 

CaALfoPÉE, la primera de las nue- 
ve Musas, Teog. 79. 

CALIPSO, hija de Océano y de 
Tetis, Teog. 359. 

CALIPSO, ninfa madre de Nau- 
sítoo y de Nausínoo, Teog. 
1017, Fr. 150, 31. 


CALÍRROE, hija de Océano y 
madre de Gerión, Teog. 288, 
351, 981. 


CALISTO, hija de Licaón conver- 
tida en Osa Mayor y madre 
de Árcade, Fr. 163; 354, 

CANACE, hija de Éolo, Fr. 16, 
12 y 13. 


Caos, el primero de los dioses, 
padre de Érebo y de Noche, 
Teog. 116, 123. 

CASIEPEA, hija de Arabo y ma- 
dre de Fineo, Fr. 138. 

CáÁstOoR, hijo de Zeus y herma- 
no de Polideuces y de He- 
lena, Fr. 24; 197, 3; 198, 8. 

CATUDEOS, pueblo africano, Fr. 
150, 9 y 18. 

Cerco, río de Misia, hijo de 
Océano y de Tetis, Teog. 343. 

CEDALIÓN, lazarillo de Orión, 
Fr. 148 a. 


CEFALENIOS, habitantes de la 
isla de Cefalenia, descendien- 
tes de Hermes y de la ninfa 
Calipso, Fr. 150, 30. 

CÉFALO, esposo de Eos y padre 
de Faetonte, Teog. 986. 

CEFEIDA, patronómico de An- 


409 


drómeda, hija de Cefeo, Fr. 
135, 6. 

CÉFIRO, viento, hijo de Astreo 
y de Eos, Teog. 319, 870; 
Trab. 594; Fr. 75, 9. 

Ceriso, río de Beocia padre de 
Eteoclo, Fr. 70, 17; 71. 

CElx, rey de Traquis, amigo de 
Heracles y padre de Temistó- 
noa, Esc. 354, 472, 476; Fr. 228; 
251 a 3; 264. 

Cerx, hijo de Eósforo y espo- 
so de Alcíone, Fr. 16, 4. 

CELENEO, hijo de Electrión y de 
Lisídice, Fr. 193, 14. 

CELENO, una de las Pléyades, 
hijas de Atlante, Fr. 169, 2. 

CELMIS, Dáctilo del Ida, Fr. 282. 

CeLo, hija de Estigia y herma- 
na de Nike, Teog. 3844. 

CENCREA, lugar no identificado, 
Fr. 80, 1. 

CENEO, rey de los Lapitas trans- 
formado sucesivamente en 
mujer y hombre, Esc. 179; 
Fr. 817. 

CÉNIDE, nombre de Ceneo mien- 
tras fue mujer, Fr. 87. 


CENTAUROS, estirpe de mons- 
truos salvajes mitad hombres 
mitad caballos, Esc. 1894; Fr. 
88, 4; 209, 5; 302, 17. 

Ceo, Titán, hijo de Urano y 
padre de Leto, Teog. 14, 404. 

CÉRANO, descendiente de Me- 
lampo, Fr. 136, 3. 

CERBERO, perro del Hades hijo 
de Tifón y de Equidna, Teog. 
311. 


410 


CERCEIS, hija de Océano y de 
Tetis, Teog. 355. 

CÉRICE, hijo de Eumolpo, Fr. 
228. 

CeTeES, hijo de Bóreas y her- 
mano de Calais, Fr. 156. 


Cero, hija de Ponto y de Gea 
madre de las Grayas, Gorgo- 
nas, Equidna y la serpiente 
guardiana de las manzanas 
de oro, Teog. 238, 270, 333, 
336. 

Cero, hermano de Anfión y es- 
poso de Teba, Fr. 182; 183. 
CHIPRE, la ¡isla de Afrodita, 

Teog. 193, 199, 


CÍCLOPES, tres hijos de Urano 
y de Gea: Brontes, Estéro- 
pes y Arges, Teog. 139, 144; 
Fr. 52; 55, 3. 

CICNO, tesalio, hijo de Ares y 
de Temistónoa, Esc. 57, 65, 
329, 331, 346, 350, 368, 413, 
468, 472. 

CicNo, hijo de Posidón y de 
Cálice, Fr. 237. 

CICREO, rey de Salamina, Fr. 
226. 


CILENE, monte de Arcadia, Fr. 
170; 275. 


CILENIO, epíteto y nombre de 
Hermes, nacido en Cilene, 
Fr. 64, 18; 66, 4. 

CfLICE, hijo de Fénix, Fr. 138. 

CIME, ciudad eolia de Asia Me- 
nor, Trab. 636. 

CiMO, hija de Nereo y de Do- 
ris, Teog. 255. 


OBRAS Y FRAGMENTOS 


CIMÓDOCA, hija de Nereo y de 
Doris, Teog. 252. 

CIMOPOLEA, hija de Posidón y 
esposa de Briareo, Teog. 819. 

CIMÓTOA, hija de Nereo y de 
Doris, Teog. 245. 

CIMOTOLEGA, hija de Nereo y de 
Doris, Teog. 253. 

CIPRIS, otro nombre de Afro- 
dita, Fr. 124, 2. 

CIPROGENEA, nombre de Afrodi- 
ta, nacida en Chipre, Teog. 
199. 

CIRCE, hija de Helios y madre 
de Agrio y de Latino, Teog. 
907, 1011; Fr. 302, 15; 390. 

CIRENE, ninfa tesalia, madre de 
Aristeo, Fr. 215, 2; 216. 


CITERA, isla al sur de Laconia 
donde recibía culto Afrodita, 
Teog. 192, 198. 

CITEREA, nombre de Afrodita, 
vo3nerada en Citera, Teog. 196, 
198, 9344, 1008. 

CITISORO, hijo de Frixo y de 
Yofosa, Fr. 255. 


CLEEA, una de las Híades, hi- 
jas de Atlante, Fr. 291, 2. 
CLEODEO, hijo de Hilo, Fr. 231. 
CLÍMENE, esposa de Jápeto y 
madre de Atlante, Menetio, 
Prometeo y Epimeteo, Teog. 

351, 508. 


CLÍMENO, hijo de Eneo y de 
Altea, Fr. 25, 16. 

CLÍMENO, hijo de Orcómeno y 
padre de Eurídice, Fr. 77. 
Cuío, una de las Musas, Teog. 

77. 


ÍNDICE DE NOMBRES 


CLITEMESTRA, hija de Tindáreo 
y de Leda; esposa de Aga- 
menón y de Egisto, Fr. 23 
a 9, 14 y 27; 176, 5. 

CLirTIa, hija de Océano y de 
Tetis, Teog. 352. 

CLITIO, hijo de Éurito, Fr. 26, 
29, 

CLORIS, hija de Anfión y espo- 
sa de Neleo; madre, entre 
otros, de Néstor y de Peri- 
clímeno, Fr. 33 a 7. 

CLOTO, una de las tres Moiras, 
Teog. 218, 905: Esc. 258. 


COMBATES, personificados, hijos 
de Eris, Teog. 228. 


COMETES, no identificado, Pr. 
70, 39. 

CONTRAATAQUE, personificado, 
Esc. 154. 


COPREO, esposo de Pisídice y 
padre de Argino y de Hipo- 
clo, Fr. 70, 29, 

CORONIS, hija de Flegias; aman- 
te de Apolo y esposa de Is- 
quis, Fr. 60, 3. 

CORONIS, una de las Híades, 
hija de Atlante, Fr. 291, 2. 

Cos, isla en que Posidón se 
unió a Mestra, Fr. 43 a 57 y 
66. 

CoTo, Centímano, hijo de Ura- 
no y de Gea, Teog. 149, 618, 
654, 714, 734, 817. 

CRaATOS, hijo de Palante y de 
Estigia, Teog. 385. 

CREONTE, rey de Tebas y esposo 
de Heníioca, Esc. 83. 


411 


CRETA, isla que fue patria de 
Zeus, Pluto, Idomeneo, etc., 
Teog. 477, 480, 971; Fr. 140; 
148 a; 204, 56. 

CRETEO, hijo de Éolo y educa- 
dor de Tiro, Fr. 10, 2; 30, 29. 

CRÍNACO, hijo de Zeus y padre 
de Macareo, Fr. 184, 

Crío, Titán, padre de Astreo, 
Palante y Perses, Teog. 375. 

CRISAOR, hijo de Medusa y pa- 
dre de Gerión, Teog. 280, 287, 
979. 

CRISEIDA, hija de Océano y de 
Tetis, Teog. 359. 

Criso, hijo de Foco y de As- 
terodia, Fr. 58, 10 y 17. 

CRoMI0, hijo de Neleo y her- 
mano de Néstor, Fr. 33 a 12. 

CRÓNIDA, patronímico y nombre 
de Zeus, hijo de Cronos, 
Teog. 53, 412, 423, 450, 572, 
624; Trab. 18, 71, 138, 158, 
168, 239, 247; Fr. 122; 234, 2; 
343, 9. 

CRONIÓN, patronímico y nom- 
bre de Zeus, hijo de Cronos, 
Teog. 4, 534, 949; Trab. 69, 
242, 259, 276; Esc. 53, 56; Fr. 
25, 33; 27; 141, 11; 150, 16: 
177, 6; 123, 22; 211, 11; 229, 
13, 

CRONOS, Titán, padre de Zeus, 
Teog. 18, 73, 137, 168, 395, 453, 
459, 473, 476, 495, 625, 630, 634, 
648, 660, 668, 851; Trab. 111, 
169. 

CRÓTALO, pretendiente de Hipo- 
damía, Fr. 259 a. 


412 


CTÉATO, hermano de Éurito, 
hijo de Áctor y de Molíone, 
Fr. 17 a 16; 18. 

CrTEsIPO, hijo de Heracles y de 
Deyanira, Fr. 25, 19. 

CURETES, servidores de Zeus 
niño, Fr. 123, 3. 

CURETES, habitantes de Pleurón 
en Etolia, Fr. 25, 13. 


D 


DÁCTILOS DEL IbA, nombre gené- 
rico de tres míticos invento- 
res del arte de trabajar los 
metales: Celmis, Damname- 
neo y Delas, Fr. 282. 

DAMNAMENEO, Dáctilo del Ida, 
Fr. 282. 

DANAIDES, hijas de Dánao, Fr. 
128. 

DÁNAE, hija de Acrisio y madre 
de Perseo, Esc. 216; Fr. 219, 
14. 

DANAJDA, patronímico de Perseo, 
hijo de Dánae, Esc. 229. 

DÁNAO, rey de Argos y padre 
de las Danaides, Fr. 128. 

DÁNAOSs, otro nombre de los ar- 
givos, Fr. 193, 6. 

DARDÁNIDAS, descendientes de 
Dárdano, Fr. 165, 12. 

DÁRDANO, hijo de Zeus y padre 
de Erictonio y de llo, Fr. 
177, 7 y 13; 180, 5. 

DefMAco, hijo de Neleo y her- 
mano de Néstor, Fr. 33 a 11. 

DefMAco, hijo de Electrión y de 
Lisídice, Fr. 193, 15. 


OBRAS Y FRAGMENTOS 


DEÍMACO, hijo de Policaón y de 
Aristecme, Fr. 251 a 7. 

DeLOs, isla sagrada de Apolo, 
Fr. 357, 1. 

DEMÉTER, hija de Cronos y de 
Rea y madre de Pluto y de 
Perséfone, Teog. 454, 912, 969; 
Trab. 32, 300, 393, 465, 466, 
597, 805; Esc. 290; Fr. 177, 9 
y 12; 226; 280, 20. 

DemMóÓDICE, hija de Agenor, se 
unió a Ares, Fr, 22, 5. 

DESORDEN, personificado, hijo 
de Eris, Teog. 230, Esc. 156. 

DESTRUCCIÓN,  personificada, 
Teog. 230. 

DEUCÁLIDA, patronímico de Ido- 
meneo, descendiente de Deu- 
calión, Fr. 204, 57. 


DEUCALIÓN, hijo de Prometeo y 
padre de Helen, Fr. 2; 3; 4; 
5, 1; 6; 7. 

DEYANIRA, hija de Eneo y de 
Altea y esposa de Heracles, 
Fr. 25, 17, 

DeYón, hijo de Éurito, Fr. 26, 
29. 


DEYONEO, hijo de Éolo y padre 
de Asterodia, Fr. 58, 9. 

Drcris, hermano de Polidectes, 
Fr. 8. 

DIKE, Justicia personificada, 
una de las Horas, hijas de 
Temis y de Zeus, Teog. 902; 
Trab. 220, 256. 

DINÁMENA, hija de Nereo y de 
Doris, Teog. 248. 

DIOMEDE, esposa de Amiclas y 
madre de Jacinto, Fr. 171, 6. 


ÍNDICE DE NOMBRES 


DIONE, madre de Afrodita (?), 
Teog. 17. 

DIONE, hija de Océano y de 
Tetis, Teog. 353. 


DIONISO, hijo de Zeus y de 
Sémele y esposo de Ariadna, 
Teog. 941, 947; Trab. 614; Esc. 
400; Fr. 131; 238; 239, 1. 

] DISCURSOS, personificados, hi- 
jos de Eris, Teog. 229. 

DoDOoNa, oráculo de Zeus en el 
Epiro, Fr. 240, S; 319. 

DóLICO, héroe de Eleusis como 
Eumolpo e Hipotoonte, Fr. 
227. 

DOLORES, personificados, hijos 
de Eris, Teog. 227. 


Doris, hija de Océano y de Te- 
tis y esposa de Nereo, Teog. 
241, 350, 

Doris, hija de Nereo y de Do- 
ris, Teog. 250. 

Doro, hijo de Helen, Fr. 9, 2. 

Doro, llanura de Tesalia, Fr. 
59, 3; 65. 

Doro, hija de Nereo y de Do- 
ris, Teog. 248. 

DRÍALO, Centauro, Esc. 187, 

DRIANTE, Centauro, Esc. 179. 


E 
ÉACE, hijo de Nauplio y her- 
mano de Palamedes, Fr. 297. 
EAciDA, hijo o descendiente de 
Éaco, Fr. 203; 206; 211, 3 y 7. 
ÉEaco, hijo de Zeus y de Egina 
y padre de Foco, Fr. 205, 1. 


413 


EBÁLIDA, patronímico de Tindá- 
reo, hijo de Ébalo, Fr. 119, 8. 

ÉBALO, padre de Pirene, Fr. 258. 

EcAtIAa, ciudad arrasada por 
Heracles, Fr. 26, 32. 

EbIPO, rey de Tebas, Trab. 163; 
Fr. 192; 193, 4, 

EEROPEA, AÉROPE, esposa de 
Plístenes y madre de Aga- 
menón y de Menelao, Fr. 194; 
195, 3. 

Erres, hijo de Helios; hermano 
de Circe y padre de Medea, 
Teog. 957, 958, 992, 994; Fr. 
255 y 299, 

ErrIóN, hijo de Zeus y de Elec- 
tra, Fr. 177, 8 y 11. 

EGEIDA, patronímico de Teseo, 
Esc. 182. 

EGINA, ninfa, madre de Éaco, 
Fr. 205. 

EGINA, isla, Fr. 204, 47. 

EGIPTO, padre de cincuenta hi- 
jos, Fr. 127. 

EGISTO, amante de Clitemestra, 
Fr. 176, 6. 

ELE, hija de Panopeo, Fr. 147; 
298. 

EGLE, una de las Hespérides, 
Fr. 360. 

EILAÁRIDA, patronímico de Titio, 
Fr, 78. 

EILATIDA, hijo de Élato, patronf- 
mico de lIsquis, Fr. 60, 4. 
EIRENE, una de las Horas, hi- 
jas de Zeus y de Temis, Teog. 

902. 

ÉLATO, Lapita, padre de Céni- 
de, Fr. 87. 

ELECTRA, hija de Océano y ma- 


414 


dre de Iris y de las Harpías, 
Teog. 266, Y9. 

ELECTRA, hija de Atlante y ma- 
dre de Dárdano y de Eetión, 
Fr. 169, 1; 177, 5. 

ELECTRA, hija de Agamenón y 
de Clitemestra, Fr. 23 a 16. 

ELECTRIÓN, hijo de Perseo y de 
Andrómeda y padre de Alc- 
mena, Esc. 3, 82; Fr. 35, 7; 
193, 10 y 20. 

ELECTRIONA, patronímico de Alc- 
mena, hija de Electrión, Esc. 
16, 35, 86. 

ELECTRIONA, otro nombre de 
Electra, hija de Atlante, Fr. 
180, 5. 

ELEFENOR, hijo de Calcodón y 
rey de los abantes, Fr. 204, 
52. 

ELEUSIS, escenario de los mis- 
terios de Deméter en el AÁti- 
ca, Fr. 226. 

ELFUTER, ciudad de  Beocia, 
Teog. 54. 

EMATIÓN, hijo de Titono y de 
Eos, Teog. 985. 

ENDEO, hijo de Oicleo y de Hi- 
permestra, Fr. 25, 40. 


ENDIMIÓN, hijo de Aetlio y de 
Cálice, Fr. 260. 

ENEÉas, hijo de Anquises y de 
Afrodita, Teog. 1008. 

ENEIO, epíteto de Zeus, Fr. 156. 

ÉNEO, esposo de Peribea y pa- 
dre de Tideo, Fr. 11, 7; 12; 
14, 3; 25, 14; 280, 10. 


OBRAS Y FRAGMENTOS 


ENIDA, patronímico de Ínaco, 
Fr. 122; patronímico de Me- 
leagro, Fr. 28, 24. 

Enío, hija de Forcis y de Ceto, 
Teog. 273. 

ENIPEO, río de Ptiótide, Fr. 30, 
35, 

ENNOSIGEO, epíteto y nombre 
de Posidón, que sacude la 
tierra, Teog. 15, 441, 456, 818, 
930; Esc. 104; Fr. 17 a 13 y 
15; 244, 8; 253, 2. 

ENOMAO0, padre de Hipodamía, 
Fr. 259 a. 

ENOPIÓN, hijo de Posidón y pa- 


dre de HEvantes, Fr. 148 a; 
238. 
EóLiDA, patronímico, hijo de 


Éolo, Fr. 10, 1; 43 a 75; 95, 2. 

Eoro, de HEólide, Trab. 636; 
Fr. 16, 13. 

ÉOLO, hijo de Helen y herma- 
no de Doro y de Juto, Fr. 
9, 2. 

Eos, hermana de Helios y de 
Selene; hija de Hiperión y 
esposa de Astreo, Teog. 19, 
372, 378, 451, 984; Trab. 610. 

EÓSFORO, estrella de la maña- 
na, hija de Astreo y de Eos, 
Teog. 381. 

EPEOS, habitantes de Élide, Fr. 
12, 2. 

EPIALTES, FEFIALTES, hijo de 
Aloeo y hermano de Oto, Fr. 
20. 

EPIDAURO, ciudad de la Argóli- 
de, Fr. 204, 46. 


ÍNDICE DE NOMBRES 


EPIDAURO, hijo de Argo, Pr. 
247. 

EPILAO, hijo de Neleo y her- 
mano de Néstor, Fr. 33 a 11. 

EPILAO, hijo de Electrión y her- 
mano de Alcmena, Fr. 193, 
15. 

EPIMETEO, hijo de Jápeto y pa- 
dre de Pirra, Teog. 511; Trab. 
84, 85; Fr. 2; 4. 

É£pPITO, hijo de Élato y rey de 
Arcadia, Fr. 166. 

EQUEFRÓN, hijo de Néstor y de 
Anaxibia, Fr. 31, 5; 36, 2. 
ÉQUEMO, esposo de Timandra, 

Fr. 176, 3. 

EQUIDNA, hija de Forcis y de 
Ceto, era mitad por mitad 
mujer y serpiente, Teog. 304. 

ÉRATO, una de las Musas, Teog. 
78. 

ÉRATO, hija de Nereo y de Do- 
ris, Teog. 246. 


ERECTEO, padre de Sición, Fr. 
224. 

ERICTONIO, hijo de Dárdano y 
hermano de llo, Fr. 177, 14. 


ERÍDANO, río, tal vez el Po o 
el Ródano, hijo de Océano y 
de Tetis, Teog. 338; Fr. 150, 
23; 311. 

ERINIAS, hijas de Urano y de 
Gea, Teog. 185, 472; Trab. 
803; Fr. 280, 9. 

Er1s, hija de Noche, Teog. 225, 
226; Trab. 11, 16, 24, 28, 804; 
Esc. 148, 156. 


415 


ERISICTÓN, padre de Mestra, Fr. 
43 a 2; 43 b. 

ERITEA, una de las Hespérides 
hijas de Noche, Fr. 360. 

ERITEA, isla donde residía Ge- 
rión, Teog. 290, 983. 

Eros, hijo de Caos y hermano 
de Gea y de Tártaro, Teog. 
120, 201. 

ESCAMANDRO, río de la Tróade, 
hijo de Océano y de Tetis, 
Teog. 3445. 

ESCENEO, padre de Atalanta, Fr. 
72; 73, 1; 711, 12; 76, 9. 

EsciLa, hija de Forbante y de 
Hécate, Fr. 262. 

ESCITA, uno de los Dáctilos del 
Ida, Fr. 282. 

ESCITAS, pueblo mítico al norte 
de Tracia, Fr. 150, 15. 

EscITES, hijo de Zeus, Fr. 150, 
16. 

ESEPO, río de Asia que desem- 
boca en el Helesponto, Teog. 
342. 

ESFINGE, hija de Quimera y de 
Orto, Teog. 326. 

Esón, padre de Jasón, Fr. 38; 
39; 40, 1. 

ESÓNIDA, patronímico, hijo de 
Esón, Teog. 993, 999. 

ESPARTA, ciudad del Peloponeso, 
Fr. 26, 3. 

EsPEO, hija de Nereo y de Do- 
ris, Teog. 245. 

ESPERANZA, personificada, Trab. 
%. 

ESTÉFANO, hijo de Policoonte y 
de Aristecme, Fr. 251 a 7. 


416 


ESTENEBEA, hija de Afidante y 
esposa de Preto, Fr. 129, 18 
y 20; 131. 

ESTÉNELO, hijo de Andrómeda 
y de Perseo, Fr. 135, 7; 190, 
9; 191. 

ESTENO, una de las Gorgonas, 
hijas Forcis y de Ceto, Teog. 
276. 

ESTÉROPE, hija de Partaón y de 
Laótoe, Fr. 26, 9. 

ESTÉROPES, Cíclope, hijo de Ura- 
no y de Gea, Teog. 140, 501. 

EstICIA, hija de Océano y de 
Tetis, Teog. 361, 383, 389, 397, 
7176, 805. 


ESTRATIO, hijo de Néstor y de 
Anaxibia, Fr. 35, 11. 

ESTRATONICE, hija de Partaón y 
esposa de Éurito, Fr. 26, 9, 
23 y 27. 

ESTRIMÓN, río, hijo de Océano 
y de Tetis, Teog. 339. 

ETEIDA, epíteto de Prónoe, de) 
monte Eta, Fr. 26, 26. 


ETEOCLO, hijo del río Cefiso y 
esposo de Evipe, Fr. 70, 74; 
71. 

ÉTER, hijo de Noche, Teog. 124; 
Fr. 400. 

ErTfoPES, pueblo africano, Teog. 
985; Fr. 150, 15 y 17. 

ETNA, monte de Sicilia, Fr. 150, 
25. 


EroL10os, de Etolia, Fr. 23 a 6; 
198, 9. 

ETÓN, otro nombre de Erisic- 
tón, padre de Mestra, Fr. 43 
a 5y37,43b y 43 c. 


OBRAS Y FRAGMENTOS 


Eusgra, isla, Trab. 651; Fr. 149; 
204, 52; 293, 3. 

EUCcRANTA, hija de Nereo y de 
Doris, Teog. 243. 

EuDoRa, hija de Nereo y de Do- 
ris, Teog. 244. 

EuDoRa, hija de Océano y de 
Tetis, Teog. 360. 


EUDORA, una de las Híades, hi- 
jas de Atlante, Fr. 291, 3. 
EuFEMO, hijo de Posidón y de 

Mecionice, Fr. 253, 2. 


EUFRÓSINE, una de las Gracias, 
Teog. 903. 

EULÍMENA, hija de Nereo y de 
Doris, Teog. 247. 

EUuMOLPO, fundador de los mis- 
terios eleusinos, Fr. 227. 


EUNICE, hija de Nereo y de Do- 
ris, Teog. 246. 

EUNOMÍA, una de las Horas, 
hijas de Temis, Teog. 902; 
Trab. 200. 

EuPoMPA, hija de Nereo y de 
Doris, Teog. 261. 

EurÍaALaA, hija de Forcis y de 
Ceto, hermana de Esteno y 
de Medusa, Teog. 276. 

EURÍALE, hija de Minos y ma- 
dre de Orión, Fr. 148 a. 

EURÍALO, pretendiente de Hipo- 
damía, Fr. 259. 

EurIBIa, hija de Ponto y de 
Gea y madre de Astreo, Pa- 
lante y Perses, Teog. 239, 375. 

EuriBI0, hijo de Electrión y 
hermano de Alcmena, Fr. 193, 
15. 


ÍNDICE DE NOMBRES 


EURIBIO, hijo de Neleo y her- 
mano de Néstor, Fr. 33 a 11. 

EURÍDICE, hija de Lacedemón y 
madre de Dánae, Fr. 129, 12. 

EURIGIES, otro nombre de An- 
drógeo, hijo de Minos, Fr. 
146. 

EURIGIO, véase el anterior. 

EURÍLOCO, héroe de Salamina, 
Fr. 226. 

EURÍMACO, pretendiente de Hi- 
podamía, Fr, 259 a. 

EURÍNOME, hija de Océano y 
madre de las Gracias, Teog. 
358, 907. 


EURÍNOME, hija de Niso, Fr. 43 
a 71. 

EURÍPILO, rey de Cos, hijo de 
Posidón y de Mestra y pa- 
dre de Calcón y de Antágo- 
res, Fr. 43 a 58. 


EURISTEO, hijo de Esténelo y 
rey de Tirinto, Esc. 91, cf. 
Fr. 190, 10. 

EURITEMISTE, hija de Partaón y 
Laótoe, Fr. 26, 9 y 4. 

EURITIÓN, boyero de Gerión, 
Teog. 293. 

ÉURITO, hijo de Actor y her- 
mano de Ctéato, Fr. 17 a 16; 
18. 

ÉURITO, rey de Escalia, hijo 
de Melaneo y padre de De- 
yón, Clitio, Toxeo, Ífito y 
Yola, Fr. 26, 28. 

EUROPA, hija de Océano y de 
Tetis, Teog. 357. 


OBRAS Y FRAGMENTOS, 27 


417 


EUROPA, hija de Fénix y madre 
de Minos, Radamantis y Sar- 
pedón, Fr. 140; 141, 8. 

EUROTAS, padre de Mecionice, 
Er. 253, 

EvAGORaA, hija de Nereo y de 
Doris, Teog. 257. 

EvAGORAs, hijo de Neleo y her- 
mano de Néstor, Fr. 33 a 9. 

EVANDRO, hijo de Équemo, Fr. 
168. 

EVANTES, padre de Marón, Fr. 
238. 

EVARNA, hija de Nereo y de 
Doris, Teog. 259. 

EVECME, hija de Hilo y esposa 
de Policreonte, Fr. 251 a 1 
y 9; 251 b. 

EVENO, río de Etolia hijo de 
Océano, Teog. 345. 

EviPE, hija de Leucón y esposa 
de Eteoclo, Fr. 70, 10. 

ExADIO, Lapita, Esc. 180. 

ÉYONE, hija de Nereo y de Do- 
ris, Teog. 255. 


F 


FAETÓN, FAETONTE, hijo de Cé- 
falo y de Eos, Teog. 987; hijo 
de Helios y de Clímene, Fr. 
311. 


FALERO, caudillo de los Lapitas, 
Esc. 180. 

Fasis, río de la Cólquide hijo 
de Océano y de Tetis, Teog. 
H0; Fr. 241. 


418 


FEBE, hija de Gea y Urano, 


Teog. 136, 404. 
FEBO, epíteto y nombre de Apo- 
lo, Teog. 14; Esc. 68, 100; 


Fr. 26, 22; 33 a 29; 51, 3; 60, 
3: 171, 8; 185, 1; 307, 1; 357, 3. 
FELO, hijo de Melibea, Fr. 167. 
FEMÓNOE, profetisa de Apolo, 
Fr. 327. 

FÉNIx, hijo de Agenor y padre 
de Cílice, Fineo y Doriclo, 
Fr. 138; 139; 140; 141, 7. 

FEO, una de las Híades, hijas 
de Atlante, Fr. 291, 3. 


FERES, hijo de Eneo y de Altea, 
Fr. 25, 10. 

FERUSA, hija de Nereo y de Do- 
ris, Teog. 248. 

FÉSILE, una de las Híades, hijas 
de Atlante, Fr. 291, 2. 

Ficio, monte de Beocia próxi- 
mo a Tebas, Esc. 33. 

FICTEO, padre de Hipóstrato, 
Fr. 12, 2. 


FÍCTEO, ciudad epónima de Fic- 
teo, Fr. 12. 

FíLACE, ciudad de Tesalia, Fr. 
58, 9; 199, 4. 

FILÁCIDA, patronímico de Ificlo, 
hijo de Fílaco, Fr. 199, 5. 
FíLACco, rey de Fílace y padre 
de Ificlo y de Podarces, Fr. 

272, 4. 


FILAMÓN, hijo de Filonis y de 
Apolo, Fr. 64, 15. 

FILANTE, esposo de Lipéfile y 
padre de Tero, Fr. 252, 1. 
FILEO, segundo esposo de Ti- 

mandra, Fr. 176, 4. 


OBRAS Y FRAGMENTOS 


FILÍRIDA, patronímico del Cen. 
tauro Quirón, hijo de Fílira, 
Teog, 1002. 

FILÓNOE, hija de Tindáreo y de 
Leda, Fr. 23 a 10. 

FILONIS, madre de Filamón y 
de Autólico, Fr. 64, 13 y 14. 

FINEO, hijo de Fénix y de Ca- 
siepea, Fr. 138; 151; 254. 

FLEGIAS, padre de Coronis, Fr. 
60, 4. 

Foceos, habitantes de la Fóci- 
de, Esc. 25. 

Foco, hijo de Éaco y esposo de 
Asterodia, Teog. 1004; Fr. 58, 
8. 

FORBANTE, esposo de Hécate y 
padre de Escila, Fr. 262. 

FÓRCIDES, hijas de Forco, Fr. 
295. 

Forcis, hijo de Ponto y de 
Gea y esposo de Ceto, Teog. 
237, 270, 333, 336. 

FORONEO, hijo de Ínaco y pa- 
dre de Níobe, Fr. 123. 

FRIXO, hijo de Atamante y de 
Néfele, y hermano de Hele, 
Fr. 68; 254; 255; 256; 299, 

FRONTIS, hijo de Frixo y de 
Yofosa, Fr. 255. 

FUENTE DEL CABALLO, en el He- 
licón, Teog. 6. 


G 


GALATEA, hija de Nereo y de Do- 
ris, Teog. 250. 

GALAXAURA, hija de Océano y de 
Tetis, Teog. 353. 


ÍNDICE DE NOMBRES 


GALENA, hija de Nereo y de Do- 
ris, Zeog. 24. 

Gea, la Tierra personificada, 
madre y esposa de Urano, 
Teog. 20, 45, 106, 117, 126, 147, 
154, 158, 159, 173, 176, 184, 
238, 421, 463, 470, 479, 494, 
505, 626, 644, 821, 884, 891; 
Fr. 150, 11; 287; 389. 

GEMELAS, colinas de Tesalia, Fr. 
59, 2. 

GERENIO, de Gereno, epíteto de 
Néstor, Fr. 31, 7; en plural, 
habitantes de Gereno, Fr. 35, 8. 


GERENO, ciudad de Mesenia, Fr. 
34. 

GERIÓN, gigante hijo de Crisaor 
y de Calírroe, Teog. 287, 309, 
982. 

GIGANTES, hijos de Gea y de 
Urano, Teog. 50, 185; Fr. 43 
a 65. 


GIGES, Centímano hijo de Gea 
y de Urano, Teog. 149, 618, 
714, 734, 817. 

GLACTÓFAGOS, míticos habitantes 
de Escitia, Fr. 151. 

GLAUCA, hija de Nereo y de Do- 
ris, Teog. 244. 

GLAUCO, hijo de Sísifo y padre 
putativo de Belerofonte, Fr. 
43 a 53 y 82. 

GLAUCÓNOMA, hija de Nereo y 
de Doris, Teog. 256. 

GLENO, hijo de Heracles y De- 
yanira, Fr. 25, 19. 

GORGÓFONO, epíteto de Perseo, 


que mató a Medusa, Fr. 193, 
13. 


419 


GORGONAs, tres hijas de Forcis 
y de Ceto: Esteno, Euríala 
y Medusa, Teog. 214; Esc. 
230, 237; en singular, designa 
a Medusa, Esc. 224; Fr. 363 a. 

GRACIAS, tres hijas de Zeus y 
de Eurínome: Aglaya, Eufró- 
sine y Talía, Teog. 64, 907, 
946; Trab. 73; Fr. 43 a 4; 70, 
38; 71; 73, 3; 185, 20; 196, 6; 
215, 1; 229, 16; 291, 1. 

GRÁNICO, río de la Tróade hijo 
de Océano y de Tetis, Teog. 
42. 

GRAYAsS, hijas de Forcis y de 
Ceto, Teog. 271. 

GRIEGO (= ¿Helen?), hijo de 
Zeus y de Pandora, Fr. 3; 
5, 3. 

GUERRAS, personificadas, hijas 
de Eris, Teog. 228. 


H 


HADES, hijo de Cronos y de Rea 
casado con Perséfone, Teog. 
311, 455, 768, 774, 850; Trab. 
153; Esc. 151, 227, 254; Fr. 25, 
25; 185, 4; 204, 118; 280, 4, 
19 y 22. 

HaLía, hija de Nereo y de Do- 
ris, Teog. 245. 


HALIACMÓN, río de Pieria hijo 
de Océano, Teog. 341. 

HALIMEDA, hija de Nereo y de 
Doris, Teog. 255. 

HALIRROCIO, padre de Alácigo 
y de Semo, Fr. 49. 


420 


HAMBRE, personificada, hija de 
Eris, Teog. 228: Trab. 299, 
302. 

HARMONÍA, hija de Ares y de 
Afrodita esposa de Cadmo, 
Teog. 937, 975. 

HaRPíaAs, hijas de TTaumante y 
de Electra, Teog. 267; Fr. 76, 
18; 151; 155; 156. 

HEBE, hija de Zeus y esposa de 
Heracles, Teog. 17, 922, 950; 
Fr. 25, 28; 229, 8. 


HÉCATE, esposa de Forbante y 
madre de Escila, Teog. 411, 
418, 441; Fr. 23 b; 262. 


HÉcrTOR, hijo de Príamo, Fr. 141, 
29. 


HEFESTO, hijo de Hera y esposo 
de Aglaya, Teog. 866, 927, 945; 
Trab. 60; Esc. 123, 244, 297, 
313, 319; Fr. 141, 4; 148 a; 
343, 2. 

HÉLADE, Grecia, Trab. 653. 

HELE, hija de Atamante y her- 
mana de Frixo, Fr. 68. 


HELEN, hijo de Deucalión y de 
Pirra; padre de Doro, Juto 
y Éolo; epónimo de los hele- 
nos, Fr. 2; 3; 4; 9, 1. 

HELENA, hija de Zeus y de una 
Oceánida; hermana de Cástor 
y de Polideuces; esposa de 
Menelao, Trab. 165; Fr. 24; 
176, 1; 199, 2; 200, 2 y 11; 202; 
204, 43, 55, 62, 91; 358, 

HÉLICE, ciudad de Tesalia o de 
Acaya, Esc. 381, 475. 


HeELICÓN, monte de Beociía, 


OBRAS Y FRAGMENTOS 


Teog. 2, 7, 23; Trab. 639: Fr. 
26, 12. 

HELICONÍADAS, del Helicón, epí- 
teto de las Musas, Teog. 1; 
Trab. 658. 

HeL1os, del Sol, hijo de Hipe- 
rión y hermano de Eos y de 
Selene; padre de FEetes y de 
Circe, Teog. 19, 371, 760, 956, 
958, 1011; Fr. 302, 15; 351. 

HELOPIA, región de los selos, 
habitantes de Dodona, Fr. 
240, 1. 

HÉMERA, el Día personificado, 
hija de Noche y esposa de 
Éter, Teog. 748; Fr. 400. 

HENfoca, esposa de Creonte, 
rey de Tebas, Esc. 83. 

HEPTÁPORO, río hijo de Océano 
y de Tetis, Teog. 341. 


HERA, esposa de Zeus, Teog. 
11, 17, 314, 328, 454, 921, 927, 
952; Fr. 15; 25, 29 y 30; 124; 
131; 210; 229, 9 y 10; 260; 275; 
294; 343, 5; 354, 

HERACLES, hijo de Zeus y de 
Alcmena, Teog. 289, 315, 318, 
332, 527, 530, 943, 951, 982; 
Esc. 52, 69, 74, 115, 138, 349, 
416, 452, 458; Fr. 1, 22; 25, 3, 
18 y 23; 33 a 23, 25, 27 y 30; 
35, 1; 165, 9; 190, 11; 193, 
23; 229, 17; 230; 248; 250; 263; 
264; 265; 302, 18; 378. 

HERMAÓN, otro nombre de Her- 
mes, Fr. 64, 17; 137, 1; 150, 
31. 

HERMES, hijo de Zeus y de Ma- 
ya, Teog. 444, 938; Trab. 68; 


ÍNDICE DE NOMBRES 


Fr. 1, 21; 59, 15; 170; 217, 2. 
HERMÍONE, hija de Menelao y 
de Helena, Fr. 175, 1; 204, 94, 
HERMÍONE, ciudad de Argólide, 
Fr. 204, 49. 

HERMO, río de Lidia hijo de 
Océano y de Tetis, Teog. 343; 
Fr. 180, 4. 

HesíoDo, el poeta, Teog. 22. 

HESÍONE, esposa de Nauplio y 
madre de Palamedes, Fr. 297. 

HESPERETUSA, una de las Hes- 
pérides, hijas de Noche, Fr. 
360. 

HESPÉRIDES, hijas de Noche, 
Teog. 215, 275, 518; Fr. 360. 

HIDRA DE LERNA, hija de Tifón 
y de Equidna, Teog. 315. 

HIETO, epónimo de la ciudad 
del mismo nombre, que mató 
a Moluro, Fr. 257, 1. 

HIJA DE LA MAÑANA, otro nom- 
bre de Eos, Teog. 381. 


HiLo, hijo de Heracles y Deya- 
nira, Fr. 25, 19; 251 b. 

HÍMERO, personificación del 
Amor, compañero de las Gra- 
clas, Teog. 64, 201. 

HIPA, esposa de Teseo, Fr. 147, 

HIPERBÓREOS, habitantes del 
norte de Escitia, Fr. 150, 21. 

HIPEREA, epíteto de Laótoe, Fr. 
26, 7. 

HIPERIÓN, hijo de Urano y de 
Gea, Teog. 134, 374. 

HIPERIÓNIDA, patronímico de 
Helios, Teog. 1011. 


HIPERMESTRA, hija de Testio y 
de Euritemiste; hermana de 


421 


Leda y de Altea, Fr. 23 a 5; 
25, 344. 

HIPNOS, el Sueño, hijo de No- 
che, Teog. 212, 756, 759. 

Hipo, hija de Océano y de Te- 
tis, Teog. 351. 

HipPocLo, hijo de Pisídice y 
hermano de Argino, Fr. 70, 
33. 

HIPODAMANTE, padre de Éurita, 
Fr. 11, 5. 

HIPODAMÍA, hija de Enomao, Fr. 
259 a. 

HIPODAMÍA, esposa de Pirítoo, 
Fr. 280, 27. 

HIPÓMENES, esposo de Atalanta, 
Fr. 72; 74. 

HIPÓNOA, hija de Nereo y de 
Doris, Teog. 251. 

HIPÓNOO, rey de Óleno y padre 
de Peribea, Fr. 12. 

HIPÓSTRATO, caudillo de los 
epeos e hijo o descendiente 
de Amarinceo, Fr. 12; 12, 1. 

HíPOTES, hijo de Filante y her- 
mano de Tero, Fr. 252, 3. 

HiPóTOA, hija de Nereo y de 
Doris, Teog. 251. 

HIPOTOONTE, rey de Eleusis, Fr. 
227. 

HIRIEO, padre de Orión y epó- 
nimo de Hyria, Fr. 148 b; 
181. 

HisTIA, diosa del Hogar hija 
de Cronos y de Rea, Teog. 
454, 

HOMERO, el poeta, Fr. 357, 1. 

HOPLEO, caudillo de los Lapi- 
tas, Esc. 180. 

HoRas, hijas de Zeus y de Te- 


422 


mis: Eunomía, Dike y Eire- 
ne, Teog. 901; Trab. 75. 

HyYRriIa, ciudad de Beocia, Fr. 
181; 253, 1. 


I 


Ia, monte de la Tróade, Teog. 
1010. 

IDA, monte de Creta, Fr. 141, 
1; 282. 

Ipía, hija de Océano y esposa 
de Eetes, Teog. 352, 960. 

IDOMENEO, rey de Creta hijo 
de Deucalión y pretendiente 
de Helena, Fr. 204, 56. 

IFIANASA, hija de Preto y de 
Estenebea, Fr. 129, 24; 131. 

IFIANIRA, hija de Oicleo y de 
Hipermestra, Fr. 25, 39. 

IFIGENIA, hija de Agamenón, Fr. 
23 b. 

IFÍMEDE, otro nombre de Ifige- 
nia, Fr. 23 a 15 y 17. 
IFíÍNOE, hija de Preto y de Es- 
tenebea, Fr. 129, 24; 131. 
FITO, hijo de Éurito, Fr. 26, 
30; 94, 3, 

ILeEo, rey de Locros y padre 
de Ayax, Fr. 233, 1. 

ILIÓN, otro nombre de Troya, 
Fr. 23 a 19; 136, 8. 
ILo, hijo de Dárdano y padre 
de Erictonio, Fr. 177, 15. 
ILITIaA, hija de Zeus y de Hera, 
Teog. 922. 

INAco, río de Argos, hijo de 
Eneo y padre de Micene, Fr. 
122; 246. 


OBRAS Y FRAGMENTOS 


Ino, hija de Cadmo y de Har- 
monía, Teog. 976; Fr. 70 y 91. 

lo, hija de Pirén amada por 
Zeus, Fr. 124; 126; 294; 296. 

Iris, hija de Taumante y her- 
mana de las Harpías, Teog. 
266, 780, 784. 


ISMENE, hija de Asopo y madre 
del boyero Argo, Fr. 294, 

Isquis, hijo de Élato y esposo 
de Coronis, Fr. 60, 3. 

ÍTACA, isla del mar Jónico don- 
de reinaba Odiseo, Fr. 198, 2. 


J 


JACINTO, hijo de Amiclas y de 
Diomede, Fr. 171, 6. 


JANTA, hija de Océano y de Te- 
tis, Teog. 356. 

JANTE, esposa de Asclepio y ma- 
dre de Macaón, Fr. 53. 

JÁPETO, Titán, hijo de Urano 
y de Gea y padre de Atlante, 
Menetio, Prometeo y Epime- 
teo, Teog. 18, 134, 507, 565, 
746; Trab. 50. 

JAPETÓNIDA, patronímico de Pro. 
meteo, hijo de Jápeto, Teog. 
528, 5443, 559, 614; Trab. 54. 

JAsóN, hijo de Esón, esposo de 
Medea y padre de Medeo, 
Teog. 1000; Fr. 38; 40, 1. 

JURAMENTO, personificado, hijo 
de Eris, Teog. 231; Trab. 219, 
804. 

Juro, hijo de Helen y hermano 
de Doro y de Éolo, Fr. 9, 2. 


ÍNDICE DE NOMBRES 


K 


KER, KERES, hijas de Noche, 
Teog. 211, 217; Esc. 156, 249. 


L 


LACEDEMÓN, padre de Eurídice, 
Fr. 129, 12. 

LACEDEMONIA, la región del Pe- 
loponeso, Fr. 198, 7; 199, 7. 

LADÓN, río de Arcadia hijo de 
Océano y de Tetis, Teog. 44. 

LAERTES, padre de Odiseo, Fr. 
198, 3. 


LAMENTO, personificado, hijo de 
Noche, Teog. 214. 
Laóoco, hijo de Timandra y 
de Équemo, Fr. 23 a 34, 
LAOMEDEA, hija de Nereo y de 
Doris, Teog. 257. 

LAOMEDONTE, héroe perseguido 
por Heracles, Fr. 43 a 64; 
165, 10. 


LAÓNOME, hija de Alcmena y 
esposa de Eufemo, Fr. 253. 

LAÓTOE, esposa de Partaón y 
madre de FEuritemiste, Es- 
tratonice y Estérope, Fr. 26, 
7. 


LAPITAS, guerreros míticos en- 
frentados a los Centauros, 
Esc. 178. 

LAPITES, padre de Diomede (?), 
Fr. 171, 2. 

LÁQUESIS, una de las Keres, hi- 
jas de Noche, Teog. 218, 905; 
Esc. 258. 


423 


LATINO, hijo de Odiseo y de 
Circe, Teog. 1013. 

LE4GORA, hija de Nereo y de 
Doris, Teog. 257. 

Leva, hija de Testio y herma- 
na de Altea y de Hipermes- 
tra; esposa de Tindáreo y 
madre de Timandra, Clite- 
mestra y Filónoe, Fr. 23 a 
5 y 8. 

LÉLEGES, pueblos encomendados 
a Deucalión, Fr. 234, 1. 

LENEO, el mes, Trab. 504. 

LEPREO, hijo de Pergeo y ému- 
lo de Heracles, Fr. 265. 

Lero, madre de Apolo y de 
Ártemis, Teog. 18, 406, 918; 
Trab. 711; Esc. 202; Fr. 54 b; 
148 a; 280, 2; 357, 3. 

LETOIDA, patronímico de Apolo, 
Esc. 479; epíteto de Asclepio, 
hijo de Apolo, Fr. 51, 2. 

LeEuciPo, hijo de Perieres y pa- 
dre de Arsínoe, Fr. 50. 

LeucóNn, hijo de Atamante y pa- 
dre de Pisídice y de Evipe, 
Fr. 70, 10 y 28. 

LkeucóTOE, hija de Eurínome y 
de Órcamo amada por He- 
lios, Fr. 351. 

LiBIa, país africano en la ruta 
de los Argonautas, Fr. 241. 

LrBros, habitantes de Libia, Fr. 
150, 15. 

LicaóNn, hijo de Pelasgo y pa- 
dre de Palante y de Calisto, 
Fr. 161, 1; 162; 163. 

Licro, ciudad de Creta, Teog. 
477, 482. 


424 


LicIa, región de Asia Menor, 
Fr. 141, 16. 

LICcOMEDES, cretense pretendien- 
te de Helena, Fr. 202; 204, 
65. 


LiLeEa, ciudad de Fócide, Fr. 
70, 18. 
LINcEO, antepasado de Hera- 


cles, Esc. 327. 

Lino, hijo de Urania invocado 
por aedos y citaristas, Fr. 
305, 1 y 4; 306. 

LIPÉFILE, hija de Yolao y es- 
posa de Filante, Fr. 252, 2. 
LIQUES, heraldo de Deyanira, 

Fr. 25, 22. 

LISIANASA, hija de Nereo y de 
Doris, Teog. 258. 

LisíbicE, hija de Pélope y ma- 
dre de Alcmena, Fr. 190, 4; 
193, 11 y 20. 

LisIPE, hija de Preto y de Es- 
tenebea, Fr. 131. 

Locr1os, habitantes de Lócri- 
de, Esc. 25, 

LoCRo, caudillo de los Léleges, 
Fr. 234, 1. 


M 


MAcaóN, hijo de Asclepio y de 
Jante, Fr. 53. 

MACcARE0, hijo de Crínaco, Fr. 
184, 

MAceEDÓN, hijo de Zeus y de 
Tuya, Fr. 7, 2. 

MACROCÉFALOS, pueblo mítico de 
Africa, Fr. 153. 


OBRAS Y FRAGMENTOS 


MAGNETE, hijo de Zeus y de 
Tuya, Fr. 7, 2; 8; 256. 

MANTO, hija de Melampo, Fr. 
136, 5. 

MARES, un mensajero, Fr. 271,1. 

MÁRMAX, pretendiente de Hipo- 
damía, Fr. 259 a. 

MARÓN, hijo de Evantes, Fr. 
238. 

MARONEA, ciudad de Tracia, Fr. 
238. 

MASACRES, personificadas, hijas 
de Eris, Teog. 228; Esc. 155. 

MAseTA, ciudad de Argólida, Er. 
204, 47. 

MATANZA, personificada, hija de 
Eris, Teog. 228; Esc, 155. 
MaYa, una de las Pléyades, hi- 
jas de Atlante; madre de 
Hermes, Teog. 938; Fr. 169, 3; 

170; 217, 2. 

MEANDRO, río de Caria hijo de 
Océano, Teog. 339. 

MECIONICE, madre de Eufemo, 
Fr, 253, 1. 

MECONA, nombre antiguo de Si- 
cione, Teog. 536. 

MEDEA, hija de Eetes y esposa 
de Jasón, Teog. 961. 

MEDEO, hijo de Jasón y de Me- 
dea educado por Quirón, 
Teog. 1001. 

MEDUSA, una de las Gorgonas, 
hijas de Forcis y de Ceto, 
Teog. 276. 

MEDUSA, hija de Pelias y de 
Anaxibia, Fr. 37, 21. 

MÉGARA, ciudad próxima a Co- 
rinto, Fr. 204, 48. 


ÍNDICE DE NOMBRES 


MELAMPO, adivino, hermano de 
Biante, Fr. 37, 13; 261. 

MELANEO, esposo de Estratoni- 
ce y padre de Éurito, Fr. 26, 
25. 

MÉLANOS, pueblo mítico de Afri- 
ca, Fr. 150, 10 y 17. 

MELAS, hijo de Frixo y de Yo- 
fosa, Fr. 255. 


MELEAGRO, hijo de Eneo y de 
Altea, Fr. 25, 10; 280, 10. 

MELIAS, Ninfas, nacidas de Ura- 
no, Teog. 187. 

MELIBEA, madre de Felo, Fr. 
167. 

MELITA, hija de Nereo y de Do- 
ris, Teog. 247. 

MÉLITE, hija de Mirmex, Fr. 
225. 


MÉLITE, demo de Ática, Fr. 225. 

MELÓBOSIS, hija de Océano y de 
Tetis, Teog. 354. 

MELPÓMENE, una de las nueve 
Musas, Teog. 77. 

MEMNÓN, hijo de Titono y de 
Eeos rey de los Etíopes, 
Teog. 984; Fr. 353. 

MENELAO, hijo de Plistenes y 
hermano de Agamenón; espo- 
so de Helena, Fr. 136, 9 y 13; 
175, 1; 176, 7; 195, 5; 197, 5; 
198, 5; 204, 41, 86, 89, 93, 

MENESTEO, hijo del rey atenien- 
se Peteo y pretendiente de 
Helena, Fr. 200, 3. 

MENESTO, hija de Océano y de 
Tetis, Teog. 357. 

MENETIO, hijo de Jápeto y her- 
mano de Atlante, Prometeo 


425 


y Epimeteo, Teog. 510, 514; 
Fr. 212 a. 

MENIPA, hija de Nereo y de 
Doris, Teog. 260. 


MENTIRAS, personificadas, hijas 
de Eris, Teog. 229. 

MÉROPE, una de las Pléyades, 
hijas de Atlante, Fr. 169, 3. 
MÉROPE, hija de Enopión vio- 
lada por Orión, Fr. 148 a. 
MESTRA, hija de Erisictón y ma- 
dre de Eurípilo, Fr. 43 a 4, 

55 y 56. 

METIS, hija de Tetis y de Océa- 
no, Teog. 358, 886; Fr. 343, 
6, 13. 


MICENE, hija de Ínaco y espo- 
sa de Arestor, Fr. 246. 

MibDas, rey de Frigia, Fr. 352. 

MIEDO, personificado, Teog. 
943; Esc. 144, 195, 463. 


MIMANTE, caudillo de los Cen- 
tauros, Esc. 186. 

MINÍADA, patronímico de Orcó- 
meno, hijo de Minias, Fr. 70, 
35. 


MINOS, rey de Creta, padre de 
Ariadna, Teog. 948; Fr. 140; 
141, 13; 144; 145, 10 y 15; 148 a; 
204, 57. 

MÍRMEX, padre de Mélite, Fr. 
225. 

MIRMIDÓN, esposo de Pisídice 
y padre de Ántifo y de Ac- 
tor, Fr. 16, 9. 


MIRMIDONES, míticos habitan- 


tes de la Ptiótide, Esc. 380, 
474. 


426 


Misios, habitantes de Misia, 
reino de Télefo, Fr. 165, 8. 
MNEMÓSINE, hija de Gea y de 
Urano y madre de las Musas, 

Teog. 54, 135, 915. 

MoIRas, hijas de Noche, Teog. 
217, 904; Fr. 212 b 1; Fr. 249, 
280, 2. 


MÓLINE, MOLfONE, esposa de 
Áctor y madre de Ctéato y 
de Éurito, Fr. 17 a 7; 176. 

MOLIÓNIDAS, patronímico de 
Ctéato y Éurito, Fr. 18. 

MOLURO, hijo de  Arisbante 
muerto por Hieto, Fr. 257, 1. 

MONTAÑAS, personificadas, hijas 
de Gea, Teog. 129. 

MOoPSO, adivino, caudillo de los 
Lapitas, Esc. 181; Fr. 278. 
MoRos, hijo de Noche, Teog. 

211. 

Musas, las nueve hijas de Zeus 
y de Mnemósine, Teog. 1, 25, 
36, 52, 75, 93, 94, 96, 100, 114, 
916, 966, 1022; Trab. 1, 658, 
662; Esc. 206; Fr. 1, 2 y 14; 
26, 11; 310, 1. 


N 


NArIs, esposa de Quirón, Fr. 42; 
304. 

NAUPLIO, hijo de Posidón y de 
Amimone, Fr. 297. 

NAUSIMEDONTE, hijo de Nauplio, 
Fr. 297. 

NAusínoo, hijo de Calipso y de 
Odiseo, Teog. 1018. 


OBRAS Y FRAGMENTOS 


NAUSÍTOO, hijo de Calipso y de 
Odiseo, Teog. 1017. 


NÉFELE, esposa de Atamante y 
madre de Frixo y de Hele, 
Fr. 68. 

NELEIDA, patronímico de Néstor, 
hijo de Neleo, Fr. 221, 2. 


NELEO, hijo de Tiro y de Po- 
sidón y hermano de Pelias; 
esposo de Cloris y padre, en- 
tre otros, de Néstor y de Pe- 
riclímeno, Fr. 33 a 2, 6, 20; 
35, 6; 37, 16. 

NEMEA, llanura de la Argólide, 
Teog. 329, 331. 


NEMERTES, hija de Nereo y de 
Doris, Teog. 262. 

NÉMESsIS, hija de Noche, Teog. 
223; Trab. 200. 


NEREO, hijo del Ponto y espo- 
so de Doris, Teog. 233, 240, 
263, 1003. 


NESEA, hija de Nereo y de Do- 
ris, Teog. 249. 


Neso, hija de Nereo y de Do- 
ris, Teog. 261. 

Neso, río de Tracia hijo de 
Océano y de Tetis, Teog. 341. 


NÉsTOR, rey de Pilos e hijo de 
Neleo, Fr. 33 a 12; 34; 35, 6; 
37, 16. 

NIcIPE, hija de Pélope y esposa 
de Esténelo, Fr. 190, 4 y 9; 
191. 

NICÓSTRATO, hijo de Menelao y 
hermano de Hermíone, Fr. 
175, 2. 

NIKE, la Victoria personificada, 


ÍNDICE DE NOMBRES 


hija de Estigia y de Palante, 
Teog. 384. 

NiLo, el río africano, hijo de 
Tetis y de Océano, Teog. 338. 

NINFAS, hijas de Urano y de 
Gea, Teog. 130, 187. 

NÍOBE, hija de Tántalo y espo- 
sa de Anfión, Fr. 183. 

Niso, hijo de Pandión y padre 
de Eurínome, Fr. 43 a 70. 
Niso, hijo de Areto, Fr. 150, 

32. 


NocHE, hija del Caos y madre 
de Éter y del Día, Teog. 20, 
107, 123, 124, 211, 213, 22, 
744, 748, 757, 758; Trab. 17. 

NoMI0, hijo de Electrión y de 
Lisídice, Fr. 193, 14. 

NoTo, viento del Sur hijo de 
Eos y de Astreo, Teog. 380; 
870; Trab. 675. 


O 


OCEÁNIDAS, las tres mil hijas de 
Océano y de Tetis, Teog. 364, 
389, 507, 956. 

Océano, hijo de Urano y de 
Gea y prolífico esposo de Te- 
tis, Teog. 20, 133, 215, 242, 
265, 274, 282, 288, 292, 294, 
337, 362, 368, 383, 695, 716, 
789, 816, 841, 908, 959, 979; 
Trab. 171, 556; Esc. 314; Fr. 
24; 241; 343, 4; 353; 360; 363. 

OcfPETA, una de las Harpías, 
hijas de Taumante y de Elec- 
tra, Teog. 262; Fr. 155. 


427 


OcfPODE, otro nombre de la 
Harpía Ocípeta, Fr. 155. 

OCÍRROE, hija de Océano y Te- 
tis, Teog. 360. 

Oros, personificados, hijos de 
Eris, Teog. 229. 

OpIseo, hijo de Laertes, aman- 
te de Circe y de Calipso y 
pretendiente de Helena, Teog. 
1012, 1017; Fr. 198, 2. 


OciLI0, el mar de Creta, Fr. 
204, 60. 


OICLEO, rey de Argos, esposo 
de Hipermestra y padre de 
Anfiarao, Fr. 25, 35; 136, 16. 


OICLIDA, patronímico de Anfíia- 
rao, hijo de Oicleo, Fr. 197, 6. 


OLENIA, roca donde vivía Hipó- 
noo, Fr. 13, 1. 

ÓLENO, ciudad de Acaya, Fr. 12; 
13; 184. 

OLÍMPICO, epíteto de las Musas, 
Teog. 25, 52, 966, 1022; Fr. 1, 
2; 129, 5; 252, 2; epíteto de 
Zeus, Teog. 390, 529, 884; 
Trab. 87, 245, 774; Fr. 203, 1; 
21; epíteto de las mansiones 
de los dioses, Teog. 75, 114, 
783, 804, 963; Trab. 81, 110, 
128; Fr. 25, 27; 75, 20; 203, 1; 
211, 8; 3443, 17. 

OLIMPO, monte situado entre 
Tesalia y Macedonia, residerr 
cia de los dioses, Teog. 37, 
42, 51, 62, 68, 101, 113, 118, 
391, 397, 408, 633, 680, 689, 
794, 842, 855, 953; Trab. 139, 
197, 257; Esc. 30, 79, 203, 466, 


428 


471: Fr. 7, 3; 30, 15; 51, 2; 
185, 10; 229, 6 y 15. 
OLMEO, río de Beocia, Teog. 6. 
OLviDO, personificado, hijo de 
Eris, Teog. 227. 


ONITES, hijo de Heracles y De- 
yanira, Fr. 25, 19. 

ONQUESTO, recinto de Posidón 
en Beocia fundado por un 
héroe epónimo, Fr. 219. 


ORCÓMENO, héroe epónimo de 
la ciudad beocia de Orcóme- 
no, padre de Aspledón, Clí- 
meno y Anfídoco, Fr. 70, 23, 
30, 35; 71; 257, 4. 

ORESTES, hijo de Agamenón y 
de Clitemestra, Fr. 23 a 28. 

ORIÓN, hijo de Hirieo conver- 
tido en estrella, Trab. 598, 
609, 615, 619; Fr. 148; 149; 345. 

ORMENO, padre de Astidamea, 
Fr. 232. 


ORTIGIA, nombre antiguo de 
Delos, Fr. 150, 26. 

ORTO, perro de Gerión hijo de 
Equidna, Teog. 293, 309, 329. 

Osa MAYOR, transformación su- 
frida por Calisto, Fr. 163. 

OTRIS, monte de Tesalia asien- 
to de los Titanes, Teog. 632. 


P 


PALAMEDES, hijo de Nauplio y 
hermano de Éace y Nausime- 
donte, Fr. 297. 

PALANTE, hijo de Crío y de Eu- 
ribia, Teog. 376, 383. 


OBRAS Y FRAGMENTOS 


PALANTE, hijo de Licaón, Fr. 162. 

PALas, Atenea, Teog. 571; Trab. 
76; Esc. 126; Fr. 33 a 2; 43 a 
71; 343, 10. 

PANDIÓN, relacionado con Dár- 
dano (?), Fr. 180, 12. 

PANDIÓNIDA, hijo no identificado 
de Pandión, Fr. 43 a 70. 

PANDORA, la primera mujer, es- 
posa de Epimeteo y madre 
de Pirra, Trab. 81; Fr. 2; 5, 2. 

PANHELENOS, nombre genérico 
de los griegos, Trab. 528; Fr. 
130. 

PÁNOPE, hija de Nereo y de Do- 
ris, Teog. 250. 


PANOPEO, hijo de Foco y de 
Asterodia, Fr, 53, 10. 

PANOPEO, ciudad de Fócide, a 
orillas del Cefiso, Fr. 70, 21. 

PasfpicE, hija de Pelias y de 
Anaxibia, Fr. 37, 22. 

PARNASO, monte próximo a Del- 
fos, Teog. 499; Fr. 26, 12. 
PARNETO, monte que separa el 
Ática de Beocia, Fr. 185, 2. 


PARTAÓN, véase Portaón. 

PASÍTEA, hija de Nereo y de 
Doris, Teog. 246. 

PATIZAMBO, epíteto de Hefesto, 
Teog. 5711, 579, 945; Trab. 70; 
Esc. 219; Fr. 209, 3. 

PATROCLO, hijo de Menecio y 
primo de Aquiles, Fr. 212. 

PEEÓN, dios médico similar a 
Apolo, Fr. 307, 2. 

PÉGASO, caballo nacido de la 
Gorgona Medusa, Teog. 281, 
325; Fr. 43 a 44. 


ÍNDICE DE NOMBRES 


PEIRO, PIERO, otro nombre del 
Aqueloo, Fr. 13, 2. 

Perro, hija de Océano y de 
Tetis, Teog. 349; Trab. 73. 
PELASGO, autóctono, padre de 

Licaón, Fr. 160; 161, 2. 
PELEO, hijo de Éaco esposo de 
Tetis y padre de Aquiles, 
Teog. 1006; Fr. 208; 211, 3 y 7; 
213; 300. 
PELÉYADES, véase Pléyades. 
PELIAS, hijo de Posidón y de 
Tiro y rey de Yolcos, Teog. 
996; Fr. 33 a 2; 37, 18. 
PELIDA, patronímico de Aquiles, 
hijo de Peleo, Fr. 204, 88. 
PELIÓN, monte de Tesalia, Fr. 
40, 2; 204, 87 y 92; 209, 4. 
PÉLOPE, padre de Nicipe, Lisí- 
dice y Atreo, Fr. 191; 193, 11; 
194, 


PELORO, cabo al norte de Si- 
cilia, Fr. 149. 

PENCIDAS, Centauro que luchó 
contra los Lapitas, Esc. 187. 

PENFREDO, hijo de Ceto y de 
Forcis, Teog. 273. 

PENEO, río de Tesalia hijo de 
Océano y Tetis, Teog. 343; Fr. 
Ps do A 

PERGEO, padre de Lepreo, Fr. 
265. 


PERIBEA, esposa de Eneo y ma- 
dre de Tideo, Fr. 12. 

PERICLÍMENO, hijo de Neleo y 
de Cloris y hermano de Nés- 
tor, Fr. 33 a 12 y 33; 33 b, 
35, 2 y 4. 


429 


PERICLÍMENO, Plutón, Fr. 136, 


11. 


PERIERES, hijo de Éolo y es- 
poso de Alcíone, Fr. 10, 3; 
49. 


PERIMEDES, Centauro que luchó 
contra los Lapitas, Esc. 187. 

PERIMELE, esposa de Argo y 
madre de Magnete, Fr. 256. 

PERMESO, río de Beocia, Teog. 
5. 


PERO, hija de Neleo, esposa de 
Biante y madre de Talao, Fr. 
37, 8. 

PERSECUCIÓN, 
Esc. 14. 

PERSÉFONE, PERSEFONEA, hija de 
Deméter y de Zeus raptada 
por Hades, Teog. 768, 913; 
Fr. 185, 4; 280, 12 y 20. 

PERSEIS, hija de Océano y de 
Tetis, Teog. 356, 957. 


PERSEO, hijo de Dánae que ma- 
tó a la Gorgona, Teog. 280; 
Esc. 216, 229; Fr. 129, 15; 135, 
3 y 5; 19%, 5. 

PERSEO, hijo de Néstor y de 
Anaxibia, Fr. 35, 11. 

PERSÉPTOLIS, hijo de Telémaco 
y de Policasta, Fr. 221, 3. 

PERSES, hijo de Crío y de Euri- 
bia, Teog. 377, 409. 

PERseES, hermano de Hesíodo, 
Trab. 19, 27, 213, 274, 286, 
299, 397, 611, 633, 641. 

PETEO, héroe ateniense padre 
de Menesteo, Fr. 200, 3 y 6. 


personificada, 


430 


PErREA, hija de Océano y de 
Tetis, Teog. 356. 

PETREO, Centauro que luchó 
contra los Lapitas, Esc. 185. 

PIERIA, región de Macedonia 
próxima al Olimpo, Teog. 53; 
Trab. 1; Fr. 7, 3. 

PIÉRIDES, Musas de Pieria, Esc. 
206. 


PIERO, véase Peiro. 

PIGMEOS, pueblo africano, Fr. 
150, 9 y 18; 153. 

PILAÓN, hijo de Neleo y de Clo- 
ris y hermano de Néstor, Fr. 
33 a 10. 


PiLo, hijo de Ares y Demódi- 
ce, Fr. 11, 6. 

PiLoS, ciudad de Mesenia don- 
de reinaba Neleo, Esc. 360; 
Fr. 33 a 5,35, 3 y 5. 

PIRÉN, padre de lo, Fr. 124. 


PIRENE, hija de Aqueloo y ma- 
dre de Lequete y de Cen- 
crias, Fr. 238. 

PIRÍTOO, hijo de EÉpito y her- 
mano de Tlesenor, Fr. 166. 
PIRÍTOO, caudillo de los Lapi- 

tas, Esc. 179; Fr. 20, 28. 

PIRRA, esposa de Deucalión e 
hija de Epimeteo y de Pan- 
dora, Fr. 2. 

PisíDICE, hija de Éolo y esposa 
de Mirmidón, se unió a Po- 
sidón, Fr. 16, 10. 

PIsíDICE, hija de Néstor y de 
Anaxibia, Fr. 35, 12. 

PisíDICE, hija de Leucón, Fr. 
70, 10. 


OBRAS Y FRAGMENTOS 


PisíTOA, hija de Océano y de 
Tetis, Teog. 352. 

PITIA, otro nombre de Delfos, 
Teog. 499; Esc. 480; Fr. 60, 2. 

PLEURÓN, ciudad de Etolia, Fr. 
25, 13. 

PLEXAURA, hija de Océano y de 
Tetis, Teog. 353. 

PLÉYADES, PELÉYADES, las siete 
hijas de Atlante convertidas 
en estrellas: Téugete, Elec- 
tra, Alcíone, Astérope, Cele- 
no, Maya y Meérope, Trab. 
383, 527, 615, 619; Fr. 169; 288; 
289; 290. 

PLÍSTENES, hijo de Atreo y pa- 
dre de Agamenón y de Me- 
nelao, Fr. 194; 195, 4. 

PLOoTO, hija de Nereo y de Do- 
ris, Teog. 248. 

PLuTO, hija de Océano y de 
Tetis, Teog. 355. 

PLuTOo, la Riqueza personifica- 
da, hijo de Deméter y de 
Yasio, Teog. 969. 

PLUTÓN, véase Periclímeno. 

PODARCES, hijo de Ificlo y pre- 
tendiente de Helena, Fr. 199, 
5. 

POLICASTA, hija de Néstor y de 
Anaxibia, Fr. 35, 13; 221, 1. 

POLICOONTE, esposo de Aris. 
tecne y padre de Deímaco y 
de Estéfano, Fr. 251 a 4; 
251 b. 

POLICREONTE, esposo de Evec- 
me, Fr. 251 a 8. 

POLIDECTES, hermano de Dictis 
y tirano de Sérifos, Fr. 8. 


ÍNDICE DE NOMBRES 


POLIDEUCES, hijo de Zeus y de 
Leda y hermano de Helena, 
Fr. 23 a 39; 24; 193, 3; 198, 8; 
199, 1. 


POLIDORA, hija de Océano y de 
Tetis, Teog. 354. 

POLIDORA, hija de Peleo, Fr. 
213. 


POLIDORO, hijo de Cadmo y de 
Harmonía, Teog. 978. 

POLIFONTE, héroe que hospedó 
a Melampo, Fr. 261. 

PoríipO, hijo de Cérano, Fr. 
136, 7. 


POLIMELA, esposa de HEsón y 
madre de Jasón, Fr. 38; 43 
a 1. 


POLIMNIA, una de las nueve 
Musas, hijas de Zeus y de 
Mnemósine, Teog. 78. 


POLINICES, hijo de Edipo, Fr. 
193, 7. 

PoLínoaA, hija de Nereo y de 
Doris, Teog. 258. 


Ponos, la Fatiga personifica- 
da, hija de Eris, Teog. 226. 

PonNTO, hijo de Gea, Teog. 107, 
132, 233. 


PONTOPOREA, hija de Nereo y 
de Doris, Teog. 256. 

PORTAÓN, PARTAÓN, esposo de 
Éurita y padre de Alcátoo y 
de Hipodamante, Fr. 11, 2; 
26, 5; 259 a; cf. 26, 8. 

Posinón, el dios del mar, Teog. 
15, 732; Trab. 667; Fr. 16, 12; 
19; 30, 32; 31, 1; 33 a 13; 43 
a 55, 68 y 81; 87; 136, 17; 


431 


148 a; 148 b; 150, 27; 223; 
235, 5, cf. Ennosigeo. 

PRETO, hijo de Abante y rey de 
Argos, Fr. 37, 10 y 12; 129, 
8 y 16; 131. 

PRIMNO, hija de Océano y de 
Tetis, Teog. 350. 

PRINEA (?), nombre corrupto de 
la esposa de Prometeo, Fr. 4. 

ProckRIS, hija de Erecteo (?), 
Fr. 332. 

PRÓLOCO, caudillo de los Lapi- 
tas, Esc. 180. 

PROMETEO, hijo de Jápeto y de 
Clímene y hermano de Atlan- 
te, Menetio y Epimeteo, Teog. 
510, 521, 546, 614; Trab. 48, 
86; Fr. 2; 4; 382. 

PRÓNOA, hija de Nereo y de 
Doris, Teog. 261. 

PRÓNOE, ninfa del Eta, Fr. 26, 
26. 

PRÓNOE, hija de Melampo, Fr. 
136, 5. 

PROTESILAO, hijo de Áctor y 
pretendiente de Helena, Pr. 
199, 6. 

PRoTO, hija de Nereo y de 
Doris, Teog. 243. 

PROTOMEDEA, hija de Nereo y 
de Doris, Teog. 249. 

PSAMATA, hija de Nereo y de 
Doris, Teog. 260, 1004. 

PTÍA, ciudad de Tesalia, Fr. 211, 
1; 212 b 8; 215, 1. 


Q 


QUERESILAO, hijo de Yaso, Fr. 
251 a 10. 


432 

QUERÓN, hijo de Apolo y de 
Tero, Fr. 252, 6. 

QUIMERA, hija de Hidra y ma- 
dre de Esfinge, Teog. 319; 
Fr. 43 a 87. 

QUIRÓN, Centauro hijo de Fíli- 
ra y esposo de Cariclo edu- 
cador de Aquiles y de otros 
héroes, Teog. 1001, Fr. 40, 2; 
42; 204, 87; 302, 17. 


R 


RADAMANTIS, hijo de Europa y 
hermano de Minos y de Sar- 
pedón, Fr. 140; 141, 13. 

REa, hija de Gea y de Urano, 
Teog. 135, 453, 467, 625, 634, 

Reso, río de la Tróade hijo de 
Océano y de Tetis, Teog. 340. 

Rfos, personificados, hijos de 
Océano y de Tetis, Teog. 337, 
348. 

RoDEA, hija de Océano y de 
Tetis, Teog. 351. 

Robo, río de la Tróade hijo 
de Océano y de Tetis, Teog. 
341. 


S 


SALAMINA, la isla de Ayax, Fr. 
204, 44; 226. 

SALMONEO, hijo de Éolo; her- 
mano de Sísifo y padre de 
Tiro, Fr. 10, 3; 30, 16 y 26. 

SANGARIO, río de Bitinia hijo 
de Océano y de Tetis, Teog. 
344, 


OBRAS Y FRAGMENTOS 


Sao, hija de Nereo y de Doris, 
Teog. 243. 

SARPEDÓN, hijo de Europa y 
hermano de Minos y de Ra- 
damantis, Fr. 140; 141, 14. 


SÁTIROS, descendientes de He- 
cateo y de una hija de Foro- 
neo (Níobe ?), Fr. 123, 2. 


SELENE, hija de Hiperión y de 
Tea, Teog. 19, 371. 

SÉMELE, hija de Cadmo esposa 
de Zeus y madre de Dioniso, 
Teog. 90, 976. 


SEMIPERROS, pueblo mítico, Fr. 
150, 8; 153. 

SEMO, hijo de Halirrocio y her- 
mano de Alácigo, Fr. 49. 
Sición, hijo de HErecteo, Fr. 

224. 


SIMUNTE, río de la Tróade hijo 
de Océano y de Tetis, Teog. 
342. 


SIRENAS, nombre genérico de 
Telxíope, Molpe y Aglaofono, 
amansadoras de los vientos, 
Fr. 27; 28; 150, 33. 


SIRIO, astro del Can Mayor 
que tiene su orto en julio, 
Trab. 417, 587, 609; Esc. 153, 
397. 


SISÍFIDA, patronímico de Glau- 
co hijo de Sísifo, Fr. 43 a 80. 
SísiFO, hijo de Éolo y hermano 
de Creteo, Atamante y Pe- 
rieres, Fr. 10, 2; 43 a 18, 33, 


37 y 75. 
SoLo, ciudad de Chipre, Fr. 


219. 


ÍNDICE DE NOMBRES 


SUEÑOS, personificados, 
de Noche, Teog. 212. 


hijos 


T 


TAFIOS, habitantes de la isla 
de Tafos, próxima a Acarna- 
nia, Esc. 19; Fr. 193, 16. 


TALAO, hijo de Biante y de Pe- 
ro, Fr. 37, 8. 


TALÍA, una de las Musas, hijas 
de Zeus, Teog. 77. 

TALA, una de las Gracias, hijas 
de Zeus y de Eurínome, 
Teog. 909. 


TÁMIRIS, poeta mítico émulo 
de las Musas, Fr. 65. 

TANATO, la Muerte personifi- 
cada, hija de la Noche, Teog. 
212, 756, 759. 

TÁRTARO, Jugar de las tinieblas 
subterráneas, Teog. 119, 682, 
721, 723 a, 725, 736, 807, 822, 
868; Esc. 255; Fr. 30, 32; 54 
a 6. 


TAUMANTE, hijo de Ponto y de 
Gea; esposo de Electra y pa- 
dre de las Harpías, Teog. 237, 
265, 780. 

TAURO, hijo de Neleo y de 
Cloris y hermano de Néstor, 
Fr. 33 a 10. 


Tea, hija de Urano y de Gea 
y madre de Helios, Selene 
y Eeos, Teog. 135, 371. 

TEBAS, ciudad de Beocia, Teog. 
530, 978; Trab. 162; Esc. 2, 
13, 49, 80, 105; Fr. 182; 192. 


OBRAS Y FRAGMENTOS, 28 


433 


TEGEA, ciudad de Arcadia, Fr. 
23 a 32. 

TELAMÓN, padre de AÁyax, Fr. 
250. 

TELÉBOAS, habitantes primitivos 
de Acarnania, Esc. 19; Fr. 
135, 10. 

TÉLEFO, hijo de Teutrante y de 
Auge, Fr. 165, 8. 

TELÉGONO, hijo de Circe, Teog. 
1014. 


TELÉMACO, hijo de Odiseo y pa- 
dre de Perséptolis, Fr. 221, 1. 

TeLESTO, hija de Océano y de 
Tetis, Teog. 358. 

TeM1IS, la Ley personificada, 
hija de Urano y de Gea y 
Madre de las Horas, Teog. 
16, 135, 901; Fr. 343, 16. 

TEMISTO, hija de Nereo y de 
Doris, Teog. 261. 


TEMISTÓNOA, hija de Ceix y ma- 
dre de Cicno, Esc. 356. 
TEOCLÍMENO, adivino del linaje 
de Melampo, Fr. 136, 6. 
TERNURA, personificada, 
de Noche, Teog. 224, 
TERO, hija de Filante y madre 
de Querón, Fr. 252, 4 y 5. 
TERPSÍCORE, una de las nueve 
Musas, hijas de Zeus y de 
Mnemósine, Teog. 78. 


TERROR, personificado, hijo de 
Ares y de Afrodita, Teog. 
934; Esc. 195, 463. 

TESEO, hijo del rey ateniense 
Egeo, Esc. 182; Fr. 147; 280, 
26; 298. 

TestTIO, hijo de Ares y Demó- 


hija 


434 


dice y padre de Leda, Altea 
e Hipermestra, Fr. 26, 35. 

Teris, hija de Gea y de Urano 
y esposa de Océano, Teog. 
136, 337, 362, 368; Fr. 3443, 4. 

Teris, hija de Nereo y de Do- 
ris esposa de Peleo y madre 
de Aquiles, Teog. 244, 1006; 
Fr. 300. 

TEUCcRO, hijo de Troos, Fr. 179. 

TÉUGETE, una de las Pléyades, 
hija de Atlante, Fr. 169, 1. 

TipEO, hijo de Eneo y de Peri- 
bea, Fr. 12; 14, 1. 

TIFAONIO, monte de Beocia, 
Esc. 32. 

TIFÓN, hijo de Gea y del Tár- 
taro esposo de Equidna y pa- 
dre de Orto, Cerbero y la 
Hidra, Teog. 306, 821, 869. 

TIMANDRA, hija de Tindáreo es- 
posa de Équemo y madre de 
Laódoco, Fr. 23 a 9 y 31; 
176, 3. 

TINDÁREO, esposo de Leda y pa- 
dre de Timandra, Clitemestra 
y Filónoe, Fr. 23 a 7 y 14; 
176; 196, 7; 199, 8. 

TINIEBLA, divinidad compañera 
de las Keres, Esc. 264. 


TINDÁRIDAS, patronímico de Cás- 
tor y Polideuces, hijos de 
Tindáreo, Fr. 198, 1. 

TIRINTO, ciudad de Argólide, 
Teog. 292; Esc. 81; Fr. 129, 16. 

TIRESIAS, adivino tebano hijo 
de Everes, Fr. 275; 276. 

Tiro, hija de Salmoneo, se 
unió a Posidón y fue madre 


OBRAS Y FRAGMENTOS 


de Neleo y de Pelias, Fr. 30, 
25. 

TIRRENOS, otro nombre de los 
etruscos, Teog. 1016. 

TITANES, nombre genérico de 
los hijos de Urano, Teog. 
207, 392, 424, 630, 632, 648, 
650, 663, 668, 674, 676, 697, 
717, 729, 814, 820, 851, 882; 
Fr. 367. 

TITARESIO, caudillo de los La- 
pitas contra los Centauros, 
Esc. 181. 

Trri0, hijo de Élara, Fr. 78. 

TITONO, esposo de Eos y pa- 
dre de Memnón y de Ema- 
tión, Teog. 984. 

TLESENOR, hijo de Épito y her- 
mano de Pirítoo, Fr. 166. 
Toa, hija de Océano y de Te- 

tis, Teog. 354. 

Toa, hija de Nereo y de Doris, 

Teog. 245. 


TOANTE, tesalio, hijo de Andre- 
món y pretendiente de Hele- 
na, Fr. 198, 9; 236. 

TOANTE, hijo de Icario, Fr. 236. 

ToxkE0, hijo de Eneo y de Al- 
tea, Fr. 25, 16. 

ToxeE0, hijo de Éurito y de 
Estratonice, Fr. 26, 30. 


TRACIA, región al NE. de Gre- 
cia, Trab. 507. 

TRACIO, epíteto de Bóreas, 
Trab. 553. 

TRAQUIS, ciudad de Tesalia, 
Esc. 353, 355, 469. 

TRASIMEDES, hijo de Néstor, 
Fr. 35, 10. 


ÍNDICE DE NOMBRES 


TRECÉN, ciudad de Argólide, Fr. 
204, 46. 

TRETO, monte próximo a Ar- 
gos, Teog. 331. 

TRÍoPE, hijo de Cánace y pa- 
dre de Ifimedea, Fr. 43 a 3. 

TRITOGENIA, otro nombre de 
Atenea, Esc. 197. 

TRITÓN, hijo de Posidón y de 
Anfitrite, Teog. 935; Fr. 343, 
12. 

TRONIA, hija de Belo y madre 
de Arabo, Fr. 137, 2. 

Troos, padre de Teucro, Fr. 
179. 

TROYA, ciudad de la Tróade, 
Trab. 165, 653; Fr. 43 a 63. 
TROYANOS, habitantes de Tro- 

ya, Fr. 141, 23. 

TUuMULTO, personificado, Esc. 
155. 

TYcHE, hija de Océano y de 
Tetis, Teog. 360. 


U 


URANIA, una de las Musas, hi- 
jas de Zeus y de Mnemáósi- 
ne, Teog. 78: Fr. 305, 1. 

URANIA, hija de Océano y de 
Tetis, Teog. 350. 

URÁNIDA, patronímico de Cro- 
nos y de sus hermanos, hijos 
de Urano, Teog. 486, 502. 

URANIONES, descendientes de 
Urano, Teog. 461, 919, 929; 
Fr, 43 a 53; 343, 3, 

URANO, hijo y esposo de Gea, 
Teog. 45, 106, 127, 133, 147, 


435 


154, 159, 176, 208, 421, 463, 
470, 644, 702, 891; Fr. 30, 3 y 
11; 389, 

UREO, caudillo de los Centau- 
ros, Esc. 186. 


v 


VEJEZ, personificada, hija de 
Noche, Teog. 225. 


Y 


YANIRA, hija de Océano y de 
Tetis, Teog. 356. 

YANTA, hija de Océano y de 
Tetis, Teog. 349. 

YAsIDA, patronímico de Anfión 
y de Queresilao, hijos de Ya- 
so, Fr. 33 a 6; 251 a 11. 

YASIO, YASIÓN, esposo de Demé- 
ter y padre de Pluto, Teog. 
970; Fr. 185, 6. 

YÓBATES, rey de Licia, Fr. 43 a 
88. 

YoFosa, hija de Eetes y madre 
de Argo, el hijo de Frixo, Fr. 
255. 

YoLao, hijo de Ificles y auxi- 
liar de Heracles en el comba- 
te con Cicno, Teog. 317; Esc. 
74, 77, 78, 102, 118, 323, 340, 
467; Fr. 230; 252, 1. 

YoLcos, ciudad de Tesalia y 
reino de Pelias, Teog. 997; 
Esc. 380, 474; Fr. 37, 17; 211, 
2; 212 b 7 y 9. 


436 


YOLEA, hija de Éurito raptada 
por Heracles, Fr. 26, 31; 251 a. 


Z 


ZEUS, padre de dioses y de 
hombres, Teog. 11, 13, 25, 29, 
36, 41, 47, 51, 56, 76, 81, %6, 
104, 141, 285, 286, 316, 328, 
348, 386, 388, 399, 412, 428, 
457, 465, 468, 479, 513, 514, 
520, 529, 537, 545, 548, 561, 
568, 580, 601, 613, 669, 687, 
708, 730, 735, 780, 815, 820, 
853, 884, 886, 893, 899, 904, 
914, 920, 929, 938, 944, 952, 
966, 1002, 1022; Trab. 2, 4, 8, 
36, 47, 51, 52, 53, 69, 79, 87, 
99, 104, 138, 143, 158, 168, 173d, 
180, 229, 239, 245, 253, 256, 
259, 267, 273, 281, 333, 379, 


OBRAS Y FRAGMENTOS 


416, 465, 483, 488, 565, 626, 
638, 661, 668, 676, 724, 765, 769: 
Esc. 22, 33, 56, 66, 89, 110, 
126, 150, 163, 197, 318, 320, 322, 
328, 371, 383, 392, 413, 422, 424, 
443, 448; Fr. 1, 2 y 15; 5, 2; 
7, 1; 15; 16, 7; 24; 25, 29; 30, 
23; 33 a, 28; 35, 5; 43 a, 52, 61, 
76 y 78; 54 a, 3 y 11; 56, 2; 
57, 8; 66, 5; 69; 75, 1, 17 y 
19; 124; 135, 4; 140; 141, 2, 15, 
21, 26 y 28; 143, 28; 144, 3; 
145, 2; 150, 12; 163; 164; 177, 
6 y 10; 193, 8; 204, 64, 97, 
106, 107, 115, 126 y 138; 210; 
211, 8; 229, 9; 234, 2; 235, 1; 
240, 6; 245; 247; 248, 2; 250; 
260; 275; 276, 1; 280, 13; 296, 
3, 303, 2; 304, 5; 343, 2 y 13; 
3544; 355; cf. Crónida y Cro- 
nión. 


ÍNDICE GENERAL 


Págs. 
INTRODUCCIÓN GENERAL +... +... 0... 0.0. ..o +... 00. 0... 0... +... 1 
1. Datos biográficoS ... ... ... o... o... 0.0. 0... o... 7 
2. El problema cronológico ... ... 0... 00. ..o e 11 
3. El mundo de Hesíodo ... ... ... .. 16 

4. Influencias orientales en la bra: de He- 
SÍOd0O ... ... ... 30 

5. Transmisión y difusión del texto de He- 
SIOdO lisa rada ca aaa Dlls a dara. BZ 
BIBLIOGRAFÍA Neo dls ae dd e ita as is. ¿39 

OBRAS 

TREOGONÍA eo. den ld aia Col da dudo oca! US o a 309 
Introducción ... ... 0... 0... 0... 0... +... 2... ... 2... ... 63 

Valor literario de la Teogonía, 63. — Esque- 

ma de la Teogonía, 66. — Nuestra traduc- 

ción, 67. 

Teo BONA ia  s ós da o 009 
TRABAJOS Y DÍAS ... ... ... ... 0... ..oo ..o eno ..o 0... »..«. 115 
Introducción ... ... ... 115 


Valor literario de los Trabajos y DES 
115. — Problemática de los Días, 117, — Es- 


438 OBRAS Y FRAGMENTOS 


tructura de Trabajos y Días, 118. — Nuestra 


traducción, 119. 


TFAbaJOS. Y DIAS: ir caido ue ida a ina cdi as 


ESCUDO .. 
Introducción . A IS EI 
Valor literario del EA 169. — Estruc- 
tura del Escudo, 172. — Nuestra traduc- 
ción, 173. 
o A 
Escudo 
FRAGMENTOS 
INTRODUCCIÓN ... +... ... ... 0... .. 


«CATÁLOGO DE LAS MUJERES» O «EEAS» ... ... 
Catálogo. Fragmentos de lugar incierto, 295. 


«GRANDES EEAS» ... ... eS 
«BODA DE CEIX» ... ... 0... ... ... 
«MELAMPODIA»> ... +... .. 


«DESCENSO DE Piloos: A O A 


«DÁCTILOS IDEOS» ... ... .. 
«CONSEJOS DE QUIRÓN» ... 


«GRANDES TRABAJOS? ... 0.0. 0... 0... +... .. 


«ASTRONOMÍA» .. 


«EGIMIO». De Hesíodo o de Cércope A 
«EL HORNO» O «LOS ALFAREROS? ... ... 0... ... ... 


OTROS POEMAS. TESTIMONIOS .. 


FRAGMENTOS DE LUGAR INCIERTO ... ... . 


FRAGMENTOS DUDOSOS ... 


FRAGMENTOS ESPÚREOS ... ... ... 0... +... 0.0. +... +... e. 


Págs. 


121 


169 
169 


174 
176 


197 
211 


312 
321 
324 
330 
332 
333 
335 
336 
339 
343 
345 
346 
358 
366 


ÍNDICE GENERAL 439 


Págs. 


SOBRE EL ORIGEN DE HOMERO Y HESIODO Y EL 
CERTAMEN DE ESTOS 


INTRODUCCIÓN: 3er tada e Is 1903 
Importancia, fuentes y autor del Certamen ... 383 
Esquema del Certamen ... ... 0... como coo coo ooo... 385 
Nuestra traducción ... +... 0.0. 0.0. ono... 0.0. ... ... 386 

CERTAMEN 00 ic car rio laca 39d 


ÍNDICE DE NOMBRES ... +... ..o ..o 0... 0... 0... 2... 0. 2... 2... 403